Miscelánea 6/III/2023

Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx.
1. Ahora, las desventuras de Macron en África.
2. A medio gas.
3. Negros presagios.
4. Libro de la Escuela de Barcelona de Ecología Económica y Ecología Política.
5. Un resumen del mes en Palestina.
6. Resumen de la reunión de Valdái.
7. Relaciones ruso-turcas.
8. Defensem l’horta.

1. Ahora, las desventuras de Macron en África

La gira que está realizando el presidente francés por África no parece ir muy bien. Si poco antes de emprender el viaje dijo que la nueva relación debía basarse en una «profunda humildad» de Francia hacia los africanos (https://twitter.com/), al poco de llegar ya se metió en un embolado al decir que si Congo estaba mal la culpa era de los congoleños: «Desde 1994 -no es culpa de Francia, siento ser franco- ustedes no fueron capaces de restaurar la soberanía en su país. Esa es la verdad y no deben buscar culpables fuera de su país por ello». https://twitter.com/

Al presidente del Congo no debió sentarle muy bien, porque le ha dado un auténtico rapapolvo. ¡en una rueda de prensa conjunta! Algo pensado normalmente para que los dirigentes se lancen mutuamente flores. Tela el chorreo que le ha caído: https://twitter.com/

Macron se picó y también respondió. Lamentablemente, la cosa no llegó a las manos, que hubiera sido digno de ver. Este es el resto del rifirrafe, traducido al inglés -con subtítulos en español, si se activan-: https://twitter.com/

2. A medio gas

Los ‘newgreendealistas’ echan en cara a los ‘colapsistas’ que sus alarmantes previsiones sobre la falta de gas en Europa al final han quedado en nada. Lo cierto es que es el primer invierno, hemos tenido ‘suerte’ con el cambio climático, y hemos destruido ya una parte considerable de nuestra industria, pero por lo demás es cierto que no ha llegado la sangre al río. El tuitero ‘Los límites del crecimiento’ hace un resumen bastante acertado de lo sucedido: https://twitter.com/ (el hilo tiene numerosas imágenes que no incluyo, porque la mayoría solo ilustran lo que se dice en el tuit)

HILO Más allá de predicciones fallidas, vanos reproches y «zascas» en tuiter, es interesante analizar por qué la situación del gas natural en Europa este invierno ha sido mejor de lo que algunas predicciones auguraban y así poder sacar las lecciones adecuadas para el futuro. 1/

Hace unos meses la situación se presentaba bastante dramática para el invierno, se advertía de posible escasez de gas natural. Y esto no eran advertencias de tuiteros sino de organismos oficiales como la Agencia Internacional de la Energía y gobiernos europeos. 2/

Pero lo más duro del invierno ha pasado y los peores escenarios de escasez* de gas natural no se han producido. *Europa necesita importar más del 80% del gas que consume. ¿A qué se ha debido? Lo vamos a analizar desde el punto de vista del suministro y el consumo. 3/

Desde el punto de vista del SUMINISTRO, la crisis del gas natural tiene su origen en la reducción de las importaciones desde Rusia debido a la guerra en Ucrania. También en la voladura de varios de los gasoductos Nord Stream en el mar Báltico que suministraban a Europa. 4/

Ante esto, la respuesta de Europa ha sido incrementar las importaciones de gas natural licuado (GNL) que, a diferencia del convencional, no se transporta por gasoductos sino que lo hace a muy baja temperatura y en buques metaneros por lo que suele ser más caro. 5/

El problema es que el gas licuado tiene que ser regasificado y Europa tiene actualmente un tope en la capacidad de gas natural licuado que puede importar debido a límites en la infraestructura (puertos con plantas de regasificación) que se encuentra operativa. 6/

A pesar de este tope, las importaciones de gas GNL desde Estados Unidos, Qatar y Nigeria se han incrementado un 60% respecto de 2021 llegando a ser el 25% del gas total importado por la UE. Por cierto que, a pesar de las sanciones, Rusia todavía cubre otro 25%. 7/

Europa puede permitirse pagar un precio mayor por el GNL y tanto es así que buques metaneros con destino a otros países (asiáticos) llegaban a dar la vuelta y llevar la carga a los puertos europeos. Esta competencia ha repercutido en el precio del GNL, que está en máximos. 8/

¿Y por el lado del CONSUMO? Por el lado del consumo las cosas son aún más interesantes. En primer lugar hay que entender en qué usa la UE el gas natural: el 31% se usa para generación eléctrica y la calefacción. El 24% se usa en los hogares y otro 23% en la industria. 9/

Pues bien, en el terreno de las buenas noticias tenemos que las llamadas al ahorro energético por parte de los gobiernos europeos han tenido su efecto y las empresas y hogares europeos han reducido el consumo de gas natural un 19%, más que el objetivo inicial del 15%. 10/

Pero a esto ha ayudado muchísimo que el presente invierno haya sido uno de los más suaves de los últimos años en Europa (con récords de máximas temperaturas incluidos) y haya contribuido enormemente a disminuir la demanda de gas para calefacción. 11/

La otra parte: los precios del gas, la electricidad y la inseguridad energética están causando estragos en la actividad económica. 2022 ha sido también un año récord en declaración de quiebras de empresas y parones industriales, lo que también ha ayudado a reducir demanda. 12/

Sin ir más lejos, la empresa química alemana BASF anunciaba hace unas semanas el despido de 2600 trabajadores y el cierre de varias plantas de fertilizantes debido a los altos costes de la energía y las materias primas (a pesar de tener beneficios récord por la inflación). 13/

En resumidas cuentas tenemos que: Europa ha diversificado sus fuentes de gas a base de encarecer el GNL para el resto del mundo y ha reducido enormemente la demanda gracias al ahorro, a un invierno inusualmente cálido y a la destrucción de actividad económica e industrial. 14/

¿Y a más largo plazo? A medio y largo plazo, sabemos que el gas es un recurso finito que es muy posible que llegue a su cénit de extracción en esta década. Lo que significa que lejos de solucionarse el problema no acaba más que de empezar: quedan muchos inviernos. 16/

Y es q lo que falla en la mayor parte de análisis es la contextualización del problema dentro de la crisis sistémica global causada por el cénit de los combustibles fósiles, el agotamiento de recursos y el overshoot ecológico causado por el crecimiento económico continuado. 17/

Más allá de problemas coyunturales como el enfrentamiento con Rusia y la crisis del gas, nos encontramos con una crisis civilizatoria causada por el crecimiento exponencial continuado y el sobrepaso de varios límites biofísicos y ecológicos planetarios. 18/

Tal y como nos advirtieron en múltiples ocasiones científicas como Donella Meadows o Rachel Carson y otras economistas e intelectuales. https://twitter.com/

Para más información sobre la crisis sistémica global a la que nos enfrentamos. https://twitter.com/

3. Negros presagios.

Os paso dos artículos con un trasfondo común: el peligroso futuro que se presenta en la guerra de Ucrania tras la caída de Bajmut. En una guerra existencial para ambos bandos en el que la potencia imperialista hegemónica parece tener como duda principal si seguir la guerra en Ucrania contra Rusia o bien cancelarla para poder centrarse en una futura guerra con China, nuestro futuro no parece muy halagüeño. El primero es del exdiplomático indio del que suelo enviaros sus posts en su blog. En este caso, sin embargo, es un artículo para el periódico indio The Tribune. Se plantea la posibilidad de que Rusia acabe declarando la guerra a la OTAN, si sigue la escalada. El segundo artículo, de un think tank norteamericano, no es mucho más tranquilizador, pues plantea la posibilidad de que EEUU se plantee seriamente atacar Crimea, que tendría el mismo resultado de iniciar una guerra Rusia-OTAN.

