Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Mi imagen del día: el pueblo elegido.
2. Pasando cuentas con Occidente.
3. Reconciliación y vida buena.
4. Otro réquiem por la izquierda española.
5. La barbacoa, la barbacoa ♫♫♫.
6. Cine mudo.
7. Más sobre el amigo americano.
8. ¿Qué podría salir mal?
9. Estadísticas chihuahuas.
1. Mi imagen del día: el pueblo elegido
Pareja de ancianos palestinos mirando a la casa en la que habían vivido, ahora ocupada por una pareja de Brooklyn.
Fuente: https://twitter.com/sahouraxo/
2. Pasando cuentas con Occidente.
Yo no recuerdo si Al Jazeera ya era así, pero me llama mucho la atención la cantidad de artículos críticos con Occidente que están publicando. ¡Y citando a Fanon y al Che en el medio de los jeques árabes! Eso sí, lo capturan de otra publicación, Al Mayadeen en español -pero no lo he encontrado en esa página-.
En este sentido, llama mucho la atención la foto oficial de la visita de Blinken a Arabia Saudí. ¿No echáis a faltar una bandera?
Fuente: https://twitter.com/jynpang/
Claro que en vista de algunas noticias que aparecen, no extraña que haya un poco de resquemor:
«Los medios de comunicación de Taiwán y China informaron de que después de que Irán y Arabia Saudí compartieran información de inteligencia, descubrieron que los ataques que pensaban que habían sido llevados a cabo por el otro bando eran erróneos, alguien más estaba detrás de ellos».
https://twitter.com/ ¿Quién podría ser…? 😀
El tuit en el que he visto el enlace a este artículo llevaba también este fragmento de Huntington: «Occidente ganó el mundo no por la superioridad de sus ideas o valores o religión… sino por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada. Los occidentales olvidan a menudo este hecho; los no occidentales nunca lo hacen». Samuel P. Huntington, 1996
Y, por fin, este es el artículo:
Moving beyond The End of History
Más allá del fin de la Historia
Por Karim Sharara Fuente: Al Mayadeen Español 11 Jun 00:31
Occidente no llegó a donde está hoy gracias a su supremacía. Ni mucho menos. Fue la superioridad militar de Occidente lo que le permitió subyugar al resto del mundo, engañándose a sí mismo en el proceso de que era la civilización superior. Este engaño ideológico no sobrevivirá mucho tiempo.
«Es posible que estemos presenciando no sólo el final de la Guerra Fría, o el paso de un periodo concreto de la historia de posguerra, sino el final de la historia como tal….. Es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno humano».
Es cierto que Francis Fukuyama dijo esto en 1992 (es decir, hace más de 30 años), y que han pasado muchas cosas desde entonces, pero no se puede dejar de observar que un hombre de su calibre académico estaba tan convencido de su propia visión del mundo que llegó a confundir la supremacía militar de Estados Unidos con la supremacía ideológica.
Pero esto no era realmente exclusivo de Fukuyama, que simplemente seguía una larga línea de ideólogos que sufrían el mismo error fatal (quizás no era tanto un error como un caso de fracaso moral para algunos).
Durante cientos de años, y desde los inicios de la modernidad y del colonialismo occidental, Occidente ha confundido sus victorias en campañas contra otros pueblos y civilizaciones con su propia supremacía. Desde los misioneros, las expediciones, las misiones comerciales y las invasiones, hasta la matanza de poblaciones enteras, todo ello ha sido presentado por los intelectuales occidentales a lo largo de la era colonial como una victoria de sus propios valores. (Sarcasmo a continuación, andar con cuidado)
Esto era producto de su inteligencia, de su dominio de las formas de vida, y por ello les correspondía asumir el manto, es más, la responsabilidad y el deber… la ardua tarea de tomar a la humanidad de la mano y guiarla hacia la luz.
Esto no se debió en absoluto a las ambiciones occidentales de controlar el comercio mundial y adquirir mano de obra barata (además, ¿cómo te atreves a insinuar eso?), en absoluto. Era algo que no querían hacer. No se trataba de convencer a sus pueblos (y quizá a sí mismos) de que reivindicaban la superioridad moral; en absoluto. Porque al igual que los grandes hombres de la historia guiaron a la gente lejos de la oscuridad, correspondía al Occidente colectivo tomarles la mano -irónicamente, a veces literalmente- (quizás a veces un poco a la fuerza), para que pudieran alcanzar la iluminación y escapar de la deplorable vida de miseria que habían estado llevando.
