Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx.
1. Algunos apuntes sobre energía
Si veíamos el otro día que Rusia vende a India; India procesa y se lo vende a EEUU, hoy otra noticia similar: El petróleo ruso se mezcla en Singapur y luego se reexporta, según Bloomberg
-La proporción del consumo de energía limpia en China ha aumentado hasta el 25,5% en 2021 desde el 14,5% en 2012. China mantuvo un crecimiento económico medio del 6,6% en el periodo con un crecimiento anual del consumo energético del 3%, según mostraron los datos oficiales.
-Según este cuadro de la AIE, el ‘desacople’ occidental de Rusia para conseguir la transición a energías renovables está muy cuesta arriba:
l 90% de la producción de componentes se hace en China o en la región de Asia Pacífico.
-Malas noticias desde Corea:
Corea del Sur redobla su apuesta por la energía nuclear como parte de un nuevo giro en su política ecológica- La energía nuclear representará casi un tercio de la generación en 2030. Se rebajan los planes para las energías renovables
La demanda de GNL y carbón se reducirá drásticamente en la próxima década
-Al negar Europa su mercado al carbón ruso, los productores de carbón de Rusia se han reorientado hacia China e India. Sin embargo, la mera distancia entre los puertos rusos del Báltico y los consumidores asiáticos corre el riesgo de hacer que las exportaciones de carbón no sean rentables.
-Pensamos, alegremente, que si prescindimos de los combustibles fósiles rusos los estadounidenses -sobre todo, gas- vendrán ‘al rescate’, aunque sea con precios más caros. Pero en el Financial Times se preguntan qué supondría el fin del Shale en EEUU… What the end of the US shale revolution would mean for the world
2.Arestovich en la diana
Quizá no sea más que una pantomima para hacer el papel de ‘oposición’, pero ha seguido criticando a Zelenski. No sé si es por eso, pero lo acaban de incluir en esa lista ‘oficial’ de enemigos de Ucrania a eliminar físicamente, Miravets, acusado de «Provocador profesional. Llevar a cabo sabotajes de información pública a favor de los invasores rusos. Participación en actos de agresión humanitaria contra Ucrania.»
Fuente: https://twitter.com/
3. Petro en Davos.
Nuestro presidente, ese que piensa que somos las «semillas podridas de Putin» en España (https://twitter.com/20m/) se dedicó en Davos a suplicar a los billonarios que, por favor, paguen algún impuesto. Mucho más interesante me parece la propuesta de Gustavo Petro: Presidente Petro habla sobre el capitalismo en el Foro Económico Mundi… | TikTok
4. Obras completas de Lenin
Se pueden encontrar sin problema en dos ediciones distintas en Marxists.org (https://www.marxists.org/), pero por si queréis una nueva copia en papel, en Uno en Dos han vuelto a publicar una versión de pago en papel y otra electrónica gratuita. Piensan publicar los 55 volúmenes. También están publicando las de Mariátegui, por cierto.
5. La industrialización del Donbás.
Nahia Sanzo ha hecho un TFM sobre este tema, y lo resume en este artículo para Slavyangrad: https://twitter.com/nsanzo/
La industria de Donbass
A finales de noviembre, por primera vez desde el verano, la RPD mencionó la intención de reconstruir y recuperar la producción en Ilich Azovmash, una de las principales fábricas metalúrgicas de la zona industrial de Mariupol. La pasada primavera la fábrica, en realidad una zona industrial de gran tamaño en sí misma, fue escenario de una de las muchas batallas urbanas. Allí se refugió durante un tiempo, la 56ª Brigada del Ejército Ucraniano antes de realizar un fallido intento de fuga que terminó con una parte de la brigada capturada, los cuerpos de otra dispersos por los campos de la salida de Mariupol o, en el caso de algunos de sus mandos, como el conocido Volina, refugiados en la cercana Azovstal. Ese frustrado intento de fuga, que dio lugar a un enfrentamiento con las tropas rusas y republicanas, aceleró el desarrollo de los acontecimientos y al contrario que en la acería Azovstal, la batalla ni se prolongó ni implicó la destrucción prácticamente completa de las instalaciones. Días después, allí pudo verse al soldado hispanocolombiano de la RPD Alexis Castillo, fallecido meses después, en un vídeo en el que mostraba las armas españolas que habían sido allí encontradas y denunciaba que más armas solo garantizan más guerra. Ya entonces era evidente que la destrucción había sido limitada, por lo que la reconstrucción no fue descartada de antemano como sí ocurrió con Azovstal, ambas propiedad del conglomerado empresarial del principal oligarca de la zona, Rinat Ajmetov.
Actualmente, aún en guerra y sin perspectivas de paz a corto plazo, la destrucción masiva del parque de viviendas y de las infraestructuras más básicas hace imposible planes a corto plazo para la reconstrucción general de la industria de Donbass. Desde la segunda mitad del siglo XIX la industria ha sido, no solo el hilo conductor a través de tres regímenes políticos, el Imperio Ruso, la Unión Soviética y la Ucrania independiente, sino un elemento tan importante que, en este tiempo, ha cambiado la estructura social y económica de una región que pasó de ser una inhóspita estepa agrícola escasamente poblada a una zona urbana de elevada densidad de población, aspecto que actualmente condiciona la forma en que se desarrolla la guerra.
El éxito que estos días ha obtenido Rusia en Soledar, el primero en meses de difícil avance en un frente enormemente fortificado, abre ahora la puerta a la fase final de la lucha por Artyomovsk, una ciudad industrial de gran importancia hoy y en el pasado. Como han recogido estos días varios medios rusos, Artyomovsk, entonces Bajmut, fue uno de los orígenes de la industrialización de Donbass, mucho antes de esa segunda mitad del siglo XIX en la que la industrialización despegó finalmente. Todo intento anterior había padecido de la falta de inversión, desinterés de la población de la zona y fundamentalmente del grave atraso del Imperio Ruso, que no comprendió la necesidad objetiva de industrialización hasta que la guerra de Crimea le mostró que la superioridad industrial de las potencias europeas iba a traducirse en debilidad militar rusa. Pese al riesgo que suponía la industrialización, que implicaba necesariamente la creación de un proletariado urbano, los gobiernos zaristas apostaron por la participación estatal en el desarrollo industrial de regiones como Donbass, que combinaba la cercanía a materias primas como el hierro con la existencia de amplias reservas de carbón.
Subvencionados y con garantías de concesiones futuras, empresarios extranjeros fueron reclutados para la creación de industrias que debían, ante todo, producir material para la creación de un transporte ferroviario que en la guerra se había mostrado insuficiente y en grandes partes del enorme país incluso inexistente. Llegaron así figuras como John Hughes, un industrial galés que ya había participado en causas comunes con el gobierno zarista, y que consiguió un subsidio y la promesa de que, tras una década, le serían concedidas todas las tierras que hubiera necesitado alquilar para su fábrica: Novorossiya, Nueva Rusia. Pero, ante todo, Hughes recibió del gobierno zarista vía libre para construir su ciudad, Yuzovka, la actual Donetsk, y disponer de un poder prácticamente absoluto. Durante décadas, Yuzovka, que llevaba el nombre en honor a su fundador, se limitaba a la fábrica y las minas de John Hughes, cuya familia mantuvo la propiedad de Nueva Rusia hasta 1916.
La instalación de los primeros altos hornos y la extracción de carbón en cantidades industriales supusieron un punto de inflexión definitivo para Donbass, que comenzó a requerir de grandes cantidades de mano de obra para la producción, construcción de vivienda para la clase obrera y sus familias y todo tipo de infraestructuras, pero también para todos los servicios vinculados al crecimiento de población. Es ahí, en el comercio y la artesanía donde en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial cobra gran peso la población judía. Víctima tanto de la discriminación oficial del Imperio Ruso, que limitó las zonas en las que podían asentarse, como de la de la propia población rusa y ucraniana, la población judía era blanco habitual de los pogromos que acompañaron a la creación de un movimiento obrero que canalizara el malestar de una población que residía en condiciones de graves carencias.
ese a la pobreza de las ciudades y la vida en condiciones de hacinamiento, los comparativamente elevados salarios suponían un incentivo para familias de regiones lejanas del Imperio Ruso, que en muchos casos enviaban a los hombres a trabajar en la industria durante los meses que transcurrían entre el final de una cosecha y el inicio de la siguiente. La falta de mano de obra, algo que se repite actualmente, fue siempre una de las dificultades de unos propietarios que buscaron siempre su beneficio, sin prestar la atención necesaria al desarrollo de unas condiciones mínimamente dignas para la clase obrera. Las dificultades para reclutar mano de obra cercana, fundamentalmente familias campesinas ucranianas, hizo necesaria la llegada constante de población migrante. Frente a otras zonas del Imperio Ruso, en Donbass y el sur de Ucrania, debido a su menor densidad de población, los campesinos disponían de mayores cantidades de tierra, lo que desincentivaba la migración del campo a la ciudad. Frente a aspectos identitarios que hoy en día se suponen centrales para la separación entre el campo ucraniano y las ciudades rusas o rusificadas, el aspecto económico es evidente. Donbass no fue rusificado de forma artificial tras la Segunda Guerra Mundial como alega la historiografía nacionalista ucraniana sino que, como región industrial, nació ya rusificado por las circunstancias de necesidad de enormes cantidades de mano de obra no disponible en las regiones cercanas.
En pocos años, la empresa de John Hughes era ya la principal fabricante de vías ferroviarias y en vísperas de la Primera Guerra Mundial, Donbass producía ya el 87% del carbón, 90% del coque, 70% del arrabio, más del 60% de soda y mercurio y el 57% del acero producido por el Imperio Ruso, lo que hacía la región imprescindible para Rusia. Desde entonces, Donbass ha vivido una revolución, dos guerras mundiales y dos ocupaciones alemanas.
La Gran Guerra supuso, como está ocurriendo actualmente, la movilización de gran parte de la población obrera, entonces formada fundamentalmente por hombres jóvenes, lo que obligó al reclutamiento de nueva mano de obra: mujeres, jóvenes, personal llegado de las regiones de Rusia central o uso de prisioneros de guerra. La importancia de Donbass era tal que el Gobierno aceptó la exigencia del potente lobby industrial de desmovilizar a los obreros industriales.
La revolución de 1917, en su primera fase parlamentaria, dio a Donetsk el estatus municipal del que había carecido hasta entonces. Yuzovka había nacido y crecido como ciudad-fábrica. La experiencia política de Donbass se limitaba al fuerte estallido de 1905, donde en lugares como Gorlovka los obreros expulsaron a los propietarios y gestores de las fábricas y trataron de organizar la producción, interrumpidos por los refuerzos de la policía zarista y su guardia cosaca, que a sangre y fuego apagaron la revolución. El proceso se repitió en 1917 y, por un periodo breve, se instauró el poder soviético. Sin embargo, la llegada de las tropas de Skoropadski supuso la retirada bolchevique y el inicio de una breve ocupación alemana, momento en el que se reinstauró el régimen económico anterior, se eliminaron los derechos adquiridos por los obreros y el retorno de los propietarios se produjo con el ensañamiento de la venganza de clase, que se alargó tanto a la etapa alemana como la ocupación de los rusos blancos durante la guerra civil.
Como puede leerse en el obelisco que acompaña a la estatua de Lenin en la plaza central de Donetsk, «Donbass no es una región cualquiera. Sin esta región, la construcción socialista seguirá siendo una quimera». Su peso industrial en un país en el que apenas un puñado de zonas contaban con un desarrollo mínimo hacía Donbass imprescindible para el gobierno bolchevique. Así fue desde los primeros años de la posguerra civil, un momento de graves carencias y de hambruna, y en las décadas posteriores. Los años treinta supusieron otro momento de impulso del desarrollo industrial, con el ansia de aumento de la producción y la productividad para desarrollar nuevas industrias, no solo recuperar y ampliar la producción de la escasa industria zarista heredada por la Unión Soviética. El objetivo no era cumplir esos mínimos necesarios para no quedar atrás con respecto a las potencias europeas, sino desarrollar todo un país sobre esa base industrial en la que, como se puede observar con el movimiento del estajanovismo, cuyo nombre está irremediablemente vinculado a un minero de Donbass, Alexey Stajanov, tenía a Donbass como uno de sus centros neurálgicos.
La Segunda Guerra Mundial supuso para Donbass una ruina absoluta tanto en términos sociales como económicos. La población judía, tan importante en las primeras décadas de industrialización, fue masacrada en los primeros momentos de la ocupación nazi. En retirada, tratando de evitar que los recursos industriales de Donbass quedaran al servicio del Tercer Reich, las minas y las fábricas fueron parcialmente destruidas. Esos recursos eran precisamente el incentivo alemán al ocupar la zona. Urbana, industrial y desarrollada, Donbass contaba con una gran población obrera especializada que Alemania se propuso utilizar como mano de obra esclava. 300.0000 trabajadores y trabajadoras industriales de Donbás fueron enviadas a Alemania para realizar trabajo esclavo en las factorías alemanas, un 8% de la población de 1939 de la provincia de Stalino (Donetsk) y el 4% de Voroshilovgrad (Lugansk). El resultado de todo ello fue la incapacidad alemana para utilizar los recursos industriales de Donbass tal y como esperaban. Ya en retirada, las tropas nazis destruyeron e inundaron las minas, durante los dos años de ocupación escenario de multitudinarias masacres y donde habían sido arrojados miles de cuerpos de los asesinados.
