Dos artículos de Pere Ortega

I. “El realismo político de Nicolas Sartorius y la izquierda” por Pere Ortega. Publicado en mientras tanto.e, noviembre de 2022 (Publicado en Público, 30/09/2022).

Un artículo de Nicolas Sartorius, “El gasto militar: una cosa y su contraria”, aparecido en elDiario.es del 10 de setiembre pasado, me empuja a precisar algunas cuestiones sobre una materia a la que he dedicado tiempo y esfuerzo en comprender. En primer lugar, es un artículo escrito desde el realismo político, es decir, considerando utópicas las propuestas alternativas a la seguridad basadas en el uso de la fuerza militar, pues las inseguridades y amenazas en las que vive nuestro mundo, según Sartorius, hacen necesario recurrir a la defensa militar para proteger a sus poblaciones.

Esa propuesta surge desde el desconocimiento de que en el mundo actual hay 32 estados que no disponen de fuerzas armadas. Unos porque sus escasas dimensiones y población hace imposible tenerlas, otros, como Islandia, Costa Rica o Panamá porque han establecido convenios de seguridad con terceros para que los protejan. Pero lo cierto es que la mayoría de ellos se las han ingeniado para establecer relaciones de amistad y de seguridad compartida con sus Estados vecinos para evitar ser absorbidos; y los menos, porque tienen su seguridad subrogada a terceros, cosa que permite a unos y otros ahorrar el enorme dispendio que representa disponer de un ejército.

Pero hay otra cuestión planteada por Sartorius que es más inquietante, cuando aboga a principios identitarios de la izquierda para rechazar el antimilitarismo. Pues, según él, el antimilitarismo nunca ha sido patrimonio de la izquierda. Esto es un error de bulto, pues la izquierda es históricamente antimilitarista. A saber, el militarismo se define como una ideología que pretende incidir en todos los ámbitos de la sociedad, con especial atención en las políticas de Gobierno para que los valores militares prevalezcan por encima, o cuando menos sean igual de relevantes que los de carácter civil. Se trata de que las fuerzas armadas tomen una dimensión superior a la función para las que fueron creadas: la defensa armada del estado/nación. Un militarismo que pretende influir en las decisiones de los gobiernos hasta el extremo de condicionar la política de los estados en materia de seguridad y defensa. Entonces, hay que entender el militarismo como una perversión del hecho militar, y, en ese sentido, es lógico y comprensible que la izquierda siempre se haya definido como antimilitarista.

Marx, Lenin, Che Guevara y otros, aunque apoyaran la violencia armada fueron antimilitaristas. Como también lo fueron los pacifistas Gandhi, Luther King, Nelson Mandela y tantos otros. Otra cosa es que mientras los primeros consideraron que el uso de la fuerza armada podía conducirnos a un mundo más armonioso; los segundos, los pacifistas, creían lo contrario, que los conflictos no se pueden resolver mediante el uso de la fuerza armada, y abogaban por el desarme, la reducción de los ejércitos y como no, del gasto militar.

Reducción del gasto militar que desde la economía crítica han defendido diversos e importantes intelectuales, Kenneth Bouilding, Seymour Melman, Wassily Leontief y otros que lo han denostado por ineficiente, pues ejércitos y armamentos crean endeudamiento, inflación y destruyen la economía productiva en cualquier sociedad.

Pero hay más falacias detrás del gasto militar. No existe ningún canon, ni modelo que demuestre que el gasto militar debe ser el 2%, el 3% o el x% del PIB de un Estado. Mientras sí que tenemos espectaculares ejemplos de desarrollo gracias a ejemplos de no tener gasto militar. Así ocurrió en Alemania y Japón después de la II Guerra Mundial, cuando se les prohibió tener ejército e industria militar logrando sólo en diez años tener sendos milagros de desarrollo económico. Y, en sentido contrario, tenemos el precedente de la extinta URSS, donde se llegó al extremo de dedicar hasta un 25% y 30% de su PIB en gasto militar para mantener una carrera de armamentos convencionales y nucleares con sus rivales de Estados Unidos y la OTAN, mientras mantenían las estanterías de sus comercios vacías de productos de consumo, lo cual los condujo, entre otras causas, al colapso de 1991.

