Conversación entre Carlos Valmaseda y José Luis Martín Ramos

Más sobre Afganistán. Una conversación entre los dos compañeros de Espai Marx.

Carlos Valmaseda [CV]: A través del rojiverde Ian Angus he llegado a este artículo de Nancy Lindisfarne y Jonathan Neale. A mi juicio son muy duros con los soviéticos y los comunistas afganos, pero dan pistas muy interesantes sobre el conflicto y las perspectivas de futuro: https://annebonnypirate.org/2021/08/17/afghanistan-the-end-of-the-occupation/

José Luis Martín Ramos [JLMR]: Ya lo leí. No es que sea duro con los comunistas y los soviéticos, es que es entre falso e inexacto. La rebelión islamista se inició en el Norte en 1975, no contra los comunistas sino contra la República. No hay primero una guerra entre comunistas e islamistas y luego entre soviéticos e islamistas. No hay invasión soviética, y antes de la intervención soviética, pedida por la mayoría de los comunistas afganos en diciembre de 1978, ante el asesinato de Taraki por Amin, Carter decide en abril de 1978 intervenir en Afganistan, conjuntamente con Pakistán, convirtiendo a las bandas mujaidines, que no están ganando la guerra, en grupos militares cada vez más potentes, que se benefician eso sí del mundo rural, muy apegado a su interpretación del islam, y de los errores voluntaristas del gobierno de Taraki sobre la reforma agraria, etc, etc.
No sigo porque repetiría lo que yo ya os he escrito; veo que estos rojiverdes están muy apegados al relato “occidental” sobre la historia afgana. También al mito de que los soviéticos salieron derrotados. Y, por cierto, para no haber gobierno, el de Najibulá siguió plantando cara a los mujaidines, y derrotándolos en combates importantes, como la de Jalalabad en 1989, tras la retirada soviética; El gobierno de Najibulá perdió el control cuando  el general uzbeco Dostum cambió de bando en 1992 y se unió a la coalición islamo-pakistaní (financiada y armada por EEUU) y atacó Kabul. La historia hay que explicarla con fechas, y con las fechas bien puesta.
Por cierto lo que dice de las mujeres comunistas es una infamia miserable.

SLA: ¿Qué dice sobre las mujeres comunistas?

CV: Pues básicamente lo que te traduzco en estos párrafos:
«Cuando vivíamos en Afganistán, a principios de los 70, los comunistas eran las mejores personas. Les guiaban tres pasiones. Querían desarrollar el país. Querían romper el poder de los grandes terratenientes y compartir la tierra. Y querían la igualdad para las mujeres.
Pero en 1978 los comunistas tomaron el poder en un golpe militar, dirigido por oficiales progresistas. No habían ganado el apoyo político de la mayoría de los aldeanos, en un país abrumadoramente rural. El resultado fue que de la única manera que pudieron tratar con la resistencia islamista fue el arresto, la tortura y el bombardeo. Cuantas más crueldades de este tipo cometía el ejército dirigido por los comunistas, más crecía la revuelta.
Entonces la Unión Soviética invadió para apoyar a los comunistas. El arma principal fue el bombardeo desde el aire, y grandes partes del país se convirtieron en zonas de tiro libre. Entre medio millón y un millón de afganos fueron asesinados. Al menos otro millón fue mutilado de por vida. Entre seis y ocho millones se vieron forzados al exilio en Irán y Pakistán, y aún más millones se convirtieron en refugiados internos. Todo esto en un país de solo veinticinco millones de personas.
Cuando llegaron al poder, la primera cosa que intentaron hacer los comunistas fue la reforma agraria y la legislación sobre los derechos de las mujeres. Cuando invadieron los rusos, la mayor parte de los comunistas se pusieron de su lado. Muchos de esos comunistas eran mujeres. El resultado fue manchar el nombre del feminismo con el apoyo a la tortura y la masacre.»
Hay algún párrafo más, pero creo que queda claro el mensaje. Entiendo la crítica de José Luis, basada en la explicación histórica que nos ha ido recordando estos días.
A mí me parece también una visión muy reduccionista de la historia, pero me gusta la parte en la que explican el arraigo popular, si no absoluto, si suficiente, de los talibán.
SLA. Os copio un artículo de una periodista de la CLAE: Isabella Arria: “El adiós a Afganistán, los talibanes y el retorno del fantasma de Vietnam”. Me sorprende esto: “Tanto el Talibán como Al Qaeda fueron fundados por antiguos combatientes fundamentalistas que recibieron el respaldo, el financiamiento y el armamento de EEUU y de Arabia Saudita para enfrentar la invasión soviética que tuvo lugar en los años 70 y 80 del siglo pasado. La destrucción de la República Democrática de Afganistán, respaldada desde Moscú, y la formación de un régimen integrista radical, fue obra de facciones impulsadas por la Casa Blanca y por Arabia Saudita.

