El razonable e informado artículo del profesor Julio César Guanche lleva por título «Cuba hoy: Patria, pueblo y soberanía». Añado una magnífica reflexión complementaria del profesor José Luis Martín Ramos (y un apunte final, también suyo).
Cuba hoy: Patria, pueblo y soberanía
Julio César Guanche, OnCuba
Algunas claves de la actual crisis y algunas propuestas.
El presidente Díaz Canel acaba de hacer un llamado “a la unidad de los cubanos”, al respeto de los cubanos, despojándonos de cualquier sentimiento de odio…”.1 En la circunstancia concreta, respecto al domingo pasado, es una declaración que puede ser muy importante.
A la vez, existe ya una historia de tres días documentada en videos confirmados que jamás se borrarán de la memoria nacional. Hay que hacer todo el esfuerzo cívico y patriótico para procesar el escenario de modos que mejoren las soluciones, y no empeoren aún más la crisis que vive la nación.
Quién es el pueblo de Cuba.
El artículo 3 de la Constitución regula que la soberanía reside en el pueblo: “del cual dimana todo el poder del Estado”. Ese texto —aprobado por 86% de votos— obliga a respetar la soberanía popular y los derechos fundamentales.
El derecho de resistencia se regula contra “cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”, e incluye todas las vías. Por ser un recurso extremo, requiere el empleo previo de otros recursos.
El primero es buscarle soluciones políticas a la protesta. Luego, declarar el estado de emergencia con garantías para los derechos fundamentales. Saltarse todo eso, y pretender sin más el “derecho de resistencia” sería un uso ilegítimo, y plantearía un escenario completamente trágico para la nación.
El nacionalismo democrático (inclusivo, antimperialista, antixenofóbico) es uno de los contenidos más fuertes de la historia cubana hasta hoy. El contenido popular es su clave. En las calles cubanas no están los esclavistas del XIX, los oligarcas de 1912, los granburgueses de 1952.
Está el pueblo de Cuba, o parte de él, que es tan pueblo como el resto, guste o no como hable, como actúe o como piense. El pueblo cubano, en su conjunto, es el soberano. El estado cubano está obligado a escucharlo, a respetarlo y a protegerlo.
Los llamados de cubanos a la intervención y a la violencia en el caos
Existe un llamado a la intervención estadunidense por partes del sector extremista del exilio cubano. Pagan por acciones violentas, producen a conciencia noticias falsas, incentivan a incendiar, saquear bienes, matar policías y a “poner el cuerpo” desde la trinchera de sus teléfonos. Cualquiera sea el resultado de esta situación, y de lo que se sufra en Cuba, van a seguir en su lugar.
Esa línea —que en caso alguno es todo el exilio, y menos la diáspora cubana— hará todo lo que tenga que hacer para lograr su versión del ya “se acabó”. Es imprescindible, en mi entender, distanciarse y oponerse a esa agenda por parte del espectro patriótico cubano, por radicales que sean las impugnaciones que se tengan sobre el Estado y el estado de la Isla.
En ningún caso, esa zona explica toda la protesta ni transfiere automáticamente su agenda a todos los que protestan. Es imprescindible distinguir y separar el uso instrumental de esas exhortaciones a la violencia civil, de las demandas y sujetos populares que hacen parte del escenario, y reconocer el espectro de las demandas en pugna.
El hecho de la intervención en sí es absolutamente inaceptable, pero más allá de su posibilidad real, la mera percepción de la amenaza de intervención incentiva el cierre de todo el campo posible de críticas hacia lo interno, y lo traslada hacia la defensa compacta de la nación, con justo derecho.
Cuba tiene un serio problema con la política estadunidense, pero también tiene problemas consigo misma y es imprescindible abrir el espacio para encararlos.
Los Estados Unidos y el golpe blando
El presidente Biden ha continuado la política de sanciones, y no la ha modificado incluso en medio de la fase más grave de la pandemia. La política de bloqueo es una afrenta a la nación cubana, por ser de orden estrictamente colonial, y es un crimen contra el pueblo cubano. La actitud de Biden contradice la propia política que defendió durante la administración Obama, que aseguró que no podían alcanzarse nuevos objetivos a través de medios fracasados.
El que piense que esta situación empieza y termina aquí, o que solo se explica por el “golpe blando”, confunde el centro del problema.
El proyecto del golpe blando ha sido una realidad en varios procesos alrededor del mundo. El que sea agente comprobado de ese interés debe responder por ello, por ponerse al servicio de una potencia extranjera, pero no se puede cubrir toda la protesta social como si fuese una completa creación de tal empeño.
