Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx
1. ¿Adiós a Europa?
El sociólogo portugués no parece muy optimista sobre el futuro de Europa tras distanciarse de Rusia.
¿Adiós a Europa?
Boaventura de Sousa Santos*
Un nuevo-viejo fantasma se cierne sobre Europa: la guerra. El continente más violento del mundo en términos de muertes en conflictos bélicos en los últimos cien años (para no retroceder en el tiempo e incluir las muertes sufridas en Europa durante las guerras religiosas y las muertes infligidas por europeos a los pueblos sometidos al colonialismo), se encamina hacia un nuevo conflicto bélico que puede ser aún más fatal, ochenta años después del conflicto hasta ahora más violento, con cerca de ochenta millones de muertos: la Segunda Guerra Mundial. Todos los conflictos anteriores comenzaron aparentemente sin una razón fuerte, era opinión común que durarían poco tiempo y, al comienzo, la mayoría de la población acomodada siguió haciendo su vida normal, yendo de compras y al cine, leyendo la prensa, disfrutando de las vacaciones y de amenas conversaciones en terrazas sobre política y cotilleo. Siempre que surgía un conflicto violento localizado, la convicción dominante era que se resolvería localmente. Por ejemplo, muy poca gente (incluidos los políticos) pensó que la guerra civil española (1936-1939) y quinientos mil muertos serían la antesala de una guerra mayor, la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que las condiciones estuviesen presentes. Aun sabiendo que la historia no se repite, es legítimo preguntarse si la actual guerra entre Rusia y Ucrania no es el preludio de una nueva guerra mucho mayor.
Se acumulan señales de que un peligro mayor puede estar en el horizonte. A nivel de la opinión pública y del discurso político dominante, la presencia de este peligro se presenta mediante dos síntomas opuestos. Por un lado, las fuerzas políticas conservadoras no solo detentan la iniciativa ideológica, sino también una presencia privilegiada en los medios de comunicación. Son polarizadoras, enemigas de la complejidad y de la argumentación serena, usan palabras extremadamente agresivas y hacen encendidos llamamientos al odio. No les perturba el doble rasero con el que comentan los conflictos y la muerte (por ejemplo, entre muertos en Ucrania y en Palestina), ni la hipocresía de apelar a valores que desmienten con sus prácticas (denuncian la corrupción de los adversarios para esconder la suya). En esta corriente de opinión conservadora se mezclan cada vez más posiciones de derecha y de extrema derecha, y el mayor dinamismo (agresividad tolerada) proviene de estas últimas.
Este dispositivo pretende inculcar la idea del enemigo a destruir. La destrucción por las palabras predispone a la opinión pública a la destrucción por los actos. A pesar de que en democracia no hay enemigos internos sino solo adversarios, la lógica de la guerra se traslada insidiosamente a supuestos enemigos internos, cuya voz ante todo debe ser silenciada. En los parlamentos, las fuerzas conservadoras dominan la iniciativa política, mientras que las fuerzas de izquierda, desorientadas o perdidas en laberintos ideológicos o en cálculos electorales incomprensibles, giran en torno a un defensismo tan paralizante como incomprensible. Como en la década de 1930, la apología del fascismo se hace en nombre de la democracia; la apología de la guerra se hace en nombre de la paz.
Pero este clima político-ideológico está marcado por un síntoma opuesto. Los observadores o comentaristas más atentos se dan cuenta del fantasma que acecha la sociedad y convergen de modo sorprendente en sus preocupaciones. Recientemente me he sentido identificado con algunos análisis de comentaristas que siempre he reconocido como pertenecientes a una familia política diferente a la mía, es decir, comentaristas de derecha moderada. Lo que tenemos en común entre nosotros es la subordinación de las cuestiones de la guerra y la paz a los asuntos de la democracia. Podemos diferir en lo primero y coincidir en lo segundo. Por la sencilla razón de que sólo el fortalecimiento de la democracia en Europa puede conducir a la contención del conflicto entre Rusia y Ucrania e, idealmente, a su solución pacífica. Sin una democracia vigorosa, Europa caminará, sonámbula, hacia su destrucción.
¿Estamos a tiempo para evitar la catástrofe? Me gustaría decir que sí, pero no puedo. Los signos son muy preocupantes. Primero, la extrema derecha crece globalmente impulsada y financiada por los mismos intereses que se reúnen en Davos para salvaguardar sus negocios. En los años 30 del siglo pasado, tenían mucho más miedo al comunismo que al fascismo; hoy, sin la amenaza comunista, temen la revuelta de las masas empobrecidas y proponen como única respuesta la represión violenta, policial y militar. Su voz parlamentaria es la de la extrema derecha. La guerra interna y la guerra externa son dos caras de un mismo monstruo y la industria armamentística se beneficia por igual de ambas.
En segundo lugar, la guerra de Ucrania parece más confinada de lo que realmente es. El flagelo actual, que azota las llanuras donde hace ochenta años murieron tantos miles de personas inocentes (principalmente judíos), tiene las dimensiones de un autoflagelo. Rusia hasta los Urales es tan europea como Ucrania, y con esta guerra ilegal, además de vidas inocentes, muchas de ellas de habla rusa, está destruyendo la infraestructura que ella misma construyó cuando era la Unión Soviética. La historia y las identidades étnico-culturales entre los dos países están mejor entrelazadas que con otros países que anteriormente ocuparon Ucrania y ahora la apoyan. Tanto Ucrania como Rusia necesitan mucha más democracia para poder poner fin a la guerra y construir una paz que no las deshonre.
Europa es mucho más vasta de lo que parece desde Bruselas. En el Cuartel General de la Comisión Europea (o de la OTAN, que es lo mismo) prevalece la lógica de la paz según el Tratado de Versalles de 1919, y no la del Congreso de Viena de 1815. La primera humilló a la potencia vencida (Alemania) y la humillación condujo a la guerra veinte años después; la segunda honró a la potencia vencida (la Francia napoleónica) y garantizó un siglo de paz en Europa. La paz según Versalles presupone la derrota total de Rusia, tal como la imaginó Hitler cuando invadió la Unión Soviética en 1941 (Operación Barbarroja). Incluso admitiendo que esto ocurra al nivel de la guerra convencional, es fácil predecir que, si la potencia perdedora tiene armas nucleares, no dejará de usarlas. Será el holocausto nuclear. Los neoconservadores norteamericanos ya incluyen esta eventualidad en sus cálculos, convencidos en su ceguera de que todo sucederá a miles de kilómetros de sus fronteras. America first… and last. Es muy posible que ya estén pensando en un nuevo Plan Marshall, esta vez para almacenar los desechos atómicos acumulados en las ruinas de Europa.