El periodo de posguerra supuso el momento de revitalización y consolidación de la industria de Donbass, pero también de descentralización de la gestión y desarrollo de otras zonas industriales a lo largo y ancho de todo el país. Pese al crecimiento de la producción, el peso industrial de Donbass decreció a lo largo del periodo soviético ante el ascenso de otras zonas y en vísperas de la disolución de la Unión Soviética había dejado ya de ser una región clave. Con la extracción de carbón en crisis a nivel mundial -la huelga minera en Donbass no debe entenderse en el vacío sino teniendo en cuenta procesos similares en países como el Reino Unido-, una parte de los sindicatos mineros fueron una de las puntas de lanza utilizadas en el proceso de independencia de Ucrania. Por primera vez en un siglo y medio, Donbass dependía únicamente de Ucrania, en la que a lo largo de los años noventa fue perdiendo peso industrial, de población y también político.
Los años de la Ucrania independiente suponen la etapa en la que el país se consolida y trata de buscar su sitio. En la última década, ese camino ha pasado por la integración en la Unión Europea, cuyo acuerdo de asociación no presagiaba buenos augurios para la industria de Donbass, muy unida a la cadena de suministro de Rusia, considerada obsoleta y de ninguna manera una prioridad para Kiev o para Bruselas. Aunque en estos casi nueve años los aspectos identitarios, la lucha por los derechos lingüísticos y culturales y los nacionalismos han sido prácticamente los únicos argumentos con los que construir el relato sobre por qué Donbass reaccionó contra el cambio de régimen de Maidan, es preciso tener en cuenta ese argumento económico. El Acuerdo de Asociación y un posible acceso posterior a la Unión Europea suponía para Donbass la pérdida, no solo de su principal activo económico, sino también de la base de su capacidad de ejercer presión política. Así puede comprenderse por qué tras la Revolución Naranja, cuyos aspectos nacionalistas ucranianos son comparables a los de Maidan, la idea de la República de Donetsk, con su bandera negra, roja y azul que se utiliza actualmente, no causara aceptación popular alguna.
Sin embargo, ese mismo símbolo, heredado de la República Donetsk-Krivoi Rog con la que Fyodor Segeyev, Artyom, trató de desvincular a Donbass de Ucrania tras la Primera Guerra Mundial, reapareció en 2014 y se consolidó como símbolo de un Estado no reconocido que volvía a mirar a Moscú en busca de protección y apoyo económico. Ocho años después del inicio de la guerra, con las zonas industriales como escenario de algunas de las batallas más cruentas y sin garantía alguna de la intención rusa de reconstruir el tejido industrial, la industria de Donbass se encuentra en su momento de mayor incertidumbre.
La enorme tarea de reconstrucción pasa por una prioridad absoluta: el parque de viviendas, destruido en partes importantes de Donbass. Solo entonces, cuando el peligro de la guerra haya quedado en segundo plano, será posible plantear una reconstrucción económica de Donbass que pasa necesariamente por recuperar, como ya hiciera la Unión Soviética tras las dos guerras mundiales, el principal activo de Donbass, una industria que, pese a la guerra, aún domina la geografía de las ciudad de la región.
6. Compromiso político, pluralismo e internacionalismo en los estudios agrarios y el movimiento campesino
Lo siento. Por segunda vez esta semana os envío un texto larguísimo. Naturalmente, siempre podéis optar por no leerlo, pero quiero al menos explicar por qué os he enviado estos dos artículos esta semana -dejando de lado la coincidencia de que se hayan publicado casi a la vez-.
Supongo que os habréis dado cuenta de que comparto la idea de que estamos en una situación crítica por la coincidencia de toda una serie de crisis estructurales, motivadas, en última instancia, por el modelo civilizatorio capitalista en el que vivimos. No creo que el capitalismo resista, pero tampoco que vaya a desaparecer por sí solo. Habrá que acabar con él. Este sistema, desde hace por lo menos más de un siglo -si no siempre- se ha basado en el imperialismo, en el dominio económico, social, cultural y, en última instancia, militar de unas zonas geográficas y burguesías sobre otras. Como diría Mao, «el poder nace de la boca del fusil». Seguro que hay muchos otros elementos que entraron en juego, pero cuando parecía que la burguesía japonesa podía acabar desbancando a la estadounidense en los años 80, se firmaron los Acuerdos del Plaza, que han provocado un estancamiento en Japón que dura ya décadas. Alemania ha aceptado sin pestañear que se bombardee la base energética fundamental para su industria, Stream 2. No sé si son países ocupados o no, pero casi ochenta años después del final de la IIª Guerra Mundial, allí siguen las tropas estadounidenses. ¿Tienen esos dos países autonomía estratégica o la subordinación imperialista llega hasta alguno de los países más ricos de «Occidente»? ¿No ha sido, en parte, su poder militar lo que ha permitido la subsistencia de Rusia como estado, objetivo declarado de los neocon estadounidenses? ¿o incluso la de China? El caso es que el posible fin de la hegemonía unipolar estadounidense me produce una cierta perplejidad. ¿Vienen nuevas potencias imperialistas o será posible un capitalismo postimperialista? No voy a entrar ahora en si China es un país socialista o no, pero supongo que no tenemos ninguna duda de que los otros socios actuales del BRICS -India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, no lo son en absoluto- y los que puedan llegar -Arabia Saudí, por ejemplo- ni por asomo. Tienen en común el control -que también tiene EEUU en su territorio- de las últimas reservas estratégicas de combustibles fósiles y algunos otro minerales, más una base industrial potente. Francia, por cierto, de capa caída, supongo que a pesar de su retroceso en África, mantendrá hasta el final su dominio sobre Níger, de donde procede su imprescindible uranio. ¿El BRICS o lo que pueda surgir es una alianza de fortuna coyuntural para derribar al coloso que llevará luego a dirimir un nuevo reparto imperialista, o apunta a un modelo completamente diferente? Por esta duda, me interesan mucho cosas como las discusiones sobre el «imperialismo del siglo XXI» que estamos publicando en Espai Marx, el libro compilado por Kohan Teorías del imperialismo y la dependencia desde el sur global, del que hablamos también por aquí y, muy especialmente, textos como el que os envié de Ajl porque une en la crítica a la ecología política y al antiimperialismo. Sin entrar ahora si la teoría del Intercambio Ecológico Desigual que él defiende es la más acertada, creo que tiene mucha razón en la crítica a los compañeros decrecentistas que hacen un diagnóstico muy preciso de la situación, pero cuyas propuestas políticas en general me parecen insuficientes.
Y esa es la segunda parte que me interesa. Ante la nueva configuración geopolítica que asoma, ¿cómo debe ser nuestro antiimperialismo? ¿Qué fuerzas pueden configurar un nuevo bloque capaz de generar un nuevo modelo civilizatorio? Y aquí, pese a que en el Norte global prácticamente los olvidemos porque forman parte de una clase «desaparecida», me interesan mucho los movimientos campesinos de resistencia del Sur global. Y por eso me ha gustado mucho este artículo de Jun Borras, del que también hemos hablado por aquí últimamente. Tras 15 años como director de la revista Journal of Peasant Studies, lo deja, y publica este artículo que contiene, por una parte, un magnífico repaso a la teoría sobre estudios agrarios, pero unido a un compromiso militante con los movimientos realmente existentes. Creo que en ellos y en sus luchas puede estar buena parte del futuro de la construcción de esa alternativa civilizatoria postcapitalista. Y no me enrrollo más. Espero que a vosotros también os parezca interesante.
Políticamente comprometidos, pluralistas e internacionalistas: los estudios agrarios críticos en la actualidad
Saturnino M. Borras
Publicado en línea: 17 ene 2023
Descargar cita https://doi.org/10.1080/
RESUMEN
Los estudios agrarios críticos tienen tres características entrelazadas reales y aspiracionales que conectan los mundos de la investigación académica y la política práctica: son políticamente comprometidos, pluralistas e internacionalistas. Estas características también definieron a la antigua generación de estudios agrarios que dio a luz a la Journal of Peasant Studies [Revista de Estudios Campesinos] (JPS) hace 50 años, en 1973. Aproximadamente una década después de la inauguración de la revista, el mundo agrario se había transformado radicalmente en medio de la globalización neoliberal. Un mundo alterado no hizo que los estudios agrarios fueran menos relevantes; al contrario, lo han sido aún más, pero dentro de un contexto diferente en el que el compromiso político, el pluralismo y el internacionalismo desarrollan nuevos significados y se manifiestan de nuevas maneras.
Hasta ahora, los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras, de lo que se trata, sin embargo, es de cambiarlo. Karl Marx
Estudios agrarios críticos
Los Estudios Agrarios Críticos indagan en las causas, condiciones y consecuencias de las transformaciones sociales centrando su análisis en la interacción entre las estructuras sociales, las instituciones y los actores que configuran los procesos de cambio en el mundo rural y en relación con él.[1] Prestan atención a las cuestiones de la agencia de los grupos explotados, oprimidos y marginados en el entramado rural-urbano y agrícola-industrial, en particular a su autonomía y capacidad para interpretar -y cambiar- sus condiciones. Es crítico en tres sentidos: cuestiona las principales teorías neoliberales; simpatiza con los movimientos sociales radicales y las alternativas que proponen, pero se mantiene vigilante a la hora de examinarlas en la teoría y en la práctica; y cuestiona las propias instituciones de los circuitos globales del conocimiento y trabaja para transformarlas.
En la actualidad, los Estudios Agrarios Críticos se caracterizan por tres rasgos entrelazados: el compromiso político, el pluralismo y el internacionalismo -como puntos de referencia realmente existentes y como puntos de referencia a los que se aspira- que, juntos, conectan los mundos de la investigación académica y la política práctica. Sus métodos se centran en las cuestiones rectoras fundamentales de la economía política, centrándose en las relaciones sociales de propiedad, trabajo, renta, consumo y reproducción, y en cómo surgen, se cuestionan y se transforman las relaciones de poder. A partir de ahí, se ramifica ampliamente para cruzarse con otras cuestiones y temas relativos a procesos sociales, tradiciones intelectuales, campos y disciplinas. Uno de sus supuestos básicos es que, a medida que el capitalismo penetra en el campo, los procesos de mercantilización de la naturaleza y el trabajo conducen a la diferenciación social entre la población, haciendo que las relaciones de clase sean clave para la investigación científica (Lenin 2004 [1899], véase también White 1989; Cousins 2022). Pero como explicó Henry Bernstein: «las relaciones de clase son «determinaciones» universales pero no exclusivas de las prácticas sociales en el capitalismo» (Bernstein 2010a, 115, énfasis original). Y continúa: «Se entrecruzan y combinan con otras diferencias y divisiones sociales, de las cuales el género es la más extendida y que también pueden incluir relaciones opresivas y excluyentes de raza y etnia, religión y casta» (ibíd.).
Esta definición de Estudios Agrarios Críticos ha sido la brújula intelectual y política del Journal of Peasant Studies (JPS) durante los últimos 15 años. Pero los Estudios Agrarios Críticos, como campo y comunidad, no se definen por las palabras escritas de ciertos académicos. Más importante que cualquier definición escrita es cómo los Estudios Agrarios Críticos han sido definidos en la práctica, incluyendo cómo han sido realmente entendidos y experimentados por los académicos y activistas que componen la comunidad del campo.
Este artículo repasa los últimos 50 años de JPS en general, prestando especial atención a los últimos 15 años de JPS bajo el equipo editorial que asumió la dirección de la revista en 2009. El equipo comenzó a trabajar a principios de 2008, preparando el volumen de 2009. La renovación generacional en el equipo editorial es clave para mantener la vitalidad de la revista. Por este motivo, el Colectivo Editorial de JPS ha llevado a cabo algunos cambios, con la migración de varios de sus miembros al Consejo Asesor Internacional, mientras que algunos nuevos miembros se han incorporado recientemente. JPS también ha pasado de una estructura de redactor jefe en solitario a una estructura de equipo, con un nuevo grupo de redactores principales. Además, y de forma deliberada, la inmensa mayoría de los nuevos editores proceden o se encuentran en el Sur Global, y se encuentran en fases relativamente tempranas y medias de su carrera académica: esto garantiza que JPS mantenga su dinamismo, al tiempo que contribuye a los esfuerzos en curso para democratizar los circuitos globales del conocimiento. Estos cambios específicos en el equipo editorial son una pequeña parte de una dinámica más amplia que se desarrolla en el campo. Por lo tanto, este artículo pretende comprender la interrelación entre la transformación del campo y de la revista durante los últimos 50 años, en parte con el fin de vislumbrar el esbozo de los retos pendientes. Se trata, por tanto, de un análisis del entrelazamiento de las dinámicas del campo y de la revista, basado en la creencia de que se han moldeado mutuamente a lo largo del tiempo. El resto de esta sección traza la historia de los estudios agrarios clásicos y el surgimiento de los Estudios Agrarios Críticos. Le siguen tres secciones dedicadas a explorar las tres características definitorias del campo, a saber, el compromiso político, el pluralismo y el internacionalismo, antes de que una sección final ofrezca algunas observaciones finales.