E incluso cuando masacraron a poblaciones enteras como los Hereros fueron masacrados por los alemanes en 1904, esto no se debió a la barbarie alemana, Dios no lo quiera, fue simplemente porque para entonces, el darwinismo social se había arraigado plenamente en la mente europea. Los alemanes no estaban realmente matando gente, ¡porque eso sería un crimen contra la naturaleza! No, sólo aceleraban la evolución, igual que ciertas especies de animales dejaron de existir.
Eran pueblos inferiores, y los pueblos inferiores que no se atienen a las necesidades del desarrollo biológico y de la evolución humana no son dignos de vivir. Apenas tienen inteligencia.
No me tome la palabra, eso es exactamente lo que las potencias colonialistas del siglo XIX y principios del XX habían llegado a creer, algo que Paul Rohrbach había puesto cuidadosamente en palabras en su Pensamiento alemán en el mundo (1912) cuando dijo: «Las existencias, ya sean pueblos o individuos que no producen nada de valor, no pueden reclamar el derecho a existir.»
Aunque hay que reconocer el mérito a quien lo merece. Los alemanes llegaron tarde al juego colonial y sólo aprendieron (tanto en cultura como en práctica militar) de sus anteriores socios coloniales, es decir, principalmente Bélgica, Países Bajos, España, Portugal, Francia, Reino Unido y Estados Unidos (¿me he dejado a alguien?).
Pero divago.
Cultura e imperialismo
Esta superioridad y el estatus superior que Europa podía reclamar no se debían a su superioridad cultural real, ni mucho menos. Fue la superioridad militar la que permitió a estas potencias subyugar a otros pueblos y establecerse así como sus subyugadores de facto.
Fueron las victorias militares de Europa contra otras civilizaciones y el saqueo de sus recursos lo que les permitió suponer que habían alcanzado un estatus superior. Un pequeño ejemplo al que podemos remontarnos es la derrota del ejército sudanés a manos de las fuerzas británicas en 1898.
En la batalla de Omdurman, el ejército sudanés fue aniquilado debido a las avanzadas armas del Imperio Británico, lo que significaba que los soldados británicos ni siquiera estaban dentro del rango de tiro del ejército sudanés. ¿Cómo se puede luchar contra un enemigo al que ni siquiera se puede golpear?
Y así fue como Occidente llegó a creer (irónicamente, tras el asesinato en masa de millones de personas en todo el mundo) que podía reivindicar la superioridad moral. Esa creencia arraigó firmemente en el inconsciente colectivo de Occidente gracias a las obras de intelectuales públicos, filósofos y novelistas, que se encogieron de hombros ante el genocidio de millones de personas o perpetuaron el mito de la superioridad moral occidental.
Llegar al fin de la historia
Visto así, no es muy sorprendente oír a Fukuyama (y a los fukuyamistas) hablar del fin de la progresión ideológica de la humanidad. Es decir, se puede entender de dónde viene, ya que EE.UU. se erigió victorioso como el único hegemón del mundo, en todos los continentes del globo. Pero esa hegemonía también se debió al poderío militar de Estados Unidos.
Es cierto que la guerra cultural emprendida por Estados Unidos y su uso del poder blando e inteligente en todo el mundo contribuyeron a ello en gran medida, pero la cultura occidental sólo había llegado tan lejos porque el poderío militar de Estados Unidos estaba ahí para demostrar que se alzaba aparentemente victorioso por encima de todos los demás. La cultura no era más que otra herramienta utilizada para cimentar la idea de la supremacía ideológica estadounidense; era la herramienta, no el resultado.
Así fue como los valores liberales se presentaron como el todo y el fin de la existencia y el desarrollo humanos avanzados. Probablemente también habría sido así hoy, de no ser porque la globalización (quizá mejor entendida como la americanización del mundo) se encontró con un rechazo en todo el mundo.
No tardaron en oírse voces en todo el mundo que reclamaban dignidad, y las identidades locales que rechazaban los valores occidentales ganaron terreno. Desde América Latina hasta Asia Occidental y Central, pasando por África y Asia Oriental, y más recientemente con Rusia, los valores tradicionales, conservadores y religiosos se habían convertido en una forma de expresarse para los pueblos antaño subyugados por Occidente.
Tal vez sea una forma de justicia poética que el propio acto de resistencia armada, como dijo Frantz Fanon en una ocasión, se convirtiera en el origen de una identidad compartida entre los subalternos. Mientras que antes se utilizaba el poder militar para subyugar al mundo, la resistencia armada permitió a los oprimidos expresar su identidad y forjar nuevos niveles de identidad compartida entre ellos.