Estoy convencido de que con un poco de esfuerzo, podemos pasar de ser el segundo animal más mortal para los humanos del planeta, al primero

https://www.tribuneindia.com/

Entrar en aguas desconocidas
MK Bhadrakumar, Ex embajador
Las mentes MILITARES esperaban una ofensiva masiva rusa en Ucrania después de la movilización, en algún momento entre enero y febrero, cuando en las heladas estepas barridas por el viento del Donbass, las temperaturas bajaron a -30°C, el suelo se endureció y fue posible mover artillería pesada. Sin embargo, eso no se materializó.
En cambio, en el frente de Donbass sí se produjeron intensos combates y las fuerzas rusas se anotaron una serie de éxitos en lo que parecían batallas posicionales, pero que contribuyeron a hacerse con la iniciativa militar en todo el frente, lo que obliga ahora a los reservistas ucranianos a una situación peligrosa.
La táctica rusa ha consistido en mantener alto el ritmo de desgaste en el frente y degradar la capacidad de Ucrania para formar reservas, mientras que unas líneas defensivas bien fortificadas que se extienden a lo largo de 800 km negaban a Kiev cualquier posibilidad de recuperar la iniciativa operativa. Como era de esperar, los rusos no están de humor para precipitarse en operaciones ambiciosas. Además, también están en el largo juego de resolver cuestiones organizativas. Se está llevando a cabo una reestructuración de las fuerzas armadas rusas, que implica la transición de las formaciones denominadas Grupo Táctico de Batallones de un ejército expedicionario que es muy potente en potencia de fuego pero excepcionalmente ligero en infantería, para volver a la estructura de divisiones del ejército soviético, que, junto con una expansión masiva de la producción de armamento y el reequipamiento del complejo militar-industrial, cumpliría los requisitos de una guerra continental, en caso necesario.
Mientras tanto, las operaciones en Donbass han alcanzado un punto de inflexión. Con la inminente caída de Bajmut, el eje de la línea defensiva ucraniana en Donbass, se abre el camino para el asalto ruso a Slaviansk y Kramatorsk, las dos últimas ciudades bajo control de Kiev. También cabe esperar combates intensos en las próximas semanas en el sector de Ugledar, en el suroeste de Donbass, que domina la línea ferroviaria troncal que conecta Donetsk con el puerto de Mariupol, en el mar de Azov, y el puente terrestre hacia Crimea, y amenaza potencialmente toda la logística rusa en el sur.
Por lo tanto, el control del «bulto» de Ugledar es una prioridad tanto para Ucrania como para Rusia. Una vez más, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, señaló recientemente que es una obligación constitucional liberar por completo la provincia de Zaporizhzhia (dos tercios de la cual están bajo control ruso) y Kherson (que cambió de manos en la contraofensiva ucraniana de noviembre).
Por supuesto, si Estados Unidos aumenta drásticamente el alcance de la guerra por poderes suministrando a Ucrania armas de largo alcance, las operaciones rusas también se extenderán, inevitablemente, a toda la región al este del río Dniéper y crearán una zona tampón para la seguridad de los territorios rusos. Básicamente, Rusia mantiene el dominio de la escalada.
Sin duda, la trayectoria de las operaciones rusas en el próximo periodo dependerá también de factores políticos emergentes. Es poco probable que la ofensiva de primavera comience antes de la visita del Presidente chino Xi Jinping a Moscú este mes. Una cooperación y coordinación más estrechas entre China y Rusia en estos tiempos de guerra bajo las condiciones de las sanciones occidentales está surgiendo gradualmente como en sus intereses estratégicos comunes.
Mucho dependerá de que este verano surja algún tipo de nuevo equilibrio en el conflicto, que sea reconocido por todas las partes. En la actualidad, sin embargo, un orden de seguridad pacífico y consensuado en Europa parece muy lejano. Mientras que Rusia ya ha absorbido las sanciones occidentales y ha demostrado su determinación de llevar las cosas hasta el final, Estados Unidos y sus aliados europeos son incapaces de influir en el curso del conflicto. Lo que estamos presenciando -tanques Challenger de los británicos, negociaciones para enviar baterías Patriot, tanques M1 Abrams, F16 de EE.UU., etc.- es una falsa escalada, ya que es improbable que estos sistemas de armamento lleguen nunca.
Sin duda, la situación estratégica, industrial, económica, política y militar en Europa se está deteriorando significativamente debido al retroceso de las sanciones contra Rusia. Los elevados costes de producción han forzado el cierre de industrias europeas, lo que ha provocado despidos. La opinión pública alemana se muestra cada vez más escéptica sobre el enfoque occidental de la guerra. El reciente descubrimiento de que la administración Biden fue responsable del sabotaje del Nord Stream exacerba estos sentimientos. Queda por ver cómo evoluciona todo esto en los difíciles meses que se avecinan, a medida que se consolida una profunda recesión y la arrogancia diplomática de Estados Unidos queda en el punto de mira.
Rusia no escuchará más las dudosas ofertas occidentales de negociar que ignoran las cuestiones que causaron la guerra en primer lugar. Los dirigentes rusos han llegado a la conclusión de que no se puede confiar en ningún gobierno occidental, y que Occidente en su conjunto es implacablemente hostil a Rusia.

Si bien tanto Rusia como Occidente se enfrentan a una crisis existencial, también existe una diferencia crucial en la medida en que para Rusia se trata de la amenaza a la condición histórica de Estado, pero para Occidente se trata de la preservación de su dominio global y de la falta de voluntad para adaptarse a un entorno global cualitativamente cambiado que de repente se ha vuelto altamente competitivo.
Así pues, una derrota en la guerra por poderes no sólo mermará la credibilidad de Estados Unidos a nivel mundial -tras la debacle de Afganistán-, sino que también dañará su liderazgo transatlántico. También podría tener consecuencias perjudiciales para la OTAN. Por eso la OTAN está peligrosamente cerca de cruzar una «línea roja» rusa, empujando la guerra por poderes hacia una confrontación directa con riesgos incalculables.
Si eso ocurre, Rusia puede verse obligada a responder con una escalada interna y cualitativa. ¿Y si Rusia declara un estado de guerra de facto con la OTAN? ¿Y si Rusia traslada el conflicto al espacio de la OTAN? El primer ministro húngaro, Viktor Orban, declaró la semana pasada al semanario suizo Die Weltwoche que su prioridad en el periodo que se avecina es «mantener la guerra lejos de nuestro país». He aquí una ominosa advertencia de que el conflicto de Ucrania está entrando en aguas desconocidas

