Miscelánea 11/02/2023

Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx (con un comentario de José Luis Martín Ramos).

1.No feu emprenyar la bibliotecària

Sé que los compañeros de Barcelona están de movilización, pero no conozco bien la situación. Pero siempre de acuerdo con la última parte del mensaje.

https://twitter.com/

2. Perdona, no he entendido tu nombre. ¿Puedes repetir?

Y luego dicen que pronunciar chino es difícil! ¡Con alguna lengua joisán quisiera veros! https://twitter.com/

O si lo preferís cantado por la gran Miriam Makeba:

Miriam Makeba – Qongqothwane (The Click Song) (Live, 1963)

3. Reconocimiento de Barcelona

A Collboni no le gustará, pero como es lógico a las cuentas propalestinas de Twitter sí les ha gustado el último gesto del ayuntamiento de Barcelona suspendiendo el hermanamiento con Tel-Aviv: https://twitter.com/
https://twitter.com/

4.Publicación conjunta en homenaje a la 1ª República.

Hoy es el aniversario de nuestra 1ª República y varias revistas han publicado conjuntamente un dossier presentado por esta editorial:
https://la-u.org/la-primera-

La Primera República, la utopía de 1873 VV. AA./10 febrero, 2023

Este artículo es el editorial del dossier La Primera República, la utopía de 1873, publicado conjuntamente por varios medios de comunicación independientes: laU, Realitat, Debats pel Demà, Sobiranies, Viento Sur, CTXT, Nortes, El Salto, Memoria del futuro y Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya (UPEC). Para descargar el dossier pulsa aquí:

Este once de febrero se cumplirán 150 años de la proclamación de la Primera República. Un cumpleaños que lo es también de la única República federal, puesto que si el 11 de febrero de 1873 se proclamaba la Primera República, el 8 de junio se declaraba la República Federal y, el 12 de julio de 1873, la revolución cantonal planteaba que la República posible era la República obrera y campesina, y al llevar a cabo esta revuelta desde distintos territorios, se enfocaba con la perspectiva de un acuerdo posterior entre estos.

Desafortunadamente, el olvido selectivo y la hegemonía monárquica han soterrado un legado potencialmente revolucionario. Por este motivo, las revistas que firmamos esta editorial hemos querido aprovechar la ocasión para reivindicar este acontecimiento histórico. Porque en la península Ibérica la historia republicana es, en buena medida, la historia de las clases populares, y 1873 es un momento culminante de su poder revolucionario en el siglo XIX, tal como lo es la Comuna de París de 1871 para Francia.

No podemos olvidar que la República del 73 llegó por el agotamiento de una «Monarquía Democrática», como se tildaba el reinado de Amadeo de Saboya, incapaz de aportar soluciones que se diferenciaran de la fracasada dinastía borbónica. Las guerras imperiales en América Latina, el negocio con el tráfico de esclavos en África, el desahucio de campesinos por el latifundismo y la explotación de los trabajadores por la burguesía, fueron los puntales de la monarquía militar de Isabel II, primero, y de Amadeo de Saboya después. Democrática o no, la Monarquía siempre fue el eslabón más débil de un régimen militarizado, belicista y profundamente corrupto, que garantizaba a la oligarquía la acumulación de capital en su menguante imperio colonial, gracias a un ejército corrupto que hacía de guardaespaldas. Contra este reinado de terror, la República se convertía en un horizonte de utopías, como vio un esperanzado Víctor Hugo en su Carta a España, escrita el octubre de 1868:

«La República en España sería la paz en Europa; sería la neutralidad entre Francia y Prusia, la imposibilidad de la guerra entre las monarquías militares por el solo hecho de la revolución presente (…) Si España renace como monarquía, es pequeña. Si renace República, es grande.»

Una oportunidad en una Europa ahogada por las geopolíticas imperiales de zaristas, prusianos y bonapartistas, que despertaba esperanzas internacionalistas como la confesada por Garibaldi en una carta a los republicanos de Barcelona: «Sería un gran consuelo que por toda Europa se hiciera tan gigantesca como en vuestra bella patria la idea republicana».

Tomando, pues, el legado de la tradición republicana, y con la voluntad de actualizar el proyecto, no podemos obviar la tarea de construir un nuevo modelo de sociedad. Más allá de la necesidad de superar la monarquía borbónica, hay que construir un modelo republicano basado en la justicia social y en la lucha de los pueblos y naciones que conforman España hoy en día. Así pues, cualquier propuesta republicana tiene que llevar por bandera una sociedad igualitaria que impulse la libre participación de todas las personas, así como el ejercicio de la autodeterminación de los pueblos.

En un contexto de desigualdad creciente, donde aumenta la pobreza de trabajadores y trabajadoras, crecen las grandes fortunas y el fraude fiscal de los más ricos está al orden del día, la lucha republicana tiene que ir de la mano de las luchas sociales por los derechos humanos básicos, como la pelea por una vivienda digna o por una sanidad y educación públicas de calidad y mejor financiadas. El proyecto republicano, además, tiene que tener claros cimientos: el feminismo como elemento emancipador ante una estructura de dominio heteropatriarcal, la cultura de la paz como respuesta a los conflictos bélicos y la apuesta por una transformación social y económica en clave ecologista, sabiendo que el capitalismo es incompatible con la continuidad de la vida y del planeta.

Por estos motivos, varias revistas nos hemos reunido en este simbólico Frente Republicano editorial no solo para mancomunar nuestro republicanismo popular, sino también para poner manos a la obra desde cada perspectiva sobre los retos del presente a la vista de los ejemplos del pasado y de las necesidades del futuro. A la manera de ese Walt Whitman que saludaba en la República de 1873 la faz de la libertad en Hojas de Hierba: «Ah! Pero acabas de aparecerte a nosotros en persona —te conocemos / Nos has dado una prueba segura, la visión fugaz de ti misma / Tú esperas allá, como en todas partes, tu hora».

Observación de José Luis Martín Ramos:

Colar de matute el principio de autodeterminación de los pueblos no es ser fiel ni leal a la Primera República, que se constituyó como federal no por razón de multinacionalidad, sino por razón democrática: el federalismo como la forma más democrática del republicanismo. Le convendría a los autores leerse la constitución de aquella república. Y puestos a reivindicar, revindicar la bandera rojigualda con gorro frigio.
Lo de la “ revolución cantonal” es una calificación política que choca con la realidad.
Y lo de la “república obrera y campesina” un anacronismo absoluto.”

5. China cree a Seymour Hersh.

O, al menos, plantea que EEUU debería dar cuenta. https://twitter.com/ivan_8848/

La portavoz china de AAEE, Mao Ning, entrega la declaración de Beijing sobre la participación de EE. UU. en el incidente de Nord Stream “El gasoducto NS es una importante infraestructura transnacional. El incidente de la explosión tuvo un grave impacto negativo en el mundo… …Estados Unidos debe rendir cuentas al mundo”.

6. Dimite el gobierno de Moldavia.

La explicación de la dimitida primera ministra es clara: tenían el apoyo de las potencias extranjeras, pero no el de su propio pueblo.

https://twitter.com/nexta_tv/ (Una fuente ultraproucraniana)

«Si el gobierno disfrutara de la misma confianza en casa que en el extranjero, con nuestros socios, habríamos podido gobernar por más tiempo», dijo Gavrilița.

7. La cuestión imperialista: Un enfoque sociológico

En la revista Middle East Critique publican un monográfico sobre «El imperialismo en Oriente Medio» que tiene buena pinta. De momento, han publicado en abierto este artículo. Este es el abstract, por si no os apetece leerlo todo:

Este artículo ofrece un trasfondo conceptual para el tema general de este número especial «Sobre el imperialismo en Oriente Medio». En primer lugar, planteamos que el concepto de imperialismo puede entenderse como un proceso sociológico, a través de un enfoque que centra la primacía de la política frente a los relatos que separan teoría y praxis mediante el empirismo. Al indagar en esta cuestión, el artículo muestra cómo las narrativas académicas dominantes que explican las guerras en la región las desarticulan de la historia. En segundo lugar, mostramos que las guerras, el despilfarro y el militarismo -también denominados acumulación por despilfarro- son las actividades predominantes de la era imperialista liderada por Estados Unidos, históricamente desatada en el Sur del mundo. En consecuencia, terminamos discutiendo cómo el estudio del imperialismo dirigido por EEUU se convierte en el eje en torno al cual cada artículo de este número recentra su contribución analítica.

