Como decíamos, para Backhaus gran parte de culpa en la mala recepción y peor transferencia de la obra de Marx —en especial en la exposición de la forma valor— recae en Engels, quien quizás sin querer, estableció accidentalmente un autorizado canon interpretativo, que fue el estímulo y dogma de muchas ortodoxias.
Es lo que podemos denominar proceso de “historización” de la forma del valor y, por tanto, de la incapacidad de mantener productivamente unida la teoría del valor y la teoría del dinero. Para Backhaus dos textos “metodológicos” de Engels han servido tanto como regla oficial de lectura e interpretación, como de coordenadas de la situación hermenéutica. El primero es la recensión de La contribución a la crítica de la Economía política de Karl Marx de 1859.1 El segundo texto es el de las consideraciones suplementarias a la aparición del tomo III de El Capital, un ensayo de 1895.
En el primero —la reseña de 1859— Engels comienza a fijar un canon interpretativo sobre los textos de Marx basado en su autoridad y cercanía, afirmando que la crítica de la economía política marxiana podía acometerse de dos modos: el histórico y el lógico. Luego de desacreditar el método histórico por su propensión a “popularizar” el desarrollo real de las cosas, concluye que lo que hace es finalmente romper la ilación lógica. Por lo tanto, concluye Engels, el único método indicado es el lógico, pero este “no es, en realidad, más que el método histórico, despojado únicamente de su forma histórica y de las contingencias perturbadoras”. Con este “método” establecido que explica Engels, Marx pudo partir “de la relación primera y más simple que existe históricamente, de hecho: por tanto de la primera relación económica con que nos encontramos. Luego, procedemos a analizarla. Ya con el solo hecho de tratarse de una relación, va implícito que tiene dos lados que se relacionan entre sí. Cada uno de estos dos lados se estudia separadamente, de donde luego se desprende su relación recíproca y su interacción. Nos encontramos con contradicciones, que reclaman una solución. Pero, como aquí no seguimos un proceso discursivo abstracto, que se desarrolla exclusivamente en nuestras cabezas, sino una sucesión real de hechos, ocurridos real y efectivamente en algún tiempo o que siguen ocurriendo todavía, estas contradicciones se habrán planteado también en la práctica y en ella habrán encontrado también, probablemente, su solución. Y si estudiamos el carácter de esta solución, veremos que se logra creando una nueva relación, cuyos dos lados contrapuestos tendremos que desarrollar ahora, y así sucesivamente.”
Engels es terminante: “La economía política comienza por la mercancía, por el momento en que se cambian unos productos por otros, ya sea por obra de individuos aislados o de comunidades de tipo primitivo. El producto que entra en el intercambio es una mercancía. Pero lo que le convierte en mercancía es, pura y simplemente, el hecho de que a la cosa, al producto, vaya ligada una relación entre dos personas o comunidades, la relación entre el productor y el consumidor, que aquí no se confunden ya en la misma persona. La economía política no trata de cosas, sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases; si bien estas relaciones van siempre unidas a cosas y aparecen como cosas. Aunque ya algún que otro economista hubiese vislumbrado, en casos aislados, esta conexión, fue Marx quien la descubrió en cuanto a su alcance para toda la economía política, simplificando y aclarando con ello hasta tal punto los problemas más difíciles, que hoy hasta los propios economistas burgueses pueden comprenderlos”.
La nueva ortodoxia, sugerida por Engels, se empieza a desplazar hacia la lectura lógico-histórica de la crítica marxiana. Su conclusión es sintomática: “Vemos, pues, cómo con este método el desenvolvimiento lógico no se ve obligado, ni mucho menos, a moverse en el reino de lo puramente abstracto. Por el contrario, necesita ilustrarse con ejemplos históricos, mantenerse en contacto constante con la realidad. Por eso, estos ejemplos se aducen en gran variedad y consisten tanto en referencias a la trayectoria histórica real en las diversas etapas del desarrollo de la sociedad como en referencias a la literatura económica, en las que se sigue, desde el primer paso, la elaboración de conceptos claros de las relaciones económicas. La crítica de las distintas definiciones, más o menos unilaterales o confusas, se contiene ya, en lo sustancial, en el desarrollo lógico y puede resumirse brevemente”. Este importante criterio interpretativo fue publicado en el semanario Das Volk2, que ya había publicado el prólogo de Marx a Una contribución a la crítica de la Economía política, además de seis de sus artículos, incluyendo la serie inconclusa “Quid pro Quo”, siete artículos de Engels y su famosa reseña de la crítica de la economía política marxiana.
