Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx
1. Socialdemocracia de guerra.
En la línea, digamos, de GND defendida por Santiago-Tejero, o Moriche en su último artículo sobre las elecciones italianas, Xan López, de Contra el diluvio, acaba de publicar estas notas en su Amalgama.
El neoliberalismo nace como idea en la segunda posguerra, en 1947, con la Sociedad Mont Pelerin de Hayek y Mises. Tiene su segundo nacimiento ensangrentado en el golpe de estado de Chile, en 1973, y su big-bang en 1979 (es el año del shock Volcker, el año en el que Deng comienza su mandato y el gran giro capitalista chino visitando Washington D.C., el año en el que Thatcher llega al poder, …). Se consolida gradualmente en la década de 80, y con la caída del Muro de Berlín algunos sueñan con un imperio de mil años. El 11S no le hace mucha mella, pero la gran crisis financiera de 2007-08 comienza a resquebrajar sus cimientos. Desde ahí, comienza a morir a la manera de Hemingway. Primero, poco a poco. Después, desde 2020, de golpe.
En términos históricos la época de su dominio mundial es un parpadeo. Nada. Apenas 30 años. Sin embargo la transformación antropológica que ha logrado es profunda. Es ya un lugar común, fue incluso su lema extraoficial, pero volvamos a decirlo: no somos capaces de imaginar una alternativa. O no lo fuimos, durante mucho tiempo. La misma idea de un cambio histórico sustantivo se volvió inconcebible, y la prueba es la avalancha de escepticismo que recibe cualquiera que anuncie que el neoliberalismo, de hecho, está muriendo. Es bastante común que los que aparentan ser más cínicos sean los mayores creyentes en la solidez eterna de las instituciones neoliberales. Esa contradicción es la esencia de nuestra subjetividad. Fukuyama, mal que nos pese, acertó de pleno en la radiografía de nuestras almas.
C. D. Powell, asesor de Margaret Thatcher, recomienda la lectura del artículo original de Francis Fukuyama en 1989. El subrayado es de la Primera Ministra.
¿Qué vendrá después del neoliberalismo? En un texto anterior, a partir de la debacle del gobierno Truss en el Reino Unido, intenté perfilar mínimamente las fuerzas que hoy en día luchan por transformar el capitalismo mundial. La más pujante hoy en día en los países occidentales es la que llamé “mundialización socialdemócrata”. No es la única fuerza, nada garantiza que se imponga. Algunos de sus enemigos son peores, pero su victoria no será necesariamente buena. De hecho podría ser catastrófica. Creo que es la que pide con mayor urgencia un análisis cuidadoso, por dos motivos. Primero, y principalmente, porque muchos determinantes históricos duros empujan hacia algún tipo de “socialdemocracia de guerra” como solución política en el bloque occidental. Es una resolución probable. Segundo, porque ese cinismo paradójicamente ingenuo que antes he mencionado, muy común en la izquierda, huye por acto reflejo de cualquier cosa que pueda interpretarse como un giro progresista de la realidad. Aunque sea superficial. Basa buena parte de su identidad en ese distanciamiento del conflicto cotidiano de la realidad capitalista, lo que le condena por sistema a análisis más basados en esencias que en el conocimiento ínitimo de alguna de las partes del proceso. Como dice Thea Riofrancos, “sin duda el pesimismo nos protege del trauma psicológico que la decepción acarrea”, pero también nos impide ver aperturas cruciales para la intervención política.
Una periodización relámpago de la crisis del neoliberalismo debería ser suficiente para hacernos entender la cantidad de amenazas a las que está sujeto. La gran crisis financiera aplastó el mito de la autorregulación de los mercados. Desde entonces ya nadie duda de que la autonomía de éstos depende del soporte constante y entusiasta de los Estados y sus bancos centrales. El fracaso sistemático de las soluciones de mercado a la crisis climática, y la protesta creciente ante la inacción, fueron moviendo el centro de gravedad de la solución preferida entre las élites a lo que Daniela Gabor llama “consenso de Wall Street”: el mercado no desaparece como agente e inversor fundamental, pero los Estados deben de nuevo intervenir para eliminar riesgos, identificar sectores críticos, facilitar la transformación económica verde. Más recientemente la crisis de la COVID-19 multiplica las amenazas: sentimos en nuestras carnes la fragilidad de la producción just-in-time, la deslocalización de los sectores críticos a países lejanos (¡y en algunos casos “enemigos”!). Los shocks a las cadenas de suministros obligan de nuevo a la intervención, el rescate, la planificación. Los Estados coordinan a las empresas logísticas, gastan a fondo perdido en vacunas, fijan precios, pagan los salarios de sectores económicos completos… Finalmente, la invasión de Ucrania. Sanciones económicas y financieras sin precedentes. Bloqueo de exportaciones. Por primera vez en la historia la Organización Mundial del Comercio tiene que valorar formalmente una petición (por parte de Rusia) para suspender temporalmente las reglas del libre comercio debido a la célebre excepción del artículo XXI sobre seguridad nacional del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Hace pocos días los Estados Unidos imponían sanciones a China contra la importación de chips de última generación, cruciales en su industria comercial y militar. Se podrían añadir más crisis, detallar las que he mencionado. Quizás ninguna de ellas por separado supondría una amenaza existencial para el neoliberalismo. Todas ellas unidas, la célebre policrisis, certifican un fin de época.