El uso desmedido de ese enfoque comporta un gran peligro político: no deja espacio a la legitimidad de ninguna demanda social que se exprese bajo protesta. Esa comprensión solo puede conducir a la represión de toda protesta. Reconocer la legitimidad de demandas que están hoy en juego es un golpe fuerte contra cualquier pretensión de golpe blando.
Qué se puede hacer
Se pueden y deben hacer algunas cosas ahora mismo. Comparto las siguientes desde la urgencia y la necesidad de ser útil, seguramente insuficientes, pero no irrelevantes.
Detener de inmediato toda represión policial sobre población desarmada, que se exprese pacíficamente. Contener con normas de proporcionalidad, y reglas claras de responsabilidad, las acciones violentas civiles contra personas y bienes. Prohibir el uso de armas letales excepto en caso inminente de peligro de muerte para cualquier persona. Ningún militar vestido de civil en la calle. Ninguna convocatoria a centros de trabajo, unidades del servicio militar, etc, a participar de respuestas violentas contra protestas.
Asimismo, procesar solo a personas que hayan cometido delitos graves sobre otras personas o bienes, teniendo en cuenta la gravedad de las consecuencias y el contexto en el que se produjo. Promesa, con garantías, de revisar la actuación policial con sanción firme para casos de excesos, con información precisa sobre los detenidos, retirada de cargos para todos los manifestantes pacíficos, y debido proceso para los actores civiles de violencia con daños calificables acorde a Derecho. Asegurar el servicio de internet. Facilitación de servicios de chequeo de fake news. Convocatoria a la paz social, en sentido fuerte, con ampliación y aplicación de derechos de participación y expresión, como el de manifestación pacífica.
También, adelanto urgente del plan legislativo de todas las leyes pendientes relacionadas con derechos civiles y políticos. Aceleración y puesta en práctica inmediata, con información precisa de sus cronogramas, de medidas de beneficio popular, como impulso mayor a los proyectos de producir alimentos en el ámbito nacional, con suspensión temporal de inversiones de largo plazo, y su recolocación en planes sociales de emergencia (ya se anunciaron medidas de este tipo, pero es necesario mucho más), con medidas renovadas de protección social especiales para los sectores más desfavorecidos como la vejez, los hogares unipersonales de personas con bajos ingresos, las madres solteras, y los barrios más empobrecidos, con beneficios aduanales para productos de primera necesidad, y con la aceleración de la revisión y aceptación de demandas de la emigración cubana sobre sus derechos en y sobre el país.
Ya sabemos que Diubis Laurencio Tejeda ha muerto. Se ha repetido por años que el “primer muerto” sería un beneficio para el programa oficial estadunidense de agresión contra Cuba, pero hay algo anterior a ello: es la ética revolucionaria de la vida, para la que resulta intolerable un solo muerto, sea del “bando” que sea, y “beneficie a quien beneficie” su muerte.
Parte de esa ética es plantearse a fondo la pregunta sobre las causas de la rabia política y el odio radical que hemos visto recorrer el país, más allá de etiquetas como los “odiadores de siempre”, o los “mercenarios habituales”, que solo estigmatizan, esconden y reproducen el problema.
La protesta pacífica es un derecho, no lo es agredir personas ni bienes sociales. Todos los revolucionarios tienen derecho a defender sus convicciones, también de modo pacífico. Ni golpe blando, ni bloqueo, sí democratización, como decía Martí: pan y libertad, que como el verso, o se salvan juntos, o se condenan los dos.
Nota:
1 La cita completa es esta: “Díaz-Canel hizo un llamado “a la unidad de los cubanos, y llamando al respeto de los cubanos, despojándonos de cualquier sentimiento de odio, despojándonos de cualquier vulgaridad, de cualquier comportamiento indecente pero por supuesto exigiendo las normas de disciplina, las normas que garantizan en nuestra sociedad esa tranquilidad social. Y ya veremos, cuando en otro momento evaluemos lo que significó este momento y lo que quisieron hacer con Cuba y con nuestro pueblo, (…) cuánta mentira, cuánto odio, cuánta saña, cuánta maldad se calculó para todo esto”.
Fuente: https://oncubanews.com/opinion/columnas/la-vida-de-nosotros/cuba-hoy-patria-pueblo-y-soberania/
El comentario del historiador José Luis Martín Ramos:
Comparto por completo la sustancia del artículo, prudente, no sectario y tampoco iluso. Me sirve para aclarar mi posición ante comentarios de amigos, que todavía no había respondido.