Aliados improbables
Evidentemente, esta perspectiva debe tenerse en cuenta a la hora de considerar qué podría unir a Irán, Rusia y China. Dejando a un lado la perspectiva occidental que se fija en visiones de mercado de los intereses y en análisis de costes y beneficios, sale a la luz otro elemento bastante revelador que explica el terreno común entre ellos.
Irán, Rusia, China, por no hablar de América Latina, toda África, y Asia Occidental, Central, Oriental y Meridional, todos han sufrido (aunque en distintos grados) a causa de la embestida de Occidente, eso ya ha quedado establecido. Pero el rasgo común que ha unido a la mayoría de la población mundial en su rechazo a Occidente no ha sido el «interés», sino su sufrimiento común.
El sufrimiento, y la capacidad que poseemos los humanos de empatizar unos con otros, es lo que puede llevar a alguien como Fanon de su Martinica natal a la lucha en Argelia, o a alguien como Fusako Shigenobu a Palestina, o a alguien como el Che Guevara a Cuba, África y Bolivia. El sufrimiento, con todos los estragos que puede causar en el mundo, puede considerarse uno de los pilares de la identidad cuando va unido a la empatía humana básica, precediendo incluso a elementos tan básicos como la lengua y la geografía.
Llevado al plano estatal, es este sufrimiento común a manos de Occidente lo que puede unir a dos países como Irán y China. El acercamiento económico y la integración económica regional que estamos presenciando en todo el mundo no nacen simplemente de la necesidad que tienen todos estos países de subvertir la dominación occidental del mundo por el mero deseo de crear un orden mundial multipolar. Estos países, estos pueblos, se han identificado entre sí en el nivel más básico de sus identidades, y este acercamiento no ha sido más que el resultado de la campaña de miseria que Occidente ha llevado a cabo durante siglos sobre el mundo.
Esto no quiere decir que este acercamiento vaya a conducir necesariamente a una integración o armonía plenas, pero sí que, como mínimo, la mayoría de la población mundial está de acuerdo en que no se puede permitir que Occidente siga imponiendo sus decisiones al mundo.
Pase lo que pase, vamos más allá del Fin de la Historia.
3. Reconciliación y vida buena
Para que no se diga que solo envío artículos críticos con la situación de la izquierda en España, os paso este algo más esperanzador de un ex-negociador por IU en las anteriores negociaciones con Podemos, la de los botellines. Que conste que si votase en cualquier otra circunscripción española, aunque fuese tapándome la nariz, los ojos, la boca y cualquier otro orificio corporal, probablemente lo haría por Sumar o lo que allí hubiese. Por desgracia, mi circunscripción es Barcelona, y no creo que perdone nunca a los Comunes su actuación durante el Procés. No sé si vuelven a presentar a Asens, uno de los políticos que más desprecio, pero no creo que el recambio fuese mucho mejor. https://ctxt.es/es/20230601/
Reconciliación y, entonces sí, hacia la vida buena
Anímense a tratar de actuar como demócratas, cuidando de quienes son diferentes pero aliados/as e imprescindibles en esta lucha por una vida digna, sabrosa, que millones anhelamos
Víctor Alonso Rocafort 10/06/2023
La anhelada alianza de la izquierda no ha comenzado bien. No sería conveniente alargar el drama, pero tampoco dejarlo con este desenlace amargo. Una vez alcanzado un precario acuerdo formal de mínimos, en la segunda fase que ahora se abre ante el 23J, la posible desmovilización de mucha gente decepcionada con el inédito veto a Irene Montero amenaza nuevamente con que se produzca la llegada de la extrema derecha al poder. Montero, con todos sus errores, que no han sido pocos, ha resistido en primera línea la brutal resaca reaccionaria frente a los históricos avances feministas de los últimos años, donde su Ministerio ha jugado un papel de recogida e impulso crucial. Guste o no, atesora un importante capital simbólico. No es comprensible, ni inteligente, ni tampoco es algo propio de una cultura plural que se quiere de la solidaridad y los cuidados, exigir a otra organización aliada su exclusión.
La estrategia errejonista ha estado marcada desde el inicio de este ciclo por un nacional-populismo schmittiano de voluntad pactista hacia su derecha y excluyente hacia su izquierda. Su responsabilidad en tiempos del procés a la hora de agitar la rojigualda, confundiendo y disgregando culturalmente a la izquierda, mientras la derecha se armaba precisamente de manera populista con todo, está todavía por estudiarse. Hoy esta corriente, ante la claudicación ideológica de Izquierda Unida y la victoria inmisericorde que creen haber acometido sobre Podemos, se hace de momento con los mandos teóricos del espacio sin apenas contrapesos, apoyada en el laborismo del viejo siglo XX que parecen representar de momento Yolanda Díaz y Comisiones Obreras, en lo que algunos, con razón, ya ven la herencia latente del eurocomunismo. Este panorama hace que a los demócratas radicales, que en este ciclo hemos tenido como referente la experiencia del 15M, nos cueste todavía más reconocernos en Sumar. Ante los colosales retos ecosociales que tenemos enfrente, con el decrecimiento como bandera para cumplir con el mandato emitido por Naciones Unidas de reducción de emisiones fósiles a la mitad para 2030, la innovadora estrategia de moderación ante los grandes poderes no parece tampoco el mejor de los caminos.