La conclusión inmediata es que los Estados deben arrogarse cada vez más y más funciones de gestión y control de la producción económica, algunas veces de la más elemental reproducción social. No por gusto, no por inclinación política, sino como una cuestión de pura supervivencia. Un Estado que crece de esta manera necesita de un presupuesto cada vez mayor, una capacidad operativa cada vez mayor. El Estado de la policrisis es incompatible con la lógica austeritaria. Lo demuestra el derrumbe de Truss. Lo demuestran los sucesivos pliegues en la UE ante la contundencia de los hechos. Lo demuestra la existencia de un nuevo bloque social en los EEUU capaz de sacar adelante un estímulo industrial sin precedentes en la era contemporánea. A partir de esto uno podría pensar que la socialdemocracia ha vuelto, que una especie de fin de la historia a la inversa ha pulverizado el statu quo. El big-crunch de 2022 (¿del 24 de febrero de 2022?) como cierre simétrico del big-bang de 1979.
Aquí hay que hilar fino. Es innegable que esto es mejor que la fanatización suicida del proyecto neoliberal. Es innegable que el aumento en el gasto público y la dirección de la economía pueden suponer cierto respiro (N.B.: por primera vez en 20 años ha bajado el precio del transporte público en Madrid; no lo consiguió ninguna movilización interna de las clases populares, sino el rodillo del nuevo consenso occidental). Es innegable que este giro supone una apertura propicia para la intervención política. La mejor oportunidad en décadas. Cuando estemos entre quienes no entiendan esto, habrá que repetirlo. Cuando estemos entre quienes lo tengan claro, podremos hacer algunos matices.
El primer matiz es que el apellido de esta nueva socialdemocracia sería el de la guerra. En cierto sentido, claro, la socialdemocracia siempre ha sido de guerra. Nace en la forma en la que la entendemos hoy en día con el derrumbe del mundo del libre comercio bajo hegemonía británica causado por la Primera Guerra Mundial. Es la ideología dominante en el bloque occidental ante las amenazas interiores (movimiento obrero) y exteriores (bloque socialista). Es una ideología que existe para la guerra y por la paz social. Aquí, de nuevo, en la contradicción está la esencia. Hoy en día, sin embargo, la situación no es exactamente la misma que hace varias décadas. El movimiento obrero, como tal, ya no existe. La amenaza interna esta vez es el auge de lo que se ha dado por llamar populismo de derechas. La socialdemocracia de guerra también es un intento de recomponer ciertos consensos sociales en las democracias liberales ante la supuración reaccionaria del vacío social neoliberal. Se basa en entender el desencanto y la pobreza como cuestiones de seguridad nacional. Como un frente por el que pueden atacarnos nuestros nuevos enemigos exteriores, que ya no son el viejo bloque socialista aunque sí compartan en buena medida su posición geográfica
Evolución del gasto militar mundial. Los EE.UU. tienen su propia representación para no distorsionar exageradamente al resto. Line goes up.
El segundo matiz es que la nueva socialdemocracia de guerra nace en un mundo que ya estaba completamente globalizado. Un mundo que el propio Occidente había globalizado a sangre y fuego, con la pretensión de un beneficio general (si bien desigual y combinado) al final del proceso. Branko Milanovic augura, o contempla, la vuelta del mercantilismo y los bloques comerciales, y la dificultad política de ir en contra de ideologías e instituciones pensadas para garantizar esa globalización liberal. En este nuevo mundo se comparten tecnologías y cadenas de valor con aquellos con los que también se comparten valores. El off-shoring indiscriminado ha muerto, sustituido por el friend-shoring. Occidente, en conjunto, intentaría amasar sus ventajas históricas en un último gran intento de parar la rueda de la historia para quedar de nuevo en la cima. Comenzar otra Guerra Fría para volver a vencer en ella. Fukuyama hoy en día anima con júbilo a las tropas ucranianas para su victoria total sobre Rusia. Quizás en unos años vuelva a predecir siglos de relativo aburrimiento histórico en el imperium occidental, o quizás el fascismo, la crisis climática y las armas de destrucción masiva nos lleven a un fin mucho más oscuro.
¿Qué posición tomar? Rechazamos “los retiros idílicos que toleran la injusticia con aparente bondad”. Queremos hacernos cargo de la situación. La socialdemocracia de guerra es una opción real que no puede ser ignorada. Es un intento de recomposición del centro ante la amenaza del derrumbe generalizado. Tiene una vocación, en su límite, imperial. Supone ciertas ventajas sobre el mundo del que venimos, también ventajas sustanciales sobre algunas de las alternativas contra las que compite. Nos acerca, también, a peligros gigantescos. Es, posiblemente, nuestro Leviatán Climático. No es difícil imaginar un proyecto alternativo, internacionalista, una solución global y colectiva a la concatenación de crisis que llamamos normalidad. El problema siempre está en la traducción política de la imaginación. Decía Tronti que según Marx el único problema importante es el del siguiente paso. Quizás hoy el siguiente paso sea inevitablemente el de empujar a la socialdemocracia de guerra más allá de sus límites. Entender que aquello que trae de positivo viene irremediablemente unido a aquello que trae de peligroso. Conseguir las condiciones para su superación en la lucha contra los enemigos de la doma del capitalismo, que son los enemigos de la vida.
