MISCELÁNEA 3/07/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Turiel acusa.
2. Las raíces del colonialismo europeo.
3. Los socialistas se unen a los comunistas en las elecciones checas.
4. Reunión de la OCS.
5. La guerra acaba de empezar.
6. La propuesta de paz de Sachs.
7. Guerra de clases en Nueva York.
8. Gritos en el silencio.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 2 de julio de 2025.

1. Turiel acusa.

Aunque luego en nota deja claro que no hay que tomarlo en sentido literal, la entrada de Turiel en su blog comienza con la frase «*En vísperas de la tormenta que destruirá la ciudad de Barcelona.» Los datos que da son terribles, y si no es en Barcelona, estos efectos destructores los vamos a ver con más frecuencia por toda la cuenca mediterránea, una de las zonas más afectadas por el cambio climático. Aunque estos días, también se están friendo en París, por ejemplo.

https://crashoil.blogspot.com/2025/07/yo-acuso.html

miércoles, 2 de julio de 2025

Yo acuso

*En vísperas de la tormenta que destruirá la ciudad de Barcelona.

Yo acuso.

Acuso a las administraciones, pasadas y actuales, que en medio del caos climático creciente, decidieron que no era un tema lo suficientemente importante como para tomar medidas adecuadas para prepararnos.

Pero acuso principalmente al actual Govern de la Generalitat y al actual consistorio de l’Ajuntament de Barcelona de vivir de espaldas a los crecientes signos del peligro. Los acuso por ser los que conozco mejor, pero también acuso con ellos a todos los gobiernos municipales, autonómicos y del estado español, por la misma temeridad e imprudencia.

Cuando tenemos, ahora mismo, un mar Mediterráneo con una temperatura superficial 3 grados superior a la que tenía en 1980, y en algunas zonas llegando a 5 grados. Cuando estamos sufriendo una de las peores olas de calor marina, en extensión, duración y amplitud, en el Mediterráneo Occidental.

Cuando sufrimos una terrible DANA en la ciudad de Valencia hace 8 meses, lo cual pudo ser tan destructiva, entre otros motivos, por un mar anómalamente cálido, que proporcionó más energía y más agua precipitable a las tempestades.

Cuando los estudios recientes nos muestran que la tasa de calentamiento global se ha multiplicado por cuatro durante la última década y que se está alterando completamente la circulación del océano y la atmósfera, con consecuencias que aún no somos capaces de anticipar.

Cuando se están ignorando todos los avisos de la comunidad científica, de los grupos ecologistas, de la payesía y de la ciudadanía en general, que dicen que así no, que por aquí no.

Por todo eso, yo les acuso.

Yo les acuso de promover obras que solo sirven para acrecentar el desastre, como la ampliación del aeropuerto de Barcelona o el desbroce de amplias zonas para el paso de nuevas líneas de alta tensión para la evacuación de una hipotética energía eléctrica renovable que no tiene demanda. Simplemente porque solo son capaces de pensar en hacer negocios como siempre, cuando nuestro mundo ha cambiado para siempre y es algo completamente diferente ahora mismo.

Yo les acuso de, a pesar de tener, en este mismo momento, avisos meteorológicos muy claros, como la actual ola de calor y los nada alentadores pronósticos para las próximas semanas, de no haberse lanzado a una campaña de protección de la población, sobre todo la más vulnerable.

Yo les acuso de no haberse preparado para una necesidad masiva de refugios bioclimáticos, y máxime en una situación de interrupción del servicio eléctrico después de una catástrofe. Y de no haber previsto cómo ofrecer agua, alimentos, cobijo y asistencia médica oportuna en medio de la catástrofe prevista.

Yo les acuso de no haber previsto, ni para Barcelona ni para ninguna otra parte, de medidas para disminuir las pérdidas humanas en caso de grandes avenidas, de no haber estudiado qué zonas serían más vulnerables, qué edificios o calles se hundirían.

Yo les acuso de no haber gobernado para la mayoría, para la gente que les ha escogido para representarles.

Pero, por encima de todo, yo les acuso de todas y cada una de las muertes que podían haber evitado y no quisieron evitar por primar una visión miope centrada en el beneficio económico de unos pocos.

Y mi rencor será eterno por el dolor de todas esas personas a las que conozco y que quiero, y que perderán la vida porque ustedes estaban más pendientes de complacer al rico que de servir a los ciudadanos.

Antonio Turiel

2 de julio de 2025

* No hay que tomar esa frase inicial, impactante, al pie de la letra. Obviamente, la tempestad no llegará mañana, si no en un período indefinido de tiempo aunque en todo caso no será de muchos años. Y por supuesto Barcelona no quedará completamente destruida, pero sí que sufrirá daños importantes que la afectarán durante años (o hasta que la siguiente tormenta haga aconsejable ir abandonando cosas). Por último, quizá Barcelona tenga suerte en el futuro más inmediato y sea otra ciudad la que reciba el castigo: poco importa.

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2. Las raíces del colonialismo europeo.

Un largo ensayo de Alessandro Visalli sobre los orígenes intelectuales del colonialismo europeo y su evolución hasta el imperialismo contemporáneo.

https://tempofertile.blogspot.com/2025/06/le-radici-oscure-delloccidente.html

Las raíces oscuras de Occidente

«La primera [razón de la justicia de esta guerra y conquista] es la siguiente: siendo los hombres bárbaros [los indios] por naturaleza serviles, incultos e inhumanos, se niegan a aceptar el mando de aquellos que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; un dominio que les proporcionaría grandes ventajas, ya que es justo y natural que la materia obedezca a la forma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre, la mujer al marido, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor al mejor, por el bien de todos»..

Juan Ginés de Sepúlveda, De la Justa causa de la guerra contra los indios, Roma 1550

El racismo occidental y sus consecuencias

Cedric J. Robinson, en su imponente obra mayor de 1983[1], trató de identificar una tradición negra radical independiente de la raíz occidental de la tradición socialista tal y como se formó en torno a las obras y la acción de Marx, Engels y la socialdemocracia europea. Una tradición que se forma sobre la base de la experiencia del desarraigo violento y la diáspora y tiene un carácter igualitario y comunitario, ejemplificado inicialmente en el cimarronaje[2]. Al llevar a cabo esta empresa, sin embargo, produce una notable reconstrucción histórico-cultural y deconstructiva de la naturaleza de la civilización occidental que, en su opinión, se caracteriza por una fuerza material particular que tiene una dimensión tanto social como cultural y se comparte en todo el desarrollo histórico de la civilización occidental, resultando anterior al capitalismo: el racismo.

Una forma de distinción y clasificación entre grupos e individuos, parte de una práctica de control y explotación, que es interna a la civilización europea y no se expresa solo hacia el Otro externo, sino creando constantemente «Otros» internos, nichos y enclaves, guetos y periferias. Como escribe Robinson, el «racismo» es «una concepción intrínsecamente jerárquica del género humano», cuyos orígenes son «precapitalistas», ya que forma parte orgánica del dispositivo identitario y de gobierno que estructura la «civilización occidental». Uno de los lugares históricos donde se manifiesta esta actitud es en la transformación de las élites tardimperiales en dinastías feudales, que construyen progresivamente una ideología que pretende fundar el derecho al dominio en la jerarquía de sangre (certificada por Dios). Estructura de orden, no presente en todas las civilizaciones, que, para Robinson, en la europea se remonta a la centralidad de la esclavitud en la civilización romana y griega[3]. Por ejemplo, este sistema de transición hereditaria del poder, basado en una diferencia ontológica, es ajeno a la civilización china, en la que se asciende al rango de «mandarín» mediante el estudio y los exámenes individuales. Para Balazs, por ejemplo, «el mandarinato chino fue la primera burocracia del mundo basada no en la sangre o la riqueza, sino en el dominio de los textos confucianos demostrado mediante exámenes escritos anónimos. Un sistema que, durante siglos, garantizó una movilidad social controlada.» [4] Obviamente, no era totalmente igualitario, ya que se necesitaban recursos para estudiar durante años, pero sí lo era en el sentido de que, después de 1400, al menos un tercio de los mandarines no procedían de familias «nobles»[5]. Esto es relevante porque, según esta interpretación, el modelo racista (o el régimen social jerárquico-racializado) no tiene orígenes coloniales y, mucho menos, capitalistas, sino que, en todo caso, puede ser lo contrario. Se trata del producto de una construcción cultural autónoma, quizás con antecedentes asirios[6], que tiene la función social de fijar y consolidar las jerarquías, protegiéndolas de posibles contestaciones. Un modelo que, formado en la transición de la Antigüedad romana, que carecía de él[7], a la Edad Media, se traduce progresivamente de la forma de vida nobiliaria a la mercantil y, a partir de ahí, con la decisiva contribución del Estado-nación, se exporta al mundo como modelo de explotación y colonización. Según esta interpretación, claramente muy compleja y controvertida[8], la lógica racial y la capitalista, aunque entrelazadas, tienen raíces diferentes y la lucha contra ambas debe librarse conjuntamente. Según una tesis que también fue de Fernand Braudel, la transición decisiva entre el modelo aristocrático y el mercantil se completó por primera vez o de forma más completa en Italia, en las repúblicas marítimas, cuyo perfeccionado sistema esclavista se convirtió posteriormente en el modelo de toda colonización atlántica y asiática[9]. Según Braudel, «Las colonias genovesas del Levante, con sus esclavos tártaros y circasianos, fueron laboratorios de un capitalismo protoglobal, donde la renta esclavista se combinaba con el comercio a gran escala, anticipándose en siglos a las plantaciones americanas»[10].

Naturalmente, esta reconstrucción, incluso si se quisiera aceptar, corre el riesgo de decir más de lo que conviene y de hacerlo de forma demasiado tajante. La «civilización» europea es un constructo analítico, pero también una retórica de enorme poder y un performativo[11], una acción junto con una pretensión de constitución, y en cierto modo Robinson corre el riesgo de quedar atrapado en la magia de esta distinción, aunque critique su objeto. Además, al privilegiar las continuidades a largo plazo identificadas en la cultura, corre el riesgo de subestimar las diferencias, como la que existe entre la Edad Media y la modernidad y la que existe entre el modo de producción medieval y el colonialista (y, por tanto, entre este y el capitalismo). Sin embargo, tiene una ventaja: permite comprender el capitalismo y la modernidad como un sistema de dominación y no solo como un sistema económico. Sobre todo, arroja luz sobre la tensión dialéctica interna entre la homologación y la universalización, impulsada por la «modernización», y la diferenciación y la jerarquización, recreada continuamente por la dinámica capitalista[12].

