Una reflexión del profesor Gerard Martín, miembro de Espai Marx.
Hola a todos,
Por si es de vuestro interés, os informo de las jornadas de huelga del profesorado que se están dando en Catalunya estas semanas, y que tendrán continuidad, al menos, mañana y pasado mañana.
Los motivos de las mismas, en general, son por todos conocidos: el caos educativo al que, desde hace años, nos dirigimos. Desde hace años, es decir, cuando las nuevas pedagogías = … = nuevas prácticas y la aparición de la escuela «inclusiva» se impusieron sin medios en las aulas, junto con la creciente precarización laboral sufrida por el profesorado y social por parte de alumnado-familias, especialmente a partir del Covid.
En particular, las reclamaciones se centran en cuatro aspectos: 1. Más recursos educativos y humanos, 2. Menos burocracia, 3. Mayores salarios y 4. Bajada de las ratios de alumnado en las aulas. Excepto la del salario (pese a la pérdida de poder adquisitivo vivida en las últimas décadas y agravios comparativos varios), son reclamaciones imprescindibles para un colectivo sobreexplotado y extenuado ante la falta de un criterio educativo mínimamente sensato y la complejidad actual de la sociedad.
La anterior huelga, el 11 de febrero, tuvo un seguimiento masivo por parte del profesorado, que se movilizó como hacía muchos años que no lo hacía (al menos 4 de cada 10) y además con, me parece, un nivel de convencimiento no conocido todavía por mí.
La respuesta de Ensenyament y de UGT y CCOO fue un «acuerdo de país» que calificaron como «histórico» «y de lucha de clases» «i tan bo», pero que, en una encuesta realizada por los sindicatos no firmantes, rechazó una enorme mayoría (casi un 95%). Aunque supongo que no es de vuestro principal interés, aquí tenéis una tabla sobre las reclamaciones y los acuerdos…
Supongo que os podéis hacer una idea de lo que significa que, en un aula, podamos llegar a tener 30 alumnos (entre ellos autistas, discapacitados de distinta gravedad, con trastornos de conducta o necesidades socioeconómicas de distinto tipo), trabajando con ordenadores y un plan de contenidos que es un disparate. Todo ello, con prácticamente las mismas horas lectivas que tenía, por ejemplo, J. cuando se jubiló.
Desconozco cómo irán las huelgas de mañana y pasado, o, después de estas, qué seguirá, y qué respuesta habrá d’Ensenyament y a la respuesta de Ensenyament. Todos tenemos muy claro que esto no puede continuar así, pero nadie sabe en qué sentido. Yo, en particular, pienso que es evidente que el problema principal, no es, tampoco aquí, institucional. Es un problema social mayoritario ante el cual la institución educativa pública (no así la privada) se ha convertido en «antisocial», siendo de los poquísimos estamentos en que, pese a todo, se cultivan un tipo de relaciones interpersonales en los futuros ciudadanos, en buena parte, ajenas a la explotación, el interés privado o la desconexión ético-moral con el mundo. Tal vez, es cierto, solo gracias al tipo humano del profesorado actual, con todos sus defectos, y que nada garantiza que se mantenga en diez años.
En contextos diferentes (institutos del centro de la ciudad y de los considerados «de máxima complejidad») todavía soy capaz de conectar íntimamente con el alumnado. De «abrirlos», de facilitar que se abran y desarrollen su curiosidad, su creatividad, su confianza. En los pequeños (1º de la ESO) mucho más que con los mayores, que, en general, muy pronto pierden ilusiones, capacidad de aprendizaje y hasta empatía. Cargan tanta falta de horizonte que el repliegue se hace terrible. Una conexión que logro, eso sí, con una gran tensión y agotamiento, y con el riesgo de que, por una queja de cualquier familia, pueda tener dificultades con Inspección, ante la cual muchas veces las Direcciones no pueden o no quieren hacer nada.
Bueno, si tenéis que coger el coche para ir a Barcelona o salir de ella, mañana o pasado, tal vez tengáis problemas a primera hora.
Un abrazo