Querríamos poder apoyar lo necesario de este socialismo de guerra: la repolitización explícita de lo cotidiano, la aceleración de la transición energética, los inicios de un tímido disciplinamiento del capital. Querríamos también poder resistir lo que tiene de peligroso: la remilitarización, la lógica de los bloques antagónicos, la subordinación sin fin ante la cuestión de Estado. Por desgracia nunca es fácil distinguir lo necesario de lo posible, y quizás lo peligroso siempre es condición de posibilidad de lo bueno. Ahora, como siempre, seguimos condenados a tratar de identificar las fronteras entre estos mundos. Según Emilio Santiago Muíño el único programa ecologista viable es el del “tanto Green New Deal como sea necesario, tanto decrecimiento como sea posible”. Recogemos su reflexión y la exageramos, como única forma de tocar la verdad terrible de nuestro tiempo: tanta socialdemocracia de guerra como sea necesaria, tanta guerra a la socialdemocracia como sea posible.
2. Jacques Sapir. La soberanía es una condición de la democracia.
Aunque lo que os suelo enviar de Sapir es sobre economía de Rusia, también escribe sobre otros temas más de filosofía política. Como ejemplo, esta entrevista que acaban de publicar.
https://elucid.media/democratie/la-souverainete-est-une-condition-democratie-france-jacques-sapir/
«LA SOBERNÍA ES UNA CONDICIÓN DE LA DEMOCRACIA» – Jacques Sapir
Por Laurent Ottavi, 27/10/2022
Desde el comienzo de la pandemia, la soberanía ha recuperado sus credenciales en el discurso político a falta de una aplicación concreta. El economista e historiador Jacques Sapir, autor de Souveraineté, démocratie, laïcité (Michalon, 2016) y coautor de Souveraineté, Nation et Religion (Le Cerf, 2017), se remonta a los orígenes de este concepto con sus múltiples variantes para desvelar su significado y subrayar su profunda actualidad.
Laurent Ottavi (Elucid): La mayoría de las veces, entre los políticos que pretenden recuperarla, la soberanía se presenta como el medio para que un país sea dueño de su destino. ¿Cree que es una buena manera de definirlo?
Jacques Sapir : El dominio del propio destino es la esencia misma de la soberanía. Pero, ¿de quién se trata? La nación es un concepto. Sólo el pueblo encarna el ser que aspira a ser dueño de su destino. Los griegos y los romanos ya lo sabían; en el caso de los romanos, los consejos tribales podían fijar o modificar el orden del día y modificar el famoso «camino de los honores» o Cursus Honorum que conducía al Consulado. La noción de soberanía popular, como podemos ver, tiene sus raíces en la historia mucho antes de la Revolución Francesa.
Así pues, podríamos haber utilizado la definición de Jean Bodin: la capacidad de hacer leyes y, añadiría, de hacerlas libremente en una elección asumida por la misma población organizada como pueblo. Esto es más o menos lo mismo. Sin embargo, decir que queremos restaurar la soberanía tiene poco sentido si no decimos también qué medios pretendemos utilizar para conseguirlo.
Hay que recordar que el concepto de soberanía se declina en soberanías particulares: económicas, energéticas, alimentarias, digitales, pero también militares, e incluso la construcción de un espacio jurídico soberano. La decisión tomada por el gobierno de Guy Mollet -pero sobre todo por el general De Gaulle- de dotar a Francia de armas nucleares -decisión que debe presentarse en el contexto de la Guerra Fría-, pero también de la doctrina de la «respuesta flexible» estadounidense, fue una decisión central para devolver, por un tiempo, a Francia el control de su destino.
Si no se dice nada sobre estas diversas soberanías particulares en las que se declina la soberanía general -y ciertamente me olvido de algunas- y sobre todo si no se dice cómo, con qué esfuerzos, con qué política nacional, con qué decisiones y también con qué acuerdos internacionales, se pretende construirlas o preservarlas, el discurso sobre la soberanía tiene poco sentido, si no es como gárgaras para las gargantas doloridas. Hoy en día, encontrará muy pocos políticos que digan que no están a favor de la soberanía. En cierto sentido, todos son más o menos soberanistas. Pero en cuanto se trata de especificar las medidas que hay que tomar para construir y mantener la soberanía nacional, el número se reduce inexorablemente.
Así que, sí, el control del destino del pueblo y de la nación es la esencia de la soberanía. Pero esto implica acciones concretas, políticas a corto y largo plazo. También implica especificar el uso que queremos hacer de esta soberanía. ¿Queremos delegarlo en unos pocos? ¿Consideramos que la soberanía es poder pisar los pies de los demás? En otras palabras, ¿tenemos una visión agresiva de nuestro destino o una visión realista? Desde este punto de vista, se puede hacer una interesante comparación entre Alemania y Francia. El himno alemán sigue siendo Deutschland über Alles, que hace referencia a una comunidad lingüística. El himno francés, la Marsellesa, hace referencia a un contenido histórico y a una guerra defensiva.
La soberanía no sólo se declina en medios, se declina en usos. Como concepto, no es ni de derechas ni de izquierdas. Pero la definición de medios y usos se refiere a la división derecha/izquierda que estructura nuestro imaginario y nuestra vida política.
