DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Cuba al límite.
2. De nuevo sobre el Sahara.
3. Visión crítica de la revolución argelina.
4. La futura gran crisis china.
5. Supremacismo sin complejos.
6. Por unos koljoses ecologistas.
7. El fascismo hoy (8).
8. Dossier MEGA2 (8).
1. Cuba al límite.
Un repaso a la terrible situación económica de Cuba.
Sin petróleo, sin turismo, sin insumos, ¿cuánto puede aguantar Cuba?
No es la primera “emergencia nacional” en la historia de la Revolución, pero el estado de deterioro económico en el que se encuentra Cuba hace que la posibilidad de resistencia demostrada en otros periodos sea mucho más limitada.
Pepa Suárez
La Habana (Cuba)
15 feb 2026
Estos días atrás Cuba ha estado azotada por una borrasca inusual con un registro de 0º C, la cifra más baja jamás alcanzada. El viento endemoniado, que acompaña a las bajas temperaturas, esparce la basura que se acumula en las esquinas de las calles. No hay combustible para este servicio público tan imprescindible. Pero a pesar de esta debilidad extrema, Cuba ha sido calificada como “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y política exterior estadounidense”. La preocupación en una ciudadanía, acostumbrada a los envites de su vecino, es evidente y en las conversaciones se mezclan la inquietud de cómo llegar a casa después del trabajo ante la escasez de transporte, los apagones, los precios desorbitados de los alimentos y el récord de temperaturas.
Después del 3 de enero pasado, día del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su mujer Cilia Flores por las fuerzas estadounidenses en una operación militar en la capital venezolana, Donald Trump comenzó a repartir advertencias a otros países, entre ellos Cuba. El 29 de enero, no había pasado ni un mes del secuestro, Trump declaró la “emergencia nacional” debido a la “amenaza” que significa Cuba para EEUU, con la puerta abierta a imponer aranceles a países que importen crudo a la isla.
Cuba llega con una economía golpeada a este nuevo ataque económico. Desde 2019, las cosas han ido de mal en peor. Primero fueron las nuevas medidas de Trump, que reforzaron el bloqueo e hicieron retroceder la tímida apertura que inauguró Obama, después vino la pandemia de covid, el derrumbe del turismo, la falta de combustible y productos básicos, la migración masiva de jóvenes y los apagones de más de 20 horas.
La Administración Trump puso en marcha más de 240 medidas, coincidiendo con la pandemia de 2020, con el mismo objetivo que a día de hoy tiene la orden ejecutiva: asfixiar a la isla. “Creo que lo más grave que nos ha pasado con el bloqueo, después de tanto tiempo, es que lo hemos naturalizado y se ha devaluado como argumento para explicar lo que pasa en Cuba. Sin embargo, no hay ningún país del mundo que aguante seis meses las condiciones en la que se maneja la economía cubana”, sostiene Francisco Rodríguez, periodista de la Revista Trabajadores y vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).
La designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, la activación del título III de la Ley Helm Burton, las trabas a los viajes tanto turísticos como educativos a Cuba, limitaciones en las remesas, impedimentos y descrédito a la cooperación médica internacional cubana, nuevas restricciones a la importación de productos y a la exportación de productos cubanos hacia EEUU o medidas contra buques, navieras, compañías aseguradoras y reaseguradoras vinculadas al transporte de combustible fueron algunas de esas medidas impuestas por Trump.
Para el vicepresidente de la UPEC, el bloqueo, y sobre todo las medidas que tomó Trump en 2019, y que Biden dejó intactas, han dañado mucho la base productiva de Cuba, desde la agricultura hasta la industria porque a veces no hay fertilizantes para la agricultura o no hay electricidad para los regadíos: “Es la tormenta perfecta que ha tocado de lleno las conquistas de la Revolución”, puntualiza.
“Es cierto que no toda la responsabilidad la tiene el bloqueo, el Gobierno ha cometido muchos fallos en la economía”, indica Dixie Edith Trinquete, profesora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de la Habana (CEDEM) y describe el ejemplo de la unificación monetaria, “una medida que si se hubiese tomado a tiempo, quizás el turismo hubiese aguantado”.
El bloqueo en cifras
En 2024, las pérdidas por el bloqueo se cifraron en 7.556 millones de dólares, lo que supone un incremento del 49% con respecto a 2023 según el último informe presentado por Cuba ante la Asamblea General de Naciones Unidas. El ministro de Relaciones Exteriores explicó en aquella ocasión que dos meses de aplicación del bloqueo equivalen al costo de combustible necesario para cubrir la demanda nacional de electricidad.
A esta crisis también ha contribuido la obsolescencia. Cuba ha sufrido la obsolescencia estadounidense y la obsolescencia soviética, indica la profesora del CEDEM: “Y estoy pensando en las termoeléctricas, en las refinerías, es decir, nosotros tuvimos que sustituir una estructura tecnológica en la década de los 60 por otra estructura tecnológica soviética y ahora no tenemos con qué sustituirla. Son dos paradigmas tecnológicos diferentes. De alguna manera estamos relanzando con tecnología china que tenemos que pagar. Pero no podemos pagar porque tenemos deuda. Durante estas dos últimas décadas no hemos caído porque el día a día nos sostenía la industria turística”.
La caída de la industria turística
“Cuando salimos de la pandemia, nunca más se recuperó el turismo”, recalca Trinquete. Y sin embargo, la industria turística se normalizó en el resto de países caribeños y añade que “las sanciones europeas contra Rusia y la incertidumbre de la guerra de Ucrania frenaron los dos mercados turísticos más importantes para Cuba: el ruso y el alemán. La prohibición de volar por espacio aéreo europeo, entre ellos España, aumentó el precio de los vuelos desde Rusia” .
La Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) publicó que 2025 cerró con una cifra de 1,8 millones de visitantes frente a los 4,7 millones de 2018. Esta caída tan alarmante de la segunda industria de la isla y fuente vital de divisas, tiene que ver, según este mismo organismo, con la escasez de combustible, la disminución del transporte, la persistente crisis económica interna, y las limitaciones en servicios básicos que impactan directamente en la experiencia del visitante.
Cuba no puede acceder a diferentes sitios líderes del mundo en distribución de productos turísticos, como los principales Sistemas de Distribución Global (GDS), redes que permiten las transacciones que deben realizar los proveedores de servicio en la industria de viajes, según explicó Pilar Álvarez, directora general de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo de Cuba en varias ocasiones en la prensa cubana. Por otra parte, Trivago, Expedia y Booking eliminaron las instalaciones hoteleras cubanas de sus plataformas. Álvarez cifró en 70 millones de dólares en pérdidas al año la eliminación de cruceros debido al bloqueo, y los cierres de negocios locales de La Habana Vieja como consecuencia de la falta de este tipo de turistas.
En un momento de retroceso económico generalizado, el año de la pandemia significó otro punto de inflexión para Cuba. “Este país salió de la pandemia como ninguno en el mundo, y lo digo con mucho orgullo, y se fabricaron vacunas a costa de las reservas de este país”, resalta la investigadora del CEDEM, “y cuando salimos de la pandemia, nunca más se recuperó el turismo”. Cuba se posicionó entre los países con menos mortalidad en el mundo.
Sin embargo, los años posteriores a la pandemia se caracterizaron por una escasez dramática de medicamentos. En opinión de Edith Trinquete, esta circunstancia se debe a la activación del título III de la Ley Helms Burton por Trump en 2019 y los mercados que proveían de materia prima a Cuba dejaron de hacerlo.
La inflación y los alimentos
La escasez de productos básicos que sufre Cuba se puede observar en el mismo aeropuerto de Madrid. La comunidad cubana migrante residente en España ha sustituido casi por completo al turismo en los vuelos a Cuba. El equipaje facturado de maletas y bultos de todos los tamaños va cargado de alimentos, medicinas y productos básicos para sus familiares y para el pequeño comercio. Basilio (nombre ficticio) asegura que viaja a la isla cada cuatro meses desde Madrid: “Mis padres son muy mayores, viven solos en una aldea de Santa Clara y no puedo dormir pensando que pasen hambre”. La escasez generalizada obligó al Gobierno cubano, después de la pandemia, a relajar las leyes y permitir la entrada de una lista importante de productos que incluye medicinas y alimentos.
Con una inflación interanual del 14,07% en 2025 en el mercado formal según la ONEI, la revalorización de las pensiones en 2025 no da para comer. Elizer (nombre ficticio) trabajó en un medio de comunicación como técnico y tiene una pensión de algo más de 4.000 pesos: “Un cartón de huevos cuesta 2.800 pesos, ¿cómo crees que puedo mantenerme?”. Según el Observatorio Cubano de Auditoria Ciudadana (OCAC), se necesitan 30.000 pesos mensuales para una alimentación básica.
No todos los jubilados se encuentran en las mismas condiciones con la misma pensión. No es lo mismo una persona jubilada viviendo con sus familiares o con familiares en el extranjero que envían remesas que una persona que está completamente sola, resalta Francisco Rodríguez y aclara que la canasta básica, base igualitaria del sistema de distribución cubano, está muy dañada y la gente tiene que acudir al sector privado. Esta canasta cubría, en 2022, el 36% de las recomendaciones energéticas en el grupo poblacional entre 14 y 60 años y el 45% entre los menores de 14 años.
Según cifras oficiales, Cuba importa 2.000 millones de dólares anuales en alimentos. De las 600.000 toneladas de arroz que se demanda al año, solo se produjo 80.000 en 2024. Todos los analistas coinciden en que el Gobierno de la isla ha fracasado en la producción local para mantener la soberanía alimentaria. El papel predominante del Estado en todo el proceso productivo es señalado como una de las causas de este fracaso.
¿Otro Período Especial?
“Hay una gran diferencia entre la debacle del Periodo Especial y la situación que estamos viviendo desde 2019. Cuando la caída de la Unión Soviética, veníamos de una situación de bonanza, teníamos el liderazgo de Fidel y toda la generación histórica de la Revolución estaba en los principales puestos del país. Era un capital político y simbólico importante. Ahora es otra generación la que está en los puestos de responsabilidad y tienen un desafío importante por delante”, cuenta Rodríguez y recalca que en aquella época había menos desigualdad social que hoy día, desigualdad provocada por los cambios que se han implementado en el modelo económico para tratar de aliviar las sanciones.
El llamado Período Especial coincidió con la caída de la Unión Soviética, su principal proveedor, en 1991 y se prolongó toda la década. Los años más duros, donde hubo escasez de alimentos y combustible, fueron 1993 y 1994. La población cubana llamaba jocosamente “alumbrones” al poco tiempo que disfrutaba de energía eléctrica en la isla.
Para sortear la crisis en aquel momento, el Gobierno cubano implementó una serie de medidas como la despenalización del uso de divisas, la ampliación de permisos a la comunidad cubana para visitar la isla, la ampliación de la inversión extranjera, la creación del peso cubano convertible (CUC) y las Cadecas, lugares de cambio de divisas. Pero una de la más significativas fue las nuevas formas de propiedad, además de la estatal, para el desarrollo de la actividad económica. En 1993 aparece el cuentapropismo, sobre todo en el sector servicio, que cambia el panorama de las ciudades cubanas con la aparición de los paladares y las casas de hospedaje.
Las nuevas generaciones, la gente que nació a principios de siglo ha vivido siempre con doble moneda, con desigualdad, con el objetivo de trabajar en la empresa privada y más que estudiar una carrera universitaria, señala Rodríguez.
La situación actual
La “emergencia nacional” declarada por la Administración Trump en relación a Cuba, basada en amenazas militares, peligros para la seguridad nacional y riesgo de migración masiva no es la primera en la historia de la Revolución, pero el estado de deterioro económico en el que se encuentra Cuba, la hace especialmente dañina. El propio Trump ha declarado: “No creo que Cuba pueda sobrevivir”.
El Gobierno cubano ha reconocido que hay intercambios de mensajes con EEUU pero afirma con rotundidad que no está dispuesto a negociar un cambio en su sistema de gobierno. En su comparecencia ante los medios de comunicación, el pasado jueves día 5, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel expresó que estas nuevas medidas, refiriéndose a la orden ejecutiva, “evidencian la naturaleza fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales”. Y aseguró que la rendición no es una opción. “Está ampliamente documentada la disposición histórica de Cuba a sostener con el Gobierno de los EEUU un diálogo serio, responsable basado en el Derecho Internacional”, subrayó.
Díaz-Canel reconoció que desde diciembre pasado no llega combustible a la isla y, una vez eliminada Venezuela como principal proveedor, las miradas se dirigen a México, su segundo y único proveedor. Pero la presidenta Claudia Sheinbaum ha evitado dar explicaciones si va a seguir enviando o no petróleo a la isla y, en su lugar, declaró que ya estaba listo un barco con ayuda humanitaria que llegará esta misma semana. Por otra parte, el Gobierno chino entregó, hace unas semanas, 80 millones de dólares y 60.000 toneladas de arroz reafirmando su respaldo a Cuba y denunciando enérgicamente el bloqueo de EEUU.
Mientras tanto, el Gobierno cubano toma medidas de emergencia para el ahorro de combustible y evitar el colapso. Un día después del discurso televisado de Díaz-Canel, los ministros fueron desgranando las medidas a tomar en sus áreas de trabajo para priorizar los servicios esenciales de producción de alimentos, emergencias hospitalarias y actividades como el turismo que generan divisas. La restricción a la venta de combustible, la disminución de la jornada laboral y del servicio de transporte, o la reducción de la jornada educativa son algunos de los cambios más importantes para adaptarse a la dramática realidad.
En la barra del bar de un hotel de cuatro estrellas, ubicado en el Vedado, un céntrico barrio de La Habana, un hombre pide un expreso. Después de tomarlo de un sorbo comienza a gritar: “Si tanto le gusta el comunismo a Díaz-Canel que se vaya a Rusia o a China y que nos dejen tranquilos a los cubanos”. “Se está desahogando”, explica a esta periodista uno de los camareros que también expresa su opinión con rabia contenida: “Que vengan los barcos y los aviones que tengan que venir y que termine pronto esta pesadilla. Que vengan los americanos, que hagan los negocios que quieran y nosotros descansaremos de tanto sacrificio”.
Fuera, en la avenida 23, una de las principales arterias de la capital, frente al hotel Habana Libre, la gente se arremolina alrededor del poco transporte privado que llega al lugar. En el tumulto se corre la voz del precio a gritos: “¡Cuatrocientos!”. La escasez de transporte sube los precios. Un recorrido que hace tres días costaba 250 pesos, ahora vale 400. El mismo trayecto en transporte público, que ahora esta restringido, cuesta 10 pesos.
Si el salario medio en Cuba, según la ONEI, ronda los siete mil pesos y antes de esta situación, el transporte ya era la pesadilla de la ciudadanía cubana, ahora resulta desesperante como explica la camarera de un hotel: “Ayer me tocó pasear dos kilómetros para llegar a mi casa, después de pagar un carro. Mi casa está más allá del municipio 10 de Octubre y mi sueldo no me da ni para pagar el transporte, pero hay que seguir adelante, tenemos esperanza de que algún país nos ayude”.
También la empresa privada ha reestructurado la jornada laboral. Ariel (nombre ficticio), un camarero de un animado restaurante, situado no muy lejos de la famosa Torre K, el hotel más lujoso de La Habana, trabaja dos días con una jornada de 12 horas diarias y descansa otros dos días para aliviar el problema del transporte. En los últimos cinco años el abandono del puesto de trabajo ha sido potenciado por los problemas de transporte y el poco o nulo poder adquisitivo del salario provocado por la inflación.
Las restricciones de combustible han llegado a la famosa Feria Internacional del Libro de la Habana, en su 34 edición, y se ha cancelado. Un encuentro muy esperado por la ciudadanía cubana que comenzó en 1982, con carácter bianual y, a partir de 2000, se configuro en cita anual. La feria constituye un encuentro cultural importante de editoriales latinoamericanas y españolas acompañado de decenas de eventos que incluye conciertos de música que dan vida a la ciudad.
Mientras tanto, muchos jóvenes sueñan con salir de la isla. Arnaldo (nombre ficticio) trabaja de camarero en un bar y tiene el pasaje comprado para España para el día 9 de marzo: “Soy médico, pero no quiero terminar la especialidad porque entonces resulta más difícil obtener el permiso del gobierno”, explica. En estos cinco años de crisis generalizada se ha producido el mayor éxodo de población desde 1959. Trinquete aclara que la migración cubana no huye de una dictadura como dicen los medios de comunicación, por el contrario, es económica como demuestran los estudios que realiza el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de la Habana donde trabaja. “La gente no quiere vivir con apagones y con escasez”, añade.
Al anochecer, en el magnífico patio del hotel Nacional de la Habana, considerado Monumento Nacional, los turistas se atrincheran para tomar un cóctel al calor de la música en vivo de una orquesta. En ese espacio privilegiado no falta de nada. Los turistas son fuente de divisas necesarias para que el país siga funcionando. Afuera, todo es oscuridad e incertidumbre. El tiempo dirá si Cuba sobrevive, y de qué forma, a la última agresión estadounidense.
2. De nuevo sobre el Sahara.
Otro artículo en ROAPE sobre la vergonzosa resolución en las Naciones Unidas sobre el Sahara Occidental.
https://roape.net/2026/02/16/western-sahara-the-law-of-the-strongest-returns-to-the-un/
Sáhara Occidental: la ley del más fuerte vuelve a la ONU
16/02/2026
«Los materiales y la información presentados ante el Tribunal no establecen ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sáhara Occidental y el Reino de Marruecos».
— Corte Internacional de Justicia, Opinión consultiva (1975)
Yahia H. Zoubir y Abdelkader Abderrahmane sostienen que, al ceder a la presión occidental sobre el Sáhara Occidental, las Naciones Unidas han abandonado el principio de autodeterminación, subordinando el derecho internacional a la pura conveniencia geopolítica.
Una victoria pírrica en el Consejo de Seguridad
Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2797 el 31 de octubre de 2025, prorrogando por un año más el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), Rabat lo celebró como si hubiera logrado el reconocimiento definitivo de la soberanía marroquí. Por primera vez, la resolución mencionaba explícitamente el «plan de autonomía bajo soberanía marroquí», una propuesta promovida desde hace tiempo por Rabat y respaldada tanto por Francia como por Estados Unidos.
Sin embargo, la celebración fue prematura. La resolución, impulsada por Washington y París, se limitó a reafirmar el estancamiento que ha caracterizado el conflicto durante medio siglo. No ofrecía ningún cambio jurídico vinculante, ningún mecanismo para un referéndum ni ninguna vía creíble hacia la descolonización. Lo que reveló, en cambio, fue hasta qué punto la ley del más fuerte ha penetrado en la diplomacia multilateral.
En las semanas previas a la votación, la delegación estadounidense presionó para eliminar cualquier mención a un referéndum de autodeterminación. Ante la oposición de Rusia, China, Mozambique y los aliados africanos de Argelia, Washington cedió: el término «referéndum» se mantuvo, pero se le despojó de su sustancia. El texto final se convirtió en un gesto simbólico: apaciguar a los socios occidentales de Marruecos y mantener la ilusión de que el proceso de la ONU sigue vivo.
Para Marruecos, se trató de una victoria política con un coste moral. Para Washington y París, fue una jugada calculada en una carrera más amplia por la influencia en el norte y el oeste de África. Para el pueblo saharaui, fue un nuevo aplazamiento de la justicia.
Francia, Estados Unidos y el retorno del realismo geopolítico
Si Rabat debe su impulso diplomático a alguien, es a París y Washington. Ambas capitales ven a Marruecos como un puente indispensable entre el Mediterráneo y el África subsahariana, un aliado conveniente en un momento en que su presencia militar y política en el Sahel ha disminuido drásticamente.
Para Francia, la aceptación del plan de autonomía de Rabat refleja un intento desesperado por recuperar influencia. Tras haber sido expulsada de Mali, Burkina Faso y Níger, París busca ahora nuevos puntos de apoyo para salvaguardar sus intereses comerciales y de seguridad. Marruecos ofrece esa oportunidad: un socio con profundas redes africanas, relativa estabilidad política y ambiciones alineadas con la inversión francesa y la cooperación en materia de defensa. La visita del presidente Emmanuel Macron a Rabat en octubre de 2024, durante la cual él y el rey Mohammed VI anunciaron «un nuevo capítulo bilateral para los próximos treinta años», marcó el resurgimiento formal de la antigua visión euroafricana de Francia: una estrategia que vincula la prosperidad de Europa con los recursos y mercados de África.
Para Estados Unidos, el Sáhara Occidental tiene menos que ver con la nostalgia colonial que con la alineación estratégica. Desde la proclamación de Donald Trump en 2020, en la que reconocía la soberanía marroquí a cambio de la normalización de Rabat con Israel y su adhesión a los Acuerdos de Abraham negociados por Estados Unidos, las sucesivas administraciones han mantenido discretamente esa postura.
Aunque el secretario de Estado Antony Blinken ha evitado una reafirmación explícita, el informe sobre derechos humanos del Departamento de Estado de 2023 omitió cualquier referencia al Sáhara Occidental como territorio ocupado, lo que supone una señal de aceptación de facto del statu quo.
Detrás de esta continuidad se esconde la inquietud de Washington por la creciente influencia de China y Rusia en el Magreb y el Sahel. El Pentágono ha ampliado la cooperación con las fuerzas marroquíes, mientras que las empresas estadounidenses se fijan en proyectos de infraestructura y energía renovable a lo largo del corredor atlántico. Por lo tanto, el valor geopolítico de Marruecos se ha vuelto demasiado alto para que Washington cuestione sus reivindicaciones territoriales.
Eurafrica Revisited — Una idea colonial con ropaje moderno
El entusiasmo de Francia por la propuesta de autonomía de Marruecos no es nuevo, sino que se hace eco de una vieja doctrina: Eurafrica. Concebida en la década de 1950 por estrategas europeos que buscaban mantener su relevancia mundial tras la Segunda Guerra Mundial, Eurafrica imaginaba un espacio euroafricano simbiótico basado en el control de los recursos y los corredores estratégicos del norte de África.
Hoy en día, despojada de su vocabulario colonial pero no de su lógica, la idea resurge a través de la diplomacia energética y migratoria de Europa. Con la UE dependiente del gas argelino y libio y el creciente papel de Marruecos en el tránsito de energías renovables, los responsables políticos occidentales vuelven a tratar al norte de África como un amortiguador y un proveedor, en lugar de como una región con derecho a sus propias normas de soberanía.
Esta continuidad explica la insistencia de París en presentar el Sáhara Occidental como una «cuestión de desarrollo» en lugar de una cuestión de descolonización. Como señaló el periodista austro-alemán Anton Zischka en 1952 en África: la tarea comunitaria n.º 1 de Europa, «Eurafrica será obra de técnicos, desarrollada con calma sobre datos concretos». Si sustituimos «técnicos» por «inversores», la frase podría aparecer hoy en cualquier comunicado de cooperación entre la UE y Marruecos. Esto fue reafirmado por Peo Hansen y Stefan Jonsson en su artículo «Building Eurafrica: Reviving Colonialism through European Integration, 1920-1960» (Construir Eurafrica: revivir el colonialismo a través de la integración europea, 1920-1960), en el que sostienen que el proyecto Eurafrica sería una herramienta para perseguir una nueva forma de colonialismo a través de la integración de la Unión Europea.
La estrategia de Marruecos: dominación mediante el desarrollo
Durante las últimas dos décadas, Marruecos ha invertido miles de millones de dólares en los territorios ocupados —puertos, autopistas, plantas desalinizadoras e incluso eventos internacionales como la Copa del Mundo de Kitesurf de Dakhla— para presentar el Sáhara Occidental como una parte inseparable de sus «provincias meridionales». Esta estrategia tiene como objetivo normalizar la ocupación a través de una imagen de modernización y prosperidad.
Sin embargo, estos proyectos se basan en un terreno jurídico inestable. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha dictaminado en repetidas ocasiones —en 2016, 2018 y 2021— que los acuerdos comerciales y pesqueros entre la UE y Marruecos no pueden incluir legalmente al Sáhara Occidental porque el territorio es «distinto y separado». No obstante, la Comisión Europea ha seguido negociando con Marruecos mientras los recursos siguen pendientes, lo que demuestra una vez más cómo la conveniencia política prevalece sobre el Estado de derecho.
A nivel nacional, Rabat utiliza el conflicto del Sáhara Occidental para consolidar la unidad nacional en torno a la monarquía. Al invocar el espectro del separatismo, el régimen justifica la represión de la disidencia y distrae la atención de la creciente desigualdad. Marruecos mantiene un estricto control sobre el territorio ocupado, violando los derechos humanos de los saharauis, una estrategia palaciega que privilegia la supervivencia del régimen por encima de la democratización.