Aquí va por tanto una propuesta de urgencia: es precisa una sincera reconciliación en el espacio antes de lanzarse unitariamente a la fase tres de esta precampaña, la difusión de un proyecto de vida buena. Los distintos proyectos de la izquierda han de aprender a dialogar, convivir y acordar. Pepe Mujica ha insistido desde Uruguay en las últimas semanas en ello sin éxito. Mucho me temo que no va a ser posible resultar creíbles hacia fuera si antes no se arregla el desaguisado de los últimos días. Y hay tiempo para ello. Para comprender mejor esta propuesta, quizá sea útil comenzar relatando una breve historia.
El pacto de los botellines entre Podemos e Izquierda Unida en 2016 no empezó bien. Recuerdo no solo la tensión previa a la espera de noticias de la típica negociación entre aparatos a ver quién rascaba más puestos y dinero, sino que tengo sobre todo grabado el instante después al abrazo entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón, en la Puerta del Sol, cuando los equipos de ambos nos reunimos de camino a la sala Mirador. Ocupamos un pequeño bar del centro de Madrid, en una sala donde todo el mundo estaba consultando su teléfono móvil, sin hablar, supuestamente para comprobar el efecto en redes de la performance previa. Yo solo observaba la escena y pensaba que aquello no podía salir bien. Había comprobado horas antes, formando parte de un pequeño grupo que acompañaba a Garzón, de su buena relación con Iglesias; pero ahora nadie hablaba. No podía ir bien, reflexionaba en aquel bar, si la nueva etapa empezaba con tamaña desconfianza e incomunicación entre ambos equipos, con ese mostrar silencioso de lo importante que era cada cual en un mundo virtual que nos alejaba de quienes deberían haberse convertido, desde ese mismo momento, en compañeros y compañeras del gran proyecto que necesitábamos para ganar un país.
Esa campaña estuvo así llena de desencuentros. Los actos se sucedían siempre cronometrando minutos, midiendo logos, repasando el orden de las escaletas para opacar al otro y pugnando por el más nimio de los detalles. Mientras, no se paraba de criticar al nuevo aliado. Estaba dirigida por un Íñigo Errejón que venía de una gran campaña en 2015, sí, pero que no creía precisamente en la unidad con IU. Así que tras las sonrisas, entre bambalinas, más que una alianza juramentada para ganar las elecciones lo que había era una disputa soterrada que tendría su guinda al inicio de la noche electoral. Recuerdo llegar y ser enseguida informado de que, de todo el espacio del Teatro Goya para seguir los resultados, se había reservado un esquina en lo alto, pequeña, separada del resto, para que nos ubicáramos la gente de IU-UP. Fue un adelanto de los despachos sin luz natural al llegar al Congreso, o de la última fila en la que ubicaron a nuestros diputados y diputadas en el Hemiciclo. Esto iba de pez grande comiendo a chico, puro capitalismo predador y patriarcal.
Como es sabido, la unión en aquellas elecciones apenas sumó, y una de las enseñanzas que me llevé es que las alianzas han de ser genuinas para funcionar. Toda campaña goza de un interlineado capaz de ser leído por la gente. Resulta imposible transmitir una ilusión veraz, la confianza en un equipo cohesionado de trabajo político, si ese equipo no está sintonizado y anda cada día a la gresca.
Hay quien correrá entonces a sacar la conclusión de que entonces es mejor no forzar una coalición entre gente que ya no se soporta. O que tampoco hay tiempo para construir algo válido, se alegará. Pero no es lo que voy a defender aquí. En parte porque la coalición ya está montada, Podemos tiene un peso menor, pero sustancial, y ahora todo esto ha de funcionar. Así que, aunque recortada brutalmente por el veto, la pluralidad sigue latiendo en Sumar. Si no impugnamos hoy esta vieja manera de hacer política, de atacar al débil con todo cuando se ve desguarnecido, solo hemos de esperar a que los antiguos rivales de ayer, ya miremos a la dupla Díaz-Errejón, o a las corrientes del propio errejonismo y de IU, hoy aliados circunstanciales ante el enemigo común, vuelvan pronto a las andadas entre sí. No deberíamos tampoco ceder a la tentación de entregarnos a un nuevo liderazgo para que ejerza como jueza suprema de toda disputa. A pesar del indudable avance que supone tener al fin a una mujer al frente del espacio, algunos hemos observado con desazón ciertas continuidades preocupantes como la exhibición de su rostro en las papeletas.