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor http://www.DeepL.com/

https://asiatimes.com/2023/03/

Una próxima guerra más amplia con Crimea en el punto de mira de EEUU
La respuesta de EE.UU. y la OTAN a la caída de Bajmut es probablemente un asalto a Crimea, que a su vez desencadenará ataques rusos en Europa del Este
por Stephen Bryen 4 de marzo de 2023
Las fuerzas ucranianas se retiran de Bajmut y la batalla por la pequeña ciudad de Donetsk está casi terminada. ¿Y ahora qué?
La retirada de Bajmut parece tener dos fases. La primera comenzó quizá hace un mes, aunque no es seguro. Las tropas retiradas incluían combatientes extranjeros y tropas de los Brazos Amarillos.
Los rusos afirman que hace aproximadamente un mes que no ven combatientes extranjeros. Se dice que la mayoría de ellos procedían de Georgia y Abjasia. (Abjasia es la zona de Georgia esculpida por los rusos y declarada entidad independiente).
Las tropas del Brazalete Amarillo son unidades militares «pesadas» ucranianas profesionales y bien entrenadas. Se han utilizado sobre todo en los flancos que protegen la ciudad de Bajmut, intentando detener el cerco ruso.
Dentro de la ciudad se encuentran las llamadas tropas de la Banda Verde. No están bien entrenadas y en su mayoría son reclutas recientes. Llevan principalmente armas ligeras, que disparan desde edificios y otras posiciones cubiertas. Muchos de ellos son menores de edad o, alternativamente, mayores de edad.
Según Yevgeny Prighozin, jefe de la organización paramilitar Grupo Wagner, los Bandos Verdes están empezando a abandonar la ciudad, tras haberse retirado ya de la mayor parte de las zonas orientales. Los informes dicen que están utilizando una carretera rural o caminando por los campos de cultivo.
Tal y como están las cosas, el final de la batalla está como mucho a unos días vista, aunque los ucranianos han lanzado una contraofensiva al oeste y al sur de una ciudad llamada Ivanivske. La operación puede estar destinada a contener un cerco más amplio de las fuerzas ucranianas que los rusos parecen haber lanzado.
Las fuerzas ucranianas del Brazalete Amarillo que intentan relevar Ivanivske están desplegando varios vehículos de combate de infantería, pero hasta ahora pocos o ningún tanque. Queda por ver si el ejército ucraniano puede contener una operación rusa más amplia.
Pero los ucranianos están escasos de soldados y municiones, por lo que no está claro que puedan soportar un duro golpe si eso es lo que pretenden lanzar los rusos.

A continuación: Crimea

Es probable que Estados Unidos y la OTAN se den cuenta de la situación si los ucranianos siguen intentando mantener el territorio de la región de Donbás.
Aunque EE.UU. cree que Rusia no ha logrado sus objetivos iniciales en el Donbass y forzar un cambio de gobierno en Kiev, el panorama a largo plazo parece problemático, ya que los rusos no sólo han mejorado sus tácticas, sino que también parecen dispuestos a pagar el precio y reducir el ejército ucraniano.
Asimismo, a estas alturas está claro que a Estados Unidos y Europa les llevará más de unos años reconstruir las reservas de municiones y equipos, mientras que los rusos parecen haber puesto su fabricación de defensa a tiempo completo, día y noche, para llevar suministros al frente.
Hay dos señales clave de un posible cambio de estrategia entre EEUU y la OTAN que resultan perceptibles si entendemos que la OTAN, al menos hasta ahora, hace lo que EEUU dice que tiene que hacer.
Las nuevas entregas de tipos especiales de munición de largo alcance a Kiev son la primera señal. La segunda es el publicitado cambio de la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, a favor de volver a centrarse en la recuperación de Crimea en una nueva ofensiva ucraniana.
«Apoyaremos a Ucrania durante el tiempo que sea necesario. Ucrania está luchando por la devolución de todo su territorio dentro de sus fronteras internacionales. Les estamos apoyando, incluso en la preparación de un próximo duro empuje para recuperar su territorio… Crimea debe ser -como mínimo, como mínimo- desmilitarizada.»
Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de EEUU, Victoria Nuland
La opinión de Nuland no cuenta con el pleno apoyo del Departamento de Estado ni del Pentágono, en gran parte debido a la preocupación de que Rusia pueda optar por atacar las líneas de suministro occidentales en represalia, lo que llevaría a una guerra más amplia en Europa del Este, empezando por Polonia y Rumanía.
Hay que recordar que tanto Polonia como Rumanía son históricamente territorio ruso. Joseph Stalin decidió apoyar el pacto Ribbentrop-Molotov en agosto de 1939 porque el líder soviético consideraba que le otorgaba parte de los yacimientos petrolíferos de Polonia y Rumanía.
Hay una famosa historia que circuló durante la Guerra Fría sobre un soldado polaco que se enfrentaba a una invasión de tanques rusos por un eje y alemanes por el otro. De pie, con un arma antitanque, ¿qué debía elegir? Decidiendo disparar a los tanques rusos, el soldado polaco supuestamente dice: «Los negocios antes que el placer».

Si bien se sabe que el Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, está preocupado por la posibilidad de un conflicto más amplio, es muy posible que haya perdido ante Nuland, una de las principales defensoras de la guerra de Ucrania que desea, como mínimo, un cambio de régimen en Moscú.
La prueba de que Nuland ha ganado la discusión comienza con el hecho de que Biden ha anunciado un nuevo programa de armas de largo alcance para Ucrania y también está enviando equipos móviles de puente que podrían ayudar al ejército ucraniano a atacar a las fuerzas rusas en una ofensiva contra Crimea.
Una operación de este tipo comenzaría con bombas planeadoras de largo alcance – municiones de ataque directo conjunto (JADAM), HIMARS con bombas de largo alcance, lanzadas desde tierra y de pequeño diámetro (GLDSB) y ataques de artillería. A continuación se desarrollaría una ofensiva terrestre contra Crimea.
El problema operativo es que este escenario requeriría aviones de combate que puedan volar a grandes altitudes, en torno a los 30.000 pies, antes de lanzar los JDAMS, unos kits que se instalan en las bombas «de hierro» para dotarlas de guía GPS. Pero una bomba planea hasta su objetivo, por lo que para alcanzar el alcance de distancia se necesitan aviones de alto vuelo.
Para ello, Ucrania tendría que utilizar sus MIG-29, pero le quedan pocos cazas de este tipo. Así pues, las últimas entregas de armas pueden incluir, de una forma u otra, aviones occidentales probablemente pilotados por pilotos de la OTAN.
Esto equivaldría a una declaración directa de guerra, como entienden tanto Blinken (que está en contra) como Nuland (que está a favor). Para lanzar una ofensiva de este tipo, por ejemplo tan pronto como este mes de mayo, no hay otra alternativa que utilizar aviones occidentales.
Hay apoyo bipartidista en el Congreso para los F-16 para Ucrania, aunque ese apoyo es para que los ucranianos los piloten, lo que es improbable en los próximos tres meses.
La amenaza de Nuland a Crimea parece cada vez más una conclusión inevitable: una política estadounidense con implicaciones existenciales para Europa y quizá también para Estados Unidos.
La cuestión se decidió por los nuevos envíos de armas (dos anuncios separados hasta el 3 de marzo, hora estadounidense). Aunque no se ha hecho pública ninguna decisión y Biden ha guardado silencio, el equipo que se está enviando sólo podría estar destinado a la ofensiva de Nuland sobre Crimea.
Si hubiera un anuncio público de una decisión de apoyo a Nuland, a Blinken probablemente le daría un ataque al corazón – pero EE.UU. está enviando bombas de largo alcance y artillería, así como equipos de puente esenciales para atacar Crimea. Si no se prevé tal ataque, los ucranianos no necesitan este equipo.
Mientras tanto, parece haber muy poca oposición coherente por parte de Estados Unidos a lo que podría convertirse rápidamente en una guerra general en Europa.
Stephen Bryen es investigador del Center for Security Policy y del Yorktown Institute. Síguelo en Twitter en @stevebryen

Traducción realizada con la versión gratuita del raductor www.DeepL.com/Translator

4. Libro de la Escuela de Barcelona de Ecología Económica y Ecología Política

n un homenaje a su fundador, Joan Martínez-Alier, la -autodenominada- Escuela de Barcelona de Ecología Económica y Ecología Política del ICTA-UAB ha publicado una recopilación de ensayos de sus investigadores. Tiene muy buena pinta, pero no he podido empezar a leerla. Es de descarga gratuita, pero hélas!, de momento solo en inglés:

https://link.springer.com/

5. Un resumen del mes en Palestina.

Creo que no os envié lo del robó de unos rollos de la Torá del equipo de rescate israelí que fue a ayudar a las víctimas del terremoto en Turquía-Siria. Es una de las noticias en este breve repaso del mes de febrero en Palestina: https://twitter.com/

