Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos (con una nota del profesor emérito Miguel Candel).
Espero que alguna vez alguien señale cuál es el factor determinante, si la guerra económica del imperialismo o la política interna; no pueden ser las dos determinantes a la vez, aunque los dos factores existan. Esa es la primera cuestión. Si se decide que es el imperialismo, entonces tenemos que considerar cómo esa guerra económica ha condicionado y qué margen de actuación quedaba en la política interior. Si se decide que es la política interior la determinante, el imperialismo queda como factor externo de la caída de un árbol supuestamente podrido.
En mi opinión es lo primero y no podemos juzgar la política interior sin considerar el margen de acción real y menos a partir de un modelo prefijado de revolución. Cada revolución es singular e irrepetible y no surge de la “teoría” (sobre todo de la teoría fundada en modelos) sino de la realidad.
Nunca he pensado que la “revolución bolivariana” fuese una revolución socialista; me parece que se trata de una revolución nacional-popular con un agente protagonista que es el PSUV. En eso estoy a medias de acuerdo con Roberts; a medias porque Roberts dice lo que no es porque tiene un modelo que le marca lo que es y yo digo que es otra cosa que puede o podría llegar a ser socialista (nada está escrito, nada es indefectible)
La guerra económica estaba dejando a Venezuela al borde de la catástrofe. La nueva política económica de los últimos años alejó a Venezuela de la catástrofe; examinémosla y no le colguemos adjetivos y ya está. ¿Os acordáis del debate cubano sobre los incentivos morales y los materiales? ¿Cuántas veces se ha acusado a Castro de traidor, sobre todo desde el heterogéneo movimiento trotskista?
La inducción al golpe fracasó, la inducción al levantamiento de las guarimbas de 2018 fracasó, la guerra económica no acababa de funcionar, así que Trump ha dado un paso más: el secuestro de Maduro y la amenaza militar sobre Venezuela.
Ese es mi visión de la situación. No la de la famosa formula de revolución-contrarrevolución. El PSUV, el gobierno venezolano se ha visto obligado a dar pasos atrás. No uno, quizás cuatro o cinco. ¿Hay otra? Incluso los críticos desde la izquierda reconocen que no tienen fuerza alternativa, que supone que no tienen proyecto; aunque culpan a de lo que consideran la desmovilización de las masas a la política del “madurismo” sin mirarse en el espejo y no acertar porque las masas no les apoyan a ellos.
Para condenar la gestión económica del madurismo en estos últimos años hay que dar todos los datos de la curva, no un punto de la gráfica. Para condenar la respuesta a la agresión de Trump, que es también una amenaza de agresión mayor, habrá que ver cual es todo el resultado de esa respuesta.
Nota de Miguel Candel
Hablando de críticas de izquierda al chavismo, recuerdo una bastante razonable (creo) que leí hace mucho tiempo (todavía con Chávez): no nacionalizaron el comercio exterior (para lo que no hacía falta expropiar nada), con lo que las empresas privadas que hacían importaciones y que, por tanto, necesitaban dólares, acudían al ministerio correspondiente para comprarlos al cambio oficial, pero pedían más de los necesarios y se quedaban con la diferencia para especular. Suma y sigue.
En las revoluciones pasa como en los ríos: no avanzar es retroceder y a menudo no se puede avanzar, porque el contrario también «juega» (cosa que en fútbol olvidan muchos hinchas).