Aunque, como es obvio, el racismo no es una característica exclusiva de los pueblos europeos, la tesis de Robinson (de hecho corroborada por las recientes y impactantes experiencias en Ucrania, Palestina, Irán, Siria y, anteriormente, Libia, Irak y Yugoslavia, todas ellas justificadas subrepticiamente en su evidente diversidad por un sentido común supremacista que se aplica invariablemente desde el centro europeo hacia lo no europeo, lo eslavo y lo oriental, las castas medias, por utilizar una fórmula que encontraremos), es que en Occidente adquiere un arraigo estructural profundo y duradero (por lo que habla de «racismo»). Es la «blancura» la que legitima el dominio como parte de la naturaleza. En otras palabras, en todos estos casos, a pesar de su diversidad, se manifiesta un sentido común selectivo que naturaliza el dominio, deshumaniza o inferioriza a los sujetos no occidentales o no alineados, y justifica las intervenciones violentas en nombre de una supuesta civilización superior. Es esta lógica la que Robinson, y después de él muchos pensadores descoloniales, definen como supremacismo estructural.

La reconstrucción histórica de Robinson, que inicia su trabajo en el contexto del Fernand Braudel Center for the Study of Economies, Historical Systems, and Civilisations de la Universidad de Binghamton, y por tanto en contacto con Immanuel Wallerstein, que lo fundó en 1976, pero escribe su obra principal[13] entre 1974 y 1989. Por lo tanto, aunque en parcial controversia con la obra de Wallerstein, y Braudel, acusados de eurocentrismo, la amplia reconstrucción histórica de Robinson debe situarse en la época de los World Studies inaugurada por la obra de Fernand Braudel, Civilización material, economía y capitalismo[14], de 1979. Al igual que para Braudel, el surgimiento de la burguesía en la larga Edad Media es el producto de la agregación del Estado-nación, a partir de la poliarchia medieval. Un Estado en cuyos intersticios crecen posiciones técnicas —las prácticas comerciales y sus técnicas, como la contabilidad por partida doble, la capacidad de navegación y cartografía, la ciencia jurídica— y subjetividades que, en cierto sentido, se apoderan de forma parasitaria del organismo, aprovechando sus oportunidades. En la lucha triangular entre los centros de poder, como la nobleza tradicional (que pretende estar justificada por la propia naturaleza), el poder central soberano y las nuevas clases técnicas «burguesas» (legitimadas por la posesión de las técnicas necesarias para la gestión unitaria y masiva de las nuevas máquinas estatales), se forma el espacio primero de la temporada revolucionaria y luego de la centralidad de la posesión, la abstracción y la valorización y, por tanto, del capitalismo. Es aquí donde se forma la cosmotécnica de Occidente[15] (término al que volveremos más adelante[16]), estrechamente relacionada con su teleología y su visión universalista del mundo.

Enrique Dussel nos ayuda a comprender este paso fundacional a través de los debates del siglo XVI que siguieron a la «conquista» de las Indias. En particular, el Debate de Valladolid[17], en el que lo que él llama el «concepto» de emancipación racional (valorizado también por Chakrabarty[18]) se contrapone al «mito» irracional del eurocentrismo. En la frase de Sepúlveda que hemos puesto en el epígrafe[19] destacan dos argumentos: la guerra contra los indios es «justa», ya que estos están naturalmente descarriados, y produce «grandes ventajas» y «por el bien de todos». Por lo tanto, también para los conquistados, los victimizados, los derrotados. La inmadurez de la cultura del Otro se considera una «culpa», y su «sacrificio» es, por lo tanto, necesario. Necesario porque así se «moderniza» el bárbaro. El giro mítico no podría ser más claro: la víctima es culpable de ser inadecuada, tosca, bárbara. Inmadura, mientras que el verdugo es inocente. Siempre es inocente, porque todo «sacrificio» es por el «bien superior» (¿algo superior a la salvación?). El gran humanista español Sepúlveda es, en este debate, totalmente «moderno». La verdadera razón por la que los pueblos azteca y maya, los mexicas, no están desarrollados y, por lo tanto, merecen que se les haga la guerra no es que no sean capaces de tener una técnica (o una «cosmética» propia[20]), las ciudades aztecas son mucho más grandes y, en muchos aspectos, más avanzadas que las europeas, Valladolid en 1500 tenía 15 000 habitantes, Sevilla tenía 50 000, calles estrechas, iglesias góticas y construcciones de ladrillo, Tenochtitlán tenía entre 200 000 y 300 000 habitantes, era tan grande como Pekín, construida sobre un lago con canales, acueductos, pirámides altísimas, tenía jardines botánicos y grandes palacios, y recibía 60 000 visitantes al día. La razón por la que están «subdesarrollados» es completamente diferente:

«Sin embargo, por otro lado, han constituido una «cosa pública», donde nadie posee individualmente ni una casa ni un campo del que pueda disponer o dejar en herencia a sus herederos, porque todo está en manos de sus señores, a quienes llaman impropiamente reyes, bajo cuyo arbitrio viven más que bajo el suyo propio, sujetos a su voluntad y caprichos, y no a su propia libertad, y el hecho de hacer todo esto no oprimidos por la fuerza de las armas, sino de forma espontánea y voluntaria, es un signo muy claro del ánimo abatido y servil de estos bárbaros […] Tal es, en definitiva, el carácter y las costumbres de estos hombres tan bárbaros, incultos e inhumanos, antes de la llegada de los españoles»[21].

En definitiva, Sepúlveda juzga claramente que el fundamento de la barbarie, tal y como la consideramos hoy en día en Rusia, Irán o China, no es la superioridad o inferioridad técnica, sino la forma no individual de establecer las relaciones sociales. Tanto con las personas como con las cosas. La acusación principal es la de no tener propiedad privada (la misma acusación se formulará un siglo más tarde contra los nativos de América del Norte), es decir, ut nihil cuiquam suum sit, y por lo tanto libertad subjetiva, suae libertati, capaz de oponerse a los señores, si fuera necesario. Por eso la conquista es un acto de emancipación. Permite al bárbaro, al inferior y al culpable salir de su «inmadurez» (el Ausgang de Kant). Obviamente, el camino debe ser el del desarrollo, ya practicado por Occidente, y debe terminar por adoptar sus mismas instituciones y las mismas cosmotécnicas, en cuanto universales y propias de la naturaleza humana. Y, con la misma obviedad, las víctimas son culpables de haber obligado al liberador renuente a ejercer la violencia, ya que podrían haber reconocido por sí mismas que la verdad les venía al encuentro benévola. Son culpables y por eso deben sacrificarse. Aquí, en este mito, como escribe Dussel, se produce un «gigantesco vuelco: la víctima inocente se convierte en culpable, mientras que el culpable que causa la víctima pasa por inocente»[22].

Volviendo al recorrido histórico-evolutivo, se puede reconocer cómo el modelo de explotación económico-financiera veneciano y genovés, aunque a pequeña escala, el orden racialista ligado a la «sangre» (y, por tanto, a la transmisión hereditaria) transita, liberado del bloqueo oriental determinado por la expansión turca, en un enorme salto de escala. Esto produce el dominio y la incorporación de los pueblos africanos y luego asiáticos (y americanos), y crea así la energía para superar los límites ecológicos[23]. Es este proceso el que da inicio al capitalismo mercantil (que precede cronológicamente al industrial, como reconoce el propio Marx en varios lugares). En este complejo paso histórico se instala esa dialéctica del colonialismo por la que a la esclavitud plantocrática[24] se opone la resistencia comunitaria bien descrita por Robinson.

La tesis fundamental es que este salto de escala activa, en una dirección específica, potenciales de sentido (como la reducción del hombre a fuerza de trabajo) y estructuras organizativas de dominio que eran inherentes y estaban en funcionamiento desde hacía siglos en la forma de vida y la cosmología europeas. Estaban, claro está, presentes también junto con otras cosas, con potenciales diferentes, con núcleos de crítica potencial. La intrusión en la historia africana y la extracción de esta de millones de individuos desarraigados y transformados en mera fuerza de trabajo[25], determina consecuencias psicológicas, intelectuales y culturales en las que aún vivimos. Decide qué potencial se afirma y cuál se pierde. Activa mecanismos autodestructivos y de aniquilación que eran inherentes al racismo autóctono, funcionalizándolos hacia la maximización del poder y la fuerza totalitaria[26].

Mecanismos que ya se activan en la escena madre, el desembarco de Colón (no por casualidad genovés). Cristóbal Colón, cuando se encuentra con los arahuacos, los taínos y luego con sus herederos, los aztecas, los mayas, los quechuas, y así sucesivamente, tiene a sus espaldas todo el complejo sistema de privilegios feudales y autoridad del dinero agitado por los apetitos de los Estados y del capitalismo mercantil emergente (hermanos siameses entrelazados, como si fueran dos cabezas con un solo cuerpo), junto con el impulso misionero funcionalizado al mismo. De hecho, es usted mismo un producto típico del capital genovés, cuya influencia en los reinos ibéricos estaba bien arraigada, y heredero de una tradición de comercio colonial que contaba con siglos de experiencia. Es portador de un impulso que, sin embargo, como se ve en el caso de Las Casas[27], contiene también los gérmenes de su crítica.

Mecanismos que luego se potencian tras la destrucción casi total de las poblaciones autóctonas (que antes de la conquista representaban aproximadamente una cuarta parte de la humanidad de entonces) y como consecuencia del inicio y la intensificación de la trata atlántica de esclavos negros procedentes de África. La mano de obra africana es capital y como tal es tratada. Son los centros de este tráfico, o sus terminales, como Burdeos y Nantes en Francia, los lugares en los que se crea una ambiciosa burguesía. Burguesía que, en alianza con parte de la nobleza que tenía como enemigo al rey[28], es una de las fuentes sociales de los revolucionarios[29]. El mismo impulso llega a Inglaterra, que a lo largo del siglo XIX tomará la delantera en la lucha por el dominio europeo. Como propone considerar Du Bois, en Historia de la raza negra[30], y en otros lugares, la esclavitud es la institución que introduce como mano de obra decisiva a los negros desarraigados del gran África y, a través de ella, funda tanto la producción primaria en el sur de los Estados Unidos como la manufactura en el norte (según el argumento también de Marx, que es la producción masiva de algodón la que hace posible y necesaria la manufactura del mismo, obviamente con los retroalimentos en los que Pomeranz se detiene largamente), y el comercio europeo. Pero el escándalo de la esclavitud, que despierta el potencial de liberación inherente también a la tradición moral europea, hace necesario activar y potenciar la ideología de la supremacía blanca. Es el racismo moderno, por tanto, el que surge como respuesta defensiva y estructural a la posibilidad de la crítica, determinada por el escándalo de su inevitable presencia, y no como su causa original.