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Al igual que los JPS, los Estudios Agrarios Críticos tienen su origen en lo que podríamos denominar los «estudios agrarios clásicos», que formaban parte de una tradición ampliamente marxista de economía política agraria y fueron dominantes durante el siglo anterior. Los estudios agrarios críticos conceden la máxima importancia al modo en que se construyen, reproducen y transforman las estructuras sociales, las instituciones agrarias y la agencia política de las clases y los grupos sociales en el espacio y a lo largo del tiempo. Privilegia la indagación sobre cómo las clases y grupos sociales explotados y oprimidos entienden sus condiciones e intentan subvertirlas y cambiarlas para alcanzar mayores grados de equidad y justicia, aun cuando «equidad» y «justicia» son en sí mismos conceptos controvertidos. Sin embargo, existen múltiples apreciaciones e interpretaciones sobre lo que es el campo. La interpretación abreviada que hemos presentado más arriba es solo una de ellas, y coincide con las opiniones de Edelman y Wolford (2017) y Akram-Lodhi et al. (2021): «Los Estudios Agrarios Críticos son simultáneamente una tradición de investigación, pensamiento y acción política, un campo académico institucionalizado y una red informal (o varias redes) que vincula a intelectuales profesionales, agrónomos, revistas científicas y medios de comunicación alternativos, y organizaciones no gubernamentales de desarrollo, así como a activistas de movimientos agrarios, ecologistas, agroecológicos, alimentarios, feministas, indígenas y de derechos humanos. Estos vínculos no son fáciles de cartografiar o delimitar, en parte debido a su complejidad y en parte porque sus contornos cambian con el tiempo. (Edelman y Wolford 2017, 962)»
Los debates clásicos entre marxistas, y entre marxistas y populistas agrarios, son un antecedente histórico inmediato de los actuales Estudios Agrarios Críticos (Edelman y Wolford 2017, 963), en el sentido de que el conocimiento actual que enmarca las agendas de investigación académica y las conversaciones políticas sigue estando en gran medida influido por la erudición y los debates políticos de ese período anterior. Por ejemplo, el intercambio entre Vera Zasulich de Narodnaya Volya (Voluntad Popular) y Karl Marx en 1881 sobre la posible trayectoria de las comunas campesinas en Rusia, el desarrollo del capitalismo y la lucha por el socialismo (Shanin 1983) dio lugar a un debate abierto que aún continúa. El intercambio Zasulich-Marx demuestra cómo las trayectorias intelectuales y políticas del marxismo y del populismo agrario radical, dos de las influencias más importantes en la economía política agraria, se han imbricado mutuamente en la historia (ibíd.).
El campo de los estudios agrarios clásicos -que también se denominaba/denomina popular y vagamente «estudios campesinos»- fue pionero en muchos sentidos, y los textos fundamentales asociados con la fase inicial de ese campo han enmarcado enigmas analíticos y políticos perdurables que persisten hasta el presente. Estos incluyen muchas formulaciones del propio Marx, especialmente sobre cuestiones de política elaboradas en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (Marx 1968 [1852]), la formulación original de Engels de la «cuestión campesina» (1968 [1852]), la formulación de Kautsky de la «cuestión agraria» (Kautsky 1988 [1899]), y la elaboración de Lenin sobre cómo el capital penetra y transforma el campesinado y el campo (Lenin 2004 [1899]; véase también Chayanov 1986 [1925]). [2] Tomando la política campesina como algo demasiado importante como para ignorarla, los textos clásicos son teóricos y políticos y, en algunos casos, también informaron los cálculos político-militares de los partidos comunistas y socialistas y los movimientos de masas asociados a ellos, como se demostró en la construcción socialista de los años 1920-1930 en la URSS, así como en la estrategia de Mao de la «Guerra Popular Prolongada» (PPW).
Poco después de esta generación de textos clásicos, se publicaron varios libros influyentes en las décadas de 1930 y 1940, entre los que destacan McWilliams (2000 [1935]), Fei (1939) y Polanyi (2001 [1944]). Pero la época dorada de los estudios agrarios clásicos es el periodo comprendido entre los años cincuenta y la primera mitad de los ochenta, que produjo obras fundamentales de autores de primera fila mundial (aunque abrumadoramente norteños) como Marc Bloch, Anton Blok, Eric Wolf, Barrington Moore Jr, Polly Hill, Eric Hobsbawm, Teodor Shanin, James C. Scott, Jeffrey Paige, E.P. Thompson, Raymond Williams, John Womack, Arturo Warman, Michael Watts, Sidney Mintz, Alain de Janvry, Benedict Kerkvliet, Keith Griffin, Samuel Popkin, Michael Lipton, Jack Kloppenburg, Gillian Hart y Catherine LeGrand, por citar algunos. Esta lista de autores de libros excluye una lista mucho más larga de académicos que publicaron artículos de revistas o capítulos de libros muy influyentes durante este periodo, como Harriet Friedmann, Hamza Alavi, Robert Brenner, Cristóbal Kay, Mahmood Mamdani, Sam Moyo, Issa Shivji, Utsa Patnaik, Terry Byres, Henry Bernstein, Rodolfo Stavenhagen, Gerrit Huizer, Philip C. C. Huang, Philip McMichael, Silvia Rivera Cusicanqui, Sara Berry, Carmen Diana Deere, Amartya Sen, Bina Agarwal, John Harriss, Barbara Harriss-White, Ben White, Bridget O’Laughlin y Ashwani Saith. Muchos de ellos se publicaron en Past & Present y Journal of Peasant Studies. Este período fue la edad dorada de la economía política agraria[3].
Por economía política agraria me refiero, de forma amplia y general, al campo de estudio que investiga cómo surgen las estructuras sociales, las instituciones y la agencia política de las clases y los grupos sociales, cómo interactúan entre sí en relación con la producción y la reproducción social, y cómo se cuestionan y transforman las relaciones de poder que surgen de ello (Bernstein 2010a). Al tomar las relaciones sociales dentro y entre las clases y los grupos de la sociedad como foco de investigación, la economía política agraria toma necesariamente las «relaciones de clase» -y las luchas de clases- como puntos de referencia fundamentales, consciente de que ha habido serios debates sobre lo que significan, cómo se manifiestan en el mundo real y por qué y cómo son fundamentales para explicar el cambio agrario (Bernstein 2010a, Thompson 2016 [1963], Harriss-White 2022; véase también Friedmann 2019). Además, la economía política toma el método histórico como clave en su indagación de las dinámicas de clase (Bloch 1992 [1954], Hobsbawm 1971; Byres 1996; Edelman y León 2013). En lo que respecta específicamente a la política campesina, una preocupación de los estudios agrarios clásicos es cómo transformar la «clase-en-sí» (categoría socioeconómica) en «clase-para-sí» (categoría política) (Marx 1968 [1852], Byres 1981). Esto nos lleva al rompecabezas fundamental de cómo los campesinos se convierten en revolucionarios (Huizer 1975) y, necesariamente, a su otra cara de la moneda: ¿cómo los campesinos se convierten o siguen siendo reaccionarios? Este aspecto de la economía política agraria es mucho más matizado de lo que implican algunas caracterizaciones escépticas, en el sentido de que nadie sostiene que la clase por sí sola pueda explicarlo todo sobre el cambio y la política agrarios. Si se entiende la economía política agraria en el sentido general expuesto al principio de este párrafo, entonces la interpretación marxista se erige en la tradición más importante, aunque ciertamente no la única, de los estudios agrarios.
En este contexto, la tradición derivada de los populistas agrarios rusos clásicos, con las diversas encarnaciones e hibridaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo, representa otra corriente importante. Las ideas fundacionales de A.V. Chayanov en Rusia durante el periodo de los bolcheviques forman una rama significativa de este linaje (Chayanov 1986 [1925]). Sus ideas fueron revividas, actualizadas, desarrolladas y ampliadas por un grupo de agraristas pioneros, como Teodor Shanin (Shanin 1971), Scott (1976) y van der Ploeg (2013), entre otros. Ninguno de ellos es un chayanoviano purista y todos utilizan teorías y conceptos marxistas en mayor o menor medida. En América Latina, especialmente en México, hubo un intenso debate en los años setenta y ochenta entre los «campesinos» («campesinistas») y los «depeasantistas» o «proletaristas» («descampesinistas» o «proletaristas») (Kay 2000). Este corpus de trabajo es rico y diverso, profundamente informado y fundamentado, y más matizado que la caricatura que algunos críticos dibujan bajo la peyorativa etiqueta de «neopopulista», que significa «ciego a las clases», comprometido en «luchas restaurativas» y, por tanto, «nostálgico y romántico», cuando no «utópico y reaccionario».
Aunque los fundamentos de los Estudios Agrarios Críticos se remontan directamente a las dos tradiciones de la economía política comentadas anteriormente (marxista y chayanoviana), esto no significa que estas últimas sean las únicas tradiciones importantes que han dinamizado y animado el campo. Desde la década de 1990, hay otras dos tradiciones intelectuales que hicieron contribuciones significativas a la construcción y expansión del alcance de los Estudios Agrarios Críticos. La primera es el «enfoque de los medios de subsistencia», que ha recibido diversas denominaciones, la más común de las cuales es «enfoque de los medios de subsistencia rurales sostenibles». Este enfoque se ha hecho muy popular no sólo entre los investigadores académicos, sino especialmente entre las organizaciones internacionales de desarrollo y donantes, en parte porque puede combinarse fácilmente con ideas dominantes como la Nueva Economía Institucional. El trabajo acumulativo de Ian Scoones, desde Scoones (1998)4 hasta Scoones (2009a) y Scoones (2015), ha contribuido a acercar este enfoque a las versiones radicales de la economía política agraria (y a acercar estas últimas al primero). El resultado es un rico enfoque híbrido que ha desarrollado su propio gran número de seguidores en todo el mundo. La segunda son los estudios sobre regímenes alimentarios y, en consecuencia, los estudios más amplios sobre política alimentaria mundial. Situados firmemente en el debate y la literatura convencionales sobre la «cuestión agraria» (Akram-Lodhi y Kay 2010a, 2010b), los estudios agrarios clásicos tenían su ámbito de investigación centrado en gran medida en los procesos sociales domésticos o nacionales. Harriet Friedmann y Philip McMichael, en su obra seminal de 1989 (Friedmann y McMichael 1989), abrieron una puerta a las dimensiones internacionales de la «cuestión agraria» que, podría decirse, son tan significativas hoy en día, y han generado y exigido una interpretación diferente del marxismo. Esto significa intentar seriamente analizar científicamente (y organizarse políticamente contra) cómo el capital como fuerza global (agronegocios, finanzas y empresas digitales, ejercido a través del trato político a nivel estatal e institucional internacional) está (re)configurando las condiciones y territorios agrarios en todo el mundo (véase, por ejemplo, Clapp e Isakson 2018; Fraser 2019; Canfield, Anderson y McMichael 2021). Friedman (2000), una continuidad y elaboración del clásico de Friedmann y McMichael (1989) dentro del contexto del siglo XXI, es una clave analítica inicial para este tipo de enfoque. Desde entonces, el método macrohistórico para entender los cambios históricos en el comercio internacional de alimentos y las transiciones hegemónicas relacionadas se ha ido entrelazando cada vez más con muchos de los componentes básicos de las cuestiones agrarias en los estudios agrarios clásicos, y se ha ido entrelazando con lo que podría convertirse en un campo aún mayor de la política alimentaria mundial. La fusión de los estudios sobre el «régimen alimentario» de Friedmann y McMichael con los estudios agrarios clásicos ha contribuido enormemente a la construcción de lo que hoy conocemos como Estudios Agrarios Críticos. Tanto la versión de Scoones del Enfoque de Medios de Vida Rurales Sostenibles como la perspectiva del Régimen Alimentario de Friedmann y McMichael son enfoques híbridos que se han construido revisando y/o tomando prestados conceptos de varias tradiciones intelectuales. A su vez, esto contribuiría a una tendencia importante en los Estudios Agrarios Críticos actuales: la tendencia a no ver el rigor científico y político como algo que sólo puede lograrse a través de enfoques «puristas» u ortodoxos. Esto ha contribuido a hacer de los Estudios Agrarios Críticos un campo no dogmático, heterodoxo y acogedor para muchos académicos y activistas, fomentando exploraciones intelectuales y políticas más creativas y audaces.
