Sobre Ucrania, Rusia y la OTAN

Del profesor emérito Miguel Candel (AIREs)

1. Muy equilibrado [¡No a la guerra!], sin señalar culpabilidades exclusivas y señalando, en cambio, a los poderes económicos beneficiarios de la tragedia. Es una buena opción.
El planteamiento de AIREs sin duda es más partidista (y sin duda, mejorable), y por tanto no pretende suscitar adhesiones universales; pero desde la tradición política de la que procede no puede dejar de cargar las tintas en quienes considera principales responsables del proceso visto en su conjunto y dentro de la serie temporal completa que empezó en el momento que se disolvió el Pacto de Varsovia y la OTAN no sólo no lo hizo sino que cobró nuevos bríos y decidió extenderse hasta la famosa gran puerta de Kiev y entrar triunfalmente por ella. Creo sinceramente que no es lícito poner en hora el reloj de este conflicto, como muchos parecen hacer (la mayoría, de buena fe, por supuesto, y con argumentos respetables), a las 5 de la madrugada de ese infausto día de febrero en que, como dice Ignacio Ramonet en una entrevista a Canal Sur, que recomiendo, parece haber empezado, eso sí, una nueva época en la historia de las relaciones internacionales. Yo, desde luego, cuando tenga que pagar un 30% más por montones de productos (al tiempo) no voy a echarle exclusivamente la culpa a Vladímir Putin. Lo que sí haré será deplorar la muerte de los millares de víctimas que esto acabará costando (de todas, empezando por las que han ido cayendo desde hace años en distintas partes de Ucrania sin que aquí se dijera nada en los grandes medios de comunicación).

2. Me temo que la OTAN se justifica ella solita sin necesidad de que Putin le brinde pretextos. Si no se los dan, se los busca. ¿Qué ha sido, si no, toda la campaña de tres meses de denuncias, avisos y pronósticos sobre la inminente invasión de Ucrania por Rusia? Eso es con toda propiedad lo que se llama una profecía autocumplida. Porque la acción a la que aludo y que ha dado lugar a la, quizá evitable (nunca lo sabremos), reacción rusa, no es sólo ni principalmente el acoso militar a la población del Donbás, sino la muy creíble amenaza que suponía que, con la entrada de Ucrania en la OTAN, a los misiles nucleares de alcance medio que apuntan desde toda Europa del Este a Moscú, se añadieran unos situados a menos de 700 km de la capital rusa (más o menos la distancia Madrid-Barcelona), distancia que un misil moderno, aunque no sea supersónico, se recorre en un plis plas, muy por debajo del tiempo medio de reacción de un sistema eficaz de defensa (eso sin contar que los efectos de destruir un misil nuclear en vuelo, a esas distancias, no se diferencian mucho de los efectos de impactar sobre su blanco).
Sí, la Carta de las Naciones Unidas condena el uso de la fuerza. Pero también la amenaza de uso de la fuerza. Y que yo sepa, unos misiles nucleares no se estacionan en las barbas de nadie sin que eso suponga la amenaza de usarlos contra él. Como simple adorno resultan francamente caros…
Y sí, sin derecho internacional, esto es la ley de la selva. Por eso estamos en plena ley de la selva, porque el derecho internacional funciona según cómo, cuándo, dónde y para quién. Y espérate, que todavía no hemos visto ni la mitad de la película (y, por desgracia, no sé si veremos el final).
Buenas noches y buena suerte.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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