Los imperios latinos. El supremacismo renuente.

Enrique Dussel, en un ciclo de conferencias pronunciadas en Fráncfort[31], sitúa, como ya hemos visto, en el centro de su atención el «mito» irracional de la autonomía y la autosuficiencia en la centralidad declarada en el discurso sobre la modernidad de Europa[32], que sin embargo contiene en su mejor expresión un «concepto» de emancipación por la razón que no puede ser completamente rechazado. Este «mito» se afirma junto con el descubrimiento del Otro; de quien era impensable y desconocido. Un descubrimiento que tiene lugar cuando el mundo español, liberado del freno de la ocupación árabe y fuertemente militarizado, en 1400, «descubre» el mundo americano. Entonces, e inmediatamente, «el Otro» es ocultado como «lo Mismo», precisamente en el momento y porque lo coloniza, lo conquista, lo destruye[33].

Gruzinski, en un maravilloso libro[34], cuenta esta historia muy de cerca. Descubrimos que el universo de los mexicas fue transcrito[35] al dominante por obra de sus propias élites, pero absorbiendo las categorías de espacio y tiempo que constituyen su esencia[36]. Junto con estas, y con el uso estratégico-militar (y diplomático) de las nuevas historiografías, ya con el hábil Cortés, los pueblos amerindios fueron empujados a considerar su pasado prehispánico como culpa y atraso. Absorbiendo (naturalmente por el bien superior de sus almas inmortales) la religión, los valores, las instituciones, las jerarquías y, quizás más que todo ello, lo que estas traen consigo: formas de organización del trabajo y el concepto del ser humano como instrumento.

El devenir «occidental» y «moderno» del mundo ha pasado, en definitiva, por las armas y los cazadores de esclavos, como por los barcos y los puertos, las plantaciones como primeras fábricas y las minas tan grandes como metrópolis, incluso los bacterias y las enfermedades, pero también por la pretensión de «ser» y necesariamente designar como «no ser» al otro. Por la imposición violenta de la cosmo-técnica occidental que reduce todos los espacios a vacío, todos los tiempos a pasado[37]. Pasado por la creación de Oriente[38]; la designación de todo universo «otro» como espacio tributario, ya sea periférico o exótico. A este respecto, pueden leerse las indignadas páginas de Dussel, sobre Kant y sobre todo Hegel, en El ocultamiento del «otro». Convertirse en «Occidente» del mundo es proyectar el mito que imagina el «desarrollo» como modelo único, el seguido por Europa (o mejor, el fantaseado para Europa, olvidando sus raíces). Es establecer un «movimiento necesario del Ser» que conduce a la humanidad fuera del «estado de inmadurez que es imputable a sí misma»[39], y que en Hegel se convierte en el automovimiento del Espíritu Absoluto en la Historia que se desarrolla «de Oriente a Occidente»[40]. Historia que es en sí misma el «desarrollo del espíritu pensante», la razón (es decir, la sabiduría de Dios[41]) en acción. Lo que Hegel expresa con toda claridad es que si «la historia es la configuración del espíritu en forma de acontecimiento», y este elemento es recibido por el pueblo germánico, entonces «frente al derecho absoluto que él posee por ser el portador actual del grado de desarrollo del Espíritu Mundial, el espíritu de los demás pueblos no tiene ningún derecho»[42]. La «modernidad» tiene, en definitiva, una larga historia, raíces profundas, pero ve la luz cuando la periférica Europa se convierte en mundo y se enfrenta de cerca con el otro de sí misma[43]. Sin embargo, negándolo como «otro».

Escribe Dussel:

«la “conquista” es un proceso militar, práctico, violento que comprende dialécticamente al Otro como parte de “Sí Mismo”. El Otro, en su distinción, es negado como Otro y, una vez sometido y alienado, es obligado a formar parte de la Totalidad dominadora como cosa, como instrumento, como oprimido, como encomendado, como «asalariado» en las futuras empresas o como esclavo africano en las plantaciones de azúcar u otros productos tropicales»[44].

Cuando, terminada la «reconquista» (que es también un laboratorio), el mundo español se convierte a su vez en conquistador y colonizador, y lleva al continente una nueva conciencia, obteniendo inmensos flujos de mercancías, oro, plata y esclavos. La conciencia de haber extendido las fronteras del ser a todo el mundo. Se necesitarán otros siglos y otras conquistas (entre las que destaca la de la India), pero el gesto está hecho y se repetirá siempre. El yo europeo, y por tanto occidental, es divinizado y transfigurado en toda la tradición de la cultura y la filosofía, en un «yo» incondicionado, indeterminado, infinito y absoluto[45], mientras que el Otro queda reducido a ser simplemente pensado, reducido a cosa, privado de palabra (que, cuando rompe el silencio, es invariablemente inaudible, monstruosa, retrógrada, iliberal, despótica, en una palabra, «oriental»). También se transfigura en la teología, cuando la salvación y la redención se reinterpretan, en el protestantismo, como una experiencia individual y «espiritualista, interiorista, desencarnada»[46].

La capacidad europea de racializar, jerarquizar y estratificar, si queremos «terrazar» todos los panoramas sociales y culturales con los que entra en contacto (es decir, leerlos en la mente en orden, de mayor a menor, de grande a pequeño, de justo a culpable), se ejerce aquí una vez más. Al formarse el centro se forma la periferia, y al formarse lo moderno se forma lo premoderno, lo oscuro, lo resistente, lo que hay que arrastrar a la luz. España, Portugal, el mundo latino (y luego, por tanto, también Francia, que es latina a medias) es, piensen lo que piensen los anglosajones (y los alemanes, desde Hegel hasta Habermas), constitutivo de la modernidad, y por tanto también lo es su periferia. No hay centro posible sin periferia, dos polos de una relación siempre se implican mutuamente. América Latina es, por tanto, teixili («la otra cara» en azteca) de la modernidad, su alteridad esencial.

Una alteridad que, una vez reconocida por Américo Vespucci como la «cuarta parte» del mundo (después de Europa, África y Oriente, ya conocidos), debía ser «pacificada», ejerciendo esa actitud militar perfeccionada por el mundo español en la larga lucha con el mundo árabe. Comenzó Vasco Núñez de Balboa en Panamá, pero continuó con dramática eficacia Hernán Cortés, nacido el mismo año que Lutero, en 1485, pero en la pobre Extremadura. Cortés era un hombre culto que estudió letras en Salamanca y luego lo dejó, se trasladó a las Indias (es decir, a América), donde llegó a los diecinueve años y durante algunos años explotó a los indios en Santo Domingo como encomendero[47]. Una vez enriquecido, fue nombrado comandante de las tropas que debían conquistar Yucatán. La misión era someter a las culturas maya y azteca, desconocidas durante veinticinco años, pero ahora «descubiertas». Cortés partió con once barcos y 508 soldados, con dieciséis caballos y diez piezas de artillería, y comenzó el enfrentamiento entre dos culturas, ambas muy complejas y ritualizadas que, sin embargo, nunca se habían encontrado.

En el plano formal, con la conquista de las grandes ciudades aztecas, que contaban con millones de habitantes, mucho más grandes que las ciudades europeas de la época, los indígenas se convirtieron en súbditos del rey de España, Carlos V. Por lo tanto, como súbditos, estaban obligados a pagar impuestos y fueron confiados a gobernadores que tenían la tarea de evangelizarlos. Es decir, de convertir al Otro en igual. Aquí se manifestó inmediatamente un conflicto entre la corona, que no tenía interés en la destrucción demográfica de las nuevas posesiones (algo que, sin embargo, ocurrió como consecuencia de las enfermedades), y los conquistadores. Estos, ávidos de apropiarse personalmente de las riquezas, no comprendían las limitaciones que imponía una legislación destinada a frenar y a veces a los sacerdotes enviados a realizar la labor de conversión. El descubrimiento, en la década de 1540, del Imperio Inca, en los Andes, agravó este conflicto, hasta que Las Casas consiguió que el rey desautorizara la conquista como guerra «justa». La eventual revocación de estas leyes será objeto, como ya se ha visto, de la Controversia de Valladolid, en la que se enfrentaron los argumentos de Bartolomé de Las Casas, por un lado, y Juan Gines de Sepúlveda, por otro. A la refutación de Las Casas de la posibilidad de aplicar a los indios, que en su inocencia no conocen a Cristo, el argumento de la «guerra justa» de Tomás de Aquino, a favor de una conversión basada en el ejemplo y la persuasión, Sepúlveda opuso finalmente el argumento adicional sobre la necesidad y el deber de erradicar los inmundos pecados de sodomía, antropofagia y sacrificio humano, practicados por los indios. En beneficio concreto de las víctimas, en este caso. Nadie ganó el debate, pero Carlos V y su sucesor Felipe II comprendieron que había que frenar el espíritu de apropiación privada o podría despoblar por completo las nuevas posesiones del reino. En 1570 se promovió una política de repoblación en las zonas por las que habían pasado los españoles, las Antillas, Mesoamérica y los Andes. Los indios fueron reunidos a la fuerza en aldeas gestionadas por funcionarios reales, con una iglesia secular y bajo la protección del rey. Pero también era necesario explotar las minas de plata, descubiertas en particular en Potosí, en los Andes, a 4000 metros de altura y las más ricas del mundo[48]. Una parte de los indígenas, pero como yanoconas o mitayos, trabajadores «libres» (de compromisos comunitarios), fue destinada a esta y otras minas, o a las obras necesarias para desarrollar las infraestructuras.