Mi interpretación particular de los Estudios Agrarios Críticos se basa en mi propio trabajo e historia política y académica,[5] y en las experiencias de una comunidad global diversa de investigadores y redes académicas y activistas que están directa e indirectamente vinculadas al Journal of Peasant Studies.[6] Por un lado, antes de entrar en el mundo académico, estuve durante mucho tiempo profundamente involucrado en la organización de movimientos de masas rurales radicales y en el trabajo de movilización en Filipinas y, más tarde, a nivel internacional. Fui miembro del Comité Internacional de Coordinación de La Vía Campesina en 1993-1996. Según mi experiencia, todos los que trabajan en las trincheras -directamente comprometidos en la ardua labor de construir movimientos agrarios de masas- interiorizan las tensiones y contradicciones generadas en los debates teóricos y políticos (y político-militares). Se enfrentan a una noción marxista-leninista de manual de lo que deberían ser y cómo deberían ser los movimientos agrarios, y de lo que la contingencia política exige que hagan los militantes. La tarea más fácil y segura es interpretar académicamente los textos clásicos. La tarea más difícil y arriesgada es interpretar los textos clásicos política y, en algunos casos, político-militarmente. Esto está relacionado con la tarea principal de los académicos de criticar, en contraste con la tarea de los cuadros políticos o militantes en las trincheras de construir. Construir algo -un movimiento, un proyecto político, una revolución- es algo intrínsecamente polémico, experimental, abierto y sujeto a aciertos y errores. Por ejemplo, la construcción de la idea de la soberanía alimentaria y del movimiento de masas que la acompaña estará marcada por éxitos y fracasos, imperfecciones y contradicciones. Es fácil juzgar los logros de un movimiento como «medio vacíos» cuando se miden con los estándares establecidos por los textos teóricos clásicos, y al hacerlo no hay que explicar mucho más allá de enumerar lo que está mal y enumerar las deficiencias que a menudo son bastante obvias para los de fuera. Esta narrativa puede ser desmovilizadora. Si estás operando total o parcialmente en las trincheras, lo único que no necesitas es una narración desmovilizadora. Lo que es más difícil es ver los logros de un movimiento como «medio llenos», y explicar por qué es así, porque los logros positivos no siempre son obvios, especialmente para los de fuera. Esto último implica esperanza, que para los que están en las trincheras es un recurso político como ningún otro, ya que puede mantener un movimiento con energía y movilizado. Una cosa es observar el proceso desde una distante y cómoda ventana académica y criticarlo por su déficit intelectual. Otra muy distinta es identificar sus deficiencias y problemas desde dentro de las trincheras para rectificarlos políticamente e impulsar la acción colectiva. A menudo, se requiere más energía intelectual y política creativa para averiguar cómo organizar y movilizar a los trabajadores sin tierra de una pequeña plantación de plátanos propiedad de un terrateniente violento apoyado por un funcionario provincial corrupto y la policía que para leer y comprender un conjunto de literatura marxista sobre la diferenciación social del campesinado. No estoy diciendo que una tarea sea pertinente y la otra no; no se trata de «una cosa o la otra», sino de cómo combinar la crítica y la construcción, las tareas intelectuales y políticas, y conseguirlo es la tarea más difícil de todas. Esta es la experiencia que da forma a mi propia perspectiva de los Estudios Agrarios Críticos.
Por otro lado, mi interpretación de los Estudios Agrarios Críticos también se nutre de un proceso colectivo más amplio de políticas del conocimiento en torno a JPS y sus amplias redes. Estas incluyen las Iniciativas en Estudios Agrarios Críticos (ICAS, establecidas en 2007[7]), Land Deal Politics Initiatives (LDPI, formadas en 2010[8]), BRICS Initiatives in Critical Agrarian Studies (BICAS, organizadas en 2014[9]), Emancipatory Rural Politics Initiative (ERPI, lanzada en 2017[10]), y el JPS Annual Writeshop in Critical Agrarian Studies and Scholar-Activism (iniciado en 2019[11]). Esta última iniciativa implica la colaboración con investigadores de carrera temprana del Sur Global, que formaron el Collective of Agrarian Scholar-Activists in the South o CASAS.[12] Los investigadores académicos y activistas que han animado estas redes e iniciativas provienen de diversos campos, disciplinas e intereses temáticos, así como de diferentes persuasiones ideológicas. Se trata de una comunidad policéntrica y global, un movimiento con participación activa de diversos individuos y grupos.
La amplia transición de los estudios agrarios clásicos o «estudios campesinos» a los Estudios Agrarios Críticos se produjo en JPS con el cambio de equipo editorial en 2008-2009,[13] más o menos al mismo tiempo que se publicó el histórico Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008: Agricultura para el desarrollo, en el que se esbozaban las doctrinas fundamentales de la economía neoclásica y la nueva economía institucional en la agricultura (Banco Mundial 2007)[14]. El primer número de JPS de 2009 incluía un artículo editorial en el que se esbozaban cinco elementos de lo que ahora se denominan Estudios Agrarios Críticos (Borras 2009). En primer lugar, la alteración del contexto y del objeto de las transformaciones y políticas agrarias, así como de la investigación científica, ha reafirmado la importancia del marxismo ortodoxo -y de las numerosas corrientes dentro del marxismo-, pero al mismo tiempo ha abierto las puertas a otras tradiciones y enfoques complementarios o incluso competidores (ibíd.: 5-13). En segundo lugar, la creciente tracción de diversas teorías y metodologías radicales se ha producido en una atmósfera académica y política cada vez más pluralista. En tercer lugar, se ha producido un notable aumento del grado de apreciación de las interacciones mutuamente reforzadoras entre la investigación académica y la política práctica radical. En cuarto lugar, los Estudios Agrarios Críticos cuestionan las prescripciones que surgen de las perspectivas dominantes, al tiempo que interrogan las convenciones populares en el pensamiento radical (ibíd.: 25). Por último, aunque los métodos de trabajo de los Estudios Agrarios Críticos no pueden reducirse ni intercambiarse con el «activismo académico», este último es un aspecto importante de los primeros. La importancia de un enfoque académico-activista se subrayó en el artículo editorial del JPS de 2009 (ibíd.: 23-24): «La práctica del desarrollo y el activismo que se basan en teorías críticas rigurosas son más eficaces y pertinentes, y es menos probable que causen daños en las comunidades rurales pobres, que los que no lo hacen […] Es probable que la coproducción de conocimientos y la difusión y el uso de dichos conocimientos entre académicos, profesionales del desarrollo y activistas, que se refuerzan mutuamente, aborden algunas de las principales deficiencias de una investigación puramente teórica alejada del mundo real, o de una iniciativa demasiado orientada a la práctica sin rigor teórico y metodológico.»
Este esbozo editorial de JPS del concepto de Estudios Agrarios Críticos reflejaba las realidades realmente existentes en el mundo y en el campo y, al mismo tiempo, servía de señal para redes e iniciativas paralelas e incluso colaborativas más amplias. Un ejemplo de gran esfuerzo de colaboración es el ICAS y sus diversas actividades, incluida su serie de libros. La serie de pequeños libros del ICAS es emblemática de los Estudios Agrarios Críticos, ya que pretende fomentar publicaciones políticamente relevantes, pluralistas e internacionalistas. La serie se describe a sí misma como política y políticamente relevante, popularmente accesible tanto para académicos como para activistas, y elucidando tradiciones y enfoques teóricos radicales clave que compiten entre sí sobre temas importantes. Lanzada en 2010, los cuatro primeros libros de la serie señalaron esta dirección, a saber, Bernstein (2010a) sobre las perspectivas marxistas, van der Ploeg (2013) sobre los puntos de vista chayanovianos, McMichael (2013) sobre el concepto de régimen alimentario, y Scoones (2015) sobre el enfoque de los medios de vida sostenibles. Los libros de la serie se han traducido a una docena de idiomas y, desde 2021, los 10 primeros libros de la serie están disponibles en formato de libro electrónico de acceso abierto.[15] La serie de libros JPS/ICAS no es la única serie de libros importante en Estudios Agrarios Críticos. La serie de libros JPS/ICAS no es la única serie de libros importante en los Estudios Agrarios Críticos. Hay otras cuatro series de libros relevantes dedicadas enteramente a los Estudios Agrarios Críticos que han hecho contribuciones significativas en la definición y configuración del campo. La primera es la Land Book Series de Cornell University Press[16] ; la segunda es la serie de libros de estudios agrarios de larga duración de Yale University Press[17] ; la tercera es la Routledge ISS Studies in Rural Livelihoods[18] ; y la cuarta es la serie de libros complementaria de JPS, la serie de libros Routledge Critical Agrarian Studies[19]. La reciente publicación de un manual de estudios agrarios críticos por Akram-Lodhi et al. (2021) es otra adición importante a la lista de publicaciones ilustres en este campo.
JPS hizo enormes contribuciones a los estudios agrarios clásicos bajo su editor fundador, Terry Byres, y los otros editores anteriores, Teodor Shanin, Charles Curwen, Henry Bernstein y Tom Brass. Hasta hace poco, el campo de los estudios agrarios críticos era una disciplina y una comunidad algo amorfas. La contribución particular que JPS ha hecho desde 2009 a este campo en evolución es ayudar a darle forma, haciéndolo menos nebuloso. Los Estudios Agrarios Críticos y el SCC han extraído energía y fuerza el uno del otro. Un factor que explica por qué JPS se ha disparado al nivel más alto de impacto de citas, y se ha mantenido en ese nivel durante la última década, es la vitalidad de los Estudios Agrarios Críticos; y un factor que explica esa vitalidad es el trabajo pionero realizado por JPS. Digo esto con las advertencias necesarias sobre la economía política del mundo editorial, y los defectos de las métricas oficiales, como el «factor de impacto» y demás (véase Burawoy 2014; Deere 2018).
Sin embargo, es importante señalar que la comunidad de JPS y redes aliadas no es el único centro prominente de conversaciones e investigación agraria. Otras tres comunidades eminentes en el centro del campo son: (i) el Programa de Estudios Agrarios de la Universidad de Yale, con su serie de coloquios de larga duración que estuvo dirigida por James C. Scott hasta hace poco (actualmente está codirigida por Shivi Sivaramakrishnan y Elisabeth Wood); (ii) Journal of Agrarian Change (JAC) y la serie ‘Agrarian Change Seminar'[20] y actividades relacionadas con sede en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de Londres; y (iii) Agrarian South: Journal of Political Economy[21] asociada al Instituto Sam Moyo de Estudios Agrarios[22] con sede en Harare, con actividades que incluyen una escuela de verano anual dedicada a jóvenes académicos del Sur Global. Tanto JAC como Agrarian South están comprometidos con la economía política agraria marxista.
JPS, JAC, Agrarian South y las series de libros mencionadas no son las únicas revistas y series de libros que tienen un compromiso significativo con los Estudios Agrarios Críticos y contribuyen a ellos, pero son las publicaciones en inglés que se dedican plenamente a este campo. Hay muchas otras revistas de campos afines que publican ocasionalmente artículos que se comprometen, parcial o totalmente, con los Estudios Agrarios Críticos. Entre ellas se encuentran Journal of Rural Studies, Land Use Policy, Antipode, Geoforum, Monthly Review, Sociologia Ruralis, Rural Sociology, Annals of American Association of Geography, Agroecology and Sustainable Food Systems, Environmental and Planning (A and D) y Agriculture and Human Values. Varias revistas de estudios sobre el desarrollo y economía política internacional, como Third World Quarterly, Globalizations, World Development, Canadian Journal of Development Studies y Development and Change, también publican artículos relacionados con los estudios agrarios críticos.[23]
El conocimiento es político. Un punto de partida fundamental de los Estudios Agrarios Críticos es que los circuitos globales del conocimiento (generación, atribución, circulación, intercambio y uso) son políticamente impugnados. Además, dado que el conocimiento académico se localiza generalmente en instituciones formales (universidades, colegios, instituciones de investigación) que a su vez están incrustadas en el sistema capitalista global, no es posible desligar las impugnaciones del conocimiento de las impugnaciones dentro y contra el capitalismo (Burawoy 2014; Rodney 2019). Los puntos destacados por Scoones (2009b) en el contexto de su análisis de la política de la Evaluación Internacional del Papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD) son importantes y enmarcan la discusión de este documento. En sus palabras: «[…] algunos de los concursos de conocimientos implicados en la evaluación […] arrojan luz sobre cuatro cuestiones centrales de la teoría y la práctica democráticas contemporáneas: cómo se producen los procesos de elaboración de conocimientos; cómo se despliegan las diferentes prácticas y metodologías en los procesos interculturales y globales; cómo se construye y legitima la «representación»; y cómo, como resultado, surge la comprensión colectiva de las cuestiones globales. El documento concluye que, en las evaluaciones de este tipo, la política del conocimiento debe hacerse más explícita, y las negociaciones en torno a la política y los valores, los marcos y las perspectivas, deben ocupar un lugar central en el diseño de la evaluación. (Scoones 2009b, 547)».
Las políticas del conocimiento se ponen en juego, entre otros sitios, en las interpretaciones contrapuestas del mundo y de cómo cambiarlo, y en los diversos medios de publicación científica. JPS surgió de la interacción dinámica entre dos tradiciones intelectuales, a saber, el marxismo y las corrientes populistas agrarias radicales, que compiten y se complementan en la interpretación del mundo agrario. Aproximadamente una década después de la inauguración del JPS en 1973, el mundo agrario se transformaría radicalmente en medio de la globalización neoliberal. La alteración del mundo no restó relevancia a los estudios agrarios. Al contrario, hizo que los Estudios Agrarios Críticos fueran aún más convincentes, pero dio nuevos significados al compromiso político, el pluralismo y el internacionalismo. Los tres fenómenos, y lo que significan, son políticamente controvertidos de dos maneras, a saber, internamente, es decir, a través de la contestación entre las principales tradiciones intelectuales y políticas dentro del campo, y externamente, es decir, a través de la contestación entre los Estudios Agrarios Críticos como una comunidad y un campo y los que están fuera, por ejemplo, los pensadores de la corriente principal procedentes de, digamos, la Nueva Economía Institucional. Así, lo que los populistas agrarios radicales consideran políticamente comprometido, como la soberanía alimentaria, puede no ser necesariamente tan importante para los marxistas ortodoxos; los temas de investigación políticamente comprometidos para un académico de los Estudios Agrarios Críticos, como la justicia social, pueden no ser necesariamente tan relevantes para un académico de la Nueva Economía Institucional. Además, aunque el pluralismo en sí puede ser una idea que suscite consenso, la forma de definir realmente el carácter y los límites del pluralismo (quién está dentro y quién está fuera) es necesariamente objeto de controversia política. Por último, las iniciativas encaminadas a descolonizar y democratizar las propias estructuras sociales e instituciones de los circuitos mundiales del conocimiento son intrínsecamente políticas. Las cuestiones fundamentales de los Estudios Agrarios Críticos -el «por qué» y el «cuándo», el «cómo», el «quién» y el «dónde»- nos llevan necesariamente a las tres características que definen el campo: compromiso político, pluralismo e internacionalismo. Hay que recordar tres cosas sobre estas características tal y como se entienden en este documento. En primer lugar, se trata de tres características distintas pero inseparables. En segundo lugar, no deben entenderse como totalmente presentes o totalmente ausentes, sino más bien como una cuestión de grado. En tercer lugar, se trata tanto de puntos de referencia realmente existentes como de puntos de referencia a los que se aspira. A continuación analizaré estas tres características interrelacionadas.
