Traducido del neerlandés por el autor para rebelión.
Ucrania sangra, Rusia resiste y Europa paga la factura. Tras cuatro años de guerra, se impone una pregunta: ¿continuar con la locura bélica o encontrar el valor para buscar la paz?
De invasión rápida a guerra sin fin
El 24 de febrero de 2022 Vladimir Putin dio la orden de invadir Ucrania. Rusia quizá esperaba una victoria rápida; pero esta no llegó, en parte debido a la fuerte resistencia de Ucrania, que Moscú había subestimado claramente.
En la fase inicial de la guerra hubo oportunidades reales para entablar negociaciones de paz. Según el ex primer ministro israelí Naftali Bennett, esos intentos fueron, sin embargo, obstaculizados activamente por Estados Unidos y Gran Bretaña. El ex secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, declaró sin rodeos que el objetivo era “debilitar a Rusia”.
Ucrania se utilizó para eliminar o debilitar a un adversario estratégico sin tener que enviar tropas propias. A partir de ese momento, la guerra pasó de ser un conflicto sobre territorio ucraniano a un proyecto geopolítico.
Debido a la fuerte injerencia de la OTAN, lo que comenzó como un conflicto entre dos países vecinos se transformó en una guerra por delegación. Ucrania actúa trágicamente como carne de cañón para los intereses estratégicos de Occidente.
Occidente suministró masivamente armas pesadas e impuso durísimas sanciones económicas. Se paralizó el comercio, se cortaron los vínculos energéticos y se congelaron los activos rusos en el extranjero. Había que poner de rodillas a la economía rusa, pero no ocurrió.
Rusia ha transformado con éxito su economía en un eficiente sistema de producción de guerra y encontró salidas para su comercio a través de rutas alternativas, lo que no significa que Rusia no haya experimentado una fuerte presión, pero la estrategia de ruptura económica total no dio el resultado deseado. Moscú resistió y continuó la guerra.
Se convirtió en una guerra total de desgaste. Las líneas del frente apenas se movían, pero cada mes traía nuevas muertes. En ambos bandos se acumularon las pérdidas. Según estimaciones, 1,2 millones de militares rusos y casi 600.000 soldados ucranianos han muerto o resultado heridos. Europa vive así su guerra más mortífera desde la Segunda Guerra Mundial.
La guerra fue más intensa que nunca el año pasado. En 2025 Rusia lanzó más de 54.000 drones, cinco veces más que el año anterior. Debido a la escasez de misiles de defensa aérea, impactaron más proyectiles y el número de civiles muertos aumentó un 30%.
Recientes ataques con misiles hipersónicos Oreshnik, que apenas se pueden interceptar, paralizaron la capital durante días. La vida cotidiana está marcada por cortes de electricidad y agua, frío extremo y una amenaza constante. Las pérdidas también son enormes del lado ruso; Moscú paga un alto precio por unas limitadas ganancias territoriales.
Un alto precio
Ucrania paga el precio más alto en esta guerra. Las ciudades están en ruinas y millones de personas han sido desplazadas, tanto dentro como fuera del país. La infraestructura está destruida y la economía, desarticulada. El país se mantiene en pie gracias al apoyo extranjero; sin esa ayuda se derrumbaría la base social, económica y militar.
La situación tampoco se ve bien en el plano militar. Desde el segundo mandato de Trump ha desaparecido por completo el apoyo financiero de Estados Unidos. Otros aliados, como la UE y Canadá, intentan compensarlo, pero el total de la ayuda militar comprometida ha descendido al nivel más bajo desde el inicio de la invasión.
Aunque el ejército ruso tiene dificultades con operaciones complejas, Putin dispone de superioridad numérica. Kiev, además, se enfrenta a una grave escasez de efectivos y deserciones. Si no cambian las cosas, existe la amenaza de que haya un escenario similar al de la Primera Guerra Mundial, en el que las líneas defensivas pueden colapsar repentinamente.
Las encuestas entre la población muestran un sentimiento ambivalente. Una mayoría de la población ucraniana quiere resistir, pero el 72% aceptaría un plan de paz que congele la línea actual del frente, siempre que existan garantías de seguridad y no se reconozca oficialmente el territorio ocupado.
