Resumen (comentado) de El capital en la era del Antropoceno de Kohei Saito (VII)

Seguimos en el primer capítulo, en el apartado: Transferencia temporal: «¡Después de mí, el diluvio!»”
El tercer tipo de transferencia (recordemos las dos primeras: la tecnológica y la espacial) es la transferencia temporal. Aunque el asunto que trató Marx en este caso fue la tala excesiva de los bosques, “en la actualidad es en el cambio climático donde más claramente se manifiesta la transferencia temporal”. Es indiscutible, afirma Saito, que el consumo a gran escala de combustibles fósiles es el causante del cambio climático.

Dicho esto, no todos sus efectos se presentan inmediatamente. “En no pocos casos, tardan varias décadas en hacerse patentes. El capital aprovecha este desfase para maximizar la rentabilidad de la maquinaria minera o de los oleoductos y gasoductos injertados en el MA”. De esta forma, denuncia Saito, “aunque el capitalismo tiene en cuenta las opiniones de los accionistas y gestores del presente, ignora sistemáticamente la voz de las generaciones venideras transfiriendo al futuro las cargas y creando externalidades. El presente prospera gracias al sacrificio del futuro”.

Sin embargo, como contrapartida, “las generaciones futuras sufrirán las consecuencias de los efectos de las emisiones desbocadas de CO2 que ellas nunca emitieron” (Saito, sin citarlo, está aludiendo al principio de responsabilidad de Hans Jonas). “Marx ironizó sobre esta actitud de los capitalistas como alguien que dijera «¡Después de mí, el diluvio!»”.

Empero, matiza Saito, “la transferencia temporal no es necesariamente negativa. Habrá quienes piensen que para desarrollar las tecnologías con las que afrontar los problemas, ganar algo de tiempo es fundamental. Lo cierto es que existen científicos, como Nordhaus [Premio del falso Nobel de Economía, citado al comienzo de este capítulo] que consideran más acertado priorizar el crecimiento económico y buscar el desarrollo de nuevas tecnologías que pasarse de frenada con la reducción de las emisiones de CO2 y perjudicar la economía”. No es, por supuesto, la posición de Saito.

Pero, aunque se llegasen a desarrollar esas tecnologías (deseos, más que realidades), se requeriría mucho tiempo hasta su difusión efectiva en la sociedad. Esto significaría perder un tiempo importantísimo. “Mientras tanto, se podría llegar a potenciar la retroalimentación positiva que acelere y empeore aún más la crisis ambiental. En tal caso, podrían surgir nuevos problemas que las tecnologías desarrolladas sean incapaces de solucionar”. La esperanza, la falsa esperanza (uno de los mitos más extendidos de la Modernidad y el desarrollismo con hybris), en que las tecnologías lo resuelvan todo se traicionaría.

Si el efecto de la retroalimentación fuera significativo, “la actividad económica también sería golpeada en la misma medida. Si el ritmo de desarrollo de las nuevas tecnologías fuese más lento que el de la degradación del MA, la humanidad quedaría inerme, y las generaciones futuras, abandonadas a su suerte”. En síntesis: “las generaciones futuras no solo quedarán a merced de unas condiciones ambientales extremadamente duras de sobrellevar, sino que incluso económicamente se verían en apuros”.

Peor no podrían pintar las cosas. Esta es la razón, en opinión de Saito, ”por la que no se puede confiar ciegamente en la tecnología para detener el cambio climático, a modo de tratamiento sintomático, y es necesario buscar otras soluciones que aborden el problema de raíz”.

La doble imposición de la carga a la periferia” es el título del siguiente apartado.

Saito he expuesto los tres tipos de transferencia partiendo de las ideas de Marx. “El capital seguirá recurriendo a todo tipo de tretas para seguir transfiriendo a la periferia las consecuencias negativas de su proceder”. Como resultado, observa, “la periferia se enfrentará a una doble carga. Es decir, después de sufrir el saqueo del imperialismo ecológico, deberá soportar la imposición injusta de los efectos destructivos de la transferencia”.

El ejemplo de Saito: “en Chile se cultiva aguacate para la exportación con el fin de satisfacer la demanda de una «alimentación saludable» de los occidentales, o sea, del modo de vida imperial. Para el cultivo del aguacate, conocido también como la «mantequilla del bosque», se requiere una gran cantidad de agua. Y dada su alta demanda de nutrientes del suelo, una vez que se produce aguacate en un terreno, resulta difícil volver a aprovecharlo para el cultivo de otras frutas. Chile ha ido sacrificando el agua y la producción de alimentos para consumo propio. La sequía que ha azotado Chile está causando un serio problema de falta de agua. Al parecer, esta sequía está influída por el cambio climático. Como se ha visto antes, el cambio climático es la consecuencia de la transferencia. La pandemía de la COVID-19 no ha hecho sino empeorar las cosas. Sin embargo, la cada vez más escasa agua por la sequía no se utiliza para el lavado de manos como medida profiláctica contra el coronavirus, sino para el cultivo del aguacate para exportación. Esto se debe a que la gestión del agua está privatizada.”

De esta forma, concluye Saito, es la periferia la que primero queda expuesta a los daños derivados del cambio climático y la pandemia causados por el estilo de vida consumista de los occidentales.

La Tierra desaparecerá antes que el capitalismo” es el título del siguiente apartado.