Es indiscutible que Cuba está en un pésimo momento, y también lo es que desgraciadamente -como en otras partes- la pandemia ha bloqueado la agenda política del gobierno cubano, presentada en el relevo de Raúl Castro por Díaz Canel (por cierto, Raul Castró dejó las funciones ejecutivas, pero nunca entendí que abandona el Comité Central del PC Cubano). Eso ha incrementado el descontento; yo respeto ese descontento, desde luego, pero también respeto la intención reformadora de aquella agenda, lo que no me impide considerar que tiene un déficit que algún día, es urgente, tendrá que abordar. A eso voy. Como me «duele Cuba», quizás más que España, no he aceptado toda la desinformación manipuladora de los medios (que en este caso ha tenido alguna excepción en TV3 -¡cosas de la vida!- que relacionó ayer la muerte del manifestante con el intento de asalto a una comisaría). Hay un curioso relato único, incluso en muchos términos en los medios, incluido el comentario de Paolo Flores d’Arcais en La Reppublica; por eso os he pasado las informaciones de dos medios cuya honradez reconozco, La Jornada y Pagina12, por encima de discrepancias puntuales. Y por eso ayer estuve hasta la madrugada viendo las imágenes colgadas en youtube, la inmensa mayoría por youtubers y medios anticastristas. Conclusión que saqué: manifestaciones de cientos en decenas de lugares, pero no vi ninguna de miles, excepto la falsa del Malecón de La Habana; grupos de todo tipo, heterogéneos, que pueden sugerir tanto «espontaneidad» – el curso de los hechos lo desmiente- como la presencia de una convocatoria que los une. También los une una determinada simbología: el «patria y vida», los motivos de las camisetas que llevan, muy admiradores del american way on life, la invocación a la libertad que se hace mayoritariamente en términos del libertarismo individual… En un video de ellos se anunciaba 30.000 manifestantes ante el Capitolio de La Habana; lo que proyectaba quedaba muy de lejos de esa cifra: había un par o tres de concentraciones de 300 o poco más, una de ella era de gente nada mal vestida, otro el que más enfocaba la cámara de jóvenes con pelo teñido, algunos de ellos claramente del colectivo gay, que respondían al problema que no solo el gobierno cubano sino la sociedad cubana tiene sobre ese tema (no hablo del problema contrario que tenemos aquí); en ningún momento son hostigados por la policía, todo lo más pasan entre medio un par de coches patrullas, esquivando a la gente; lo más significativo fue que sobre el minuto 10 de la proyección aparecieron un grupo de individuos -media docena- que fueron los que pusieron el sentido político, con dos banderas cubanas y los consabidos carteles de Libertad y Patria y vida, individuos que no habían estado en la dinámica anterior.
Resumo. Existe un problema de fondo. Aeso se ha añadido el impacto de la pandemia. Pero para mí es indudable que este episodio ha tenido un detonante, o como lo queráis llamar, que es la campaña de la «intervención humanitaria» impulsada desde Miami. A día de hoy no parece que las cosas vayan a más, por el momento, a pesar de que en los medios de desinformación se sigue «expectante» ante la continuidad de las manifestaciones.
Os añado otra información diferente, la de Russia Today, que me ha escamado un poco por su escasa contundencia en este caso (¿cambiaron algún cromo Putin y Biden?, del tipo de tú no te metas en el patio de mi casa que yo no me meteré en el tuyo): https://actualidad.rt.com/actualidad/397802-tranquilidad-volver-cuba-campana-mediatica
Toda mi esperanza en este momento está en el PC de Cuba y el gobierno cubano, porque de la heterogeneidad de la protesta y de todas las circunstancias que la han envuelto no puede traducirse hoy por hoy otra cosa que un vuelco, un giro de la tortilla que solo tendría un vencedor: el contingente de Miami. Solo este puede dar unidad política a las protestas, potenciación mediática y financiación.
Cuba tiene 11,5 millones de habitantes. En EEUU hay unos dos millones de cubamericanos, que están deseosos de que el sistema político cubano actual se hunda, no para volver -¡cómo van a volver con lo bien que viven en EEUU!- sino para volver a controlar económicamente la isla, como lo hicieron sus abuelos antes de 1959, los socios o correveidiles de Sam Giancana y compañía. Ojo con no querer mirar ese lado de la cuestión.