Del lado ruso la situación no es sencilla, pero sí mejor que la de Ucrania. A pesar de las grandes pérdidas, Putin todavía puede contar con un apoyo considerable entre su población. Parece surtir efecto la propaganda de Putin, que apela a la restauración del poder de Rusia. Además, el Kremlin intenta ocultar en la medida de lo posible los verdaderos costos de la guerra, como el número de bajas.
Desde el inicio de la invasión su índice de aprobación se ha mantenido constantemente por encima del 80%, aunque se deben considerar con la debida cautela las encuestas en un sistema político de ese tipo. No obstante, puede asumirse que Putin cuenta con un frente interno relativamente estable.
Debido a las sanciones y a los grandes esfuerzos bélicos, la economía rusa no lo tiene fácil pero, en cualquier caso, no se puede hablar de una caída libre. El Banco Mundial prevé para 2026 un crecimiento de algo más del 1%, al igual que en 2025. A medio plazo, sin embargo, existe la amenaza de estancamiento y daños duraderos.
La Unión Europea tampoco sale ilesa. Mientras la industria armamentística registra beneficios récord, el resto de la UE afronta las consecuencias de la política de confrontación. Se han disparado los costos energéticos debido a las sanciones, lo que socava fundamentalmente la competitividad de las empresas europeas. Hemos intercambiado nuestra energía relativamente barata de Rusia por el carísimo gas natural licuado (GNL) procedente de Estados Unidos. Hemos pasado así de una dependencia a otra. Además, Europa se queda con los costos desorbitados de una guerra que no puede ganar y que ayudó a prolongar.
Salida
Putin persigue en este momento dos grandes objetivos. En primer lugar, mantener a Ucrania fuera de la OTAN. Esa es una línea roja estratégica y un motor detrás de la lógica de desgaste. En segundo lugar, un “gran acuerdo” con Estados Unidos. Quiere cerrar un gran pacto por valor de cientos de miles de millones de dólares sobre la explotación de petróleo y metales raros, entre otras cosas. Europa se queda al margen y observa impotente.
Para mantener abierto el margen de negociación con Estados Unidos, Moscú evita por ahora una escalada extrema. La guerra no se resuelve, sino que se gestiona, mientras Rusia apuesta por el tiempo y la superioridad numérica.
Una posible salida es el «escenario coreano«, que significaría no una paz real, sino un conflicto congelado. La actual línea de frente se convertiría entonces en una línea de demarcación. Ambas partes se retirarían algunos kilómetros para formar una zona desmilitarizada de amortiguación. Las garantías de seguridad deberían impedir una nueva escalada. No es en sí misma, una solución “justa”, pero en una guerra sin un escenario realista de victoria, puede ser una manera de detener el derramamiento de sangre.
Europa en una encrucijada
Al seguir dócilmente a Estados Unidos, Europa dejó de construir una estructura de seguridad equilibrada en la que Rusia también pudiera tener un lugar tras la caída de la Unión Soviética. Ahora que está siendo abandonada por Washington, surge una oportunidad histórica de seguir un rumbo propio e independiente.
Europa se enfrenta así a una elección histórica. Trump y el complejo militar-industrial impulsan la militarización del continente europeo. Por ahora obtienen eco: la mayoría de los líderes europeos siguen apostando por la dura política de confrontación con Moscú, mientras que Washington ya la ha dejado de lado.
Ese camino de guerra no hará sino aumentar las tensiones en el continente europeo y, además, socava nuestra prosperidad. Los esfuerzos bélicos previstos costarán a los países europeos cientos de miles de millones de euros, en detrimento de las pensiones, la sanidad, la educación y la transición ecológica de la economía.
¿Será Europa finalmente capaz de seguir un rumbo propio e independiente al margen de Estados Unidos y elegir la prosperidad y una estructura de seguridad equilibrada en el continente, o nos dejaremos arrastrar por la fiebre de guerra? La respuesta a esta pregunta es crucial para el futuro que nos espera.
Marc Vandepitte es miembro de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad (REDH).
Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/02/24/vier-jaar-oorlog-in-oekraine-miljoenen-slachtoffers-maar-wapenindustrie-viert-feest
https://rebelion.org/cuatro-anos-de-guerra-en-ucrania-millones-de-victimas-pero-una-fiesta-para-la-industria-armamentistica/