Sobre Gorbachov

Del historiador José Luis Martín Ramos, compañero de Espai Marx.

Ayer murió un hombre, que, como hombre, merece todos los respetos; y a decir de Poch era el tipo de hombre que querríamos que dominara en la elite política: honesto y próximo a las personas con que trataba, sin arrogancia. Pero como político murió hace mucho tiempo. Poch apunta sus deficiencias, pero no profundiza en ellas; continúa siendo algo indulgente con su fracaso político, que, lamentablemente, sumió a la URSS en el caos. El mismo Poch reconoce -citando a Andropov- que el sistema soviético ni era tan corrupto como se pregonaba y pregona en Occidente, ni estaba en quiebra absoluta. Había un proyecto reformista, que ya intuyó Brezhnev, sin poder concretarlo y desarrollarlo, cosa que sí hizo Andropov, entre otras cosas promocionando a nuevos dirigentes como Andropov. Lamentablemente Gorbachov se quedó por debajo de las expectativas. Dice Poch que fue un general sin ejército, pero esa es una de sus principales responsabilidades en la que falló: la construcción, prudente, del ejército reformador que tuviera como objetivo mantener la URSS no permitir su derrumbe, al que finalmente asistió impotente. La concepción de democracia que tuvo, que practicó, fue exclusivamente formal, representativa, y no se percató de que, sin una política democrática más amplia, también en la esfera económica (y democracia en la economía no era dar mayor autonomía a los jefes de empresa o de sector económico), los mecanismos representativos, sin control político importante por parte de la sociedad, de la civil y de la política, pusieron la alfombra roja al ascenso de demagogos oportunistas como Yeltsin, al que Gorbachov caló pero no supo combatir.

Un general, que no construyó su ejército y que, además, cometió errores importantes: en la selección de colaboradores y aliados y en las batallas que dio, muy particularmente, en el ámbito de la política exterior, siempre fundamental en cualquier estado, pero todavía más en un estado potencia que, además, es multinacional y ha de reforzar la unidad no solo en la política interior sino en la asunción de una política exterior compartida. Su política exterior preparó, aunque no se diese cuenta entonces, la catástrofe posterior, que consumó Yeltsin.

Yo no diría que Gorbachev no fue responsable de lo que sucedió. No fue culpable, no quiso lo que pasó, pero tuvo su cuota de responsabilidad porque, desde su posición de alta responsabilidad, no fue capaz de elaborar una política reformadora congruente con la supervivencia de la unidad del estado.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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