Elucid: ¿Ha tenido el concepto de soberanía una importancia más particular en nuestro país, dada su gran heterogeneidad geográfica y cultural?
Jacques Sapir: A priori, podríamos responder que no a su pregunta. Tanto si un pueblo es homogéneo como si es diverso, tanto si el territorio que ocupa es un espacio homogéneo como si es una multiplicidad de espacios, siempre se planteará la cuestión de la soberanía. Porque se refiere a la cuestión de si este pueblo pretende tener el control de su propio destino o vivir bajo el dominio de otro. Sin embargo, esta visión -que en cierto sentido es cierta- es también muy ingenua. La heterogeneidad del pueblo puede dar lugar a secesiones que fragmenten y pongan en peligro la soberanía.
Cicerón afirmó que no toda multitud es un pueblo, así como no todo oppidum es una ciudad (1). Son las instituciones las que construyen un pueblo. La cuestión de la heterogeneidad tiene mucho que ver con las instituciones que un pueblo se da para gestionar su presente y su futuro. La forma en que estas instituciones se establecen, se legitiman mediante leyes, implica que la construcción de las instituciones tiene que ver con la soberanía.
François Guizot no dice otra cosa en sus «Lecciones» sobre la civilización europea. Para él, todo compromiso da lugar a una institución y toda institución amplía la base de la soberanía de los gobernados por esa institución (2). El proceso de construcción de las instituciones, que es al mismo tiempo el del pueblo y la nación, contribuye a la producción o reconstitución de las heterogeneidades.
Por lo tanto, esta cuestión de la heterogeneidad lleva a otra: ¿la heterogeneidad es exógena al proceso de construcción del pueblo y la Nación o es endógena? En otras palabras, ¿la heterogeneidad precede a la construcción del pueblo y de la nación o deriva de los procesos por los que se produce esta doble construcción?
Hay una forma de pensar la soberanía que afirma que en los «orígenes» el pueblo era perfectamente homogéneo y que son las sucesivas incorporaciones (incluida la inmigración) las que generan la heterogeneidad. En esta línea de razonamiento, hay que volver a una situación cercana a estos famosos «orígenes». Este pensamiento se basa en gran medida en un mito. Nos impide pensar realmente en la soberanía y sustituye el razonamiento histórico por un pensamiento religioso y esencialista.
El «pueblo», desde el momento de su constitución (en el caso de Francia, algo que tuvo lugar del siglo VIII al XIII), nunca ha sido homogéneo. Además, los procesos históricos de su constitución, como pueblo y como nación, han aportado nuevos factores de heterogeneidad. Por lo tanto, pensar en la soberanía significa también sopesar las reglas que permiten y permitirán, en el futuro, gestionar esta heterogeneidad y hacer que no produzca factores de fragmentación del pueblo, porque sin el pueblo no hay soberanía.
Esto confiere una importancia vital a la lucha contra los diversos «separatismos», ya sean alimentados por las diferencias de clase y riqueza, las diferencias de religión o las diferencias de territorio. Decir que esta lucha es importante no es abogar por la supresión por la fuerza de las causas de estos separatismos, sino, en primer lugar, identificarlas bien e intentar neutralizarlas en la medida de lo posible.
¿Cómo permiten los orígenes de la soberanía en Francia entender otro concepto, el de laicidad?
Los orígenes del laicismo, entendido como la separación de las creencias privadas de la esfera pública, son múltiples. Recordemos que lo que da importancia al concepto de laicidad es la presencia de religiones monoteístas excluyentes entre sí. Está claro que la cuestión de la religión afecta tanto a lo íntimo, lo que llamamos «fe», como a la esfera pública.
Si las opciones políticas están dictadas por las afiliaciones religiosas, cada una de ellas excluyente de la otra (porque lo que motiva a las partes es su concepción de la «vida eterna»), la población está irremediablemente dividida y ya no puede constituir un pueblo capaz de decidir su propio destino. Pensamos aquí en el Líbano, donde la existencia, desde 1943, de una forma de «compromiso» que reserva ciertas funciones a determinadas religiones ha estructurado la vida política y ha conducido primero a la guerra civil y luego al estancamiento actual.
En este sentido, la historia de Francia, y en particular el episodio de las Guerras de Religión, nos permite comprender la unión que se formó entre soberanía y laicismo en nuestro país. Las Guerras de Religión (1562-1598), que fueron precedidas por un periodo de fuerte intolerancia religiosa antiprotestante desde 1534 (asunto de los «Placards») hasta 1562, fueron un periodo dramático, marcado por repetidas masacres (Michelade en Nîmes en 1567, San Bartolomé en París en 1572), que pusieron en peligro a la nación francesa. Fue un periodo en el que la soberanía de Francia pudo haber desaparecido, como lo demuestran las permanentes intervenciones de España en apoyo de los católicos y de su partido, la «Liga».
No es, pues, casualidad que entre los intelectuales que pensaban en la soberanía (conocidos en la época como los «políticos»), y más concretamente entre Jean Bodin (1529-1596), que sin embargo era muy católico, se desarrollara la idea de soberanía. De hecho, los «políticos» se dejaron convencer rápidamente por la idea de la libertad de conciencia. Pero esto no fue suficiente para lograr la paz. En los últimos años de su vida, Jean Bodin elaboró una obra que prohibió publicar durante 50 años después de su muerte -el Coloquio Heptaplomeres (3)- y que sentó las bases del laicismo.
