“De fosas y flores” por Amaya Olivas Díaz

Publicado en CTXT, 22/04/2022. Amaya Olivas es magistrada y pertenece a Jueces para la Democracia. “En medio de la noche oscura, los fascistas arrastraban a las personas detenidas ilegalmente, y les obligaban a caminar hasta las tapias de los cementerios para fusilarles.”

Hay muertos que se han cansado de esperar. Paul Eluard

El 13 de abril visitamos con Carmen Díaz las tres fosas comunes de Ocaña, donde yacen los restos de mi bisabuelo, junto a 1.300 cuerpos asesinados por el golpe franquista.
Carmen es la presidenta de AFECO, asociación legalmente constituida a finales de los años 90, pero que en realidad surgió en 1936, cuando las familias de los presos políticos comenzaron a acudir al cementerio, para llevarles amor en forma de flores, tras las sacas del penal.
En medio de la noche oscura, los fascistas arrastraban a las personas detenidas ilegalmente, y les obligaban a caminar hasta las tapias de los cementerios para fusilarles. Los testimonios orales transmitidos entre las generaciones nos dicen que un cura verdugo les daba el tiro de gracia.
AFECO no distingue entre las víctimas asesinadas por los fusiles y las fallecidas a causa de las penosísimas condiciones de la cárcel. El frío, el hambre, el aislamiento en celdas de dos metros, segaron la vida de seres empeñados en sacar al país de la miseria. En pasar del estado de necesidad al estado de libertad.
Muchas mujeres presas dieron a luz en la cárcel, muchas convivieron con sus criaturas unos años, que les fueron luego arrebatadas en la inminencia de la muerte.
Por el penal de Ocaña pasaron militantes como Marcos Ana, Miguel Nuñez, o Miguel Hernández. Sabemos que Miguel enseñó a leer y a escribir a múltiples presos republicanos, y que llegó a organizar un taller de poesía. Frente a su terror, nuestra luz en forma de belleza.
Amor, erudición, y camaradería cobraron cuerpo en los últimos días de nuestros familiares.
Entre las fosas y nuestras vidas hay una madeja inquebrantable. Porque a pesar de toda la violencia perpetrada, nuestro deseo de fraternidad es infinito. Porque desde 1936 desafiamos su silencio, y sabemos que bajo la tierra hay flores germinadas.
Nombro y admiro a los compañeros que me preceden, y nos sostienen, y les rememoro con nuestra apuesta de vida: decencia, o barbarie. 

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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