La necesidad de mantener el equilibrio de estas políticas, es decir, de aprovechar las oportunidades que ofrecían las minas y repoblar las regiones con el fin de ampliar los ingresos fiscales, determinó necesariamente en las regiones controladas por los Estados nacionales latinos (español y portugués) la importación de esclavos negros. Los portugueses eran en el siglo XVI los monopolistas de este comercio y se prestaban a abastecer al rey de España. Progresivamente, la ocupación del continente continuó, también con el fin de explotar primero la madera (Brasil, descubierto por los portugueses, toma su nombre de la madera roja bras, brasil) y luego de implantar plantaciones de azúcar, alimento muy preciado y raro, de gran lujo en todo el mundo (incluida China). A partir de 1560, en Brasil, donde los portugueses habían vencido a sus rivales europeos, la producción y el comercio del azúcar despegaron, y con ellos la búsqueda cada vez más frenética de esclavos indígenas en la gran selva. Cuando Portugal quedó sometido a España (por razones dinásticas), también aquí se extendió la ley que prohibía la esclavitud de los indígenas y se sustituyó la mano de obra por la procedente de la trata en África. En 1620, después de cincuenta años, toda la población esclava de los ingenios azucareros era negra.

Es interesante la justificación que Francisco de Anuncibay, político de Popayán (ahora Colombia), presentó entonces al Consejo del Rey, responsable de las Indias, para convencerlo de la oportunidad y la licitud de imponer la esclavitud a los «negros»:

«Puesto que son ignorantes, no tengo ningún escrúpulo en sacar de Guinea a todos los negros que quiero para cristianarlos, y cuando veo a un negro cristiano me alegro con san Pablo; aunque sea en condiciones de esclavitud, esto debe considerarse una alegría, porque con razón no hay mayor fortuna que encontrarse en el camino de la salvación, aunque el nombre de esclavo o siervo ofenda los oídos devotos»[49].

Las instituciones de la servidumbre, necesarias para la explotación de tierras de enorme extensión pero pobres en mano de obra (también por las destrucciones operadas), entran, sin embargo, en conflicto estructural con el potencial de liberación del universalismo cristiano. Serán Las Casas y sus sucesores, pero también Gerónimo de Mendieta, un misionero franciscano en México, y también las sectas religiosas que se mueven desde la Inglaterra de la Gloriosa Revolución durante el siglo XVII (anabaptistas, cuáqueros, puritanos, moravos), quienes suscitan un amplio debate que luego se reflejará en el impulso ilustrado hacia una liberación por efecto de la razón (Brissot de Warville, el abad Grégoire, Condorcet o Raynal, que desarrollaron críticas a la esclavitud en nombre de los derechos naturales). Se trató de una dialéctica que atravesó toda la historia del hemisferio occidental entre los siglos XVI y XVIII, y constituyó un campo de fuerzas que generó contradicciones, luchas, desviaciones y posibilidades. En esta línea de falla, tomándola en cierto modo en serio y al pie de la letra, actúa la revolución haitiana de Toussaint Louverture, muerto en una cárcel francesa[50].

A la lógica racializada de la explotación y la creación de jerarquías basadas en la naturaleza (o, en algunas versiones, en la cultura), se opuso así la activación de dispositivos ideológicos igualmente occidentales (paolinos, si se quiere) que permitían «tomarla por sorpresa» y determinar reinterpretaciones de la liberación. En un primer momento, los protagonistas fueron el ya citado Bartolomé de Las Casas, Francisco de Vitoria[51], José de Acosta[52], y en el siglo siguiente, el comunitarismo cristiano radical se manifestó en algunos autores clave como Roger Williams[53], que fundó Rhode Island y defendió los derechos de los indígenas, el cuáquero William Penn[54] y, en el contexto ilustrado, cabe recordar a Jacques-Pierre Brissot, fundador de la Société des Amis des Noirs, Condorcet, declarado abolicionista, y Denis Diderot, autor del notable Suplemento al viaje de Bougainville[55]. En esta obra de 1772, el gran filósofo ilustrado contestaba a Bougainville, que tomó posesión de Tahití en nombre de la corona francesa, que si en las islas «todo es de todos», los franceses, al desembarcar y tomar posesión abusivamente, iban a «traer la funesta distinción entre lo mío y lo tuyo». Además, que el mero hecho de ser más fuerte no autorizaba nada, por lo que había que dejar a los indígenas sus costumbres, que eran «más honestas y más sabias que las vuestras». Es más, añadía que «su ignorancia vale más que toda vuestra ilustración, [los indígenas] no saben qué hacer con ella». En este texto, valioso por su brevedad, Denis Diderot, uno de los filósofos más eminentes, pero también más agudos y sensibles de la Ilustración, desenmascaró la violencia lógica de la posesión y la apropiación y mostró un plan de lucha ontológica contra la lógica colonial. Un plan retomado por Robinson y Du Bois, entre otros. Diderot llevó al límite la crítica ilustrada, como en algunos casos también hizo Rousseau, al afirmar que la ignorancia puede valer más que la ilustración impuesta desde arriba y desde fuera, y vislumbró una vía para revertirla que se practicará mucho en el siglo XX y en la literatura poscolonial contemporánea. El texto de Diderot dialoga aquí, o resuena, con los de Fanon, Said, Spivak, Mbembe o Viveiros de Castro y los seguidores de Levi-Strauss, como Sahlins y muchos otros. La modernidad se muestra entonces no como un proceso universal de emancipación, sino como una genealogía situada, constitutivamente asimétrica y fundada en la eliminación del Otro.

El imperio británico. El supremacismo sin velos

El político conservador Enoch Powell, en un discurso pronunciado ante la prestigiosa Royal Society el 23 de abril de 1961, pronunció estas palabras:

«La vida ininterrumpida de la nación inglesa a lo largo de más de mil años es un fenómeno único en la historia: el producto de un conjunto específico de circunstancias como las que en biología se supone que dan inicio por casualidad a una nueva línea evolutiva. […] De esta vida ininterrumpida de un pueblo unido en su patria insular surge, como si emergiera del suelo de Inglaterra, todo lo que parece tan extraordinario en las cualidades y los logros de la nación inglesa. Todo su impacto en el mundo exterior —con las primeras colonias, la posterior Pax Britannica, el gobierno y la legislación, el comercio y el pensamiento— surgió de impulsos generados aquí. Esta vida ininterrumpida de Inglaterra está simbolizada y expresada por nada menos que la soberanía inglesa […] El peligro no es siempre la violencia y la fuerza: a ellas hemos resistido antes y podemos resistir aún. El peligro puede ser también la indiferencia y la hipocresía, capaces de dilapidar la gran riqueza de la tradición y degradar nuestro simbolismo sagrado solo para alcanzar algún compromiso barato o algún resultado efímero».[56]

Estas palabras, que articulan de manera sintética y admirable el «racismo popular» tan extendido en Inglaterra, son la base del «nacionalismo imperial» que conecta en un todo inextricable las ideas sobre la raza, el sentido de pertenencia y la ambición de dominio. Se trata de lo que Carline Elkins llama «imperialismo liberal», o lo que Tony Blair llamó «nuevo imperialismo liberal», para justificar en 2003 la guerra de Irak. Esa unión indisoluble, alimentada por el «doblepensar» orwelliano, la «totalidad inhumana» y la «promesa de reformas» que caracteriza al universalismo liberal en su propia constitución.

Confrontarse con esta historia de prácticas e ideas es hoy especialmente importante, cuando la postura, nunca desaparecida, de legitimar el derecho (y la carga) de traer al mundo la emancipación y la «libertad» recupera su lugar central en vísperas de la nueva Gran Guerra que se prepara y, mientras tanto, en las «guerras locales» que proliferan. En todas las guerras «locales», en las que el estatus de nación «agredida» recae, de vez en cuando, en la pobre Ucrania (seducida y engañada por el Occidente colectivo y luego invadida por la vecina Rusia[57]), en Israel, tanto cuando destruye Gaza (uno de los lugares de asentamiento humano más antiguos de la historia, ampliamente citado en la Biblia[58]) en respuesta a un ataque sorpresa de Hamás, ya sea cuando ataca repentinamente a Irán[59], inmerso en negociaciones sobre energía nuclear civil, o cuando le arranca un pedazo de carne a Siria[60], atacada esencialmente por Turquía. Siempre somos «nosotros», o nuestros amigos del momento, los que estamos del lado correcto de la historia y del progreso, siempre son los demás los oscurantistas, autoritarios y portadores de «regímenes», violentos y retrógrados a la vez. Como se ve, siempre estamos del lado de los argumentos teológicos de Sepúlveda.

Esto viene de lejos, pero siempre se repite. Robert Cooper, asesor de Blair en política exterior, dijo, por ejemplo, con motivo de la agresión de Occidente a Irak[61], justificada contra la ONU con pruebas falsas fabricadas por el MI6[62], que en el mundo «posmoderno» el «verdadero reto es acostumbrarse a la idea de dos pesos y dos medidas». Con una franqueza digna de una mejor ocasión, Cooper afirmó que, mientras que en su país se trataba de actuar según las leyes, en los «Estados más anticuados, fuera del continente posmoderno de Europa, debemos volver a los métodos más duros de una época anterior». Es decir, «a la fuerza, al ataque preventivo, al engaño». En concreto, «todo lo que sea necesario para hacer frente a quienes aún viven en el mundo decimonónico de cada Estado por sí mismo». En palabras aún más crudas: «entre nosotros respetamos la ley, pero cuando operamos en la selva, también debemos utilizar las leyes de la selva». Para justificar la intervención en la antigua colonia, como hoy, a fin de cuentas, para justificar cualquier matanza a gran escala que, de vez en cuando, se hace lamentablemente «necesaria», el honesto Cooper no tuvo escrúpulos en recurrir al colonialismo. Leemos:

«La forma más lógica de afrontar el caos, y la más utilizada en el pasado, es la colonización. Sin embargo, es inaceptable para los Estados posmodernos (y, al parecer, también para algunos Estados modernos). Es precisamente a causa de la muerte del imperialismo que estamos asistiendo al surgimiento de un mundo premoderno. Imperio e imperialismo son palabras que en el mundo posmoderno evocan una forma de abuso. Hoy en día no hay potencias dispuestas a asumir la carga de la colonización, aunque las oportunidades para ello, y tal vez incluso la necesidad, son tan fuertes como lo eran en el siglo XIX»[63].