Seguramente las bases para una nueva cultura política en el espacio, más conectado con el Sol de 2011 que con el Vistalegre de 2014, tarden en llegar. Pero para conseguir avances imprescindibles en la buena dirección no se puede repetir lo de Sol en 2016, un escenario hoy agudizado por unas relaciones que se adivinan especialmente deterioradas.
Antes del próximo 19 de junio, cuando todavía se pueden integrar nombres a las listas, creo posible la reconciliación de las izquierdas. Eso, me temo, no saldrá de nuevas reuniones con el cuchillo entre los dientes con el ánimo de lograr más, más y más para sí mismos como organización a costa del resto, pues insisto: ¿puede haber algo más neoliberal que esta mentalidad? En su lugar, ¿por qué no convocar un encuentro para que los y las líderes de los diversos espacios, cuyas relaciones han quedado comprensiblemente dañadas tras años de relaciones internas tóxicas, militares y competitivas hasta el extremo, se reconcilien? Y que se digan lo que hayan de decirse, que asuman sus errores, sus actitudes despóticas a la interna, también sus aprendizajes y corajes, sus dificultades para sobrellevar las tensiones; y ojalá terminen con un abrazo. Es decir, una vez sacudida la presión por lograr el acuerdo, algunos nos preguntamos por qué no intentar algo tan humano, y al mismo tiempo tan político, como entenderse para transformar un país.
Más allá del prisma arendtiano desde el que quien me conoce sabe que escribo, la palabra, el perdón de aquellos asuntos que juzgamos como no imperdonables, la reconstrucción de vínculos humanos, la promesa y la libertad a la hora de reconstruir amistades han sido siempre parte central de lo político.
Habrá quienes al leer estas líneas quizá las tachen de ingenuas, e incluso de contraproducentes. Puede ser. Pero ni imaginan lo bien que les vendrá a cada cual esa paz reconciliatoria. En términos electorales los focos seguirían en Sumar, pero ahora ofreciendo un segundo impulso unitario, esperanzador, de cara al 23J. A este lo guiaría la buena política y no el reguero de reproches que ya suenan de manera atronadora, fruto de escaramuzas internas propias de las hermandades oligárquicas a lo Succession. Más aún, con toda la distancia que he mantenido con Podemos desde el minuto uno de 2014, pero desde el reconocimiento también de lo logrado, creo sinceramente que sería el broche que merecen como grupo tras todo lo sufrido. Lo que finalmente quedaría como relato, una vez despejada la hojarasca tuitera y televisiva de la inmediatez, sería insuperable. El impulso que nos daría para salir a las calles e inventar mil modos para obtener la victoria en las urnas, y con ello proteger y mejorar las vidas de las millones de personas que aspiran a representar, sería decisivo.
Una vez lograda esta reconciliación, con Irene Montero y con toda la gente que se reconoce en ese espacio reincorporadas a la batalla de todas las batallas en clave electoral, es entonces cuando habríamos de focalizarnos en la fase 3: la difusión de un proyecto de vida buena.
Ya los clásicos señalaban como el objetivo principal de la política al tratar de ir más allá de la mera supervivencia, aquello que Francia Márquez en nuestros días ha denominado desde Colombia como vida sabrosa. El pan y las rosas, se decía en el siglo XX. Y si nos fijamos en las rosas, en unos días de negociación marcados por las inquietantes noticias que llegaban sobre los límites planetarios sobrepasados, el derretimiento del Ártico o los incendios en Canadá, habría de ofrecerse de manera clara el giro biocéntrico que el gran reto de nuestro siglo XXI nos demanda.
Sobre la crisis ecosocial, el propio proyecto de Sumar tiene una propuesta excelente surgida de uno de sus grupos de deliberación que no merece quedar diluida ni guardada en un cajón. Conocemos desde hace décadas las medidas que, con coraje, habría que emprender para hacer de la vivienda un derecho real y no meramente nominal, de los empleos una actividad digna en espacios democratizados o del estudio un derecho humano sin barreras ni segregaciones de clase. Sabemos cómo habrían de gravarse los grandes ingresos y propiedades para repartir. También somos muy conscientes en todo el espacio de que una vida buena se tiene cuando se puede amar a quien se quiera sin que te abran la cabeza, cuando por ser mujer y/o una persona racializada una no se encuentra sometida día y noche a la ignominia, cuando une tiene la libertad de definirse a sí misme como desea sin perder el respeto de su comunidad.
Frente al ataque antidemocrático de los bulos, ante la demonización del adversario llevado por los medios oligárquicos, contra una derecha entregada al regreso de una España en blanco y negro, asfixiante y fascista, ofrezcamos deliberación y debate sustantivo, vayamos al fondo de los asuntos. Cuando el ser humano calma esa reacción emocional instintiva por la que una imagen o un eslogan malintencionado le llevan a activar sus miedos, iras u odios, casi siempre es posible dialogar. Y qué mejor que intentarlo llevados en volandas por las pasiones felices que se abren paso tras la reconciliación. Hablar sobre el derecho de toda mujer a consentir una relación sexual o el derecho de cualquier preso en una democracia a rehabilitarse. Asumiendo los aprendizajes para rectificar cuando se yerra. Pero vayamos un paso más allá de la defensa y preguntemos directamente por qué tipo de vida se quiere, la de los precios bajos para la vivienda o la de no llegar a fin de mes; la de los salarios mínimos cada vez más altos o la de la explotación laboral salvaje; la del asfalto, los atascos y los malos humos o la de una comunidad cercana, biodiversa y con aire limpio. La del amor en libertad o la del miedo, la culpa y el castigo de las viejas sotanas.
El último estadio de mi propuesta sería aún más ambicioso, casi de ese territorio del sueño del que salen siempre, ya lo decía Aristóteles, los proyectos de mejora de la polis. Se trataría de que esta reconciliación de las izquierdas y este foco en los proyectos de vida buena pusieran las bases de una nueva cultura política. Necesitamos dejar atrás los modos de comportamiento propios del capitalismo neoliberal. La renuncia al elitismo ha de ser clara, y de ahí la oportunidad que ha de darse a los sorteos, a las rotaciones periódicas, a las portavocías plurales, a las audiencias públicas casi cotidianas y a las asambleas deliberativas decisorias. Es desde el gobierno de los y las cualquiera como se combate la abstención de las clases populares. Y quien esté ya pensando de nuevo que menudo ingenuo estoy hecho, que eche la vista atrás, o que repase la última semana o cuente las cifras de afiliaciones de los últimos tiempos, y que me diga, por favor, cuáles han sido los éxitos organizativos del modo elitista, predador y competitivo de hacer política en el espacio.
Lo más bonito de las reconciliaciones no solo es que cesan las pesadillas donde los antiguos amigos te persiguen con saña, o que junto a la amistad recobrada, sin saber por qué, a la mínima se te humedecen los ojos. Casi lo mejor es que poco a poco vuelve la confianza en el ser humano, tan fundamental en toda política transformadora. Ayuda a comprender la complejidad de los cimientos humanos de la política, así como se afronta ya la nueva etapa con la madurez experiencial de haber roto todos los puentes en el pasado y saber que, de manera milagrosa, estos se han reconstruido. Será más difícil que se rompan, y será mucho más fácil que nos conduzcan a un mejor proyecto colectivo.
Un último consejo: no piensen ni sientan como oligarcas, renuncien también a encaramarse lejos de toda empatía en grandiosas estrategias. Anímense en cambio, por favor, a tratar de actuar a cada instante como demócratas, cuidando de quienes son diferentes pero aliados/as e imprescindibles en esta lucha por una vida digna, sabrosa, que millones anhelamos.
4. Otro réquiem por la izquierda española.
Emmanuel Rodríguez sigue insistiendo en el poco futuro que le ve a la izquierda española por falta de base.
Tras el 23J, la izquierda dejará de existir
Reducida a una estrecha capa política y a un pequeño ejército de opinadores, sostenida sobre la doble moneda de los cargos institucionales y la visibilidad mediática, la izquierda parece condenada a implosionar sobre sí misma
Emmanuel Rodríguez 11/06/2023
Ha habido algo demasiado bochornoso en las negociaciones por la “unidad de la izquierda”. No es una cuestión de prurito, o del clásico dandismo de aquellos que se quieren eternamente separados de tocar la realidad, siempre repleta de vileza y miseria humana. Lo que hay de bochorno no está, de hecho, en las negociaciones de la clase política reducida a su más elemental necesidad: el reparto de cargos. Pues a lo que hemos asistido no es más que a eso: a determinar quién y quién no estará en la lista de salida del 23 de julio. Lo que ha sido realmente bochornoso ha sido nuestra aceptación, cruda y simple, de que esto es la política, de que esto es sencillamente la política de izquierdas.
Se puede recapitular brevemente cómo hemos llegado hasta aquí. En el 15M, la clase política era toda ella sin excepción, una casta parasitaria, corrupta y separada del pueblo, del 99%. Los partidos eran todavía organizaciones burocráticas, que destruían su inteligencia interna y arruinaban las mejores voluntades de sus miembros. En 2015, se nos hizo la promesa de que un partido de jóvenes, impolutos de corrupción, podrían llevar a cabo un programa político para la gente. En ese tránsito, aceptamos que el proyecto ya no era modificar la estructura del Estado, reducir su capacidad represiva y su tendencia inevitable a la corrupción económica y moral, sino sencillamente llegar al gobierno. En 2019, esa promesa pareció cumplirse en asociación con la pata izquierda del bipartidismo, el PSOE. Y empezamos a convertirnos en espectadores de una película de acción de ritmo trepidante, hecha de declaraciones, ataques y contraataques de la “derecha” y leyes con grandes preámbulos, pero con resultados materiales extremadamente modestos.
En todo ese tránsito, hemos vuelto a aceptar la sustancia pasiva de la ciudadanía democrática. Nosotros en política somos lo que votamos. Nada más. Y votamos personalidades, proyecciones fantasmáticas de ideas que no somos capaces de ejercer políticamente en primera persona, esto es, en organizaciones, movimientos y conflictos. En democracia, no obstante, tenemos libertad, al menos para expresarnos en redes. Y eso es lo que hacemos, opinar, indignarnos, volver a opinar… Un círculo eterno de opinión, tan propio de la clase media como inútil a la hora de modificar la sustancia real de cualquier cosa que nos rodee. Puede que jamás haya existido un espacio político tan ingenuo como para actuar sobre la premisa de que ¡la opinión mueve el mundo!
Quizás el resultado de Sumar el 23 de julio resulte a muchos satisfactorio. Quizás se obtenga un 14% o incluso un 15 %, algo más que de lo que obtuvo la IU de Anguita en 1995. La pregunta es si respecto a mayo de 2011 y su crítica hemos avanzado algo, o solo hemos retrocedido cambiando actores y modificando nuestra “opinión” subjetiva sobre la cuestión de la política institucional.
Unas pocas cuestiones a modo de tesis:
1. La izquierda del PSOE ha quedado reducida a un grupo no muy grande de notables y otro más amplio de “opinadores” (que se mueve entre la figura del influencer político y el periodista profesional). Sobre estos mimbres, esta izquierda elabora sus posiciones políticas, establece su relación de fuerzas internas y actúa de cara al “resto de la sociedad”. Sobre estas bases, la izquierda ha quedado básicamente reducida a un campo de competencia interna por la visibilidad, que intercambia en forma de prestigio, capital simbólico y posiciones institucionales.
2. La izquierda del PSOE no tiene estructuras formales de decisión. Todo depende del carisma del líder de turno, así como de su capacidad de repartir cargos y visibilidad. Su forma de organización es por eso más parecida a la de los “señores de la guerra”, que a la de un partido democrático que todavía conserva el derecho a expresión de las minorías. En este sentido, poco importa que el señor sea Pablo Iglesias o una señora como Yolanda Díaz, Manuela Carmena o Ada Colau. Lo que importa es su carisma para aumentar el botín político en forma de votos y cargos institucionales. Sobre este campo de batalla cruzado entre múltiples jefes y banderías, que desde hace ya casi una década se empapa regularmente de sangre (y por lo tanto es constitutivo de esta izquierda), no hay posibilidad alguna de que la futura reforma de la izquierda no pase por un nuevo líder (o lideresa) carismático aupada por los medios y por las redes sociales. Ni dirección colegiada, ni organización democrática, ni mucho menos un sistema de contrapoderes sociales que sirvan de contrapeso, son concebibles dentro de este espacio político.
3. La izquierda del PSOE como espacio social carece de base real en términos de movimientos, organizaciones e instituciones populares, al menos en aquellos segmentos sociales que dice representar: los trabajadores, los precarios, los migrantes, la “gente”, etc. Carecer de “base social” implica varias cosas, que a aquellos a quienes te refieres y te debes, que supuestamente te “justifican”, no les importas, y muchas veces ni siquiera te votan. Por eso el gran partido obrero en España no es Sumar-Podemos, sino el PSOE, que supo heredar el capital político de la vieja izquierda, y convertir a estos segmentos en voto pasivo y cautivo.
No obstante, hay una consecuencia aún peor. En tanto reducida a la clase política y a un segmento de la opinión pública, la izquierda está separada (material y simbólicamente) de las clases sociales que dice representar. Y esto significa que ni conoce sus “problemas”, ni sabe hablarle con un lenguaje que le resulte inteligible. No hace falta insistir sobre el destino trágico de un espacio político tan autorreferencial.
De hecho, quizás la única ventaja de Yolanda Díaz sobre el resto de sus oponentes (como lo fue en su momento de Ada Colau a través de la PAH) es que guarda cierta relación orgánica con CC.OO. Aunque Comisiones sea más una suerte de paraministerio de relaciones laborales que un sindicato de base sostenido por sus afiliados, al menos, el cuerpo técnico y profesional de este sindicato ha permitido a Díaz orientarse con más tino que aquellos que solo disponen de su espejo en las redes sociales.
4. El futuro de esta izquierda es incierto. Reducida a una estrecha capa política y a un pequeño ejército de opinadores, sostenida sobre la doble moneda de los cargos institucionales y la visibilidad mediática, parece condenada a implosionar sobre sí misma. Su historia pasará con el tiempo político de la generación que la alumbró (la del 15M). Seguramente podrá sostenerse como un espacio político residual, lo que es extremadamente dudoso es que sirva como activador social de los conflictos por venir. Hemos vuelto a esa situación, tan conocida y en realidad tan típica, de la izquierda bloqueo.
5. La barbacoa, la barbacoa ♫♫♫
Así estamos…
Si ya tenía un comportamiento raro esta primavera, el Atlántico está dando un gran salto en las últimas semanas en sus anomalías de temperaturas superficiales. Tal comportamiento está dejando a la comunidad científica perpleja. ¿Qué está ocurriendo
Todo parece venir principalmente de un comportamiento anómalo de la circulación atmosférica del último mes. Observen las diferencias: El alisio ha estado muy debilitado.
Arriba a la izquierda vemos la situación típica que deberíamos tener en esta época. El alisio y el anticiclón de las Azores en su máximo esplendor. A la derecha lo que ha ocurrido. Vemos un debilitamiento de estos fenómenos, con lo que las aguas se calientan anómalamente.
Otra fuente de calentamiento anómalo viene del oeste de las Islas Británicas y sureste de Groenlandia, y que está asociado también a las mismas rarezas en el comportamiento de la circulación atmosférica.
Y como vemos en la primera gráfica de la esquina superior izquierda, estas anomalías están entrando de lleno en un territorio totalmente inexplorado.
Tuit fuente del gráfico: https://twitter.com/
6. Cine mudo.
A los ucranianos creo que se les está yendo un poco la olla con su propaganda. Para demostrar que Budanov está vivo, han publicado este vídeo: https://twitter.com/ (no subáis el volumen, es así)
7. Más sobre el amigo americano.
Otro ministro francés, en este caso el exprimer ministro Fillon, se despacha a gusto con los estadounidenses. Un fragmento de sus declaraciones:
«¿He encontrado injerencias extranjeras en mi vida política, y en particular cuando estaba en el Gobierno?
Sí, las he encontrado.
La mayoría de las veces procedían de un país amigo y aliado llamado Estados Unidos.
No estoy juzgando: su comisión está trabajando sobre las injerencias extranjeras. Le digo que, por ejemplo, fui escuchado con el Presidente Sarkozy durante 5 años por la NSA.
Nos enteramos cuando se filtraron documentos de los servicios secretos estadounidenses, y todo el mundo se centró en el hecho de que la NSA escuchaba a la señora Merkel, pero también escuchaban a todos los miembros del gobierno francés y probablemente a los de otros países europeos.»
El vídeo completo -en francés-:
Ingérences étrangères : audition de François Fillon, ancien Premier ministre – 2/05/2023
8. ¿Qué podría salir mal?
Mientras esperamos a ver cómo evoluciona el contraataque ucraniano, algunos en Washington ya se empiezan a poner nerviosos. Y no solo los F-16, algunos proponen !entregar a Ucrania armas nucleares!
«¿Puede Biden disuadir a Rusia de un ataque nuclear contra Ucrania? Sí, si da a Ucrania armas nucleares tácticas»
Can Biden Deter a Russia Nuclear Attack on Ukraine? Yes, if He Gives Ukraine Tactical Nukes
9. Estadísticas chihuahuas.
Ha causado bastante cachondeo un tuit de la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas. Según ella, sus estudiantes son los mejores del mundo en ciencia según el informe PISA https://twitter.com/ Lástima que para hacerlo haya tenido que eliminar a los que en realidad ocupan los dos primeros puestos, que son China y Singapur. https://twitter.com/CarlZha/ Naturalmente, inmediatamente ha circulado un meme muy conocido y muy apropiado, el de la celebración en el podium.
Fuente: https://twitter.com/SilingWu/