Entre aplausos y resistencia
La aprobación de la Resolución 2797 fue aclamada por los medios de comunicación marroquíes como «una confirmación histórica de la soberanía de Marruecos». Medios franceses como Le Monde la describieron como «una victoria del realismo». Pero en Tinduf y Argel, las reacciones fueron muy diferentes.
El ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, demostró que la resolución no era favorable a Marruecos, ya que la opción de la autonomía es solo una de las diversas propuestas que pueden presentarse a las Naciones Unidas. El enviado especial del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan Di Mistura, confirmó la interpretación de Attaf sobre la resolución e insistió en que Marruecos no tiene soberanía sobre el Sáhara Occidental y que el derecho a la autodeterminación de los saharauis sigue estando en la agenda de las Naciones Unidas.
El Frente Polisario, que representa al pueblo saharaui, insiste en que en el centro del conflicto del Sáhara Occidental se encuentra el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación, es decir, el derecho a decidir su propio futuro y el estatuto definitivo del territorio. Sostienen que el plan de autonomía de Marruecos contradice directamente este principio, ya que presume la soberanía a favor del ocupante antes de que se haya permitido al pueblo saharaui expresarse o se haya llevado a cabo una negociación genuina.
Argelia reafirma igualmente que la autodeterminación es «inalienable e innegociable». En declaraciones ante el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, los diplomáticos argelinos advirtieron de que socavar este principio en el Sáhara Occidental podría desestabilizar todo el continente.
La postura de Argelia: entre el principio y la geopolítica
La posición de Argelia siempre ha sido una cuestión de principios. Desde la independencia, ha considerado el Sáhara Occidental como una cuestión de descolonización, no como una disputa territorial. Desde mediados de la década de 1970, Argel ha respaldado diplomáticamente al Polisario y ha acogido a decenas de miles de refugiados saharauis en los campamentos de Tinduf.
Pero bajo este compromiso moral se esconde un cálculo estratégico. Los responsables políticos argelinos consideran el Sáhara Occidental como un caso de prueba para el orden poscolonial en África. Si se permite que la anexión de Marruecos se mantenga, podría legitimar revisiones fronterizas en otros lugares, precisamente lo que la Organización para la Unidad Africana (OUA) trató de evitar en 1963 cuando consagró el principio de uti possidetis juris (respeto de las fronteras heredadas).
Aun así, la diplomacia argelina sigue siendo cautelosa. Mientras rechaza la normalización con Israel y critica la hipocresía occidental, ha profundizado sus lazos con China, Rusia y Sudáfrica. Los tres respaldan la causa saharaui en la ONU o, al menos, apoyan la aplicación de la legalidad internacional. La adhesión de Argelia al Nuevo Banco de Desarrollo (Banco BRICS) pone de manifiesto su intención de contrarrestar la influencia occidental mediante una diplomacia multipolar en lugar de una confrontación directa.
La erosión de la ONU y la normalización de la ocupación
La historia del Sáhara Occidental refleja una crisis más profunda dentro de las Naciones Unidas. La ONU, que en su día fue una plataforma para la descolonización y la legitimidad colectiva, ha cedido cada vez más a las prioridades estratégicas de sus miembros más poderosos.
Desde que se creó la MINURSO en 1991, no se ha dado ni un solo paso hacia el referéndum que se suponía que debía organizar. Su mandato se ha convertido en gran medida en administrativo: supervisar un alto el fuego que Marruecos socava habitualmente con nuevas infraestructuras, asentamientos y puestos de seguridad. Los informes del secretario general de la ONU señalan regularmente estas violaciones, pero el Consejo de Seguridad sigue paralizado por la amenaza del veto francés o estadounidense. Es más, mientras que la Asamblea General se atiene al marco de descolonización de la ONU, el Consejo de Seguridad adopta resoluciones que tienden a legalizar la colonización.
Esta aplicación selectiva del derecho internacional no ha pasado desapercibida en el Sur Global. Los países que antes confiaban en la ONU para defender a los Estados más débiles ahora la ven como otro escenario de negociación geopolítica. Cuando Namibia, Sudáfrica y Mozambique solicitaron una sesión especial de la Asamblea General sobre el Sáhara Occidental en 2024, los diplomáticos europeos presionaron discretamente para bloquearla, lo que demuestra que las alianzas siguen prevaleciendo sobre los principios. En una declaración, el Ministerio de Asuntos Exteriores francés afirma claramente que «la relación entre la Unión Europea y Marruecos es estratégica, y Francia seguirá trabajando con sus socios europeos para reforzar sus intercambios, especialmente los económicos».
Las repercusiones regionales: del Magreb al Sahel
Lejos de estabilizar el norte de África, el afianzamiento de Marruecos en el Sáhara Occidental corre el riesgo de exportar la inseguridad hacia el sur. La militarización del territorio, especialmente cerca del corredor de Guerguerat, ha interrumpido el comercio entre el Magreb y África Occidental. Más preocupante aún, las evaluaciones de inteligencia advierten del creciente flujo de armas y combatientes a través de la frontera entre Mauritania y el Sáhara Occidental.
Dado que el Sahel se enfrenta a nuevas insurgencias, cualquier chispa en este corredor podría encender una conflagración regional. Los grupos yihadistas desplazados del norte de Malí y Níger están buscando nuevas zonas de operación. La situación sin resolver del Sáhara Occidental, combinada con la frustración social, proporciona un terreno fértil para el reclutamiento.
Los analistas de seguridad advierten que la «estrategia de fortaleza» de Marruecos —que combina la represión en los territorios ocupados con la militarización de las fronteras— podría provocar, en lugar de disuadir, el extremismo. Como dijo un antiguo oficial de la MINURSO, «Marruecos puede ganar el territorio, pero perder la paz».
Las consecuencias podrían ir mucho más allá de las dunas del Sáhara. La inestabilidad podría descarrilar proyectos transafricanos como el gasoducto Nigeria-Marruecos, ya retrasado por obstáculos financieros y de seguridad. También podría obstaculizar la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), convirtiendo el Magreb en una zona de rivalidad congelada en lugar de cooperación.
La hipocresía occidental al descubierto
En su discurso ante la Asamblea General de la ONU en 2025, el presidente Emmanuel Macron advirtió contra «la ley del más fuerte» en Ucrania e insistió en que «el derecho internacional debe respetarse en todas partes». Sin embargo, solo unas semanas después, Francia respaldó una resolución que consolidaba esa misma ley en el Sáhara Occidental.
Este doble rasero erosiona la credibilidad occidental. El silencio de la UE sobre las sentencias del TJUE, la continuación por parte de Estados Unidos del acuerdo de reconocimiento de Trump y la inercia de la ONU alimentan la percepción de que el orden basado en normas solo se aplica cuando conviene.
Para muchos en África, esto no es mera hipocresía, sino continuidad, un recordatorio de que la lógica colonial persiste bajo nuevas etiquetas. La retórica de la autonomía, la inversión y la modernización se hace eco de la antigua mission civilisatrice: el discurso del desarrollo sustituye al de la descolonización. Como escribió el pensador argelino Malek Bennabi en su libro La lutte idéologique, «Eurafrica es el fruto del genio colonial», una frase que resulta inquietantemente actual.
Un volcán inactivo
Rabat puede creer que ha consolidado su victoria, pero bajo la superficie se esconde un profundo resentimiento. Entre los jóvenes saharauis nacidos en el exilio, la frustración se ha convertido en desesperación. El brazo armado del Frente Polisario ha reanudado los ataques esporádicos al este de la berma marroquí desde 2021, poniendo fin a tres décadas de alto el fuego. Con la diplomacia en un punto muerto, estos enfrentamientos podrían fácilmente escalar.
Si el conflicto se reaviva, no se limitará al desierto. El aparato de seguridad de Marruecos ya está al límite por el descontento interno y la reacción contra la normalización con Israel. Una nueva guerra en el Sáhara Occidental pondría a prueba la estabilidad del país y expondría a sus partidarios occidentales a un incómodo escrutinio moral, obligándolos a elegir entre sus valores profesados y sus alianzas geopolíticas.
La historia demuestra que los conflictos congelados rara vez permanecen congelados. Cuanto más tiempo perdura la injusticia, más violento es su ajuste de cuentas final. El Sáhara Occidental, descartado durante décadas como una cuestión marginal, podría convertirse en el punto de presión que ponga de manifiesto las contradicciones de todo el orden mundial.
Conclusión
En 1975, la Corte Internacional de Justicia no encontró ningún vínculo legal de soberanía entre el Sáhara Occidental y Marruecos. Cincuenta años después, los Estados más poderosos decidieron ignorar esa sentencia.
Al consagrar la autonomía bajo ocupación, la Resolución 2797 (2025) no representa el triunfo de la diplomacia, sino la normalización de la injusticia. Es una señal de un mundo en el que el poder hace la ley y las instituciones internacionales se doblegan ante los fuertes.
El Sáhara Occidental es tanto una herida como una advertencia: una herida para la credibilidad del derecho internacional y una advertencia de que el orden construido sobre él se está erosionando bajo el peso de sus propias contradicciones. Y aunque pueda parecer una victoria para Marruecos, solo es una victoria a corto plazo, con consecuencias caóticas a largo plazo.
Yahia H. Zoubir es investigador sénior no residente del Consejo de Asuntos Globales de Oriente Medio en Doha, Catar.
Abdelkader Abderrahmane es asesor político sobre paz y seguridad en el norte de África y el Sahel. Es autor de «Los servicios de inteligencia de Marruecos y el sistema de vigilancia del Makhzen».
3. Visión crítica de la revolución argelina.
El mes pasado falleció el argelino Harbi, y en Jacobin publicaron este artículo sobre su figura y sus reflexiones sobre la revolución argelina.
https://jacobin.com/2026/02/mohammed-harbi-algeria-historian-obituary
Mohammed Harbi fue el historiador revolucionario de Argelia
- Por
- Muriam Haleh Davis
Mohammed Harbi pasó de participar en la lucha por la independencia de Argelia a escribir algunos de los libros más importantes sobre su historia. Harbi, que falleció el mes pasado a los 92 años, fue un pensador marxista creativo y un defensor de la democracia en Argelia.
Reflexionando sobre su innovadora historia del Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia, publicada por primera vez en 1980, el historiador marxista y militante argelino Mohammed Harbi escribió que su principal objetivo había sido «evitar cualquier confusión entre la especificidad histórica de la sociedad argelina y la del capitalismo global».
Al mismo tiempo, explicó, el libro, que llevaba el provocativo título de El FLN: Espejismo y realidad, tenía como objetivo deconstruir los mitos asociados a la fuerza revolucionaria que consiguió la independencia de Argelia tras 132 años de colonialismo francés. Estos dos objetivos —adoptar una metodología marxista que tomara en serio la formación social específica de la sociedad argelina y rechazar una lectura hegemónica del nacionalismo argelino— eran inseparables para Harbi, que falleció en París el pasado mes de enero, el día 1.
A lo largo de su dilatada carrera, Harbi siempre insistió en que no se podía comprender la historia argelina y su proceso de descolonización simplemente aplicando formas de análisis de clase basadas en las experiencias europeas. Sin embargo, también rechazaba las interpretaciones esencialistas de la ideología o la cultura. A través de este doble rechazo, nos ofreció un conjunto de herramientas inestimables para comprender el pasado. Los escritos de Harbi también ilustraban un modelo de internacionalismo que se negaba a aceptar la naturaleza autoritaria de proyectos nacionalistas específicos, incluso si estos se basaban en principios antiimperialistas.
«Un marxista en una lucha nacionalista»
En su vida y en su obra, Harbi rechazó las ortodoxias políticas y las expectativas de quienes le rodeaban, ya fueran miembros de su familia o del partido político al que pertenecía. En su autobiografía, Une vie debout, escribió la famosa frase: «Como marxista en un movimiento nacionalista, a menudo me encontraba nadando contra corriente, entre trampas y sospechas de todo tipo».
Procedente de una familia aristocrática que (por parte de su madre) había experimentado un fuerte descenso de su estatus social debido a la colonización francesa de Argelia, Harbi observó desde muy temprana edad cómo la religión se convirtió en un elemento central de la conciencia nacionalista. Sin embargo, se mostraba crítico tanto con la escuela francesa como con la coránica a las que asistió, definiéndose a sí mismo como un híbrido cultural (métis culturel). Definía la primera como un lugar de sometimiento ideológico (assujettissement) y recordaba su disgusto por tener que cantar el himno de Vichy «Maréchal nous voilà» durante la Segunda Guerra Mundial.
Nacido en El Harrouch, en el noreste de Argelia, en 1933, Harbi se trasladó a la ciudad costera de Skikda en 1945. Ambas zonas eran bastiones del nacionalismo argelino, con el que entró en contacto por primera vez a través del movimiento scout. Las masacres de Guelma y Sétif el 8 de mayo de 1945 fueron un punto de inflexión para Harbi, al igual que para muchos de sus compañeros. Estos episodios de violencia colonial se produjeron tras las protestas contra la deportación de Messali Hadj, líder del Partido Popular Argelino (PPA), el movimiento nacionalista argelino que fue el primero en reclamar la independencia de Francia.
El ondear de banderas del PPA y la violencia contra los europeos provocaron represalias masivas por parte de las fuerzas coloniales francesas, que mataron a hasta 45 000 personas, incluidos miembros de la propia familia de Harbi. Aunque la mayoría de los historiadores consideraban que la revolución argelina (liderada por el FLN) comenzó el 1 de noviembre de 1954, Harbi sostenía que Guelma y Sétif constituían el «verdadero comienzo de la guerra de independencia de Argelia». Tras estos acontecimientos, el PPA cambió su nombre por el de Movimiento para el Triunfo de las Libertades Democráticas (MTLD). En 1946, Harbi se convirtió en el jefe de la sección local del partido en su instituto.
Si bien los acontecimientos de 1945 consolidaron su lealtad a la causa nacionalista, su estancia en Skikda, donde el marxista francés Pierre Souyri había sido su profesor, alimentó su compromiso con el socialismo antistalinista. Harbi menciona la influencia de los círculos del Socialismo o Barbarie (SouB) en múltiples ocasiones en sus escritos. El SouB, que se desarrolló a partir de la Cuarta Internacional de León Trotsky, incluía figuras como los filósofos Cornelius Castoriadis y Jean-François Lyotard. Lyotard era amigo de Souyri y un firme defensor de la independencia argelina.
El impulso de Harbi por considerar las cuestiones nacionales y sociales como dos componentes esenciales de la emancipación siguió marcando su vida como militante, incluso después de marcharse a París en 1952. Fueron años difíciles para el nacionalismo argelino. El movimiento de Messali sufrió divisiones internas, un episodio que Harbi calificó como la «prueba más dolorosa» por la que pasó como militante.
El PPA y su sucesor, el MTLD, se organizaron en gran medida en torno al carisma personal y el populismo de Messali, que rechazaba el carácter reformista de las organizaciones nacionalistas revivalistas como la Unión Democrática del Manifiesto Argelino (UDMA) o el movimiento de reformistas islámicos. Sin embargo, sus seguidores acabaron dividiéndose en tres facciones: los que permanecieron leales a Messali («messalistas»); los que pedían la acción directa, rechazaban la política electoral y lamentaban el «culto a la personalidad» en torno a su liderazgo («activistas»); y una tercera corriente que se preocupaba por el estilo de liderazgo de Messali, pero que, no obstante, seguía comprometida con una solución política que preparara el terreno para la futura lucha armada (conocidos como «centralistas»).
Antes de abrazar la tendencia más militante que acabaría evolucionando hacia el FLN, Harbi se identificaba con el último grupo. Sin embargo, cuando más tarde escribió sobre estas divisiones, insistió en que las divergencias no eran meramente una función de diferencias estratégicas o ideológicas, sino que, en última instancia, tenían su origen en el carácter pequeñoburgués de la dirección del partido.
Una «movilización autoritaria»: la victoria del FLN
La larga relación de Harbi con el PPA/MLTD hizo que su eventual adhesión al FLN fuera una decisión difícil. El nuevo partido, fundado en 1954, se presentaba como poseedor del monopolio en el ámbito nacionalista y representaba una ruptura fundamental con las organizaciones anteriores. Esto a pesar de que, como señaló Harbi, todos sus líderes se habían politizado en los círculos messalistas.
El FLN asesinó a muchos partidarios de Messali, que ahora se organizaban bajo la bandera del Movimiento Nacional Argelino (MNA), durante la guerra de independencia. La Revolución Argelina no solo buscaba liberar al país del dominio francés, sino que también implicaba una «guerra dentro de la guerra» entre los dos principales grupos nacionalistas. Cuando el FLN llegó a monopolizar la lucha, Harbi se unió a él de mala gana, a pesar de la falta de pluralismo que él caracterizó como una «movilización autoritaria».
Harbi se unió a la Federación Francesa del FLN en agosto de 1956, desempeñando un papel clave en la Comisión de Información y Prensa. Seguía preocupado por el objetivo declarado del FLN de restaurar un Estado argelino «en el marco de los principios islámicos». Para Harbi, esta afirmación reflejaba una instrumentalización de la religión y un sentido erróneo de continuidad entre el período otomano y el presente. También insistió en que, si bien el nacionalismo del FLN se proponía crear una comunidad, pasaba por alto la necesidad de crear una sociedad.
Presentó una crítica similar a sus antiguos compañeros mesalistas, que también habían dado prioridad al movimiento nacional en detrimento del movimiento obrero y habían considerado a los argelinos como una «clase popular». Harbi cuestionó enérgicamente la perspectiva de personas como Frantz Fanon, que insistían en la naturaleza revolucionaria de un sujeto aplanado llamado «campesino». Esta noción, escribió, «no se correspondía ni política ni socialmente con la realidad de esta clase».
Harbi atribuyó estos fracasos a un análisis del colonialismo. Según él, el dominio francés había dado lugar a una sociedad fracturada, dividida por líneas regionales e ideológicas. Para Harbi, las categorías de clase, a menudo arraigadas en los orígenes del capitalismo en Europa, no lograban captar la desestructuración de la sociedad argelina.
Según Harbi, la principal característica de los líderes del FLN no era su condición de miembros de la pequeña burguesía, sino el hecho de que habían experimentado una movilidad social descendente debido a la colonización. Estos individuos habían «rompido sus lazos con su entorno social original para establecer nuevas conexiones con las masas urbanas y rurales». Las reivindicaciones radicales de los dirigentes del FLN (y su renuencia a pensar en términos de clase) reflejaban el hecho de que su cohesión social se derivaba de la injusticia del sistema colonial y su convicción de que la lucha armada era el único recurso posible para la emancipación.
El tiempo que Harbi pasó trabajando con el FLN lo llevó a Alemania, Suiza, Túnez y Egipto, antes de romper con el partido en 1960. En su carta de renuncia, acusó a sus antiguos compañeros de distorsionar intencionadamente
un debate sobre los problemas fundamentales que planteaba el levantamiento revolucionario de nuestro pueblo (la necesidad de una organización de vanguardia vinculada a los combatientes y al pueblo y que dirigiera el país desde dentro, el papel de Argelia en el movimiento árabe por la unidad y la independencia, la urgencia de una estrategia política y militar que abarcara el Magreb árabe, la lucha contra las tendencias oportunistas, las condiciones para una guerra a largo plazo).
No obstante, Harbi siguió apoyando la causa nacionalista y contribuyó a la redacción del Programa de Trípoli, un documento que esbozaba el carácter de la revolución tras la independencia. Sin embargo, volvió a sentirse decepcionado por sus compañeros: en opinión de Harbi, estos esperaban evitar la vía capitalista al tiempo que negaban el papel político o económico de la burguesía privada debido a «la ilusión de una coexistencia armoniosa entre esta clase y la burocracia, y la creencia ingenua en su capacidad para compartir amistosamente los beneficios de la explotación laboral».
Autogestión contra el Estado
Harbi desempeñó un papel clave en el diseño de la reforma agraria y la política de autogestión agrícola tras la independencia en 1962. Los colonos europeos huyeron de sus tierras y los argelinos rurales ocuparon espontáneamente estas parcelas abandonadas. Asesores internacionales como Michalis Raptis (a quien Harbi había conocido en 1956), Lotfallah Soliman y partidarios europeos del FLN nacidos en Argelia, como Yves Mathieu, redactaron los Decretos de Marzo de 1963 que formalizaron la administración de estas propiedades nacionalizadas.
En abril de ese año, Harbi se unió a la Oficina Nacional del Sector Socialista (BNASS). En septiembre, también asumió el cargo de editor del periódico del FLN, Révolution Africaine, con el objetivo de «argelizar» una publicación que anteriormente había estado bajo el control de figuras como Jacques Vergès y Gérard Chaliand.
El ambiente de bienvenida hacia los izquierdistas internacionales duró poco. En 1964, las tensiones entre el ala izquierdista del FLN y el presidente Ahmed Ben Bella eran evidentes. En 1965, un golpe militar de Houari Boumédiène derrocó a Ben Bella y provocó el éxodo de sus compañeros de viaje cosmopolitas. El Gobierno reforzó el control sobre Revolution Africaine y Harbi se encontró primero en prisión y luego bajo arresto domiciliario, antes de lograr escapar a Francia en 1973.
Harbi no fue el único nacionalista que se convirtió en víctima del mismo Estado que había ayudado a crear. Reflexionando sobre el destino de sus compañeros, como Mohammed Boudiaf, Belkacem Krim y Ben Bella, que se enfrentaron al asesinato, la prisión o el exilio, llegó a la conclusión de que la guerra de liberación argelina había constituido una «revolución burocrática» del tipo habitual en el Tercer Mundo.
Según su análisis, el FLN no era un partido político de un frente de organizaciones autónomas. En cambio, lo definió como una agrupación de fuerzas sociales con contradicciones internas, como el regionalismo, el militarismo y un carácter secreto, que se había estructurado a partir de la experiencia del colonialismo y la lucha armada. El aparato estatal, especialmente el ejército, había catalizado la formación de una nueva burguesía después de la independencia, al tiempo que remodelaba la clase obrera y cooptaba a la intelectualidad.
Como militante y luego como académico, Harbi pagó un alto precio por rechazar la cooptación por parte del sistema posrevolucionario. Algunas de sus obras fueron prohibidas en Argelia y otras seguían siendo difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias.
De la descolonización al presente: «aprendices de brujo»
Desde la independencia, el Estado argelino se ha enfrentado a la contestación de quienes reclaman el pluralismo cultural y político. En 1980, durante la llamada Primavera Bereber, los manifestantes exigieron la integración de las lenguas tamazight en las escuelas argelinas, una reforma que los líderes gubernamentales presentaron como una amenaza para la identidad árabe-islámica del Estado. Las palabras de Harbi, publicadas en la primavera de 1980, siguen siendo proféticas:
Argelia está en manos de aprendices de brujo que, sin principios, han enfrentado a las clases sociales entre sí y son capaces de enfrentar a las regiones de Argelia entre sí para mantenerse en el poder. Mientras tanto, hay hombres en prisión, acusados de socavar la unidad nacional.
Cuando estalló la guerra civil en Argelia a principios de la década de 1990, Harbi volvió a ser una voz a favor del pluralismo y la democracia. Se negó a apoyar la cancelación por parte del Estado de las elecciones de 1992, en las que se esperaba que ganara el Frente Islámico de Salvación, a pesar de su profundo escepticismo sobre el lugar que ocupa el islam en la vida pública (incluso en Francia).
En 2019, un levantamiento popular conocido como Hirak derrocó al presidente argelino Abdelaziz Bouteflika, un veterano de la guerra de independencia. En muchos sentidos, estas protestas parecían ser una continuación de las demandas de democracia e independencia que Harbi consideraba una promesa incumplida de la revolución de 1962.
En un artículo escrito en 1975, se quejaba de que, a pesar de todo lo que se hablaba de «descolonizar la historia» en Argelia, «la obra histórica y sociológica relacionada con el movimiento nacional es, en muchos aspectos, una antología de falsificaciones y ocultamientos». Con ello se refería a que la historiografía oficial seguía describiendo a Messali como un traidor, mientras que ensalzaba a figuras reformistas como Abdelhamid Ben Badis.
Sin embargo, durante el Hirak, muchas de estas figuras marginadas aparecieron en carteles llevados por manifestantes que parecían estar escribiendo una nueva historia de su revolución. Harbi reconoció que, aunque el Hirak no siguiera su visión de la revolución, el movimiento mostraba una creatividad y un dinamismo que, independientemente del resultado, tenían el poder de regenerar la sociedad argelina.
Es fácil imaginar que la falta de un liderazgo claro o de un conjunto de objetivos basados en la clase social en 2019 preocupara a Harbi. La tensión entre las protestas que traspasan las fronteras de clase basadas en demandas generales y el potencial de que esas protestas se canalicen hacia la movilización política y la organización laboral sigue siendo un reto para la izquierda. Frente a los compañeros que tenían una comprensión más espontánea de las posibilidades revolucionarias, Harbi insistía en que la conciencia de clase y los compromisos nacionalistas no eran simplemente el reflejo de capacidades revolucionarias preexistentes, sino que se forjaban a través de luchas políticas compartidas.