https://www.tandfonline.com/

La cuestión imperialista: Un enfoque sociológico

Matteo Capasso & Ali Kadri

Desde la invasión de Irak en 2003, la región árabe ha experimentado un aumento creciente de guerras y conflictos. En Yemen, miles de personas viven en alto riesgo de hambruna y hambre, ya que más de doce millones de personas necesitan ayuda humanitaria, que abarca servicios sanitarios, alimentarios y relacionados con el alojamiento, debido al bombardeo del país llevado a cabo por Arabia Saudí y su coalición, apoyada por Estados Unidos. Como tristemente admitió abiertamente el director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en febrero de 2022, «no tenemos más remedio que quitar comida a los hambrientos para alimentar a los hambrientos».Nota1 En Libia, la soberanía del país se derrumbó bajo una brutal campaña militar dirigida por la OTAN en 2011, y las potencias extranjeras y sus aliados locales han seguido disputándose el botín de guerra. La fuga de capitales y la malversación del dinero público se han convertido en la norma, y los libios de a pie se han acostumbrado a vivir en una coacción sin fin, aceptando lo que solía ser una característica peculiar de Líbano, es decir: escasez prolongada de agua, cortes de electricidad y devaluación de la moneda. En Túnez, a pesar del «éxito» de las protestas de 2011, la escasez de alimentos y las medidas de austeridad impuestas por el FMI asfixian a las clases trabajadoras. Los gobiernos alternativos, al mismo tiempo, aumentan sus presupuestos militares, adquiriendo y recibiendo armas de fabricación occidental y asistencia militar para contrarrestar las «amenazas a la seguridad cada vez mayores».Nota2 En un estado de completa devastación económica y social, Siria y el vecino Líbano han registrado sus primeros casos de cólera desde 1993.Nota3 Aunque Egipto tuvo su última guerra en 1973, sin embargo fue devastado por las políticas neoliberales instituidas después de los Acuerdos de Paz de Camp David. El caso de Egipto recuerda la observación de Lin Biao de que «la guerra trae destrucción y sacrificio, pero la destrucción, el sacrificio y el sufrimiento son mucho mayores si no se ofrece resistencia al imperialismo, ya que el pueblo se convierte en esclavo voluntario». Nota4 El actual índice de pobreza de Egipto y la malnutrición de sus niños sólo pueden revelar la tragedia sufrida en condiciones similares a las de la guerra.Nota5 En Palestina, Israel sigue desatando su violencia en Cisjordania alternando diariamente demoliciones de casas, asesinatos y detenciones, junto con el lanzamiento periódico de devastadoras campañas militares sobre Gaza.

¿Cómo se han convertido las guerras en una configuración ordenada de las relaciones sociales y políticas que caracterizan a Oriente Próximo? A pesar de las muchas herramientas teóricas que se utilizan y ofrecen, si se siguieran las narrativas dominantes, estas realidades de destrucción en curso deben considerarse el resultado de agravios locales e internos que desembocan en guerras civiles, mala gobernanza, divisiones tribales e históricas regionales, etcétera. Curiosamente, cuanto más consolidaba Estados Unidos su papel hegemónico unilateral en los asuntos mundiales, más se quedaban obsoletas las teorías que habían analizado de forma más incisiva el orden mundial (las teorías de la dependencia, del sistema mundial y marxiana), incluso cuando el peso de las políticas imperialistas dirigidas por Estados Unidos (a través de sanciones, guerras y reformas neoliberales) se desvanecía sobre la región y el Sur global en general. Nota6 Desgraciadamente, al hacerlo, estos análisis han ofrecido una imagen abstracta y demasiado ahistórica de la realidad sobre el terreno, que no logra articular el desarrollo histórico y la trayectoria política de estos países frente al imperialismo dirigido por Estados Unidos. Aunque durante mucho tiempo se ha desestimado el peso histórico que el imperialismo estadounidense ha tenido en todo el mundo, el ascenso económico gradual de China ha llevado ahora a los estudiosos a hablar de imperialismo(s) múltiple(s). Este movimiento, como demostraremos, sólo ha creado más confusión. En este artículo nos proponemos explicar las principales limitaciones de estos enfoques y recentrar el estudio de la región en relación con la cuestión imperialista, a saber, el imperialismo dirigido por Estados Unidos.

Empirismo dentro, historia fuera

El concepto de objeto no puede formularse adecuadamente en el idealismo. Una vez desmantelado el mundo, los idealistas son incapaces de recomponerlo… Es como si ya no se pudiera tomar sopa, sino sólo sus ingredientes.Nota7

Las narrativas académicas y mediáticas han empobrecido nuestro mundo al relegar la categoría de imperialismo a la historia, y los análisis del neoliberalismo a menudo han oscurecido la naturaleza actual del imperialismo en el mundo de hoy. Los relatos dominantes lo hacen descuidando la historia como un continuo de acontecimientos reales llevados a cabo por un sujeto social. La reducen a una visión maniquea del mundo, es decir, Occidente contra el resto, guiada por las acciones valientes contra el mal de los individuos, y luego la regurgitan en forma de narración en tiempo cronológico. Las guerras aparecen como momentos en el tiempo que capturan las antiguas divisiones identitarias, sectarias o tribales, que -nos dicen- caracterizan a la región. Estos relatos, que describen a las comunidades como seres, más a menudo que como devenires, se basan en tipos ideales weberianos divorciados de las instituciones concretas y del cambio histórico. Trazan identidades ideales e intemporales, y categorías que se centran en ideas de integración más que en intereses contrapuestos. Se asemejan notablemente al esquema de equilibrio normal de la economía neoclásica prekeynesiana; es decir, son construcciones lógicas que se apoyan en gran medida en premisas de estabilidad e integración incorporadas y atemporales de la realidad social, y en ello proponen análisis abstractos, estáticos y ahistóricos. De este modo, cada vez que aparecen aspectos problemáticos de la sociedad, es decir, guerras que estos relatos convencionales pretenden explicar, acaban caracterizando a la región como una anomalía o una excepción. Por lo tanto, no es de extrañar que las categorías de tipo régimen, las RI orientadas a modelos y las teorías económicas neoclásicas no hayan sido capaces de abordar la cuestión de la guerra. Como sostiene Renata Allio, si la investigación económica y sociológica se enfrentara a la realidad histórica, difícilmente podría eludir el problema de la guerra, ya que cada período histórico de la vida de cada economista ha experimentado conflictos bélicos de mayor o menor intensidad, con sus importantes repercusiones en la economía y en el modo de reproducción social.Footnote8

Otro gran problema se refiere a cómo el estudio de la guerra como problema social se ha llenado cada vez más de empirismo superficial. En otras palabras, aunque se ha acumulado una gran cantidad de datos etnográficos fácticos, correlaciones estadísticas y generalizaciones empíricas sobre muchos aspectos de estas guerras, siguen faltando asociaciones entre estas minúsculas partes y el todo. Uno de los principales puntos débiles en el campo de las RRII, los conflictos/seguridad y los estudios regionales es que evitan por completo y no discriminan los elementos más básicos y controladores del sistema geopolítico. Es decir, no tienen en cuenta cómo el desarrollo histórico y la trayectoria política de la periferia -es decir, los países del Sur global- no se producen en el vacío, sino en un sistema-mundo capitalista. Nota9 En este sentido, sugerimos que el estudio de las guerras avanzaría significativamente con una integración teórica más consciente de sus datos empíricos, no sólo para profundizar en el conocimiento de los fenómenos, sino también para iluminar las posibilidades de control social y de acción correctiva. Y, con la misma claridad, debe ser una teoría que considere el conflicto y la crisis como inherentes al sistema social cambiante y no como externos y accidentales.

Por ejemplo, en los casos de Libia y Siria en 2011, los análisis dominantes apenas prestaron atención a varias condiciones: la situación de estos países antes de la guerra y la historia que había detrás de ella; y las luchas de clases a nivel local e internacional. En su lugar, los analistas atribuyeron los problemas políticos al carácter autoritario, brutal, paranoico y/o malvado de una sola personalidad: Bashar al-Assad o Muamar Gadafi. Aunque las acciones de los individuos y sus ideologías son detalles importantes que ayudan a explicar la evolución histórica, no son sus elementos sobredeterminantes. Los individuos y las ideologías son representantes de intereses de clase que se han subordinado a los intereses del sistema imperialista dirigido por Estados Unidos, por lo que están vinculados intrínsecamente a la realidad material que sustenta su poder. Al ignorar estas realidades políticas cruciales, los relatos reducen la política y la historia a una lucha grotesca entre individuos irracionales e ideologías peligrosas, convirtiendo la historia en un tratado de teratología. La esencia de ese argumento es que, aunque Estados Unidos y sus socios europeos sean imperialistas, esos regímenes son fascistas. Por lo tanto, se apresuran a etiquetar a cualquiera que intente problematizar tales narrativas como partidario de regímenes autoritarios. Sin embargo, el punto «imperialismo contra fascismo» funciona como una posición de clase imperialista destinada a obliterar a estos países demonizando a sus dirigentes. Al desarticular estas formaciones sociales (y su transformación gradual) del mismo sistema imperialista dirigido por Estados Unidos, Nota11 éstas -queriendo o sin querer- proporcionan el terreno para las invasiones imperialistas dirigidas por Estados Unidos.

