¿Es interesante seguir leyendo a Manuel Sacristán Luzón cien años después de su nacimiento, cuarenta años después de su fallecimiento?[1]

Lo es, y es también enriquecedor, justo y emancipador.

Sin pretender ser exhaustivo, expongo a continuación algunas de las razones que fundamentan mi respuesta:orque Sacristán, un germanista confeso («a mí me han hecho los poetas castellanos y los poetas alemanes»), es un referente ineludible del comunismo marxista internacional (e internacionalista) y un clásico de la filosofía española. Y un clásico es un autor que, tal como él mismo dijera de Antonio Gramsci («alguien digno de amor», escribió en una ocasión), tiene derecho a no estar de moda nunca y a ser leído siempre. Y por todos.
Porque aunque Sacristán, como han observado sus amigos y discípulos Francisco Fernández Buey y Félix Ovejero, fue mucho más que su obra publicada, ésta, ardua tarea pensada y escrita en gran parte en condiciones adversas (severas dificultades económicas, tiempo de lucha y clandestinidad, frecuentes compromisos editoriales, urgencias políticas, escasez de tiempo), fue la obra de un maestro del pensamiento y la acción que siempre consideró la realidad vivida (y sentida) alimento de su pensar, hacer y vivir.
https://espai-marx.net/?p=19292.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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