La reflexión de un amigo, 7/03/2022.
Nuestro futuro depende de una partida de póquer entre una estantigua decrépita y un ex agente sin escrúpulos.
Encuentro esta cita recogida en Sonámbulos, el libro al que en un mensaje anterior me he referido, me llama la atención y os la transcribo: «Casi exactamente en aquel mismo momento -recordaba de Robien, diplomático francés que acompañó al presidente Poincaré en su decisiva visita a San Petersburgo del 20 al 23 de julio de 1914-, se presentaba ante Belgrado el ultimátum de Austria -a Serbia, 23 de julio, en relación con las implicaciones del gobierno serbio en el atentado contra el archiduque Francisco Fernando del 28 de junio-. También nuestros adversarios habían decidido mantenerse firmes. Desde ambos bandos todos se imaginaban que echarse un farol iba a ser suficiente para lograr el éxito. Ninguno de los actores pensaba que iba a ser necesario llegar a las últimas consecuencias. La trágica partida de póquer acababa de empezar.» (el 28 de julio Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia y en la primera semana de agosto los principales contendientes de la Gran Guerra se fueron declarando mutuamente la guerra).
Alguien podría pensar retorcidamente que los arsenales nucleares harán imposible una guerra europea. Pero desde que la doctrina de la MAD fue sustituida hace décadas en las doctrinas militares de las grandes potencias nucleares por la idea de una guerra nuclear «limitada» -armas tácticas, escudos antimisiles, «guerras de teatro» y demás panoplia-, puede que los arsenales nucleares hayan perdido buena parte de su diabólico sentido «disuasivo». Por otra parte, la actual doctrina nuclear rusa acepta el uso de las armas nucleares no sólo en caso de ataque nuclear contra Rusia, sino también cuando la «existencia del estado» ruso misma esté en peligro (según información de La Vanguardia o El confidencial, ahora no me acuerdo), lo que convierte la situación en realmente amenazadora, si el objetivo de EEUU y sus aliados es acabar con el régimen de Putin o desestabilizar por completo la federación rusa hasta el punto de desintegrarla como ocurrió con la URSS.
En este sentido, uno tiene la esperanza de que las estridencias y las manifestaciones obtusas tan característicos de los medios de comunicación de masas y de quienes trabajan para ellos sean sólo propaganda y no reflejen las verdaderas intenciones y cálculos de nuestros líderes políticos. Con independencia de lo que nos parezcan Putin y su régimen político y la guerra de agresión iniciada por estos contra Ucrania, el actual gobierno ruso no es el régimen iraquí de Saddam Hussein y, en consecuencia, no puede ser tratado igual, aunque sólo sea por razones pragmáticas (¿o es que nos hemos vuelto tan nihilistas o fanáticos como para autoinmolarnos en el altar de…? ¿de qué?).