En la región MENA, como Samir Amin señaló acertadamente en 2011, muchas de estas clases dominantes, derrotadas, han aceptado en gran medida sus posiciones como aliados subalternos del capital occidental, es decir, compradores. Mientras el pueblo lisiado, enfrascado en la lucha por la supervivencia diaria, parece aceptar su destino; o, peor aún, alimentar nuevas ilusiones que estas mismas clases dirigentes derraman sobre él, siendo el Islam político el ejemplo más dramático. Mientras que estos dirigentes aceptaron el dictado del capital financiero dolarizado, convirtiéndose así en una clase compradora, la posibilidad de que las guerras lanzadas por la OTAN liberen a una población del Sur es particularmente peligrosa. Como pretendemos discutir más adelante, tal postura descarta un componente fundamental del sistema geopolítico; es decir, no articula cómo la creciente militarización de la región es indicativa del papel central que el despilfarro, las guerras y el militarismo ocupan en la estructura imperialista liderada por EEUU en la era financiera. En otras palabras, la agudización de las contradicciones sociales, cuya emergencia se articula directamente con el Norte a través de la imposición de sancionesNota12 o bombardeos, dentro de un país de la región MENA o del Sur en general no puede convertirse en un terreno fértil para un cambio de régimen patrocinado por la OTAN o Estados Unidos.

Por estas razones, es importante señalar que utilizamos el concepto de imperialismo como un fenómeno sociológico, Nota13 como un sistema de reproducción social cuya ley del valor Nota14 determina la tasa metabólica del capital y, por lo tanto, la reproducción social en todo el mundo, y nos referimos al imperialismo como el que ejerce -utilizando el término de Samir Amin Nota15 – la Tríada, es decir: EE.UU., Europa y Japón articulados a las clases compradoras del Sur. En otras palabras, como argumenta acertadamente Michael Parenti, rechazamos esta tendencia entre los politólogos a utilizar el término ‘imperio o imperialismo’ para denotar dominio y control, prestando poca atención a los poderosos intereses económicos que operan como núcleo detrás de la política estadounidense.Nota16 Sin embargo, el imperialismo sociológico leninista, el imperialismo monopolista-financiero históricamente específico, difiere de los relatos económicos que hablan de imperialismo(s) múltiple(s) -en plural, como el que ofrece David Harvey.

Harvey, por ejemplo, ofrece una explicación empírica de los cambios en los flujos financieros asociados a la superexplotación17. Estos flujos se acumulan en un stock de capital que se implanta físicamente en Oriente, especialmente en China. La creciente infraestructura oriental y otros activos demuestran una inclinación geográfica del poder y la riqueza mundiales a favor de Oriente. Su teoría, como él dice, no es un imperialismo rígido con una «geografía rígida de núcleo y periferia establecida en la teoría de los sistemas mundiales»; es más bien «un desarrollo geográfico desigual, divisiones del trabajo proliferantes y diferenciadas, una comprensión de las cadenas globales de mercancías y de las fijaciones espaciales… y la construcción y destrucción de economías regionales dentro de las cuales podría formarse durante un tiempo una cierta «coherencia estructural» (o «régimen de valor regional»)». Nota18 Tal progresión teleológica concluye en un relato empírico, las «fijaciones espaciales», o las áreas donde el capital construye sus estructuras para absorber los beneficios forjados por la superexplotación. La etapa final lógica es que el imperialismo está demasiado desconcentrado y descentralizado para seguir siendo un imperialismo.

Sin embargo, la limitación más importante de tal teoría del imperialismo reside en cómo las fijaciones espaciales se fijan literalmente en un tiempo hipotético. El espacio como abstracción empírica es una cosa que se convierte en sujeto de otras cosas y de la historia: Borra la etapa histórica del imperialismo mediante la cosificación. El espacio determina un curso de interacción histórica. Se impone a la mente como sujeto independiente de una conciencia ideológicamente formulada, que es el verdadero sujeto que refunde su progreso. El espacio y las fijaciones espaciales son actos mágicos de desaparición en los que lo único que desaparece es la historia como actualización de la ideología dominante o el sujeto real. Al hacerlo, tal teoría tiene importantes implicaciones prácticas porque, mientras hay más fijaciones espaciales, se encuentran más miniimperialismos (chino, ruso, iraní, brasileño, venezolano, etc.) o variantes hegemónicas más leves de los mismos. En el momento en que un sujeto, el capital concreto, juega con los canales financieros y el grado en que centraliza o concentra algunos capitales, surge un concepto teórico «nuevo y mejorado» de imperialismo.

La noción de que el capital fluye hacia «fijaciones espaciales» sin tener en cuenta el papel de las bases militares estadounidenses y su interpretación de la ideología dominante como isomorfa de la clase dominante, no puede ni remotamente definir o aproximarse al imperialismo y sus implicaciones. La cuestión de la aproximación gira en torno a si el concepto que se aproxima en alguna medida pertenece al objeto considerado o es sólo el imaginario del capital. Cuando un concepto se construye a través de una percepción sensual formulada en tiempo inmóvil y sin sujeto dinámico, esta teoría no aborda ni se aproxima a la condición investigada, y por tanto al imperialismo. El concepto de «flujos monetarios» que se acumulan en capital fijo independientemente de un sujeto histórico que establezca las bases de las políticas para acumular capital y reasignar la riqueza en forma de dólares es una abstracción unilateral o una verdad parcial destinada a mistificar la historia. La confluencia de la destreza militar estadounidense, la ideología y la forma social de su hegemonía mundial es el sujeto cuyas características definen el período histórico como imperialista o no imperialista. Ese sujeto, la clase imperialista dirigida por EE.UU., se está debilitando a medida que se enfrenta a China, que reconfigura el sujeto imperialista a medida que ejerce la soberanía que retiene y ordena más de la riqueza que ha producido. Sin embargo, esto no debe significar que EEUU sea menos o más imperialista o que haya dejado de serlo.

Esto es lo que ocurre cuando las observaciones empíricas se abstraen de la historia. Tales indagaciones postulan que hay cosas fuera de la conciencia y cosas dentro de la conciencia, en oposición a la práctica dialéctica de la teoría que sigue el movimiento del objeto remodelado por el pensamiento ejercido. Las leyes dialécticas del pensamientoNota19 captan en cambio la relación del pensamiento con la actualidad a medida que el objeto -la cosa fuera de nosotros- se desarrolla a través de la actividad del sujeto, o la conciencia cambiante que emerge del ser social. Al cortar este proceso entre la teoría y la praxis a través del empirismo, la definición de imperialismo de Harvey tiene una capacidad muy limitada para proporcionar una acción correctiva a la realidad presente, es decir, la lucha antiimperialista. En el enfoque leninista, hay una agencia social moldeada por los desarrollos de su circunstancia histórica, no sólo conceptos lógicos que asumen diferentes grados de intensidad; hay un cambio en el tipo social de agencia a medida que se convierte en la clase imperialista. Para Harvey, falta la definición sociológica de Lenin del imperialismo, la primacía de la política,Nota20 los fundamentos ideológicos del orden imperialista que se remonta siglos atrás, por el cual el capital dominante se reproduce como la relación social dirigente. Como tal, la discusión vacía el concepto de imperialismo.

Al proponer una teoría que se basa únicamente en una dimensión espacial, Harvey trata el espacio como un objeto que emerge fuera del peso del tiempo histórico, desestimando así el peso secular de la dominación material e ideológica de OccidenteNota21 sobre la mayor parte del mundo, el Sur. Esto crea una situación en la que se tergiversa el equilibrio geopolítico de fuerzas, ya que su naturaleza como totalidad es sociológica. No se puede entender el imperialismo como un elemento divisible o una salchicha, por así decirlo, sino como una etapa histórica definida sociológicamente. En última instancia, la percepción del poder varía según el ángulo de clase. Concebir el imperialismo como un sistema mundial de acumulación económico-financiera, descentrado y sin un sujeto-estructura al timón, es una comprensión con la que los conservadores se sentirían a gusto. Tal es el mundo en el que los manifestantes de una metrópolis central de los EE.UU., como Nueva York, que pagan impuestos para financiar las aventuras militares de los EE.UU., suponen que su formación social no adquiere necesariamente plusvalía por medio de la destrucción. Postulan que su actividad simbólica, no articulada con un poder global opuesto, aleja al capital de su acumulación mediante la producción de residuos. A juzgar por el rastro sangriento del capital, lejos de lograr los resultados deseados, sus protestas corren el riesgo de humanizar el imperialismo y otorgarle un disfraz pseudodemocrático. En el imperialismo descentrado, EEUU amasa la fuga de capitales del Globo no por culpa suya, sino porque los bárbaros del Sur, ahora hegemónicos o miniimperialistas, son incapaces de cohabitar o autogobernarse pacíficamente. La proyección del capital como un orden mundial rizómico no jerárquico sin un imperialismo es en sí misma un afluente de la ideología dominante que corre el riesgo de apoyar el torrente de masacres y de despoblación relativa en el Sur.
Para reafirmar nuestra hipótesis, el imperialismo es un conjunto de relaciones materiales de explotación entre países del Norte y del Sur global, que tiene lugar a través de la colaboración de clases. La acumulación desigual de valorNota22 depende entonces cada vez más del grado en que los países imperialistas oprimen y explotan a los países en desarrollo. Esto implica, por ejemplo, el uso de la dominación militar o de políticas que impiden a los países en desarrollo acceder a recursos tecnológicos o aprovechar sus recursos internos con fines de desarrollo regional o popular.Nota23 Esta acumulación desigual de valor, históricamente establecida, no sólo consiste en el montón de mercancías, recursos naturales y sus correspondientes ideas. También consiste en el montón de cadáveres y destrucción de la naturaleza que se produce a través del proceso de acumulación y extracción de capital. Lo que distingue al imperialismo dirigido por EEUU en la era financiera es su singular apetito por la guerra y la destrucción. Por lo tanto, es imperativo comprender el papel que ha desempeñado la acumulación mediante el despilfarro en la era imperialista dirigida por EEUU.