Estas palabras no fueron pronunciadas, como muchas otras que veremos, en el siglo XVIII, ni siquiera en el XIX o el XX, no son de Sepúlveda, son nuestras contemporáneas. Se remontan a hace veinte años. Y no las pronuncian populistas con la baba en la boca, sino el civilizado y «izquierdista» Gobierno británico, estrechamente aliado con el gobierno neoconservador estadounidense; son pronunciadas ante las antiguas puertas de Bagdad, fundada en el siglo VIII por el califa al-Mansur y en una región literalmente central en la historia del mundo occidental[64].

Estas palabras crudas (que luego se articulan según los casos en el neoimperialismo blando, o informal, de la economía global controlada con «piloto automático» por los organismos financieros internacionales, o, cuando el desafío se hace apremiante, en el neoimperialismo duro, a cielo abierto, de las guerras por poder a través de terceros) encarnan el imperialismo liberal, que se esfuerza por «Take Back Control» (el eslogan conservador de Farange) o «Make America Great Again» (el eslogan de Trump). Palabras que se acompañan, según un sistema de larga data, con promesas de libertad y universalismo.

El «Giano bifronte» del liberalismo queda iluminado por estas palabras y las acciones correspondientes. De hecho, la inextricable maraña entre liberalismo, violencia, ley y creación de tesis históricas ideológicas apropiadas ha contribuido a lo largo de la historia a sedimentar en gran parte del mundo contemporáneo una cultura particular de la opresión vestida con ropas civiles. Una cultura que ha pasado a los diligentes alumnos estadounidenses, que luego se han convertido en maestros, y de ahí se ha convertido en la marca registrada de Occidente hacia el resto del mundo.

La centralidad de la historia británica es, en el mundo moderno, igual a la de los romanos y los griegos en el mundo antiguo; claramente estructuradora y punto de referencia, tanto en la primera fase de los siglos XVII y XVIII (cuando se desarrolló con medios informales y según el funcionamiento del «libre mercado»), como en la segunda, de los siglos XVIII y XIX (cuando el crecimiento de la competencia obligó a pasar al modelo de la «cláusula imperial» para seguir garantizando que las inversiones no tuvieran competencia, la importación de alimentos y mercancías privilegiada y el espacio financiero de la libra esterlina a salvo). En total, los británicos invadieron o conquistaron 178 países y solo en el siglo XIX promovieron 250 conflictos armados y contrainsurgencias. Lo que Kipling definió como «las guerras bárbaras por la paz», en una espléndida aplicación del «doble pensamiento»[65] orwelliano.

En el Imperio Británico, y de forma abierta, el color de la piel se convirtió en el signo de la diferencia, según una jerarquía racial muy precisa; pero la piel era en realidad un signo «construido». Como señala también Cedric Robinson, en cada momento podían ser «negros» los irlandeses, los palestinos y los judíos, o incluso los afrikaners holandeses, en una clasificación que se superponía y siempre implicaba un juicio unilateral sobre el nivel de «modernidad» y «madurez» con respecto a una escala implícita de progreso, según los rígidos parámetros de la filosofía de la historia occidental. O, en otros términos, según su idea de «libertad» y «Estado de derecho». Esto es, para Elkins, la «sideología del liberalismo liberal», que con sus rígidas camisas de fuerza atrapa las mentes y los corazones de los actores imperiales e integra sus reivindicaciones soberanas. De ello se derivó para Gran Bretaña un compromiso masivo de «reformar» a sus súbditos y acompañarlos, como un rebaño a veces recalcitrante, al mundo moderno. Se trata de la famosa «carga del hombre blanco»[66].

Este es el tema, central a partir de cierto momento de la historia, del «desarrollismo», que comenzó a ver a los bárbaros, con una condescendencia que se percibía como generosa, como niños a los que había que hacer madurar. De ello se derivó la asunción de una «misión civilizadora» en la que la violencia fue siempre tanto el medio como el fin. A lo largo del siglo XIX, toda latoda la misión, al pasar el Imperio al reino del Estado de derecho, se dotó de códigos y procedimientos que no hicieron más que legitimar y justificar la violencia y proteger a sus autores. Pero por este camino, entre «misión» y «ley», el imperialismo liberal puso en manos de sus adversarios las armas de su propia destrucción. Un niño, tarde o temprano, tiene que crecer, aunque, mientras tanto, es justo que se le exponga a una disciplina dura, al castigo, visible y educativo por su bien. El apogeo de esta desintegración se produjo inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, en las condiciones particulares generadas por la crisis económica británica, que la hacía al mismo tiempo dependiente del Imperio y ya no financieramente independiente en el apoyo de la libra esterlina, por la compleja relación con los Estados Unidos, decididos a poner fin a la centralidad británica, pero necesitados del control imperial en clave antisoviética, y el movimiento tercermundista que tomaba al pie de la letra las consignas establecidas en la inmediata posguerra y que poco a poco se institucionalizaron en organismos internacionales y solemnes «Declaraciones».

En resumen, según una formulación sintética de Elkins: «la violencia era inherente al liberalismo. Residía en el propio reformismo liberal, en sus pretensiones de modernidad y en sus concepciones de la ley: elementos, de hecho, opuestos a los que normalmente se asocian con la violencia»[67]. No se trataba solo de explotación económica, ni solo de «capitalismo racial» al estilo de Robinson[68], sino de un vínculo interno e íntimo entre liberalismo y violencia (un vínculo lógico e histórico) que también está presente en las cuestiones raciales (y geopolíticas) contemporáneas. Incluso hoy en día, los pueblos «negros» están alineados con el progreso, representado por una mayor o menor proximidad a un modelo suprahistórico (un ejemplo es Rusia, muy negra, mientras que Ucrania es, por ahora, muy blanca, y así sucesivamente, ahora también se están volviendo blancos los «rebeldes» sirios y «negros» como siempre han sido los leales, o, obviamente, son «negros» los muy civilizados persas, mientras que los judíos sionistas son muy blancos e inmaculados).

Volviendo al Imperio inglés, se puede observar cómo, de hecho, coexistieron durante toda su duración, y a menudo se teorizaron, sistemas duales de autoridad y legitimación: leyes consuetudinarias en el país y códigos coloniales fuera de él. Monopolio de la violencia en ambos (que ni siquiera cedió al llamado «gobierno indirecto», a veces practicado cuando se consideraba más económico). De hecho, esta era la «misión civilizadora» que implicaba, necesariamente, tanto una dimensión progresista como una dimensión coercitiva. En efecto, «las reformas y la represión eran inherentes tanto al lenguaje [del imperialismo liberal] como a sus sistemas. El eterno juego universalista sobre el fondo de las diferencias raciales [es decir, de grado de civilización] se reproducía en cadena»[69]. Incluso después de la Primera Guerra Mundial, el sistema de «mandatos» no trajo cambios sustanciales, simplemente sustituyendo una «administración fiduciaria», nominalmente supervisada por la «Sociedad de Naciones», al antiguo dominio directo. Los pueblos «aún incapaces de valerse por sí mismos en las difíciles condiciones del mundo moderno», según la fórmula jurídica aplicada, permanecieron sometidos, obviamente por su propio bien.

Sin embargo, en la Segunda Guerra Mundial, la movilización sin precedentes de los pueblos coloniales como soldados y como mano de obra hizo necesario hacer promesas que, posteriormente, quedaron en suspenso. Y entonces, la difícil relación con los Estados Unidos y su enfoque (histórico-cultural y de interés) antiimperialista, unida a la dependencia económica, hicieron necesario que Gran Bretaña revestiera la sustancia colonial con nuevas ideas, que desafiaban cada vez más el «doblepensar» imperial. En consecuencia, la «administración fiduciaria» se convirtió en «asociación», hacia el «bienestar común» (Commonwealth). Pero en la Carta de las Naciones siguió viva la definición de «territorios cuya población aún no ha alcanzado la plena autonomía» y para los que es necesario garantizar, por las buenas o por las malas, el «desarrollo progresivo». De ello se derivó una tensión estructural, atrapada entre la necesidad económica de utilizar las zonas coloniales protegidas para alimentar el renacimiento económico y las bonitas palabras, entre los supuestos derechos universales y la discriminación racial (que es, en realidad, discriminación con respecto a la conformidad con el modelo universal).

De ahí el catálogo de atrocidades que diligentes funcionarios y militares británicos cometieron en todas las zonas de levantamiento del imperio, en África (desde la guerra bóera hasta la keniana), en Oriente Medio (con el caso palestino en primer plano), en Oriente (desde la India hasta Malasia, y así sucesivamente), sin olvidar el campo de entrenamiento irlandés o el asunto chipriota. Acontecimientos que alcanzaron su punto álgido entre los años cincuenta y sesenta, pero que luego continuaron en Vietnam a manos de los alumnos estadounidenses. En definitiva, el Imperio Británico adquirió una configuración cada vez más violenta con el paso del tiempo, a medida que, por un lado, exaltaba las virtudes del liberalismo para defender un dominio que parecía cada vez más obsoleto y, por otro, se veía obligado a legitimar interna y externamente los episodios de coacción extrema como excepciones desafortunadas al triunfo evolutivo de la modernidad.

Esta es la forma que adopta el «nacionalismo imperialista» que, como legado a largo plazo del colonialismo británico, permanece y resurge continuamente en la Gran Bretaña actual. Y no solo eso.

Una de las cosas que hay que comprender es que las ideas progresistas y la acción coercitiva son ambas expresiones de la misma «misión civilizadora» autoatribuida. El imperialismo liberal siempre puede tolerar las protestas porque las reformas y la represión forman parte de su lenguaje y de sus sistemas operativos.

Primera parte: Una nación imperial.

