“La paradoja del oro como expresión de riesgo financiero” por Juan Torres López

Existe una creencia tan extendida entre inversores y ciudadanos que ha adquirido casi estatuto de ley natural: cuando hay guerra, el oro sube. La lógica es intuitiva: en tiempos de incertidumbre, los inversores buscan valor refugio en activos que no dependen de ningún estado, banco central o empresa y el oro ha cumplido esa función durante siglos.

Sin embargo, lo que ha ocurrido en los mercados de metales preciosos desde el inicio del conflicto de Irán invierte completamente esta lógica. Y esa inversión es, paradójicamente, uno de los síntomas más claros de la gran fragilidad sistémica de las finanzas internacionales.

Los datos

El oro alcanzó su máximo histórico el 29 de enero de 2026, en 5.594 dólares por onza. En las semanas siguientes, mientras el conflicto de Irán escalaba y el Estrecho de Ormuz quedaba efectivamente bloqueado, el oro no solo no subió, cayó más de un 20% situándose por debajo de los 4.400 dólares. La plata, que llegó a cotizar a 121,67 dólares, perdió casi la mitad de su valor en el mismo período.

Estas son caídas extremadamente inusuales para un contexto de escalada bélica. Para encontrar movimientos comparables hay que remontarse a episodios de liquidación masiva como la crisis financiera de 2008 o el inicio de la pandemia de 2020. En ambos casos, el oro cayó inicialmente por razones de liquidez y luego se recuperó con fuerza.

Por otro lado, un movimiento de 300 dólares en el precio del oro en el espacio de pocas horas, como el provocado por un anuncio de pausa militar, no es una señal de que los mercados están descubriendo información eficientemente. Es la señal de que un mercado de 14 billones de dólares ha perdido la capacidad de absorber información de forma ordenada. Cuando el activo refugio por excelencia fluctúa más que las acciones tecnológicas, significa que el sistema de amortiguación del riesgo ha dejado de funcionar.

¿Por qué está sucediendo algo que, supuestamente, no debería suceder?

Tres mecanismos que pueden explicar la paradoja

La caída del oro durante la escalada bélica tiene tres explicaciones que, tomadas en conjunto, revelan la enorme fragilidad del sistema financiero internacional, quizá con una claridad que no proporciona ningún otro mercado.

El primer mecanismo es el del apalancamiento especulativo previo. En los meses anteriores al conflicto, el oro había atraído un volumen inusualmente alto de posiciones especulativas apalancadas. Eso significa en palabras más llanas que los inversores no solo compraban oro para obtener beneficio con sus cambios de precio, sino que lo hacían con dinero prestado, multiplicando sus posibles ganancias, pero también sus posibles pérdidas.

Cuando la volatilidad se disparó con el inicio del conflicto, los gestores de riesgo de estos inversores calcularon que las posiciones ya no eran sostenibles y ejecutaron ventas forzadas para cumplir los requerimientos de margen. El movimiento de precio inicial —causado por el pánico— desencadenó más ventas forzadas, que causaron más caída de precio, que desencadenaron más ventas forzadas… La espiral de liquidación se autoalimentó.

Dicho más claramente: el oro no cayó porque alguien quisiera venderlo, sino porque alguien no podía permitirse no venderlo. No fue una venta, fue una evacuación.

El segundo mecanismo es el de la liquidez de emergencia. Cuando un inversor tiene pérdidas graves en un activo —por ejemplo, en renta variable o en crédito corporativo— y necesita efectivo urgentemente para atender sus obligaciones, vende lo que puede vender rápidamente y a buen precio. Cuando se desencadena una crisis de liquidez como la que analicé en un artículo anterior, todos los activos empiezan a comportarse igual: caen. En una crisis de liquidez, lo valioso no es lo seguro, sino lo vendible.

El oro, con su mercado profundo y su liquidez global, es frecuentemente el primer activo que se vende en una crisis de liquidez generalizada, precisamente porque es fácil de vender. Este mecanismo, llamado a veces «liquidez flush», convierte al activo refugio en fuente de emergencia de liquidez. El refugio se convierte en víctima de la misma crisis que debería estar amortiguando. Deja de proteger y pasa a financiar la propia crisis que debería amortiguar.

El tercer mecanismo es el más profundo y el más relevante para para mostrar la fragilidad actual del sistema.

El oro cae durante guerras porque los inversores pierden confianza no solo en activos específicos sino en la capacidad del sistema financiero en su conjunto para funcionar de manera ordenada. Es lo que está ocurriendo en estos momentos. Cuando el miedo aprieta, los inversores no buscan refugio, sino liquidez inmediata. Y en el sistema actual, esa liquidez se llama dólar. El dólar sube, los rendimientos de los bonos del Tesoro americano también, y el oro cae. No porque el oro haya perdido valor intrínseco, sino porque el miedo dominante ya no es a un activo concreto, sino a la debilidad del sistema en su conjunto..

Ahora bien, no se debe confundir este movimiento al alza del dólar con una señal de fortaleza estructural. Todo lo contrario. Lo que estamos viendo no es una divisa fuerte, sino una divisa tensionada, demandada por miedo, pero profundamente inestable. Una moneda que pierde y recupera 125 puntos en una sola sesión (como le acaba de suceder al dólar por los titulares contradictorios sobre negociaciones de paz) no es una divisa fuerte, sino desorientada. No actúa como ancla del sistema, sino como amplificador de su inestabilidad.

La plata como indicador de la fractura entre economía real y financiera

La caída de la plata es igualmente significativa, aunque merece un análisis separado porque este metal tiene una naturaleza dual que lo convierte en un indicador especialmente revelador. A diferencia del oro, que es casi exclusivamente un activo financiero, la plata tiene una demanda industrial significativa: paneles solares, vehículos eléctricos, electrónica de consumo y equipos médicos son sus principales destinos industriales. La plata no es sólo un metal precioso, es también un termómetro industrial.

Cuando el precio de la plata cae violentamente durante una guerra, el mercado está reflejando simultáneamente dos expectativas contradictorias que coexisten en el sistema: por un lado, el miedo al riesgo sistémico financiero, que empuja a vender activos refugio y, por otro, el miedo a la recesión económica, que destruye la demanda industrial. Ambos miedos operan en la misma dirección para la plata, lo que explica por qué su corrección haya sido más violenta que la del oro. La plata es el barómetro de la fractura entre las finanzas y la economía real, y su señal en este momento es inequívoca: el sistema no sólo teme inestabilidad financiera, sino también una contracción real de la economía. Dicho de otro modo, ya no distingue entre riesgo financiero y deterioro económico: empieza a asumir ambos al mismo tiempo..

En conclusión, asistimos a una anomalía que conviene interpretar sin equívocos: la paradoja no es sólo que el oro caiga en una guerra, cuando se supone que debería subir. Es que el sistema financiero global necesite vender sus refugios para sostenerse. Y un sistema que hace eso no está absorbiendo el riesgo: lo está amplificando. No es un fallo del oro. Es un síntoma del sistema.

Fuente: https://juantorreslopez.com/la-paradoja-del-oro-como-expresion-de-riesgo-financiero/

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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