Compromiso político
En su clásico manual, el pionero de la organización comunitaria Alinsky (1989: ix [orig. 1946]) declaró: «Sigo siendo irreverente. Sigo sintiendo el mismo desprecio y sigo rechazando las llamadas decisiones objetivas tomadas sin pasión ni ira. La objetividad, al igual que la afirmación de que uno es apartidista o razonable, suele ser una postura defensiva utilizada por quienes temen implicarse en las pasiones, los partidismos, los conflictos y los cambios que conforman la vida; temen a la vida. Una decisión «objetiva» suele carecer de vida. Es académica y la palabra «académica» es sinónimo de irrelevante.»
Respondiendo a Alinsky, cabe preguntarse: ¿puede el trabajo académico ser políticamente comprometido y relevante? Los estudios agrarios clásicos y los Estudios Agrarios Críticos contemporáneos demuestran que el trabajo académico puede -o debe- ser políticamente comprometido. Pero la propia afirmación de que el campo debería estar políticamente comprometido es en sí misma una manifestación de la política del conocimiento, como nos ha recordado Scoones. Esto significa ponerse del lado de los explotados y oprimidos en el trabajo científico.
Durante las convulsiones de las décadas de 1960 y 1970, el centro más vibrante de conversaciones académicas sobre economía política agraria, al menos en Europa, surgió en la School of Oriental and African Studies (SOAS) de la Universidad de Londres, con la serie de seminarios Peasant Studies coordinada por un grupo dirigido por Terry Byres (2001). Se trataba de una iniciativa políticamente comprometida, en la que se debatían y problematizaban algunas de las cuestiones más acuciantes de la época: las revoluciones campesinas, las transiciones al socialismo, la comprensión de los campesinos en el contexto de las fuerzas revolucionarias y reaccionarias, la entonces recién estrenada Revolución Verde, las hambrunas galopantes, el nacimiento y auge del complejo mundial de ayuda alimentaria y las reinterpretaciones de la historia.
El contexto inmediato de los estudios agrarios clásicos eran las condiciones socioeconómicas de las clases agrarias explotadas y oprimidas de los siglos XIX y XX, y el objetivo era examinar cómo entendían estas clases sus condiciones, y cómo se movilizaban para cambiar su situación (Bernstein et al. 2018). La mayoría de los primeros estudios fueron extensiones de debates e indagaciones históricas. Los temas incluían el campesinado francés, que Marx observó a mediados del siglo XIX que proporcionaba una base social a Bonaparte, o los campesinos de Francia y Alemania en el contexto de los intentos de ganar votos para el partido político de los socialistas, temas planteados por Engels y Kautsky a finales de ese siglo (Engels 1968 [1894], Kautsky 1988 [1899]). Hubo discusiones sobre la relevancia de las relaciones agrarias en el desarrollo desigual del capitalismo en Rusia y el papel que podían desempeñar los distintos estratos del campesinado (campesinos pobres, medios o ricos) en la política revolucionaria o reaccionaria en la URSS durante las décadas de 1920 y 1930. Otro ejemplo ilustrativo de lo que significa ser políticamente relevante es el clásico e icónico libro académico-activista de McWilliams (2000 [1935]) sobre las múltiples crisis de la Gran Depresión que desembocaron en la miseria, pero también en el ejercicio de la agencia política, de la clase obrera. El libro comienza con el descubrimiento de oro en la California de mediados del siglo XIX y la consiguiente fiebre del oro, que posteriormente condujo a la construcción de California como centro de agricultura industrial a gran escala. El análisis de McWilliams incluye la llegada de oleadas de trabajadores indígenas, chinos, japoneses, indios, filipinos y mexicanos, que coincidió con la migración de millones de personas que huían del Dust Bowl de las Grandes Llanuras durante la Depresión. Este periodo generó importantes investigaciones en los estudios agrarios clásicos que más tarde repercutirían en los actuales Estudios Agrarios Críticos (Mitchell 1996; Holleman 2018). El punto que me gustaría enfatizar a través de estos ejemplos es que las obras académicas son productos de su tiempo, incluso las obras contemporáneas que aspiran a explicar el presente a través de una lente histórica, como los libros pioneros de Watts (2013 [1983]), Mintz (1986), Mitchell (1996) y Davis (2002).
Las condiciones objetivas que ayudaron a dar forma a los estudios agrarios clásicos se transformaron una vez que el neoliberalismo cobró impulso en la década de 1980. La era de las guerras campesinas que relató Wolf (1969) había terminado. La generación de movimientos campesinos dirigidos por partidos comunistas y socialistas, en los que las acciones colectivas no armadas estaban subordinadas a la lucha armada clandestina (Putzel 1995), había desaparecido. La clásica Revolución Verde y la versión original de la ayuda alimentaria estadounidense, impulsada por la Ley Pública 480 en el contexto de los coletazos del Segundo Régimen Alimentario (Patel 2013; Friedmann y McMichael 1989), se metamorfosearon en algo significativamente diferente en un mundo en el que la capacidad de carga biofísica y el papel desempeñado por la agricultura industrial estaban bajo un serio escrutinio (Weis 2010). La Guerra Fría llegó a su fin, y con ella los numerosos modelos de desarrollo agrario y de la tierra de orientación socialista (Spoor 2012). También terminaron las campañas nacionalistas de desarrollo y el papel desempeñado por la reforma agraria en ellas, aunque la búsqueda de un mayor bienestar de la humanidad y la necesidad de democratizar la política de la tierra han seguido siendo urgentes y necesarias (Franco y Borras 2021; Mudimu, Zuo y Nalwimba 2022; Kay de próxima publicación). El encuadre de las campañas de los movimientos agrarios radicales y nacionalistas en torno a la reforma agraria se ha ampliado, durante las últimas tres décadas, a campañas en torno a la «tierra y el territorio» (Rosset 2013; Brent 2015) y el encuadre político se ha ampliado para incluir perspectivas de derechos humanos (Monsalve 2013; Thuon 2018). Sin embargo, muchas realidades fundamentales han persistido, aunque en formas alteradas[24].
El surgimiento de movimientos agrarios radicales relativamente autónomos de los partidos políticos fue uno de los cambios más importantes en el frente agrario mundial que daría forma a la agenda de los Estudios Agrarios Críticos (Edelman y Borras Jr 2016). Siguiendo a Fox (1993), considero la autonomía como el grado de intervención o influencia de actores externos en los procesos internos de toma de decisiones de una organización o movimiento. La autonomía no es una cuestión de «lo uno o lo otro», en la que se juzga si un movimiento está completamente cooptado por actores externos a él, como el Estado o los partidos políticos, o es totalmente independiente de ellos. La autonomía es una cuestión de grado. Existen dos tipos de movimientos agrarios autónomos actuales: (a) los que no fueron creados por partidos políticos y los que siempre han sido relativamente independientes de los partidos políticos, incluidos muchos grupos anarquistas o de tendencia anarquista; y (b) los que fueron creados por partidos políticos comunistas y socialistas, pero que se han distanciado progresivamente de estos partidos, lo que les ha permitido llevar a cabo proyectos políticos, coaliciones y campañas, como la soberanía alimentaria, la agroecología, otras iniciativas populares orientadas a la política alimentaria u otros temas que no son básicos para los movimientos agrarios de izquierda convencionales. Estos movimientos siguen teniendo sus raíces en la política de clases, pero se han ampliado para incluir ejes superpuestos de diferencia social (raza, etnia, casta de género, generación), tomando la clase social y la identidad como co-constitutivas. Representan una nueva generación de movimientos agrarios que combinan elementos de la política clasista de sus movimientos homólogos del pasado, con la atención a cuestiones contemporáneas como el clima, el medio ambiente y la indigenidad, entre otras (Veltmeyer 1997; Petras y Veltmeyer 2001). Su noción de alianza es diferente de la clásica alianza obrero-campesina orquestada por los partidos comunistas o socialistas (Shivji 2017), y su énfasis en cuestiones como la soberanía alimentaria, la agroecología, la justicia medioambiental o la justicia climática atrae a diferentes tipos de aliados y conduce a la formación de nuevos tipos de coaliciones (Tramel 2016; Claeys y Delgado Pugley 2017; Sekine 2021; Yaşın 2022; Bjork-James, Checker y Edelman 2022).
Los movimientos agrarios contemporáneos son una reacción al capitalismo neoliberal, y al mismo tiempo son una creación del neoliberalismo. Peasants Against Globalization de Edelman (1999) sobre los movimientos campesinos costarricenses y Peasants Beyond Protest de Biekart y Jelsma (1994) sobre la coalición de movimientos agrarios transnacionales centroamericanos ASOCODE son excelentes ilustraciones de ello. Muchos estudios posteriores sobre el auge de La Vía Campesina también subrayan el mismo punto (Desmarais 2007; Martínez-Torres y Rosset 2010; Wittman, Desmarais y Wiebe 2010). El auge de una nueva generación de movimientos agrarios, y su proliferación, coincidió con un auge similar de diversos movimientos radicales de justicia social que se inclinan hacia la intersección de las políticas de clase y de identidad, como los movimientos de los Pueblos Indígenas, Black Lives Matter y feministas, así como movimientos amplios unidos por intereses comunes como la soberanía alimentaria, la agroecología, la justicia climática y la defensa de la justicia medioambiental. Estos, a su vez, han dado forma e influido en la política y la investigación académica (Bjork-James, Checker y Edelman 2022). Las cuestiones clave en el frente agrario se han vuelto aún más plurales y diversas que en el pasado, y los movimientos de justicia social que surgieron por separado en torno a cada subtema, y colectivamente en el sentido más amplio del mundo agrario, se han extendido más. Así, mientras que La Vía Campesina es el movimiento agrario transnacional más conocido en la actualidad, existen otros importantes movimientos sociales progresistas y radicales que corren paralelos a él o están aliados con él (Mills 2021). Esto ha provocado debates políticos y académicos que giran en torno a la clase y los ejes de diferencia social. Los puntos de vista enfrentados sobre los movimientos de los nuevos agricultores indios de finales de los ochenta y principios de los noventa, por ejemplo, son ilustrativos de cuestiones muy controvertidas de política de clase e identidad (Brass 1995, 2000; Baviskar 1999; véase también Veltmeyer 1997 para el contexto latinoamericano). Este terreno cambiante se ha convertido en un apasionante tema de investigación académica, y es en gran parte responsable de cómo los estudios agrarios se han transformado en lo que hoy conocemos como Estudios Agrarios Críticos.
Incidir en los debates políticos es un interés central de los Estudios Agrarios Críticos y dentro de JPS. Las agendas y los debates políticos y académicos conforman y son conformados por los debates políticos. El caso de los biocombustibles es un buen ejemplo. En este caso, los cambios políticos en Estados Unidos y la Unión Europea han transformado la economía política de la producción global, el intercambio y el uso de materias primas clave como el maíz, la caña de azúcar, la palma aceitera y la colza (Franco et al. 2010; McCarthy 2010), así como las políticas de mitigación del cambio climático (Corbera y Schroeder 2011; Paprocki 2021), la agricultura climáticamente inteligente (Clapp, Newell y Brent 2018) y la certificación de la agricultura orgánica (Guthman 2014; Galvin 2021). A su vez, estos cambios han desencadenado campañas y movilizaciones mundiales por parte de los movimientos de justicia social, y han generado interés entre los investigadores académicos. Si observamos el frente agrario mundial y las cuestiones clave que han estallado durante la última década, vemos que las filas de los investigadores que trabajan en estos temas, y que al mismo tiempo están directamente implicados en movimientos de justicia social que pretenden influir en el carácter y la trayectoria de las transformaciones agrarias, han crecido exponencialmente. Pero este proceso es muy controvertido. El compromiso político se confunde a menudo con la «relevancia social», y abundan las interpretaciones laxas y contradictorias. Para algunos, «relevancia social» significa establecer una asociación entre una empresa transnacional de energía fósil y ONG conservacionistas, pero para otros esto es políticamente inaceptable. Los investigadores de los Estudios Agrarios Críticos consideran que el compromiso político es un elemento clave de su labor de investigación, pero son conscientes de que lo que realmente significa es objeto de un intenso debate. JPS también utiliza el compromiso político como brújula, incluso a la hora de decidir los temas sobre los que organizar sus números temáticos.