La primera escena es la conquista de la India, joya del Imperio, por parte de la Compañía de las Indias Orientales[70], que aprovecha un episodio de 1756 (la captura de varios ingleses y su detención en el llamado «agujero negro de Calcuta») para justificar el ataque militar a Bengala y la batalla de Plasey, en 1757, que da inicio a la presencia sistemática inglesa. A Dai Moghul se le concede el derecho a recaudar impuestos que aportarán enormes sumas al tesoro inglés, pero, debido a prácticas de sobreexplotación salvaje, también una hambruna en la que se estima que murieron alrededor de 10 millones de personas (un tercio de la población). Este efecto no deseado provocó, sin embargo, una caída de los ingresos y llevó a la Compañía al borde de la quiebra; lo que a su vez provocó un colapso del crédito a nivel mundial. En este contexto, se concedió un préstamo de 1,4 millones de libras esterlinas y se sustituyó al gobernador, Clive, por Hastings. Este último fue luego llamado a juicio, lo que constituye, de hecho, la escena principal de algunas de las estructuras discursivas recurrentes. El juicio en el Parlamento contó con Edmund Burke como acusador. La línea seguida puso en tela de juicio la legitimidad del imperio, exigiendo estándares más elevados. Según Burke, el imperio se justifica por el bienestar de sus súbditos y la creación de un Estado de derecho. Gran Bretaña tenía la misión sagrada de establecer un gobierno digno y responsable, que también comprendiera las tradiciones locales y las ayudara a evolucionar hacia la modernidad[71]. En un extraordinario pasaje retórico del Discurso de Apertura, el 15 de febrero de 1788, Edmund Burke, ante la Cámara de los Lores, pronunció la verdad que el proceso debería haber disipado:

«Dios no quiera que se difunda en el extranjero la idea de que las leyes de Inglaterra están hechas para los ricos y poderosos en lugar de para los pobres, los miserables y los indefensos que no pueden permitirse ninguna otra protección. Dios no permita que se diga que en este reino sabemos otorgar a los funcionarios públicos poderes extremadamente amplios e incontrolables y que disponemos de medios escasos, ineficaces, deficientes e impotentes para llevar ante la justicia a quienes abusan de ellos. Dios no permita que se diga que no hay en el mundo nación igual a Gran Bretaña en cuanto a la concreción de la violencia y la irregularidad de la justicia. Nunca se debe decir que, para encubrir nuestra responsabilidad en el saqueo de Oriente, hemos inventado un conjunto de distinciones escolásticas contrarias al sentimiento de humanidad, mediante las cuales fingimos no saber lo que el resto del mundo sabe y siente bien»[72].

En un discurso que duró cuatro días, el filósofo y político inglés acusó a Hastings de «moralidad geográfica», es decir, que «una vez superada la línea ecuatorial, todas las virtudes morían». Por el contrario, las leyes morales «son las mismas en todas partes». Esta idea de la universalidad de los derechos humanos, en cuanto «naturales», era en efecto una de las grandes ideas del siglo, que se afirmaría a través de las dos revoluciones «atlánticas» (o más bien las tres[73]). La absolución de Hastings, tras nueve años y más de 170 sesiones, dejó sin embargo dos legados: que la Compañía debía responder ante la corona y que la sagrada responsabilidad de Gran Bretaña hacia los pueblos sometidos no podía ignorarse.

Por lo tanto, se hacía necesaria una justificación más articulada del dominio. Otros grandes intelectuales, como James Mill, se comprometieron con ello. Una línea a seguir era la de describir al otro como deficiente y, por lo tanto, necesitado de protección, es decir, como antítesis de la civilización. Por otra parte, como recuerda oportunamente Elkins, el pensamiento liberal evolucionó en Europa entrecruzándose desde sus inicios, es decir, desde los siglos XV y XVI, con el largo proceso de ascenso de los imperios (primero español y portugués, luego francés e inglés, holandés) en una relación que califica de «recíprocamente constitutiva».

Aunque esta tesis requeriría una mayor explicación, de hecho implica una coevolución de las propias ideas de libertad, progreso y gobierno. El expansionismo, ideológico y material, es, en definitiva, inherente a los rasgos distintivos del liberalismo, y con él las nociones universalistas de progreso y las reivindicaciones morales, todas ellas estrechamente relacionadas con la expansión de la propiedad y el capital como ordenador central de la sociedad. De esta postura, que tiene raíces muy profundas[74], se deriva que, en ocasiones, frente a las «razas menores», según la afortunada fórmula de John Stuart Mill, el despotismo puede ser «necesario».

El organizador ulterior de la raza se vio reforzado poco a poco por los episodios que se sucedieron, entre los que cabe recordar la rebelión de los cipayos y la Comisión de Investigación compuesta por Mill, Darwin y Herbert Spencer, que vio a Dickens, John Ruskin y Thomas Carlyle comprometerse en defensa de la legitimidad del Imperio. En este choque de gigantes de la cultura inglesa se perfeccionó la idea de que, contrariamente a lo sostenido por Burke, «los diferentes estados de desarrollo deben implicar la aplicación de diferentes niveles legales». Se trata de un cambio trascendental[75]. En torno a la lección aprendida de los acontecimientos de Jamaica, se amplió la posibilidad de recurrir a la violencia como base misma del derecho. El Imperio comenzó a concebirse como una empresa patriótica totalizadora.

Todos estos momentos convergieron en la gran síntesis de Disraeli, que, a través del evento simbólico y el gran espectáculo de la coronación de la reina Victoria, determinó un vínculo duradero entre el orgullo nacional y la «misión civilizadora» autoasumida. En literatura fue la época de Caroll, George Alfred, Kipling y Selley.

Pero no fue solo una cuestión cultural o política. En realidad, para mantener su posición de líder financiero mundial y favorecer la afirmación del capitalismo en el país, Gran Bretaña necesitaba asegurarse un flujo constante de oro. Este proceso se veía obstaculizado por los afrikaneers, descendientes de los primeros colonos holandeses y asentados en la crucial Sudáfrica. Cuando se descubrió oro en el Transvaal, en 1806, miles de ingleses y empresarios sin escrúpulos se precipitaron a la región. El presidente de los bóers, Paul Kruger, impuso entonces normas que dificultaban los asentamientos coloniales ingleses, lo que provocó largos decenios de fricciones que, al final, desembocaron en guerras. La Segunda Guerra Anglo-Bóer se libró a partir de 1899, cuando la corona envió a 75 000 hombres en una «misión civilizadora» para resolver el conflicto. Una «misión» que se amplió constantemente, hasta llegar a comprometer a 450 000 soldados, de los cuales 22 000 murieron y 75 000 quedaron inválidos. Durante esta guerra se inició el habitual proceso de deshumanización de los adversarios que, para Kipling, eran una «media casta» y, en consonancia con esta autorización, fueron enfrentados con medios cada vez más radicales. Finalmente, fue el general Kitchener, famoso por haber derrotado en Sudán a las fuerzas de Al-Mahdi, quien propuso una solución drástica para contrarrestar lala hábil guerrilla de los bóers: dividió el territorio con fortificaciones y alambradas y creó campos de prisioneros en masa en los que incluso las mujeres y los niños eran declarados objetivos legítimos. Fue la primera vez que un grupo étnico entero fue objeto de deportación e internamiento masivo. Los campos de concentración de Kitchener fueron observados con interés en todo el mundo, especialmente en Alemania. Hoy han encontrado su enésima aplicación en Gaza.

En el otro bando militaba Jon Smuts, una personalidad realmente extraordinaria, al frente de los comandos afrikaners y que más tarde se convertiría en uno de los principales artífices de las transformaciones imperiales en las fases posteriores. Durante la guerra también se experimentaron armas prohibidas, como las mortíferas balas dum-dum.

El siguiente escenario de enfrentamientos, y lugar de aprendizaje, fue Irlanda, donde se perfeccionaron tácticas y reglamentos que luego se exportarían a todo el Imperio. En 1916, al final de la Primera Guerra Mundial, Patrick Pearse ocupó por la fuerza la Oficina de Correos de Dublín. Para resolver la crisis, Kitchener, ya secretario de Guerra, envió al general John Maxwell, nombrándolo gobernador militar de Irlanda. La represión fue feroz, en pocos días murieron 500 civiles y los líderes fueron capturados y ejecutados. En lugar de apaciguar los ánimos, esto hizo cambiar la opinión pública. El sacrificio de Pearce encendió la mecha que dio lugar a nuevos líderes militares, forjados en las luchas de los afrikáneres, entre ellos Michael Collins, que llevó la enorme experiencia de la guerra de guerrillas a un nuevo nivel. La guerra de independencia irlandesa llevó al gobierno de Lloyd George a la decisión de enviar otros 10 000 hombres a la isla y a crear las infames unidades «Block and Thanks», que aumentaron enormemente el nivel de violencia. Sin embargo, el resultado fue que también aumentó enormemente el reclutamiento en el IRA.

Mientras tanto, Smuts, ya convencido de la necesidad de que Sudáfrica permaneciera en el Imperio para llevar a cabo la misión civilizadora, contribuyó a la definición en la Sociedad de Naciones del concepto de «mandatos». De este modo, la colonización podía continuar, bajo el mandato de la Sociedad, durante el tiempo necesario para que el país infantil creciera. Se definieron también mandatos de diferentes clases, según su grado de madurez: A o B.

La India estaba sometida a uno de estos «mandatos», pero enseguida fue objeto de numerosas revueltas. Uno de los puntos decisivos fue la masacre del Parque Bagh, cuando el oficial inglés Reginald Dyer ordenó abrir fuego contra una multitud pacífica, matando a 400 personas e hiriendo a 1200. La revuelta terminó con la condena de 581 personas y la ejecución de otras 108. Llamado a responder por ello, Dyer justificó sus medidas como «necesarias» y adecuadas. La violencia tenía, de hecho, un «efecto moral» saludable. En el juicio que siguió, los laboristas pasaron al ataque y Churchill presentó una hábil defensa que lo reducía a un «horrible episodio aislado» que no comprometía «la augusta y venerable estructura del Imperio Británico, en el que la autoridad legítima se transmite de mano en mano y de generación en generación» y que «no necesita recurrir a cosas semejantes», ya que «tales ideas son absolutamente ajenas al modo de actuar británico»[76]. En realidad, el caso tuvo como efecto legitimar la violencia, ya que mostró un sentimiento de apoyo al oficial en todos los estratos sociales y arraigó la violencia «necesaria» del Imperio en los conceptos de deber, honor, defensa del Imperio y, por consiguiente, de la nación.

La insurrección en Irak inauguró nuevas técnicas de contrainsurgencia, es decir, un nuevo nivel de terrorismo. Arthur «bomber» Harris fue su héroe. A partir de 1920 se perfeccionó una técnica de bombardeo aéreo indiscriminado que golpeaba sistemáticamente las aldeas aisladas, más o menos señaladas como «rebeldes» por la incipiente inteligencia imperial. Se trata de la táctica de «violencia y terror» desde el cielo, como la llamó un joven Winston Churchill. Ataques continuos, día y noche, con dardos aéreos, gas, bombas de fósforo, cohetes, bombas retardadas, simples granadas y crudo para contaminar el agua.

