“John Berger y la pérdida de la cultura rural” por Javier Morales

El País, 2/1/2026. “Resulta paradójico que los pequeños agricultores consideren a los ecologistas como sus enemigos.”

Hoy hace nueve años que nos dejó el escritor y crítico británico John Berger. En 2026, además, se celebra el centenario de su nacimiento, el de uno de los intelectuales más originales, comprometidos e influyentes de la segunda mitad del siglo XX y de los inicios del XXI. Después de una carrera exitosa como crítico de arte y pintor, en el Londres de la posguerra, decidió abandonar su país y recaló en Quincy, un pequeño pueblo de los Alpes franceses, muy cerca de Ginebra, ciudad en la que está enterrado Borges y por quien Berger sentía una gran admiración, a pesar de estar en las antípodas ideológicas. Había abandonado la pintura para dedicarse íntegramente a la escritura, una escritura híbrida, sin fronteras, como el mundo que imaginaba. De hecho, la emigración fue uno de los temas que recorren su obra, en la que cohabitan varios géneros, desde el cuento a la novela, el guion cinematográfico (trabajó con Alain Tanner), la poesía o el ensayo, por separado o dentro de un mismo libro, como en Puerca tierra, el primer volumen libro de su Trilogía de las Fatigas. “Otros se fatigaron/y vosotros os aprovecháis de sus fatigas”. Esta cita del Evangelio de San Juan abre el libro y conviene recordarla ahora que estamos en épocas navideñas. El autor de Modos de verG (Ganador del Booker Prize), Una vez en Europa o Lila y Flag fue un marxista muy heterodoxo, con los pies en la tierra pero con un sentido de la trascendencia.

John Berger escribió los relatos de Puerca tierra en Quincy, entre 1974 y 1978, muy pegado a la vida de los campesinos con los que compartía la vida desde hacía años. No era un turista de lo rural, un concepto que entonces no existía, sino alguien empeñado en contar la historia de una clase, el campesinado, que estaba a punto de desaparecer. En el texto Una explicación, incluido en el libro, nos dice: “No soy campesino. Soy escritor: mi escritura es al mismo tiempo un vínculo y una barrera”. No se mentía a sí mismo. A pesar de que echaba un montón de horas en el campo, de que la casa donde vivía (con Beverly, su mujer, y su hijo Yves) era de uno de los vecinos, de que su compromiso con la tierra no era un pasatiempo sino un modo de vida, un lugar a donde había ido a aprender y no a enseñar, a pesar de todo eso Berger siempre tuvo claro que era un privilegiado, que él podía marcharse en cualquier momento.

En este volumen de cuentos, que finaliza con un ensayo revelador, aún más vigente tantas décadas después de ser escrito, John Berger señaló que puede haber agricultura sin campesinos, mundo rural sin personas. “En Europa Occidental, si los planes salen conforme fueron previstos por los economistas, en 25 años no quedarán campesinos”, escribió. Palabras visionarias que nos hablan también de la España actual, donde se ha impuesto el agronegocio y la agricultura intensiva e industrializada. El modo de vivir campesino no tenía que ver solo con la producción de alimentos, sino con una manera de relacionarse con el entorno, con una cultura que hoy se ha perdido. “La vida campesina es una vida dedicada por entero a la supervivencia”, afirmó Berger. “Despachar la experiencia campesina como algo que pertenece al pasado y es irrelevante para la vida moderna; imaginar que los miles de años de cultura campesina no dejan una herencia para el futuro, sencillamente porque esta casi nunca ha tomado la forma de objetos perdurables; seguir manteniendo, como se ha mantenido durante siglos, que es algo marginal a la civilización; todo ello es negar el valor de demasiada historia y demasiadas vidas. No se puede tachar una parte de la historia como el que traza una raya sobre una cuenta saldada”. La pérdida de la cultura rural es tan relevante como la quema de la Biblioteca de Alejandría, remataría años más tarde el escritor extremeño Luis Landero.

No obstante, a pesar de los augurios, sostiene Berger, el campesinado ha sido más resiliente de lo que se pensaba. “El campesino ha sobrevivido más tiempo del que le habían pronosticado. Pero durante los últimos 20 años, el capital monopolista, mediante sus empresas multinacionales, ha creado una nueva estructura rentable, la agrobusiness, por medio de la cual controla el mercado, aunque no necesariamente la producción, y el procesado, empaquetado y todo tipo de productos alimenticios”.

Hoy, el campo en Europa está en manos de grandes propietarios. La política agraria común ha favorecido la agricultura industrial e intensiva, en contra de los pequeños productores, que cada vez ven más reducidos sus márgenes de beneficio. La aireada firma del acuerdo con Mercosur es un paso más hacia esa deslocalización de la agricultura que necesitamos, que debería atender el consumo de cercanía y no estar planificada para la exportación y que solo favorece a las grandes empresas. Aunque aún muy limitados (aun se permite el uso del glisofato, por ejemplo, un potente herbicida que causa estragos en la naturaleza, también la humana), los pequeños avances que se habían aprobado en la Agenda Verde para limitar el uso de pesticidas y productos fitosanitarios han saltado por los aires con la nueva ola reaccionaria que recorre el mundo. Una tierra más contaminada es una tierra menos fértil, con menos biodiversidad y más amenazas para los cultivos.

En este sentido, resulta paradójico que los pequeños agricultores consideren a los ecologistas como sus enemigos, cuando la única agricultura viable en términos biofísicos y económicos es la agricultura ecológica y regenerativa. Que no vean una amenaza para su supervivencia la emergencia climática. ¿Cómo cultivar la tierra en un mundo donde pueden desaparecer las estaciones, cuando mirar al cielo en busca de una respuesta puede convertirse en un recuerdo del pasado? Puerca tierra.

Javier Morales es escritor, periodista y profesor de escritura creativa. Su nuevo libro, Mientras quede una rosa. Miradas de John Berger (Editorial Cuatro Lunas), llegará a las librerías en febrero.

https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2026-01-02/john-berger-y-la-perdida-de-la-cultura-rural.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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