Sin Rusia, Europa es la mitad de sí misma, económica y culturalmente. La mayor ilusión que la guerra de información ha inculcado a los europeos en el último año es que Europa, una vez amputada de Rusia, podrá restaurar su integridad con el trasplante de Estados Unidos. Justicia sea hecha a los Estados Unidos: cuidan muy bien sus intereses. La historia muestra que un imperio en declive siempre busca arrastrar consigo sus esferas de influencia para retrasar la decadencia ¿Y si Europa supiese cuidar de sus intereses?
Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial. Texto enviado a OtherNews por el autor, el 07.02.23
2. Repaso a la situación en Taiwan
No es especialmente novedoso, pero me parece un buen resumen de la situación actual de Xulio Ríos. https://globalter.com/el-
El crucigrama taiwanés. XULIO RÍOS
Uno de los temas clave en la agenda de esa pospuesta cumbre China-Estados Unidos debería ser el de Taiwán, la “línea roja número uno”, como la describen las autoridades chinas. La falta de compromiso en el manejo de esta disputa puede condicionar de lleno las relaciones bilaterales, que justamente alcanzaron uno de sus niveles más bajos en los últimos tiempos tras la visita de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a la isla en agosto pasado.
En las últimas semanas, ha habido varias señales relevantes. Del lado chino, cambios de actores y discurso. Por un lado, Song Tao, anteriormente a cargo de las relaciones exteriores del PCCh, asumió la responsabilidad en la dirección de los asuntos de Taiwán en el Partido y el Estado; por otro, el anuncio de una nueva política. También gestos en el ámbito comercial como las medidas para facilitar los intercambios de alimentos o la reapertura de los contactos directos entre ambos lados del Estrecho.
Del lado estadounidense, el anuncio de una posible visita a Taipéi del relevo de Pelosi, Kevin McCarty, es un jarro de agua fría. Las declaraciones del general de cuatro estrellas y jefe del Comando de Movilidad Aérea Mike Minihan o la visita a la isla de Philip Davidson, exjefe del Comando del Pacífico de EEUU, también desentonan con cualquier deseo de calma. Si este último vaticinaba una guerra por Taiwán para 2027, el otro, guiado nada menos que por su “instinto”, la sitúa ya en 2025.
En la isla, el panorama político está marcado por los resultados de las elecciones locales del 26N, que han supuesto una gran derrota para el soberanismo, revalidada posteriormente en dos comicios parciales y a la espera del resultado de una tercera elección en marzo en el condado de Nantou. El Kuomintang (KMT) parece estar saliendo del túnel, pero como sucedió en 2018, las cosas aún pueden salirle mal, especialmente debido a los desacuerdos internos. Su estrategia frente a la división pasa por consumar un frente anti-PDP, al que podría atraer al empresario Terry Gouy, fundador de FoxConn, y quizás a Ko Wen-je, líder del Partido Popular de Taiwán.
En el poder desde 2016, el Minjindang (Partido Democrático Progresista, PDP) apura un doble escenario. Por un lado, un cambio de gobierno, ahora presidido por Chen Chien-jen, debería servir para enderezar el último tramo que queda hasta las elecciones de enero de 2024; por otro, la atracción de apoyos, redoblados a poder ser, de EEUU, Japón y algunos países europeos. En esta línea se puede interpretar el interés de hacer pública la llamada telefónica al ganador checo, Petr Pavel, de las elecciones del domingo 26 de enero, emulando la llamada con Donald Trump en 2016. Pavel fue expresidente del comité militar de la OTAN y se supone que sabe “lo que hay que hacer”. La presidenta Tsai también colocó al experimentado diplomático David Lee, hasta ahora a cargo de la secretaría general de la Oficina Presidencial, como nuevo presidente de la fundación que gestiona el operativo de las relaciones a través del Estrecho. Mantiene a Chiu Tai-san en la Comisión de Asuntos del Continente, centrando las quejas de la oposición en su nuevo segundo, Liang Wen-chieh.
Taiwán, con una superficie similar a Galicia, la vigésima primera economía del mundo, se acredita cada día más como la principal concreción territorial de la pugna geoestratégica chino-estadounidense. El papel de liderazgo de Taiwán en la disputa global sobre la fabricación de semiconductores agrega tensiones adicionales a un tira y afloja que afecta de lleno a la evolución de la guerra tecnológica en su conjunto.
Para China, que el PDP siga gobernando en Taipéi es un problema grave. Por lo tanto, tendrá mucho cuidado este año para dañar electoralmente a los soberanistas. Las opciones no son fáciles. Un exceso de presión militar o diplomática puede tener el efecto contrario. Necesita reconocer, en primer lugar, el agotamiento de cierta política y dotarla de mayor sofisticación y tal vez de menor dureza. Wang Huning, el principal ideólogo del PCCh, y Wang Yi, a cargo del grupo dirigente sobre Taiwán, están al frente de esta tarea, con la apariencia de un cambio de rumbo teórico y práctico.
Por el contrario, a EEUU le conviene el relevo de Lai Ching-te, llamado a liderar el PDP en las próximas elecciones, quien se definió a sí mismo como “un trabajador pragmático por la independencia”. Aunque las relaciones de Washington con los nacionalistas del KMT y su entorno no son malas, no se pasa por alto en la Casa Blanca que durante el mandato de Ma Ying-jeou (2008-2006) se firmaron 23 acuerdos entre Beijing y Taipéi. El exvicepresidente del KMT, Lien Chan, dice en sus memorias publicadas recientemente que Washington obligó a Ma a abandonar su idea de mantener conversaciones con China continental sobre un acuerdo de paz a través del Estrecho.
En la estrategia de confrontación ascendente promovida por algunos, la paz se asemeja a un obstáculo.
Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China.
3. Guerra de cuarta generación.
El uso de las redes sociales como arma: barato y efectivo, según este artículo de la prensa cubana. https://www.granma.cu/desde-
Guerra de cuarta generación, los gestores del caos
No es más que un eufemismo para un tipo de guerra imperialista, que busca aplicar una nueva forma de agresión con el menor costo posible en recursos humanos y materiales
Autor: Raúl Antonio Capote
4.División a la coreana en Ucrania.
Según Medvedev, eso es lo que proponen los occidentales y los ucranianos, pero los rusos no están dispuestos. El caso es que ya se empieza a hablar de esta posibilidad. Según Sapir en la entrevista del otro día, aunque no hablaba de este escenario, el resultado en buena parte puede depender de si se hunde o no el ejército ucraniano con una relativa rapidez. https://news.mail.ru/politics/
Medvédev califica de «ilusiones» que Kiev hable de un «escenario coreano» para Ucrania
MOSCÚ, 7 de febrero. /TASS/. El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso (SB), Dmitri Medvédev, ha calificado las declaraciones de Kiev sobre la supuesta disposición de Occidente a dividir Ucrania «según el escenario coreano» como el primer paso hacia el reconocimiento de las realidades territoriales existentes.
Fuente: RIA Novosti
«Está claro que hablar del ‘escenario coreano’ no es más que una ilusión. Es como si nosotros, la parte restante de Ucrania, estuviéramos bajo control y protección occidentales. Y entonces alcanzaremos el nivel de la República de Corea. Y también -como si hubiera alguna esperanza de reunificación con los antiguos territorios», escribió el político en su canal de Telegram el martes. Calificó ese razonamiento de «tesis para uso interno, nada más».
Según Medvédev, «aquí hay otra cosa destacable».
En Kiev han esgrimido tímidamente la tesis de que no puede haber armisticio. En el mejor de los casos, será una partición. De hecho, es el primer paso hacia el reconocimiento de las realidades existentes sobre el terreno.
Dmitri Medvédev
El jefe adjunto del Consejo de Seguridad ruso recordó que «la partición a lo largo del paralelo 38 (la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur – nota de TASS)» creó dos países independientes. «Y Donbass y otros territorios pasaron a formar parte de Rusia, que es el mayor Estado con plena soberanía y las armas más formidables», subrayó Medvédev.
Anteriormente, un antiguo asesor del jefe de la oficina presidencial ucraniana, Oleksiy Arestovych, expresó la opinión de que Ucrania no tenía fuerzas para ganar, por lo que los países occidentales estaban dispuestos a implantar el concepto de las «dos Coreas» en la región. Anteriormente, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Oleksiy Danilov, afirmó que se podría ofrecer a Kiev una «opción coreana» para un acuerdo que incluyera el «paralelo 38 condicional».
5. Es por nuestro bien.
De los que usaron el «Fondo Europeo de Apoyo a la Paz» para comprar armas para Ucrania, llega ahora, «la prohibir medios de comunicación es defender la libertad de expresión». Más minutos de humor de nuestro jardinero.
6. Ni pan.
Aquí el ultraderechista y ministro del interior israelí diciendo que no va a dejar que los presos palestinos coman pan fresco hecho por ellos. El muy !»·$% llama a las prisiones «campamentos de verano». Todo eso mientras él se come un pan -espero que con ántrax-. https://twitter.com/
«Los terroristas no deben recibir pan recién horneado».
El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, publicó un vídeo en TikTok en el que se le veía comiendo pan, después de que ordenara el cierre de las panaderías internas regentadas por presos, que suministran pan a otros reclusos.
7. 90 segundos.
Un artículo de Jordi Mir sobre la posibilidad y la necesidad de trabajar por escenarios de paz. https://www.naciodigital.cat/
8. Tang ping
Para que no sean todos mis mensajes loas y alabanzas a China, os paso este artículo sobre un movimiento del que se ha hablado bastante: Tang ping, «quedarse tumbado», una especie de protesta de baja intensidad, quizá similar a la Great Resignation en EEUU, de jóvenes que están cansados del ritmo acelerado y objetivos inasumibles con el que se hace crecer a la juventud actual. El fenómeno tiene hasta una entrada en la Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/
https://labourreview.org/from-
«Después de trabajar tanto tiempo, me sentía entumecido, como una máquina»: la desilusión de la juventud china y la crisis del trabajo
Por Natalie Olofsson
7 de febrero de 2023 12:36
A principios de 2021, un ex trabajador de una fábrica, Luo Huazhong, publicó en las redes sociales chinas una foto suya con las cortinas echadas, tumbado solemnemente en la cama. Con el título «Estar tumbado es justicia», el post se hizo rápidamente viral y la idea se expandió, resonando entre quienes luchan con la mano de obra moderna.
Haciendo referencia a fotos de gatos tumbados boca arriba, los usuarios retuitearon con las leyendas «deja que se pudra», «niégate a hacer más que lo mínimo» y «quédate en casa viendo la tele todo el día». En otros dibujos, hombres jóvenes en traje de negocios miran con aire abatido al techo, una representación de trabajadores quemados y en busca de descanso.
Aunque más tarde los censores retiraron su publicación, Luo dejó su trabajo y se dedicó a recorrer el país en bicicleta y a realizar trabajos esporádicos para salir adelante. «Después de trabajar tanto tiempo, me sentía entumecido, como una máquina», dijo Luo en una entrevista reciente. Estos sentimientos de rechazo a las condiciones laborales modernas pueden aplicarse tanto a los obreros, como Luo, como al mundo empresarial.
De 996 a Tumbado
Tanto los obreros como los jóvenes empleados de las empresas se hacen eco de los sentimientos expresados por «Quedarse tumbado». Aunque el 996 -trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche durante 6 días a la semana- es promovido sobre todo por el fundador de Alibaba, Jack Ma, sigue siendo un sistema de trabajo habitual en las principales empresas tecnológicas chinas. A cambio de salarios más altos y la promesa de éxito económico, los empleados trabajan muchas horas y sacrifican otros aspectos de su vida cotidiana.
