El País, 10/05/2026. La información veraz que nos proporciona la ciencia es el único flotador disponible que tenemos para hacer frente a los brotes epidémicos
El brote epidémico, que no epidemia ni menos pandemia, de hantavirus en un crucero vacacional ya ha sido contado y descrito con detalle, aunque no siempre con veracidad. Es lo que nos dice Harari en Nexus, “tener información no significa tener la verdad”. Lo que se ha comprobado, una vez más, con la actitud de determinados responsables políticos de nuestro país que mantienen posiciones basadas en información no veraz. Pero más allá de debatir sobre estas posiciones sin fundamento científico, lo importante es observar lo que ocurre para extraer algunas lecciones de cara a futuras crisis sanitarias.
La primera lección tiene que ver con la importancia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que, con sus limitaciones, ponga un poco de orden en el desorden que siempre desata una crisis sanitaria, más si es de origen infeccioso. Nuestras pesadillas más ancestrales se reavivan y el miedo, razonable, nos impide pensar y, por ejemplo, prohibir que un avión con enfermos abordo con esa infección pueda repostar (lo dicho, repostar) en un lugar de tu país. La ciencia no es suficiente para poder ordenar las reacciones interesadas, o no, provocadas por el miedo ante situaciones que nos retrotraen a crisis del pasado, más o menos lejano. Además de ciencia hace falta que esta sea reconocida y respetada por las personas que toman decisiones políticas. Pues decidir basado en la mejor información disponible es mejor que no decidir, incluso a riesgo de equivocarse, decía el ministro de Sanidad durante la pandemia de la covid-19.
La segunda, ya subrayada recientemente en este diario, nos señala la necesidad urgente de disponer de una Agencia Estatal de Salud Pública en España que, con la suficiente legitimidad científica ―que no se impone por ley, sino con el trabajo continuo realizado con el máximo rigor y el necesario respaldo político―, asuma el liderazgo compartido con las Comunidades Autónomas para gestionar las futuras crisis sanitarias. Que vendrán, vía crucero de lujo o más silentes, como las relacionadas con el cambio climático, por ejemplo. En esta gestión, como hemos comprobado de manera lacerante, en la comunicación veraz, la información debe coincidir con la verdad que en ese momento tengamos disponible y estar en el centro de la gestión de la crisis. Una comunicación que debe ser continua y dirigida a la población para compartir lo que se sabe y lo que no se sabe con los métodos científicos disponibles.
La tercera, de momento, nos dice que hemos de mirar y tratar de entender los problemas de salud de manera global. Por supuesto que al final vivimos en nuestras ciudades y países, pero solo con una mirada global podremos entenderlos y, sobre todo, controlarlos. Basta leer en las últimas horas la información que va apareciendo sobre las personas que empiezan a tener síntomas y que deben ser seguidas por epidemiólogos de la OMS, junto con los epidemiólogos nacionales, en diferentes países de procedencia de los viajeros que abandonaron el barco en una escala de la travesía y volvieron a sus países por su cuenta. A ello hay que sumar nuestra atención a los países endémicos que deben ser también objeto de medidas sanitarias que contribuyan a su control en el origen.
La OMS, tan denostada desde determinadas políticas basadas en información falsa, es una institución imprescindible en un mundo global como el que vivimos, y debe estar fuertemente apoyada en agencias estatales que colaboren de manera sistemática y rigurosa. La información veraz que nos proporciona la ciencia, siempre limitada y provisional, es el único flotador disponible que tenemos para hacer frente a las crisis sanitarias.
Fernando G. Benavides, catedrático emérito de salud pública, Universitat Pompeu Fabra
https://elpais.com/sociedad/2026-05-10/nueva-crisis-sanitaria-nuevas-lecciones-por-aprender.html.