Desde la Guerra de Liberación hasta el Hirak, Harbi se negó a subordinar la necesidad del pluralismo político o la emancipación social al proyecto del nacionalismo antiimperialista. Como ha argumentado recientemente Ayça Çubukçu, hoy en día nos enfrentamos a una tendencia a considerar cualquier intento de ir más allá de la lógica binaria y estatista como una apología del imperio y el genocidio. Çubukçu destaca la necesidad de reflexionar detenidamente sobre las motivaciones y los cálculos políticos antes de ofrecer una crítica de las luchas antiimperialistas. Al mismo tiempo, nos advierte que no debemos hacer la vista gorda ante la violencia dirigida hacia el interior o la composición de clase de los movimientos anticolonialistas.
Para quienes se enfrentan a estas cuestiones y creen que las luchas anticolonialistas del pasado ofrecen tanto lecciones como advertencias para nuestro presente político, los escritos de Mohammed Harbi seguirán siendo esenciales durante mucho tiempo.
Muriam Haleh Davis es profesora asociada de Historia en la Universidad de California, Santa Cruz. Es autora de Markets of Civilization: Islam and Racial Capitalism in Algeria (Mercados de civilización: el islam y el capitalismo racial en Argelia).
4. La futura gran crisis china.
Como es habitual en él, B, el brujo honesto, no tiene ninguna confianza en el futuro del milagro económico chino.
https://thehonestsorcerer.substack.com/p/china-the-end-of-an-economic-miracle
China: el fin de un milagro económico
15 de febrero de 2026
Shanghái, China. Foto vía Unsplash
China ya no es el milagro económico que solía ser. Aunque sigue creciendo, hay algo fundamentalmente erróneo en su modelo, que tiene mucho más en común con las economías capitalistas occidentales de lo que la mayoría de la gente está dispuesta a admitir. Al contrario de lo que los medios de comunicación convencionales intentan vender al público occidental en la actualidad, China no es un país comunista. Ni mucho menos. Y aunque difiere en muchos aspectos sutiles de su homólogo estadounidense, la economía china adolece de los mismos males del capitalismo: explotación laboral, niveles de deuda desorbitados, ralentización del crecimiento económico, descenso de la natalidad, mercados saturados, degradación medioambiental, agotamiento de los recursos, por nombrar solo algunos de los problemas más acuciantes. A pesar del prodigioso aumento de la prosperidad y la enorme reducción de la pobreza que han logrado, el modelo económico chino no es ni el futuro ni el salvador de la civilización humana.
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Fundamentos
Comparar las economías china y estadounidense es como comparar a un adulto joven con un anciano frágil. La misma persona, diferente edad. Sí, hay muchas diferencias individuales, pero estas están relacionadas con el enfoque, más que con el resultado final, en el gran esquema de las cosas. En la esquina roja vemos la infraestructura estatal y desarrollada (banca, energía, transporte) y la planificación económica centralizada, con un fuerte enfoque en la industrialización y las exportaciones. En la esquina azul encontramos la financiarización y una economía de mercado privatizada y basada en los servicios, centrada en el consumo. Entonces, ¿por qué digo que son solo dos caras de la misma moneda? ¿Por qué la economía china no puede ser un modelo a seguir para otros países y por qué no puede mantenerse durante mucho más tiempo que su homóloga estadounidense?
Empecemos por la función más fundamental y básica de toda economía. Y me refiero a los fundamentos económicos reales, no a cifras inventadas en una hoja de cálculo. Es decir, utilizar la energía para convertir las materias primas y la información en productos y servicios. Convertir las rocas en metales y los metales en máquinas. Utilizar fuentes de energía concentradas (combustibles fósiles) para cultivar, cosechar y distribuir alimentos, extraer más minerales, fabricar chips, construir centros de datos, paneles solares, coches, trenes, camiones, barcos, aviones, edificios, puentes, carreteras y mucho más. Contrariamente a los mitos modernos, no existe tal cosa como una economía posindustrial: o se fabrican estas cosas para sostener y expandir la civilización en su país, o se tiene a otra nación que lo haga por usted. La diferencia radica en el enfoque, no en el objetivo final en sí.
La cuestión general aquí es que todavía no hay alternativas reales al carbón, el petróleo y el gas para mantener la civilización, ni en China ni en Estados Unidos. La nuestra sigue siendo una civilización global impulsada por el diesel. (Vea esta brillante demostración de por qué es así). Las «energías renovables» son complementos inteligentes de este sistema, gracias al alto calor, la alta densidad energética y la energía estable que proporcionan los combustibles fósiles las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Todo lo que hacemos, desde las granjas solares hasta los vehículos eléctricos (o desde las centrales nucleares hasta las presas hidroeléctricas, para el caso), son, por lo tanto, esfuerzos de optimización para utilizar de manera más eficiente nuestras reservas finitas de combustibles fósiles de fácil acceso, pero no de manera más inteligente. Piense en ello: quemar carbón en una fundición para producir silicio de grado metalúrgico (o en una central eléctrica para alimentar un flujo constante de electricidad a la producción de aluminio), en lugar de alimentar directamente a través de la red eléctrica millones de secadores de pelo, televisores y hornos microondas. El papel de los paneles solares, construidos con estos materiales y colocados en los tejados, es, por lo tanto, ayudarnos a canalizar más energía hacia el sistema, no sustituir los combustibles fósiles en su propia producción. Ni en Estados Unidos, ni en China, y desde luego tampoco en el espacio, y mucho menos en Marte. Dejando a un lado los cuentos de hadas y los costosos experimentos, todavía no podemos fabricar «energías renovables» con «energías renovables», y mucho menos mantener la cadena de suministro de los seis continentes necesaria para continuar con la civilización tal y como es.
Tanto la economía capitalista china como la estadounidense se basan en la extracción del mismo conjunto de minerales finitos y no renovables, desde el carbón hasta el cobre, o desde el petróleo hasta el litio. Y aunque China parece estar haciendo un esfuerzo «genuino» por dejar de depender de los combustibles fósiles, sigue siendo el principal importador de petróleo y el mayor consumidor de carbón hasta la fecha. Una vez más, lo único que hacen es intentar optimizar su uso de los combustibles fósiles, apoyando el crecimiento de su consumo de electricidad con «energías renovables» —en lugar de quemar aún más carbón—, ya que la sustitución de los combustibles fósiles más allá de ciertas zonas fáciles de electrificar sigue siendo una opción teórica más que una realidad. El resultado es una competencia cada vez más intensa por los combustibles fósiles y los minerales críticos para sostener el crecimiento económico mientras duren sus reservas.
Finanzas
«Entonces, ¿qué hay de las finanzas de estas dos naciones? No va a comparar la Reserva Federal con el Banco de China, ¿verdad?». Sí, lo haré. Y lo que es peor, voy a decir que ambos funcionan con la misma idea errónea que ha fracasado tantas veces a lo largo de la historia, que es una maravilla que siga utilizándose. Por supuesto, desde una perspectiva biofísica, hicimos (y seguimos haciendo) un montón de tonterías, pero nuestro actual sistema bancario y monetario, convenientemente omitido en todos los libros de texto de economía, es probablemente el más estúpidamente miope e ignorante de todos. (Después de todo, si se puede ganar un premio Nobel de Economía demostrando que los niveles catastróficos del cambio climático no perjudicarán tanto a la economía, o por no comprender el papel de la energía en la economía, no queda mucho por preguntarse).
El problema fundamental radica en cómo se crea el dinero y cómo, como resultado, nuestro sistema monetario comenzó a desvincularse de la realidad biofísica. Verá, todos los productos que compra, desde alimentos hasta bienes y servicios de consumo, o desde un corte de pelo hasta asesoramiento legal, requieren energía y materias primas para su fabricación, así como máquinas para su elaboración. Incluso las propias materias primas requieren energía para su obtención: las minas utilizan combustible de diesel y electricidad para extraer los minerales, las fundiciones queman carbón y gas natural para producir metales, mientras que las fábricas hacen lo mismo para fabricar hormigón o vidrio. En pocas palabras: la energía es la economía. Por lo tanto, el dinero no es más que un derecho sobre el uso futuro de la energía: un «derecho» transferible para desencadenar una cascada de consumo de energía y materias primas en su nombre. ¿Quiere un café con leche? ¡Claro! La cafetera se calienta, muele el café y vierte agua caliente sobre él, y luego le añade un poco de leche espumosa. Un microcosmos de transformaciones materiales y energéticas, y ni siquiera hemos hablado de cómo se cosecha, se tuesta y se distribuye el café, ni de cómo se fabrica la cafetera, desde la extracción de minerales metálicos hasta el montaje de piezas en una fábrica… Si alguno de estos pasos se ve afectado por la escasez de energía o materias primas, o si los costes de los insumos aumentan significativamente en cualquier punto de esta elaborada cadena, su moneda de repente empieza a valer cada vez menos. Compra menos cafés con leche, menos gadgets, menos servicios. Tanto en China como en Estados Unidos.
Aquí es donde entra en escena la creación de dinero. Contrariamente a lo que cuentan los economistas convencionales, el dinero no se presta a partir de los depósitos, sino que los bancos comerciales de todo el mundo lo prestan de la nada. Como explica el Banco de Inglaterra: «si usted pide prestadas 100 libras al banco y este las ingresa en su cuenta, se ha creado «dinero nuevo». No existía hasta que se abonó en su cuenta. Esto también significa que, cuando usted paga el préstamo, el dinero electrónico que creó su banco se «elimina», es decir, deja de existir». Suena muy bien, ¿verdad? Bueno, a menos que se tenga en cuenta que esta idea plantea una serie de problemas importantes. En primer lugar, en cuanto se solicita un préstamo, entra dinero fresco en la economía y, suponiendo que se gaste inmediatamente, comienza a perseguir la misma cantidad de bienes y servicios que existían un momento antes. (Piense, por ejemplo, en comprar un café con leche con una tarjeta de crédito). En segundo lugar, aunque este dinero nuevo acaba borrándose del sistema en cuanto se devuelve el principal, los intereses que hay que pagar además no desaparecen. En cambio, se gasta en los salarios de los empleados bancarios, jets privados, viajes a las Bahamas y la compra de poder político (entre otras cosas, como el funcionamiento del propio banco y el reembolso de los préstamos que este ha solicitado). No estamos hablando de cantidades insignificantes: a veces, hasta el doble o el triple del capital. Se trata de una enorme suma de dinero que se añade a la economía día tras día y que circula alegremente a medida que la gente la gasta y la hace circular por todo el mundo.

Crédito interno mundial al sector privado (% del PIB). Fuente: Banco Mundial
Esto nos lleva a una tercera cuestión importante: que la deuda debe seguir creciendo, porque si no, el sistema se derrumba. Y aunque nuestra oferta monetaria podría seguir creciendo exponencialmente para siempre (al menos en teoría), la cantidad de materias primas y alimentos que se cosechan cada año no puede hacerlo. Así, como resultado de todos estos préstamos y empréstitos, cada vez hay más deuda en el mundo que dinero para pagarla con intereses, por no hablar de productos reales con los que comprarla, de ahí el aumento constante de los precios al consumo. Para «solucionar» este «pequeño inconveniente», se hicieron imprescindibles nuevos préstamos e inversiones para mantener el crecimiento de la economía, lo que la obligó a seguir el ritmo de la expansión monetaria y evitar recesiones y impagos de la deuda… Así es como la creciente acumulación de deuda privada ha alcanzado ahora el 150 % del PIB mundial. Como resumió el economista Steve Keen, profesor honorario de la UCL y distinguido investigador del Instituto de Resiliencia Estratégica y Seguridad de la University College London:
«Los bancos no son «meros intermediarios» que permiten a los ahorradores prestar a los prestatarios. Son creadores tanto de deuda como de dinero. Los préstamos no son una «pura redistribución», sino una creación de nuevo dinero y poder adquisitivo. Cuando los préstamos se vuelven negativos, lo que ocurre cuando los deudores están pagando sus deudas o se declaran en quiebra y no pueden pagarlas, la economía se derrumba. Esto es lo que ocurrió tanto en la Gran Depresión como en la Gran Recesión».

Figura 4 del trabajo del profesor Steve Keen: «Los economistas y los políticos se obsesionan con la deuda pública, cuando lo que importa es la deuda privada».
Cada vez que la deuda privada dejó de expandirse, la economía se derrumbó; el gasto público solo llegó después de que eso ocurriera para sostener el sistema. Ejemplos: la crisis de 1837, la Gran Depresión de la década de 1930 y la Gran Crisis Financiera de 2008-2009. Y esto nos lleva al papel que desempeñan los bancos centrales en este sistema, tanto en China como en Estados Unidos (o en cualquier otro lugar del mundo, para el caso). Como ya habrán adivinado, su verdadera función tiene muy poco que ver con «perseguir los objetivos económicos de máximo empleo y estabilidad de precios». Eso es para los libros de texto de economía y los comunicados de los medios de comunicación. Una versión más honesta sería algo así: mantener la expansión del crédito a un ritmo exponencial, sin provocar demasiada inflación. El problema es que esta política no declarada conduce inevitablemente a burbujas de activos y a la saturación de la deuda: cuando las personas y las empresas se endeudan tanto que se vuelven incapaces de asumir más. A diferencia de los gobiernos, que pueden incurrir en déficits durante décadas, los particulares, los hogares y las empresas no pueden hacerlo. Si gastan persistentemente más de lo que ganan, se arruinan y sus activos (casas, fábricas, etc.) se venden para pagar a los acreedores. Y si esto ocurre de golpe (como ocurrió en 2008/2009), las burbujas especulativas, como la del mercado inmobiliario, estallan, enviando una gran cantidad de dinero al cielo.
Ahora echemos un vistazo a la situación actual a ambos lados del Pacífico. La primera señal de alerta es que la deuda de los hogares en China, como porcentaje del PIB1, dejó de crecer abruptamente en 2020 y comenzó a reducirse en 2024. Sin embargo, todo el crédito interno de los bancos al sector privado no dejó de crecer y ahora se acerca al 200 % del PIB (y quizás incluso más). En Estados Unidos vemos una tendencia similar, aunque con un matiz diferente. El crédito interno concedido por los bancos al sector privado parece estar disminuyendo, incluso cuando el nivel total de pasivo de los sectores no financieros nacionales sigue aumentando… El cual supera ahora los 80 billones de dólares (o el 258 % del PIB estadounidense), gracias al aumento exponencial del uso de títulos de deuda. En lenguaje sencillo: los bancos de China siguen prestando cada vez más a las empresas privadas para impulsar la inversión, a pesar de que la gente no está dispuesta a endeudarse más y a comprar más bienes. En Estados Unidos se observa un patrón similar, con la diferencia principal de que el nuevo crédito se concede en forma de emisión de bonos y se basa cada vez más en préstamos privados (no bancarios). Enfoque diferente, mismo resultado: niveles de deuda en rápido aumento; amenazando con derrumbar completamente el carro de las manzanas una vez que sea imposible pagarlos… Lo que acabará sucediendo, como ha demostrado la historia una y otra vez.
En bancarrota. Imagen vía Unsplash
La trampa deflacionaria y demográfica
El aumento exponencial de los niveles de deuda es la razón principal por la que la deflación en China podría tener pronto consecuencias desastrosas, y por la que un lento (pero acelerado) descenso de la población sellará el destino no solo de los chinos, sino también del resto de economías… Y no, no tiene nada que ver con las pensiones, sino con una multitud de razones económicas y demográficas. En primer lugar, la caída de los precios al consumo en China empuja a los posibles clientes a posponer sus compras, con la esperanza de que los precios sigan bajando aún más en el futuro. En segundo lugar, las personas mayores ya tienen los productos que necesitan y los utilizan durante más tiempo que los jóvenes, más sensibles a las modas, y dado que la población está envejeciendo, esta tendencia no va a cambiar en un futuro próximo. En tercer lugar, como las tasas de natalidad también están disminuyendo al mismo tiempo, cada vez hay menos niños y jóvenes que necesitan cosas nuevas, desde pañales hasta coches. Por último, pero no por ello menos importante, la ética laboral de Asia Oriental, completamente inhumana y rayana en la locura, hace que sea imposible tener hijos y comprar más cosas. Trabajar en un horario 996 (de 9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días a la semana) deja poco espacio y energía mental para la vida social o las compras. A esto se suma el hacinamiento de las grandes ciudades (que a menudo da lugar a que cinco o más personas alquilen y compartan un piso), lo que priva a los jóvenes del espacio privado necesario para formar una familia. Es como si todo el sistema estuviera diseñado para autodestruirse desde abajo, tal y como lleva ocurriendo desde hace décadas en Japón y Corea del Sur.
La deflación resultante es, por tanto, estructural: proviene de décadas de sobreinversión en capacidad de producción, junto con un colapso acelerado de la demografía2 y la calidad de vida. Estas tendencias son las verdaderas causas de lo que los chinos denominan «competencia ruinosa», que deja a los fabricantes con un exceso de capacidad cada vez mayor y una carga de deuda creciente, especialmente en sectores clave, como los vehículos eléctricos y los paneles solares. Muchas empresas sienten que no tienen más remedio que bajar los precios para deshacerse de sus existencias, lo que merma sus beneficios, incluso cuando el crecimiento de las ventas minoristas se reduce al 1 % o menos. En su lucha por ganar dinero, las empresas ya están limitando el crecimiento de los salarios, deteniendo la contratación y obligando a sus empleados a trabajar más horas… lo que refuerza el círculo vicioso y autodestructivo descrito anteriormente. Hasta que algo se rompa y las empresas empiecen a incumplir el pago de sus deudas y a despedir a su personal en masa. Huelga decir que, si llegamos a este punto, la gente tendrá aún menos para gastar, lo que provocará una caída en picado de las ventas de las empresas restantes y agravará aún más la crisis.
Así pues, aunque el crecimiento económico chino, en torno al 5 %, parece sólido por el momento (al menos en comparación con los países occidentales), la situación sigue siendo totalmente insostenible. ¿Es de extrañar entonces que gran parte de este crecimiento provenga de inversiones con rendimientos cuestionables y del aumento de las exportaciones, y no del crecimiento del consumo interno? Supongo que no. El superávit de exportación resultante, que alcanzará casi 1,2 billones de dólares en 2025, probablemente seguirá creciendo, a menos que los aranceles de todo el mundo pongan fin a su aumento. El volumen de construcción ya alcanzó su punto máximo a principios de 2017 y desde entonces no ha dejado de caer, debido al colapso de la burbuja inmobiliaria china. No creo que tengamos que esperar mucho para ver una tendencia similar en la producción manufacturera. Especialmente si se tiene en cuenta la creciente brecha entre la producción y el uso de la plata y el cobre, dos pilares de la electrificación y la electrónica, y el inminente pico de la producción de carbón (necesario para fabricar hierro, acero, cemento y muchos productos químicos). Sin embargo, sin un crecimiento económico real y significativo de al menos un 2-3 %, las deudas se volverán poco a poco imposibles de pagar, ya que los intereses se acumularán más rápido de lo que las empresas podrán cubrir. Con su trayectoria actual, China se encamina hacia una trampa de deuda creada por ella misma.
Mover una montaña con una cuchara
Parece que el modelo económico de China se está acercando a sus propios límites de crecimiento. Se construyó sobre los mismos principios y, por lo tanto, produjo los mismos resultados que sus homólogos occidentales, aunque con un sabor muy diferente. ¿Quién lo hubiera pensado? Después de sacar a cientos de millones de personas de la pobreza extrema y producir uno de los crecimientos económicos más rápidos y sostenidos de los últimos cincuenta años, la economía china se enfrenta ahora a los mismos problemas estructurales que la mayoría de los países desarrollados: descenso de la población, aumento de los niveles de deuda, degradación ecológica, agotamiento de los recursos y estancamiento económico. Y aunque podríamos debatir sin fin qué factores llevaron precisamente a esta situación, no se puede negar el hecho de que el crecimiento infinito en un planeta finito está más allá de los límites de lo posible. La creación de un ecosistema industrial basado en la extracción de reservas finitas de minerales y combustibles fósiles, junto con la explotación laboral y la emisión ilimitada de deuda y dinero, no podía conducir a otro resultado que el que tenemos ante nosotros: una divergencia total entre el mundo financiero y el mundo biofísico.
La conclusión de este análisis es, por tanto, bastante clara: la economía mundial (tanto en el hemisferio occidental como en el oriental) se enfrenta a un importante reajuste. Tanto la demografía como el aumento de la deuda privada siguen una trayectoria insostenible: una gran cantidad de personas ya no pueden permitirse aumentar su consumo, y muchos jóvenes adultos renuncian a formar una familia, por no hablar de comprar una vivienda. Por lo tanto, es poco probable que el consumo de bienes y servicios aumente en un futuro próximo, incluso aunque se siga aumentando la capacidad de producción (financiada con deuda). Esto acabará provocando una crisis deflacionaria y una serie de impagos de deuda, no solo en China (donde la competencia ruinosa ya está presente desde hace años), sino, sospecho, también en todo el mundo occidental.
Esta crisis en desarrollo ya se está acelerando por la caída de la ley de los minerales y el empeoramiento del rendimiento de la inversión en combustibles fósiles: ambos factores aumentan considerablemente los costes de producción (a menudo reforzándose mutuamente). El consiguiente aumento de los costes de las materias primas, los productos básicos y la energía (cobre, electricidad, diesel, etc.) erosiona aún más la rentabilidad, acercando cada vez más el día del juicio final. Y dado que ni la población ni la tasa anual de extracción de recursos pueden crecer eternamente en un planeta finito, la brecha entre nuestra realidad biofísica y las reclamaciones financieras seguirá ampliándose, aumentando la presión sobre el sistema financiero con cada año que pasa… Y ya sabe lo que viene después: lo que no se puede sostener, acabará por detenerse.
En mi opinión, ya es demasiado tarde para inflar la deuda o reformar el sistema de cualquier manera: una gran crisis económica es solo cuestión de tiempo. Sin embargo, el gran reinicio financiero que se avecina no será el fin del mundo. No nos quedaremos sin petróleo, cobre, tierras cultivables, etc. de la noche a la mañana. Esos recursos seguirán ahí, aunque en cantidades cada vez menores, ya que el agotamiento de los recursos, el cambio climático, la escasez de agua, etc., irán mermando poco a poco nuestra capacidad para producir tantos alimentos y extraer tantos minerales y energía como antes. Sin embargo, el sistema financiero sufrirá enormemente, ya que incluso los préstamos restantes serán imposibles de pagar debido a la caída de los ingresos y los flujos de materiales, y habrá que condonar una gran parte de la deuda acumulada. Una vez que los escombros dejen de rebotar, reorganizar las economías china y estadounidense alejándolas del capitalismo y el crecimiento, y encaminándolas hacia un declive controlado dictado por el aumento de las temperaturas, la disminución de las reservas minerales y la reducción de la población seguirá siendo una tarea enorme, un reto que nuestros actuales líderes, profundamente corruptos, parecen cada vez más incapaces de afrontar. La crisis que se avecina no solo pondrá fin a nuestro sistema financiero, sino que también pondrá en tela de juicio la legitimidad de toda nuestra economía política, por lo que no es de extrañar que se esté haciendo todo lo posible para retrasar su llegada.
Hasta la próxima,
B
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El PIB es una medida económica profundamente defectuosa. Mide actividades claramente perjudiciales con poco o ningún beneficio económico real como crecimiento, ignora la creciente desigualdad de riqueza e ingresos y considera productiva la extracción de renta financiera (entre muchas otras cosas). Sin embargo, desde el punto de vista bancario, es extremadamente útil para medir la capacidad de una economía para devolver sus préstamos, de ahí el uso de los ratios de deuda sobre el PIB.
Al ver estas tendencias demográficas negativas, uno podría sentirse tentado a decir que los robots humanoides seguramente salvarán la situación… Pero entonces tengo que preguntar: ¿cómo se supone que va a suceder eso? Si la robótica resultara ser un éxito —y no otra burbuja económica inflada por la sobreinversión y arruinada por el exceso de competencia—, es probable que se aceleraran los despidos, lo que daría lugar a la misma dinámica explicada anteriormente. Con una población con mucho menos poder adquisitivo y unas empresas con un exceso de capacidad y una carga de deuda aún mayores (ahora agravadas por la enorme inversión financiera en robótica), ¿cómo podría el resultado final ser diferente del caso base descrito anteriormente?