Una de las noticias que no aparece es que una de las víctimas mortales de este mes es un miembro del equipo de rescate palestino en Turquía.https://twitter.com/

6. Resumen de la reunión de Valdái

Pepe Escobar asistió a la reunión de Valdái, y publica ahora en The Craddle este artículo sobre sus impresiones. El informe final de la reunión, que se cita en el texto, es un poco largo, así que os lo paso mañana.

https://thecradle.co/article-

La reunión de Valdai: El encuentro entre Asia Occidental y la multipolaridad
En la reunión rusa del Club Valdai -la respuesta oriental a Davos- intelectuales y personalidades influyentes se reunieron para enmarcar la evolución actual y futura de Asia Occidental.
Por Pepe Escobar, 04 de marzo de 2023
La 12ª «Conferencia sobre Oriente Medio» celebrada en el Club Valdai de Moscú ofreció una más que bienvenida cornucopia de puntos de vista sobre los problemas y tribulaciones interconectados que afectan a la región.
Pero antes, una palabra importante sobre terminología – como sólo uno de los invitados de Valdai se tomó la molestia de subrayar. Esto no es «Oriente Medio», una noción reduccionista y orientalista ideada por los antiguos colonizadores: en The Cradle insistimos en que la región debe describirse correctamente como Asia Occidental.
Algunas de las pruebas y tribulaciones de la región han sido trazadas por el informe oficial Valdai, The Middle East and The Future of Polycentric World (Oriente Medio y el futuro del mundo policéntrico).  Pero el peso intelectual y político de los asistentes también puede aportar valiosas ideas anecdóticas. He aquí algunas de las principales líneas que los participantes destacaron sobre la evolución regional, actual y futura:
El Viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Mikhail Bogdanov, preparó el terreno subrayando que la política del Kremlin fomenta la formación de un «sistema de seguridad regional integrador». Eso es exactamente lo que los estadounidenses se negaron a discutir con los rusos en diciembre de 2021, y que luego aplicaron a Europa y al espacio postsoviético. El resultado fue una guerra por poderes.
Kayhan Barzegar, de la Universidad Islámica Azad de Irán, matizó los dos principales acontecimientos estratégicos que afectan a Asia Occidental: una posible retirada estadounidense y un mensaje a los aliados regionales: «No podéis contar con nuestras garantías de seguridad».
Todos los vectores -desde la rivalidad en el Cáucaso Sur hasta la normalización israelí con el Golfo Pérsico- están subordinados a esta lógica, señala Barzegar, y bastantes actores árabes comprenden por fin que ahora existe un margen de maniobra para elegir entre el bloque occidental o el no occidental.
Barzegar no identifica los lazos Irán-Rusia como una alianza estratégica, sino más bien como un bloque geopolítico y económico basado en la tecnología y las cadenas de suministro regionales -un «nuevo algoritmo en política»- que abarca desde acuerdos armamentísticos hasta la cooperación nuclear y energética, impulsado por las renovadas orientaciones meridional y oriental de Moscú. Y en cuanto a las relaciones entre Irán y Occidente, Barzegar sigue creyendo que el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), o acuerdo nuclear iraní, no está muerto. Al menos todavía no.
«Nadie sabe cuáles son estas reglas»
El egipcio Ramzy Ramzy, hasta 2019 enviado especial adjunto de la ONU para Siria, considera que la reactivación de las relaciones entre Egipto, Arabia Saudí y los EAU con Siria es el realineamiento más importante que se está produciendo en la región. Por no hablar de las perspectivas de una reconciliación Damasco-Ankara. «¿Por qué ocurre esto? Por la insatisfacción del sistema de seguridad regional con el presente», explica Ramzy.
Sin embargo, aunque Estados Unidos se esté alejando, «ni Rusia ni China están dispuestas a asumir un papel de liderazgo», afirma. Al mismo tiempo, Siria «no puede ser presa de intervenciones exteriores». El terremoto al menos aceleró estos acercamientos».
Bouthaina Shaaban, asesora especial del Presidente sirio Bashar al-Assad, es una mujer extraordinaria, fogosa y cándida. Su presencia en Valdai fue electrizante. Subrayó que «desde la guerra de Estados Unidos en Vietnam, hemos perdido lo que considerábamos medios de comunicación libres. La prensa libre ha muerto». Al mismo tiempo, «el Occidente colonial cambió sus métodos», subcontratando guerras y confiando en quintacolumnistas locales.
Shaaban ofreció la mejor definición breve que existe del «orden internacional basado en normas»: «Nadie sabe cuáles son estas reglas ni qué es este orden».
Volvió a insistir en que en este periodo postglobalización que está dando paso a los bloques regionales, los habituales entrometidos occidentales prefieren utilizar a actores no estatales -como en Siria e Irán- «mandando a los locales que hagan lo que a Estados Unidos le gustaría hacer».
Un ejemplo crucial es la base militar estadounidense de al-Tanf, que ocupa territorio sirio soberano en dos fronteras críticas. Shaaban califica el establecimiento de esta base de «estratégico, para que EEUU impida la cooperación regional, en la encrucijada de Irak, Jordania y Siria». Washington sabe muy bien lo que está haciendo: el comercio y el transporte sin trabas en la frontera entre Siria e Irak es un importante salvavidas para la economía siria.
Recordando a todos una vez más que «todas las cuestiones políticas están conectadas con Palestina», Shaaban también ofreció una saludable dosis de sombrío realismo: «El bloque oriental no ha sido capaz de igualar la narrativa occidental».
Una «guerra por poderes de doble capa»
Cagri Erhan, rector de la Universidad Altinbas de Turquía, ofreció una definición bastante práctica de un Hegemón: el que controla la lengua franca, la moneda, el marco legal y las rutas comerciales.

