«Comentarios a las 13 tesis de T., J. y F.»[1] es el título de uno de los últimos escritos de Manuel Sacristán. Está fechado en julio de 1985, unas semanas antes de su fallecimiento el 27 de agosto del mismo año.
Pretendo dar cuenta en esta nota de algunas de sus últimas reflexiones político-filosóficas tomando pie en estas observaciones suyas al artículo de Toni Domènech, Jordi Guiu y Félix Ovejero cuya primera versión, la que Sacristán analiza y comenta, llevaba fecha de junio de 1985. El trabajo de los entonces miembros del colectivo editor de mientras tanto se publicó2, fallecido Sacristán, en el número 26 de la revista con el título: «13 tesis sobre el futuro de la izquierda»3.
Un apretado y brevísimo resumen de la situación en aquel tiempo: el ultraconservador y belicista Ronald Reagan era entonces presidente de EEUU y la neoliberal, antiobrera y pinochetista Margaret Thatcher primera ministra inglesa (Karl Popper era uno de sus asesores). Gorbachov acababa de ser nombrado primer secretario general del PCUS. Se hablaba entonces con realismo, sin alarmismo exagerado, de la probabilidad de una guerra nuclear en territorio europeo. Las movilizaciones pacifistas eran masivas en varios países. España, que aún no formaba parte de la Comunidad Económica Europa (CEE, la futura UE), en vanguardia antibelicista. En el movimiento antiotánico español eran muy activos varios partidos de la izquierda comunista (MC, LCR). Desde octubre de 1982, el PSOE gobernaba con mayoría absoluta. El desmantelamiento industrial estaba en marcha (Miguel Boyer era el topoderoso Ministro de Economía); también el largo proceso privatizador. El PCE-PSUC, que tuvo un mal resultado electoral en las eleccciones 1982, contaba con un pequeño grupo parlamentario de cuatro miembros. Santiago Carrillo había dimitido de la secretaría general del PCE en diciembre de 1982; Gerardo Iglesias, un exminero asturiano, fue elegido nuevo secretario general del partido. Antoni Gutiérrez Díaz era el secretario general del PSUC, sustituido poco después por Rafael Ribó.
Sacristán abre sus comentarios al artículo de sus jóvenes compañeros con elogios. «La primera versión de las tesis presenta varias ideas felices con buenos argumentos». Era uno de los dos o tres escritos políticos más importantes «producidos hasta ahora en el ambiente de la revista (no digo “en el colectivo de la revista” porque tengo entendido que sus autores prefieren ver el texto propio sólo de ellos)». La calidad del texto le invitaba a trabajar sobre él, «razón por la cual, en vez de componer un texto seguido por mi parte, he preferido discutir al hilo de las tesis las cosas que me parecen dudosas y precisar mis críticas y discrepancias.»