Los años 2007-2008 representan un punto de referencia significativo en los Estudios Agrarios Críticos. Durante este periodo, se produjeron y convergieron una serie de acontecimientos y cuestiones mundiales que resultarían fundamentales para este campo: la crisis financiera mundial, un informe clave sobre el acaparamiento mundial de tierras, el creciente protagonismo de los biocombustibles, las subidas de los precios de los alimentos, las negociaciones de la CMNUCC sobre el cambio climático, que atrajeron una atención sin precedentes, y los informes de los medios de comunicación sobre el ascenso de los países BRICS. Unos años más tarde, se produjo un revuelo mundial sobre las crisis de gobernanza en medio del ascenso de los populistas de derechas y, más recientemente, la pandemia de Covid-19. Tanto por separado como combinados, estos factores han contribuido a consolidar y, posteriormente, a ampliar la agenda de investigación de los Estudios Agrarios Críticos.[25] Igualmente importante es el hecho de que durante este periodo se ha asistido a un aumento de los movimientos de justicia social de orientación agraria y a una amplia gama de formas de acciones colectivas, iniciativas populares desde abajo y campañas de defensa.[26]
Las tendencias que se muestran en la Figura 1 apuntan a cambios en el mundo agrario, así como a la transición de los estudios agrarios clásicos a los estudios agrarios críticos. En particular, la «reforma agraria», que ocupó un lugar tan central en los debates públicos y académicos durante los tres primeros trimestres del siglo pasado, ha experimentado un marcado declive desde la irrupción del neoliberalismo en la década de 1980 (Akram-Lodhi, Borras Jr. y Kay 2007), a pesar de que los imperativos de las reformas agrarias redistributivas siguen siendo urgentes (véase, por ejemplo, Ra y Ju 2021). Es muy probable que el hecho de que la reforma agraria conserve cierta importancia en la actualidad sea el resultado de un puñado de casos destacados de reforma agraria nacional, especialmente en Brasil, Zimbabue y Sudáfrica (en Brasil, el papel desempeñado por un movimiento sin tierra de renombre mundial, el MST, también podría haber ayudado). Al mismo tiempo, temas que eran insignificantes en las décadas de 1970 y 1980 empezaron a surgir en las décadas de 1990 y 2000 y han aumentado de forma brusca o constante desde entonces. Entre ellos se encuentran el populismo (incluida la subcategoría más pequeña del populismo de derechas), los biocombustibles, la financiarización, la soberanía alimentaria, la agroecología y el acaparamiento de tierras. Estos temas empezaron a retomarse con regularidad en torno a 2005, y cobraron mucho más impulso hacia 2007-2008. Las palabras clave incluidas en la Figura 1 siguen siendo temas populares en los Estudios Agrarios Críticos, y sus trayectorias siguen siendo ascendentes. Son temas que han preocupado y animado los espacios de debate sobre políticas públicas globales, así como a la comunidad investigadora de los Estudios Agrarios Críticos, y han dominado las páginas de JPS durante la última década aproximadamente.
En ese tiempo, JPS ha interactuado estrechamente con los movimientos radicales de justicia social, en particular los relacionados con la justicia agraria y medioambiental. La mayoría de sus colecciones temáticas han sido producto de grandes conferencias internacionales coorganizadas por JPS con otras redes internacionales de investigación, entre las que se incluyen movimientos de justicia agraria y medioambiental líderes en el mundo, o han sido ampliamente debatidas en ellas. No es exagerado decir que los movimientos sociales radicales a menudo marcan la agenda de la investigación, y los investigadores académicos más o menos les siguen. Este ha sido el contexto en el que se concibieron y organizaron los actos relacionados con el JPS. Durante los últimos 10-15 años, se han celebrado importantes encuentros internacionales en la Universidad Saint Mary’s de Halifax (Canadá), el Instituto Internacional de Estudios Sociales (ISS) de La Haya, el Instituto de Estudios para el Desarrollo (IDS) de Brighton, la Universidad Cornell de Nueva York, la Universidad de Yale de Connecticut, College of Humanities and Development Studies (COHD) de la Universidad Agrícola de China en Pekín, Universidad de Chiang Mai, Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública (RANEPA) en Moscú, Universidad de Brasilia, y Universidad Externado de Colombia en Bogotá, así como coorganizado con EHNE-Bizkaia en Vitoria-Gasteiz en el País Vasco. A menudo, estos grandes eventos fueron coorganizados o preparados en diálogo directo con movimientos clave de justicia social: Transnational Institute (TNI), La Vía Campesina, IPC por la Soberanía Alimentaria, Amigos de la Tierra, FIAN, Food First, GRAIN y Focus on the Global South, entre otros. La metodología adoptada y el tono y la atmósfera generales fueron necesariamente un híbrido entre una conferencia académica convencional y un acto del movimiento activista. En estas conferencias relacionadas con el JPS, los activistas del movimiento recibieron el mismo nivel de importancia en cuanto a turnos de palabra, y los actos se abrían a veces con una mistica -una breve dramatización de realidades sociales y luchas políticas (véase el artículo de la entrevista con Paul Nicholson en este número del JPS), en un ambiente informal y festivo-, a menudo acompañada de impactantes imágenes de las pinturas del artista activista filipino Boy Dominguez o BoyD (véase Iles 2022).
Quizá pueda decirse que un momento decisivo para los Estudios Agrarios Críticos fue la gran conferencia internacional sobre tierra y justicia social celebrada en el ISS de La Haya en enero de 2006. Que yo sepa, fue la primera vez que académicos radicales (desde seguidores de múltiples corrientes del marxismo agrario hasta aquellos ampliamente inspirados por las ideas chayanovianas y populistas agrarias) y líderes mundiales de movimientos agrarios anticapitalistas convergieron a tal escala. Fue verdaderamente internacional (con servicios de traducción simultánea), con más de 300 participantes (de los cuales más de un tercio eran activistas) que se enzarzaron durante casi una semana en serios debates sobre algunas de las cuestiones agrarias más importantes del mundo[28]. El acto también sirvió para recordar a los participantes que la academia no es el único lugar en el que se genera conocimiento importante y que los investigadores académicos no son los únicos que generan ese conocimiento; las trincheras políticas y los movimientos agrarios también son lugares y productores de conocimiento.
Este tipo de eventos proporcionan plataformas en las que destacados académicos y activistas radicales pueden encontrarse cara a cara e intercambiar ideas y puntos de vista sobre cuestiones globales candentes. A menudo, estos diálogos no desembocan en un consenso, pero sospechamos que tienen efectos transformadores a corto y largo plazo en ambas partes, uno de los cuales es la construcción del respeto mutuo de intelectuales clave de ambos bandos, a pesar de las diferencias y el escepticismo. También han dado lugar a relaciones colegiales duraderas y a nuevas colaboraciones de investigación. Volver a ver la colección de grabaciones de vídeo de algunos de estos eventos es un grato recordatorio de cómo se produjeron estos encuentros.[29]
En 2020 se puso en marcha la serie de seminarios web Conversaciones Agrarias. Se trata de un esfuerzo colectivo de JPS y TNI, ICAS, CASAS, COHD en la Universidad Agrícola de China en Pekín, Jóvenes Investigadores Africanos en Agricultura (YARA) y PLAAS de la Universidad del Cabo Occidental. Está dedicado a algunas de las cuestiones más acuciantes que preocupan a académicos y activistas de todo el mundo. Cada seminario web se realiza en al menos tres idiomas para una mayor participación mundial. La respuesta ha sido prometedora, con una media de 900 participantes inscritos en cada webinar.[30] Los tres primeros tuvieron un alcance bastante global, abordando temas que son objeto de animados debates políticos y de política pública: El papel clave de China en la transformación del régimen alimentario mundial, los pastores y el mundo, y el auge mundial del autoritarismo y el populismo, temas que también han sido objeto de publicaciones académicas (véase, por ejemplo, McMichael 2020; Scoones 2021; Scoones et al. 2018; Roman-Alcalá, Graddy-Lovelace y Edelman 2021).
El momento de las intervenciones de JPS y las redes de investigación relacionadas es crucial: se han organizado conferencias y se han editado publicaciones posteriores en momentos en los que estos fenómenos sociales se estaban debatiendo y popularizando acaloradamente (véase la Figura 1). Por ejemplo, JPS organizó una conferencia mundial sobre biocombustibles en 2009 y publicó un número especial a principios de 2010; JPS organizó la primera gran conferencia académica internacional sobre el acaparamiento mundial de tierras a principios de 2011, al mismo tiempo que publicó su primera colección de artículos sobre el acaparamiento de tierras. El calendario de estos eventos se vio influido por los debates políticos encabezados por los movimientos sociales radicales. A su vez, las conferencias y publicaciones influyeron en el carácter y la trayectoria del propio tema de sus conversaciones e investigaciones científicas. Este es un rasgo distintivo de los actuales Estudios Agrarios Críticos: la intervención oportuna con el objetivo de remodelar las agendas y los métodos de debate en el contexto de la promoción de una mayor equidad y justicia social. La cuestión de la oportunidad es un aspecto del compromiso político. Genera un dilema clásico en la intersección de la erudición y la política práctica, es decir, cuándo exigir el cierre de los procesos de investigación y cuándo seguir buscando más pruebas y la maduración del proceso de teorización. El difícil acto de equilibrio que exige este dilema es un reto constante en los Estudios Agrarios Críticos.
La cuestión del compromiso político y el sentido del «momento oportuno» en torno a la generación, circulación y uso del conocimiento nos lleva a una faceta particular de los Estudios Agrarios Críticos, a saber, el «activismo académico». Éste se define aquí en términos amplios como una forma de abordar la política de los circuitos del conocimiento (generación, atribución, circulación, intercambio y uso) con el objetivo no sólo de reinterpretar el mundo de diversas maneras, sino de cambiarlo, y de cambiarlo en la dirección de la equidad y la justicia social, al tiempo que se democratizan las propias instituciones en las que se integran los procesos de conocimiento. Los estudios agrarios clásicos tuvieron su generación de «académicos-activistas», aunque los términos utilizados variaron: intelectuales públicos, académicos radicales, académicos militantes, etc. (véase, por ejemplo, Yan, Bun y Siyuan 2021; Tadem 2016; Baud y Rutten 2004; Gramsci 1971). Eran predominantemente individuos que simpatizaban o apoyaban la liberación nacional y las luchas anticoloniales, así como los proyectos políticos socialistas. Este tipo de intelectual sigue siendo importante en los Estudios Agrarios Críticos actuales, pero ya no es dominante. El campo ha engendrado múltiples y diversos tipos de académicos-activistas, muchos de los cuales son anticapitalistas por orientación o por implicación, en la línea de la tipología de Wright de las luchas anticapitalistas del siglo XXI (Wright 2019), y mantienen posiciones políticas en relación con los movimientos agrarios (Edelman 2009; Hale 2006). Los académicos-activistas de los años setenta y ochenta contribuyeron a la transición de los estudios agrarios clásicos a lo que hoy conocemos como Estudios Agrarios Críticos, en parte replanteando el tipo de preguntas de investigación y las agendas de los debates políticos y normativos, así como los métodos de trabajo político: sus contribuciones resultaron ser precursoras de lo que se convertirían en agendas y métodos de trabajo académico-activistas dominantes. Dos ejemplos de académicos-activistas de este periodo son Frances Moore Lappe, de Food First (véase Diet for a Small Planet, 1971) (Lappe 1971) y Susan George, del Transnational Institute (véase How the Other Half Dies, 1977) (George 1977). Los académicos-activistas contemporáneos han ayudado a radicalizar la academia global de diferentes maneras y, en este sentido, los Estudios Agrarios Críticos y la actual generación de académicos-activistas de orientación agraria se han reforzado mutuamente. Lo que esto implica es que los Estudios Agrarios Críticos necesariamente interiorizan no sólo la energía positiva que genera el creciente activismo académico agrario global, sino también los dilemas y contradicciones que conlleva (Hale 2006; Edelman 2009; Piven 2010).
En todas las conferencias y seminarios web organizados por JPS y redes aliadas, el carácter político-académico es el mismo: una plataforma de conversación entre algunos de los investigadores académicos más importantes e influyentes activistas de la justicia social y del movimiento agrario. En este proceso, la importancia del compromiso político se afirma una y otra vez, al tiempo que su significado es redefinido continuamente por los participantes en el diálogo. La forma en que se ha interpretado el compromiso político en los Estudios Agrarios Críticos parece haber estado influida, explícita o implícitamente, por dos ideas populares y duraderas de Marx: que, aunque los filósofos del pasado interpretaron el mundo de diversas maneras, la verdadera cuestión es cambiarlo; y que «los hombres [sic] hacen su propia historia, pero no la hacen como les place; no la hacen en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en circunstancias directamente encontradas, dadas y transmitidas desde el pasado» (Marx 1968 [1852]: 98). Los Estudios Agrarios Críticos exigen que se tomen en serio las cuestiones de la agencia política y la contingencia política. Para JPS, el compromiso político, un gran sentido de la oportunidad, tomarse en serio la contingencia política y reflejar el carácter de los Estudios Agrarios Críticos son algunos de los factores clave que han impulsado a la revista a lo más alto de su campo, y le han permitido mantener ese nivel durante más de una década.