Erhan califica la actual situación hegemónica occidental de «guerra por poderes de doble capa» contra, por supuesto, Rusia y China. Estados Unidos ha definido a los rusos como un «enemigo abierto», una gran amenaza. Y cuando se trata de Asia Occidental, la guerra por poderes sigue siendo la norma: «Estados Unidos no se retira», afirma Erhan. Washington siempre considerará utilizar la zona «estratégicamente contra las potencias emergentes».
Entonces, ¿qué pasa con las prioridades en política exterior de los principales actores de Asia Occidental y el Norte de África?
El periodista político argelino Akram Kharief, editor de la publicación online MenaDefense, insiste en que Rusia debería acercarse a Argelia, «que sigue estando en la esfera de influencia francesa», y desconfiar de cómo los estadounidenses intentan presentar a Moscú como «una nueva amenaza imperial para África».
El profesor Hasan Unal, de la Universidad de Maltepe, en Turkiye, dejó bastante claro cómo Ankara finalmente «se deshizo de sus enredos en Oriente Medio [Asia Occidental]», cuando antes «se volvía contra todo el mundo».
Potencias medianas como Turquía, Irán y Arabia Saudí pasan ahora a la primera línea del escenario político de la región. Unal señala cómo «Turquía y Estados Unidos no se ponen de acuerdo en ningún asunto importante para Ankara». Lo que sin duda explica el fortalecimiento de los lazos turco-rusos – y su interés mutuo en introducir «soluciones multifacéticas» a los problemas de la región.
Por un lado, Rusia está mediando activamente en el acercamiento entre Turquía y Siria. Unal confirmó que los ministros de Asuntos Exteriores de Siria y Turquía se reunirán pronto en persona -en Moscú-, lo que representará el compromiso directo de más alto rango entre ambas naciones desde el inicio de la guerra siria. Y eso allanará el camino para una cumbre tripartita entre Assad, el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo turco Recep Tayyip Erdogan.
Obsérvese que las grandes reconciliaciones regionales se están celebrando -una vez más- en Moscú o con la participación de Moscú, que con razón puede describirse como la capital del mundo multipolar del siglo XXI.
En lo que respecta a Chipre, Unal señala cómo «Rusia no estaría interesada en un Estado unificado que fuera territorio de la UE y de la OTAN». Así que es hora de «ideas creativas: igual que Turquía está cambiando su política sobre Siria, Rusia debería cambiar su política sobre Chipre».
El Dr. Gong Jiong, del campus israelí de la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de China, propuso un neologismo pegadizo: la «coalición de los que no quieren», describiendo cómo «casi todo el Sur Global no apoya las sanciones a Rusia», y desde luego ninguno de los actores de Asia Occidental.
Gong señaló que, en la medida en que el comercio entre China y Rusia está aumentando rápidamente -en parte como consecuencia directa de las sanciones occidentales-, los estadounidenses tendrían que pensárselo dos veces antes de imponer sanciones a China. Al fin y al cabo, el comercio entre Rusia y China asciende a 200.000 millones de dólares al año, mientras que el comercio entre Estados Unidos y China asciende a la friolera de 700.000 millones de dólares anuales.
De todos modos, la presión sobre el «bando de la neutralidad» no cederá. Lo que necesita la «mayoría silenciosa» del mundo, como la define Gong, es «una alianza». Describe el plan de paz chino de 12 puntos para Ucrania como «un conjunto de principios», la base de Pekín para unas negociaciones serias: «Este es el primer paso».
No habrá un nuevo Yalta
Lo que los debates de Valdai dejaron meridianamente claro, una vez más, es cómo Rusia es el único actor capaz de acercarse a todos los actores de Asia Occidental y ser escuchado con atención y respeto.
Correspondió a Anwar Abdul-Hadi, director del departamento político de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y enviado oficial de esta última a Damasco, resumir posiblemente lo que ha conducido al actual predicamento geopolítico mundial: «¿Un nuevo Yalta o una nueva guerra mundial? Ellos [Occidente] eligieron la guerra».
Y aún así, a medida que siguen surgiendo nuevas fallas geopolíticas y geoeconómicas, es como si Asia Occidental estuviera anticipando algo «grande» que se avecina. Esa sensación se palpaba en el aire de Valdai.
Parafraseando a Yeats, y actualizándolo al joven y turbulento siglo XXI, «¿qué áspera bestia, llegada por fin su hora, se arrastra hacia la cuna [de la civilización] para nacer?

7. Relaciones ruso-turcas.

Intervención de un profesor turco en la reunión del Club de Debate de Valdái, esa especie de miniDavos ruso, sobre las relaciones de Turquía con Rusia, pero también con los EEUU. Más sobre Valdái en el artículo que también envío de Pepe Escobar.

https://valdaiclub.com/a/

Acercamiento turco-ruso en un mundo multipolar
Hasan Ünal
El acercamiento de Turquía a Rusia no parece ser circunstancial. Es cierto que, dado que sus relaciones con Occidente y en particular con Estados Unidos atraviesan momentos difíciles, Ankara se vuelve hacia Rusia en busca de una mayor cooperación, pero también es cierto que Ankara se mantendría en esta vía mutuamente beneficiosa con mayor firmeza en un momento de multipolaridad, al igual que siempre buscó buenas relaciones con la Unión Soviética en el periodo de entreguerras, en particular en las décadas de 1920 y 1930, escribe Hasan Ünal, profesor de la Universidad Maltepe de Estambul. Este artículo fue preparado para la 12ª conferencia sobre Oriente Medio del Club de Debate Valdai.
Los ejercicios multidimensionales de política exterior de Turquía en los últimos tiempos han dado lugar a un sinfín de especulaciones y contradicciones en todo el mundo y, en particular, en Occidente. Lo ejemplifican las reuniones del presidente turco con sus homólogos ruso, ucraniano e iraní, así como sus encuentros con sus socios occidentales, incluido Biden. Desde el estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania, Ankara ha seguido una política notablemente comedida y equilibrada, sin participar en las sanciones occidentales, pero manteniendo al mismo tiempo estrechas relaciones con sus socios occidentales. Tras deshacerse de casi todos sus enredos en Oriente Próximo, que le han costado a Ankara un ojo de la cara durante la última década, Turquía puede beneficiarse ahora de las oportunidades derivadas de un orden mundial multipolar, algo que se ha convertido en una realidad imparable, por mucho que Estados Unidos y el Colectivo Occidental sigan intentando impedirlo, pero sin éxito.
La construcción del mundo multipolar
Desde que las armas comenzaron a disparar en Ucrania hemos sido testigos de batallas y luchas en todo el mundo: de hecho, tenemos una batalla real en curso entre Rusia y Ucrania respaldada por Occidente sobre todo en el suelo de este último, con la primera teniendo la sartén por el mango. Queda por ver si este conflicto se extenderá fuera de Ucrania, envolviendo a otros, o si provocará un desastre nuclear, porque parece que Estados Unidos y el Reino Unido, dos fervientes partidarios y proveedores de Kiev, están decididos a garantizar que el conflicto continúe mientras Kiev pueda seguir luchando contra Moscú hasta el último ucraniano. Por lo tanto, es bastante difícil, si no imposible, hacer una previsión sustancial sobre la duración del conflicto, del mismo modo que no es fácil saber si una calamidad nuclear se abatirá o no sobre el mundo.
No cabe duda de que el conflicto armado en Ucrania ha desatado fuerzas que se esfuerzan por convertir el mundo en multipolar, mientras que el Occidente colectivo trata de mantener el orden mundial unipolar bajo el control de Washington. La lucha por la multipolaridad tiene ciertamente una larga historia, con Rusia bajo Putin desafiando el orden mundial dominado por EE.UU. y anhelando la multipolaridad durante al menos una década y media, y con China superando a EE.UU. y a Occidente en general marcando un crecimiento económico deslumbrante año tras año y desafiando al mismo tiempo las políticas estadounidenses en todo el Sur Global. Y era obvio que la preponderancia estadounidense llegaría a su fin en algún momento, pero nadie estaba absolutamente seguro de la rapidez con la que se produciría la evolución hacia un mundo multipolar. Parece que cuando Rusia abrió el escenario, tras meses de escalada diplomática y militar, iniciando lo que denominó Operación Militar Especial, la lucha a favor y en contra de la multipolaridad se ha acelerado. Hoy podemos concluir sin temor a equivocarnos que, efectivamente, la multipolaridad ha amanecido.
Es seguro afirmar que tendremos un orden mundial multipolar en las próximas décadas. La multipolaridad fue siempre el orden mundial predominante hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo, o al menos una parte considerable de él, se agrupó en torno a dos bandos rivales opuestos entre sí no sólo en términos de equilibrio de poder e influencia, sino también por motivos ideológicos. Y la consiguiente unipolaridad que siguió a la disolución de la Unión Soviética, poniendo fin al mundo bipolar, fue definitivamente una excepción a la regla: apenas ha habido un orden mundial unipolar con una gran potencia dictando sus condiciones sobre casi todas las demás en todo el mundo.
Es bastante probable que en el actual sistema mundial multipolar haya algunas superpotencias como Estados Unidos, que sigue siendo el país más poderoso del mundo, o China, pero también como Rusia, especialmente en términos militares e incluso en el ámbito de la economía, ya que ha manifestado su capacidad de resistencia desde el estallido del conflicto armado en Ucrania frente a las enormes sanciones. También hay otros que podrían considerarse superpotencias, como India y Brasil, cuyo potencial es inmenso.