Más o menos en el mismo año comenzó la «cuestión palestina», en la que se empleó a miembros de la antigua policía irlandesa. Inicialmente, el Alto Comisionado en Egipto prometió apoyo a los palestinos, pero Lloyd George, convertido en primer ministro, buscó inmediatamente un acuerdo solo con los judíos. Fue entonces cuando Chaim Weizmann logró que el fragmentado mundo sionista pareciera una fuerza unitaria y decisiva, y por lo tanto «Palestina como hogar nacional para el pueblo judío». Este será el contexto de la «Declaración Balfour», que fue posible gracias a la mediación de Wilson ante Lloyd George. La reacción de los nacionalistas árabes fue el detonante del enfrentamiento en el muro de Jerusalén, que vio al nuevo oficial inglés, Duff, aplicar la cultura de los «Black and Tanks». Una violencia indiscriminada, sin embargo, ampliamente justificada ante las críticas recibidas en su país. Serán la afirmación de Ben Gurión y el asesinato del líder árabe Al-Qassam los que llevarán el conflicto a un nivel insostenible. Un nivel de ilegalidad generalizada por todas las partes en conflicto, y por parte inglesa. Se importaron nuevas tácticas de interrogatorio (directamente de la infame prisión «Cellular Jail» de Bengala. Charles Tagart creó centros de detención y tortura distribuidos y fuera de la vista y un muro de 80 km de longitud. En el verano de 1938, la revuelta árabe se intensificó y llegó el mítico capitán Orde Wingate, que creó inmediatamente las «escuadras especiales nocturnas», que para los críticos «olían a Gestapo».

Segunda parte. El imperio en guerra.

La Segunda Guerra Mundial fue el punto de inflexión de todas las tendencias. El comienzo fue desastroso: los japoneses tomaron con facilidad la «fortaleza de Singapur», capturando a 130 000 soldados británicos y matando a 10 000. La necesidad de movilización llevó a los líderes políticos a hacer promesas de liberación general que, en la posguerra, se volvieron en su contra. Chamberlain declaró que el objetivo de la guerra era derrotar toda la mentalidad agresiva y prepotente que busca dominar a otros pueblos por la fuerza. Él pensaba en los alemanes y los japoneses, otros pensarán en los ingleses.

La guerra se planteó entonces en términos de evangelización, ya que «el cristianismo, la civilización occidental, la democracia y el Estado de derecho» son uno. Una vez más, hay quienes escuchan estas palabras y piensan ingenuamente que democracia significa autodeterminación.

El impulso esencial que determinará la aceptación del tema de la autodeterminación y, por lo tanto, de la descolonización, ya maduro por otra parte, vino de Estados Unidos y se articuló en torno a la retórica que promovió el matrimonio Roosevelt, por razones tanto geopolíticas como ideales. Se trataba de las famosas «cuatro libertades esenciales». La libertad de expresión, de religión, de necesidad y del miedo. Se proclamó el ideal de «la cooperación de países libres, que trabajan juntos por una sociedad amistosa y civilizada, […] la libertad significa la supremacía de los derechos humanos en todas partes»[77].

Entre los dos aliados se inició una relación intensa y compleja, que vio por un lado la determinación estadounidense de debilitar el papel de la libra esterlina en la posguerra, para sustituirla por el dólar y, por lo tanto, el imperio comercial y colonial inglés (por lo que, por ejemplo, a cambio del indispensable petróleo se exigía la cesión de bases militares coloniales), mientras que por parte de los ingleses se resistían a esta hipótesis, por temor a que la reducción de su imperio supusiera el ascenso del estadounidense (como así sucedería).

Este es el contexto en el que se redactó la «Carta Atlántica», impuesta por los estadounidenses y aceptada por los británicos pensando, en esencia, en su aplicación solo a la Europa ocupada por los nazis. Se pronunció solemnemente la promesa de respetar el derecho de todos los pueblos y sus derechos soberanos y de autogobierno. Así, mientras Inglaterra necesitaba desesperadamente la ayuda estadounidense para sobrevivir a la presión alemana, y por lo tanto aceptó intercambiar bases por petróleo, el Acuerdo de Ottawa y la Carta Atlántica, los estadounidenses apuntaban, evidentemente, a abrir el comercio (al tener la economía más fuerte) y, por lo tanto, eliminar la «preferencia imperial».

Esta fue la retórica, ya visible, que fue desafiada desde abajo por una nueva generación de intelectuales periféricos, formados en las universidades del centro, y por otro lado por Roosevelt, quien declaró el fin de «la era del imperialismo». Declaraciones similares tuvieron un efecto particular en los movimientos de liberación colonial y sus activistas, como Padmore[78]. Por un lado, abrieron la esperanza, por otro, aconsejaron una postura menos radical y desesperada; atenuar el lenguaje de denuncia y enfatizar, más bien, el concepto de «autodeterminación de los pueblos» y su vínculo con el bienestar. En otras palabras, traducir las reivindicaciones al lenguaje educado y «civilizado» de los «derechos».

En ese momento, sin embargo, para vencer al Imperio, los aliados necesitaban la India, que contribuía con 2 250 000 soldados, pero también con una creciente industrialización bélica. Para conseguirlo, se iniciaron negociaciones con la Liga Musulmana, por un lado, y el Congreso Indio, por otro. Justo en ese momento, Gandhi lanzó una campaña de desobediencia civil que se les fue de las manos a sus proponentes y se convirtió rápidamente en una revuelta masiva, inmediatamente reprimida con sangre por los ingleses; el propio Mahatma fue arrestado y liberado solo en 1944, por temor a que muriera en prisión, donde entretanto había enfermado. Al otro lado de la barricada encontramos en esos años a Bose, que creó el INA, un ejército de más de 300 000 combatientes indios que luchó contra los británicos, apoyado y armado por los japoneses.

Mientras el mundo estaba sumido en la guerra, surgieron autores como Nnamdi Azikiwe, autor de un tratado sobre el «Renacimiento africano»[79], Eric Williams, «Capitalismo y esclavitud»[80], Robert James, que escribió «Los jacobinos negros»[81], William Du Bois, con «Las almas del pueblo negro»[82], Aimé Cesaire, «Discurso sobre el colonialismo»[83], Franz Fanon, «Piel negra, máscaras blancas»[84] y «Los condenados de la tierra»[85], George Padmore, «La vida y las luchas de los trabajadores negros»[86], «Cómo gobierna Gran Bretaña en África»[87], «África y la paz mundial»[88]. Juntos iniciaron un replanteamiento global de las condiciones de su sometimiento, centrándose en «la alianza impía entre capitalismo, racismo y colonialismo»[89]. Es decir, la doble capacidad del liberalismo para emancipar y reprimir al mismo tiempo, para iluminar y ocultar a la vista. Básicamente, difuminando y justificando la violencia con la retórica de la misión civilizadora. Es decir, con la interpretación del imperio, paradójicamente, como libertad, si no de inmediato, al menos en ciernes, y según la supuesta capacidad de llevar la civilización a las razas inferiores del mundo. El dominio imperial como acción de emancipación y libertad que, para sus propagandistas, no se había afirmado con una violencia real, ya que se había extendido simple y naturalmente a zonas «vacías». Esta idea de que el otro es «vacío» y, por lo tanto, disponible para acoger la «plenitud» que trae Occidente (en caso necesario, con medios coercitivos por el bien común), es una de las herencias más resistentes del colonialismo anglosajón y de su interpretación de la «civilización occidental».

Reginald Coupland, autor de libros como «Zulku battle piece: Isandhalawana»[90] e «India a re-statement»[91], promovió, por ejemplo, la idea de que el imperio manifestaba la equidad, si no la humildad, con la que el hombre blanco llevaba su carga al mundo, gratificando a las razas inferiores con el don de la humanidad y la civilización. En definitiva, según este planteamiento, la esencia del dominio imperial británico residía en la expansión de la libertad constitucional y, al mismo tiempo, en el despliegue del poder civilizador. Con su aportación del trabajo libre (es decir, asalariado) en lugar de esclavo, el libre comercio y un sistema de gobierno y legislación desprovisto de esas características de despotismo y barbarie que, invariablemente, siempre habían afligido a las razas «inferiores» del mundo.

Aunque a veces sin esta precisión, esta es la idea que perdura aún hoy y se manifiesta invariablemente cada vez que alguna raza «inferior» o «infantil» se opone al buen padre encarnado en el magnánimo Occidente. Se trata de lo que George Orwell, durante décadas firme opositor interno del imperialismo inglés, llamó al final de su vida «doble pensamiento». En 1948, cuando ya se rendía ante el avance de la tuberculosis que le mataría siete meses después de la publicación, escribió su novela más famosa, «1984»[92]. El texto puede leerse, en el contexto de la vida y las orientaciones del autor, como una denuncia del imperialismo inglés (en lugar de la dictadura comunista, como se interpreta a menudo). De hecho, explora las consecuencias del totalitarismo y del imperialismo liberal, donde, como en la Oceanía del libro, «la guerra es paz» y «la libertad es esclavitud». Hoy en día, el agredido es Israel (cuando bombardea Gaza como Irán) y, al mismo tiempo, es Ucrania (cuando es bombardeada por Rusia).

Es el «doblepensar, que implica la capacidad de albergar simultáneamente en la mente dos opiniones contradictorias, aceptándolas ambas. El intelectual de partido sabe en qué dirección hay que alterar los recuerdos y, por lo tanto, sabe que está jugando sucio con la realidad, pero gracias al doblepensar se convence a sí mismo de que no la está violando»[93]. Se trata de «utilizar el engaño de forma consciente», evitando al mismo tiempo un «sentido de falsedad y, por lo tanto, de culpa». Algo que es consciente e inconsciente al mismo tiempo y que requiere un largo entrenamiento. En palabras de Orwell en la novela, «decir intencionadamente mentiras mientras se cree en ellas con sinceridad, olvidar un hecho que se ha vuelto incómodo y luego, cuando vuelve a ser necesario, recuperarlo del olvido durante el tiempo necesario, negar la existencia de la realidad objetiva y, al mismo tiempo, tener en cuenta la realidad que se niega: todo esto es indispensable y necesario»[94].

El doblepensar de Orwell, técnica a la vez aprendida e incorporada, se manifiesta, por ejemplo, cuando tenemos un «agresor» y un «agredido», cuando al final de diez años de enfrentamientos feroces son los rusos los que invaden, pero no lo tenemos cuando son los turcos o los israelíes contra los sirios, o contra los libaneses y los siempre «vacíos» palestinos. Cuando los mismos israelíes atacan por la noche y de improviso a Irán. Pero sabremos con certeza que aún los tendremos cuando alguien intente responder.