El otro texto del canon interpretativo es ya de 1895, y Engels vuelve a reafirmar la situación hermenéutica de 1859, el criterio lógico-histórico, profundizándolo: “que no solo se trata aquí [en la exposición de Marx de la ley del valor] de un proceso puramente lógico, sino de un proceso histórico y su reflejo explicativo en el pensamiento, de la consecución lógica de sus conexiones internas”. Por lo tanto, resume Engels, “la ley marxiana del valor tiene vigencia general en la medida en que tienen vigencia las leyes económicas durante todo el período de la producción mercantil simple, es decir hasta el momento en que esta experimenta una modificación por el establecimiento de la forma capitalista de producción. Hasta entonces, los precios gravitan hacia los valores determinados por la ley de Marx y oscilan en torno a esos valores, de modo que, cuanto más plenamente se desarrolle la producción mercantil simple, tanto más coincidirán dentro de los límites de diferencias desdeñables los precios medios con los valores durante prolongados períodos, no interrumpidos por perturbaciones violentas externas. Por consiguiente, la ley marxiana del valor tiene vigencia económica general por un lapso que se extiende desde el comienzo del intercambio que transforma los productos en mercancías hasta el siglo XV de nuestra era”.
Para Backhaus, esto es una “simplificación insostenible del problema de la exposición”, la Darstellungsweise, en El Capital de Marx. Se trata de un Marx exotérico, el Marx construido por la ortodoxia, y la nueva reconstrucción exige sacar a luz al Marx esotérico. Aunque Backhaus considera que también el propio Marx tiene parte de culpa por haber sido mal interpretado por la posteridad y por su amigo y camarada Engels. Resulta perentorio y necesario, afirma Backhaus, reconocer que el carácter de palimpsesto (multicapa) y la oscuridad del texto original de Marx son una cuestión problemática y no pueden apartarse en la dirección de una u otra interpretación. Es necesario reconocer que el problema de lo lógico y de lo histórico, establecido ortodoxamente por Engels como canon, no es solo un problema de la marxología y de interpretaciones de la obra de Marx, sino que es un problema que el propio Marx no llegó a resolver satisfactoriamente. Esto puede demostrarse precisamente por el hecho de que “es posible invalidar la validez de la interpretación ‘lógico-histórica’ utilizando ciertos argumentos propios de la interpretación ‘lógica’” y, al mismo tiempo, “también es posible señalar ciertos problemas no resueltos y la única legitimidad parcial de la interpretación ‘lógica’ recurriendo a argumentos propios de la interpretación ‘lógico-histórica’”.
Según Backhaus, la reconstrucción adecuada del análisis de la forma valor, y la comprensión de su exposición, el problema de la “objetualidad” del valor, reviste una triple importancia para la teoría marxista in toto y, por ende, para toda praxis revolucionaria: es el punto de unión de la teoría de las clases y de la teoría económica; inaugura la crítica de la ideología por parte de Marx y también expone una teoría específica y madura del dinero, que funda el primado de la esfera de la producción sobre la esfera de la circulación y, por consiguiente, de las relaciones de producción sobre la “superestructura”. En palabras de Backhaus: “el valor no es pues para Marx una sustancia intangible fijada en lo indiferenciado, sino algo que se desarrolla a través de las contradicciones: un sujeto”.
1 Engels, Friedrich: “La Contribución a la crítica de la Economía política de Karl Marx”; en: Das Volk, Nº 14, August, 6, 1859; en español: Marx, Karl; Contribución a la crítica de la Economía política; S XXI editores, México, 1980, pp. 333-343.
2 Semanario en alemán publicado en Londres del 7 de mayo al 20 de agosto de 1859—fue fundado como órgano oficial de la Sociedad Educativa Obrera Alemana londinense. Su primer número apareció bajo la dirección del periodista alemán y demócrata pequeñoburgués Elard Biscamp. A partir del número 2, Marx participó activamente en su publicación: le dio asesoramiento, editó y escribió artículos, organizó apoyo económico y material. En junio el Consejo Editorial nombró oficialmente a Marx, Engels, Freiligrath, Wolff y Heise como colaboradores permanentes. El primer artículo de Marx en el periódico —“Spree y Mincio”— se publicó el 25 de junio. Bajo la influencia de Engels y Marx, y su círculo de compañeros, Das Volk comenzó a convertirse en un auténtico periódico militante de la clase trabajadora, desarrollando cuestiones relativas a la teoría revolucionaria y las tácticas de la lucha de clases. Hizo crónicas de las luchas del proletariado y combatió la ideología pequeño-burguesa en el movimiento. Analizó, desde el punto de vista del internacionalismo proletario, los acontecimientos de la guerra austro-ítalo-francesa de 1859 y las cuestiones de la unificación alemana e italiana; denunció la política exterior de Gran Bretaña, Prusia, Francia, Rusia, además de combatir al bonapartismo europeo y sus variantes. A principios de julio, Marx se convirtió de facto en su director editorial y gerente. Su cierre se debió a falta de financiación después de dieciséis números.