Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
Todavía es pronto para hacer una evaluación del paro y de las movilizaciones de ayer. Ahora son las 7 de la mañana en Perú y la prensa y las redes sociales no recogen todavía todo lo sucedido. Así que por el momento solo tengo una impresión. Primero el paro y las movilizaciones no se limitaron a Lima, aunque Lima ha sido el principal centro de atención de todos. Sobre la amplitud de las movilizaciones hay datos significativos: ayer el bloqueo de carreteras llegó a producirse en 145 puntos (estaba en el centenar raso hace un par de días); la manifestaciones no se limitaron a Lima, la prensa ha informado de algunas de ellas, en Chimbote (Ancash) en Ica ( en este caso la información es del PCP-Unidad, integrado en la Asamblea Nacional de los Pueblos), Junín, Arequipa; se han reproducido intentos de ocupación de los aeropuertos de Arequipa y Cusco. En Arequipa la Policía ha disparado de nuevo, con bala y con perdigones, y de nuevo hay muertos (uno por balazo en el pecho) y heridos (3 por perdigones de la manifestación del Sindicato de Trabajadores de la Construcción) [os paso en adjunto un par de fotos de los heridos de perdigones, para que veáis es poca broma; los perdigonazos también han causado algún muerto en días pasados]. Es de suponer que en todo el Macrosur ha vuelto a haber manifestaciones.
En Lima, el gobierno desplegó un dispositivo policial con 11.800 efectivos y varias tanquetas, para -dijo el general de la policía al mando del operativo- encapsular a los manifestantes. Quedó claro que su objetivo ha sido impedir el avance de los manifestantes hacia el centro, hacia la Plaza de San Martín y otros puntos del centro de Lima. Se cerró el metro y se dispusieron cordones policiales, apoyado por tanquetas. Cuando los manifestantes, que actuaban pacíficamente, han querido rebasar esos cordones policiales es cuando se han producido los enfrentamientos, a partir de las cuatro de la tarde; enfrentamientos en diversos puntos, que no han acabado hasta las once de la noche. El balance que ha dado el gobierno, a las 9,30 de la noche era de 22 policías y 16 manifestantes heridos, sin más detalle. En este caso lo que ha usado la policía han sido bombas lacrimógenas, con generosidad. Tres detalles más. Ha habido tres tipos principales de manifestantes: los de las columnas llegadas desde el sur, los de las organizaciones políticas y sindicales limeñas, y otros más particulares, como los reservistas de Antauro Humala. Los del Sur han dicho que no se marchan de Lima hasta que Dina Boluarte no dimita. Y por último, el incendio del edificio cercano a la Plaza de San Martín; no está clara su autoría, las autoridades dicen que lo están investigando; desde Perú Libre acusan a infiltrados recordando el incendio del Banco Nacional en 2000 -con motivo de otro episodio de manifestaciones- llevado a cabo por agentes fujimoristas; y en redes sociales se acusa del hecho al impacto de una bomba lacrimógena. En todo caso el icono de lo de ayer no debería ser ese incendio.
La reacción de Dina Boluarte, un pronunciamiento público: «Los actos de violencia generada en diciembre y enero no quedarán impunes(…) han querido tomar tres aeropuertos (…) por el informe que tenemos esto ha sido preparado con premeditación y reitero, todo el rigor de la ley caerá sobre estos actos»; lo ha dicho – se pueden ver las imágenes en la prensa digital- con un gesto crispado, de dureza, pretendiendo con ello investirse de la autoridad que no tiene. No ha dicho ni mu de la más de cincuentena ya de muertos por la acción policial. Ha sido tan tremendo que hasta un columnista de El Comercio hoy escribe «el mayor error de este gobierno es su indolencia ante las muertes». Tremendo y trágico error. Cuesta recordar que ella había militado en Perú Libre, aunque en enero de 2022 lo abandonó, supuestamente para enfatizar su apoyo entonces a Pedro Castillo. Consecuente con esa exclusividad represiva ayer se amplió el estado de emergencia (decretado ya para Puno, Cusco, Lima, Callao, provincia de Andahuaylas y dos provincias más de Madre de Dios, el 15 de diciembre) a los departamentos de Amazonas y La libertad en el Norte y Tacna en el Sur. La protesta va definitivamente de Norte a Sur y la represión gubernamental no hace otra cosa que «nacionalizar» el conflicto.
La salida política sigue en el aire. La derecha se empeña en que lo único viable son elecciones en abril de 2024, que teniendo en cuenta los tiempos de segunda vuelta y constitución de nuevo congreso no llevaría a tener nuevo gobierno hasta julio de 2024. Eso significa 19 meses más de presidencia de Dina Boluarte; es impensable pensar que eso en las circunstancias actuales sea posible, sin un recurso mayor a la fuerza. Eso ya no es una salida política. La única es el adelanto al término más corto posible, a octubre 2023 en primera vuelta. Por si fuera poco el lío, ahora hay dudas de que la propuesta de la derecha de adelantar elecciones a 2024 pueda conseguir los dos tercios de diputados necesarios para aprobarla; desde luego, la izquierda no tendría nunca ese respaldo para llevar adelante la suya en el congreso. Si la salida queda fuera del ámbito del congreso, por su bloqueo, la única disyuntiva está entre dictadura o proceso constituyente. Si la derecha consigue llevar adelante su calendario, más que probablemente solo estaría aplazando un tiempo para que esa disyuntiva se imponga, dado el descrédito y la incapacidad del gobierno actual.
PS: Disculpad. He esperado a conseguir más información para comentar una noticia que es argumento principal de la derecha para descalificar las manifestaciones. «Manifestantes causan dos muertes más», dice el titular de El Correo (y semejante el de El Comercio). Se refiere a la muerte por paro cardiaco de una mujer de 51 año que viajaba en un autobús que quedó parado en un bloqueo, y de un feto de seis meses (la prensa lo titula un bebé de seis meses) de una mujer de 16 años embarazada, que se sintió mal y se trasladaba a un centro médico. La misma información del El Correo dice que la mujer de 51 años murió cuando la intentaban evacuar -obviamente los manifestantes- y el aborto se produjo de repente cuando los manifestantes verificaban la condición de la mujer para dejarla pasar.
Si fuera su guerra -la de la derecha- habrían hablado de fatalidad y daños colaterales; como no es la suya hablan poco menos que de homicidios.