5. Supremacismo sin complejos.
Formenti publica en su blog este artículo de su colega Visalli reflexionando sobre el discurso de Rubio en Munich.
https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2026/02/marco-rubio-monaco-il-ritorno-del.html
Miércoles, 18 de febrero de 2026
Marco Rubio en Múnich: el retorno del supremacismo civilizatorio
por Alessandro Visalli
Tras leer en primicia el texto de la entrada sobre el discurso del secretario de Estado estadounidense Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich que mi amigo Visalli ha publicado en su blog, le pedí permiso para reproducirlo íntegramente en esta página, porque comparto su consternación ante la arrogante reivindicación del proyecto de restaurar el dominio de Occidente sobre el mundo haciendo retroceder el reloj de la historia hasta los «felices» tiempos del imperialismo colonial del siglo XIX y principios del XX. Una viñeta publicada hace unos días en «Il Fatto Quotidiano», dedicada a las divergencias entre Estados Unidos y la Unión Europea, decía: «Ahora tenemos una alternativa: ser nazis estadounidenses o nazis europeos». En realidad, como lo atestiguan los aplausos atronadores de los jefes europeos a Rubio, no tenemos ninguna alternativa: solo podemos ser nazis occidentales. Con el debido respeto a esos «izquierdistas» que se regocijan por la voluntad europea de seguir financiando al régimen ucraniano para que pueda continuar la guerra, ignorando que este es solo el primer paso hacia la Tercera Guerra Mundial.
Carlo Formenti
En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el 14 de febrero de 2026, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pronunció un esperado discurso (1) en el que invitó a los líderes europeos a unirse a Estados Unidos en la defensa de la civilización occidental. Y precisamente esa civilización que, desde el siglo XV, durante quinientos años, ha oprimido, esclavizado, asesinado brutalmente, oscurecido y pisoteado civilizaciones milenarias culpables de ser demasiado débiles.
Hoy, en el primer cuarto del sexto siglo, cuando el resto del mundo ya no es demasiado débil, Rubio, como un nuevo conquistador, invita a unirse bajo la bandera de la «civilización» para renovar su esplendor.
Hace un año, el vicepresidente Vance pronunció en la misma ocasión un vibrante discurso (2) en el que, sin embargo, desplazaba con vigor el tema de la seguridad exterior al de los valores. En esa ocasión, dijo abiertamente que la Administración estaba comprometida y creía que podía «alcanzar un acuerdo razonable entre Rusia y Ucrania» y que lo que le preocupaba, en todo caso, era «la retirada de Europa de algunos de sus valores fundamentales». En particular, desde la democracia (la Unión acababa de presumir de que el Gobierno rumano había anulado unas elecciones que no le gustaban), pasando por el control de las redes sociales, las restricciones a la libertad de expresión y de opinión (en este caso, contra el aborto). Uno de los pasajes más contundentes, que se hacía eco de un apócrifo de Voltaire, fue «en Washington hay un nuevo sheriff en la ciudad y, bajo el liderazgo de Donald Trump, puede que no estemos de acuerdo con sus opiniones, pero lucharemos para defender su derecho a expresarlas en la plaza pública, estén de acuerdo o no». En resumen, Vance se disfrazaba del liberal más puro y coherente frente al totalitarismo europeo.
Ahora, en cambio, la administración estadounidense ha enviado a un funcionario de menor rango, el secretario de Estado, pero, sobre todo, lo ha enviado para decir algo completamente diferente: mientras Vance hablaba de democracia y paz, Rubio habla de enfrentamiento y expansión. Los elementos fundamentales del discurso son ahora la salida del marco liberal universalista, en favor de un enfoque «civilizatorio». Un enfoque que, al mismo tiempo, se niega a considerarse una opción entre otras y relanza la idea de que existe algo así como Occidente, liderado por Estados Unidos, al que Europa debe adherirse para «sobrevivir». Además, expone la idea de que este Occidente debe dejar de tener miedo (un tema también presente en Vance) y expandirse, de nuevo.
Todo el discurso, pronunciado con un tono firme y asertivo, muestra en realidad lo contrario de lo que dice. Hace doce meses, Estados Unidos estaba seguro de poder controlar la situación, cerrar la herida ucraniana (donde Rusia no parecía querer perder) y enderezar por medios legales, aunque bruscos, las razones del intercambio con el fin de suturar sus venas abiertas y crear las condiciones para invertir el declive. Por último, de poder controlar con los mismos medios, amenazando con aranceles, las cadenas de suministro estratégicas. Los primeros seis o nueve meses después de ese discurso se dedicaron a intentar llevar adelante esa agenda. Primero comenzó una guerra de aranceles con todo el mundo, luego con las cadenas de suministro. Los resultados fueron modestos, hubo un poco de inflación, menos del uno por ciento, China opuso una vigorosa restricción sobre las «tierras raras» que obligó a retroceder rápidamente. La India no pareció ceder. Lo mismo ocurrió con el resto.
Entonces, en el último trimestre, la administración pasó a medidas más contundentes: primero atacó a Irán para evitar que Israel sufriera demasiados daños en la «Guerra de los 12 días» contra Irán; luego sitió a Venezuela. Por último, amenazó directamente a Canadá y Dinamarca por las posesiones de Groenlandia. Pero tampoco aquí las reacciones fueron alentadoras.
La administración parece haberlo entendido y haber pasado, a pesar de las apariencias «musculosas», a una percepción defensiva del momento mundial. Es decir, ha pasado a la idea de estar efectivamente bajo asedio. Y que esto solo se resuelve con una salida enérgica. Por lo tanto, ha pasado a invitar a volver a la ofensiva. Coherente, por otra parte, con una conferencia que ha propuesto vientos de guerra.
Recordando el origen de la conferencia, en la época de la Guerra Fría (1963), Rubio evocó en su discurso la victoria final sobre la URSS y, tras ella, la «peligrosa ilusión» de que la historia había llegado a su fin. Que todas las naciones, al final de un proceso de aprendizaje y crecimiento, se habrían vuelto «liberales» y «democráticas». Afirmando también la otra gran idea del siglo XVIII según la cual los lazos del «dulce comercio» habrían prevalecido, sustituyendo las pasiones obsoletas y, con ellas, las nacionalidades.
Estas venerables y antiguas ideas fueron calificadas en el discurso de «tontas». Una idea que «ignora la naturaleza humana» y las «lecciones de 5000 años de historia». Tras evocar una antropología hobbesiana, el secretario identificó los cuatro enemigos de la administración y la mecánica de su acción: el libre comercio, culpable de haber provocado la desindustrialización y la pérdida de control de las cadenas de suministro (por ejemplo, en las tierras raras), el desvío de recursos de la defensa al Estado del bienestar y el culto al clima, por el que se han impuesto políticas energéticas que «empobrecen a nuestro pueblo». Por lo tanto, la apertura a una inmigración masiva que «amenaza la cohesión de nuestras sociedades».
Cuatro temas que son «hechos» en la mente del secretario. Pero hechos que se atribuyen en su totalidad a fuerzas externas y decisiones políticas. Se trata de retórica, Rubio sabe bien que se trató más bien de una dinámica del propio capitalismo estadounidense, es decir, en todo caso, de una falta de política. Se trata de la rendición de la dirección política ante las grandes empresas internacionales monopolísticas que, durante décadas, han deslocalizado para reducir el coste de la mano de obra, extraer más beneficios de los trabajadores y los consumidores y ocultarlos en paraísos fiscales (reciclándolos en las altas finanzas). Ha sido la búsqueda frenética de los mejores resultados trimestrales, a costa de elegir proveedores inseguros, siempre que costaran un dólar menos. Por último, la necesidad de diversificar las fuentes de suministro energético, en particular tras las crisis provocadas en Europa por las guerras estadounidenses en Oriente Medio de la administración Bush (y aquí, evidentemente, Rubio habla como vendedor, ya que la Administración Trump está buscando compradores para ese gas de esquisto en el que las grandes finanzas estadounidenses de Black Rock y Vanguard han invertido miles de millones en los últimos años, después de 2008, como vimos en la última entrada (3)). Por último, la inmigración ha sido durante años una respuesta a la búsqueda constante de mano de obra más barata y al aumento de los beneficios por parte del capitalismo monopolístico occidental.
Una vez más, el año pasado Vance pensaba librar una batalla de «valores», confiando en la fuerza para enderezar la economía, y Rubio fue enviado a recuperar lo pendiente. Debe salvar el capital nacional estadounidense, las gigantescas inversiones de las finanzas estadounidenses en las plantas de gasificación de la costa y en los campos del interior, y encontrar soldados de fortuna para las próximas incursiones. Antes de que China iguale el número de portaaviones, en la próxima década, hay que aprovechar la oportunidad y pasar de la confianza en la mano «invisible» del «comercio dulce» (si es que alguna vez se ha fomentado con algún empujoncito) al simple saqueo directo de los recursos minerales. En Venezuela como en cualquier otro lugar.
El objetivo explícito del secretario es invertir el declive, rechazar el orden multilateral y reabrir la historia. En sus propias palabras, «renovación y restauración», un «futuro orgulloso, soberano y vital como el pasado de nuestra civilización». En esta batalla, para Rubio, Estados Unidos y Europa están «entrelazados», ya que «forman parte de la misma civilización». Es decir, «siglos de historia compartida, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos». Palabras grandilocuentes, como siempre, cuando hay que levantar las banderas de la guerra.
A raíz de esta reesencialización de Occidente como sujeto histórico unitario, se crea un campo polar «Nosotros/Otros», que se enfrenta directamente a la visión china de «todos bajo el cielo» y «destino común de la humanidad». Por lo tanto, no se admite como legítima ninguna dimensión planetaria. Ni el derecho a la libre circulación (ya que la inmigración se denuncia expresamente como una amenaza para la identidad), ni la protección del clima como bien común (también en este caso, la cuestión ecológica se degrada a palanca geopolítica e industrial). El mundo imaginado por Rubio es más bien una arena en la que grandes guerreros luchan por la vida. Un «gran espacio» que ocupar y disputar.
Hay una consecuencia obvia: si se abandona el universalismo y la lucha entre civilizaciones es la única verdad del mundo, entonces, para el secretario de Estado, el centro normativo debe estar en Washington y Europa debe alinearse. Abandonando sus políticas y sus valores, la migración y el clima son amenazas para la civilización común.
Esa civilización que «plantó las semillas de la libertad que cambiaron el mundo», que concibió —aquí, en Europa— «el derecho, las universidades y la revolución científica», un continente que produjo «a Mozart y Beethoven, a Dante y Shakespeare, a Miguel Ángel y Da Vinci, a los Beatles y los Rolling Stones». Pero también «las bóvedas de la Capilla Sixtina y las imponentes torres de la gran catedral de Colonia». Un legado, por tanto, del que estar orgullosos. Un sentimiento que es la única condición necesaria para forjar el futuro.
Junto con el miedo que se lee entre líneas, del texto se desprende una visión específica, un sentimiento y una percepción aguda: la civilización está amenazada y el declive está a las puertas, el mal ya no se identifica en el autoritarismo (como en la posición del universalismo liberal que Vance revirtió en su discurso de hace un año), sino en la disolución de la identidad, la pérdida de soberanía y el declive, la fragmentación. Si la disolución está ante nosotros, dice Rubio, solo queda la fuerza. Lo único que se interpone en el camino del mal es la fuerza. Claramente, la del Occidente liderado por Estados Unidos, un bloque fuerte, orgulloso y soberano. Portador de una forma de vida y un orden que tiene derecho a sobrevivir y a usar la espada contra los «bárbaros».
Esta postura trágica, estos tonos dramáticos, de último enfrentamiento, contrastan con la antropología armónica y relacional propuesta por el mundo oriental, y por China en particular. Con la idea del Dao, del entretejido de destinos, de referencia al único Cielo. Con la orientación hacia la estabilidad, el equilibrio (4).
Pero la cuestión es que este retorno de lo trágico, en el discurso de Rubio, pone de manifiesto y explica explícitamente el fin de la fase liberal. O mejor dicho, la transición en la polaridad liberal desde el rostro de las reglas al de la supremacía civilizatoria (ambas siempre presentes).
En uno de los pasajes más densos dice:
«El único temor que tenemos es la vergüenza de no dejar a nuestras naciones más orgullosas, más fuertes y más ricas para nuestros hijos. Una alianza dispuesta a defender a nuestro pueblo, a salvaguardar nuestros intereses y a preservar la libertad de acción que nos permite forjar nuestro destino, no una alianza que existe para gestionar un estado social global y expiar los supuestos pecados de las generaciones pasadas. Una alianza que no permite que su poder sea externalizado, limitado o subordinado a sistemas fuera de su control; una alianza que no dependa de otros para las necesidades críticas de su vida nacional; y una alianza que no mantenga la cortés pretensión de que nuestro estilo de vida es solo uno entre muchos y que pida permiso antes de actuar».
En un discurso de preparación para la guerra, dentro de una conferencia que solo tiene este propósito, Rubio habla entonces de «defender a nuestro pueblo», no de «libertad y democracia» como sus predecesores, «salvaguardar nuestros intereses» y preservar una forma específica de libertad, la «de acción».
Lo que ataca es la visión según la cual Occidente promueve universalmente el bienestar (el «estado social global»).
Sobre todo, afirma que el «estilo de vida» occidental (pero, claramente, al atacar al Estado Social, se refiere al estadounidense) no es «uno entre muchos». No se suma al ruso, ni al chino, ni al iraní, ni al africano, ni al sudamericano, etc., sino que está por encima, no tiene que «pedir permiso». Puede actuar (reivindica las acciones recientes). Rechaza la contingencia y no reconoce ninguna autoridad supranacional, decide por sí mismo. Invade, bombardea, secuestra.
También compite con las economías del «Sur global». Y lo hace en los sectores que definirán el siglo XXI, que enumera así: «viajes espaciales comerciales e inteligencia artificial de vanguardia, automatización industrial y producción flexible, una cadena de suministro occidental de minerales críticos no vulnerable a la extorsión de otras potencias».
En uno de los pasajes más impactantes de su discurso, Rubio, tras recordar las agresiones unilaterales en Irán y Venezuela, pidió a Europa que se uniera a Estados Unidos para recolonizar el mundo. Como dijo,
«un camino que ya hemos recorrido juntos y esperamos volver a recorrer. Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se había expandido. Sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores salían en masa de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo. Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, Occidente comenzó a contraerse. Europa estaba en ruinas. La mitad de ella vivía tras un telón de acero y el resto parecía destinado a seguirla. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por las revoluciones comunistas sin Dios y las insurrecciones anticoloniales que transformarían el mundo y extenderían el martillo y la hoz roja sobre vastas áreas del mapa en los años venideros.
Por lo tanto, muchos creyeron que «la era del dominio occidental» había terminado. Que quedaba por «expiar los supuestos pecados de las generaciones pasadas».
Este «dominio» es lo que Estados Unidos quiere reactivar, contra el miedo «al cambio climático, a la guerra, a la tecnología». Quieren recuperar «un lugar en el mundo» (central, por supuesto) y rechazar «las fuerzas de destrucción de la civilización que hoy amenazan tanto a Estados Unidos como a Europa».
Los dos discursos, separados solo por un año, marcan así un punto de inflexión: de la derecha «populista» de Vance, que buscaba acuerdos externos para centrarse en la curación de las fracturas internas y la disciplina ideológica de Europa, se pasa, con Rubio, a la derecha «imperial», que busca proyecciones de poder explícitamente neocoloniales y las reivindica. Esta nueva llamada a las armas invita a una recolonización de las materias primas, los flujos financieros y la moneda, que se vive, tras el fracaso de la política del primer año de mandato, como una necesidad industrial. Cuando se llega a la conclusión de que el control sobre las cadenas de suministro del bloque alternativo es inquebrantable y que el reto de la eficiencia del sistema está perdido, entonces queda la mentalidad de los conquistadores. Simplemente, tomar todo.
Es necesario controlar las rutas marítimas, poseer literalmente la geopolítica de la energía, es indispensable castigar a quienes alzan la cabeza (Irán en primer lugar), sacrificar a quienes no son indispensables (el pueblo ucraniano), tomar los recursos mineros (en Groenlandia como en Sudamérica, luego en África). Una «llamada a las armas» que podría ser escuchada con entusiasmo por esa parte de las élites europeas más vinculadas al sistema militar-industrial y a los círculos que giran en torno a él.
Sin embargo, tanto en Estados Unidos como en Europa, al final se trata de una posición mucho menos segura de sí misma, incapaz de concebirse en el mundo y agresivamente orientada a imponerse por encima de él.
Notas
(1) Aquí el vídeo de la intervención, https://www.youtube.com/watch?v=yOjBJ89aeXA aquí el resumen del Gobierno estadounidense, https://www.state.gov/releases/ 2026/02/secretary-of-state-calls-on-european-leaders-to-defend-western-civilization-in-munich-security-conference-speech-2/ aquí el texto transcrito www.astrid-online.it/static/upload/marc/marco-rubio-remarks-at-msc-2026.pdf
(3) «Estructuras, energía, juego imperial: el gas de esquisto», en Tempofertile, 8 de febrero de 2026.
(4) Tema complejo, sin embargo, y no exento de ángulos estratégicos y posturas ambiguas, véase «La caza del ciervo en la llanura central, zhúlù zhōngyuán», Tempofertile, 19 de enero de 2026.
6. Por unos koljoses ecologistas.
En Terrestres siempre tienen que poner una nota antirusa y/o antisoviética, pero este artículo sobre el ecologismo soviético de los 80 tiene elementos muy interesantes.
https://www.terrestres.org/2026/02/17/printemps-silencieux-en-urss/
«Primavera silenciosa» en la URSS: al margen de la agricultura industrial rusa
Años 80. Mientras la agricultura soviética se industrializa y los insumos químicos inundan los campos rusos, el escritor Ivan Filonenko denuncia un desastre ecológico. En su libro «¿Quién soy yo en la Tierra?», relata las alternativas al modelo productivista mientras se maravilla ante la belleza de la vida. ¡En marcha hacia los koljoses ecológicos!
Marin Coudreau
17 de febrero de 2026
«¿Cómo será la vida en el comunismo? Cada uno tendrá su propio televisor y helicóptero. Por ejemplo, si oyes en la televisión que se vende leche en Sverdlovsk, te subirás a tu helicóptero y te irás a Sverdlovsk a comprar leche. »
«¿Cuál es la diferencia entre un pesimista soviético y un optimista soviético? Un pesimista soviético cree que las cosas no pueden empeorar, mientras que un optimista soviético cree que sí empeorarán. »
Chistes soviéticos tardíos1
Casi cuatro años después de la invasión imperial y colonial a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, y de su guerra genocida, ¿cómo pensar la doble catástrofe que estamos viviendo, desde Europa, en el Antropoceno2? Mirando hacia atrás poco después de la invasión rusa, el antropólogo Charles Stépanoff lamentaba que, tras el fin de la Guerra Fría, «en lugar de fundar la nueva Europa sobre el descubrimiento recíproco y la diversidad cultural […], en lugar de preguntarnos juntos cuáles son las múltiples formas de ser europeos, hayamos adoptado un modelo occidental uniforme. […] Lo que Europa está perdiendo, lo que se está desgarrando en el Este, añadía, es una parte de su alma: una libertad resiliente, modos de subsistencia autónomos, formas de habitar la Tierra»3.
Los estudios rusos, caucásicos, de Europa del Este y de Asia Central pueden ayudarnos a reflexionar sobre nuestra condición terrenal y su historia. En su obra It Was Forever Until it Was no More, el antropólogo Alexei Yurchak analizaba cómo la última generación de soviéticos se había reapropiado de forma creativa del lenguaje oficial de la gerontocracia —como el de la producción cultural occidental denostada por la nomenklatura— para dar sentido a su existencia en un mundo soviético que, sin embargo, se consideraba eterno4. Fruto de su experiencia en Leningrado y de su trayectoria académica internacional, el trabajo de Yurchak se centraba, sin embargo, en una juventud urbana relativamente alejada de la crisis medioambiental y social radical que sufrían las zonas rurales soviéticas.
Nacido en 1934, el escritor Ivan Emelyanovich Filonenko comenzó a interesarse por el mundo rural soviético y el desastre ecológico ya en la década de 1970.
En una serie de publicaciones basadas en investigaciones realizadas en las regiones, se preguntaba por el futuro ecológico de la humanidad desde un mundo soviético devastado por la crisis medioambiental. Estos ensayos se recopilaron en un libro publicado en 1987 en Moscú con el título ¿Quién soy yo en la Tierra?5
Observador lúcido y matizado de las prácticas y evoluciones de sus contemporáneos, Filonenko recopiló una serie de testimonios de expertos y profesionales de la agricultura soviética inmersos en las transformaciones socioecológicas de la URSS agonizante. Sus escritos alternan entre investigaciones de campo y reflexiones existenciales a través del relato de un continuo ir y venir entre sus viajes por las regiones, visitando explotaciones con prácticas alternativas, y una larga discusión con Terentii Semyenovich Maltsev, uno de los primeros agrónomos en dar la voz de alarma sobre la catástrofe agrícola y medioambiental tras la Gran Aceleración6.
En contraposición a la visión de un ecocidio soviético generalizado, la obra de Filonenko, prácticamente desconocida en Occidente, ofrece así una inmersión en un mundo que dista mucho de ser unívoco, hermético, gris y estático. Al igual que la juventud soviética estudiada por Yurchak, el autor y sus protagonistas muestran una formidable capacidad para pensar y desarrollar alternativas al modelo productivista promovido por Moscú y por las grandes empresas agroquímicas capitalistas7. En las ruinas soviéticas de la «quimización» de la agricultura, florecen prácticas, sensibilidades y reflexiones medioambientales complejas. Aquí proponemos restituir algunos de estos desarrollos para el lector francófono8.
Una «primavera silenciosa» al estilo soviético
Durante un pleno del Comité Central del PCUS en junio de 1964, Jruschov afirmó: «Si Vladimir Lenin estuviera vivo, probablemente diría algo así: «El comunismo es el poder soviético, más la electrificación de todo el país, más la quimización de la economía nacional» ». Esta gran campaña de «quimización» de la URSS, iniciada en la década de 1950 y que condujo al uso masivo de «venenos químicos9» en la agricultura, no tardó en tener efectos devastadores sobre el medio ambiente y la salud de los soviéticos.
Ese mismo año, en la región de las Tierras Vírgenes de Kazajistán, se experimentó con herbicidas mediante pulverizaciones aéreas sobre superficies de varios millones de hectáreas… A pesar de las primeras alertas de los toxicólogos, la quimización de la agricultura contaba entonces con el consenso de los agrónomos. El propio Maltsev escribió en 1963: «Si alguien me pregunta qué necesitan hoy los campos siberianos, no dudaré en responder: herbicidas». En la URSS surgieron aquí y allá alertas sobre los peligros de los pesticidas, pero entonces no existía ningún trabajo de envergadura que documentara sus efectos nocivos para el público soviético. La obra de Rachel Carson, Silent Spring, se tradujo al ruso en 1966, pero solo se imprimieron 500 ejemplares y se distribuyeron a una lista de «especialistas».10
Sin embargo, los efectos de los pesticidas observados en la URSS son similares a los descritos por Carson en Estados Unidos: «Maltsev aún recuerda esas imágenes […], cuando los bosques y los campos rebosaban de todo tipo de animales, caza y pájaros cantores. Ante sus ojos, la belleza de la naturaleza transuraliana se desvanecía y empobrecía. Los saltamontes ya no vuelan bajo tus pies cuando caminas por la hierba en verano. Y las codornices se extinguieron hace mucho tiempo, ya no se les oye cantar «cui-cui» o «dulce noche». Los campos, las praderas y los bosques están silenciosos, como si toda la naturaleza estuviera adormecida».
Terentii Semyenovich Maltsev
El uso de pesticidas era a menudo desproporcionado debido a su planificación previa al trabajo de las explotaciones colectivas11. En todas partes y en todas las recomendaciones de las regiones se encontraban «las mismas normas sindicales, que simplemente se transfieren mecánicamente de un manual a otro, a nivel local. Y «legitiman» un consumo excesivo de pesticidas del 20 al 30 %». Sin embargo, «no hay nadie que critique desde abajo, nadie que dude, porque la mayoría de las explotaciones colectivas y estatales no cuentan con agrónomos para la protección de las plantas». A principios de la década de 1980, la agricultura soviética necesitaba 44 000 agrónomos para la protección de las plantas, pero solo contaba con 15 500, la mitad de los cuales ni siquiera tenían formación especializada. El resultado: las complejas recomendaciones recaen en manos de agrónomos generalistas que aplican mecánicamente las dosis máximas «para no ser acusados de negligencia».