Pero dar prioridad a las largas jornadas laborales no es sostenible a largo plazo; unas expectativas laborales poco realistas no sólo causan problemas de salud a los empleados actuales, sino que desaniman a participar a quienes no forman parte de la población activa. A pesar de que las leyes laborales chinas dictan una semana laboral de no más de 44 horas, esta política no es bien aplicada por las empresas punteras tanto en el sector manufacturero como en el tecnológico.
Sin embargo, para muchos jóvenes profesionales chinos, la cultura dominante del exceso de trabajo en la década de 2010 está empezando a resquebrajarse. A medida que los jóvenes chinos pasan de un sistema educativo despiadado a una cultura empresarial estructurada por el 996, pueden sentirse desilusionados.
Por tanto, el tumbarse es a la vez un síntoma y una protesta ante las insostenibles políticas laborales: en las fábricas, las largas jornadas laborales y las críticas mundiales por el maltrato a los trabajadores están contribuyendo a una crisis laboral.
Descontento estructural
El fenómeno social en curso apunta a un descontento mayor de la generación más joven, también exhibido por las protestas de Covid-19 en las principales ciudades y campus a finales de noviembre.
Pero a diferencia de las protestas callejeras, el tumbarse como forma de resistencia es silencioso. Es mucho más evidente en el creciente desempleo juvenil del país, en las tendencias de las redes sociales y en el aumento de la desigualdad académica.
Además, es mucho más difícil de solucionar: ¿cómo se las arreglará un país que depende de la intensa productividad de sus trabajadores cuando éstos decidan tomarse un descanso?
Quedarse tumbado ocupa su lugar como contracultura en auge para quienes se encuentran al principio de su carrera profesional. Un país conocido por su fuerte crecimiento económico ha empezado a ralentizarse. Con ello llega una escalera corporativa cada vez más difícil de escalar. El sistema educativo nacionalizado del Estado, que da prioridad a las notas altas y a una trayectoria profesional inflexible, ha sido poco indulgente, ya que mide la comprensión académica de forma cuantitativa.
El resultado es la frustración ante una cultura que parece tener pocas recompensas: en resumen, 996 ya no es sostenible ni una garantía para los objetivos profesionales de un joven.
En consecuencia, los trabajos intensivos en mano de obra no son deseados; en 2025 habrá una escasez de 30 millones de trabajadores del sector manufacturero en todo el país. Los que «se acuestan» están decidiendo renunciar a empleos que producen pocos beneficios y una calidad de vida cada vez peor. En todos los sentidos, «tumbarse» puede considerarse una forma de protesta implícita: no hay mejor forma de expresar el descontento ante unas expectativas laborales poco realistas que simplemente trabajar menos.
Arraigada en las escuelas
Esta cultura del agotamiento empieza en las escuelas. Aunque las escuelas del país ofrecen una educación de primera categoría sobre el papel -con puntuaciones cada vez mejores en matemáticas, ciencias y lectura-, estas métricas no reconocen un floreciente problema de salud mental ni las perspectivas profesionales de los estudiantes una vez finalizados sus estudios. Los estudiantes chinos de secundaria sufren problemas de salud mental en un 41,8% de los casos, y el problema más frecuente es el estrés académico, con un 59%.
Un nivel de exigencia tan alto para los estudiantes tiene consecuencias tanto para su salud mental como para su desarrollo social. Comprendiendo las implicaciones de un entorno educativo de alto estrés, es mucho más fácil calibrar por qué los jóvenes adultos chinos están más hastiados de la vida laboral que las generaciones precedentes.
Las universidades chinas sufren otra crisis de salud mental: una de las más prestigiosas del país, Tsinghua, tiene una tasa de aceptación de nacionales del 0,5%. Para acceder a una universidad de alto nivel, un requisito previo autodiagnosticado para una carrera estable, los estudiantes deben esforzarse en exceso durante los últimos años de secundaria. El alto valor familiar de la educación da lugar a una población culta, pero es perjudicial para la salud mental de los adolescentes.
Como estudiantes universitarios, más de una cuarta parte de los encuestados están deprimidos. Esta crisis de salud mental se atribuye a «la presión de los estudios, la presión laboral y la presión económica». Desde que empiezan la escuela primaria hasta que comienzan la universidad, los estudiantes del país sólo describen una presión cada vez mayor para rendir, en un sistema educativo que define el éxito de cada uno exclusivamente a partir de métricas cuantitativas.
En su transición al mundo laboral, estos estudiantes se enfrentan a condiciones económicas más duras de lo prometido. Los jóvenes adultos que crecieron en la década de 2000 y principios de 2010 estaban rodeados de la convicción de que el país es un país de crecimiento compuesto: el trabajo realizado como estudiante se ve recompensado por una calidad de vida estable como adulto. Con las implicaciones de Covid-19 y la ralentización del crecimiento económico, una afirmación que antes se percibía como verdad ahora se denuncia. La «carrera de ratas» que comenzó en las escuelas conduce al desencanto cuando los estudiantes creen que se extiende a la edad adulta.
Los que salen hoy de la universidad experimentan una economía en la que su poder adquisitivo se ha reducido y los fluctuantes precios de la vivienda dan pocas señales de estabilización. Con las estrictas políticas de Covid-19, que inhiben la salud mental y presionan a los que tienen empleo, junto con el estancamiento de los salarios y el envejecimiento demográfico de los trabajadores, la 996 se está desmoronando.
La elevada tasa de desempleo juvenil de China es sintomática de los cambios estructurales de la economía. Con un 20% en las zonas urbanas, el aumento se atribuye a los despidos masivos y al desajuste de las cualificaciones. Para que una parte estable de la población tenga empleo, el quedarse tumbado indica la necesidad de que una sociedad dé prioridad a la vida exterior de los individuos frente a su posición en el trabajo.
Más allá de China
En comparación con la dependencia de China del consumo material para su crecimiento, el tumbarse fomenta tanto una menor producción como un gasto innecesario. Se puede considerar entonces que las elevadas expectativas chinas de contribución económica para su juventud son perjudiciales no sólo para los jóvenes trabajadores, sino también para los niveles de empleo del país. Los países del este asiático -China, Corea del Sur y Japón principalmente- son conocidos por ser los que más horas trabajan al día.