En las nuevas circunstancias cambiantes, también va a haber una serie de potencias intermedias como Turquía, Irán y, dependiendo de si la UE sobrevivirá o no a las fuertes presiones de la multipolaridad, Estados importantes como Francia, Alemania, Italia y Gran Bretaña, fuera de la UE, entrarán todos en esa categoría. Es probable que Turquía desempeñe un papel importante, capaz de proyectar poder en más de una región, todo ello de importancia crítica dada la lucha por el equilibrio de poder en el Mediterráneo Oriental, el Mar Negro, Oriente Próximo y el Cáucaso. En este nuevo escenario mundial, Turquía mostrará probablemente una política exterior muy sui generis porque, aunque es miembro de la OTAN y cuenta con las segundas fuerzas armadas más grandes y con una enorme experiencia en combate dentro de la Alianza, ha desarrollado a lo largo de los años unos lazos especiales con Moscú, que ahora incluyen la cooperación y la consulta sobre política regional e industria de defensa, además de unas florecientes relaciones económicas y comerciales. No es de extrañar que no haya adoptado sanciones occidentales contra Rusia, si acaso ha mantenido sus relaciones con Moscú ganándose la confianza de este último. Y con estas opciones políticas Ankara se ha convertido en el principal actor de la diplomacia mundial como facilitador entre Moscú y Kiev, intermediando en el Acuerdo de los Granos por el que Ucrania y Rusia han estado exportando su trigo y otros cereales al mundo.
Fundamentos del acercamiento entre Ankara y Moscú
¿Qué ha acercado a Turquía y Rusia a lo largo de los años? Un somero vistazo a algunos de los principales factores que han configurado el acercamiento de Ankara a Moscú sugeriría que desde la toma rusa de Crimea se ha producido un cambio considerable en la sonoridad, así como en la sustancia, de la política de Ankara hacia su poderoso vecino del norte.
Podemos recordar que en 2014, Ankara se apresuró a condenar la toma rusa de Crimea. No permitió ningún vuelo civil directo de Turquía a Crimea, ni permitió a las instituciones educativas turcas cultivar lazos con sus homólogos de allí y participar en intercambios, programas conjuntos, formación y similares. Además, el Ministerio de Asuntos Exteriores turco había aprovechado sistemáticamente cualquier oportunidad para reiterar que Ankara consideraba Crimea como parte de Ucrania. El ministro de Asuntos Exteriores Mevlüt Çavuşoğlu incluso asistió a una reunión de algo llamado la Plataforma de Crimea, organizada por Ucrania para concienciar sobre la toma rusa de esa preciosa península. En esta reunión, se encontró inusualmente sentado junto con el representante de la Administración griega del sur de Chipre, junto con otros funcionarios occidentales, algo que los diplomáticos turcos normalmente evitarían. Y lo que es más importante, el Ministerio de Asuntos Exteriores turco llegó incluso a declarar nulas las elecciones a la Duma en Crimea en septiembre de 2021. Además, durante la primera ronda del último enfrentamiento entre Rusia y Ucrania, que tuvo lugar en abril de 2021, la actitud de Turquía fue ciertamente más favorable a Ucrania que en la última fase del conflicto.
Hablando teóricamente, Turquía quizás todavía se opone a la toma de Crimea por Rusia, pero Ankara ahora ofrece mediación a las dos capitales en lugar de oponerse a Rusia de frente diplomáticamente como han hecho otros miembros de la OTAN. Y lo bueno es que, tras algunas dudas iniciales, el Kremlin acogió con satisfacción el papel de mediación de Ankara, diciendo que Moscú apreciaría el uso de la influencia de Ankara con Kiev, aunque, por supuesto, Turquía sabe que no hay mucho que pueda hacer en términos de mediación real. Pero la nueva postura de Ankara tiene más que ver con dejar clara su posición ante Moscú que con demostrar una capacidad concreta para conseguir realmente algo en términos de poner fin al conflicto. Un análisis detallado sugiere que el punto de inflexión en la actitud de Turquía se remonta a una reunión tête à tête entre los dos presidentes a finales de septiembre de 2021 en Sochi, en la que ni siquiera estuvieron presentes sus ayudantes más cercanos. Desde entonces se ha producido alguna mejora notablemente concreta en las relaciones Ankara-Moscú.
Mientras que las relaciones de Ankara con Rusia han evolucionado al alza, sus relaciones con Occidente, y con Estados Unidos en particular, parecen atravesar momentos difíciles. Se puede afirmar con seguridad que Turquía y Washington no coinciden en ningún asunto de importancia para Ankara desde el final de la Guerra Fría. De hecho, la tensión latente entre las dos capitales ha salido a la luz de forma aguda bajo la Administración Biden, a quien se considera, con razón, un turcófobo incorregible.
La política estadounidense de crear un Kurdistán en Oriente Próximo ha irritado constantemente a Turquía desde la invasión y ocupación de Iraq en 2003. El abierto apoyo militar de Washington al PYD -una rama siria del PKK- con el pretexto de luchar contra el ISIS ha llevado los sentimientos antiamericanos a nuevas cotas en Turquía, donde el antiamericanismo oscila regularmente entre el 80% y el 95%. También ha llevado las relaciones entre las dos capitales casi al borde del colapso en más de una ocasión. Ankara percibe los movimientos de W a s h i n g t o n como signos de hostilidad hacia Turquía, ya que en un orden mundial multipolar, un aliado tan valioso como Turquía -con sus grandes y eficaces fuerzas armadas, sólo superadas por Estados Unidos en la OTAN y dotadas de sofisticadas capacidades de producción propia- podría ser dejado de lado por Washington en favor de una organización terrorista.

Otro serio motivo de discordia entre Ankara y Washington se refiere a la cuestión de Chipre. Altos cargos del equipo de Biden empezaron a expresar su oposición a una solución de dos Estados en Chipre mucho antes de llegar al poder, y desde que asumió el cargo, el presidente en funciones ha dejado claro que Estados Unidos no aprobaría ninguna solución de este tipo. Pero esto contradice los hechos y las realidades: ahora se olvida convenientemente que Erdoğan llegó al poder en 2002 con la promesa de resolver el conflicto de Chipre y que incluso respaldó la solución de un solo Estado de 2004, favorable a la UE y conocida coloquialmente como Plan Annan, un plan que fue rechazado por la comunidad griega de la isla. La parte griega también rechazó todas las ofertas presentadas por Turquía y la República Turca del Norte de Chipre hasta 2017, y esta persistente obstinación hizo que Turquía adoptara la postura de que la única propuesta sensata para la solución de la cuestión chipriota debe implicar el reconocimiento de dos Estados chipriotas, dos Estados que, a efectos prácticos, existen en la dividida isla mediterránea desde mediados de la década de 1960, y que existen oficialmente en ella desde 1974.
Además del hecho de que los griegos de Chipre han rechazado sistemáticamente todos los planes de paz propuestos por la comunidad internacional a lo largo de la duración del conflicto, también existe la acusación de doble rasero: en todas las demás disputas postcoloniales similares, Occidente ha aceptado generalmente, en principio, una solución de dos Estados. El principal ejemplo es, por supuesto, Palestina. Dada la realidad de un orden mundial multipolar, una postura estadounidense tan unilateral es totalmente inaceptable para Turquía. Este es el contexto en el que los esfuerzos de la Administración Biden por apuntalar a Grecia -aparentemente frente a Rusia en el Mar Negro- se ven con extrema suspicacia en toda Turquía. La conclusión es que esto ha dado más motivos de preocupación en Ankara por el hecho de que Estados Unidos esté, de hecho, reforzando a Grecia en detrimento de Turquía.
El uso irresponsable por parte de Biden del término «genocidio» para describir los acontecimientos que tuvieron lugar en un Imperio Otomano en guerra que se desmoronaba en 1915 también ha contribuido al antiamericanismo en toda Turquía. Por qué Biden se apresuró a incluir esta incendiaria palabra tabú en la declaración presidencial anual sobre la cuestión armenia sigue siendo un enigma: esta declaración se produjo tras la histórica victoria de Azerbaiyán en la Segunda Guerra de Karabaj y las posteriores propuestas a Ereván de Erdoğan y su colega azerbaiyano, Aliyev, para establecer una plataforma de cooperación regional que pusiera fin al aislamiento autoimpuesto de Armenia. El uso de este término simplemente no sirvió para ningún propósito geopolítico constructivo, aparte de revelar el enfoque antiturco de Biden y las élites estadounidenses sobre todas las cosas de la región.
Turquía y Estados Unidos también están muy divididos sobre la interpretación de la Convención de Montreux de 1936. En términos políticos, lo que Estados Unidos quiere que haga Turquía se reduce a abandonar por completo la Convención de Montreux o hacer la vista gorda ante las flagrantes violaciones estadounidenses del mismo tratado. En cualquier caso, supondría la anulación del histórico acuerdo. Turquía, por su parte, que tiene una postura diametralmente opuesta, espera que su aliado reconozca que Turquía tiene un gran aprecio por la Convención de Montreux y no permitirá que se desestime o descarte sin más. De hecho, desde la perspectiva de Ankara, la aplicación estricta de las disposiciones de la Convención de Montreux ha sido un pilar fundamental para garantizar la paz y la seguridad desde la Guerra Fría.