La aplicación de pesticidas se desvinculó aún más de las necesidades locales con la creación en 1979 del Servicio Pansoviético de Agroquímica (Сельхозхимия), una estructura integrada en la industria química que aumentó las entregas de productos a los koljoses y sovjoses. «Año tras año, nos imponen un plan químico, explicó un agrónomo a Filonenko. Un plan para nosotros, otro para los aviadores. Y si intento evitar aunque sea un deshierbe químico o rechazo los servicios de aviación agrícola, en el mejor de los casos me castigan y, en el peor, me despiden. No importa si el tratamiento es necesario o no». En 1984, la agricultura soviética recibió 575 000 toneladas de pesticidas, gran parte de los cuales debían utilizarse a toda costa para cumplir con las cuotas.
«Ya ves, después de nuestros pesticidas en el campo, los animalitos ya están muertos». Krokodil, periódico satírico soviético, n.º 16, junio de 1975. Dibujo de G. Ogorodnikova.
La investigación de Filonenko muestra que los profesionales de la quimización eran a veces conscientes del daño causado a la naturaleza y tenían que «hacer trampa» y «retorcerse» para reducir los daños de los planes de fumigación. Pero para la mayoría de los expertos, «los acérrimos defensores de los remedios químicos», cuestionar el uso de pesticidas provocaba «risas, a veces irónicas, a veces despectivas. […] Los expertos estaban a favor del método «adaptado a la época» —los pesticidas— y calificaban cualquier otro método de anticuado y casi patriarcal».
«Los agrónomos no son los únicos que se permiten convencer a los agricultores de que el uso correcto de los pesticidas «garantiza su inocuidad para los seres humanos, los animales y el medio ambiente». Pregúntese qué tipo de loco podría escribir algo así. Pues bien, no es un chiflado, sino un miembro en activo de la Academia de Ciencias Agrícolas, N. M. Golychine. La revista Protección de las Plantas compartió sus reflexiones con los lectores en su número de enero de 1983. Aplíquenlos, dicen, con valentía, pero no violen las instrucciones, y la naturaleza florecerá»12.
«Bajo la influencia de tales declaraciones, la mayoría de los agrónomos están convencidos de que «el uso de pesticidas es una parte esencial de la tecnología progresista». Son muy conscientes de la alta rentabilidad de los gastos en protección química de las plantas. […] Pero ni siquiera conocen los daños económicos que los pesticidas causan a la naturaleza y al ser humano: aumento de las enfermedades de la población, disminución de la fertilidad del suelo, contaminación del agua y del aire, destrucción del mundo de los insectos útiles y, finalmente, necesidad de aumentar cada año los gastos para la misma protección de las plantas».
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Koljoses alternativos
Una parte importante del texto de Filonenko se centra en describir las explotaciones agrícolas que han abandonado voluntariamente los pesticidas. Estas experiencias, repartidas por toda la URSS, siguen siendo marginales, pero existen. Sin embargo, pasan desapercibidas para los medios de comunicación y Filonenko solo tiene conocimiento de ellas a través de la carta recibida por Maltsev en 1979, tras la publicación de un artículo en la prensa especializada en el que se criticaba el uso de pesticidas.
«Hasta 1973, no utilizamos herbicidas en nuestra granja estatal durante seis años. El esquema de cultivo óptimo nos permitía combatir las malas hierbas sin ellos», indica una de estas cartas. El agrónomo jefe de la granja estatal «Aurora», A. Bondarev, de la región de Kemerovo, expresa en ella su convicción basada en su experiencia personal: «Algunas personas consideran que el deshierbe químico es un signo progresista de la intensificación de la producción. Yo creo que, cuando se considera la única salida, cuando se utiliza como cobertura de un cultivo bajo, indica más bien una agricultura extensiva ».
En todas partes, el abandono de los pesticidas y el aumento de los rendimientos han sido posibles, como escribe un agrónomo, «gracias a la introducción de un sistema de cultivo que protege los suelos, al control de la rotación de cultivos y a la realización de las labores agrícolas en el momento óptimo».
Una parte importante del texto de Filonenko se centra en describir las explotaciones agrícolas que han abandonado voluntariamente los pesticidas. Estas experiencias, repartidas por toda la URSS, siguen siendo marginales, pero existen.
A pesar de estos éxitos de la agricultura alternativa, Filonenko destaca el silencio casi total de los medios de comunicación, revelador de un sesgo institucional que valora la quimización como símbolo de modernidad. Así, describe los mecanismos mediante los cuales la URSS produjo y mantuvo lo que él denomina «ignorancia medioambiental».
A continuación, Filonenko explora la forma en que los koljosianos aprendieron a vivir en ecosistemas destruidos por la gestión productivista de la tierra. A través de las experiencias pioneras de Arkadi Pavlovitch Aidak en Chuvasia, el autor muestra la aparición, en el corazón mismo del sistema soviético, de prácticas ecológicas alternativas, capaces de devolver la vida a paisajes considerados irremediablemente arruinados. El texto refleja un momento paradójico de la historia soviética: mientras el Estado se encierra en una lógica tecnocrática, los actores locales experimentan, inventan y restauran los entornos vivos a costa de un esfuerzo considerable, anticipándose a los enfoques agroecológicos contemporáneos.
La mayor parte de la investigación de Filonenko se centra en la granja colectiva «La Chispa de Lenin» en Chuvasia y en su presidente, Arkadi Aidak. Al visitar el lugar, Filonenko descubre un paisaje marcado por una multitud de barrancos gigantescos, comparados con «monstruos» que destrozan la tierra. Estas formaciones, resultado de la erosión hídrica agravada por el pastoreo excesivo y el arado sistemático, devoraban las tierras cultivables y solo dejaban intactas unas estrechas franjas de suelo fértil en las cimas de las colinas. El 80 % de las tierras cultivables se consideraban perdidas. «Los aldeanos se habían acostumbrado a la idea de que la Madre Naturaleza13 los había abandonado y que esas pobres tierras, plagadas de barrancos, ya no podían darles nada».
Un roble muerto por los pesticidas y dejado en su estado original por Aidak en medio de los campos como un «monumento» que recuerda «una actitud irracional hacia la naturaleza, hacia el propio campo»14.
En 1964, Aidak, un joven maestro de 26 años que había pasado por el Komsomol15, fue nombrado presidente del koljós. Su diagnóstico inicial fue sorprendente: «la erosión de la tierra provoca la erosión de las almas». Comprende que restaurar la tierra equivaldrá a restaurar el vínculo entre los habitantes y su entorno. Aidak prohíbe el pastoreo en los barrancos que se cicatrizan de forma natural: las hierbas crecen y estabilizan la tierra; los árboles se instalan, las aguas de escorrentía se ralentizan y los barrancos se rellenan.
Aidak descubre que estos espacios degradados, una vez protegidos, se convierten en lugares ricos en biodiversidad. Lo que finalmente le lleva a decir: «los barrancos son nuestra riqueza». Proporcionan multitud de servicios ecológicos: retención de suelos y agua, hábitats refugio, zona de nidificación y dispersión de insectos, aves y pequeños mamíferos, auténticos «depósitos de vida» que riegan los campos circundantes y desempeñan la función de «servicio de protección de las plantas» sin recurrir a la química.
Con el paso de los años, los barrancos se convierten en zonas de conservación activa: «santuarios entomológicos» que albergan insectos polinizadores, entomófagos y una extraordinaria diversidad floral. La granja crea nueve santuarios oficiales y considera que todos los barrancos representan ahora una inmensa zona natural protegida de 85 km2. Este mosaico de entornos constituye una vasta red ecológica que favorece la resiliencia de los campos.
Aidak relata su infancia en estos paisajes y expresa una profunda emoción ante el progresivo retorno de la vida, que contrasta con el creciente silencio de los campos soviéticos saturados de pesticidas: « Maltsev tiene razón, cada vez más a menudo las expectativas son vanas, el cielo sobre los campos está silencioso, afónico, y los saltamontes no salen de la hierba. Y aquí, en primavera…» –Aidak cerró los ojos con placer– « … ninguna orquesta puede hacer lo que hacen las alondras».
En una larga escena, Filonenko observa un barranco lleno de plantas indeseables. Aidak explica que, lejos de ser «inútiles», las malas hierbas desempeñan un papel fundamental en la estabilización de las biocenosis. « Cada planta necesita a alguien, alimenta a alguien. Y tal vez se curan a sí mismas, se fortalecen. […] Por lo tanto, resulta que no hay hierbas inútiles en la naturaleza. Para el hombre es una mala hierba, pero para otra persona es la planta más necesaria ».
Su destrucción mediante herbicidas empobrece la flora, la fauna y los vínculos ecosistémicos. Aidak cita el ejemplo de Alemania, donde cerca de 200 especies de plantas de campo han desaparecido debido a los herbicidas. El razonamiento de Filonenko, poco común en la URSS de la época, se adelanta a los debates contemporáneos: aún se desconocen las consecuencias a largo plazo de esta desaparición masiva de la biodiversidad.
Arkadi Pavlovich Aidak, uno de los primeros agrónomos en experimentar con éxito la agricultura sin pesticidas en Chuvasia16.
El trabajo de las plantas, los insectos y las aves
Filonenko destaca un tema central de la ecología de Aidak: el reconocimiento de la agencia de los seres vivos. Para el presidente del koljós, los insectos «trabajan »: protegen los cultivos, polinizan plantas esenciales, aumentan los rendimientos y permiten prescindir de los pesticidas.
Filonenko señala que la mayoría de los agrónomos evalúan a las abejas únicamente por el valor de la miel. Aidak, por el contrario, calcula su contribución a la polinización. Los datos citados por el autor son sorprendentes: las abejas contribuyen con 2000 millones de rublos a la producción a escala soviética, 16 millones de hectáreas dependen de su trabajo y una sola colonia puede aumentar en 0,9 quintales el rendimiento de semillas de trébol.
Sin embargo, a principios de la década de 1980, la URSS sufre una dramática escasez de abejas. La apicultura se considera a menudo poco rentable y se abandona. Aidak afirma: «Si algo puede matar a una abeja, es la indiferencia ». En la «Chispa de Lenin», al multiplicar los colmenares, se anima a los koljósicos a criar abejas. Incluso se establece un pago incentivador: por cada abeja, el propietario familiar recibe 10 rublos del koljós.
En todo el mundo, los científicos comienzan a afirmar que la necesidad de proteger a los polinizadores es una cuestión extremadamente urgente; y en Estados Unidos, al igual que en Checoslovaquia, se crean incluso servicios especiales de polinización mediante abejas para organizar, mediante alquiler, la polinización programada de los cultivos.
« No son los insectos los que viven en nuestro mundo, sino nosotros los que vivimos en el mundo de los insectos», declara [el entomólogo de «La Chispa de Lenin»], sin querer menospreciar a la especie humana. Simplemente quería decir que es hora de que la humanidad abandone una actitud consumista hacia la naturaleza y coopere con ella, construyendo sus actividades económicas en función de las posibilidades de la naturaleza. Y no solo en la realización de proyectos globales, sino también en las actividades cotidianas del agricultor».
En la misma línea, los habitantes de «La Chispa de Lenin» han fabricado miles de cajas nido. Estas «infraestructuras para aves» crean una red ecológica que regula los insectos. Filonenko cita como contrapunto ejemplo maoísta de la empresa de exterminio total de gorriones, que provocó una explosión de plagas y obligó a China a importar aves del extranjero17. Conclusión: hay que aceptar compartir una parte de la cosecha, aproximadamente una cuarta parte, con los pájaros y los insectos, un tributo inevitable de la vida. Los cálculos productivistas ignoran estos equilibrios fundamentales.
A través de los debates de Aidak y las observaciones de Filonenko, surge una profunda crítica a la agricultura soviética: la quimización se impone como símbolo de modernidad, sin una base científica sólida. Los planes agrícolas obligan a pulverizar, haya plagas o no. Los propios científicos omiten en sus análisis el papel indispensable de los polinizadores y las biocenosis. En las sesiones académicas se habla del rendimiento, pero no de los seres vivos que lo hacen posible.
El productivismo impulsado por Moscú provoca además la destrucción de los conocimientos locales: las soluciones sencillas y eficaces —proteger a los insectos, conservar las tierras en barbecho— se ignoran porque no se ajustan a las normas tecnocráticas. Los éxitos de Aidak se reconocen, pero tardíamente, tras años de lucha contra la hostilidad administrativa.
Sin embargo, estas experiencias rurales soviéticas muestran cómo, en un mundo devastado, los koljosianos supieron inventar prácticas convivenciales, sobrias y regenerativas, formas de vivir entre las ruinas sin renunciar a la dignidad ni al cuidado de la vida.
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Epílogo: ¿Hacia un comunismo de lo vivo?
Desde hace algunos años, las corrientes eco-marxistas intentan renovar la crítica al capitalismo a la luz de los titánicos retos medioambientales que se nos avecinan. La investigación de Ivan Filonenko indica que un pensamiento ecológico alternativo pudo florecer durante el «socialismo tardío», en parte a partir de un ideal comunista que se renovó a través de la prueba de las catástrofes y los experimentos agrícolas. Esta ecología soviética alternativa apareció en los últimos años del régimen antes de quedar rápidamente sepultada por la transición a la economía de mercado y sus convulsiones cataclísmicas.
«Estoy seguro de que la humanidad pronto saldrá a la calle con pancartas en las que se podrá leer «Abajo los pesticidas en nuestros campos»», afirma Filonenko en su conclusión. «Fantasía, dirán los científicos. Y conozco el argumento en contra. Aparece en numerosos artículos científicos: «La producción y la aplicación de productos químicos para la protección de los cultivos en nuestro país reflejan la tendencia mundial». El significado es claro: así es como funcionan las cosas en todo el mundo, incluso en los países capitalistas avanzados, donde se sabe calcular los beneficios».
«¿Beneficios o ganancias?», preguntó Arkadi Pavlovich Aidak cuando también abordamos esta «tendencia mundial». «Me parece que todos los productores del mundo capitalista solo están interesados en una cosa: las ganancias. Y para ello, están dispuestos a hacer cualquier cosa con los alimentos, siempre que llame la atención del cliente». La ley de cada mercado, intenté animar al presidente, haciendo también referencia a nuestro honesto comerciante».
«Estoy seguro de que la humanidad pronto saldrá a la calle con pancartas en las que se podrá leer «Abajo los pesticidas en nuestros campos»», afirma Filonenko en su conclusión.
«No, no todo el mundo», declaró Aidak. «En eso se diferencia nuestra sociedad de la sociedad capitalista, porque nosotros no trabajamos por el beneficio, sino por el bienestar del hombre. Para que pueda estar alimentado, vestido y sano en cuerpo y mente. Entiendo la diferencia. Y actúo de esta manera. Porque mi tarea como fabricante de productos alimenticios es dar a la gente alimentos sanos. Y en eso estoy satisfecho y siento que es mi ventaja con respecto al agricultor estadounidense. No necesito engañar a nadie ni intentar obtener beneficios a toda costa. Y que los científicos, que no entienden esta diferencia, no me respondan que el agricultor estadounidense solo utiliza herbicidas, de tres a cuatro libras por hectárea, y que yo parezco estar muy por detrás de él. No, no voy nada rezagado, pienso de otra manera. Y me gustaría que nuestros científicos también pensaran de otra manera que los agricultores…»18.
A pesar de la indiferencia de las instituciones y la presión ideológica de la quimización, varias de estas koljoses acaban obteniendo un reconocimiento tardío. Lo que en un principio era un experimento marginal, «La chispa de Lenin», acaba siendo reconocido como un modelo por las autoridades. Los curiosos acuden para ver cómo se las arreglan los agricultores locales sin pesticidas.
«Hacer pasar la muerte por miel»19. «La muerte de millones de abejas ha sido reconocida por la UNESCO como un problema mundial, mientras que en Rusia son envenenadas por los pesticidas y se está aprobando una ley para matar a los apicultores», Novaïa Gazeta, n.º 57, del 28 de mayo de 2021.
A finales de 1982, la Comisión del Presidium del Consejo de Ministros de Rusia encargada de la protección del medio ambiente y el uso racional de los recursos naturales examinó la nota de los ministros sobre la experiencia del koljós «La Chispa de Lenin» en la aplicación de medidas de protección de la naturaleza destinadas a los órganos agrícolas, koljoses y sovjoses, «con fines de estudio y difusión a gran escala».
He aquí dos extractos: «Al llevar a cabo actividades de conservación de la naturaleza, la granja colectiva también resuelve un importante problema social, el de mantener los recursos humanos en el campo. La gente comprende que su bienestar y su salud dependen del estado del medio ambiente». Y además: «La experiencia demuestra que la producción agrícola, cuando se gestiona adecuadamente, tiene un efecto positivo en el medio ambiente y mejora, enriquece y realza la tierra y el paisaje natural».
Filonenko leyó estos extractos a Terentii Semyenovich Maltsev. «Toda buena experiencia tiene sus adeptos», dijo mientras escuchaba. «Y cuantos más sean, más rápido comprenderá la humanidad que así es como hay que gestionar la tierra, que hay que alimentar a las personas y a los animales con productos limpios. El tiempo pasará y la ciencia tomará otra dirección: no cómo utilizar mejor los venenos, sino con qué y cómo prescindir de ellos».
El ejemplo de los koljoses alternativos fue rápidamente barrido por los gigantescos trastornos de la transición a la economía de mercado en la década de 1990, desde la descolectivización hasta el triunfo de los holdings agrícolas capitalistas en la década de 2000.
Después de un rato, retomó la conversación: «Por muy fácil que sea matar las malas hierbas y las plagas con pesticidas, la limpieza y la fertilidad de las tierras cultivables deben conseguirse mediante técnicas agrícolas y una agricultura mejorada. Por supuesto, se trata de un problema difícil que no puede resolverse de inmediato. Pero ocupa un lugar destacado en la agenda y espera medidas concretas por parte del partido, los órganos soviéticos y económicos, los científicos y los profesionales. No podemos vivir el presente sin mirar hacia el futuro»20.
A pesar del tardío interés de las autoridades centrales, el ejemplo de los koljoses alternativos fue rápidamente barrido por los gigantescos trastornos de la transición a la economía de mercado en la década de 1990, desde la descolectivización hasta el triunfo de los holdings agrícolas capitalistas en la década de 2000. Para Walter Benjamin, la historia no es la marcha victoriosa del progreso, sino un campo de ruinas donde yacen posibilidades aplastadas; la tarea del historiador es salvar la memoria de los vencidos para reabrir, en el presente, las promesas no cumplidas del pasado21. Releer a Filonenko hoy permite abrir el abanico de posibilidades no realizadas y deseables, incluso en el último imperio colonial del continente europeo22.
Notas
- Alexei Yurchak, It Was Forever Until It Was No More. The Last Soviet Generation, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2005,
- p. 341.[↩]
- Para la guerra genocida, véase Elisabeth Sieca-Kozlowski, Poutine dans le texte, CNRS Éditions, París, 2024; para un intento de reflexionar sobre la doble catástrofe desde la socialdemocracia europea, véase Bruno Latour, « Le sol européen est-il en train de changer sous nos pieds ? », Le Grand Continent, 23 de mayo de 2022.[↩]
- Charles Stépanoff: «Après 1991, nous avons peu à peu détourné les yeux de l’Est», Philosophie Magazine, 28 de marzo de 2022; para profundizar en el significado de estas afirmaciones, véase Charles Stépanoff, Attachements. Enquêtes sur nos liens au-delà de l’humain, La Découverte, París, 2024.[↩]
- Alexei Yurchak, It Was Forever Until It Was No More. The Last Soviet Generation, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2005.[↩]
- Иван Филоненко, Кто я на земле ?, Современник, Moscú, 1987.[↩]
- J. R. McNeill y P. Engelke, The Great Acceleration : An Environmental History of the Anthropocene since 1945, Cambridge, MA : Belknap Press, 2016.[↩]
- Marin Coudreau, « Soviet Plans, Capitalist Chemistry : Khimizatsiya and the Western Pesticide Companies in the Age of Poisons », Global Environment, Vol. 17, Número 2, 2024.[↩]
- Todo el desarrollo está extraído de ¿Quién soy yo en la Tierra? Está salpicado de información contextual. Agradecemos a Valérie Pozner, Marc Elie y Gábor Tamas Rittersporn por sus revisiones y comentarios de la traducción.[↩]
- En ruso, literalmente, ядохимикаты.[↩]
- Lenny Smirnova, «Traducciones grises en la URSS de la Guerra Fría. Informarse sobre las publicaciones extranjeras en el contexto de la censura estatal», en Gisèle Sapiro y Tiphaine Samoyault (dir.), «Políticas de la traducción», Politika, publicado en línea en octubre de 2024.[↩]
- Sin embargo, en el momento en que Filonenko escribe, las cuotas de los planes de productos químicos solo se cumplen en un 60 % y la gama de productos solo se cubre en un 35 %. [↩]
- Esta retórica del «uso controlado» (safe use) de los pesticidas es un producto de la industria que ha sido apropiado por las instituciones que promueven un uso «razonable» y que sigue vigente hoy en día, véase Soraya Boudia y Nathalie Jas, Gouverner un monde toxique, París, Quae, 2019.[↩]
- En ruso, матушка-природа. [↩]
- Véase la crónica de 1989, ВозвращениеЖоворонка (El regreso de la grulla), sobre el experimento de Aidak. [↩]
- Las Juventudes Comunistas. [↩]
- https://www.youtube.com/watch?v=3zLHdFztF1U [↩]
- Este episodio del «Gran Salto Adelante» bajo Mao, denominado «Campaña de las 4 plagas» en 1958, ha sido estudiado por Judith Shapiro, Mao’s War Against Nature. Politics and the Environment in Revolutionary China, Cambridge University Press, 2001.[↩]
- Este es el significado de la expresión final, «непо-фермерски…».[↩]
- Este título es un juego de palabras con la expresión «Чтоб жизнь медом не казалась», que se puede traducir como «Para que la vida no sea miel», y que en francés sería el equivalente a «Para que la vida no sea un largo río tranquilo»[↩]
- Esta conclusión de Maltsev se inscribe en un «régimen de historicidad» anterior al presentismo contemporáneo, véase François Hartog, Présentisme et expérience du temps, Le Seuil, París, 2003; para los retos temporales actuales del Antropoceno, véase Christophe Bonneuil, «Terre», en Didier Fassin (dir.), La société qui vient, Le Seuil, París, 2021, p. 54-73.[↩]
- Walter Benjamin, Sur le concept d’histoire, prefacio de Patrick Boucheron, Payot, París, 2017.[↩]
- Andy Byford, Connor Doak y Stephen Hutchings, «Decolonizing the Transnational, Transnationalizing the Decolonial: Russian Studies at the Crossroads», Forum for Modern Language Studies, vol. 50, n.º 3, mayo de 2024.
7. El fascismo hoy (8).
Hoy tampoco hay que ponerle muchos peros a la selección del tema. Sin duda, el poder de los technobros es amenazante.
https://www.tni.org/en/article/the-rise-of-the-techno-tyrants
El auge de los tecnotiranos
Fecha de publicación: 3 de febrero de 2026
Silicon Valley ha dado gran parte de su apoyo a Trump por motivos de oportunismo, apaciguamiento o miedo. Pero las raíces de su giro fascista se remontan a mucho antes, a una cultura impregnada de jerarquías raciales, patrioterismo y visiones utópicas militaristas.
Artículo largo de Roberto J. González
Entre las muchas imágenes icónicas de la ceremonia de investidura presidencial de Estados Unidos a finales de enero de 2025, una fue especialmente llamativa. Las élites más poderosas de la industria tecnológica mundial se alinearon obedientemente para rendir homenaje a Donald Trump, «besando el anillo (enlace externo)» del nuevo líder. Los directores ejecutivos de Alphabet-Google, Amazon, Meta y X (antes Twitter), Sundar Pichai, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y Elon Musk, respectivamente, ocupaban lugares destacados en la segunda fila, detrás del círculo íntimo de familiares y amigos de Trump.
Juntos, los cuatro titanes tecnológicos tienen un patrimonio neto de casi un billón de dólares estadounidenses; sus empresas tienen una capitalización bursátil combinada de unos 9 billones de dólares estadounidenses. Se encuentran entre los directores ejecutivos más poderosos del planeta. Los observadores más astutos señalaron que los candidatos al gabinete de Trump estaban sentados detrás de los multimillonarios, lo que tal vez indicaba el papel relativamente insignificante que desempeñarían en la nueva administración. La ceremonia se celebró en la rotonda del Capitolio de los Estados Unidos, en el mismo edificio donde se reúnen los dos órganos legislativos del país y donde los partidarios de extrema derecha de Trump lanzaron una insurrección efímera el 6 de enero de 2021. (Trump indultó a la gran mayoría de los alborotadores en su primer día de vuelta al cargo).