Pero, en cambio, sí que existe una recomendación de Naciones Unidas sobre gasto militar. En su Informe de Desarrollo Humano de 1991, aconsejaba a los Estados no destinar más allá de un 1% de su PIB a menesteres militares, y que el resto del gasto militar que excediera de ese 1% se destinara a desarrollo de los países entonces llamados del Tercer Mundo (hoy empobrecidos). Algo que desde luego nadie cumplió.

Con respecto al gasto militar de España, Sartorius, que es una persona informada, ya advierte que éste alcanzó el 1,78% del PIB en 2022, y, por tanto, sólo es cuestión de formalizar como gasto militar todas aquellas partidas que están repartidas por otros ministerios. Lo que no menciona es que ese gasto, según mis cuentas (ver https://bit.ly/3xlhtJW) alcanza este año la colosal cifra de 22.796 millones (62 millones diarios); y que además, en lo que llevamos de año ya se ha incrementado en dos ocasiones para hacer frente a los gastos derivados de las misiones militares españolas en el exterior, en especial por la guerra de Ucrania (Consejo de Ministros de 08/03/2022) de 569,85 millones, y (Consejo de Ministros 05/07/2022) de 632,5 millones para misiones y otros 367,2 para adquisición de armamento. En total 1.569,5 millones, una cifra que seguramente antes de finalizar el año se incrementará. Y, para el año próximo, existe la propuesta del actual Gobierno de Pedro Sánchez de incrementar el presupuesto de Defensa en 2.500 millones, con lo cual ya se puede situar por encima del 2% del PIB que se reclama. Cuando, por el contrario, si se siguen los consejos de la economía crítica, del PNUD de la ONU, o de la International Peace Bureau (premio Nobel de la paz de 1910), deberíamos reducir el gasto militar para contribuir al desarme, frenar la carrera de armamentos y al militarismo que subyace en las grandes potencias para que posibilite un mínimo denominador común de equilibrio militar entre Estados que facilite la convivencia y una casa común para Europa y el mundo.

Ya que Sartorius invoca a Kant y su Paz perpetua, es bueno recordar que, en ese imprescindible texto, Kant abogaba por una sociedad de naciones con un Gobierno mundial dotado de un cuerpo militar con capacidad de intervenir en conflictos entre naciones, algo que posibilitaría la desaparición de los ejércitos nacionales.

Mientras eso no llega, no hemos de desesperar, pues si antes abolimos la esclavitud y la pena de muerte —aunque aún existan en algunos lugares— también podemos soñar en abolir la guerra, y con mucha más razón, reducir las posibilidades de que se produzcan nuevas no aumentando el gasto militar. Para finalizar, seamos claros, si deseamos que algún día España, Europa y el mundo alcancen sociedades más justas, fraternales y en paz se deberá abandonar el Si vis pacem, para bellum y abogar por el desarme.

https://mientrastanto.org/217/de-otras-fuentes/el-realismo-politico-de-nicolas-sartorius-y-la-izquierda/

II. Publicado en mientrastanto.e, noviembre de 2022. “El esperpéntico aumento del gasto militar de 2023”

La propuesta presentada por el Gobierno de coalición de presupuesto para su aprobación en el Congreso de Diputados para el año 2023 es, en algunos ámbitos sociales, beneficioso para la mayoría de la población, pues al tratarse de un presupuesto ligeramente expansivo, ya que propone un crecimiento de un 10,7% respecto a 2022, con el ánimo de hacer frente a la crisis que atenaza a España y Europa por culpa de la guerra de Ucrania (de la que en buena parte son responsables sus gobiernos por no buscar una salida a esa guerra). Un presupuesto donde seis de cada diez euros se destinarán a gasto social, con importantes aumentos para pensiones, o la atención a la dependencia, ayudas a la ciencia, a la I+D+i, donde Sanidad aumentará un 6,7% y educación un 6,6%.