Aunque acostarse sigue siendo un fenómeno asociado a los jóvenes adultos chinos, no es en absoluto excepcional. En otros países asiáticos están surgiendo pautas similares. Tras la crisis económica de Japón en los años 90, una generación de jóvenes se encontró con que ganaban menos que sus padres. Este fenómeno ha dado lugar al término «hikikomori»: una forma extrema de aislamiento social que incluye la negativa a trabajar, socializar o salir de casa, dominada principalmente por hombres de mediana edad.
Mientras que el hikikomori contrasta con el tumbado en su enfoque de retraimiento social, ambos fenómenos indican desilusión con las condiciones económicas actuales. Ambos países se enfrentan a problemas similares: el envejecimiento de la población, el estrés escolar y la reacción social ante la ralentización del crecimiento económico. Al percibir la contribución a una sociedad acelerada como poco gratificante, una pequeña pero no insignificante parte de los adultos jóvenes opta por no contribuir en absoluto.
Cambio radical
Temas similares rodean la crisis demográfica de China. El elevado crecimiento demográfico experimentado por la nación a finales del siglo XX ha disminuido drásticamente, con una reducción prevista de 100.000 personas para 2050. La Comisión Nacional de Salud china informó de una tasa de fertilidad récord, de 1,3 hijos por mujer, en 2020. El país se enfrenta a estrictas políticas de inmigración que no tienen en cuenta la diferencia entre nacimientos y defunciones.
El envejecimiento de la población afecta especialmente al empleo en los sectores tecnológicos, donde se prevé un descenso de la clase educada del país. La expectativa de un envejecimiento de la población es un desaliento adicional para los trabajadores jóvenes: si no auguran la prosperidad de las generaciones que les preceden, hay muchas menos razones para seguir los pasos laborales esperados.
Al adoptar un enfoque minimalista de la vida, que es la antítesis del fomento del consumo material del siglo XXI, la prosperidad económica debe proceder de otros medios. Sin un cambio en las expectativas de los empresarios y un sistema educativo regimentado, la nación puede encontrar a sus trabajadores aún más desilusionados.
A la luz del creciente descontento juvenil en China y los países de Asia Oriental circundantes, en los que estudiantes y adultos jóvenes salen a la calle para protestar por unas condiciones de vida insuficientes y relacionadas con el Covid-19, existe la necesidad tanto de cambios estructurales como culturales.
A pesar de definirse como una forma inactiva de protesta, desde la perspectiva de una nación que prioriza la productividad económica, la inactividad puede ser la forma más fuerte de resistencia. La inactividad contrarresta la hiperproductividad de 996 que definió la década de 2010: a falta de mayores rendimientos del exceso de trabajo, la inactividad puede muy bien ser algo más que un fenómeno social.
El movimiento pone de manifiesto las quejas de una generación decepcionada por sus perspectivas profesionales y sociales, y pronostica una fuerza cada vez mayor a las voces de los civiles, tanto a través de sus acciones en silencio como posteriormente en la calle.
9.Nigeria: evolución económica, elecciones y situación de la izquierda
Pronto habrá elecciones en Nigeria, y a juzgar por la opinión de este sindicalista y miembro de Socialist Labour entrevistado por ROAPE, las opciones de la izquierda son nulas.
«Gane quien gane, debemos seguir luchando»: las próximas elecciones en Nigeria
ROAPE, 7 de febrero de 2023
ROAPE habla con el socialista y activista nigeriano Alex Batubo sobre las elecciones de este mes y la situación política y económica del país. Batubo se centra en la lucha de los trabajadores y en las posibilidades de una alternativa radical que surja de los retos (y oportunidades) del presente.
***
ROAPE: ¿Podría describirnos la situación actual de Nigeria, las principales fallas y divisiones políticas y económicas? Si es posible, describa también las huelgas del año pasado y la situación del movimiento obrero.
Alex Batubo: Como en muchos países de todo el mundo, la gente corriente de Nigeria ha sufrido los estragos del neoliberalismo durante las dos últimas décadas y más. Es cierto que la economía ha crecido desde el final del régimen militar en 1999. En términos reales, el PIB es ahora al menos tres veces mayor que hace dos décadas. Además, la economía se ha transformado. El gobierno depende ahora en menos de la mitad de sus ingresos de la exportación de crudo. El sector manufacturero de la economía ronda actualmente el 13% y es mayor que el sector del petróleo y el gas.
A pesar de este enorme crecimiento económico y transformación, la mayoría de la población es ahora más pobre que hace dos décadas. Según un reciente estudio de la Oficina Nacional de Estadística, el 63% de la población, unos 130 millones de personas, son ahora «multidimensionalmente» pobres. La mitad de la población no tiene acceso al agua potable ni a la electricidad. La mayoría de las centrales eléctricas funcionan con gas, pero el suministro es intermitente y la quema de gas es habitual en el delta del Níger (la mayor contribución al cambio climático en el África subsahariana).
La mayor parte de la población sigue sumida en la más absoluta pobreza, mientras que la increíble riqueza se concentra en la minoría rica. Mientras que la mayoría de la población es más pobre, los ricos son ahora más ricos de lo que habían soñado. Decenas de jets ejecutivos llegan para las bodas de sociedad. La compra de propiedades por parte de la élite nigeriana tiene un impacto significativo en el coste de la vivienda en Londres, por ejemplo. Aliko Dangote, el más rico de la élite, es ahora más rico que nadie en África y que casi nadie en Gran Bretaña.
La élite rica ha robado toda la riqueza del petróleo, por lo que la mayoría de la gente es tan pobre como en cualquier otro lugar de África y la calidad de la educación y la sanidad públicas es una de las más bajas. Ciertamente, el gasto público en sanidad y educación está muy por debajo de la media de los gobiernos del África subsahariana.
Esta pobreza, desigualdad y corrupción son la causa del aumento de la inseguridad rampante. La delincuencia, los secuestros y el robo de ganado se han disparado desde que las restricciones derivadas de la pandemia de COVID-19 diezmaron el sector informal. Los sindicatos han estado activos pero no han proporcionado una alternativa de éxito. Así pues, una minoría de pobres desesperados ha recurrido a la violencia individual.