El espectáculo inaugural señaló un cambio tectónico en las alineaciones políticas de las élites tecnológicas. En 2016, mientras Trump hacía campaña contra Hillary Clinton, Jeff Bezos (enlace externo) señaló que las insinuaciones de Trump de que podría no aceptar una derrota electoral «erosionan nuestra democracia por los bordes» . Añadió: «Intentar intimidar a los medios de comunicación y amenazar con represalias, que es lo que ha hecho en varios casos con personas relacionadas con los medios, no es apropiado». Elon Musk (enlace externo) también expresó sus reservas sobre Trump: «No parece tener el tipo de carácter que da buena imagen a Estados Unidos», afirmó. Sam Altman, fundador y director ejecutivo de Open AI, tuiteó en 2017: «Creo que Trump es terrible y pocas cosas me harían más feliz que él no fuera presidente».
Estos sentimientos, combinados con la sensación de que Silicon Valley y otros centros tecnológicos estadounidenses han sido durante mucho tiempo bastiones del liberalismo, dieron a algunos la impresión de que el trumpismo y la política de extrema derecha nunca se afianzarían en la industria tecnológica ni entre sus líderes empresariales. Esa impresión era errónea. Altman, Bezos, Musk y muchas otras élites tecnológicas apoyan ahora una agenda de derecha. Lo que hace que estos cambios sean aún más preocupantes es el hecho de que el cambio de inclinaciones políticas de los multimillonarios tecnológicos no solo está afectando a Estados Unidos, sino que está teniendo un impacto global. Por ejemplo, en los últimos años, Elon Musk ha apoyado con entusiasmo a candidatos de extrema derecha en al menos 18 países (enlace externo), en seis continentes.
El giro hacia la derecha no es solo simbólico. Aparte de la repentina entrada de Musk en el mundo del gobierno como jefe del nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Trump durante los primeros meses de 2025, una organización que, según Reuters (enlace externo), eliminó más de 250 000 puestos de trabajo federales durante los primeros cinco meses del año, se están produciendo otros cambios. (enlace externo) En julio de 2025, empresas de IA como Google, Open AI, xAI y Anthropic obtuvieron contratos del Departamento de Defensa (enlace externo) por valor de cientos de millones de dólares para incorporar grandes modelos de aprendizaje para aplicaciones de seguridad nacional, lo que supuso el inicio de una nueva era en la IA militarizada. Amazon, Google, Meta, Microsoft y otras empresas tecnológicas eliminaron gradualmente sus políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), aparentemente capitulando ante la agenda «anti-woke» de Trump.
Las prioridades filantrópicas de los multimillonarios también parecen haber cambiado drásticamente. El año pasado, el Bezos Earth Fund (fundado por Jeff Bezos) supuestamente cambió sus políticas (enlace externo), hacia una estrategia de compensación de carbono favorable a las empresas. A principios de 2025, la Chan-Zuckerberg Initiative (fundada por Mark Zuckerberg y su esposa Priscilla Chan) anunció que la organización se alejaría (enlace externo) de los proyectos de defensa social y los programas de apoyo a las escuelas primarias de las comunidades de bajos ingresos del área de la bahía de San Francisco, una medida que dejará a cientos de padres luchando por encontrar otras opciones.
El oportunismo, el apaciguamiento, el miedo —o quizás los tres— podrían ayudar a explicar el giro hacia la derecha de los multimillonarios tecnológicos. Pero también hay otros factores a tener en cuenta. Para empezar, es fácil olvidar que Silicon Valley, la cuna de la industria tecnológica, ha estado históricamente impregnada de un espíritu de capitalismo del tipo «el ganador se lo lleva todo», jerarquías raciales estrictas, chovinismo y visiones utópicas militaristas. Estas ideas eran comunes entre la clase dominante estadounidense hace 150 años y están muy en línea con elementos de la ideología de la extrema derecha actual. El pasado es un vívido telón de fondo del presente.
Hay una narrativa recurrente sobre Silicon Valley, una que muchos en la región suelen contarse a sí mismos y que otros repiten sin mucha reflexión. Dice más o menos así: Silicon Valley fue construido por jóvenes inteligentes y emprendedores que encarnaban las virtudes estadounidenses del individualismo, el espíritu empresarial y el libre mercado. En esta historia, la ciudad de Palo Alto ocupa un lugar destacado, al igual que su institución más venerable, la Universidad de Stanford, fundada en 1885 por el magnate ferroviario, barón ladrón y, más tarde, gobernador de California, Leland Stanford.
En un libro reciente que narra la historia de Palo Alto, el periodista Malcolm Harris (enlace externo) describe una ideología que se ha apoderado de la región desde la fiebre del oro de 1849. Harris la denomina «sistema de Palo Alto» y se basa en maximizar (y normalizar) la explotación de las personas, la tierra y el medio ambiente natural. Se caracteriza por una obsesión fanática por aumentar la productividad y acumular riqueza. El sistema de Palo Alto encajaba bien con el evolucionismo social, una teoría en boga a finales del siglo XIX que parecía explicar por qué algunas sociedades eran más « civilizadas» que otras. Parecía proporcionar una base científica para justificar la desigualdad racial, el colonialismo y la concentración del poder en manos de un grupo selecto de hombres (en su mayoría blancos). Lo mismo ocurría con la ciencia de la eugenesia, defendida por varias figuras influyentes de Stanford, entre ellas el primer presidente de la universidad, David Starr Jordan, y el renombrado psicólogo Lewis Terman.
Menciono estos hechos no para sugerir que se pueda trazar una línea recta entre la peculiar historia del hipercapitalismo, las manifestaciones periódicas de la «ciencia» racial y la segregación del norte de California y las manifestaciones más recientes del «tecnofascismo (enlace externo)», sino para ilustrar que los componentes cruciales de la agenda reaccionaria de extrema derecha de Silicon Valley han circulado durante al menos 150 años, incluso antes del nacimiento del fascismo europeo. Se podría decir que estas ideas y prácticas están en el ADN de la región, expresándose periódicamente a lo largo de las generaciones.
Los orígenes de Silicon Valley están estrechamente vinculados al crecimiento de la Universidad de Stanford a partir de la década de 1940, debido en gran parte al trabajo de Frederick Terman (hijo de Lewis Terman), que fue decano de la facultad de ingeniería de la universidad entre 1944 y 1958, y rector entre 1955 y 1965. A principios de la década de 1950, y con la colaboración de la ciudad de Palo Alto, Terman consiguió dedicar parte del amplio campus de Stanford a un parque industrial. Animó a los estudiantes de posgrado prometedores a crear empresas y trasladarlas al «Parque» con la idea de facilitar la colaboración entre el mundo académico y la incipiente industria tecnológica. En 1957, decenas de empresas habían establecido allí centros de investigación y desarrollo (I+D), entre ellas Hewlett-Packard, General Electric y Lockheed. Terman forjó estrechas relaciones entre Stanford y el ejército estadounidense durante la Guerra Fría, orientando gran parte de la investigación de la universidad hacia el desarrollo de tecnologías militares, como microondas y sistemas de guerra electrónica. El enorme impacto de Terman en la región ha llevado a muchos a llamarlo «el padre de Silicon Valley (enlace externo) ».
Otro hombre al que se le atribuye haber ayudado a transformar Silicon Valley en el epicentro de la industria tecnológica fue William Shockley, un físico e ingeniero cuyo equipo de investigación creó el primer transistor del mundo en 1956. Por este logro, Shockley, que pasó la mayor parte de su vida en Palo Alto y sus alrededores, fue galardonado con el Premio Nobel de Física, junto con sus colegas.
En 1965, dos años después de aceptar un puesto como profesor de ingeniería en Stanford, Shockley comenzó a defender abiertamente la eugenesia. Entre otras cosas, sugirió que los negros padecían «disgenesia» o «evolución retrógrada», y propuso sustituir los programas de bienestar social por un «Plan de bonificaciones por esterilización voluntaria (enlace externo)» que ofrecería dinero en efectivo a las mujeres con «bajo coeficiente intelectual» que aceptaran esterilizarse. Shockley fue duramente criticado por biólogos y antropólogos por defender la pseudociencia, pero sus esfuerzos contribuyeron a rehabilitar la eugenesia como ideología para las generaciones futuras. (Recientemente, algunos han sugerido que el movimiento «pronatalista», que cuenta con el apoyo de un número sorprendente de luminarias tecnológicas de Silicon Valley, es una versión moderna de la ciencia eugenésica (enlace externo)).
Los utópicos digitales y el espectro del tecnofascismo
A finales del siglo XX, Silicon Valley se había ganado la reputación de bastión de librepensadores liberales, si no radicales, probablemente porque la zona de la bahía de San Francisco (que incluye Silicon Valley) había sido el hogar de una sucesión de enclaves bohemios. Desde la década de 1950 y a lo largo de la de 1970, poetas beat, hippies, deadheads y comunalistas acudieron en masa a la región. El historiador y estudioso de las comunicaciones Fred Turner (enlace externo) establece vínculos entre la contracultura y la cibercultura al documentar cómo Stewart Brand, Douglas Engelbart y otras figuras carismáticas imaginaron un futuro en el que los ordenadores podrían convertirse en vehículos trascendentales. En esta utopía digital, las máquinas darían a los usuarios la capacidad de transformar sus propias almas.
En un extenso y ahora famoso artículo de 1972 para la revista Rolling Stone (enlace externo), el enigmático Brand glorificaba a los jóvenes «hackers» y «vagabundos informáticos» del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Stanford, y a las máquinas a las que estaban dando vida: «Estemos preparados o no, los ordenadores están llegando a la gente. Es una buena noticia, quizá la mejor desde los psicodélicos», escribió. Para Brand, los «científicos geniales» eran revolucionarios, ya que transformaban los enormes ordenadores centrales, accesibles solo para expertos, en pequeños dispositivos que la gente común podía usar en casa. Las ideas de Brand se transformaron en una peculiar ideología antiautoritaria de alta tecnología, basada en el poder unificador de las computadoras en red.
Hoy en día, poco queda de las raíces contraculturales de la industria tecnológica. El antropólogo Jan English-Lueck (enlace externo) señala que, históricamente, Silicon Valley se ha caracterizado por una curiosa mezcla de contracultura y capitalismo. Pero a finales del siglo XX, los pocos vestigios visibles de esta mezcla tendían a ser superficiales: códigos de vestimenta relajados, espacios de trabajo poco ortodoxos, palabras de moda y lemas empresariales aparentemente subversivos como «no seas malvado» y «piensa diferente». La contracultura en la industria tecnológica de Silicon Valley se había convertido en ideología corporativa.
Además, en la década de 1990, algunos observadores empezaron a darse cuenta de que un grupo radical de reaccionarios estaba desarrollando una visión muy diferente de Silicon Valley, definida por la masculinidad pura, el capitalismo desenfrenado y la santidad de la familia nuclear. Según Becca Lewis (enlace externo), investigadora en estudios de comunicación, uno de los evangelistas de derecha más fervientes de Silicon Valley era el gurú de las inversiones George Gilder, que ascendió entre las filas de los conservadores de la era Reagan atacando el feminismo y la erosión de los roles de género tradicionales. A medida que Estados Unidos se convertía rápidamente en un estado posindustrial, Gilder resucitó el culto al espíritu emprendedor y la idea de que los inventores e inversores con mentalidad empresarial estaban mejor preparados para llevar al país a una nueva era que los burócratas, los políticos o los académicos. En palabras de Lewis, «La floreciente industria de la alta tecnología, comenzó a afirmar [Gilder], era la expresión más pura del espíritu emprendedor en el mundo. No es de extrañar que Gilder se sintiera atraído por la industria tecnológica del condado de Santa Clara, en California. … Los emprendedores tecnológicos ofrecían un futuro esperanzador para la economía estadounidense, para la masculinidad y para el progreso humano en general».
En respuesta a la popularidad de Gilder entre los ejecutivos tecnológicos y los inversores de capital riesgo de Silicon Valley durante el primer auge de las puntocom, el periodista Michael Malone (enlace externo) advirtió: «Olvídense de la utopía digital, podríamos estar encaminándonos hacia el tecnofascismo». Sus palabras fueron proféticas.
Los emprendedores tecnológicos que sobrevivieron al estallido de la burbuja puntocom a principios de la década de 2000 ocuparon rápidamente su lugar en el nuevo orden. También apareció una generación más joven, ansiosa por hacer fortuna moviéndose rápido y rompiendo moldes. Las empresas emergentes que crearon se convirtieron en grandes compañías con nombres reconocidos en gran parte del mundo: Amazon, Google, Microsoft, Netflix, PayPal, Uber. Los inversores de capital riesgo que las financiaron han obtenido enormes beneficios a lo largo de los años.
Marc Andreessen, cofundador de la gigantesca empresa de capital riesgo (VC) Andeessen Horowitz, es posiblemente el inversor más influyente de Silicon Valley. Ingeniero de software de formación, Andreessen cofundó Netscape en la década de 1990, que desarrolló el primer navegador web de uso generalizado. Cuando se vendió la empresa, se dice que ganó 100 millones de dólares (enlace externo) con la operación. Varios años después, cofundó Andreessen Horowitz con el informático Ben Horowitz.
Durante años, Andreessen había apoyado a candidatos demócratas. Desde cierto punto de vista, tenía sentido. Bill Clinton, Al Gore, Barack Obama y Hillary Clinton eran todos firmes defensores de la industria tecnológica. En una entrevista con el columnista del New York Times Ross Douthat, Andreessen califica la alianza (enlace externo) entre los demócratas y los ejecutivos tecnológicos como «el trato»: « Era algo que todo el mundo entendía… eres un emprendedor, eres un capitalista, creas una empresa, la haces crecer y, si funciona, ganas mucho dinero… y regalas el dinero. Con eso, te absuelves de todos tus pecados. Luego, en tu obituario, se habla de lo increíble que eras… Y, por cierto, eres demócrata, estás a favor de los derechos de los homosexuales, estás a favor del aborto, estás a favor de todas las causas sociales de moda y apropiadas de la época… Este es el trato».
La descripción de Andreessen es caricaturesca —está claro que no todos los ejecutivos de capital riesgo y tecnología aceptaron «el trato» (muchos se cubrieron las espaldas apoyando tanto a demócratas como a republicanos, y algunos eran libertarios acérrimos)—, pero su relato ofrece una visión de las normas políticas de Silicon Valley.
También vale la pena considerar por qué Andreessen cree que el trato se rompió en la década de 2010: «Lo que cambió básicamente fueron los jóvenes. … Los hijos de los privilegiados que iban a las mejores universidades, creo, principalmente como consecuencia de la crisis financiera mundial y probablemente [la guerra en] Irak… se radicalizaron mucho. … En 2013, el estudiante medio recién llegado a Harvard decía: «Que le den. Vamos a quemar el sistema. Sois malvados. Los blancos son malvados. Todos los hombres son malvados. El capitalismo es malvado. La tecnología es malvada»».
Desde la perspectiva de Andreessen, las cosas empeoraron cuando los ejecutivos de Silicon Valley pasaron de los caóticos años de la primera administración Trump a las amenazas regulatorias que siguieron. En sus propias palabras, «la administración Biden resultó ser mucho más radical de lo que pensábamos», ya que promulgó nuevas regulaciones y «impuso la aplicación de la DEI». Andreessen y Horowitz acudieron a la Casa Blanca en mayo de 2024 para reunirse con altos cargos de la administración Biden. Se quedaron sorprendidos al saber que, si era reelegida, la administración Biden tenía la intención de elegir dos o tres grandes empresas tecnológicas y regularlas en aras de la seguridad nacional, incluso si eso significaba clasificar la investigación en IA. «En este punto, ya no estamos tratando con personas racionales», dijo Andreessen. «Y ese fue el día en que salimos y nos quedamos en el estacionamiento del ala oeste y nos miramos el uno al otro, y dijimos: «Sí, estamos a favor de Trump»».
El relato de Andreessen revela muchas cosas (entre ellas, la falta de empatía hacia los empleados tecnológicos que crearon riqueza para muchas de las empresas de la cartera de su firma de capital riesgo). Pero también oculta otros elementos del giro de las élites de Silicon Valley hacia el trumpismo y las ideologías de extrema derecha.
Por ejemplo, Andreessen, Peter Thiel (cofundador de PayPal y Palantir) y otras élites tecnológicas han expresado públicamente su interés y admiración por las opiniones de Curtis Yarvin y Balaji Srinivasan, dos figuras asociadas con la «Ilustración Oscura (enlace externo)» o el movimiento neorreaccionario (enlace externo). Un elemento central de su visión de futuro es la idea de que la democracia estadounidense es un experimento fallido que debería sustituirse por un mosaico de «estados en red (enlace externo)» en los que los líderes tecnológicos mantengan un control autoritario sobre la sociedad mediante una vigilancia y una represión policiales exhaustivas. Tanto Yarvin como Srinivasan tienen vínculos con las élites tecnológicas más influyentes.
Yarvin, informático de profesión, comenzó a escribir un blog bajo el nombre de Mencius Moldbug en 2007. En 2013 fundó una start-up de servicios en la nube llamada Tlon y, mientras recaudaba fondos para la empresa, comenzó a reunirse con líderes tecnológicos y de capital riesgo. Un perfil reciente en The New Yorker (enlace externo) describe cómo «Yarvin se convirtió en una especie de Maquiavelo para sus benefactores de las grandes empresas tecnológicas, que compartían su opinión de que el mundo sería mejor si ellos estuvieran al mando». Entre los inversores se encontraban Andreessen Horowitz y Founders Fund, creado por Peter Thiel.
Ni Thiel, ni Andreessen, ni Musk han abrazado abiertamente las reflexiones antidemocráticas de Yarvin, pero parece que respaldan al menos parte de su filosofía neomonárquica. El intento de Musk de destripar la burocracia federal estadounidense como jefe de facto de DOGE parece seguir el modelo de una de las propuestas de Yarvin, que él denominó RAGE (enlace externo) (jubilar a todos los empleados del gobierno).
Srinivasan es otro miembro carismático de la intelectualidad de extrema derecha del sector tecnológico. Durante varios años, fue socio general de Andreessen Horowitz, y Andreessen ha elogiado (enlace externo) a su antiguo socio comercial: «Balaji tiene la mayor tasa de producción por minuto de buenas ideas nuevas de todas las personas que he conocido», escribió. Entre otras cosas, Srinivasan ha pedido «algo así como un sionismo tecnológico» (enlace externo) en San Francisco, una sociedad gobernada completamente por la tecnología. Los ciudadanos leales a los líderes de la industria (una «tribu tecnológica») formarían un nuevo movimiento político, los «Grises». En otros discursos, Srinivasan ha ido aún más lejos (enlace externo): «Los Grises deberían acoger a la policía, ¿de acuerdo? … Eso significa que todos los hijos, hijas, esposas, primos, hermanos, lo que sea, de los policías deberían conseguir un trabajo en una empresa tecnológica en el área de seguridad». Los Grises, presumiblemente con la ayuda de la policía, mantendrían a los «Azules» —la etiqueta que Srinivasan utiliza para referirse a los votantes liberales de San Francisco— lejos de sus zonas de la ciudad. «Tomen el control total de su barrio. Expulsen a todos los Azules. … Igual que los azules me expulsan étnicamente de San Francisco, expulsad a todos los azules».
El periodista Gil Duran ha seguido el auge de la derecha tecnológica o, en sus propias palabras, «el reich de los nerds». En The New Republic (enlace externo), explicó por qué debemos tomarnos en serio a Srinivasan: «Quienes tratan de restar importancia a Balaji en Silicon Valley suelen describirlo como un payaso. Pero Donald Trump nos enseñó que los payasos pueden ser peligrosos, especialmente aquellos que están cerca del poder y la influencia. […] La política de Balaji se ha vuelto aún más autoritaria y extremista, pero sigue siendo una figura célebre en círculos clave». Elon Musk elogia regularmente a Srinivasan, que tiene más de un millón de seguidores en las redes sociales en X y está estrechamente relacionado con Garry Tan, director ejecutivo de la aceleradora de start-ups y empresa de capital riesgo Y Combinator, que ha «librado una guerra sin cuartel por el control político de San Francisco».
Construyendo un futuro distópico
Otra consecuencia del apoyo de las élites tecnológicas a las causas de extrema derecha es su gran interés en invertir fondos de capital riesgo en empresas emergentes de tecnología militar, policial y de vigilancia que desarrollan precisamente el tipo de tecnologías necesarias para construir y mantener una distopía autoritaria de alta tecnología. No se trata de un proceso totalmente nuevo: Peter Thiel, Stephen Cohen, Joe Lonsdale y Alex Karp cofundaron la empresa de tecnología militar Palantir en 2002 y Thiel ha sido un inversor desde hace mucho tiempo. La empresa saltó a la fama en 2019, cuando se reveló que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) utilizaban el software de Palantir para ayudar a deportar a familias inmigrantes (enlace externo) .
Otra empresa de tecnología militar, Anduril Industries, recibió una inversión inicial de la empresa de capital riesgo de Thiel, Founders Fund, en 2017, y Andreessen Horowitz siguió su ejemplo dos años más tarde. Anduril tiene ahora una valoración de más de 30 000 millones de dólares y ha conseguido contratos del Pentágono por valor de varios miles de millones de dólares y con una duración de varios años, entre ellos uno para construir sistemas de vigilancia en bases militares (enlace externo) a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, gracias a cámaras de alta resolución instaladas en torres y drones aéreos.
Incluso tecnologías aparentemente benignas, como los lectores automáticos de matrículas (LPR), se están convirtiendo en componentes cruciales en una Estados Unidos emergente, autoritario y de extrema derecha. Por ejemplo, consideremos el caso de Flock Safety, una empresa emergente con sede en Atlanta. La empresa construye LPR alimentados por energía solar y habilitados para la inteligencia artificial, utilizando cámaras de última generación que almacenan datos visuales (imágenes de vídeo y fotos) en servidores en la nube. Flock fue fundada en 2017 por ingenieros que no tenían experiencia en el ámbito policial, pero que contaban con una exitosa trayectoria en el mundo de las empresas emergentes. Inicialmente comercializaron su producto entre los departamentos de policía locales, las oficinas del sheriff y las asociaciones de propietarios de viviendas suburbanas, y luego se expandieron rápidamente al sector comercial, vendiendo suscripciones a supermercados y grandes tiendas como The Home Depot y Walmart. La suscripción permite a los usuarios optar por un acuerdo recíproco de intercambio de datos que les da acceso a los datos recopilados por otros usuarios. La empresa afirma que más de 6000 comunidades han adoptado su tecnología.
Flock aprovechó dos tendencias en materia de vigilancia policial que comenzaron en la década de 2010, a saber, el uso de servicios en la nube para almacenar y procesar datos, y el análisis de vídeo basado en inteligencia artificial. Pero los críticos advierten que Flock, cuya línea de productos ahora también incluye drones aéreos, está destruyendo rápidamente el derecho a la privacidad de los ciudadanos estadounidenses. Jay Stanley, analista (enlace externo) de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), no se anduvo con rodeos: «Flock está creando una forma de vigilancia masiva sin precedentes en la historia de Estados Unidos. […] Lo ha hecho a través de un modelo de negocio que, en la práctica, recluta a sus clientes para una gigantesca red de vigilancia gubernamental centralizada», escribió. La empresa ha construido lo que podría llamarse el panóptico perfecto, una herramienta que permite a las fuerzas del orden crear un sistema de vigilancia total a nivel nacional que, con el tiempo, podría disuadir cualquier tipo de actividad sospechosa por parte de los ciudadanos, incluso actividades protegidas por la Constitución, como las protestas y manifestaciones políticas. Es comprensible que los defensores de los derechos civiles estén preocupados por que las fuerzas del orden utilicen las cámaras de Flock, al igual que muchas otras tecnologías algorítmicas de vigilancia policial, principalmente en las comunidades negras y latinas.
A pesar de estas críticas, Flock sigue ganando adeptos e inversores. En sus primeros cinco años, la empresa creció a un ritmo asombroso y, a finales de 2021, se convirtió en un unicornio, término que se refiere a las empresas emergentes valoradas en 1000 millones de dólares o más. En 2025, tras su octava ronda de financiación, Flock había recaudado un total de 950 millones de dólares de más de 20 empresas de capital riesgo y tenía una valoración de 7500 millones de dólares.
Entre los patrocinadores de Flock se encuentra Andreessen Horowitz, que invirtió por primera vez en 2021 y ha liderado varias rondas de recaudación de fondos. La empresa elogió las perspectivas de futuro de Flock (enlace externo), señalando que estaba «en camino de ganarse su lugar como estándar del sector en todos los organismos encargados de hacer cumplir la ley. …[Flock es] efectivamente la única empresa que persigue una oportunidad enorme para dar forma al futuro». En marzo de 2025, Andreessen Horowitz volvió a liderar una ronda de financiación que aportó a Flock otros 275 millones de dólares.