Pluralismo
El segundo rasgo definitorio de los Estudios Agrarios Críticos es el pluralismo. Aunque la discusión en esta sección es más breve que las discusiones sobre el compromiso político y el internacionalismo, eso no significa que esta característica sea menos importante que las otras dos. En este documento, defino el pluralismo normativamente en el sentido de que el rigor constante y el respeto mutuo deben impregnar los circuitos globales del conocimiento en términos académicos y políticos. Implica un compromiso, en la teoría y en la práctica, de alejarse de los enfoques puristas y sectarios del trabajo del conocimiento. El sectarismo, ya sea académico o político, es la creencia de que sólo es posible una visión o un camino correctos; en las luchas por las ideas, se utiliza como justificación para sofocar y suprimir, ridiculizar y avergonzar las opiniones que no se corresponden con lo que oficialmente se sanciona como correcto y se hace pasar por erudición rigurosa. En el mundo político esto puede ser aún más peligroso, pudiendo conducir a la supresión (violenta) de la disidencia en la que individuos o grupos son desterrados o neutralizados físicamente. La historia de muchos linajes del marxismo está empañada por oleadas de sectarismo, que en algunas ocasiones condujeron a sangrientas purgas internas. Las historias conjuntas marxista-radical populista ortodoxa, y las de otras tradiciones de izquierda radical afines, como el anarquismo, se han forjado y reproducido en parte a través del sectarismo persistente y de las luchas contra él.
Dos cosas importantes necesitan ser enfatizadas en la discusión sobre el pluralismo en los Estudios Agrarios Críticos. En primer lugar, el pluralismo es inherentemente una cuestión de grado; no existe una distinción entre pluralista o sectario. En segundo lugar, la idea de pluralismo es normativa y aspiracional. Teniendo en cuenta estas dos características, opino que el sectarismo sigue rondando los Estudios Agrarios Críticos en la actualidad, una tendencia que tiene su origen, en parte, en el debate ruso de finales del siglo XIX entre el partido de Lenin y los narodniks (populistas). El propio nombre de «neopopulista», un término peyorativo que se unió a un tipo de economía política agraria radical, necesariamente internaliza la larga historia de sectarismo que caracterizó a estos dos campos. Pero el sectarismo, incluida la violencia que a veces engendra, es también un sello distintivo de los partidos políticos marxistas. En parte debido al declive de los partidos comunistas y socialistas, el sectarismo que emanaba de ese campo intelectual y político se ha erosionado hasta cierto punto, aunque no se ha erradicado (de hecho, creo que el sectarismo nunca se erradicará por completo). La otra cara de la moneda es que cualquier debate normativo sobre el pluralismo es necesariamente aspiracional, inspirado en avances reales, aunque parciales, en las prácticas pluralistas. Así, el pluralismo que discuto en este artículo en el contexto de los Estudios Agrarios Críticos sólo está emergiendo parcialmente, y el mayor grado de pluralismo al que me refiero aquí es una aspiración. Abordar el sectarismo es complicado y difícil, porque las distinciones y los límites entre lo que es «una rigurosa lucha de ideas», por un lado, y «un feroz rechazo sectario», por otro, son a menudo borrosos. Es demasiado frecuente que los impulsos sectarios se adornen y se hagan pasar por una postura teórica rigurosa, o -su desafortunado reverso- que una postura teórica o política menos rigurosa se justifique en nombre del pluralismo.
La ausencia de un bloque ideológico hegemónico en los movimientos anticapitalistas radicales actuales, a diferencia de la hegemonía pasada de los partidos comunistas y socialistas, ha conducido orgánicamente a la formación de amplias coaliciones que rara vez están dominadas por una ideología singular. Las cuestiones clave en el frente agrario -la crisis climática y medioambiental, los trabajadores migrantes transfronterizos, el abastecimiento mundial de alimentos y el hambre, el auge del populismo de derechas, la lucha contra la minería- exigen una política de coalición interclasista e intersectorial. Esto se observa en algunos de los movimientos transnacionales de justicia social de orientación agraria que más éxito han tenido, como La Vía Campesina, IPC por la Soberanía Alimentaria y Amigos de la Tierra. Los Estudios Agrarios Críticos y las publicaciones en JPS reflejan, en gran medida, el carácter, la pluralidad y la diversidad de los actores clave en las luchas agrarias contemporáneas, y en las luchas relacionadas con la justicia alimentaria, laboral y medioambiental.
Dentro de la academia, el lanzamiento de JPS implicó fuerzas convergentes y de coalición, principalmente entre varias corrientes dentro de la tradición marxista, y en segundo lugar entre los marxistas y algunos de los pensadores más radicales entre los populistas agrarios anticapitalistas. Aunque Terry Byres, un marxista ortodoxo, fue el principal editor fundador de JPS, optó por colaborar con la figura más importante entre los llamados neopopulistas, Teodor Shanin, que se convirtió en editor cofundador. Y aunque las páginas de JPS estaban dominadas por estudiosos de diversas vertientes de la tradición intelectual marxista, otros pensadores radicales de la economía política agraria, como James C. Scott, Joan Martínez-Alier, Ben Kerkvliet, Bina Agarwal y Michael Lipton, fueron calurosamente acogidos. Tal convergencia no sectaria fue una fuente de fortaleza para los estudios agrarios clásicos; se expandiría enormemente y se convertiría en una piedra angular de los Estudios Agrarios Críticos y de los JPS contemporáneos.
Cabe señalar que en la actualidad se está produciendo un notable resurgimiento de las perspectivas marxistas en los estudios agrarios, que podría haber sido provocado involuntariamente por una nueva generación de movimientos y luchas agrarias. El auge de La Vía Campesina a principios de la década de 1990 estuvo precedido por la aparición de un puñado de fuertes movimientos agrarios nacionales (Moyo y Yeros 2005; Wolford 2010; Edelman 1999). A medida que La Vía Campesina fue ganando fuerza en la segunda mitad de la década de 1990, esto se extendió a varios movimientos agrarios regionales nacionales y transnacionales en diferentes regiones del mundo (Edelman y Borras Jr 2016). El resultado actual es la proliferación de movimientos agrarios transnacionales, nacionales y subnacionales relativamente vibrantes y de diversas orientaciones ideológicas, desde movimientos marxistas-leninistas hasta movimientos radicales no marxistas. La aparición de estos movimientos globales puede haber avivado las brasas del prolongado debate y la tensión entre los marxistas ortodoxos y los populistas agrarios rusos clásicos, y las generaciones posteriores de intelectuales radicales que se inspiraron en ellos (principalmente, Herzen y Chernyshevsky, Chayanov y, mucho más tarde, Shanin, Scott y van der Ploeg). Los marxistas ortodoxos parecen perplejos ante una paradoja señalada por Bernstein (2018: 1146): «mientras que lo mejor del marxismo conserva su superioridad analítica a la hora de abordar la dinámica de clase del cambio agrario, por diversas razones el populismo agrario parece una fuerza ideológica y política más vital».
La conexión entre el marxismo ortodoxo y el populismo agrario condujo en realidad a procesos generativos de producción de conocimiento y política práctica que se reforzaron mutuamente, aunque a regañadientes. Si sus continuas interacciones han transformado de algún modo los dos campos, y si es así, cómo y hasta qué punto, son preguntas que no son fáciles de responder. Pero aunque se han dibujado caricaturas de cada campo, es importante darse cuenta de que eso es exactamente lo que son, caricaturas, mientras que la realidad es bastante diferente. Levien, Watts y Yan (2018, 854) observaron: ‘Por un lado, la erudición más «populista» -ya sea centrada en el acaparamiento de tierras, la soberanía alimentaria o la reforma agraria- ha incorporado de forma mucho más explícita que nunca las ideas marxianas sobre la clase y la dinámica del capitalismo’, pero continuaron: ‘Por otro lado, gran parte de la erudición explícitamente marxiana se ha alejado de su desestimación de la agencia política campesina; el hiperestructuralismo de los debates sobre los modos de producción; y las concepciones lineales o eurocéntricas de la historia incrustadas en la problemática de la transición y el «dogma del campesino condenado»‘. Tal vez sea especulativo decirlo, pero esto podría interpretarse como un reflejo de lo que podría ser una erosión parcial del sectarismo con el paso del tiempo.
Esta constelación de actores en el enredo entre el marxismo ortodoxo y el populismo agrario proporciona la mayor parte de la energía a los Estudios Agrarios Críticos contemporáneos y, por extensión, a los JPS. Es pluralista, pero tiene límites; no es liberalmente ilimitado. Entre los académicos clave que han señalado la necesidad de una navegación intelectual matizada en este continuo se incluyen Deere y De Janvry (1979), Shanin (1983), McMichael (2008), Isakson (2009) y White (2018). Al examinar la dinámica histórica del cambio agrario en Java, Indonesia, White (2018: 1108) observó que: «La diferenciación rural y la concentración de la propiedad de la tierra son […] hechos establecidos; sin embargo, esto no ha producido una clase capitalista de grandes agricultores, sino un número creciente de aparceros, ya que los «amos del campo contemporáneo» terratenientes parcelan sus tierras en parcelas minúsculas a aparceros». Y concluye: Comprender la existencia continuada de esta masa altamente productiva y pluriactiva de microagricultores requiere conceptos derivados tanto de la tradición marxista como de la chayanoviana». O, como sugiere van der Ploeg (de próxima publicación, 1): «La obra y la vida de Alexander Chayanov están estrechamente entrelazadas tanto con el campesinado ruso de principios del siglo XX como con la Revolución de Octubre de 1917». Según van der Ploeg (ibíd.), Chayanov ayudó a «organizar el campesinado ruso en una tupida red de cooperativas […] y participó activamente en el diseño de la reforma agraria. Estaba convencido de que las comunidades campesinas rusas (y sus cooperativas) podían actuar como importantes impulsoras de la transición hacia el socialismo». Y continúa: «Como estudioso comprometido con la crítica, Chayanov también desarrolló una teoría sobre la organización y el desarrollo de la agricultura campesina. Consideraba que esta teoría, basada en la especificidad de la explotación campesina, estaba en consonancia con la teoría marxista (si no como un desarrollo de la misma). Los leninistas de la época (y más tarde los seguidores de Stalin) consideraban que no era así. Para ellos, el enfoque chayanoviano era una expresión de «populismo» repudiable. Hoy, sin embargo, su valor y relevancia son ampliamente reconocidos, y el propio enfoque se ha enriquecido, no sólo a través de la investigación, sino también, y especialmente, con los nuevos logros creados por los movimientos campesinos de todo el mundo. (ibid., cursiva original).»
La lucha contra el sectarismo no significa, o no debería significar, retroceder ante las opiniones críticas y escépticas sobre las narrativas y los proyectos políticos populares, ante las luchas encarnizadas por las ideas. El tipo de pluralismo que propongo aquí hace todo lo contrario. Las visiones escépticas o críticas de las narrativas populares, aunque comprensiblemente generan tensiones, son elementos clave para generar un conocimiento sólido, para construir Estudios Agrarios Críticos. Enfrentarse a la crítica y al escepticismo mantiene alerta a quienes defienden determinadas ideas y políticas prácticas. Si bien es importante contar con una masa crítica de académicos que defiendan y apoyen determinadas ideas y prácticas políticas, es igualmente importante que sean cuestionados por otros que cuestionen esas ideas. Por ejemplo, en el tema de la soberanía alimentaria, encontramos escépticos como Bernstein (2014), Agarwal (2014), Jansen (2015), Li (2015), Clark (2016), Henderson (2018) y Soper (2020), y quienes simpatizan pero plantean preguntas difíciles como Burnett y Murphy (2014), McKay, Nehring y Walsh-Dilley (2014), Edelman (2014), Edelman et al. (2014), Robbins (2015), Alonso-Fradejas et al. (2015), y Gyapong (2021). Junto con los principales defensores y partidarios de la soberanía alimentaria, constituyen la enorme fuerza intelectual que anima la dinámica construcción conceptual y política de la soberanía alimentaria. Este tipo de tensión productiva sólo es posible dentro de una atmósfera general de pluralismo que requiere un rigor constante, debates encarnizados – y respeto mutuo.
Internacionalismo
La descolonización y democratización de la academia global son elementos del «internacionalismo», el tercer rasgo definitorio de los Estudios Agrarios Críticos. Interpretar el mundo para cambiarlo no solo se refiere al objeto de investigación, el mundo agrario (ahí fuera); también se aplica a las propias instituciones de generación, atribución, circulación y uso del conocimiento que incluyen la academia global (Castree 2000; Derickson y Routledge 2015; de Jong et al. 2017). Quienes se dedican a los Estudios Agrarios Críticos aspiran a ser verdaderamente internacionalistas contribuyendo a descolonizar y democratizar el campo y la academia en general. Y ese desafío, a pesar de los logros iniciales, sigue siendo enorme y desalentador. No es que el internacionalismo sea exclusivo de los Estudios Agrarios Críticos contemporáneos -los estudios agrarios clásicos también eran internacionalistas-, pero el internacionalismo que requieren los estudios agrarios contemporáneos es diferente.