Militarismo, guerra y despilfarro: Predicados del imperialismo dirigido por EEUU
En lo que respecta a los negocios, el pentagonismo es la invención más fabulosa del hombre y surgió necesariamente en los países capitalistas por excelencia -los países del capitalismo superdesarrollado- ya que fue allí donde la capacidad de acumular beneficios se situó en lo más alto de la escala de valores sociales.Nota24

La guerra no es una anomalía, sino un proceso social que satisface de forma natural las necesidades del capital, al ser una forma de producción y una base para la reproducción. Sin embargo, como ya se ha mencionado, los relatos dominantes a menudo explican las guerras como algo ajeno a los circuitos del capital, que son los flujos a través de los cuales el capital produce plusvalía, en forma de dinero y mercancías.Nota25 Apuntalan el orden imperialista dominante dirigido por Estados Unidos eximiendo a sus instituciones y leyes básicas de un análisis dinámico y crítico y desviando la atención científica hacia áreas inofensivas que pueden o no servir a los intereses creados, pero que al menos no los cuestionan. La conexión entre las guerras y los procesos de dominación y acumulación de capital se niega o se explica vagamente como una disposición inherente a todos los imperios.
Al igual que otras industrias, los beneficios de la guerra se originan en la creación de plusvalía.Nota26 Provienen del valor de las muchas horas de trabajo excedente condensadas y consumidas en un lapso cronológico muy corto. Dado que la financiación de la guerra corre a cargo del Estado, los beneficios de la guerra son también los beneficios de las finanzas. El imperialismo moviliza los excedentes monopolistas monetarios o lo que es lo mismo, los excesivos derechos negociables a la riqueza para resolver la presión que el capital ficticio, el valor de los activos enormemente inflado, ejerce sobre la actividad económica. Para Lenin, la frecuencia de la emisión de instrumentos financieros augura de hecho la guerra. La guerra absorbe el exceso de dinero y lo convierte en deuda soberana. También requiere financiación y la expansión de las deudas financieras desencadena el crecimiento del dinero fiduciario y la financiarización.Nota27 La creciente influencia de la potencia imperialista derivada, además del botín de guerra, garantiza el crédito recién acuñado o emitido electrónicamente.

En la periodización del imperialismo realizada por Lenin,Nota28 al establecerlo como una fase histórica, la tasa de explotación debe responder a la expansión económica en alcance y escala, a la concentración y centralización del capital y a los vaivenes de la crisis financiera que caracteriza a la era monopolista. Para que esta comprensión del imperialismo como una intensificación de la práctica de la ley del valor se vuelva categórica, se arraigue en las categorías del materialismo histórico, el seguimiento del desarrollo del concepto cambiante, el imperialismo, en relación con sus fundamentos históricos cambiantes requiere una recalificación del ímpetu financiero de las guerras tal como se desarrolla en el siglo XX. La explicación de Lenin es que a medida que el capital financiero agudiza la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción, la guerra como medio para resolver esa contradicción se convierte, más que nunca, en el mecanismo para el avance de los intereses del capital. Proyectando la lógica de Lenin sobre los tiempos modernos, es la concentración y centralización del capital en términos de activos financieros y estructura de poder, lo que conduce a la fase de transición en la que la plusvalía procedente de jornadas laborales más largas en condiciones de superexplotación desempeña un papel mucho menor en la corrección de la crisis que el despilfarro, el militarismo y la acumulación relacionada con la guerra. Sólo la fundición del hombre y la naturaleza en la guerra, la despoblación, a veces la liquidación de prácticamente toda la población culturalmente resistente del país dominado,Footnote29 la reducción de los seres humanos a su fuerza de trabajo, aportarían una mayor tasa de plusvalía bajo el capital financiero monopolista. Tal proceso está en curso.

Para la clase imperialista dirigida por EEUU, la guerra es una situación en la que todos ganan. Es en sí misma un mercado y una industria, más apropiadamente, una esfera de producción. Además de los adornos habituales de una industria, tiene la cualidad adicional de transmutar parte de su trabajo concreto en trabajo abstracto sin que parezca que lo hace a través de la deliberación de los mercados de intercambio. En las muertes atribuidas a la guerra, comprime o acorta agudamente la longevidad para satisfacer los requisitos del tiempo social, el tiempo comandado por el capital, como al obligar a la gente a sacrificar mucho esfuerzo, incluido el sacrificio de la propia vida, en un período muy corto. A diferencia de la violencia suave del proceso de trabajo-mercancía de uso civil-fin, las exigencias de la ley del valor para el tipo de tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción como puro desperdicio, el producto de la guerra, son entregadas por la violencia de la guerra. En otras palabras, es la explosión de las bombas -la matanza de seres humanos y el despilfarro del planeta que conllevan- lo que funciona como fin y como medio. Lógica y absurdamente, si la guerra matara a todo el mundo, no quedaría nadie para realizar un trabajo concreto. No obstante, la guerra y su consiguiente austeridad despoblan para resolver la infrautilización de los recursos humanos que conlleva la sobreproducción.

La sobreproducción puede ser un exceso absoluto de oferta de mercancías, pero no tiene por qué considerarse así todo el tiempo. La producción es un proceso social que madura bajo el mando del capital. Satisface la demanda de un mercado determinado. Un exceso de producción en el sentido económico más destacado se produce cuando se sobreproducen mercancías en relación con la clase que no puede permitirse totalmente lo que se está produciendo. El concepto de sobreproducción amplía la superabundancia económica porque, en promedio, la anarquía del capital, un proceso social, sobreproduce permanentemente para todos los mercados independientemente del precio vigente. Como proceso social, la sobreproducción siempre tiene lugar en relación con un mercado respectivo, que a través del poder de su capital patrocinador desconecta los recursos de otros mercados que potencialmente podrían amenazar su expansión. El capital sobreproductor detiene la expansión de los capitales competidores, especialmente en el mundo en desarrollo, por los medios más atroces. Para ello, debe regimentar el proceso laboral o abaratar y disciplinar la mano de obra dedicada a la producción. Para abaratar no sólo el salario pagado sino todos los costes sanitarios, educativos y de otro tipo de la reproducción de la mano de obra a lo largo del ciclo vital de la sociedad. Para reducir los costes laborales o la mano de obra necesaria y permitirse medidas que fijen la tasa de reproducción de la mano de obra, la masa salarial y otros costes deben bajar reduciendo el salario medio o el número de trabajadores.

En este punto, para el imperialismo dirigido por Estados Unidos, destrozar (no sólo contener) una nación que no se somete plenamente a sus políticas proporciona esa dosis suplementaria de poder que refuerza su dominio sobre la zona y, por implicación, muy lejos de ella. La guerra consume/realiza material militar, naturaleza y personas. Es en sí misma un despilfarro y ocupa un lugar central en la categoría más amplia de acumulación por despilfarro, que es la actividad predominante de la era imperialista dirigida por Estados Unidos. En otras palabras, puesto que la guerra es producción por destrucción, cuanto más destruye la guerra, más produce. Las vidas de los trabajadores son insumos de la guerra como producción, y el número de cadáveres, las vidas desperdiciadas y las especies naturales aniquiladas, son los productos parciales de esa industria. El imperialismo es la faceta violenta del capital, que se acumula mediante la destrucción, el despilfarro de la naturaleza social o mediante la despoblación relativa y absoluta; es decir, el destierro de los mecanismos de apoyo social necesarios para la reproducción de la población.