CV: Sin que sirva de ‘desagravio’, señalar que los autores plantean una crítica muy similar sobre la intervención occidental:
«La expresión más indignante de la islamofobia feminista se produjo al cabo de poco más de un mes del inicio de la guerra. Una guerra de venganza tremendamente desigual no queda muy bien ante los ojos del mundo, así que mejor hacer algo que parezca virtuoso. Justo antes de las vacaciones de Acción de Gracias, el 17 de noviembre de 2001, Laura Bush, la mujer del presidente, se lamentó en voz alta por los apuros de las mujeres afganas cubiertas con un velo. Cherie Blair, al mujer de primer ministro británico se hizo eco de estos sentimientos unos pocos días después. Las esposas de poderosos belicistas usaron todo el peso del paradigma orientalista para echar la culpa a las víctimas y justificar una guerra contra uno de los pueblos más pobres de la Tierra. Y ‘Salvar a la mujer afgana’ se convirtió en el lema persistente de muchas feministas liberales para justificar la guerra americana».
Quiero entender que los autores indican algo que yo comparto, que justificar la intervención basándose en la defensa de las mujeres afganas no funciona, porque hay otros factores que son más importantes. Entre otros, que esas mismas mujeres afganas ven como mientras tanto se bombardea a sus familias y a ellas mismas. Señalan también, por cierto, que «el sexismo talibán no es un producto automático de la tradición afgana».
Recordar, por último que Nancy Lindisfarne, una de las autoras del artículo, hizo un extenso trabajo de campo en Afganistán a principios de los años 70, entrevistando a numerosos hombres y mujeres. El resultado es la obra Bartered Brides: Politics and Marriage in a Tribal Society, que según el artículo, «explica las conexiones entre las divisiones de clase, género y etnia de aquel tiempo». Y recientemente ha publicado Afghan Village Voices, una traducción de muchas de las grabaciones de hombres y mujeres que hizo sobre el terreno. Ha pasado mucho tiempo y además eso no justifica necesariamente sus posiciones, por supuesto. Lo señalo solo porque cuando habla de la mujer en Afganistán, algo debe saber. Más que yo, seguro. 🙂

JLMR: Es evidente y lo he señalado desde el primer momento que el movimiento talibán ha conseguido el apoyo de la gran mayoría de la población campesina-rural, sobre todo pastún. Sin eso no habría ganado la guerra como lo ha hecho. El artículo es útil para el período que cubre lo que ha llamado la «guerra estadounidense», pero es un desastre, en mi opinión, para todo el período anterior, desde la proclamación de la República hasta la derrota de la República Democrática Popular en 1992, que es el período en el que se gestan los principales conflictos. Todo lo que dice sobre los comunistas es una mala caricatura, incluso esa reducción sociológica de su militancia a gente de clase media; es cierto que la intelectualidad comunista afgana, como la de todos los partidos comunistas del mundo procedía en su mayor parte de la clase media, pero el partido integraba también representantes del pequeño movimiento obrero afgano y, aunque muy pocos, también del campesinado. El origen familiar de Taraki o de Najibulá era el mundo rural pastún, lo que los distinguió es que fueron enviados por sus padres a estudiar a la ciudad y a partir de allí llegaron a graduarse en la Universidad (eso no es muy diferente de mi experiencia familiar, soy nieto de un campesino extremeño, rico en su pueblo, pobre en cualquier lugar fuera de él, que envió a su hijo mayor -mi padre- a estudiar a Cáceres y se hizo maestro, porque eso es lo único que podía estudiarse allí en esa ciudad). Las interpretaciones sociologistas ocultan generalmente la trayectoria.
Lo último que digo sobre el artículo: tiene un cierto aroma de «orientalismo» occidental, de mitificación del buen salvaje y de las culturas ancestrales y de derivación de todos los males hacia el extranjero y las culturas exóticas. Eso de que los comunistas eran buena gente, hasta que tomaron el poder; que su error fue ponerse del lado de las crueldades de los invasores soviéticos, como si la crueldad no estuviese presente en la sociedad, la historia afgana, que estos antropólogos parecen desconocer. Insistir en que  los comunistas desacreditaron el feminismo  «durante al menos una generación», obviando la cultura profundamente antifeminista del mundo islámico afgano, no de los talibanes -que extreman la aplicación de esa cultura- sino de todos, empezando por los que iniciaron la rebelión de 1975, que es lo que llevó a las mujeres urbanas afganas -las del mundo rural no quisieron o no pudieron- a apoyar al PDP.

