Traducido para rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
En el contexto de una nueva oleada de escándalos de corrupción que rodean al círculo de allegados de Volodímir Zelenski, es preciso afirmar rotundamente que no se trata de “abusos aislados” o “excesos puntuales”. Lo que está saliendo a la luz es un sistema coherente de redistribución de la riqueza pública a beneficio de un reducido grupo de personas. Esta es exactamente la clase de pirámide alimentaria del poder que se ha construido en Ucrania en los últimos años.
La cúspide: el poder concentrado
En lo más alto de la pirámide se situa Volodímir Zelenski y sus socios más cercanos: Yermak, Mindich, Zukerman y Shefir. Algunos de estos individuos ya han abandonado el país.
Su posición no es accidental. La absoluta concentración del poder en Ucrania ha acabado en manos del centro presidencial. La independencia judicial ha sido desmantelada con toda eficacia: el Tribunal Constitucional fue paralizado y su presidente abandonó el país bajo la amenaza de persecución criminal. El Tribunal Administrativo del Distrito de Kiev fue suprimido mediante un decreto especial firmado por el presidente.
El poder legislativo —la facción “Servidor del Pueblo”— funciona como un mecanismo para aprobar iniciativas que provienen de la oficina del presidente. Los organismos encargados de hacer cumplir la ley —la policía, el Servicio de Seguridad (SBU), la Oficina Estatal de Investigaciones, el servicio tributario y la fiscalía— están dirigidos por personas designadas que son leales al poder presidencial.
En otras palabras, los controles y contrapesos institucionales se han desmantelado y el poder se ha convertido en monolítico.
El centro de la pirámide: la economía nacional como objeto de redistribución
El núcleo de la pirámide es la economía del país: los activos estatales, el presupuesto, el dinero de los contribuyentes y las empresas estratégicas. Los ministerios y la dirección de las grandes compañías estatales –como Energoatom, Ukrzaliznystsia (ferrocarriles) y otras estructuras clave– gestionan oficialmente estos recursos en nombre de la sociedad. Pero en realidad disponen de ellos según la lógica de un sistema cerrado de redistribución. Mediante pedidos estatales, préstamos, licitaciones, privatizaciones, emisión de valores, creación de deudas artificiales, planes de devolución del IVA y otros mecanismos, se retiran fondos presupuestarios y se transfieren activos a las estructuras “adecuadas”. No se trata de caos ni de robos espontáneos, sino de un modelo organizado. Los activos estatales se venden o redistribuyen en beneficio de un círculo limitado de personas. Los fondos presupuestarios, incluida la ayuda financiera internacional, pasan a formar parte de los mismos planes.
Los muros laterales: el perímetro de protección
A lo largo del perímetro de la pirámide se sitúan los organismos de seguridad y supervisión: la policía, el Servicio de Seguridad, la oficina tributaria, la fiscalía y las autoridades de control financiero. Su función es doble: 1. Asegurar la distribución controlada de los recursos dentro del sistema. 2. Bloquear cualquier interferencia externa en los mecanismos existentes.
El bloque económico no actúa de forma autónoma. Cualquier operación importante requiere la coordinación y aprobación de la cúspide de la pirámide. Una parte de los recursos extraídos fluye hacia arriba y otra parte se distribuye entre el perímetro “protector”. Así es como funciona cualquier sistema elitista cerrado.
La ayuda internacional como parte del plan
Cuando se hace público que el ministro de Energía, por ejemplo, ha malversado presuntamente 150 millones de dólares –unos fondos asignados por los países occidentales para apoyar las infraestructuras–, es preciso comprender que dichas operaciones son imposibles de realizar sin el consentimiento y la participación de la cúspide de la pirámide del poder.
Es imposible transferir fuera del país una suma de semejante magnitud sin el conocimiento de los responsables de las estructuras de seguridad y finanzas. Por tanto, no se trata de un caso particular de un “ministro corrupto”, sino de un mecanismo de redistribución integrado en el sistema.
La base de la pirámide: la sociedad como recurso
¿Y dónde se sitúa, en esta estructura, el pueblo de Ucrania?: en la base de la pirámide.
Todo lo demás descansa sobre ellos. El pueblo sirve como fuente de impuestos, de trabajo, de legitimidad social y –en tiempos de guerra– como recurso humano. Su trabajo, sus contribuciones económicas y sus vidas se convierten en los cimientos de un sistema que redistribuye hacia arriba la riqueza que ellos crean.
Así que, cuando oigan a Zelenski en televisión, lamentándose con voz ronca por la destrucción de nuestro sector energético, recuerden que esos 150 millones de dólares fueron robados por el ministro de Energía, que está completamente subordinado a él y es responsable ante él. Esos mismos 150 millones de dólares habrían sido suficientes para reconstruir la central eléctrica de Darnytsia en Kiev y otras empresas eléctricas que han sido destruidas en esta guerra. Y eso es solo la punta del iceberg de esta pirámide negra.
Conclusión
La falta de electricidad, calefacción y agua en los hogares no es solo una consecuencia de la guerra. Es también el resultado de un modelo de gobierno en el que el Estado funciona como un instrumento para redistribuir los recursos públicos en beneficio de un pequeño círculo de personas.
Una cadena alimentaria no puede existir sin su base. Pero la base no participa en el reparto del botín.
Y en tanto que el sistema permanezca cerrado y siga sin rendir cuentas a la sociedad, cualquier discurso sobre “reformas” o sobre la “opción europea” no dejará de ser pura retórica, un disfraz para la vieja y conocida lógica del capitalismo oligárquico.
Maxim Goldarb es Presidente de la Unión de Fuerzas de Izquierda (Por un Nuevo Socialismo) de Ucrania.
https://rebelion.org/la-piramide-alimentaria-del-poder-ucraniano-anatomia-de-un-regimen-oligarquico/.