U.S. forces redeploy as DEFENDER-Europe 21 concludes – U.S. Army Europe and Africa

El análisis y comentario de un amigo, 30/03/2022.

Algunos materiales más:
Es importante saber que en 2020 y 2021 EEUU y otros países de la OTAN bajo el liderazgo del primero hicieron maniobras militares masivas -30.000 efectivos aprox.- centradas, sobre todo, en Europa del Este (destacadamente, los países bálticos). Estas maniobras, también las de 2021, cuya página oficial publicitaria adjunto, se hicieron en primavera (las de 2020, a pesar de estar la pandemia en pleno auge).
Por otra parte, hay un pasaje muy revelador en Herwig Roggermann, “Probleme der Russlandpolitik als Friedenspolitik” (enero 2022): “(…) Vielmehr führt die (…) militärische Aufrüstung der Ukraine von westlicher und der sog. Volksrepubliken Donezk und Lugansk von russischer Seite zu einem stetig weiter wachsenden Konfliktpotenzial. Die unkalkulierte Eigendynamik dieses Vorgangs ist in Begriff, die europäische Friedensordnung dauerhaft zu gefährden. Denn es kann angenommen werden, dass Russland und seine Militärführung der im Gange befindlichen Aufrüstung der ukrainischen Armee dann nicht lánger ohne militärische Gegenreaktion zusehen werden, wenn mit wachsender Schlagkraft der Ukraine die Möglichkeit oder sogar Wahrscheinlichkeit wächst, eine militärische Lösung des Konflikts in der Hoffnung auf westliche, insbesondere US-amerikanische Unterstützung zu suchen.”
Traducción aprox.: “Más bien, el rearme militar de Ucrania por parte del lado occidental y el de las denominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk por el lado ruso conducen hacia un potencial de conflicto cada vez mayor. La incalculable dinámica propia de ese fenómeno hace peligrar el orden europeo de paz de forma perdurable. Porque puede ser dado por descontado que Rusia y su liderazgo militar no se limitarán a observar por mucho más tiempo sin una reacción militar el rearme en curso del ejército ucraniano, cuando con la creciente capacidad de ataque de Ucrania crece la posibilidad o incluso la probabilidad de que ésta busque una “solución militar” del conflicto ante la expectativa de contar con el apoyo de Occidente, especialmente de los EEUU.”
También me ha llamado la atención estos pasajes de un libro de un diplomático español absolutamente proatlantista [1]: “Mientras tanto en Kiev, los ánimos habían ido oscilando según evolucionaba la situación en el Donbass, adoptándose las medidas de respuesta a la misma. En efecto: “La no aceptación de la independencia de Ucrania está profundamente enraizada en la mentalidad de las élites políticas rusas” declaraba Poroshenko tras la promulgación por Decreto, el 2 de septiembre de 2015, de la nueva doctrina militar ucraniana. Esta identificaba ahora a Rusia como el más peligroso oponente militar de Ucrania, y había sido elaborada por el Consejo de Defensa y Seguridad Nacional en colaboración con la OTAN. En ella se establecía asimismo que para 2020 el ejército ucraniano deberá alcanzar la plena compatibilidad con las fuerzas armadas de la Alianza y se sentaban las condiciones para la liberación de los territorios de Ucrania temporalmente ocupados, incluyendo Crimea. También confirmaba la renuncia de Ucrania a la neutralidad y la reanudación del curso estratégico dirigido al ingreso del país en la OTAN. La doctrina militar ucraniana, vigente hasta ese momento, partía de la base de que la principal amenaza militar para el país provenía de Occidente, sin que hubiera sido actualizada en los 24 años transcurridos desde su independencia.” A este pasaje sigue un largo relato de las maniobras militares “otánicas” en Europa del Este desde 2015 y las correspondientes “contramaniobras” rusas.