Vale la pena considerar el razonamiento de Bodin. Estableció que la soberanía debía ser total, absoluta e indivisible. Pero también estableció que la religión del monarca tenía poca importancia. Su comentario de que «es bueno que el Rey sea católico, pero no es necesario que lo sea» muestra que separa la fe individual de la cuestión política de la soberanía. Va más allá en el Coloquio Heptaplomeres, un libro en el que pone en diálogo a siete representantes de siete religiones diferentes. Demuestra la imposibilidad de convencer al otro a base de razonamientos y llega a la conclusión de que el debate religioso debe sacarse de la escena pública, recomendando a los predicadores la «moderación» (4) como garantía tanto de la paz religiosa como de la soberanía.
Encontramos así, en germen y quizás más, la noción de separación entre el espacio privado y el público y el confinamiento de la religión en el espacio privado.
Es comprensible, pues, que la capacidad del pueblo para debatir razonablemente implique que las cuestiones que no atañen a la razón queden fuera del debate público y se dejen a la sola decisión del individuo.
La soberanía de la que deriva el laicismo es, en su opinión, una condición necesaria para la democracia, el «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», pero no es una condición suficiente. En particular, advierte de la importancia de tener una concepción política del pueblo. ¿Por qué y en contraste con qué otros enfoques?
Por supuesto, la soberanía es necesaria para la democracia. No se puede decir que un pueblo bajo el control de otro sea libre. Pero la soberanía no es suficiente. Hay naciones soberanas que no son democráticas.
Mi concepción del pueblo es política. Es el pueblo «para sí mismo» y no el pueblo «en sí mismo», para utilizar una fórmula de Georges Lukács. El pueblo es una construcción política. Esto es lo que la diferencia de las poblaciones. Estos últimos pueden tener constituciones étnicas o religiosas. Pero estas poblaciones no forman un pueblo. La noción de pueblo es fundamentalmente política, como demostró Cicerón hace más de veinte siglos.
Cualquier intento de reducir el pueblo a la población implica desconocer las instituciones que han construido este pueblo. En este sentido, el enfoque esencialista, ya sea el de un Zemmour o el del Islam político, es un enfoque regresivo que hace imposible la presencia de una democracia. El enfoque esencialista es, además, un enfoque que sólo puede concebirse a través del concepto de purificación, para reducir un pueblo existente, con sus contradicciones y conflictos, a la fantasía de la población inicial. Pero estas purgas no tienen fin. Porque siempre habrá gente que exija que la pureza, ya sea étnica o religiosa, vaya más allá. La noción de pureza es una noción mortal y asesina.
En un libro publicado en 2016, usted sostenía que estábamos viviendo un momento soberanista. En su momento, usted se refirió a la situación de emergencia creada por los atentados de enero y noviembre de 2015. Desde entonces, la pandemia, marcada en particular por la cuestión del cierre o no de las fronteras, la falta de mascarillas y de suministro de medicamentos, y la perspectiva de la falta de electricidad este invierno, han vuelto a poner de relieve el concepto de soberanía. ¿Considera esta evolución como una toma de conciencia, o más bien como una comunicación sin intención de actuar?
Claramente, hubo un cambio de lenguaje con la crisis de COVID-19. Hoy, ya sea el presidente Emmanuel Macron u otras figuras políticas, muchos se posicionan abiertamente a favor de la «soberanía». La guerra de Ucrania es una muestra más de ello.
La cuestión, como dije al principio, es cómo construir la soberanía de nuestro país. Cuando se analizan estas declaraciones desde el punto de vista de la soberanía farmacéutica y la soberanía energética, rápidamente suenan a hueco. Porque, si realmente queremos reconstruir la soberanía de Francia, primero debemos tomar nota de la pérdida de soberanía que tenemos, luego debemos presentar medidas articuladas de corto a largo plazo para reconquistarla, y estas medidas implican naturalmente una financiación, y finalmente debemos decir cómo vamos a proteger el renacimiento de la industria francesa permaneciendo en el marco de la UE y en el marco más general del libre comercio.
Por lo tanto, existe tanto la conciencia de que el electorado potencial es muy sensible a la cuestión de la soberanía y sus diversas formas, como la incapacidad de tomar una posición sobre el fondo.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
3. Entrevista a Yayo Herrero.
A Yayo Herrero Yolanda Díaz le ha propuesto colaborar en la planificación de una hoja de ruta para una «transición ecológica democrática y justa». En una postura que me parece muy sensata, Yayo dice que no se va a pasar a la política institucional, pero si se les pide a los movimientos sociales su opinión sobre estos temas, es lógico colaborar. Lo explica en esta entrevista para La política online.
4. Situación militar.
Hace días que no envío porque los cambios no parecían muy significativos. Lo más destacado, que la contraofensiva ucraniana parece haberse estancado y una cierta respuesta por parte de Rusia, que avanza en un par de frentes.