Sin embargo, desde 2000 hemos asistido a una oleada de huelgas, incluidas varias huelgas generales. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos, estas huelgas han estado estrechamente controladas por la dirección del sindicato y no han implicado activamente a los miembros individuales del sindicato. Han sido «quedarse en casa» en lugar de las huelgas activas militantes que se necesitan para aterrorizar al gobierno y a la clase dominante.
Así, por ejemplo, el año pasado, los profesores universitarios estuvieron en huelga durante ocho meses, cerrando todas las universidades públicas. Los trabajadores de todos los institutos de investigación públicos también estuvieron en huelga durante más de un año. En ambos casos, la huelga se debía a que el gobierno no había aplicado los acuerdos anteriores. Ambas huelgas terminaron en derrota porque la federación sindical, el Nigerian Labour Congress (NLC), no aportó la solidaridad necesaria.
Lo frustrante es que sabemos lo que hace falta para que ganen los movimientos. El NLC organizó impresionantes concentraciones en solidaridad con los profesores universitarios en huelga el año pasado, en las 36 capitales de estado a finales de julio.
En el mitin de Abuja, el secretario general del NLC anunció incluso una estrategia realista para ganar. Dijo que si el gobierno no actuaba en el plazo de dos semanas se convocaría una huelga general de tres días. Si el gobierno no actuaba en las dos semanas siguientes, advirtió, se organizaría una huelga general indefinida.
Desgraciadamente, el NLC no tomó ninguna medida para aplicar esta estrategia, por lo que finalmente los profesores volvieron al trabajo derrotados y nunca cobraron sus salarios mensuales correspondientes al periodo de huelga.
En mayo de 2021, el NLC organizó una huelga general de tres días en uno de los estados. Fue una huelga activa en la que participaron todos los trabajadores del estado. Se cortó la electricidad, se cerraron las escuelas y los bancos, por ejemplo.
Además, hubo manifestaciones diarias en las calles de Kaduna encabezadas por el presidente del NLC.
Pero al cabo de tres días, el NLC desconvocó la huelga en cuanto el gobierno le invitó a dialogar. Durante el año siguiente, el gobernador, puesto contra las cuerdas por la huelga, recuperó la confianza y volvió a despedir a miles de profesores, incluido el presidente nacional del Sindicato Nigeriano de Profesores (NUT). Ni el NUT ni el NLC tomaron medidas contra estos ataques.
Los líderes sindicales tampoco han ejercido un liderazgo político adecuado. Aunque los sindicatos crearon el Partido Laborista, no consiguieron garantizar un liderazgo coherente en el partido. El resultado fue una escisión y una serie de procesos judiciales. Un antiguo candidato a la vicepresidencia de uno de los dos principales partidos políticos se unió al Partido Laborista y se convirtió en su candidato presidencial en cuatro días. Se trataba de Peter Obi.
Sin embargo, el NLC sigue sin prestar un apoyo coherente al candidato del Partido Laborista y, a cambio, Obi no apoya abiertamente la Carta de Reivindicaciones de los Trabajadores del NLC. Un dirigente del NLC se presenta como gobernador del estado bajo el partido político gobernante. Del mismo modo, la dirección del NLC en Lagos, la capital de los negocios, ha salido en apoyo del partido gobernante. Desorden total.
En consecuencia, es probable que Bola Tinubu, del partido gobernante All Progressives Congress (APC), gane las elecciones presidenciales que tendrán lugar a finales de febrero. Tinubu fue gobernador del estado de Lagos durante ocho años, desde 1999. Puede que fuera menos corrupto que muchos otros gobernadores, pero dirigió ataques contra los trabajadores y sus dirigentes sindicales.
Esperamos que la nueva dirección del NLC, que será elegida en su congreso cuatrienal a finales de febrero, reflexione sobre estas cuestiones. Sin embargo, sabemos que será necesaria la presión de los sindicatos afiliados y de las bases de estos sindicatos para garantizar las huelgas activas y la solidaridad necesarias para conseguir nuestras reivindicaciones.
Y gane quien gane las elecciones presidenciales, necesitaremos un movimiento sindical combativo para empezar a reducir la pobreza, la desigualdad y la corrupción. Ningún presidente se limitará a darnos un salario mínimo decente con incrementos regulares. Tendremos que obligarles a financiar la educación, la sanidad, la electricidad y el agua públicas para todos.
En vísperas de las elecciones, ¿podríamos hablar de la evolución de la política de partidos? El PDP (Partido Demócrata Popular) fue el partido gobernante desde 1999 hasta 2015, tras lo cual el APC llegó al poder con Muhammadu Buhari como presidente, con mucha fanfarria y promesas de acabar con la corrupción, hacer frente a la inseguridad y atajar la pobreza y la mala prestación de servicios, etc. ¿Puede hablarnos del mandato de Buhari?
En 2015, Buhari y el APC presentaron un manifiesto optimista. Prometió reducir la corrupción y utilizar el dinero para financiar adecuadamente la educación y la sanidad públicas. Como resultado, afirmó que eliminaría la inseguridad, que en aquel momento se limitaba en gran medida al noreste. Mucha gente esperaba que Buhari ganara las elecciones y pusiera en práctica sus promesas.
Estas esperanzas se desvanecieron por completo. La pobreza, la desigualdad y la corrupción han aumentado considerablemente en los últimos ocho años. La desesperación resultante y la desesperación económica de la mayoría de la población es la razón del gran aumento de la inseguridad.
El valor del salario mínimo se ha reducido a menos de 50 dólares al mes, uno de los más bajos de África. Sólo se ha aumentado una vez desde que Buhari llegó al poder, a pesar de que la inflación ronda el 15 – 20% cada año. Este aumento ni siquiera se ha aplicado en algunos estados.
La proporción del presupuesto federal dedicada a educación y sanidad es ahora menor que cuando Buhari llegó a la presidencia. En 2015, más del 12% del presupuesto debía destinarse a educación, en 2021 había caído a menos del 6% y no ha aumentado significativamente desde entonces.
Buhari prometió el cambio y sin duda lo ha conseguido, por desgracia en la dirección equivocada. La mayoría de la gente es ahora más pobre que hace ocho años, mientras la corrupta clase dirigente se ríe hasta sus bancos en Londres.