Parece poco probable que todas las cuestiones pendientes que mantienen distanciadas a Ankara y Washington se resuelvan una vez que el Equipo Biden dé paso a la próxima administración estadounidense, ya sea en enero de 2025 o en enero de 2029. Tenemos la experiencia del periodo de Trump como punto de referencia, cuando las tensiones entre los dos países se aliviaron un poco porque Trump desafió en muchos aspectos las políticas del establishment de seguridad estadounidense relativas a Oriente Medio y el Mediterráneo Oriental. Aun así, el Estado Profundo estadounidense se las arregló para sortear a Trump con suficiente frecuencia, por lo que la tensión bilateral no desapareció; esto, a su vez, facilitó que el Equipo Biden volviera a intensificarlo todo cuando tomó las riendas del poder en enero de 2021. Sería, por tanto, una ardua tarea intentar predecir si un Estados Unidos posterior a Biden sería capaz de recomponer las relaciones con Turquía, a pesar de las realidades de un orden mundial multipolar. Pero las probabilidades parecen abrumadoras.
Por otra parte, hemos sido testigos de una mejora sin precedentes en las relaciones bilaterales entre Rusia y Turquía. Erdoğan y Putin han conseguido encontrar la manera de trabajar juntos lo suficientemente bien (y Turquía lo ha conseguido sin dejar de ser un miembro fiable de la OTAN). Casi se han olvidado los días en que la Fuerza Aérea turca derribaba un caza ruso porque violaba el espacio aéreo turco durante unos 10 o 20 segundos. Históricamente hablando, la amistad turco-rusa tiene un historial tan largo como la enemistad turco-rusa. Es cierto que la Rusia zarista fue una amenaza constante para la integridad territorial del Imperio Otomano. Sin embargo, paradójicamente, fue la Rusia bolchevique la que ofreció un enorme apoyo militar, político y diplomático a la Guerra de Independencia turca de 1919 a 1922 y más allá. Ankara y Moscú afianzaron sus relaciones bilaterales con la firma del Acuerdo de Amistad y Cooperación (1925). Así permaneció el statu quo hasta que Stalin planteó notorias exigencias a Turquía al final de la Segunda Guerra Mundial, una acción desafortunada que empujó a Turquía a buscar seguridad en una alianza occidental liderada por Estados Unidos.
Los primeros diez años de pertenencia de Turquía a la OTAN estuvieron marcados por el aumento de la tensión en las relaciones Ankara-Moscú, aunque Stalin, que había echado por tierra el histórico acercamiento, murió sólo un año después de la admisión de Turquía en la alianza occidental. Pero la infame carta que el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson escribió al primer ministro turco Ismet Inönü en junio de 1964, en la que advertía descarnadamente a Turquía de que no actuara militarmente en Chipre para proteger a los turcos chipriotas de la matanza a manos de las fuerzas grecochipriotas, provocó una convulsión en Ankara. La epístola estadounidense puso casi todo patas arriba entre los dos aliados de la OTAN, y Turquía empezó inmediatamente a revisar su política hacia la Unión Soviética. Moscú también juzgó que unas relaciones más cálidas le beneficiaban. Así, los dos países forjaron una relación cualitativamente más fuerte por la que Turquía, aunque permaneció en la OTAN, consiguió recibir una cantidad bastante considerable de ayuda comercial, económica y financiera y apoyo de la Unión Soviética para su impulso industrializador, algo que Estados Unidos siempre optó por no proporcionar.
Al final de la Guerra Fría se intensificaron estas relaciones comerciales y económicas. Pronto se ampliaron a la cooperación en asuntos políticos e incluso militares. Por ejemplo, Moscú fue de gran ayuda durante el intento de golpe militar de 2016 organizado por miembros del grupo terrorista de Fethullah Gülen, sospechoso de mantener estrechos vínculos con los servicios de seguridad e inteligencia estadounidenses. Al parecer, Rusia notificó al Gobierno turco lo que podría estar ocurriendo justo antes de su inicio; Moscú también condenó el intento de golpe y a los conspiradores inmediatamente después de que entraran en acción, mientras que la Administración Obama tardó bastantes horas en hacer una declaración expresando su apoyo al Gobierno electo de Turquía. Por tanto, no en vano las relaciones entre Ankara y Moscú florecieron de una manera sin precedentes tras este intento de golpe, asumiendo también una dimensión militar-estratégica.
Los dos países, junto con Irán, crearon lo que llamaron la Plataforma de Astana para llevar la paz a Siria, mientras Ankara compraba a Moscú los sofisticados sistemas de defensa antiaérea S400. Tal vez haya llevado algún tiempo, pero Erdoğan y Putin aprendieron a limar suavemente, de un modo u otro, casi todos los desacuerdos que subsistían entre ambos países.
Lo más probable es que ambos países puedan seguir avanzando para asentar sus relaciones bilaterales sobre una base sólida como una roca. Por ejemplo, no hay ninguna buena razón para que Erdoğan y Putin no lleguen a un acuerdo sobre la cuestión de Chipre y la guerra en Siria. La política rusa sobre Chipre, que aboga ostensiblemente por la unificación de la isla, difícilmente sirve a los intereses reales de Moscú, ya que en tal eventualidad toda la isla se convertiría en territorio de la UE y, por implicación, en una completa cabeza de playa de la OTAN. Y es difícil ver qué ventaja, si es que hay alguna, obtendría Rusia del engrandecimiento territorial de la UE y la OTAN. Después de todo, Chipre está a sólo unos cien kilómetros de las preciosas bases navales y aéreas de Rusia en Siria.