-En estos días, en Guerra en Ucrania han estado bastante activos, y han publicado bastantes entradas, tanto de resumen diario como de temas más generales:
–https://guerraenucrania.wordpress.com/2022/10/22/parte-de-guerra-22-10-2022/
–https://guerraenucrania.wordpress.com/2022/10/26/perdidas-de-ucrania-septiembre-a-octubre/
–https://guerraenucrania.wordpress.com/2022/10/26/perdidas-de-ucrania-blindados/
-Sigo a un tuitero proruso que también hace vídeos explicando día a día la evolución. Es austríaco y parece que ex militar. Creo que lo explica bastante bien. En este que os paso hoy, de lo sucedido en los diversos frentes el día 31, creo que explica con mucha claridad por qué el avance en Pavlovka de por sí no tiene demasiado sentido si no se avanza hasta Ugledar, algo nada fácil. Habla en inglés -con acento alemán-, pero se pueden activar subtítulos y traducción automática autogenerados.
Ukraine. Military Summary And Analysis 31.10.2022
Otro tuitero, Kuzmenko, explica también a partir de las declaraciones de un militar ruso por qué no tiene mucho sentido mantenerse encerrados en Pavlovka. Coincide muy claramente con lo que se explica en el vídeo:
En breves momentos comentaré lo escrito (https://t.me/aleksandr_skif/2465) por el comandante del Batallón Vostok (11º Regimiento Independiente de Fusileros Motorizados de la Guardia de la Milicia Popular de Donetsk) esta mañana:
«La noche ha suspendido las hostilidades, ninguna de las partes tenemos capacidad de distinguir la localización de nuestras posiciones. Esto hace que sea peligroso trabajar con artillería. No tiene sentido que los ucranianos mantengan los combates por Pavlovka porque no es una posición clave para ellos. Pero estamos controlando los cruces, lo que pone al enemigo en una situación realmente complicada en la que deberá decidir entre luchar o rendirse. Nosotros entregamos Pavlovka hace meses. El problema de organizar líneas defensivas en asentamientos de este tipo es que se deben utilizar sótanos en los que se abren aperturas en dirección al frente. El combatiente no puede ver nada a su alrededor sentando en un sótano con semejante enfoque. El enemigo entró en Pavlovka con vehículos convencionales por el flanco para después perderse de vista. El sótano se convierte en una trampa durante un barrido. Por este motivo bastantes marines (incluyendo comandantes de compañía) fueron tomados prisioneros entonces. No porque fueran débiles de espíritu, sino porque eran rehenes de la organización defensiva.
El propio Ugledar causaba graves problemas en la defensa del asentamiento. Desde Pavlovka hasta los primeros edificios de varias plantas de Ugledar existe una distancia de solamente mil ochocientos metros, con una barrera llena de agua como se puede esperar con este tiempo. Desde Ugledar se puede ver todo en decenas de kilómetros a la redonda, es posible apuntar fácilmente la artillería incluso sin la ayuda de un dron de reconocimiento. En las minas cercanas a Ugledar está desplegado un potente sistema óptico, que por alguna razón no ha sido destruido ni por la aviación ni por la artillería. Los ucranianos pueden corregir su fuego en cualquier dirección sin miedo a los sistemas de guerra electrónica mientras este sistema óptico funcione. Además de aprovechar su ventaja en altitud. Por estas razones he calificado nuestra ofensiva como prematura. Simplemente es necesario avanzar hacia Ugledar una vez tomada Pavlovka en esta sección del frente. Los defensores de Pavlovka volverán a ser tomados como rehenes de lo contrario. Tanto los suministros como las rotaciones se verán obstaculizados. Será imposible moverse alrededor de Pavlovka: mil ochocientos metros a las alturas prevalecientes hacen que nuestros soldados sean un objetivo sencillo incluso para las ametralladoras. Tomar un Ugledar fortificado con este tiempo será complicado. Si el mando está satisfecho con las recompensas por Pavlovka que se mueve exclusivamente para detenerse después de su toma, nos encontraremos en una posición complicada controlando el asentamiento. Pero si el mando decide ir a Ugledar ahora la situación puede ser diferente».
Y sigue así en su siguiente entrada:
El comandante (https://t.me/kuzmlive/841) tiene razón en su interpretación del mapa operativo. La situación con Pavlovka requiere una decisión táctica competente para las acciones posteriores porque no será posible organizar una defensa prolongada en las tierras bajas. Es obligatorio tomar Ugledar para que la toma de Pavlovka tenga sentido. Esta decisión táctica se ha tomado correctamente desde mi punto de vista, no estoy de acuerdo con las especulaciones de que la ofensiva se limite solamente a este asentamiento. Las tropas rusas se están abriendo paso hacia el sur de Novomijailovka donde se encuentra tanto la 79ª Brigada Independiente de Asalto Aerotransportada como la 72ª Brigada Independiente Mecanizada de las Fuerzas Armadas ucranianas. El éxito en esta zona permitirá alcanzar la ruta Ugledar-Konstantinovka (que se encuentra ahora parcialmente bajo control de fuego artillero). Las Fuerzas Armadas ucranianas tendrán que considerar la retirada de Ugledar hasta prácticamente Uspenovka. La presión de los grupos de asalto rusos en Marinka también forman parte de esta operación. Marinka estará en grave peligro si se produce la caída de Ugledar. Toda la agrupación desplegada al sur de Donetsk estará en peligro. Considero que se debe aprovechar este ataque inesperado para la parte ucraniana en un sector donde ellos mismos tenían planes de ataque. Las Fuerzas Armadas ucranianas han conseguido introducir reservas pero todavía no son suficientes para detener el avance (mapa en comentarios).
