De una amiga.
Vaya, veo que el informe secreto que me tocó traducir para la Comisión Europea allá por 1993 da finalmente sus frutos… Tuve que comprometerme a no difundir ni guardar ninguna copia. Lo que no podía evitar era que se me quedara en el cerebro. El informe mostraba la preocupación por el final de la guerra fría y las consecuencias negativas que ello tenía para ciertos sectores industriales (todo revestido de los consabidos eufemismos)… Había, pues, que buscar soluciones (no decía cuáles). Pues aquí las tenéis.