Pero esos buenos propósitos se difuminan cuando se constata que el presupuesto del Ministerio de Defensa para 2023 propone que aumente un 25,8% y alcance los 12.317 millones frente a los 9.791 millones de 2022. Una propuesta que quiere convertir en realidad la promesa hecha por Pedro Sánchez de aumentar el gasto en defensa en 2.500 millones para el año próximo y así cumplir con el 2% del PIB comprometido en la cumbre de la OTAN del pasado mes de junio en Madrid junto al resto de países de la Alianza Atlántica.

Pero a pesar de ese espectacular aumento del gasto del Ministerio de Defensa, muy por encima del resto de ministerios, aún hay muchos más incrementos en gasto militar, especialmente a través de dos fórmulas engañosas. Una a través de créditos extraordinarios que por un importe de 1.601 millones surgirán desde el Ministerio de Industria en ayudas de I+D para las industrias de defensa para financiar los Programas Especiales de Armamentos y que aumentan un vertiginoso 126% con respecto a 2022. La segunda, a la que se recurre todos los años, es la transferencia de crédito que se realizan desde el Fondo de Contingencia, un capítulo pensado para hacer frente a imprevistos desde donde se sufragan las misiones militares en el exterior y también inversiones en armamentos. Así, este mismo año de 2022 el presupuesto de Defensa ya se ha incrementado en diversas ocasiones para hacer frente a diversos menesteres. Para sufragar el despliegue militar en la guerra de Ucrania, (Consejo de Ministros de 08/03/2022) de 569,85 millones; de 632,5 millones para la adquisición de armamentos y otros 367,2 para misiones en el exterior (Consejo de Ministros 05/07/2022); una transferencia de crédito por importe de 1.110,7 millones del Ministerio de Sanidad al Ministerio de Defensa para financiar el Plan de Inversiones en Equipos de Alta Tecnología (INVEAT) de los hospitales militares (Consejo de Ministros 13/09/2022); y por último, 29,75 millones para adquirir equipos de radio para las unidades del ejército destinadas en torno a Rusia (Consejo de Ministros 20/09/2022). En total, este año de momento se han incorporado al Ministerio de Defensa 2.847 millones, una cifra que seguramente antes de finalizar el año se volverá a incrementar.

El grueso del gasto militar en 2023 se destinará a inversiones en armas que recibirán 7.743 millones entre I+D y el pago de armas a las industrias militares, y que representan el 30% del total de las inversiones del Estado central (sin contar las inversiones de las Autonomías). De los cuales, 4.101 millones, estarán destinados a sufragar los denominados Programas Especiales de Armamentos (PEAs).

Pero aún hay más. Las partidas que pertenecen al ámbito militar y que están repartidas por otros ministerios y que la misma OTAN aconseja a los países miembros deben contemplar como gasto militar, a saber: las pensiones de los militares, la mutua sanitaria de los militares, los cuerpos militares como la Guardia Civil, las pensiones de guerra o los costes por participar en organismos militares internacionales. Si sumamos todo ello, el gasto militar del Estado español para 2023 sumará la increíble cifra de 26.208 millones, 75 millones diarios, y superará el deseado por Pedro Sánchez 2% del PIB hasta alcanzar el 2,12% del PIB.

Un colosal gasto militar que se justifica porque esos grandes Programas de armas (PEAs) crean empleo y suponen un avance tecnológico que en su trasvase a los ámbitos civiles suponen un mayor desarrollo. Una justificación mendaz, pues los analistas que han estudiado esta cuestión sostienen lo contrario, que las tecnologías militares representan una pérdida de oportunidad para la economía productiva por los altos costes de inversión en I+D y armas que necesitan, con el añadido, de que no existe un mercado de armas, pues éstas solo son adquiridas por los Estados produciendo déficit e inflación. Además de ser antisociales, al enfrentar la fabricación de bienes de consumo a productos que no lo son como los tanques.

Con todo lo indicado, el supuesto presupuesto social de este Gobierno salta por los aires al dedicar buena parte del presupuesto a la carrera armamentística que ha desencadenado esa guerra de Ucrania, para mayor satisfacción del complejo militar industrial español que, de la mano del PSOE consigue que sus socios de Gobierno de Unidas Podemos se coman ese enorme sapo de gasto militar.

 

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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