Por lo tanto, de la totalidad que es la categoría de despilfarro, el militarismo es un predicado del sistema del capital -el capital cesa sin él- y es financieramente significativo. El imperialismo dirigido por EE.UU. inunda el mundo con sus dólares, los impone como la moneda sustituta pero principal para todas las naciones imperializadas, emite bonos para suscribir, absorber y redistribuir el excedente monetario acumulado por el monopolio.Nota30 Los bonos/billetes amplían los activos del sector financiero y su capacidad para prestar y ampliar aún más la masa monetaria, y los beneficios financieros. El sector privado se aprovecha de la innovación tecnológica de la economía de guerra,Nota31 o como el Estado invierte en el ejército y deja más gasto social, sanidad o educación, al sector privado. A un nivel social fundacional, el militarismo es clave para la resistencia del capital porque se compromete con el valor desmovilizado inherente a las vidas humanas. Todo ser humano vivo es un trabajador productivo porque el trabajo que realiza es el acto de morir bajo una bomba o la austeridad a cambio de un precio. El militarismo reduce el número relativo de la población y despoja a los trabajadores de su voluntad comunitaria al socavar sus formas potenciales o reales de organización social. Es el motor de la plusvalía porque divide, reduce la longevidad de los que viven dentro de un ciclo de rotación social y disminuye la parte global de la clase obrera, su trabajo necesario, del producto social total.

Al mismo tiempo, es crucial comprender que el militarismo es un concepto más amplio que el marco contable del complejo militar-industrial, tal y como lo formuló Eisenhower, que «se apropia y disipa recursos aparentemente ilimitados y fondos de capital sobreproducidos».Nota32 La verdad es que la noción de complejo militar-industrial dibuja de forma imprecisa la red de relaciones que mezclan y fusionan el estado burgués, las corporaciones industriales, el capital financiero y la burocracia militar en un único mecanismo de poder imperialista. Nota33 Las múltiples interrelaciones que se pretenden identificar con el término complejo militar-industrial sólo pueden aclararse desde un ángulo dialéctico, en el contexto de estudios exhaustivos sobre la estructura del poder.Nota34 La esencia de este «complejo» de intereses incluye a la industria militar, los científicos, los think tanks (universidades, instituciones de investigación), los empresarios, los medios de comunicación y los miembros del Congreso,Nota35 que es algo que el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, no pudo expresar directamente en su declaración. En consecuencia, al referirse al complejo militar-industrial, la apreciación paternalista de Eisenhower sobre el desarrollo del factor militar y sus «peligros» sólo se plantea a nivel fenoménico. En otras palabras, aunque este fenómeno se reconoce como ‘nuevo’ en la sociedad norteamericana, se sigue interpretando en una dimensión circunstancial y subjetiva, como un proceso que puede eliminarse mediante el control riguroso de la gestión estatal y administrativa, independientemente de su determinación histórica, lo que significa: una característica inherente al imperialismo contemporáneo. Básicamente, se concibe como una superestructura que surge «fuera» de los límites institucionales del Estado capitalista.

Sin embargo, el despilfarro de vidas humanas, no sólo las potenciales sino las reales, es un dominio de la acumulación y un proceso de producción en el que la despoblación es inherente al movimiento del capital. La guerra es una actividad económica que cae bajo la rúbrica más amplia de la acumulación por despilfarro. Explota el trabajo y emite plusvalía. En el caso de la guerra, el valor no es sólo la cosa que se produce, el cadáver o el residuo; es una relación de sujeto a objeto; las cosas que producen los trabajadores (objetos) y los propios trabajadores organizados en clases o estratos (sujetos). Al igual que todas las demás mercancías, el valor de los productos de la guerra tiene sustancia o es una unidad de la cosa que se produce con las formas de organización y conciencia que codeterminan su producción. Es decir, las guerras -en el proceso de matar gente y contaminar el medio ambiente, con lo que siguen matando gente- reconfiguran la organización de los países del Sur, destruyen su unidad nacional y regional. Al hacerlo, se aseguran de que cualquier forma de organización política y/o conciencia ideológica necesaria para desafiar el poder del imperialismo liderado por Estados Unidos quede anulada. Así pues, no son sólo las bombas y los efectos financieros los que subyacen a la acumulación por destrucción, sino que la lógica implica el ataque continuo a la soberanía nacional y a la unidad regional del Sur global.

En este proceso, el planeta también es devorado en beneficio del capital y, por tanto, del lujo de unos pocos. No es el límite físico del uso de los recursos lo que está llegando a su fin, es más bien la relación capital, que reproduce la naturaleza humana/social mediante la disposición desproporcionada de lo humano y lo natural. El agotamiento de los recursos, aunque no se materialice, se construye socialmente para fomentar la escasez, que actúa como depósito de las diferencias de precios. Los productos escasos, incluida la naturaleza limpia, se convierten en asequibles para los ricos e inaccesibles para los pobres. Por ejemplo, la destrucción de las tuberías de distribución de agua, la contaminación del agua y el auge de las industrias de agua embotellada en plástico hacen que el agua más segura sólo esté disponible para quienes puedan pagarla. Ya sea real o inventada, la escasez aumenta los beneficios y, como tal, los recursos potencial/realmente agotados no pueden convencer al capital para que cambie su mentalidad respecto al despilfarro de la naturaleza social. Esto también arroja luz sobre las limitaciones que tienen conceptos como «guerras de recursos», ya que no tienen en cuenta la lógica del capital a la hora de producir y alimentarse de la escasez fabricada, el despilfarro y la matanza real.

La industria del despilfarro ha reducido el precio de los bienes de consumo de las clases del Norte, disminuyendo la mano de obra necesaria, durante casi cinco siglos coloniales e imperialistas. La esclavitud, los genocidios de los nativos y el libertinaje de las especies naturales no son matanzas por deporte, son las formas novedosas de explotación comercial o el «pedestal» de la esclavitud asalariada del Norte.Nota36 El ser humano y la naturaleza están mercantilizados, y se producen y consumen en función del ritmo de acumulación a lo largo de un ciclo de producción social. Como mercancías, no se realizan antes o después de la venta de una mercancía corriente, como los coches o las bombas. Son realizadas o absorbidas por el mercado y tasadas en tiempo social, o el tiempo en el que el capital disciplina a las personas a producir con menores costes o con costes transferidos a la sociedad. El tiempo social o abstracto oprime al tiempo privado o concreto porque aplasta a las personas para obtener beneficios. El despilfarro se desarrolla en el trasfondo de la producción o simultáneamente como precursor y vástago de la producción. El tiempo social no se parece al tiempo cronológico u ordenado secuencialmente. No es que algo ocurra en el pasado para influir en el futuro con una probabilidad y un desfase determinados. El tiempo social es el tiempo que depende de la naturaleza cualitativamente cambiante de las fuerzas sociales que configuran los acontecimientos. No sólo es incoherente con el tiempo cronológico, sino también diferente. Es la cualidad cambiante de las fuerzas sociales que se refleja en el tiempo de producción. Definido más apropiadamente, debido a su causalidad indeterminada, es la proyección temporal de la sobredeterminación histórica sobre los procesos vitales.

Los acontecimientos residuales se entrecruzan a lo largo de la trayectoria del tiempo. Asimilados en el pensamiento, tanto el pasado de los residuos como su futuro son preceptos, independientes del tiempo cronológico, que configuran el desarrollo en el tiempo cronológico designado para satisfacer las demandas del capital.  Bajo el capital, el tiempo social exprime la vida de las personas en breves lapsos cronológicos. Bajo el trabajo o a medida que la clase obrera se libera de las restricciones temporales del capital, se convierte en el tiempo en el que lo que ocurre en un día equivale a lo que ocurre en generaciones (parafraseando a Lenin). El tiempo social es la calidad de vida experimentada como tiempo real o el tiempo en el que la ruptura analítica de causa y efecto asume su unidad dialéctica como inmediatez sobredeterminada. Coloquialmente, el acontecimiento del despilfarro ha sucedido debido a muchas causas y/o efectos pasados y futuros interrelacionados que le han dado origen.

Sin embargo, este consumo de lo humano y de la naturaleza por parte del capital, en el caso de lo humano de manera anterior a su tiempo históricamente establecido, es una internalidad al capital, en contraposición al ridículo concepto de externalidad. La externalidad negativa ejemplificada en el desastre natural y la extinción de especies irremplazables, triunfa sobre todos los demás productos del capital. Aunque Marx postuló que la humanidad no se daría a sí misma más problemas de los que pudiera resolver, ahora ocurre lo contrario. La externalidad es lógica o formalmente cierta, pero realista u operativamente falsa. Como concepto, es un arma antiobrera, como cualquier otro concepto de la corriente dominante. El enfoque convencional divide un proceso de producción no divisible en componentes residuales y no residuales, y luego trata cada uno por separado. Como tal, obvia el hecho de que el capital debe abaratar los insumos, por lo que tiene que neutralizar a la clase obrera, secuestrar sus recursos y utilizarlos irresponsablemente por el coste más barato, emitiendo más residuos que algo de utilidad social. Debido a que la producción es un proceso alienante, las medidas socialmente irresponsables de desarrollo tecnológico y producción encubren casi todo el progreso experimentado bajo el capital. Incluso, las ganancias sociales momentáneas del estado de bienestar en el Norte son en parte los sobornos a una clase obrera que combate el ascenso del comunismo y los movimientos de liberación nacional en el Sur.