Ahora bien es cierto que hasta ahora el PC Cubano sigue en el mismo error economicista que ha dominado al movimiento comunista, salvo excepciones, y que heredó del marxismo político de la Segunda Internacional. La creencia -porque es una creencia- de que los procesos económicos determinaran los cursos políticos. El error que llevó a la URSS a adoptar la NEP, pero al propio tiempo no abrir la mano de la pluralidad política (en el sentido amplio y no estrictamente de partido, aunque también) sino al contrario. Fue el error subyacente también en los debates soviéticos de los años 60/80 sobre la incorporación a la economía planificada de mecanismos de mercado y técnicas empresariales como gran panacea para frenar el declive del sistema.
En eso estoy de acuerdo con A. A las reformas económicas han de acompañarlas reformas políticas y reformas institucionales, para incorporar sin miedo el reconocimiento de la pluralidad, el desarrollo de la democracia; aunque no caigamos tampoco en considerar que la única forma posible de reconocer institucionalmente la pluralidad y organizar la democracia sea la de la democracia parlamentaria liberal.
¿Confío en que el PC Cubano sea capaz de hacerlo? Digamos que, hoy por hoy y a pesar de todo, confío más en eso que en las propuestas de Biden y el exilio de Miami y que la frágil, heterogénea y dispersa oposición que existe en Cuba.
Su apunte final:
El otro día en La Sexta, que está patinando a gusto en la cuestión, una tertuliana, de esos periodistas políticos que tienen en culo de hierro en las tertulias, dijo: pero bueno, vamos a ver, yo estoy contra el bloqueo, pero el bloqueo no explica el comportamiento del régimen cubano. Es una frase que se está repitiendo mucho. Pero es precisamente al revés: cuando triunfa la revolución lo hace liderada por un movimiento al que en última instancia se une el Partido Comunista de Cuba – que por razón de clandestinidad tenía el nombre de Partido Socialista Popular. En sus tres primeros años el régimen revolucionario era pluralista, pero esa situación fue cambiando como reacción/respuesta a las sucesivas agresiones del gobierno de EEUU, instigadas por la Mafia – que perdió los Casinos y el gran prostíbulo que era la isla para los turistas norteamericanos (como Tailandia, si)- y la oligarquía expropiada que se refugia, con sus dólares – no es el exilio republicano de 1939- en Miami. Primero el bloqueo, que se inicia ya en 1960, luego la invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961; tras esa invasión el grupo dirigente revolucionario decide agrupar las tres formaciones que integran el gobierno revolucionario, en una plataforma conjunta, en julio de aquel año. En febrero-marzo de 1962 Kennedy generaliza el bloqueo y lo hace indefinido, como alternativa «blanda» al fracaso de la intervención militar. Es entonces cuando se decide estrechar filas y constituir un solo partido, el Partido Unido de la Revolución Socialista, en marzo de 1962, en el que los cuadros del PC, empezando por su secretario general Aníbal Escalante, quedan en minoría; EScalante finalmente será expulsado y una parte de esos cuadros abandonará Cuba para unirse al exilio anticastrista (en del Departamento de Historia de Editorial Planeta trabajaba uno de ellos, un burócrata amargado al que con gusto hacíamos el vacío).
De manera que el bloqueo no responde a la instauración de la dictadura, responde a la identificación del gobierno de EEUU con los intereses privados de la oligarquía cubana y la mafia americana expropiada (aunque es una reconstrucción novelada, que mezcla hechos probados y hechos supuestos, os aconsejo la lectura de la novela de James Ellroy, América, el verano es un buen momento para eso). La deriva hacia el partido único y una situación de hecho de excepción política fue la reacción al bloqueo. Salvando todas las distancias, pasó como con la revolución rusa, que en el transcurso de la guerra civil pasó del pluralismo inicial (que se mantenía después del golpe de octubre) a la existencia de un solo partido. Con una diferencia, yo siempre he considerada que acabada la guerra civil se tenía que haber restablecido el pluralismo, con el sector de los socialistas-revolucionarios y de los mencheviques de izquierda que habían defendido al estado soviético o no se habían incorporado abiertamente a los Ejércitos Blancos, y que limitarse a reformas económicas, en 1921, fue un grave error estratégico que marcó toda la historia posterior de la URSS y lastró al movimiento comunista; considero, espero, que los cubanos no caigan en el mismo error, pero el problema es que, en su caso, el bloqueo no ha acabado y la amenaza de intervención militar sobre la isla nunca se ha despejado.
Pienso que si Cuba en estos momentos hace cualquier movimiento político en favor de la pluralidad liberal, estilo Europa, primero, el bloqueo sería más duro, porque los EE.UU. sabrían que aciertan con esa medida, y, segundo, a Cuba le quedaría muy poca existencia como país independiente de su vecino, muy cercano, del norte.
Ahora, creo que toca apoyar sin reservas a ese país.