No os lo paso entero para no repetir la información, pero este es el hilo de Rybar en inglés sobre la situación de los frentes ayer:
https://twitter.com/rybar_en/status/1587262498033618944
Por otra parte, sigue el machaque de la infraestructura eléctrica ucraniana. Está siendo muy severo y ya hay cortes muy frecuentes y falta de agua en las viviendas. Parece que los últimos ataques, alguno ya a las centrales de 750, han sido en general contra las subestaciones que envían energía de las centrales hidroeléctricas a la red. https://twitter.com/rybar_en/status/1587176314510999559
Os paso solo el último artículo de Slavyangrad.es. Entre los anteriores, uno dedicado a Alexis Castillo, pues la editora de la edición española de Slavyangrad era amiga personal. Compromiso hasta el final
https://slavyangrad.es/2022/11/01/25852/
5. La influencia de Sankara en el África de hoy
Ahora que hay una cierta agitación en Burkina Faso, vale la pena recuperar este artículo de la Review of African Political Economy de hace unos años sobre la influencia de Sankara en la juventud africana actual.
https://roape.net/2017/10/31/revolution-2-0-thomas-sankara-social-media-generation/
Revolución 2.0: Thomas Sankara y la generación de las redes sociales
Por ROAPE 31 de octubre de 2017
Burkina Faso es un ejemplo fascinante de cómo una larga historia de movilización sociopolítica, el resurgimiento del interés por un antiguo líder revolucionario asesinado y las conexiones digitales de la era de las redes sociales han confluido recientemente en una revolución exitosa.
El antiguo hombre fuerte Blaise Compaoré fue derrocado a finales de octubre de 2014, cuando cientos de miles de personas, en su mayoría jóvenes burkineses, participaron en protestas masivas en la capital, Uagadugú, y en otros centros del país. Casi un año después, en otro repunte de la movilización popular salieron de nuevo a la calle; con actos masivos de desobediencia civil la resistencia popular de septiembre de 2015 defendió magníficamente la nueva democracia contra un intento de golpe militar.
Los jóvenes activistas burkineses al frente de las protestas han bautizado los acontecimientos como «Revolución 2.0». Lo hicieron por dos buenas razones: por un lado, se referían a la conexión digital de los manifestantes, los periodistas y los políticos de la oposición, que se abrieron paso a través de Twitter en la cadena de acontecimientos. Pero la etiqueta también captó la movilización como un segundo advenimiento, que encontró su inspiración en el resurgimiento masivo del interés por Thomas Sankara. El que fuera presidente de Burkina Faso desde 1983 hasta su asesinato en octubre de 1987, nunca dejó de ser una inspiración para los objetivos y esperanzas radicales. A menudo se le ha llamado el «Che Guevara africano». Sin embargo, la imagen de Sankara, sus palabras y su legado volvieron a cobrar vida con la movilización masiva de la juventud de Burkina Faso a partir de 2013.
Burkina Faso es uno de los países africanos más pobres; su tasa de urbanización sigue siendo baja, del 31% (2017), y solo 2,15 millones de burkineses (de una población total de 18,9 millones) son usuarios activos de la web en la actualidad. Más de tres cuartas partes de los que acceden a Internet lo hacen a través de sus teléfonos inteligentes, solo el 20% tiene acceso a dispositivos informáticos. En 2013-2015 estas cifras eran incluso mucho más bajas; no obstante, los hashtags #Burkina y #Lwili sirvieron para proporcionar conexiones significativas.
Movimientos populares como Le Balai Citoyen (la «escoba ciudadana»), fundado por los músicos-activistas Serge Bambara (conocido como el rapero «Smockey») y Sams’K Le Jah, que toca reggae, se movilizaron a través de conciertos, reuniones masivas y medios sociales. Durante los frenéticos días de batallas callejeras, en el edificio del Parlamento, en la Plaza de la Revolución, y en otros lugares en 2014, los que tenían teléfonos inteligentes, aunque sólo una minoría entre los cientos de miles de manifestantes, tuitearon eventos e información, lo que se convirtió en una parte importante de una estrategia notablemente flexible para mover los bloqueos callejeros. Facebook, la red social más popular del país, se utilizó ampliamente para la organización. Mientras el régimen de Compaoré cerraba los servicios de sms (pero no Internet), los teléfonos móviles -aunque no tuvieran acceso a Internet- desempeñaban un importante papel como transmisores de otra forma de comunicación más antigua: la radio. Las emisoras de radio independientes emitían canciones populares de rap y reggae que celebraban la vida y las ideas de Sankara, y durante la propia insurrección transmitían instrucciones e información estratégica.
En 2014, Burkina Faso no fue una «revolución de Facebook». Sin embargo, las redes sociales desempeñaron un papel importante para conectar a los activistas de los movimientos populares, los políticos de la oposición, los líderes sindicales y los periodistas. Compartieron lo que ocurría en las calles. Las imágenes de Twitter fueron especialmente significativas también para unir la «Revolución 2.0» con la diáspora burkinabé en los países vecinos de África Occidental, en otros lugares del continente y en países del «Norte Global». También llegaron a influyentes medios de comunicación internacionales. El intento del Presidente de cambiar la Constitución del país y crear una «presidencia vitalicia» quedó cada vez más aislado a nivel local e internacional. A los medios sociales digitales se les puede atribuir, en parte, el hecho de que el levantamiento de 2014 lograra derribar el impopular régimen. Los líderes de la oposición y los grupos de derechos humanos llevaban años denunciando el régimen de Compaoré, pero las anteriores olas de protestas feroces de finales de la década de 1990, y de nuevo en 2011, no tuvieron ninguna oportunidad; fueron aplastadas brutalmente.