Tinubu, el más probable próximo presidente, pagó decenas de miles de dólares estadounidenses a cada delegado en las primarias del APC para que se convirtiera en su candidato. Este dinero procedía de su continuo drenaje de dinero del Estado de Lagos, donde su empresa de consultoría sigue recaudando ingentes ingresos, en su imperio mediático.
Hay pocas esperanzas de que el próximo gobierno sea mejor, y la oposición del NLC aún debe organizarse. El nuevo presidente del NLC, Joe Ajaero, será elegido sin oposición en el congreso que se celebrará a finales de febrero. Tiene buena reputación, pero no se la merece. Procede del sindicato de trabajadores de la electricidad – es el Secretario General del Sindicato Nacional de Empleados de la Electricidad (NUEE) – que han sufrido la privatización desde 2013 con una lucha muy limitada. Además, Ajaero lideró una escisión de cinco años del NLC cuando no consiguió ser elegido presidente en 2015.
Curiosamente, y algunos dirían que positivamente, a estas elecciones concurre Peter Obi, del Partido Laborista. Muchos jóvenes nigerianos parecen muy entusiasmados con la candidatura de Obi. ¿Puede hablarnos de la aparición de Obi, de la historia del Partido Laborista y de su programa para el cambio en las elecciones nigerianas?
Vivimos de la esperanza, muchos, especialmente los jóvenes, han depositado ahora su esperanza en Obi, del Partido Laborista. Este es el optimismo de la voluntad, promovido por Gramsci. El pesimismo del intelecto es que es improbable que Obi tenga éxito. Es un magnate de los negocios que fue gobernador del Estado de Adamawa durante ocho años. Estos antecedentes y su abierto apoyo al neoliberalismo no justifican realmente la fe que millones de personas depositan en él.
Es más, Obi no ha creado una coalición lo bastante fuerte o amplia como para obtener la victoria en las urnas, y mucho menos para convertirse en el próximo presidente. Hasta hace poco era un miembro destacado del PDP que gobernó Nigeria de 1999 a 2015. Su alianza con el movimiento sindical no se ha consumado, ni se basa en sus acciones cuando era gobernador de un estado. Sin embargo, la dirección del Partido Laborista se retractó, a finales del año pasado, votando firme y claramente a favor de apoyar la Carta de Demandas de los Trabajadores del NLC. Pero en el manifiesto de Obi no se menciona este documento. Del mismo modo, este manifiesto no menciona al Nigerian Labour Congress ni la necesidad de implantar un salario mínimo decente.
Tal vez por ello, la dirección del NLC no está prestando un apoyo coherente a Obi como candidato presidencial del Partido Laborista. El apoyo del NLC al Partido Laborista siempre ha sido tibio y se rumorea que el presidente del NLC ha sido miembro activo del partido gobernante, el APC.
A pesar de ello, Obi, como candidato del Partido Laborista, ha suscitado un entusiasmo, sobre todo entre los jóvenes, que no se veía desde hacía tiempo. Esto se tradujo en una serie de mítines multitudinarios en muchas ciudades. La mayoría de ellos se celebraron por convicción, en lugar de pagar a los asistentes, como es tradición en los dos principales partidos políticos. Además, varios sondeos de opinión indican que Obi va en cabeza en cuanto a apoyo público.
Aún está por ver si este apoyo es suficiente para lograr la victoria. Tinubu, del APC, parece decidido a utilizar su riqueza robada y su apoyo político para ganar. Su partido controla tanto el Gobierno federal como la mayoría de los gobiernos estatales, y es probable que este poder determine el resultado, independientemente de a quién vote la gente.
Si, como usted dice, Obi no ofrece fundamentalmente una alternativa a los nigerianos hambrientos de un cambio real, ¿puede decirnos qué hay que hacer y cuál es la situación de la izquierda radical en Nigeria y en la región?
La izquierda organizada es pequeña y está dividida respecto a las elecciones. Los moderados piden apoyo para Tinubu, del partido gobernante. Afirman que está menos comprometido con la privatización que el candidato del PDP. Otros sectores de la izquierda piden apoyo para Omoyele Sowore, que también se presentó en 2019 bajo el Congreso de Acción Africana. Necesitaría recibir 50 veces más votos para ganar esta vez.
De alguna manera, tenemos que ser capaces de unir a la izquierda para argumentar y presionar para que el NLC lidere una campaña activa y sostenida contra la pobreza, la desigualdad y la corrupción, sea quien sea el próximo presidente.
A medio plazo, necesitamos reconstruir pacientemente la izquierda radical e intentar crear una plataforma electoral viable.
En los últimos dos años aproximadamente, Socialist Labour ha empezado a construir una corriente de izquierdas basada en la necesidad de que la clase trabajadora lidere la oposición activa al neoliberalismo. Ahora tenemos varios cientos de miembros en nuestro grupo de WhatsApp de simpatizantes. Esto sigue siendo poco en un país con más de 200 millones de personas, pero es significativamente mayor que los grupos de izquierda más establecidos.
La experiencia internacional ha demostrado que la construcción de una alternativa electoral progresista o de izquierdas se enfrenta a retos considerables. Hay muy pocos éxitos de los que podamos aprender. Pero me parece que tenemos que empezar por las bases y construir algún éxito electoral a nivel local, en lugar de demostrar primero nuestras debilidades a nivel nacional. También necesitamos crear alianzas con otras organizaciones progresistas, otros grupos radicales y organizaciones progresistas de la sociedad civil.
La reciente alianza entre el Congreso de Acción Africana (AAC de Sowore) y un ala del Partido de la Redención de los Pueblos (PRP), con base en el norte, ofrece cierta esperanza a medio plazo. Podría construirse como una alternativa militante al Partido Laborista. Pero sería aún mejor si los tres (y más) de estos partidos se unieran en una alianza electoral. Se habló de una alianza entre el Partido Laborista y el New Nigeria People’s Party (NNPP) del antiguo Gobernador del Estado de Kano, pero no fructificó.