CV: Estoy plenamente de acuerdo, excepto alguna duda sobre el ‘orientalismo’ de los autores -que ellos mismos critican, como hemos visto-. A mí me parece bastante equilibrada la definición que dan sobre el talibán diciendo que: «La realidad es la que es. Los talibán son un movimiento de campesinos pobres, contra una ocupación imperial, profundamente misóginos, apoyados por muchas mujeres, a veces racistas y sectarios, y a veces no. Es un amasijo de contradicciones producido por la historia». Pero no soy ningún experto, así que seguramente tienes razón. Ya he comentado también que lo que más me interesa es el análisis del periodo ‘americano’. Por eso, para el anterior, en mi humilde opinión, sería de gran ayuda si tuvieses tiempo y pudieses dar un poco de formato a la explicación histórica que nos has ido dando aquí y lo pudiésemos publicar en Espai Marx -si se me permite llevar el agua a nuestro molino…-.

JLMR: Puedes tener razón en mi acusación de «orientalismo», no conozco la obra de los autores, más allá de ese artículo. Pero más allá de la palabra, el artículo me ha dado la sensación que he descrito: lo malo so las ideas exóticas y los ocupantes. No dudo de su valor como antropólogos, pero en su bibliografía no hay un solo título que no sea de origen anglosajón -británico o norteamericano- y tampoco he sabido ver ninguna referencia historiográfica.

SLA: En cuanto al asunto de la derrota…

JLMR: Sí, lo de la derrota. La situación militar en 1988 no es de victoria de los mujaidines, y por tanto derrota de la RDP y las tropas soviéticas. Es de cronificación de un enfrentamiento en el que ninguna de las dos partes consigue imponerse de manera decisiva a la otra. La decisión de retirada de tropas, tomada por Gorbachov-Shevarnadze es política, no militar; se inscribe en el giro que pretende dar a la URSS, y que también se refleja en la política exterior, aunque se justifique en los costos económicos de la intervención. La retirada no acarreó ningún hundimiento del frente por parte de la RDP; también porque la retirada se circunscribió a la presencia de tropas, pero se mantuvo la ayuda militar y económica -lo que pone en solfa el argumento del coste económico como razón de la retirada.
Lo he explicado antes: el ejército afgano, sin tropas soviéticas, mantuvo el frente e incluso derrotó a los mujaidines en Jalalabad aquel mismo año de 1989. Los mujaidines se mostraron incapaces de ocupar ninguna ciudad, no ir más allá de sus feudos regionales del Norte. Y eso podría haberse prolongado, consolidando la RDP y el gobierno de Najibulá, …hasta que en agosto de 1991 Boris Yeltsin decide suspender toda la ayuda a la RDP -no se si sobrio o borracho-. La consecuencia: era obvio que la economía afgana no podía sostener por sí mismo una guerra, que está ya altamente tecnificada (bombardeos aéreos, misiles…); a comienzos de 1992 no hay gasolina para aviones, ni reposición de material de guerra para el ejército de tierra… Será ahora cuando la RDP será derrotada, no sin que medie antes la importante traición de Dostum, y nuevos enfrentamientos intestinos entre los Parcxham y los Jalq.
PD.: Najibulá dimite en abril de 1992 y se refugia en la sede de la ONU, porque el gobierno indio no le autoriza a embarcar hacia India. En 1996, ante el caso que ha generado la administración islámica de Kabul se producen manifestaciones que piden el retorno de Najibulá. No habrá tiempo, los talibanes toman Kabul y Najibulá cae en poder de los servicios pakistaníes, que le ofrecen salvar la vida a cambio de que reconozca la «línea Durand» que marca la frontera sur entre Afganistán y Pakistán establecida por los británicos a finales del XIX y rechazada por Afganistán. Najibulá rechaza ese reconocimiento y es entregado a los talibanes que lo torturan hasta la muerte y lo cuelgan públicamente.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *