El cuento: Cuando hace treinta años dijeron que los Acuerdos de Oslo traerían la paz a Oriente Próximo, ¿se lo creyó? ¿Creyó que Israel se retiraría por fin de los territorios palestinos que había ocupado ilegalmente durante décadas, que acabaría su brutal represión del pueblo palestino y que permitiría la creación de un Estado Palestino? ¿Que por fin se cerraría la herida más duradera del mundo árabe y musulmán?
La realidad: Lo cierto es que, durante el tiempo que duró el proceso de Oslo, Israel robó más tierras palestinas y amplió la construcción de asentamientos judíos ilegales a mayor ritmo que nunca. La represión fue en aumento y se construyeron muros que aprisionaran Gaza y Cisjordania al tiempo que continuaba la ocupación agresiva. Ehud Barak, el primer ministro israelí de la época, “hizo saltar por los aires” -en palabras de uno de sus principales asesores- las negociaciones de Camp David en 2000, respaldadas por Estados Unidos. Semanas más tarde, con los territorios palestinos ocupados enfurecidos, el líder de la oposición Ariel Sharon, respaldado por 1.000 soldados israelíes, invadió la mezquita de Al Aqsa de Jerusalén ocupada, uno de los lugares más sagrados del mundo para los musulmanes. Fue la gota que colmó el vaso, al desencadenar un levantamiento de los palestinos que Israel aplastaría con una fuerza militar devastadora e inclinaría así la balanza del apoyo popular de los dirigentes laicos de Al Fatah hacia el grupo de resistencia islámica Hamás. Además el trato cada vez más abusivo de Israel a los palestinos y su toma gradual de [la mezquita de] al-Aqsa -respaldada por Occidente- sólo sirvió para radicalizar aún más al grupo yihadista al-Qaeda, proporcionando la justificación pública para atacar las Torres Gemelas de Nueva York en 2001.
Jonathan Cook (enero de 2025) Continuar leyendo «(Página herida) Llamamiento para la reconstrucción unitaria de la izquierda (I)»