Sin embargo, hay antecedentes de esperanzas partidistas. En el pasado, varios gobernadores fueron elegidos como candidatos o simpatizantes del Partido Laborista, pero lo abandonaron tras ser elegidos. Todos los candidatos del Partido Laborista en el estado de Jigawa se marcharon recientemente para unirse al partido gobernante, el APC.
Muchos jóvenes nigerianos parecen muy entusiasmados con la candidatura de Obi. ¿Puede hablarnos de la aparición de Obi, de la historia del Partido Laborista y de su programa para el cambio en las elecciones nigerianas?
Vivimos de la esperanza, muchos, especialmente los jóvenes, han depositado ahora su esperanza en Obi, del Partido Laborista. Este es el optimismo de la voluntad, promovido por Gramsci. El pesimismo del intelecto es que es improbable que Obi tenga éxito. Es un magnate de los negocios que fue gobernador del Estado de Adamawa durante ocho años. Estos antecedentes y su abierto apoyo al neoliberalismo no justifican realmente la fe que millones de personas depositan en él.
Es más, Obi no ha creado una coalición lo bastante fuerte o amplia como para obtener la victoria en las urnas, y mucho menos para convertirse en el próximo presidente. Hasta hace poco era un miembro destacado del PDP que gobernó Nigeria de 1999 a 2015. Su alianza con el movimiento sindical no se ha consumado, ni se basa en sus acciones cuando era gobernador de un estado. Sin embargo, la dirección del Partido Laborista se retractó, a finales del año pasado, votando firme y claramente a favor de apoyar la Carta de Demandas de los Trabajadores del NLC. Pero en el manifiesto de Obi no se menciona este documento. Del mismo modo, este manifiesto no menciona al Nigerian Labour Congress ni la necesidad de implantar un salario mínimo decente.
Tal vez por ello, la dirección del NLC no está prestando un apoyo coherente a Obi como candidato presidencial del Partido Laborista. El apoyo del NLC al Partido Laborista siempre ha sido tibio y se rumorea que el presidente del NLC ha sido miembro activo del partido gobernante, el APC.
A pesar de ello, Obi, como candidato del Partido Laborista, ha suscitado un entusiasmo, sobre todo entre los jóvenes, que no se veía desde hacía tiempo. Esto se tradujo en una serie de mítines multitudinarios en muchas ciudades. La mayoría de ellos se celebraron por convicción, en lugar de pagar a los asistentes, como es tradición en los dos principales partidos políticos. Además, varios sondeos de opinión indican que Obi va en cabeza en cuanto a apoyo público.
Aún está por ver si este apoyo es suficiente para lograr la victoria. Tinubu, del APC, parece decidido a utilizar su riqueza robada y su apoyo político para ganar. Su partido controla tanto el Gobierno federal como la mayoría de los gobiernos estatales, y es probable que este poder determine el resultado, independientemente de a quién vote la gente.
Si, como usted dice, Obi no ofrece fundamentalmente una alternativa a los nigerianos hambrientos de un cambio real, ¿puede decirnos qué hay que hacer y cuál es la situación de la izquierda radical en Nigeria y en la región?
La izquierda organizada es pequeña y está dividida respecto a las elecciones. Los moderados piden apoyo para Tinubu, del partido gobernante. Afirman que está menos comprometido con la privatización que el candidato del PDP. Otros sectores de la izquierda piden apoyo para Omoyele Sowore, que también se presentó en 2019 bajo el Congreso de Acción Africana. Necesitaría recibir 50 veces más votos para ganar esta vez.
De alguna manera, tenemos que ser capaces de unir a la izquierda para argumentar y presionar para que el NLC lidere una campaña activa y sostenida contra la pobreza, la desigualdad y la corrupción, sea quien sea el próximo presidente.
A medio plazo, necesitamos reconstruir pacientemente la izquierda radical e intentar crear una plataforma electoral viable.
En los últimos dos años aproximadamente, Socialist Labour ha empezado a construir una corriente de izquierdas basada en la necesidad de que la clase trabajadora lidere la oposición activa al neoliberalismo. Ahora tenemos varios cientos de miembros en nuestro grupo de WhatsApp de simpatizantes. Esto sigue siendo poco en un país con más de 200 millones de personas, pero es significativamente mayor que los grupos de izquierda más establecidos.
La experiencia internacional ha demostrado que la construcción de una alternativa electoral progresista o de izquierdas se enfrenta a retos considerables. Hay muy pocos éxitos de los que podamos aprender. Pero me parece que tenemos que empezar por las bases y construir algún éxito electoral a nivel local, en lugar de demostrar primero nuestras debilidades a nivel nacional. También necesitamos crear alianzas con otras organizaciones progresistas, otros grupos radicales y organizaciones progresistas de la sociedad civil.
La reciente alianza entre el Congreso de Acción Africana (AAC de Sowore) y un ala del Partido de la Redención de los Pueblos (PRP), con base en el norte, ofrece cierta esperanza a medio plazo. Podría construirse como una alternativa militante al Partido Laborista. Pero sería aún mejor si los tres (y más) de estos partidos se unieran en una alianza electoral. Se habló de una alianza entre el Partido Laborista y el New Nigeria People’s Party (NNPP) del antiguo Gobernador del Estado de Kano, pero no fructificó.
Sin embargo, hay antecedentes de esperanzas partidistas. En el pasado, varios gobernadores fueron elegidos como candidatos o simpatizantes del Partido Laborista, pero lo abandonaron tras ser elegidos. Todos los candidatos del Partido Laborista en el estado de Jigawa se marcharon recientemente para unirse al partido gobernante, el APC.
Creo firmemente que el futuro, como dijo la socialista polaca Rosa Luxemburgo, es el socialismo o la barbarie. En África hemos tenido más barbarie de la debida. Las perspectivas económicas inmediatas en Nigeria parecen malas: con el descenso del precio del petróleo, es probable que disminuyan los ingresos públicos, y los tres principales candidatos han prometido poner fin a la subvención del precio de la gasolina antes de junio. En estas circunstancias necesitamos una campaña sólida, activa y sostenida del movimiento obrero. Todos debemos unirnos para intentar conseguirlo.
Alex Batubo es miembro de Socialist Labour y sindicalista. Actualmente reside en Abuja, pero procede del delta del Níger.