¿Cuáles son las consecuencias de las nuevas tecnologías de vigilancia financiadas por capital riesgo en un Estados Unidos autoritario? En los últimos meses, los departamentos de policía locales han colaborado con el ICE, cuyos agentes enmascarados y armados, a menudo vestidos de civil, detienen a personas sospechosas de infringir las leyes de inmigración. Las detenciones relacionadas con la inmigración por motivos de inmigración se han más que duplicado en gran parte del país en 2025 en comparación con el año anterior, con más de 1000 detenciones diarias durante la mayor parte de junio. Mientras tanto, Trump ha desplegado tropas de la Guardia Nacional de EE. UU. en Los Ángeles, Memphis, Portland, Washington D. C. y Chicago, aparentemente para ayudar a defender a los agentes del ICE de los manifestantes y para luchar contra la delincuencia. Cabe destacar que los alcaldes de todas estas ciudades, excepto uno, son negros.
En mayo de 2025, la revista tecnológica 404 Media (enlace externo) informó de que el ICE estaba utilizando los datos de vigilancia de Flock para su programa de deportación masiva de inmigrantes. Los agentes de las fuerzas del orden locales de los departamentos de policía y las oficinas del sheriff compartían los datos de Flock con los agentes del ICE, en algunos casos de forma ilegal. Ante esta pesadilla de relaciones públicas, los ejecutivos de Flock emitieron primero un comunicado en el que señalaban que la situación se debía a decisiones tomadas en jurisdicciones locales y, posteriormente, anunciaron que suspenderían temporalmente el trabajo existente con las agencias federales.
En el momento de escribir este artículo, en otoño de 2025, tras docenas de enfrentamientos violentos entre agentes del ICE y manifestantes en varias ciudades, incluida San Francisco (enlace externo), a solo 20 km de mi casa , no puedo evitar preguntarme hasta qué punto las tecnologías financiadas por capital riesgo podrían hacer realidad los sueños distópicos de los ideólogos de extrema derecha y fascistas. Si Curtis Yarvin, Balaji Srinivasan y otros de su calaña comparten la fantasía de crear algún día ciudades purgadas de aquellos que se interponen en el camino de sus sueños de extrema derecha, sería difícil imaginar una tecnología más adecuada para apoyar estos esfuerzos que los LPR de Flock, o el software de reconocimiento facial de Clearview AI (enlace externo), o la plataforma de integración de datos de Palantir (enlace externo) .
Quizás no sea sorprendente que empresas de capital riesgo vinculadas a élites tecnológicas como Andreessen y Thiel, entre muchas otras, hayan ayudado a Flock a convertirse en la principal start-up tecnológica policial, o que tantas empresas de inversión de Silicon Valley estén invirtiendo miles de millones en start-ups de tecnología de defensa y vigilancia cuyos productos pronto podrían utilizarse no solo en guerras en el extranjero, sino también contra personas en Estados Unidos a las que Trump se refiere como «el enemigo interno (enlace externo)» , es decir, inmigrantes, disidentes y cualquiera que se atreva a cuestionar su autoridad absoluta.
Andreessen no aborda directamente los costes externos de las tecnologías potencialmente represivas que su empresa ayuda a desarrollar, pero a menudo expone sus opiniones de forma más filosófica, en entrevistas o entradas de blog. En 2023, escribió «El manifiesto tecnooptimista (enlace externo)», un ensayo cuasi espiritual que aboga por la aceleración desenfrenada del desarrollo tecnológico y la abolición del principio de precaución, es decir, la idea de que las innovaciones no deben adoptarse antes de evaluar objetivamente los daños que pueden causar. Al final, Andreessen rinde homenaje a los «santos patrones del tecnooptimismo», entre los que se encuentran Filippo Tommaso Marinetti, el autor y pensador futurista italiano más conocido por escribir El Manifiesto Futurista (que sirvió de base para la plataforma política de Mussolini) y el filósofo neorreaccionario Nick Land, a quien a menudo se compara con Yarvin y Srinivasan.
Las perspectivas de Thiel no difieren mucho de las expresadas por Andreessen. En un ensayo de 2009 argumentó (enlace externo): «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles». Thiel también señaló que «nos encontramos en una carrera mortal entre la política y la tecnología», lo que para él significa que la mano dura del Gobierno amenaza con frenar la innovación y la creatividad. El ensayo sugiere que cualquiera que se preocupe por la verdadera libertad debería apoyar a los emprendedores que intentan explorar nuevas «fronteras tecnológicas», como el ciberespacio, el espacio exterior y las «ciudades flotantes», estas últimas referidas a colonias submarinas en el océano.
La búsqueda de construir una sociedad utópica exclusiva y solo para miembros es un tropo común a muchos adeptos de la derecha tecnológica. Un número sorprendente de empresas de capital riesgo han proporcionado recientemente millones a la start-up Praxis Nation, fundada por Dryden Brown. La empresa pretende crear una ciudad-estado de libre mercado dirigida por una figura autoritaria de tipo CEO. En un perfil mordaz de Brown, el New York Times señaló que, incluso si Praxis fracasa, el proyecto «ha reunido a aquellos en el mundo tecnológico que buscan alternativas a la democracia liberal, a miembros de una derecha ascendente que rechaza la premisa de la igualdad humana y a un grupo de gente de la escena del centro de Nueva York que encuentra todo esto un poco emocionante». Se han barajado diferentes ubicaciones, entre ellas las costas del Mediterráneo (enlace externo) y Groenlandia (enlace externo).
Según Rachel Corbett (enlace externo), entre los experimentos similares se encuentran «el Plan East Solano, dirigido por una empresa inmobiliaria que ha pasado los últimos siete años comprando 900 millones de dólares en terrenos ganaderos en la zona de la bahía de [San Francisco] para construir una alternativa privatizada a San Francisco… y la República Libre de Liberland, una extensión de tres millas cuadradas de llanura aluvial sin reclamar entre Serbia y Croacia. Muchos de los nombres ideológicamente alineados —Balaji Srinivasan, Peter Thiel, Marc Andreessen, [Patri] Friedman— aparecen repetidamente como patrocinadores financieros». También podemos incluir Próspera, un enclave libertario en Honduras para los súper ricos.
Los proyectos tecno-utópicos de este tipo parecen estar inspirados en los escritos de Ayn Rand, en particular en su novela de 1957 La rebelión de Atlas. Las ilusiones de la derecha tecnológica serían risibles si no fuera por la posibilidad real de que esas fantasías dejen un rastro de destrucción y desesperación para millones de personas a lo largo del camino.
Contraataque
Muchas élites de Silicon Valley, con recursos aparentemente infinitos, están ahora alineadas con la extrema derecha estadounidense, de la que forman parte. Cuando proporcionan respaldo financiero a las empresas emergentes, no es solo para acumular más riqueza. También es porque muchos de los productos de esas empresas coinciden con su visión futura de cómo debería ser una sociedad autoritaria y posdemocrática ideal.
Sin embargo, todavía hay motivos para ser optimistas. Silicon Valley no es un monolito. Aunque aquí me he centrado en las élites tecnológicas que se inclinan más hacia la versión de la política de extrema derecha de Trump, la mayoría no se mueve por ideología, sino por oportunismo y miedo. Mark Zuckerberg, Sundar Pichai, Sam Altman, Jan Koum (cofundador de WhatsApp) y muchos otros parecen haber cedido, y es probable que, ante la decisión de posicionarse en contra de Trump o de apoyarlo, hayan optado por lo segundo. Si la Administración Trump continúa por el camino de militarizar las ciudades estadounidenses, demonizar a los inmigrantes e intimidar a los opositores políticos, la indignación pública puede llegar a un punto en el que al menos algunos de estos hombres cambien de opinión. El «derribo de Tesla (enlace externo)», en el que miles de personas en todo el mundo boicotearon los productos de Tesla y organizaron protestas en los concesionarios de la empresa, sirve de modelo de cómo los ciudadanos y los consumidores pueden influir incluso en los magnates más formidables. Cuando las ventas y el precio de las acciones de Tesla cayeron, Elon Musk pasó a desempeñar un papel menos relevante en el Gobierno, presumiblemente como resultado del activismo.
También es cierto que no todas las élites tecnológicas y de capital riesgo han respaldado a Trump. Un puñado de poderosos ejecutivos de Silicon Valley han resistido la tentación de adular o apoyar al presidente, y algunos lo han criticado abiertamente. Los fundadores de capital riesgo Reid Hoffman, Mike Moritz, Dustin Moskovitz, Mark Cuban y otros han seguido apoyando causas liberales y al Partido Demócrata, y algunos han criticado las políticas de Trump. No todos los miembros de la élite del poder de Silicon Valley se han convertido en aduladores.
Por último, y quizás lo más importante, Silicon Valley es mucho más que la suma de sus élites tecnológicas y de capital riesgo. Se construyó y se mantiene gracias a cientos de miles de trabajadores tecnológicos que votan por causas liberales y progresistas por amplio margen. Siete de cada diez trabajadores tecnológicos (enlace externo) de la región no votaron a Trump en 2024, y muchos están descontentos con el giro hacia la derecha de muchos de los líderes y políticas de sus empresas. Algunos han protestado (enlace externo), entre ellos antiguos trabajadores de Palantir (enlace externo), que lleva más de 20 años recibiendo contratos de agencias militares y de inteligencia. Millones de otros ciudadanos estadounidenses están involucrados en la difícil tarea de organizarse contra la amenazante amenaza de la política de extrema derecha o, lo que es peor, un futuro fascista.
Depende de nosotros el resto dar la respuesta, mientras aún haya tiempo.
Roberto J. González es profesor de antropología en la Universidad Estatal de San José, su hogar académico desde 2001. Sus áreas de especialización son la ciencia, la tecnología y la cultura; la militarización de la sociedad estadounidense; la ética antropológica; y la antropología ambiental. Puede contactar con él en roberto.gonzalez@sjsu.edu.
8. Dossier MEGA2 (8).
Llegamos al final de esta serie de Historical materialism sobre MEGA 2 con la reseña, por parte del que parece haber sido el editor de la serie, de un libro con escritos de uno de los participantes en el MEGA original, Karl Schmückle. Como tantos, ejecutado en el 38. Con un papel muy poco afortundado de Lukács, por cierto, aunque imagino que solo trataba de salvar su propio pellejo.
https://www.historicalmaterialism.org/a-marxist-utopian-between-east-and-west-karl-schmckle/
Un utópico marxista entre Oriente y Occidente: Karl Schmückle
Reseña de Begegnungen mit Don Quijote. Ausgewählte Schriften, de Karl Schmückle
Kaan Kangal
Resumen
Este es un ensayo crítico sobre la edición de 2014 de Werner Röhr de catorce ensayos de Karl Schmückle en un volumen titulado Begegnungen mit Don Quijote [Encuentros con Don Quijote]. Schmückle fue uno de los estudiosos del MEGA1 que emigró de Alemania a la Unión Soviética en la década de 1920. Bajo la dirección de David Riazanov en el Instituto Marx-Engels de Moscú, Schmückle trabajó como coeditor de las primeras obras de Marx y Engels, como los escritos anteriores a 1844,La sagrada familia yLa ideología alemana, hasta que el instituto fue cerrado por las autoridades soviéticas en 1931. En este ensayo presentaré los viajes intelectuales de Schmückle por Alemania y la Unión Soviética, y me centraré en sus escritos académicos sobre el joven Marx. Los escritos de Schmückle documentan sus ambiciones intelectuales y sus contribuciones académicas a la investigación marxista temprana. También representa el trágico final de una generación creativa de marxistas alemanes en la antigua Unión Soviética.
Karl Schmückle, (2014) Begegnungen mit Don Quijote. Ausgewählte Schriften, editado por Werner Röhr, Berlín: Argument Verlag/InkriT.
El libro que se reseña, Begegnungen mit Don Quijote [Encuentros con Don Quijote], es la colección más completa de ensayos del filósofo, marxólogo y crítico literario Karl Schmückle (1898-1938).[1] Contiene seis ensayos filosóficos de 1923 a 1933 (Elementos lógico-históricos de la utopía; A. Deborin: Lenin, el materialista combativo;Sobre la historia de las teorías políticas;El primer volumen de las obras completas de Marx y Engels;Sobre la crítica del historicismo alemán; yEl joven Marx y la sociedad burguesa), y ocho escritos sobre literatura de 1934 a 1936 (De la libertad y su quimera;Elogio del arte del explorador;Realidad heroica: Sobre la nueva novela de Anna Segher;«El camino a través de febrero»;Historia del libro de oro: un reportaje utópico;Thomas Mann contra el fascismo;El Don Quijote contemporáneo; y Encuentros con Don Quijote).
El editor, Werner Röhr, ofrece en su introducción una amplia visión general de las recepciones anteriores de Schmückle, su biografía política e intelectual, resúmenes de sus ensayos y la historia institucional que constituye el telón de fondo de las actividades académicas y literarias de Schmückle. Schmückle no ha gozado de mucha atención académica, salvo dos estudios sobre toda su obra, uno de Hans Schleier[2] en su análisis de 1982 de la crítica de Schmückle al historicismo alemán (publicado por primera vez en la revista soviética Under the Banner of Marxism en 1929),[3] y otro de Reinhard Müller,[4] que investigó el período 1931-1936 de Schmückle en los archivos de la KGB en Moscú.
Aquí Müller descubrió todos los documentos del juicio relacionados con el caso de Schmückle (pp. i-ii). Con respecto tanto a Schleier como a Müller, Röhr traza un panorama más amplio de la carrera intelectual de Schmückle.
Schmückle en el contexto historiográfico
Karl Schmückle es una de las figuras intelectuales olvidadas en los círculos marxistas occidentales cuya formación política y filosófica se vio marcada por la Primera Guerra Mundial y las secuelas de la Revolución Rusa. Al igual que muchos otros de su generación, Schmückle se radicalizó primero y luego emergió como marxista a principios de la década de 1920. Sus antecedentes biográficos y geográficos tienen mucho en común con lo que hoy se denomina «marxismo occidental». Biográficamente, fue alumno de Karl Korsch en Jena, conocido y, más tarde, colaborador de Georg Lukács, y uno de los primeros corresponsales internacionales del Instituto de Investigación Social de Fráncfort y del Instituto Marx-Engels de Moscú. Más de una década más joven que Lukács y Korsch, pero de la misma edad que Marcuse, Schmückle fue, al igual que Marcuse, reclutado por el ejército alemán durante la guerra y posteriormente se convirtió en miembro de un consejo de soldados. Geográficamente, era, al igual que Adorno y Horkheimer, originario del suroeste de Alemania (Enzklösterle-Gompelscheuer, cerca de Karlsruhe), donde Lukács y Marcuse se formaron (p. iii). Berlín y Jena, donde Schmückle estudió, eran conocidos centros políticos e intelectuales de la izquierda alemana. Su tesis doctoral sobre la utopía, que se imprimió el mismo año (1923) que Historia y conciencia de clase de Lukács y Marxismo y filosofía de Korsch, documenta la experiencia de Schmückle en el socialismo francés, la filosofía hegeliana y la economía política de Marx. También fue uno de los primeros, si noel primero, estudios histórico-materialistas sobre la utopía en la posguerra. Schmückle, al igual que Lukács, participó en la preparación de la edición MEGA1 de los primeros manuscritos de Marx y Engels en el Instituto Marx-Engels de Moscú y, al igual que Korsch y Marcuse, contribuyó ampliamente a la comprensión moderna de los jóvenes Marx y Engels.
Si lo que afirma Perry Anderson es cierto, que Lukács y Korsch fueron «los verdaderos creadores» del «marxismo occidental», entonces Schmückle pertenece claramente al mismo linaje.[5] Pero si Schmückle realmente «constituyó [un] punto nodal de unión en el que las corrientes «occidentales» y «orientales» se encontraron dentro del marxismo en los años veinte»,[6] entonces sería bastante dudoso afirmar que el marxismo «filosófico» «comienza solo con Lukács». [7] Žižek afirma acertadamente que el libro de Lukács de 1923 es «uno de los pocos acontecimientos auténticos en la historia del marxismo».[8] Se podrían añadir fácilmente los nombres de Korsch y Gramsci junto al de Lukács, como hace Anderson. Pero, ¿qué hay de Schmückle?
A diferencia de las figuras conocidas del «marxismo occidental», el caso de Schmückle consiste en el hecho de que no «terminó en la cima», «escribió la historia» ni «entregó las medallas». Más bien, pertenece al lado «silenciado» o «derrotado» del marxismo que hoy reivindica una historiografía «revisionista». [9] La vida y obra de Schmückle registran una constelación de motivos y el destino de un movimiento políticamente comprometido que no renunció a la tradición teórica, pero que, no obstante, terminó con las purgas de la década de 1930 en la Unión Soviética. Russell Jacoby probablemente llamaría a esto un «éxito del marxismo soviético» que coincide con «la derrota de otros marxismos».[10]
El presente ensayo-reseña no pretende redefinir el concepto de «marxismo occidental», sino ofrecer algunas razones para reconsiderar los orígenes y el legado del marxismo, aunque estén parcialmente perdidos u olvidados. Por supuesto, gran parte de lo que se dice de Lukács o Korsch y de cómo «permitieron» a las generaciones siguientes «producir una tradición teórica extremadamente rica» no puede decirse de alguien como Schmückle, que no tuvo un impacto comparable en la tradición teórica.[11] Así pues, la cuestión es si puede prometer algún potencial fructífero para la teoría y su historia en la actualidad. Dejaré ese juicio al lector.
El periodo anterior a Moscú de Schmückle
Hay dos etapas que moldearon los primeros objetivos políticos de Schmückle. La primera es cuando resultó gravemente herido en Flandes/ Ypern durante la Primera Guerra Mundial y fue enviado a Dresde. Fue entonces cuando Schmückle se familiarizó por primera vez con la cosmovisión comunista. Tras su recuperación, fue trasladado a Ulm, que en aquella época era, después de Potsdam, la segunda ciudad cuartel más grande de Alemania. Schmückle participó en la Revolución de Noviembre en un consejo de soldados y como miembro de la Liga de Soldados Rojos. Tras su licenciamiento del ejército en 1919, se trasladó a Tubinga para estudiar filosofía y teología. Junto con Felix Weil, que más tarde fundaría el Instituto de Investigación Social de Fráncfort en 1923, y Heinrich Süßkind, redactor jefe de Rote Fahne, Schmückle cofundó la Unión Libre de Estudiantes Socialistas. La unión invitó a ponentes como Clara Zetkin, Willi Münzenberg y Edwin Hoernle (p. iv). La participación en organizaciones estudiantiles, además de las conferencias sobre filosofía política, constituyeron la segunda etapa crucial en el desarrollo político-ideológico de Schmückle.
Siguiendo el consejo de Clara Zetkin, Schmückle se trasladó a Berlín para estudiar economía política marxista y asistió a las conferencias de profesores socialdemócratas como Heinrich Cunow, Ignaz Jastrow, Paul Lensch, Emil VerHees y Werner Sombart (p. v). Schmückle también asistió a un seminario de Gustav Mayer, uno de los primeros historiadores de la historia laboral alemana, sobre las primeras obras de Marx y Engels. En 1921, Schmückle se trasladó a la Universidad de Jena, famosa en su día por el idealismo alemán y, posteriormente, por la lógica matemática, donde asistió a las clases sobre socialismo y comunismo de Gerhard Kesler y Karl Korsch (p. vi).[12] En 1923, Schmückle participó en la Primera Semana de Estudios Marxistas [Erste Marxistische Arbeitswoche], financiada por Felix Weil y organizada por Richard Sorge. También estuvieron presentes: Bela Fogarasi, Hede y Julian Gumperz, Margarete Lissauer, Georg Lukács, Heide y Paul Massing, Friedrich Pollock, Karl August y Rose Wittfogel, Konstantin Zetkin, Hedda y Karl Korsch, Christiane Sorge, Käthe Weil, Ludwig y Gertrud Alexander, y Kuzuki Fukumoto. [13] Se debatieron cuestiones contemporáneas sobre la crisis, cuestiones metodológicas, los problemas relativos a la organización de la investigación marxista y el manuscrito entonces inédito de Karl Korsch Marxism and Philosophy (p. vii). Las expectativas de una segunda reunión del mismo grupo de estudio se desvanecieron cuando una alternativa más ambiciosa, el Instituto de Investigación Social de Fráncfort, ocupó su lugar. Bajo la dirección de Carl Grünberg, el Instituto comenzó a colaborar estrechamente con el Instituto Marx-Engels de Moscú.
Elementos lógico-históricos de la utopía
Schmückle terminó su tesis doctoral en 1923 y había asistido a cursos de Franz Gutmann, Gerhard Kessler y Otto Koellreuther sobre economía nacional, finanzas, el sistema monetario y teoría política (p. ix). Teniendo en cuenta las materias que Schmückle había cursado en sus exámenes finales, eligió un tema bastante radical para su tesis: Elementos lógico-históricos de la utopía. Schmückle investigó aquí dos generaciones de utopistas, una del siglo XVII (More, Campanella, Mably, Morelly y Meslier) y otra del siglo XIX (Saint-Simon y Charles Fourier).
« «La primera forma de aparición de la utopía», escribe Schmückle, «es el Estado utópico» (p. 28). Tomás Moro define el orden social como una cuestión de organización de las cosas por y dentro del Estado, mientras que Campanella personifica la idea de utopía con un príncipe ilustrado, un gobernante sabio o el «dios del sol». [14] Para Campanella, los privilegios y los monopolios estatales se transforman naturalmente en órganos de gobierno de la república utópica. Sirven para mantener el intercambio metabólico entre la naturaleza y el hombre en equilibrio armónico (p. 29). La segunda forma de aparición de la utopía son las palabras en acción, o la unidad práctica de las naciones contra los tiranos y déspotas. « La infinidad de miserias», como dijo una vez Meslier, el ateo y rebelde, se manifiesta, por un lado, en el paraíso de la propiedad, el disfrute y la lujuria de los ricos y en los problemas, el dolor y la preocupación de los pobres, por otro (p. 31). Morelly, al igual que Campanella, atribuye a la sociedad un concepto mecanicista de automatismo, según el cual las sustancias individuales del autómata social funcionan como órganos de un todo mayor.
El punto crucial que Morelly destaca es que la armonía natural debe equilibrarse con la máquina social (p. 34). La armonía que estos primeros utopistas sociales habían esbozado era precisamente lo contrario de la sociedad contemporánea de su época. Schmückle señala que esta característica los distingue de la «religión de la vida cotidiana» de los últimos apóstoles burgueses de la armonía social (p. 35).
Schmückle destaca que, a diferencia de los primeros utópicos, para los últimos utópicos era importante una especie de empirismo social, una comprensión holística de la sociedad y una referencia más débil a los asuntos del Estado (p. 38). Saint-Simon reconoce el desarrollo industrial como la base principal de la sociedad futura ideal, ya que proporciona las condiciones materiales previas para eliminar la ociosidad y la pobreza. El trabajo, como sustancia básica de todas las capacidades humanas, garantiza la superación de la sociedad actual como tal. Fourier, por el contrario, se centra en las moralidades represivas y en la contradicción entre el dolor y la felicidad. Para Fourier, la fuerza motriz de la sociedad se encuentra en las pasiones, los afectos y los deseos naturales del ser humano. Las relaciones antagónicas de la sociedad son, en última instancia, una cuestión de antagonismos individuales (p. 40). La noción de Fourier de «contradicción armónica y natural» se integra en una «contradicción real» como «mera negación de la negación» de su tiempo (p. 48).
Cuanto más intensamente se enfrentan los nuevos modos de producción económica a los factores y relaciones de producción heredados, y cuanto más penetran en espacios y masas de producción más amplios, más clara se vuelve la visión general de la realidad social y cómo podría conceptualizarse de otra manera (p. 32). El proceso histórico de las relaciones entre los productores y los medios de producción determina la base material de todas las ideas utópicas sobre cómo interpretar y cambiar el mundo. Para Schmückle, es significativo que los primeros utópicos representen las desarmonías sociales del mundo real en sus contraimágenes utópicas (p. 35). Aunque no se refiere directamente a Marx, Schmückle tiene obviamente en mente un pasaje de Las luchas de clases en Francia, donde Marx diferencia a los utópicos de los socialistas doctrinarios:
… La utopía […] subordina todo el movimiento a uno de sus elementos, […] sustituye la producción social común por las cavilaciones del pedante individual y, sobre todo, elimina las necesidades de las luchas de clases revolucionarias mediante pequeños trucos o una gran retórica sentimental […][15]
Schmückle en el Instituto Marx-Engels
La tesis doctoral de Schmückle siguió siendo relevante durante toda su carrera debido a sus trabajos posteriores sobre las teorías estatales y sociales desde Maquiavelo hasta Hegel, y sobre la visión del mundo del joven Marx. Su ensayo sobre la teoría del Estado de Hobbes fue publicado por el Archivo Marx-Engels en ruso en 1930, mientras trabajaba en un proyecto para el Instituto de Fráncfort sobre el desarrollo histórico de las teorías del Estado burgués. Escribió uno de sus últimos ensayos (Historia del Libro de Oro) con motivo del 400 aniversario del nacimiento de Tomás Moro, basado en una entrevista imaginaria con Moro, que viaja a Moscú y hace observaciones sobre la vida cotidiana soviética. La obra tardía de Schmückle sobre el joven Marx y la sociedad burguesa también se dedicó a descubrir las raíces utópicas de Marx desde la perspectiva del Marx posterior.