Sin embargo, con la típica cantinela racista, los prolocutores de la civilización occidental no dejan de recordar al planeta que, sin sus descubrimientos, la esperanza de vida habría sido muy inferior a la actual. En efecto, si los africanos y los árabes parecen vivir más, no es gracias al humanismo occidental. Ocurre que, en un caso, los medicamentos contra la malaria desarrollados inicialmente para tratar las enfermedades parasitarias de los bovinos en las granjas lecheras británicas ayudaron fortuitamente a las víctimas humanas en otros lugares. Argumentativamente, el capital acorta la vida a una edad más temprana de la que se podría vivir con la capacidad disponible; sin embargo, la autoexculpación del capital es que sin la civilización europea, la gente habría muerto a los 20 años en las selvas o los desiertos. Es absurdo comparar a alguien que muere de pobreza y de exposición al uranio empobrecido en Faluya a la edad de, digamos, 43 años, y al mismo tiempo, decir que debería estar contenta, porque en la época sumeria o neolítica, como mucho habría vivido hasta los 23 años. El tiempo es de calidad fluctuante o condicionada por el conjunto de relaciones sociales que determinan su estructura dentro de un periodo determinado. Si se quiere comparar el desarrollo de distintos periodos históricos a lo largo del tiempo cronológico, ello requiere una cualificación y una periodización para atenuar la arbitrariedad. En cualquier caso, el tiempo irreversible no se presta fácilmente a la medición, no por la no/estacionariedad de la corriente principal (datos que no cambian mucho con el tiempo), sino por los cambios en su contenido que surgen en el fenómeno imperante, que exigen una re-periodización de la historia.

En este tropo se echa de menos no sólo que el desarrollo periférico debe ser capado para convertirse en alimentador del desarrollo central,Nota37 sino también el hecho de que la matanza del Sur siempre ha sido la primera industria del capital desde el siglo XIV. Esta cultura occidental, la cultura del capital, cuyo acervo de conocimientos erigido por la agresión imperialista y la riqueza forjada, es tal que pocos analistas se aventuran más allá de la ética del salvavidas para preguntarse, ¿cómo es posible que el imperialismo dirigido por Estados Unidos y el bombardeo de Yemen hagan que su esperanza de vida sea 30 o 40 años inferior a la de Europa? Es este tipo de masacre cultural la que insemina el derrotismo en el mundo en desarrollo y a la que Amílcar Cabral respondió haciendo hincapié en la priorización de la lucha cultural.

Así, el imperialismo ecológico enferma de manera sesgada a las masas del Sur. El 1% más rico de la población mundial es responsable de más del doble de la contaminación por carbono que los 3.100 millones de personas que componían la mitad más pobre de la humanidad durante un período crítico de 25 años de crecimiento sin precedentes de las emisiones».Nota38 El asalto a la naturaleza es doblemente favorable al capital porque el poder de la clase obrera regula el precio de la naturaleza a favor del trabajo, mientras que una naturaleza utilizada a bajo precio y maltratada, de forma que se convierte en una naturaleza moribunda, reduce el coste de la reproducción del trabajo porque acaba antes con la vida del trabajo. El despilfarro es un arma de destrucción masiva mutuamente asegurada.

Por estas razones, en el plano político, el reto más inmediato consiste en comprender hasta qué punto es crucial la acumulación por despilfarro de Washington para la subordinación del resto del mundo. Como señala Amin, la derrota de este proyecto es «la condición ineludible para abrir el necesario margen de libertad, sin el cual cualquier progreso social y democrático, y cualquier avance hacia un mundo multipolar, seguirá siendo extremadamente vulnerable». Nota a pie de página39 A nivel conceptual, es importante señalar que el papel del despilfarro y del militarismo en el mantenimiento del imperialismo dirigido por Estados Unidos fue, en diversos grados, siempre diagnosticado por estudiosos y políticos atentos en el Sur del mundo, ya que experimentaron de primera mano el peso del imperialismo estadounidense en el camino de sus países hacia la descolonización y la independencia. Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente, la riqueza de este trabajo teórico ha quedado progresivamente obsoleta por los académicos del Norte, a medida que EEUU consolidaba su papel hegemónico unilateral en los asuntos mundiales.

Aunque se ha producido una revitalización para estudiar estas dinámicas frente a la destrucción permanente liderada por EEUU,Nota40 es más imperativo que nunca leer las percepciones proporcionadas por textos más antiguos que diagnosticaron la ira imperial sobre el Sur. En 1966, por ejemplo, el ex presidente de la República Dominicana y amigo muy cercano de Fidel Castro, Juan Bosch, publicó un largo ensayo titulado «Pentagonismo: substituto del imperialismo». Como agudo observador de los asuntos mundiales, Bosch argumentaba que «el pentagonismo es sin duda una amenaza para todos los pueblos del mundo porque es una máquina de guerra que necesita la guerra como los seres vivos necesitan el aire y el alimento si no quieren perecer».Footnote41 Lo que más llama la atención de la línea de pensamiento de Bosch es cómo ya señalaba los peligros del pentagonismo para las masas trabajadoras del Norte: «Pero la amenaza no es menos grande para todos los americanos. Si el poder del pentagonismo sigue creciendo y llega a dominar la esfera del poder civil dentro de los Estados Unidos, todo el país -y no sólo los políticos y los líderes militares- acabará provocando la ira del mundo entero’.Nota42 Para gran parte de la teoría producida basada en Occidente, éste es el núcleo del problema que convenientemente se ignora u oculta. Mientras hay una gran disposición a denunciar el fascismo y el autoritarismo en cualquier otra circunstancia y a echarlo sobre los hombros de sus oponentes, ignoran cómo la historia se derramó en forma de bombardeos, masacres y sanciones para esa mayoría del mundo que Occidente subyugó.Nota43

Entender la ley del valor que ordena la expansión imperialista dirigida por EE.UU. es, por tanto, fundamental por dos razones principales: en primer lugar, es en la parte occidental del mundo donde se desarrolló el sistema más duro de relaciones de poder, a menudo basándose en la esclavitud y el genocidio de poblaciones enteras, como EE.UU.;Nota44 y en segundo lugar, someterse a tales políticas brutales ha sido de facto la mayoría del mundo.Nota45 En cuanto a las guerras imperialistas en Siria, Irak, Libia y Yemen y otros, a menudo se lleva a cabo con la coartada del líder malvado al estilo de Hollywood. Mientras el imperialismo dirigido por Estados Unidos promueve y financia a los yihadistas reaccionarios, potencia el sectarismo e incapacita al Estado, sienta las bases para una guerra continua. Sin embargo, la agencia histórica no es ni la de un líder malvado ni la de los rasgos e inclinaciones psicológicos transhistóricos de un grupo de individuos. El sujeto abstracto (abstracto metafísico) o aislado no puede existir. El individuo es una relación social que refleja las múltiples relaciones sociales del orden social, de las cuales sólo cuentan como agencia las relaciones organizadas para producir un impacto político mediante la acción política organizada. La acción de las masas frente al imperialismo se desvaneció con la desintegración del Estado. Frente al vector resultante del colonialismo y del poder de clase imperialista, un Estado nacional es propio en la medida en que se compromete con éxito en la lucha antiimperialista. Definida como tal, una nación antiimperialista en desarrollo no es un Estado fallido, independientemente de su ruina física. El Estado como institución que media entre los intereses dispares de la clase proletaria y el capital global, según Meszaros,Nota46 se mantiene o fracasa no por la pérdida de territorio en guerras antiimperialistas, sino por su servilismo al imperialismo.Nota47

En general, debería estar claro para todos que la superación del imperialismo sólo será posible si el hemisferio occidental recupera la relación con el saqueo colonial y, lo que es más importante, la revolución anticolonial, reintroduciendo el peso de estos acontecimientos en el balance histórico del siglo XX.Footnote48 Para aquellos que piensan que «después de todo, todo tiene que tener dos caras», no hay balance que hacer sobre los efectos del colonialismo y el imperialismo en la región. Parafraseando a Walter Rodney,Footnote49 el imperialismo dirigido por Estados Unidos sólo tiene una mano: es un bandido manco.

Con este espíritu, pasamos a discutir cómo la contribución analítica de cada artículo interactúa con la cuestión del imperialismo en Oriente Medio.