El contexto tradicional de los estudios agrarios en el que nació JPS, políticamente arraigado en su tiempo, era de orientación internacionalista. Esa comunidad simpatizaba con diversos proyectos políticos comunistas y socialistas y con movimientos de liberación anticolonial. Inevitablemente, el internacionalismo que surgió en la política práctica durante esa época, y que en parte se interiorizó en la erudición radical posterior, reflejaba hasta cierto punto las divisiones de la Guerra Fría: Primer Mundo, Bloque Socialista y el llamado Tercer Mundo. Entre los marxistas ortodoxos, en aquella época importaba si uno estaba alineado con Moscú, era trotskista o maoísta. Muchos estudiosos agrarios radicales también formaban parte de organizaciones de solidaridad del mundo occidental que trabajaban en apoyo de movimientos de liberación nacional o proyectos socialistas. Por ejemplo, en la década de 1970, Teodor Shanin y Hamza Alavi fueron miembros del think tank con sede en Ámsterdam, el Transnational Institute (TNI).
Es importante que aclaremos dos grandes tipos de internacionalismo en los estudios agrarios. El primero es una comunidad de estudiosos radicales, en gran medida basada en el Atlántico Norte, profundamente comprometida con el internacionalismo y que realiza una gran labor académica radical, solidaria y de talla mundial. Esto era típico de los primeros estudios agrarios y de las primeras décadas de JPS. El segundo tipo de internacionalismo es una comunidad global policéntrica de académicos con una participación mucho mayor y más activa de investigadores del Sur Global. Esto es característico de los Estudios Agrarios Críticos contemporáneos y del actual JPS: es internacionalista tanto en su orientación como en su composición.
JPS ha hecho algunas contribuciones modestas a la construcción de un campo internacionalista. Por ejemplo, en 2019, y en colaboración con ISS en La Haya, COHD de la Universidad Agrícola de China en Pekín, y PLAAS de la Universidad del Cabo Occidental, JPS organizó el primer Annual Writeshop in Critical Agrarian Studies and Scholar-Activism, celebrado en Pekín. Su objetivo era formar a jóvenes investigadores del Sur Global mediante un curso intensivo sobre los principales debates teóricos en este campo y analizar las políticas de los circuitos globales del conocimiento (generación, atribución, circulación, intercambio y uso). También pretendía generar capital social y cultural creando una red mundial y abordando cuestiones prácticas sobre la escritura y la publicación que resultan más familiares en las instituciones del Norte Global. Desde entonces, el Writeshop se ha convertido en un acontecimiento anual, con una media de 55 participantes cada año. Aquellos que lo han completado se han autoorganizado en el Colectivo de Académicos-Activistas Agrarios del Sur.[31] El JPS siempre ha aspirado a incluir una participación significativa del Sur Global, de jóvenes investigadores, mujeres y BIPOC (Negros, Indígenas y Personas de Color), organizaciones de la sociedad civil y movimientos agrarios.
Además, JPS se ha asociado con varias redes internacionales de investigación y ha lanzado convocatorias competitivas de pequeñas subvenciones para la elaboración de trabajos de investigación, apoyadas por el proyecto de investigación y los fondos institucionales de los miembros de la red, y dirigidas principalmente a jóvenes investigadores de doctorado y posdoctorado, a nivel internacional. El resultado ha sido la concesión de varias pequeñas subvenciones de entre 1.000 y 2.000 dólares. Sus efectos multiplicadores han sido extraordinarios en términos de producción investigadora.
Uno de los mayores obstáculos a la democratización y descolonización del mundo académico es el predominio de la lengua inglesa, con una interacción y fertilización cruzada muy limitadas entre los estudios agrarios anglófonos, por un lado, y las tradiciones de estudios agrarios no anglófonas (con algunas excepciones, como las antiguas tradiciones de estudios agrarios de México, Brasil y Colombia), por otro. JPS, una revista en lengua inglesa, ha intentado, no obstante, abordar el terreno profundamente antidemocrático de la generación, atribución, intercambio y uso del conocimiento organizando y/o apoyando iniciativas lingüísticas y de traducción. Los esfuerzos más recientes en este sentido son la iniciativa conjunta de JPS, TNI, CASAS y otros para lanzar la serie de seminarios web Conversaciones Agrarias (AC) en 2020, que se desarrolla en varios idiomas, y el apoyo a la interpretación simultánea en conferencias internacionales, incluida la conferencia en línea de 2022 sobre cambio climático y justicia agraria, que atrajo a 2.200 participantes inscritos y proporcionó traducciones simultáneas en inglés, español, francés y birmano.
Otro elemento importante en la política del conocimiento es la capacidad del investigador para circular dentro y a través de los circuitos globales del conocimiento. Esto implica participar en importantes conferencias y talleres internacionales, así como afiliarse a asociaciones relevantes para la disciplina y el campo de cada uno. Pero todo ello conlleva unos costes que la mayoría de los investigadores del Sur Global, especialmente los estudiantes de doctorado y los académicos que inician su carrera, no pueden permitirse. Y para los que consiguen financiación para participar en conferencias y talleres internacionales, conseguir un visado para muchos países puede resultar demasiado difícil. La discriminación a la que uno se enfrenta en muchos consulados y embajadas, y el dolor emocional de haberse preparado para una conferencia internacional sólo para que la solicitud de visado sea rechazada, son realidades cotidianas de opresión para innumerables investigadores de y en el Sur Global, y BIPOC en general, que a menudo son invisibles para los investigadores académicos privilegiados de países más ricos y/o universidades mejor financiadas.
Las iniciativas de JPS enumeradas anteriormente aspiran a hacer que el terreno académico mundial sea menos discriminatorio e injusto. Siempre se desarrollan en colaboración con instituciones y redes aliadas, y en diálogo con movimientos sociales radicales, y han logrado algunos éxitos importantes e inspiradores. Pero no son fáciles de orquestar, y la logística es extremadamente complicada. Además, aunque relevantes e importantes, estos esfuerzos siguen siendo minúsculos en comparación con la enorme tarea de descolonizar y democratizar el campo y la academia global.
Los circuitos del conocimiento en los Estudios Agrarios Críticos siguen siendo antidemocráticos e inequitativos. Los datos básicos de JPS arrojan luz sobre esto. En el Journal Citation Record (JCR) de Clarivate Analytics basado en Web of Science, JPS ha ocupado el primer lugar durante la mayoría de los años de la última década en las categorías de Antropología y Estudios del Desarrollo. Para el periodo 2012-2021, los datos agregados para JPS de Web of Science sobre aspectos de generación, atribución, circulación, intercambio y uso del conocimiento muestran que estos dominios están monopolizados en gran medida por investigadores e instituciones de países ricos. Limité intencionadamente el marco temporal a los últimos 10 años por dos razones: es el periodo en el que las estadísticas sobre envíos de manuscritos y uso reflejan el periodo de los Estudios Agrarios Críticos en JPS, después de que se hiciera el cambio en 2009, y también es el periodo en el que las revistas se digitalizaron más o menos completamente, con impactos de gran alcance en los envíos de manuscritos y el uso.
Sobre la generación y atribución de conocimientos. Los gobiernos de los países ricos han invertido mucho en becas de investigación científica para sus investigadores, entre otras cosas para atraer a investigadores de otros lugares a emigrar a sus países. Además, las universidades de los países ricos suelen estar bien financiadas (o al menos mejor financiadas que sus homólogas de los países en desarrollo), sus bibliotecas bien surtidas y su personal académico suele estar mejor pagado que el de sus homólogas del Sur, además de tener derecho a competir por generosas becas de investigación. El efecto global de esta disparidad material es que el conocimiento académico formal y las reivindicaciones de autoría están monopolizados por investigadores radicados en países ricos, en su mayoría del Norte.
La figura 2 muestra que las tres regiones en las que se localizaba la mayoría de los autores que enviaban trabajos a JPS en este periodo eran las siguientes: Europa (34%), Norteamérica (21%) y Asia-Pacífico (13%, la mayor parte de la cual corresponde a envíos procedentes de China). Combinadas, la cuota total de estas tres regiones fue del 68%. No es exagerado sugerir que, en los Estudios Agrarios Críticos, los temas y entornos de investigación se sitúan mayoritariamente en África, América Latina y Asia Meridional. Sin embargo, la participación de estas tres regiones en términos de autoría fue relativamente pequeña: América Latina 7%, Asia Meridional 8% y África 10%, lo que supone un porcentaje combinado de sólo el 25%. El patrón es similar en cuanto a la geografía de los autores correspondientes publicados. La figura 3 muestra que, por regiones, América del Norte y Europa representaron la parte del león, mientras que las demás regiones del mundo contribuyeron con una proporción mucho menor y más o menos invariable.[32]
Sobre la circulación y el uso del conocimiento. El ámbito estrechamente relacionado de la circulación y el uso del conocimiento muestra un patrón similar, con un acceso al conocimiento mucho más extendido en los países y regiones ricos que en sus homólogos del Sur. Prueba de ello son las estadísticas sobre descargas de artículos. En la Figura 4 se observa que el volumen de descargas ha aumentado en todas las regiones durante la última década, pero los índices de incremento en Europa Central y del Norte, Norteamérica y Asia-Pacífico han sido notablemente superiores a los de las demás regiones. La figura 4 se basa en un conjunto de datos que muestra que un total del 71% de todas las descargas de artículos de JPS en 2012-2021 se produjeron en estas regiones: Europa septentrional y central, Europa meridional y Europa oriental (39 %), Norteamérica (27 %) y Australasia (6 %). Esto contrasta con la pequeña proporción de descargas en África (7%), América Latina (5%) y Asia Meridional (5%), para un total combinado de sólo el 17%. Es un panorama de distribución absurdamente asimétrica del acceso al conocimiento científico formal.
Si desagregamos las estadísticas hasta el nivel de las instituciones, la desigualdad en los circuitos mundiales del conocimiento es aún más vívida. En 2012-2021, para JPS, las 25 principales instituciones de investigación representaron un total combinado de descargas de 0,43 millones (16%) del total mundial de descargas de 2,7 millones. Se trata de 25 instituciones de investigación situadas en ocho países ricos de un total de 19.800 instituciones de enseñanza superior de 196 países incluidos en la Base de Datos Mundial sobre la Enseñanza Superior (WHED). En otras palabras, el 16% de todas las descargas de JPS en este periodo fueron a parar a sólo el 0,12% de todas las instituciones de enseñanza superior registradas, en el 4% de todos los países registrados. Uno de los requisitos para que los manuscritos sean aceptados para su publicación es que incluyan o aporten conocimientos de vanguardia. Pero si uno es investigador en una universidad mal financiada que no está suscrita a revistas y libros importantes, ¿cómo puede saber siquiera cuál es el estado del arte en su campo o tema, y mucho menos ir más allá?
Lo que muestran los datos de los 10 años de JPS es que el terreno estructural e institucional sigue siendo profundamente neocolonial y antidemocrático, y los esfuerzos por descolonizar y democratizar este ámbito -como las numerosas iniciativas asociadas a JPS- aún no han hecho mella de forma significativa. Esta tarea es ingente, sobre todo porque es probable que los últimos avances en la edición mundial refuercen, y no erosionen, estos modelos desiguales de generación y uso del conocimiento. Uno de los mecanismos institucionales que podría reforzar inadvertidamente la estructura antidemocrática de los circuitos del conocimiento es el acuerdo institucional de «acceso abierto dorado», por el que el autor individual, la universidad, la agencia de financiación o el gobierno nacional paga a una editorial para que un manuscrito aceptado esté disponible permanentemente a través del acceso abierto. Sólo los investigadores bien dotados o las universidades bien dotadas de los países ricos pueden permitirse los elevados costes de un acuerdo de este tipo. Algunos gobiernos nacionales han invertido enormes sumas de dinero en acuerdos institucionales para la publicación en acceso abierto de todos los investigadores radicados en sus países. Estas inversiones están a un nivel que pocos países pueden permitirse. En el momento de escribir estas líneas, sólo un puñado de países tienen contratos institucionales con Taylor & Francis (editor de JPS), como Finlandia, los Países Bajos, Noruega, Suecia y Suiza. Este acuerdo institucional privilegia a una pequeña minoría de investigadores. No sólo mantendrá la diferenciación entre los investigadores de todo el mundo, sino que es probable que agudice las disparidades.
En resumen, este breve análisis del campo desde una perspectiva internacionalista y en términos de política del conocimiento revela un estado de cosas institucional extremadamente desigual y antidemocrático. El sombrío panorama del campo de los Estudios Agrarios Críticos y del caso de JPS no es excepcional: desgraciadamente, hay indicios de que este análisis es generalizable. En un importante estudio, Carmen Diana Deere analizó la cuestión de la excelencia en la investigación académica de manera más amplia, centrándose en América Latina, y encontró exactamente el mismo patrón de desigualdades y jerarquías que he señalado aquí (Deere 2018). En última instancia, los circuitos globales de generación, atribución, circulación y uso del conocimiento se refuerzan mutuamente: el acceso al conocimiento académico formal (en publicaciones y otros formatos) impulsa la capacidad de los académicos para generar conocimiento y reclamar la autoría, especialmente en publicaciones formales. Lo contrario también es cierto: la ausencia de acceso al conocimiento académico formal hace que los investigadores académicos sean débiles y vulnerables en la política global del conocimiento. Por lo tanto, ser internacionalista en los Estudios Agrarios Críticos hoy en día no es sólo llevar a cabo tareas desde el Norte en solidaridad con colegas marginados en y desde el Sur Global, sino además, y quizás aún más importante, es ayudar a desmantelar las propias estructuras sociales e instituciones que causan y sostienen la desigualdad en los circuitos globales del conocimiento. Se producen ideas brillantes y radicales, y se construyen centros de excelencia docente e investigadora, en e