Ricardo Arana fue secretario general de la federación de enseñanza de CC OO de Euskadi y miembro de Bakeaz. Comenta el documento “Bases para una Educación del siglo XXI”. Añado una observación de “AIR(E) du Temps”.
¿Qué hemos hecho hasta ahora en la educación vasca? Poco, a juzgar por el documento titulado Bases para una Educación del siglo XXI presentado ayer en el Parlamento Vasco, aunque la realidad, con grandes claroscuros, nos muestre un amplio recorrido. Y es que el documento en cuestión nos sitúa, ni más ni menos, que ante una propuesta de ley con “una intencionalidad constituyente que pretende regular el camino hacia una nueva configuración del sistema educativo.” Ante tal confesión de intenciones, no cabe menos que preguntarse si estamos ante un propósito muy ambicioso o un proyecto simplemente pretencioso.
A fecha de hoy, podríamos pensar que es más lo segundo que lo primero. Porque es difícilmente creíble que se pretenda ordenar la educación vasca sin partir de un diagnóstico acertado. De hecho, contamos desde hace cinco años con menos datos que nunca sobre “nuestro sistema educativo”, al igual que carecemos de una categorización de nuestros problemas suficientemente compartida.
Pero en estas “bases” lo que precisamente no hay en Euskadi son problemas, solo contamos con buenos indicadores (sobran los dedos de una mano para indicar estos) y nuevos retos. Ahí sí, ahí cabe toda una literatura inextricable, y para muestra unas líneas del texto: “manteniendo siempre el nuevo marco de valores públicos, repensando y reformulando los derechos y deberes que actualizarán quienes prestan ese servicio público, tal como corresponde a su carácter público”.
Sí, han leído bien, y si no han entendido nada no es porque su competencia lectora no sea suficiente. No han entendido nada simplemente porque no hay nada inteligible en dicho párrafo, salvo la oscura intención de que aparezca en muchas ocasiones el término “público” para dar una relevancia al asunto de la que el texto carece. Pretenciosidad.
Pero alejémonos sin embargo, de las tentaciones de pensar que estamos ante una iniciativa vacía, porque no lo es. Borrar lo que se ha hecho hasta el momento y difuminar lo que se debe hacer no es algo inocente, por más que sea contradictorio que lo planteen precisamente quienes han conducido la educación vasca hasta aquí.
Quienes hayan seguido la política educativa del País Vasco encontrarán encajadas en el texto algunas expresiones mantenidas por EH Bildu desde hace diez años como “euskaldunes plurilingües”, o aquella de “un modelo lingüístico con el euskera como eje”. De eso se trata. De plasmar impronta identitaria en el futuro de la educación vasca. Ambición.
Y en eso estamos. Donde estábamos a comienzo del verano. No parece que la ponencia haya escuchado a nadie de quienes han pasado por allí salvo al representante de Euskalgintzaren Kontseilua, que es quien parece que se ha llevado el gato al agua: un único modelo con el euskara como eje central, un nivel B2 de exigencia al final de la Enseñanza Obligatoria y un Instituto para el Aprendizaje del Euskera que certifique lingüísticamente, elabore el currículo y organice el material escolar. Y desde ahí quieren comenzar.
Observación de “AIR(E) du Temps” (10.02.2022):
“Lo que en Euzkadi cuenta Ricardo Arana en el artículo que os acabo de enviar, contiene una visión del asunto que, desde Cataluña, resulta ya conocida y vieja.
Pero también contiene un implícito “(…) pero ¿qué te pensabas Ricardo…?”, lo que no quita que, al menos -de manera discreta, sin justo vocerío de indignado- haya que reconocer que RA escribe como no se ha visto (ni se verá) escribir (sobre el asunto del ya bastante consolidado monolingüisme catalanista), a ningún responsable sindicalista de las CC.OO de Cataluña (CONC): desde J. Luis López Bulla a Joan Coscubiela, pasando por J. Carles Gallego.
En el País Vasco, como en Cataluña y en bastantes territorios de los llamados “Países Catalanes”(sic), se avanza hacia la total exclusión de la enseñanza de la lengua española (en la red escolar pública, claro).
Hacer política sindical y de izquierdas en esos sitios, y no querer ver esto, está teniendo ya un, digamos, coste electoral, que anuncia lo que se avecina.”