Conclusiones: Recentrando la cuestión imperialista


El número especial se abre con dos artículos sobre las nuevas estrategias que las fuerzas imperialistas adoptaron para controlar Túnez. El primer artículo de Corinna Mullin, titulado «La «guerra contra el terror» como acumulación primitiva en Túnez: el imperialismo dirigido por Estados Unidos y la coyuntura de seguridad posterior a la revuelta de 2010-2011″, se basa en el concepto marxiano de coyuntura y explora cómo la guerra contra el terror dirigida por Estados Unidos ha proporcionado las bases para la integración financiera de Túnez tras la revuelta de 2010 y los atentados del Bardo de 2015. Su análisis subraya la necesidad de un enfoque amplio e interdisciplinar para deshacer la dicotomía militarismo/finanzas, señalando la existencia de lo que ella denomina dependencia de seguridad entre Túnez y el imperialismo liderado por Estados Unidos. La creciente securitización del orden socioeconómico no sólo ha profundizado la relación de dependencia, sino que también ha proporcionado a las clases dominantes locales mejores medios para controlar a las inferiores, disciplinándolas y pauperizándolas. En otras palabras, la guerra, el militarismo y la asistencia en materia de seguridad están ocupando un lugar central mientras el Norte intenta mantener su control sobre la extracción y la acumulación de valor de Túnez.

El siguiente artículo de Mustapha Jouili, «Imperialism and Neoliberal Redeployment in Post-uprising Tunisia» (Imperialismo y redistribución neoliberal en el Túnez posterior al levantamiento), también analiza cómo las fuerzas imperialistas secuestraron el levantamiento tunecino. El autor identifica dos estrategias principales -el uso de la ayuda financiera y la asistencia militar- que se siguieron para asegurar la integración subordinada de Túnez en la economía neoliberal, lo que él denomina una transición ordenada. Sin romper con las políticas neoliberales del pasado, las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) y la UE siguen encerrando a Túnez en un ciclo de deuda y subordinación financiera, con el apoyo activo de las clases dominantes. En consonancia con el argumento de Mullin, el artículo también explora cómo se intensificó la asistencia en materia de seguridad tras la derrota militar estadounidense en Siria y la destrucción de la vecina Libia, en particular en el ámbito de la migración. De este modo, las fuerzas imperialistas pudieron secuestrar el levantamiento popular y dirigirlo hacia una «transición ordenada», agravando así el proceso de polarización social. Sin embargo, a medida que el imperialismo dirigido por EEUU se rearticula, también lo hacen las luchas de las masas populares. Mullin concluye destacando cómo las masas trabajadoras tunecinas han demostrado su capacidad para movilizarse contra el Estado de seguridad imperialista y las numerosas formas de extracción, explotación, exclusión y desposesión que está diseñado para permitir y proteger. Las crecientes protestas en las zonas extractivas y militarizadas, como Gafsa y El Kamour, indican que existe una fuerte voluntad popular de imaginar y luchar por una alternativa al modelo de desarrollo colonial-capitalista que se basa en una profunda desigualdad y que ha exigido la pérdida de la soberanía de Túnez desde su creación.

El tercer artículo de Patrick Higgins, «Gunning for Damascus: The US War on the Syrian Arab Republic», analiza la larga guerra que Estados Unidos ha librado por Siria desde 1961. La importancia de este artículo radica en recentrar el papel histórico y contemporáneo del imperialismo liderado por EE.UU. a la hora de analizar la destrucción subsiguiente que Siria experimentó después de 2011. A través de un examen minucioso de fuentes de archivo, informes y medios de comunicación, Higgins nos cuenta la historia de una estructura global bajo la hegemonía liderada por Estados Unidos empeñada en socavar cualquier intento poscolonial de lograr la independencia regional, especialmente la liberación de Palestina. En tal escenario, los acontecimientos de 2011 no pueden entenderse simplemente como un levantamiento popular, sino que requieren ser evaluados teniendo en cuenta el análisis del autor sobre la naturaleza encubierta de la guerra dirigida por Estados Unidos que desestabiliza y debilita a Siria como entidad social y cultural. Las conclusiones revelan que, por mucho que Israel desempeñara un papel único, armando a apoderados y llevando a cabo bombardeos en Siria, la destrucción de Siria requiere centrarse en la lucha palestina por la liberación como lugar crucial de la lucha antiimperialista en la región.

El cuarto artículo de Nina Farnia, titulado «The Iranian-American Intelligentsia in U.S. Foreign Affairs: Ahistoricism, Anti-Structuralism, and the Production of Idealism», recentra la cuestión imperialista para calibrar la situación de los estudios iraníes en el mundo académico estadounidense. Farnia muestra cómo los intelectuales iraníes estadounidenses han perdido el coraje intelectual necesario para actuar como intelectuales, diciendo la verdad al poder, y en su lugar se han convertido en «funcionarios» de la estructura imperialista dirigida por Estados Unidos. Centrándose en los estudios aparecidos tras el cuadragésimo aniversario de la Revolución iraní en 2019, argumenta que el campo sigue dominado por análisis ahistóricos. En particular, denuncia cómo, a pesar de la insistencia en estudiar un acontecimiento tan notable en la historia de la política poscolonial a través de una lente global, la categoría de imperialismo ha desaparecido del vocabulario intelectual de la intelligentsia irano-estadounidense.

El quinto artículo de Max Ajl, titulado «Lógicas de eliminación y colonialismo de colonos: ¿Descolonización o liberación nacional?» recentra la cuestión imperialista para reevaluar el peso conceptual del creciente campo de los estudios sobre colonos-coloniales y de uno de sus estudiosos fundadores, Patrick Wolfe. La tesis de Ajl es a la vez muy simple y poderosa: El opus de Wolfe ha diluido la categoría conceptual de imperialismo y, al hacerlo, ha acabado ofreciendo una visión tanto analítica como pragmática problemática cuando se aplica al caso de la colonización sionista de Palestina. El artículo demuestra ampliamente que la predilección de Wolfe por explicar el colonialismo de colonos como el resultado de construcciones raciales, en gran medida desprovistas de cualquier componente de clase, ha convertido el colonialismo de colonos en una categoría abarcadora, aplicada casualmente a cualquier contexto posible, pero perdiendo su valor analítico y pragmático. En otras palabras, al renunciar a una comprensión estructural del imperialismo dirigido por Estados Unidos, la atención de Wolfe se centró en cuestiones de identidad y raza. Cuando se aplica a Palestina, Ajl sostiene que estas ideas oscurecen -en lugar de aclarar- el tipo de solidaridades regionales y significados políticos asociados a la lucha por la liberación palestina.

El número especial termina con el artículo de Linda Matar y Ali Kadri, «China Confronts US imperialism in the Arabian Sea: El caso de Omán». Este artículo se basa en el caso de Omán para mostrar la creciente amenaza que supone el modelo chino de desarrollo para el imperialismo dirigido por Estados Unidos. Los autores desmienten las narrativas dominantes que presentan a China como un actor geopolítico explotador que invade los países del Sur global y ofrecen, en cambio, una imagen analítica fundamentada que dice lo contrario. Cuando China empezó a prometer y concluir acuerdos que estipulaban la construcción de grandes inversiones infraestructurales en Omán, permitiendo a este último diversificar su economía, Estados Unidos se apresuró a frenar en seco estas negociaciones. En tal caso, es importante recentrar la cuestión imperialista porque demuestra que, desde el punto de vista del desarrollo, la capacidad productiva china en el país anfitrión es anatema para el imperialismo dirigido por EEUU. Estados Unidos debe mantener a los países del Golfo como Estados no soberanos dependientes si no quiere ver cuestionado su poder, especialmente en la región de Oriente Medio y el Norte de África. Esta última pieza es también un recordatorio de que, de aquellos que están comprometidos con la recuperación de la relación con la revolución anticolonial mundial -como se ha discutido anteriormente-, es razonable esperar que miren con simpatía no sólo la lucha del pueblo palestino, todavía obligado a luchar contra una forma clásica de colonialismo de colonos, sino también a los países que tienen una revolución anticolonial a sus espaldas y que ahora están luchando por deshacer su condición de dependencia (económica y tecnológica) de las potencias imperialistas, es decir, la República Popular China.
Declaración

Los autores no han declarado ningún posible conflicto de intereses.

Notas


1 Programa Mundial de Alimentos (Cita2022) Countdown to Catastrophe Begins in Yemen as Funding for Food Assistance Dwindles Disponible en línea en: 
https://www.wfp.org/news/, consultado el 26 de octubre de 2022.

2 Fadil Aliriza (Citation2022) Food Shortages as Lenders «Suffocate» Tunisia, en Meshkal. Disponible en línea en: https://meshkal.org/imf-, consultado el 26 de octubre de 2022.

3 Reuters (Citation2022) Líbano registra el primer caso de cólera desde 1993. Disponible en línea en: https://www.reuters.com/, consultado el 25 de octubre de 2022.

4 Lin Biao (Cita1965) ¡Viva la victoria de la guerra popular! Disponible en línea en: https://www.marxists.org/, consultado el 25 de octubre de 2022.

5 Ray Bush (Citation2022) Land and small farmer resistance in authoritarian Egypt, En: Journal of Agrarian Change, 23(1) pp. 1167-184.

6 Sam Moyo & Paris Yeros (eds) (Citation2011) Reclaiming the Nation: The Return of the National Question in Africa, Asia and Latin America (Nueva York: Pluto Press); Ilias Alami, Carolina Alves, Bruno Bonizzi, Annina Kaltenbrunner, Kai Koddenbrock, Ingrid Kvangraven y Jeff Powell (Citation2022) International Financial Subordination: A Critical Research Agenda,en Review of International Political Economy, Online First, pp. 1-27; Ingrid H. Kvangraven (Citation2021) Beyond the Stereotype: Restating the Relevance of the Dependency Research Programme, en Development and Change, 52(1), pp. 76-112.

7 Kwame Nkrumah (Cita1978) Consciencism: Philosophy and Ideology for Decolonisation (Londres; Panaf), p. 23.

8 Renata Allio (Citation2021) War in Economic Theories over Time: Assessing the True Economic, Social and Political Costs (Cham, Suiza: Palgrave Macmillan), p. 245.

9 Samir Amin (Cita1976) Desarrollo desigual: An Essay on the Social Formations of Peripheral Capitalism (Nueva York: Monthly Review Press).

10 Arthur K. Davis (Cita1957) Teoría social y problemas sociales, Filosofía e investigación fenomenológica, 18(2), pp. 190-208.

11 Véase Matteo Capasso (Cita2020) La guerra y la economía: The Gradual Destruction of Libya, Review of African Political Economy, 47(166), pp. 545-567; Ali Kadri (Citation2015) Arab Development Denied: Dynamics of Accumulation by Wars of Encroachment (Londres: Anthem Press) y Kadri (Citation2019) Imperialism with Reference to Syria (Singapur: Springer).

12 S. Davis & Immanuel Ness (eds.) (Citation2021) Sanctions As War: Anti-Imperialist Perspectives on American Geo-Economic Strategy (Leiden: Brill); Farwa Sial (Citation2022) Sanctions and the Changing World Order: Some Views from the Global South, Developing Economics. Disponible en: https://developingeconomics., consultado el 26 de octubre de 2022.

13 A. Abdel-Malek (Cita1981) Social Dialectics: Nation and Revolution (Albany: SUNY Press).

14 Vladimir Lenin (Cita1916) Imperialism: La fase superior del capitalismo. Disponible en https://www.marxists.org/, consultado el 25 de octubre de 2022.

15 Amin (Cita2006) El virus liberal: Permanent War and the Americanization of the World (Delhi: Aakar Books).

16 Michael Parenti (Cita2011) Face of Imperialism (Londres: Routledge).

17 David Harvey (2018). Realidades sobre el terreno: David Harvey responde a John Smith. Revista de economía política africana. Disponible en http://roape.net/2018/02/05/. Consultado el 25 de octubre de 2022.

18 Véase David Harvey (Cita2003) The New Imperialism (Oxford: Oxford University Press) y (2018) Realities on the ground: David Harvey replies to John Smith. Revista de economía política africana. Disponible en http://roape.net/2018/02/05/. Consultado el 25 de octubre de 2022.

19 Karl Marx (Cita1894) El Capital: Crítica de la economía política. El proceso de producción capitalista en su conjunto – Volumen III (Nueva York: Editorial Internacional).

20 Lenin, El imperialismo: La fase superior del capitalismo.

21 Véanse, por ejemplo, trabajos académicos recientes que indican cómo el número y la brutalidad de las masacres que llevó a cabo el imperio británico han superado las acciones del Tercer Reich. Véase Dylan Sullivan y Jason Hickel (Cita2023) Capitalism and extreme poverty: A global analysis of real wages, human height, and mortality since the long 16th century, World Development 161, pp. 1-18; y Shashi Tharoor (Citation2017) Inglorious Empire: What the British did to India (Londres: Hurst).

22 Arghiri Emmanuel (Cita1972) Unequal Exchange: A Study of the Imperialism of Trade (Nueva York: Monthly Review Press).

23 Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik (Citation2016) A Theory of Imperialism (Nueva York: Columbia University Press).

24 Juan Bosch (Citation1968) Pentagonism, a Substitute for Imperialism (Nueva York: Grove Press), p. 28.

25 Karl Marx (Cita1992) [1893]. El Capital: A Critique of Political Economy, Vol. 2: The Process of Circulation of Capital (Nueva York: Penguin).

26 Karl Marx (Cita1867) El Capital: Crítica de la economía política, Vol. 1: El proceso de producción del capital. (Moscú: Editorial Progress).

27 Michael Hudson (Citation2003) Super Imperialism: The Origin and Fundamentals of U.S. World Dominance, 2ª edición (Londres: Pluto Press).

28 Lenin, Imperialism: La fase superior del capitalismo.

29 Amilcar Cabral (Cita1970) Liberación Nacional y Cultura. Disponible en: http://www.historyisaweapon., Consultado el 25 de octubre de 2022.

30 Hudson, Super Imperialism.

31 Heidi Peltier (2021) «Arms, Tanks, and Munitions: The Relationship between Profits and Monopoly Conditions», Documento de trabajo nº 1 de Security in Context. Disponible en: https://drive.google.com/file/, Consultado el 25 de octubre de 2022.

32 Ivan Mészáros (1995) Beyond capital: Toward a theory of transition (NY: Monthly Review Press).

33 Jorge Hernandez Martinez (Citation2011) ‘Imperialismo/Pentagonismo – La sociedad norteamericana 42 anos despues’ [Imperialism/Pentagonism – North american society after 42 years] in: Luis Céspedes Espinosa (ed.) El Pentagonismo: 42 años después (Santo Domingo: Fundación Global Democracia y Desarrollo), pp. 18-40.

34 Ibídem, p. 29.

35 Christian Sorensen (Cita2020) Understanding the War Industry (Atlanta: Clarity Press).

36 Marx, El Capital: Crítica de la economía política.

37 Emmanuel, Unequal Exchange.


38 Oxfam (Cita2020) Carbon Emissions of Richest 1 Percent More than Double the Emissions of the Poorest Half of Humanity, Oxfam Internacional. Disponible en 
https://www.oxfam.org/en/, consultado el 25 de octubre de 2022.

39 Samir Amin (Cita2011) «National States: Which Way Forward?» en S. Moyo y P. Yeros (eds.) Reclaiming the Nation: The Return of the National Question in Africa, Asia and Latin America (Londres: Pluto Press), p. 343.

40 Véanse, por ejemplo, Andrew Bacevich (Citation2016) America’s War for the Greater Middle East (Nueva York: Penguin); y Neta C. Crawford (Citation2019) Pentagon Fuel Use, Climate Change, and the Costs of War. Costs of War (Instituto Watson: Universidad Brown). Disponible en línea en: https://watson.brown.edu/, consultado el 4 de abril de 2022.

41 Bosch, El pentagonismo, sustituto del imperialismo, 131.

42 Ibid.

43 Stefano Azzarà (Cita2022) Dov’è Il Fascismo Oggi? Processi Di Concentrazione Neoliberale Del Potere, Stato d’eccezione e Ricolonizzazione Del Mondo [¿Dónde está el fascismo hoy? Procesos de concentración neoliberal del poder, estado de excepción y recolonización del mundo]. Marxismo Oggi en línea. Disponible en https://www.marxismo-oggi.it/, consultado el 25 de octubre de 2022.

44 David E. Stannard (Cita1993) American Holocaust: The Conquest of the New World (Oxford: Oxford University Press).

45 Domenico Losurdo (Cita2017) Il marxismo occidentale. Come nacque, come morì, come può rinascere [El marxismo occidental: cómo nació, cómo murió, cómo puede renacer] (Bari: Laterza).

46 István Mészáros (Cita2007) La única economía viable. En: Monthly Review, 58(11). Disponible en línea en: https://monthlyreview.org/, consultado el 25 de octubre de 2022.

47 Kadri, El desarrollo árabe negado.

48 Instituto Tricontinental de Investigaciones Sociales y Casa de las Américas (2022) Diez tesis sobre marxismo y descolonización, Tricontinental: Instituto de Investigaciones Sociales. Disponible en línea en: https://thetricontinental.org/, consultado el 26 de octubre de 2022.

49 Walter Rodney (Citation2018) How Europe Underdeveloped Africa (Londres: Verso Books).

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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