En el mundo, observa Saito, “los riesgos y las oportunidades se reparten de forma desigual. Para que el núcleo siga ganando, la periferia debe seguir perdiendo”. Por supuesto: el núcleo tampoco puede sortear por entero “las consecuencias del deterioro de las condiciones medioambientales”. Pero gracias a la transferencia, “el capitalismo se salva de quedar fatalmente herido como para temer su colapso, cosa que, por otro lado, sucede a costa de que cuando a los habitantes de los países desarrollados les resulten ineludibles los grandes problemas, una parte no despreciable del planeta sea ecológicamente irrecuperable”. Antes del derrumbe del capitalismo, la Tierra habrá dejado de ser un lugar habitable para el ser humano.

Por eso, recuerda Saito, Bill McKibben, uno ele los activistas medioambientales más destacados de Estados Unidos, afirma: «El agotamiento de los combustibles fósiles aprovechables no es el único límite al que nos enfrentamos. En realidad, este ni siquiera es uno de los problemas más importantes. Porque antes de que nos quedemos sin petróleo, nos quedaremos sin planeta».

Se podría sustituir «petróleo» por «capitalismo» en la última frase, apunta Saito. “Por supuesto, el fin de la Tierra es el fin de la humanidad, game over. No existe un plan B para el planeta Tierra”.

La crisis visibilizada” es el título del siguiente apartado [1]. Con  él seguiremos.

Notas.

1) Sigamos con la entrevista de Ferran de Vargas a Kohei Saito para Catarsi magazin https://catarsimagazin.cat/:

¿Por qué cree que el marxismo es la mejor herramienta intelectual para abordar la crisis climática?

Creo que la crisis del Antropoceno es generada por este sistema de valorización infinita del capital y, por lo tanto, debemos criticar el capitalismo. Pero ha habido mucha gente durante la historia que ha criticado de alguna forma al capitalismo. De hecho, la mayoría de académicos habla de cómo regular el capitalismo o de cómo vivir mejor y más eficientemente dentro del capitalismo, sin intentar superar o ir más allá de este sistema. Marx es uno de los pocos pensadores de la historia que ha profundizado de forma realmente sistemática no sólo en los problemas del capitalismo sino también en cierta visión del post-capitalismo.

Pero lamentablemente, durante el siglo XX, Marx ha sido entendido como una especie de productivista prometeico. Tras la caída de la Unión Soviética, se trató a Marx como un pensador desfasado, y entonces llegaron los movimientos verdes y decrecentistas que no han sido demasiado explícitos sobre la necesidad de ir más allá del capitalismo. Si puedo ayudar a entender que Marx era un pensador realmente ecologista e incluso no-productivista y decrecentista, se abre un nuevo espacio donde la gente proveniente del ecologismo político, el decrecimiento y el marxismo puede pensar plegada en una nueva manera vivir más allá del capitalismo.

Usted contrapone el Marx de El manifiesto comunista y el de El capital. ¿Puede explicar este salto de un Marx a otro? ¿Y qué rol juegan los cuadernos de notas de Marx para entender ese salto?

El paso de El manifiesto comunista a El capital es en parte el paso hacia el reformunismo. En el Manifiesto, Marx era más optimista y pensaba que una revolución sería suficiente para tumbar el capitalismo. Pero entonces la revolución fracasó, después estalló una crisis que no dio lugar a otra revolución, y Marx reconoció lo fuerte que es el capitalismo. Si lees El capital, especialmente el primer volumen, habla de acortar la jornada laboral, de establecer escuelas taller y casas de oficios donde los trabajadores puedan aprender determinadas técnicas, o de reformas muy importantes bajo condiciones capitalistas. Por otra parte, al mismo tiempo también se acercó a las posturas del asociacionismo.

Pero Marx también se volvió más ecológico. En las décadas de 1840 y 1850 era más optimista respecto al progreso tecnológico, pero en la de 1860 adoptó una mirada más crítica especialmente en observar cómo los trabajadores habían sido degradados a una especie de accesorio de la máquina, y en la agricultura las tierras habían sido destruidas por la tecnología. Así pues, Marx ve que el capitalismo en realidad no lleva al progreso. Creo que esa transformación es muy importante. Sin embargo, John Bellamy Foster cree que Marx siempre fue ecologista.

Observando sus cuadernos de notas, que han sido ignorados durante mucho tiempo, podemos ver cómo Marx desarrolla estas ideas a principios de la década de 1860. Podemos descubrir nuevos aspectos de Marx que pueden ser muy útiles para trazar su pensamiento después de El capital, porque después de esta obra no publicó mucho y en cambio se puso a estudiar a conciencia las ciencias naturales y las sociedades precapitalistas al mismo tiempo. Como explico en mi libro, es muy importante preguntarnos por qué Marx se puso a estudiar estos temas aparentemente no relacionados. Marx se volvió más ecológico y por eso estudió las ciencias naturales, y prestó atención a las sociedades precapitalistas porque a menudo eran más sostenibles. Estas sociedades imponían muchas restricciones en lo que se podía producir y cómo se podía consumir. Las regulaciones comunales sobre tierras, bosques y otros recursos hacían que estas sociedades fueran no sólo igualitarias sino también ecológicas.

Por último, en la década de 1880, Marx dijo que la sociedad rusa podía saltar al socialismo sin pasar por el capitalismo, pero también dijo que la sociedad occidental debía aprender a volver a ese tipo elevado de sociedad arcaica. En este sentido, creo que Marx se convirtió en un comunista decrecentista, tomando como modelo a estas sociedades precapitalistas como ideales para la sociedad post-capitalista.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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