“IRÁN NOS ENSEÑA QUE NO SE PUEDE NEGOCIAR CON UN IMPERIO” por Luciano Vasapollo

TopoExpress, 19/04/2026. Ya lo hemos dicho otras veces: resistir es vencer. Cuba lleva asediada criminalmente durante décadas, y aún resiste. Y aprendamos de Irán: no se puede, no se debe, negociar con un imperio.

Hay una lección que la historia repite constantemente, pero que muchos fingen ignorar: no se puede negociar con el imperialismo sin pagar un precio. Y a menudo ese precio es la pérdida de soberanía, dignidad e independencia.

Esto queda dramáticamente demostrado hoy en día por lo que está sucediendo en Irán. La presión militar y política ejercida por Estados Unidos y sus aliados forma parte de una larga secuencia histórica: quienes cedieron, quienes aceptaron compromisos, fueron desmantelados progresivamente. Desde Irak hasta Libia, pasando por Siria, el guion siempre es el mismo.

La ilusión es que podemos negociar en igualdad de condiciones. La realidad es que estamos entrando en un ciclo donde la negociación se convierte en rendición, y la rendición en subordinación.

No es casualidad que, en el caso iraní, la resistencia haya producido un resultado distinto al de otros escenarios. Cuando un país no se rinde, cuando mantiene la capacidad de respuesta, el equilibrio se rompe. No se trata de glorificar la guerra, sino de reconocer un hecho político: la paz no se construye sobre la capitulación.

Observamos que se aplica el mismo esquema contra Cuba. En este caso, la estrategia es más lenta pero igualmente feroz: un bloqueo económico criminal, intensificado en los últimos años, que busca asfixiar a la población y socavar un proyecto político que ha perdurado durante más de sesenta y cinco años.

El objetivo es claro: forzar la rendición de una isla que ha elegido un camino autónomo, ha afirmado su soberanía y continúa impulsando un proceso de transición socialista basado en el internacionalismo.

Un internacionalismo concreto, no retórico. Lo vimos en Italia durante la pandemia, cuando las brigadas médicas cubanas llegaron a Lombardía y Piamonte, brindando ayuda donde otros habían fracasado. Lo vemos hoy con cientos de médicos y enfermeras presentes en Calabria. «Médicos, no bombas»: una postura que dice mucho más que mil declaraciones.

Y esto es precisamente lo que la administración estadounidense quiere atacar: no solo un gobierno, sino un modelo alternativo. Un modelo que garantiza los derechos fundamentales —vivienda, atención médica, educación— y que sigue siendo un referente para muchas personas.

Ante esta situación, la respuesta no puede ser la ambigüedad. Es necesario seguir apoyando políticamente a la Revolución Cubana y brindar asistencia concreta a su población, actualmente sometida a una presión insostenible. Iniciativas de solidaridad internacional, como el convoy Nuestra América, se encaminan en esta dirección: medicinas, ayuda humanitaria y presencia.

Pero también es necesaria otra batalla: la de la información. Porque el bloqueo no es solo económico, sino que también está relacionado con los medios de comunicación. Se está construyendo una narrativa que exime de responsabilidad al asedio y atribuye todas las dificultades a supuestos fallos internos.

Por ello, es fundamental relanzar la contrainformación capaz de restablecer la veracidad de los hechos y explicar lo que Cuba representa realmente en el mundo actual.

Porque este asunto no se trata solo de Cuba o Irán. Se trata de todos. Se trata del derecho de los pueblos a elegir su propio destino.

Y la historia, una vez más, nos enseña que quienes se rinden ante el imperio lo pierden todo. Quienes resisten, al menos, conservan su dignidad.

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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