En referencia a las revueltas en el norte de África que habían derribado a hombres fuertes de larga duración allí y en otras partes del mundo árabe, los observadores han descrito la insurrección burkinabé como una «primavera africana». De hecho, #AfricanSpring fue otro hashtag virulento aunque menos utilizado que #Lwili, llamado así por los tejidos tradicionales que se usan en Burkina Faso. Las prendas tejidas localmente también habían sido intensamente promovidas por Thomas Sankara durante su presidencia en la década de 1980 como parte del proyecto de promoción de la autosuficiencia económica.
Sankara se pronunció enérgicamente, y en la cara de los poderosos dirigentes occidentales, contra el reembolso de la deuda africana. Bajo su mandato, Burkina Faso emprendió campañas de vacunación infantil y una campaña a gran escala para luchar contra la desertización. Muy poco habitual para su época, Sankara promovió a las mujeres en los altos cargos y prohibió la circuncisión femenina; se le recuerda por un poderoso discurso en el que pronunció que la revolución no podía triunfar sin la emancipación de las mujeres. El joven líder, atractivo con su característica boina roja, personalmente incorruptible y aficionado al fútbol y a la guitarra, se enfrentó a los intereses creados a nivel internacional y local, lo que -como algunos han señalado- condujo a una situación peligrosa y, finalmente, a su asesinato y al golpe de Estado dirigido por su antiguo socio Blaise Compaoré.
Hoy en día, el mensaje y el ejemplo de Sankara encuentran una admiración entusiasta entre los jóvenes africanos de Burkina Faso, y de otros países. Desde Burkina Faso, Senegal y Gambia, en el oeste, hasta Sudáfrica, Namibia y Zimbabue, en el sur del continente, una generación de medios de comunicación social ha salido a la calle con sus mensajes y tweets y vídeos de móvil, con sus blogs y su música rap. Están profundamente enfadados con la condición postcolonial y la austeridad, con el racismo global no reformado y con las élites postcoloniales corruptas y autoritarias; comparten un gran deseo de democracia y justicia social. En el siglo XXI, los jóvenes africanos, con sus teléfonos inteligentes, están posiblemente a la vanguardia de una globalización alternativa desde el sur.
Heike Becker escribe sobre la intersección de la cultura y la política poscolonial, centrándose en la política de la memoria, la cultura popular y los movimientos sociales. Heike es colaboradora habitual de www.roape.net.
Fotografías: La fotografía destacada es un retrato de Sankara pintado en la pared de la mansión de François Compaoré, asesor económico del presidente depuesto. La mansión fue asaltada y ocupada durante la revolución de 2014, sigue en manos de los jóvenes revolucionarios (Leo Zeilig, marzo de 2016). La primera imagen del texto es un DVD de recuerdo de la revolución que se vende en las calles de la capital, Uagadugú (Heike Becker, diciembre de 2014). La segunda imagen es un coche quemado frente a la Assemblée nationale de Ouagadougou, el edificio del parlamento fue quemado hasta los cimientos a finales de octubre de 2014 (Heike Becker, diciembre de 2014).
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
6. ¡Ahí os quiero ver!
Vale que son todo jóvenes, pero los camaradas de Swatzilandia están en una forma física envidiable: https://twitter.com/CPSwaziland/status/1586989625070985216. Aunque el de la izquierda se escaquea un poco.
7. Vídeo de los compañeros de Rebelión Científica encarcelados
Son los que se encerraron hace poco en un museo del automóvil en Alemania. De los trece, seis son españoles. Este es su mensaje:
https://twitter.com/EsRebelCientif/status/1586796262090850307
¡Uníos a la rebelión!
8. Así estamos.
Algunos datos interesantes:
La evolución del comercio de Rusia según The New York Times:
Fuente: https://twitter.com/powerfultakes/status/1587291102079508480
Como véis, el comercio de España con Rusia ha crecido un 57%. Hemos comprado todos los combustibles fósiles posibles antes de que se cierre el grifo.
Estos son algunos otros datos:
Variación del volumen comercial por países desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero (NYT)
+310% India
+198% Turquía
+106% Brasil
+81% Bélgica
+64% China
+57% España
+32% Países Bajos
+13% Japón
-3% Alemania
-17% Corea del Sur
-35% ESTADOS UNIDOS
-76% Suecia
-79% REINO UNIDO
Fuente: https://twitter.com/ukraine_map/status/1587265999245565953
Inflación en octubre en los países europeos según @EU_Eurostat:
Fuente: https://twitter.com/EconoCabreado/status/1587027560776474630 (en el hilo, comparativa con septiembre)
La información viene de este artículo del New York Times: How Russia Pays for Wa
Cómo paga Rusia la guerra Por Lázaro Gamio y Ana Swanson 30/X/2022