Mientras que un cambio en la política rusa sobre Chipre a favor de una solución de dos Estados no supondría ningún riesgo grave para Moscú, cimentaría la amistad entre Turquía y Rusia, y quizás incluso conduciría a un acuerdo sobre Siria entre ambos países. De hecho, al igual que la política rusa respecto a Chipre necesitaba ser revisada, también lo necesitaba la aventurada política turca respecto a Siria: a decir verdad, esta última no servía a ningún propósito turco realmente alcanzable. Pueden citarse tres ejemplos. Primero, las fuerzas turcas quedaron totalmente empantanadas sobre el terreno en el país vecino en los últimos años. En segundo lugar, el PYD ha consolidado su posición en el noreste de Siria en el mismo periodo, gracias a los medios estadounidenses. Por último, el persistente y fallido esfuerzo de Turquía por derrocar a Bashar Al-Assad también ha ayudado indirectamente al PYD, así como a su principal patrocinador.
Si Turquía normalizara sus relaciones con Damasco a través de la mediación rusa, como Erdogan ha defendido sistemáticamente en los últimos meses, probablemente obtendría importantes beneficios: podría firmar un memorando con Siria sobre el retorno de los refugiados sirios -que al parecer ascienden a unos cuatro millones- cuya presencia continuada en Turquía en un momento en que el país se enfrenta a una crisis financiera que se deteriora se ha vuelto totalmente insostenible a los ojos del pueblo turco.
No hay ninguna razón por la que Turquía no pueda renovar el Memorando de Adana de 1998 con Siria, que en su momento puso fin bruscamente a las tensiones entre Ankara y Damasco, normalizó las relaciones e incluso estipuló una acción conjunta contra el PKK. Como parte de un nuevo acuerdo con Siria, Turquía también podría conseguir que Damasco reconociera la República Turca del Norte de Chipre (RTC); a cambio, Turquía podría transferir todo el territorio sirio actualmente bajo su control de nuevo al gobierno de Assad. Rusia, a su vez, podría permitir vuelos directos a la RTC y abrir una oficina comercial allí, que funcionaría como lo hacen muchas legaciones extranjeras en, por ejemplo, Taiwán (esto no quiere decir que Taiwán y la RTC sean similares en otros aspectos). A cambio, Turquía permitiría vuelos directos a Crimea y permitiría a varias instituciones turcas, incluidas universidades, restablecer lazos con sus homólogas de allí directamente, por supuesto, todo ello una vez finalizada la guerra actual.
Desde la perspectiva turca, Moscú desempeñaría un valioso papel en todos estos acuerdos: el acuerdo que ambos países podrían alcanzar sería una clara situación en la que todos saldrían ganando. Pero hay más en este acuerdo de lo que parece. Los estrechos vínculos de Ankara con Moscú también parecen contribuir positivamente a las posturas de política exterior de los Estados turcos de Asia Central, así como a las relaciones de Azerbaiyán con Rusia. En términos más generales, el estrechamiento de los lazos entre Turquía y Rusia siempre repercute positivamente en los miembros de la Organización de Estados Turcos (OET).
Sería útil recapitular los principales hilos conductores de este ensayo. Lo que hemos mantenido en todo momento es que la actitud de Turquía hacia el conflicto entre Moscú y Kiev por Crimea y otras partes de Ucrania ha experimentado algunos cambios importantes a lo largo de los años. Mientras que Ankara había sido más vociferante en su oposición a los movimientos políticos y militares de Rusia en Ucrania en 2014, hay un cambio perceptible en su postura últimamente, manifestado por diversas formas de reticencia. Cuando Rusia se apoderó de Crimea, Turquía denunció enérgicamente las acciones de Moscú y persistió en su actitud hasta hace poco: en aquel momento, Ankara no escatimaba esfuerzos en su intento de derrocar al Gobierno de Assad, mientras que Moscú lo respaldaba en todos los aspectos. Turquía aún intentaba entonces coordinar su política sobre Siria con Washington, aunque pronto surgieron algunas diferencias entre los dos aliados de la OTAN en sus respectivos enfoques de la crisis, y el firme respaldo de Moscú a Damasco fue una fuente constante de preocupación y frustración para Ankara.
Dejando a un lado el debate sobre si su implicación a tan gran escala en la guerra de Siria servía realmente a los intereses nacionales turcos -después de todo, Ankara intentó derrocar a un gobierno de Damasco que había mantenido las mejores relaciones posibles con Turquía durante más de una década-, Ankara tenía motivos de sobra para oponerse a Rusia tanto en Siria como en Ucrania. De hecho, los dos países estaban en una rápida trayectoria de colisión: el derribo de un caza ruso por la Fuerza Aérea turca realmente casi llevó a los dos países al borde de la guerra. Afortunadamente, dicha guerra se evitó, quizá más gracias a la extrema cautela y prudencia ejercidas por el Kremlin. La crisis subsiguiente se prolongó durante unos siete meses y, poco a poco, ambas partes se convencieron de que debían enterrar el proverbial hacha de guerra y entrar en razón. Y así fue.

Tan pronto como las dos capitales iniciaron serios esfuerzos para arreglar sus relaciones bilaterales, se produjo un intento de golpe de Estado en Turquía, que dio un nuevo impulso al verdadero acercamiento que ya se estaba produciendo entre Ankara y Moscú. Sin embargo, esto no se tradujo en cambios inmediatos y radicales en la política de Turquía en áreas de importancia para Rusia, ni en Siria ni, en particular, en Crimea, porque el eje Ankara-Washington seguía gestionándose adecuadamente bajo Trump, a pesar de los desacuerdos pendientes. Por lo tanto, las acrobacias de Turquía en la cuerda floja continuaron durante algunos años: mantener a Rusia a bordo en una serie de cuestiones, desde Siria y Karabaj hasta la compra de sistemas de defensa antiaérea S400, al tiempo que se cultivaban los lazos con Estados Unidos.
Pero todo esto llegó gradualmente a un punto en el que Turquía tuvo que hacer algunos cambios en su política exterior. Algunas cuñas latentes entre Ankara y Washington salieron a la luz con la llegada del Equipo Biden (por ejemplo, la cuestión armenia), pero el vaso simplemente no podía aguantar más gotas de agua en otras cuestiones críticas como el proyecto estadounidense para el establecimiento de una especie de Kurdistán que amenaza la integridad territorial de los países de Oriente Medio, incluida Turquía, y el grave desacuerdo sobre la cuestión de Chipre.
Mientras tanto, Ankara y Moscú se acercaban. El tête-à-tête Erdoğan-Putin de finales de septiembre de 2021 redujo las tensiones entre ambos países sobre Siria. Cada vez se especula más con la posibilidad de que ambos líderes hayan llegado a un acuerdo que abarque todas las cuestiones pendientes: Chipre, Siria, la cooperación en el Cáucaso Meridional e incluso en Asia Central, y una cooperación militar más estrecha.
Epílogo
En un orden mundial multipolar es probable que Turquía establezca su propia agenda: permanecer en la OTAN pero cultivando lazos más estrechos con Rusia e incluso con China, tal vez intentando unirse a los BRICS y a la Organización de Cooperación de Shanghai, y desempeñando un papel importante en varias regiones que la rodean. A diferencia de la época de la Guerra Fría y del orden mundial unipolar, actuaría con mayor independencia de sus socios occidentales.
El acercamiento de Turquía a Rusia no parece ser circunstancial. Es cierto que, dado que sus relaciones con Occidente y en particular con Estados Unidos atraviesan momentos difíciles, Ankara se vuelve hacia Rusia en busca de una mayor cooperación, pero también es cierto que Ankara se mantendría en esta vía mutuamente beneficiosa con mayor firmeza en una época de multipolaridad, del mismo modo que siempre buscó buenas relaciones con la Unión Soviética en el periodo de entreguerras, en particular en los años veinte y treinta.
A diferencia de las largas décadas de la Guerra Fría, la percepción turca de Rusia y los rusos a los ojos de la población ha cambiado considerablemente. En la actualidad, apenas existe un grupo antirruso considerable en el país con suficiente peso como para influir en la formulación de políticas. Y al ser relativamente más fuerte y más poblada que en los años de la Guerra Fría, Turquía parece más capacitada para establecer su propia agenda sobre Rusia que para unirse al Colectivo Occidental contra Rusia.

8.Defensem l’horta

Me ha gustado este vídeo de hace un año o un par de años sobre cómo se gestó y organizó la defensa de la huerta valenciana ante la voracidad urbanística y del ministerio de transporte.

Per molt que bufe el vent (Subtítulos en castellano)

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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