Tras su graduación, entre 1923 y 1925, Schmückle trabajó como editor y escritor en varios periódicos comunistas, como Freiheit, Bergische Volksstimme, Arbeiter-Zeitung, Rote Fahne yDie Internationale (p. xii). En 1925, a instancias de David Riazanov y con el consejo formal del Instituto de Fráncfort, la dirección del KPD acordó enviar a Schmückle a trabajar al Instituto Marx-Engels de Moscú. Schmückle llegó a la Unión Soviética en 1925 y se afilió al Partido Comunista (Bolchevique) al año siguiente (p. xxi).[16]
Gracias a sus estudios previos sobre los utópicos y los primeros escritos de Marx, Schmückle poseía una considerable experiencia en lo que era muy necesario para el Instituto Marx-Engels. Bajo la dirección de David Riazanov, el Instituto había planeado publicar las obras completas de Marx y Engels desde sus primeros períodos. Schmückle era la persona ideal para este proyecto.
Las obras completas de Marx y Engels (MEGA1) se diseñaron para ser publicadas en 42 volúmenes, sin editar y en sus idiomas originales. Gracias a sus recursos financieros y a los contactos internacionales de Riazanov, el instituto creó un grupo de destacados estudiosos de Marx, como G. E. Czóbel, A. Deborin, G. Lukács, I. Luppol, W. Rohr, I. Rubin, F. Schiller, A. Thalheimer, P. Weller y, por supuesto, K. Schmückle.[17]
Bajo la supervisión de Riazanov, el instituto publicó tres volúmenes de la primera sección (volúmenes I/1.1 (1927), I/1.2 (1929) e I/2 (1930) sobre las obras y escritos de Marx hasta principios de 1844, incluyendo cartas y documentos), y tres volúmenes de la tercera sección (volúmenes III/1 (1929), III/2 (1930) y III/3 (1930) sobre la correspondencia entre Marx y Engels entre 1844 y 1853, 1854 y 1860, y 1861 y 1867) . El instituto también preparó cuatro volúmenes de la primera sección (La ideología alemana en I/5 (1932), las obras de Marx y Engels desde mayo de 1846 hasta marzo de 1848 en I/6 (1932), las obras de Engels desde 1844 hasta julio de 1846 (1932),La sagrada familia y los escritos de Marx de 1844-1845 en I/3 (1932)), y un volumen de la tercera sección (correspondencia de Marx y Engels entre 1868 y 1883 en III/4 (1931)), que se publicaron después de la destitución de Riazanov del instituto y su sustitución por V. Adoratskii (pp. xx-xi). Schmückle fue nombrado editor o colaborador en los volúmenes I/1.1, I/1.2 y III/3. Aunque su nombre no se mencionaba, también había colaborado en los volúmenes I/3, I/5 y III/4. Además de su labor como editor en MEGA1, Schmückle tradujoFundamental Questions of Marxism [Osnovnye Voprosy Marksizma] (1929) de Plejánov y el volumen XVIII de la primera edición alemana de las obras completas de Lenin (p. 325). Además, Schmückle escribió ensayos sobre la comprensión filosófica temprana de Marx y sobre las teorías utópicas del Estado y las filosofías políticas de Moro, Maquiavelo y Hobbes.
Los jóvenes Marx y Engels en MEGA1
El volumen I/1.1 contenía la tesis doctoral de Marx sobre la filosofía griega temprana, sus poemas de 1841, veintiocho artículos que Marx había publicado en el Rheinische Zeitung entre 1842 y 1843 (incluidos Actas de la Sexta Asamblea de la Provincia del Rin, El artículo principal del n.º 179 del Kölnische Zeitung y Justificación del corresponsal del Mosela), las cartas y artículos deDeutsch–Französische Jahrbücher (incluidosSobre la cuestión judía yContribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel), y algunos otros materiales.[18]
A diferencia de la edición en cuatro volúmenes de Franz Mehring, MEGA1 se centró en presentar de forma completa y precisa todo lo publicado o inédito de los jóvenes Marx y Engels (p. 127). Por ejemplo, los siete cuadernos de la tesis doctoral de Marx y los manuscritos preparatorios de la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel se publicaron en MEGA1, mientras que no aparecían en la edición de Mehring. En su prólogo al primer volumen de MEGA1, Riazanov destacó las selecciones arbitrarias y las correcciones editoriales de Mehring. Mehring no incluyó, por ejemplo, el capítulo sobre San Max cuando publicó los materiales deLa ideología alemana, porque no lo consideraba «significativo». Riazanov argumentó que este tipo de manipulación textual oscurecía momentos concretos del y Engels, desde el humanismo feuerbachiano hasta el socialismo científico.[19]
En un ensayo-reseña sobre el primer volumen de MEGA1 escrito paraRote Fahne en 1927, así como en el artículoEl joven Marx y la sociedad burguesa publicado porInternationale Literatur en 1933, Schmückle señaló que la precisión del material de MEGA1 no solo servía para proporcionar una mejor comprensión de la transición de Marx y Engels hacia el materialismo científico, sino que también contrarrestaba las distorsiones y falsificaciones de la crítica antimarxista contemporánea procedente del frente burgués (p. 150). Para Schmückle, el proyecto MEGA1 había frustrado todos los intentos de explotar el hegelianismo temprano y el humanismo feuerbachiano de los jóvenes Marx y Engels con fines anticomunistas burgueses. De hecho, los primeros volúmenes de MEGA1 se dedicaron a documentar el desarrollo científico de Marx y Engels. Por lo tanto, la cuestión de cómo se había producido su cambio hacia una posición más madura requería estudios académicos adicionales. Esto es lo que Schmückle trató de aclarar en su artículo sobre el joven Marx y la sociedad burguesa.
El joven Marx y la sociedad burguesa
Según Schmückle, hay dos formas de ver al Marx temprano: podemos detectar los principales problemas que preocupaban a Marx en sus primeros estudios sobre filosofía y economía, y tratar de comprender cómo el joven Marx conceptualizaba la sociedad, la revolución
y las visiones políticas del mundo, o podemos leer al Marx temprano al revés, es decir, desde el punto de vista del Marx tardío. La primera lectura se centra en la transición de Marx de la dialéctica idealista al materialismo dialéctico, de su crítica de la religión a la crítica del Estado y la sociedad burgueses, y de la emancipación democrática-revolucionaria a la revolución proletaria-comunista radical (p. 163). La segunda lectura sigue el camino que lleva desde la teoría económica tardía de Marx hasta sus fuentes tempranas. Schmückle creía que estas dos lecturas no se alternan, sino que se complementan entre sí. La teoría del fetichismo de Marx en El capital, por ejemplo, es producto de sus estudios económicos tardíos, que se remontan a sus primeras opiniones sobre la sociedad burguesa bajo la influencia de los jóvenes hegelianos y los socialistas utópicos franceses (p. 155).
Marx afirma en sus cuadernos de tesis que todo sistema filosófico debe exponerse desde el punto de vista de su existencia histórica. Todas las determinaciones objetivas deben distinguirse de la «conciencia fenomenológica del sujeto» para poder comprender la verdadera unidad del sujeto y el objeto.[20] Según Schmückle, el concepto griego antiguo del atomismo oficiaba como el concepto más abstracto que abarcaba todas las determinaciones objetivas del mundo, a partir del cual Marx había deducido su principio de subjetividad. Para el Marx temprano, las sustancias son fuerzas sociales que construyen la realidad ideal o espiritual, y el Estado es el órgano central que organiza a todos los agentes sociales que lo rodean (p. 167). Según Schmückle, el punto crucial que Marx destaca no es simplemente que un sistema filosófico esté objetivamente relacionado con el mundo histórico, sino que se trata de «la modalidad de la relación de la filosofía, como conciencia subjetiva, con la realidad». [21]
El primer intento de Marx de invertir la dialéctica hegeliana adquirió un carácter político en sus artículos en el Rheinische Zeitung. Marx defendía en este periodo una visión radicalmente democrática del pueblo como sustancia y sujeto activo del Estado que debe luchar por la forma correcta del Estado, hacer que la ley se convierta en «la expresión consciente de la voluntad del pueblo» y transformar al pueblo de un objeto de opresión del Estado feudal absolutista en un sujeto emancipado de la historia social (p. 173). Schmückle señala que, para el Marx temprano, las cuestiones relativas al sujeto concreto de esta transformación y a los mecanismos internos de los supuestos antagonismos y luchas en la sociedad actual seguían sin estar claras (p. 179) . Más tarde, en su etapa parisina de 1844, Marx acabaría concluyendo que la economía política de la sociedad burguesa proporciona la clave para comprender el desarrollo histórico de las sociedades humanas, y que su reflejo se plasma en superestructuras ideológicas como la política, el derecho y la filosofía (p. 192). Fue entonces cuando la teoría de Marx obtuvo sus primeras ideas sobre el carácter fundamental de la estructura económica que condiciona todas las leyes existenciales y motrices, y las superestructuras de la sociedad burguesa (p. 151).
Para Schmückle, el potencial crítico y el enfoque sistemático de la economía política de Marx alcanzaron su contenido maduro en El capital por varias razones. Marx expresó conscientemente el tema principal y el objetivo último de su crítica de la economía política en El capital: la sociedad burguesa y sus formas concretas de aparición. El propósito de la crítica marxista de la economía política es, en consecuencia, desmitificar las leyes económicas del movimiento de la sociedad burguesa. Para descubrir el núcleo racional de las leyes fundamentales de la sociedad capitalista y separarlo de las capas místicas de las distorsiones ideológicas, Marx tuvo que investigar todas las estructuras, interconexiones, relaciones recíprocas y cadenas causales de la vida económica de la sociedad capitalista (pp. 161-2).
El «mundo encantado, pervertido y al revés», como lo describieron y criticaron en su día los últimos socialistas utópicos, en el que «Monsieur le Capital y Madame la Terre hacen su como personajes sociales», fue reconocido por el difunto Marx como una imagen invertida de cámara oscura del mundo real que debía volver a ponerse en pie.[22]El Capital se dedicó a desentrañar las distorsiones ideológicas y los reflejos acríticos de las relaciones económicas de producción, el fetichismo de las mercancías, el desarrollo de las inversiones sujeto-objeto y la reificación genética a partir de la lógica misma de los procesos capitalistas de producción y acumulación (p. 106).
El Instituto Marx-Engels en 1931 y después
En febrero de 1931, la Dirección Política Estatal Conjunta [OGPU] realizó una redada en el Instituto Marx-Engels. Cerró el instituto durante más de una semana, registró todas las salas, archivos, bibliotecas, manuscritos y materiales impresos, e interrogó a los colaboradores del instituto. Los funcionarios de la OGPU buscaban una colección de documentos sobre los mencheviques entregados a David Riazanov por uno de los miembros del instituto, un conocido estudioso de Marx antiguo partidario del Bund judío y menchevique, Isaak Iljič Rubin. En diciembre de 1930, Rubin fue acusado de ser miembro de una organización contrarrevolucionaria menchevique y enviado a prisión en marzo de 1931.[23] Durante el interrogatorio, Rubin implicó a Riazanov en la conspiración menchevique. Con la división del instituto, Riazanov fue destituido de la dirección y deportado a Saratov.[24] Riazanov negó todas las acusaciones y declaró en su juicio que no había cometido ningún delito.[25]
Tras la sustitución de Riazanov por Adoratskii en febrero de 1931, el Comité Central del Partido organizó una comisión para reformar el instituto (p. xxxix) . Los miembros de la comisión fueron encargados de evaluar y redactar informes sobre los 243 miembros anteriores del instituto y votaron a favor de la expulsión de 109 miembros no afiliados al partido y 22 miembros afiliados. En uno de estos informes, Schmückle había sido descrito como «útil, siempre que haya un liderazgo fuerte en el instituto». Georg Lukács, por poner otro ejemplo, había sido calificado como un «compañero de trabajo honesto y leal». Basándose en sus «opiniones filosóficas, [Lukács] no es marxista». La esposa de Schmückle, Anne Bernfeld-Schmückle, no fue considerada fiable. Dado que casi todos los académicos destacados fueron eliminados en la purga, se pidió a un miembro de la comisión que preparara una nueva lista de candidatos académicos (pp. xl-xli). Tanto el instituto como el proyecto MEGA1 sobrevivieron hasta la segunda oleada de purgas de finales de la década de 1930, asociada a los famosos juicios de Moscú.
Inmediatamente después de su expulsión del instituto en 1931, Schmückle comenzó a trabajar para diferentes periódicos políticos y literarios, entre ellos el diario Deutsche Zentral-Zeitung entre 1931 y 1934, y la revista bimestral Internationale Literatur entre 1934 y 1938 (p. xlv). El ensayo de Schmückle sobre los primeros años de Marx y la sociedad burguesa fue publicado por Internationale Literatur con motivo del quincuagésimo aniversario de la muerte de Karl Marx. Schmückle también se convirtió en miembro de la división alemana de la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios [IVRS] en 1932, participó como editor en proyectos conjuntos entre la IVRS y editoriales con sede en Moscú, y publicó obras de Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht y Clara Zetkin (p. xlviii).
Internationale Literatur publicó dos notables ensayos de Schmückle sobre Don Quijote de Cervantes en 1936. Schmückle conocía la novela desde hacía mucho tiempo, pero Cervantes cobró importancia política especialmente después de que Don Quijote fuera atacado por el poeta fascista español Ernesto Jiménez Caballero en 1932. Caballero había afirmado que la novela de Cervantes contenía elementos estrechamente vinculados a las ideas de la Ilustración temprana y el bolchevismo. Tras el golpe de Estado de Franco en 1936, se había desatado una inmensa campaña para difamar a Cervantes. Schmückle consideraba importante Don Quichotte, no solo porque reflejaba el trasfondo histórico y literario de los antagonismos de clase contemporáneos en España, o porque los fascistas la utilizaban contra el bolchevismo, sino también porque Schmückle había encontrado en ella vínculos ocultos entre la dialéctica humorística de la fantasía y la realidad, y las inversiones de la sociedad burguesa que criticaban los utopistas sociales y Marx (p. 281).
El tribunal del partido contra Schmückle en 1936
El llamado « Bloque Contrarrevolucionario Trotskista-Zinóvievista», acusado de planear el asesinato de Stalin y otros líderes soviéticos, incluido Kirov, en 1934, supuestamente había sido una amenaza activa para la dirección soviética desde principios de la década de 1930. Las declaraciones previas al juicio y las confesiones de Zinóviev y Kámenev describían una oposición interna al partido que se había mantenido desde 1932. [26] La mayor parte de las detenciones supuestamente relacionadas con la conspiración trotskista fueron de cuadros dirigentes. Desde que se descubrió la conspiración militar de Tujachevski en 1937, la dirección del partido actuó con rapidez contra todo lo que tuviera que ver con el bloque trotskista y la interrelación entre las conspiraciones antisoviéticas. Los antiguos miembros del Instituto Marx-Engels, previamente condenados, fueron interrogados y se investigaron sus identidades, sus relaciones personales y profesionales y sus opiniones ideológicas. Karl Schmückle fue uno de ellos.
Como consecuencia de las campañas mediáticas masivas contra las conspiraciones antisoviéticas, el Literaturnaia Gazeta del 27 de agosto de 1936 y, dos días después, elDeutsche Zentral-Zeitung, denunciaron a Schmückle como traidor trotskista. Bajo la presidencia del escritor húngaro Alexander Barta, se pidió a dieciocho escritores y tres funcionarios del Partido (entre ellos Hans Günther, Hugo Huppert, Alfred Kurella y Georg Lukács)[27] se les pidió que participaran en una sesión cerrada del Partido (del 4 al 9 de septiembre de 1936) para investigar a los enemigos internos del Partido, los trotskistas y los desviados dentro de los círculos científicos, filosóficos y literarios soviéticos (p. lxxi).
Algunos se quejaron de que se sentían amenazados y desafiados por Schmückle. Otros lo elogiaron a él y a su valiosa labor. Georg Lukács, por su parte, afirmó que Schmückle era un «enemigo del partido» y un «contrarrevolucionario» que se había escondido tras la «máscara de un hombre leal al partido». Lukács votó a favor de la liquidación de Schmückle y sugirió que se investigaran sus contactos personales. Según Günther, Schmückle era un oportunista y un enemigo oculto, además de amigo íntimo de Heinrich Süßkind, que había sido detenido recientemente (9 de agosto de 1936) por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos [NKVD]. Por último, Huppert hizo acusaciones sobre la hostilidad de Schmückle hacia el Partido (pp. lxxiii-lxxv). Schmückle fue incluido en la llamada operación alemana de la NKVD, arrestado el 30 de noviembre de 1937 por espionaje y ejecutado el 14 de marzo de 1938 (p. lxxii).
El legado de Karl Schmückle
Karl Schmückle, como muchos otros, fue rehabilitado a finales de la década de 1950 por el Tribunal Militar de Moscú. Fue una de las víctimas de las purgas soviéticas de la década de 1930 y compartió el mismo destino que muchos intelectuales creativos de la antigua Unión Soviética. La documenta no solo la obra de Schmückle, sino que también representa la temprana colaboración internacional en los estudios marxistas entre Alemania y la Unión Soviética, y constituye una fuente muy útil y una contribución muy valiosa para nuestra comprensión contemporánea de la historia del marxismo.
La mayor contribución de Schmückle fue, quizás, su concepción original del fenómeno de la utopía. La tradición marxista del siglo XX había sido, en su mayor parte, fuertemente antipática al utopismo, como señala Ruth Levitas. La utopía se asociaba normalmente con una «construcción de planos de una sociedad futura que son incapaces de realizarse».[28] Pero el mismo utopismo también fue atribuido al marxismo por sus oponentes. Ciertamente, hubo excepciones notables, como Alexandr A. Bogdanov, Walter Benjamin o Ernst Bloch. Sin embargo, solo una minoría compartía la idea de que las concepciones utópicas pueden ser valiosas para el pensamiento marxista. Schmückle no pretendía utilizar el concepto de utopía para justificar cualquier cosa que rechazara crudamente la sociedad burguesa, ni para especular simplemente sobre una sociedad futura. Más bien encontró un potencial crítico y fructífero en la narrativa utópica.
Las utopías son valiosas no porque se alejen del tiempo y el lugar concretos, o de los hechos históricos y los sujetos reales de la sociedad, sino porque expresan los síntomas de la desintegración social, representan estructuras anticipatorias del pasado y señalan impulsos transformadores dentro de la sociedad actual. Schmückle, a diferencia de Caballero, no teme, sino que abraza lo que nos hace experimentar el Don Quijote de Cervantes, a saber, una burla inteligente de nuestra propia incapacidad para dominar las contradicciones sociales entre el presente y el pasado, lo real y lo imaginario, o lo esencial y lo ilusorio. La utopía suspende por un tiempo lo que algo es y, al hacerlo, nos permite, al menos intuitivamente, intuir cómo podría ser de otra manera. Dejaré la última palabra al joven Marx para articular la función de la utopía:
… nada nos impide hacer de la crítica de la política, de la participación en la política y, por tanto, de las luchas reales, el punto de partida de nuestra crítica, e identificar nuestra crítica con ellas. En ese caso, no nos enfrentamos al mundo de forma doctrinaria con un nuevo principio: «¡Aquí está la verdad, arrodillaos ante ella!». Desarrollamos nuevos principios para el mundo a partir de los propios principios del mundo. … Simplemente mostramos al mundo por lo que realmente ha estado luchando, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera. La reforma de la conciencia consisteúnicamente en hacer que el mundo tome conciencia de su propia conciencia, en despertarlo de su sueño sobre sí mismo, enexplicarle el significado de sus propias acciones. … Entonces se hará evidente que el mundo ha soñado durante mucho tiempo con poseer algo de lo que solo tiene que ser consciente para poseerlo en realidad.[29]
Referencias
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Notas
[1] Me gustaría dar las gracias a Chris O’Kane por su revisión, y al revisor anónimo por sus comentarios y sugerencias alentadoras sobre una versión anterior de este artículo.
[2] Schleier 1982.
[3] Schmückle 1929; Shmyukle 1929.
[4] Müller 1991, pp. 76-9; Müller 2005. Véase también Litvin 1999, p. 217.
[5] Anderson 1989, p. 29.
[6] Anderson 1989, p. 32.
[7] Anderson 1989, p. 29. Los orígenes sociales de Schmückle, su orientación política, el motivo de su desplazamiento geográfico y la causa de su muerte también fueron diferentes a los de otros «marxistas occidentales». A diferencia de Lukács et al., su padre era leñador. A principios de la década de 1920 se convirtió en miembro activo del KPD y emigró a la Unión Soviética. Allí se afilió al Partido Bolchevique y permaneció fiel a sus partidos hasta que fue acusado de espionaje. Irónicamente, uno de los nombres que reforzó la afirmación de que Schmückle era un «enemigo oculto» del pueblo soviético fue el del propio Lukács. A diferencia de Schmückle, Lukács no se enfrentó a ninguna pena de muerte y pudo regresar a su país natal después de la Segunda Guerra Mundial. Teniendo en cuenta que muchos marxistas occidentales escaparon del peligro fascista a la Unión Soviética, el caso de Schmückle dista mucho de ser «único» o una mera «excepción».
[8]Žižek 2000, p. 151.
[9] Jacoby 2001, p. 2.
[10] Jacoby 2001, p. 4.
[11] Fracchia 2013, p. 89.
[12] La afirmación de Perry Anderson de que la primera generación del llamado «marxismo occidental» «nunca se había integrado en el sistema universitario» es simplemente errónea. Cuando Schmückle asistía a las clases de Korsch en Jena, este ya era profesor en la facultad de Derecho y en 1923 pasó a ser catedrático. Véase Anderson 1989, p. 49.
[13] Aquí, la mención de Röhr al académico japonés podría ser un error tipográfico. Sin embargo, Fukumoto Kazuo (1894-1983), el famoso teórico del Partido Comunista Japonés, que fue a Alemania a estudiar, se unió al Partido Comunista de Alemania (KPD) y luego se marchó a Japón en 1924, parece la persona más probable que haya participado en la reunión. Aparte de esta conjetura, cabe mencionar que la lista de Martin Jay no incluye a Fukumoto en absoluto. Véase Jay 1973, p. 5. Jan Hoff, por el contrario, nos asegura que el nombre de este académico era Fukumoto Kazuo. Véase Hoff 2009, pp. 19, 78, 97, 98.
[14] En su compendio sobre la utopía, Frank y Fritzie Manuel mencionan que Maksim Gorkii había leído La ciudad del sol de Campanella cuando estaba en Italia, que había hablado de ella con Lunacharksii y Lenin, y que la descripción de la ciencia que hacía Campanella se convirtió en una inspiración para el discurso oficial del realismo socialista. Véase Manuel y Manuel 1997, p. 272.
[15] Marx 1978, pp. 126-7; Marx 1960, p. 89.
[16] La afirmación de Röhr de que Schmückle se convirtió en miembro del PCUS es errónea. Cuando Schmückle llegó a la Unión Soviética, el nombre del partido era «Partido Comunista de toda la Unión de Bolcheviques — VKP(B)». El partido no cambió su nombre por el de Partido Comunista de la Unión Soviética (KPSS) hasta 1952.
[17] Hecker 1994, p. 150.
[18] Zhao 2014, p. 19; véase también Mehring 1923, pp. vii-ix; Langkau 1983, p. 120.
[19] Véase Rjasanow 2007, pp. 1100-1.
[20] Marx 1975b, p. 506; Marx 1968, p. 246.
[21] Marx 1975b, p. 492; Marx 1968, p. 218.
[22] Marx 1998, p. 817; Marx 2004, p. 804.
[23] Vasina 1994, p. 149.
[24] Burkhard 1985, p. 46.
[25] Riazanov 1995.
[26] Getty 1987, p. 122.
[27] La implicación de Lukács en el caso Schmückle refuta la afirmación de Perry Anderson de que «a partir de 1929, Lukács dejó de ser un militante político y se limitó a la crítica literaria y la filosofía en su trabajo intelectual». Véase Anderson 1989, p. 31.
[28] Levitas 2010, p. 41.
[29] Marx 1975a, p. 144; Marx 1982, p. 488.