Cabe concluir de todo esto que desde la captura militar rusa de Crimea en 2014 como reacción rusa a la caída de Yanúkovich y la secesión violenta de Donetsk y Lugánsk no prevista por Moscú, pero apoyada por el gobierno ruso una vez producida, se han dado dos fenómenos esenciales para comprender los sucesos de febrero de 2022: 1) una decidido giro del gobierno ucranio hacia la OTAN, con rearme incluido con armas suministradas por esta última -en un grado que desconozco- y 2) maniobras y despliegues militares “otánicos” en Europa del Este y “contramaniobras” y despliegues rusos en su país y en su menguante área de influencia de los antiguos CEI. De ahí que resulte decisivo el estudio de la implicación de la UE-OTAN (particularmente EEUU y algunos países de Europa del Este especialmente beligerantes por su agresivo nacionalismo anti-ruso) en los asuntos internos de Ucrania -y la rusa, naturalmente; pero, sobre todo, la primera, al constituir una novedad en el panorama político ucraniano- desde los primeros años del siglo XXI (ascenso político del “naranjismo”: partidarios ucranianos nacionalistas de estrechar los lazos con “Occidente” en detrimento -aunque intentando evitar una ruptura brusca hasta 2014- de las relaciones con Moscú, frente a los “azules”, quienes, aún deseando un acercamiento a la UE -pero no a la OTAN-, no querían comprometer las relaciones con Moscú). En particular, el papel jugado por gobiernos de la UE-OTAN, sobre todo, el norteamericano en el llamado EuroMaidán -caída de Yanúkovich-, sobre el cual se pueden encontrar observaciones muy incisivas en el citado artículo de Herwig Roggermann.
[Here is an article I think you will find interesting: https://www.europeafrica.army.mil/ArticleViewPressRelease/Article/2663573/us-forces-redeploy-as-defender-europe-21-concludes/]
Muchos medios parecen dar a entender, asumiendo el habitual discurso del gobierno ucraniano de equiparar a Putin con Hitler y a la Rusia putinesca con la Alemania nazi (reverso del discurso putinesco sobre la “desnazificación” de Ucrania), que cuando en un país existe un régimen criminal o autocrático agresivo o “totalitario”, cualesquiera medidas contra ese país están legitimadas y son justas sin importar su efecto sobre su población al presuponerse una especie de responsabilidad colectiva general por la existencia de tal régimen. Esto, para cualquier persona que conserve un poco de sensibilidad moral y no se haya visto comprensiblemente lastrada por los efectos psicológicos de una guerra total, es inaceptable. Y eso es así si se piensa que incluso los alemanes y japoneses, por mucho que vivieran bajo la égida del liderazgos criminales y genocidas y por mucho que los Aliados fueran el bando legítimo en esa guerra también fueron objeto de crímenes de guerra masivos durante la Segunda Guerra Mundial: bombardeos masivos indiscriminados de zonas residenciales y centros históricos de ciudades alemanas y japonesas, con bombas de fósforo e incendiarias incluidas (p.ej., el bombardeo de Dresde en fecha tan tardía como febrero de 1945, con decenas de miles de muertos en una sola noche); violaciones masivas -por millones- de mujeres alemanas por los soldados rusos en 1945, toleradas, en general, por los mandos rusos; lanzamiento de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Todo esto son crímenes de guerra, con nula o escasa contribución a la victoria militar de los aliados, verdaderos actos de terrorismo masivo o venganza, explicables psicológicamente por la enormidad de los crímenes nazis y japoneses, por el sufrimiento generado por su militarismo y por su negativa a rendirse incondicionalmente, pero crímenes de guerra a fin de cuentas. Que el gobierno de un país invadido y en guerra como Ucrania pueda estar inmerso en una psicología de guerra de ese calibre se puede entender, pero que lo estén -o simulen estarlo- muchos de nuestros medios de comunicación, políticos e intelectuales, cuyos países no están siendo objeto de un ataque militar ni de crímenes de guerra ni de nada por el estilo es sencillamente repugnante. ¿Qué pasará cuando entremos en guerra a todos los efectos, si eso llega a ocurrir algún día a pesar de la amenaza nuclear?

Notas
1) Francisco Pascual de La Parte, El imperio que regresa: la guerra de Ucrania, 2014-2017.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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