CTXT, 30/01/2026. “La transformación de la agricultura en el sur peninsular se ha producido importando la tecnología militar y la lógica colonial israelí.”
Si habláramos con las abuelas y abuelos del campo de Cartagena, de Almería o de Huelva y les preguntáramos sobre la agricultura de su tierra, tendríamos más o menos las mismas reflexiones –en los últimos sesenta años, todo ha cambiado mucho. La agricultura que ellas conocieron, la de los cultivos de secano y lluvia, de espera y sol, para comer y dar de comer a familia y pueblo, ya no existe–. Después del trasvase, llegaron los ingenieros, y se impuso el cultivo bajo plástico y los riegos automatizados gota a gota, con mangueras también de plástico. Para sacar adelante la producción de lechugas y pimientos; de pepinos, calabacines y tomates; y de frutos rojos, mayormente todo para exportar. Llegó mano de obra barata de otros países. Antes éramos el campo, ahora, nos dicen, somos el sector agroalimentario: motor económico, empleo y sostenibilidad.
Efectivamente, toda esta transformación, leo, arrancó en 1970, cuando un técnico israelí propuso a los dueños de una finca en Vícar, Almería, que replicaran el invento que un colega suyo, el ingeniero Simja Blass, acababa de desarrollar: el riego por goteo. No era su único ‘invento’. Como la máquina para plantar trigo, el planeamiento del primer acueducto moderno en el Valle del Jordán y la primera tubería de agua hacia el desierto del Naqab, toda esta tecnología no era neutral. Fue clave para el colonialismo de asentamiento que consolidó el Estado de Israel, avanzando y ocupando un territorio que no les pertenecía, asesinando, expulsando y marginando a la población local. No es de extrañar, entonces, que en 1965 Blass eligiera uno de los icónicos modelos de colonización, el kibutz Hatzerim, para aplicar la tecnología del riego localizado. Animado por los buenos resultados, fundó Netafim Irrigation Company. Con este invento se regó también un imaginario que, como explica la radio sionista en español, Radio Jai, hizo fortuna “pues permitió que el desierto floreciera”, como si antes allí no existiera ni vida ni población.
La masiva transformación hortícola del sur peninsular le debe mucho, precisamente, a la pionera Netafim que, según varias fuentes, llegó al Estado español de la mano del Marqués de Griñón, Carlos Falcó, que, sabiendo de este invento por su relación con la familia Rothschild (gran impulsora del sionismo y conocida por sus inversiones a finales del siglo XIX para apropiarse de tierras en Palestina, la financiación del establecimiento de colonias judías, así como el desarrollo de la agricultura y la industria en esas tierras), facilitó en 1989 la creación de una filial en España, la empresa Regaber, que hoy forma parte del grupo industrial MatHolding.
El informe de la relatora de las Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, tomando como fuentes el documento “Agribusiness as Usual”, señala a Netafim en tanto ha facilitado y facilita con sus herramientas de regadío el avance y la consolidación de asentamientos ilegales permitiendo cultivos de limones, viñedos, sandías o, más recientemente, los controvertidos cultivos de agave azul. Esta planta originaria de México, con la que se elabora el tequila, se está implantando en el desierto del Naqab y, como denuncia la organización GRAIN, su cultivo “requiere de un uso intensivo del agua y ha desplazado a los cultivos tradicionales de los beduinos, adaptados al clima árido de la región durante siglos”, todo ello en favor de ‘negocios del alcohol’.
Pero además, Netafim avanza de la mano de acuerdos con las tecnologías militares del genocidio. Esta estrecha colaboración entre la industria agraria y militar se ha visto en más ocasiones. En este caso, el informe de Albanese hace referencia a los acuerdos de Netafim con mPrest Systems para adaptar su software cazamisiles conocido como Cúpula de Hierro, a un software de inteligencia artificial denominado GrowSphere que, vía sensores y satélites, permite a los agricultores desde su móvil detectar al instante las necesidades de agua y fertilizantes de sus cultivos. Cultivar se convierte en una operación táctica-militar.
Loando el trabajo de Blass, Radio Jai afirma que “el sionismo fue el motor principal de la mayoría de sus actividades”. Es sencillo casar el interés de enriquecimiento de cualquier empresa capitalista con el interés de expansión de cualquier propósito político colonizador, y viceversa. Por eso, volviendo a nuestros territorios, ¿cuánto tiene la modernización de colonización?