Volviendo a nuestra historia, mientras en Palestina Begin iniciaba y combatía con métodos de guerrilla la ocupación inglesa, se producía un complejo pulso entre los «mandatarios» y sus socios de ultramar. En un intento por mantener el equilibrio, los ingleses querían frenar el ritmo de la inmigración judía, pero los estadounidenses presionaban para que se acelerara.

Este fue el contexto en el que se instaló el nuevo gobierno laborista de la inmediata posguerra. Attlee parecía inicialmente querer romper con el pasado imperialista, pero casi de inmediato se dio cuenta de que las desastrosas condiciones económicas de Gran Bretaña exigían, por el contrario, un endurecimiento de la extracción de valor de la periferia. Los asombrosos costes de la guerra hacían necesario acceder constantemente a nuevos préstamos estadounidenses que, para la opinión pública británica, eran cada vez más difíciles de conceder. Este fue el dramático contexto de las negociaciones de Bretton Woods, en las que los temas fueron el «libre comercio» exigido por los estadounidenses y el papel de la libra esterlina, estrechamente vinculada a la llamada «preferencia imperial»[95]. De hecho, al final de la guerra, aproximadamente la mitad del comercio mundial se negociaba en libras esterlinas, que representaban el 80 % de las reservas monetarias de los países del mundo. Al mismo tiempo, sin embargo, la potencia productiva que podía sostener este papel estaba ya comprometida.

Según un esquema de la situación muy similar al actual de Estados Unidos, en esencia Gran Bretaña no tenía otra alternativa, si quería sobrevivir, que utilizar las políticas monetarias, junto con intercambios comerciales privilegiados, para beneficiarse del imperio (lo que, por otra parte, suponía un enorme coste para mantener la estructura represiva).

Casi de inmediato, los estadounidenses también se dieron cuenta de que, en las nuevas condiciones de la posguerra, en las que la guerra de Corea ponía de manifiesto el nivel del desafío que representaban los países comunistas, el imperio también les servía para fines de contención. Así pues, se permitió a la libra esterlina sobrevivir.

En la inmediata posguerra se celebraron negociaciones para la emancipación de la India, que ya no podía posponerse, gracias también a la presencia de cientos de miles de exsoldados que regresaban, pero se buscó un acuerdo para mantenerla en la Commonwealth. Se produjo una dramática división entre musulmanes e indios, que daría lugar a los dos Estados mutuamente hostiles que son hoy Pakistán e India. Pasos clave fueron la muerte de Bose en un accidente aéreo, la de Gandhi en un atentado, casi inmediatamente después de la independencia, y el juicio a los oficiales del INA, que provocó una enorme movilización militar india, lo que indicó que el vaso estaba lleno. A esto siguió la «Gran Matanza de Calcuta», enfrentamientos étnicos que causaron al menos 6000 muertos en el país y dieron lugar a un éxodo en ambas direcciones, con la separación de las comunidades religiosas. Lo que ocurrió fue que los complejos métodos de coexistencia negociados y consuetudinarios entre hindúes y musulmanes, que habían coexistido durante siglos en los mismos territorios, se habían disuelto con la ocupación británica. Al igual que en Palestina, habían sido sustituidos por un velo de represión que, cuando se levantó, dejó a las comunidades enfrentadas entre sí. El 15 de agosto de 1947 se produjo, sin embargo, el traspaso de poderes, acompañado de un enorme proceso de destrucción de documentos comprometedores.

En Palestina, precisamente en el mismo período, la cooperación anglo-estadounidense llevó progresivamente a inclinar la balanza a favor de los judíos. La poderosa influencia del lobby sionista sobre el gobierno estadounidense, que Elkins documenta con nombres y circunstancias, obligó a los británicos a abandonar a los árabes a su suerte. Se trataba de estar entre dos martillos, pero el judío era más fuerte: los sionistas disponían de 45 000 hombres armados, de los cuales al menos 9000 estaban muy bien entrenados. Las fuerzas del Yishuv atacaron todas las infraestructuras británicas, ferrocarriles, instalaciones petroleras y cuarteles. El gobernador inglés, Bevin, respondió con la guerra. MacMichael inició una violentísima campaña de coacción terrorista, a la que Begin respondió con la bomba que destruyó el Hotel King David de Jerusalén.

Aquí cayeron, tras el incidente del Exodus, los pogromos en Tel Aviv, los escuadrones especiales británicos, la enorme masa de dinero que Palestina se tragó para mantenerla bajo control, la Resolución 181 de las Naciones Unidas, que declaró la división en dos Estados independientes. El 14 de mayo de 1948, mientras Orwell escribía su último libro, Gran Bretaña salió del atolladero palestino. Inmediatamente estalló la guerra entre árabes y judíos sionistas, ganada por estos últimos, y 800 000 personas abandonaron el país.

Otras tragedias tuvieron lugar en aquellos años en Costa de Marfil, donde los protagonistas fueron Kwame Nkrumah y Robin «Ojo de Peltre» Stephens, recién salido de un juicio por torturar a nazis juzgados en Nuremberg, y en Malasia.

Las elecciones de 1951 vieron la derrota laborista y el agravamiento de la crisis malaya, en la que se emplearon 30 000 hombres, justo cuando la Declaración de los Derechos Humanos y los Convenios de Ginebra ponían en aprietos al Ministerio de Colonias y al Ministerio de Asuntos Exteriores. Aquí, Sir Gerald Templer puso en práctica todas las refinadas y brutales técnicas antiinsurreccionales aprendidas en un siglo de dominio colonial, pero esta vez fueron mostradas en una serie de valientes reportajes de denuncia. Entonces, el Ministerio de Colonias decidió cambiar de retórica e inventó un hermoso ejemplo de doble pensamiento: la acción debe conducir a conquistar «los corazones y las mentes» y a «desarrollar la comunidad». Con este fin, se destinaron fondos que dieron lugar a la creación de las «aldeas de Templer», en los que la tradicional vida comunitaria malaya, con su agricultura de subsistencia integrada en la naturaleza, fue trasladada a la fuerza a grandes aldeas más civilizadas de cientos o miles de personas, cuidadosamente vigiladas y cercadas. Otra forma de reclasificar los campos de concentración y las prácticas aplicadas contra los afrikaners unas décadas antes. Se trata de diseñar un estilo de vida que reduzca la independencia de la aldea y ponga fin a su apoyo a la guerrilla.

De manera similar, en Kenia, tras el asesinato del líder local Woruhin, en 1952, una guerra civil y colonial vio el surgimiento del movimiento Mau Mau (un juramento) que incendió el país. Los británicos respondieron de nuevo creando campos de prisioneros masivos, con una jerarquía precisa basada en la mayor o menor fiabilidad de los prisioneros y utilizando una fuerza legalizada (pero ilegal y cubierta por la amnistía de Churchill) contra los más radicales. Se trataba de la «técnica de la dilución»[96].

De este modo, entre la defensa de la gran misión civilizadora del mundo entero, la nueva religión del nacionalismo imperial, el impulso estadounidense hacia la liberalización del comercio y la consiguiente amenaza para la libra esterlina, se llegó a la «crisis de Suez»[97]. Inglaterra y Francia enviaron un cuerpo expedicionario para defender su control del crucial paso, pero esto ocurrió precisamente durante una crisis monetaria que obligó a recurrir, como siempre, a préstamos estadounidenses. En ese momento, Eisenhower volvió a salvar a la libra esterlina, pero, esta vez, impuso la retirada inmediata de Egipto. Las consecuencias geopolíticas y económicas fueron enormes: quedó claro para todos que ya solo había dos superpotencias, Estados Unidos y la URSS, y que la centralidad monetaria de la libra esterlina y las colonias ya no podía mantenerse. Este fue el escenario final del Imperio Británico, que condujo al discurso de Powell.

El relevo pasaba a manos estadounidenses.

El imperio estadounidense, la coronación

Para resumir la historia del imperio estadounidense, en su formación, hay que partir de los viajes de Colón, sobre todo del segundo, cuya compleja organización y elevado coste (nada menos que 17 barcos) hacían necesario garantizar un beneficio inmediato. Es decir, claramente, abrir una vía de suministro de esclavos y oro. Colón intentó cumplir su mandato en un país rico en recursos naturales pero sin desarrollar en el sentido occidental, garantizando sobre todo los primeros. Y, por lo tanto, ocupando militarmente Haití, que fue salvajemente explotado y en el que se llevó a cabo, en poco menos de un siglo, un auténtico exterminio absoluto. Una población local estimada en 250 000 habitantes fue reducida prácticamente a cero, gracias a una despiadada sobreexplotación en plantaciones intensivas. Sobre esta experiencia se formó la militancia antirracista del autor militante español más importante de la época, Bartolomé de Las Casas[98].

Pero América del Norte fue invadida especialmente por los ingleses en el siglo siguiente. Además, las poblaciones nativas, los first peoples, estaban fragmentadas en cientos de clanes y alianzas federativas, y podían oponer una resistencia, aunque obstinada, pero fragmentada y discontinua. Ante esta debilidad, que hacía parecer a los europeos, acostumbrados a densidades sociales y organizativas diferentes, que el país era vacío e inmenso, los ingleses (pero también los franceses) ejercieron lo que Howard Zinn llama una «perfidia y brutalidad» específicas, causadas en última instancia por un impulso interno. Precisamente de «ese impulso especial y poderoso que surge en las civilizaciones basadas en la propiedad privada»[99]. Un impulso que se nutre de la necesidad de espacio y tierra, que se concibe como libre y de propiedad exclusiva. De ahí la necesidad, evidente para los contemporáneos, de sustraerla a los usos comunitarios no reconocidos como legítimos. Y, por lo tanto, expulsar y matar a quienes pretendieran afirmarlos.

En el momento de la conquista y colonización, vivían en América 75 millones de miembros de los primeros pueblos, de los cuales 25 en América del Norte, pero divididos aquí en al menos 2000 lenguas y dialectos y un centenar de culturas tribales principales (navajo, lakota, chippewa, cheyenne, apache, iroqueses, las cinco naciones mohawk, oneida, onodaga, cayouga y seneca de 1722, y así sucesivamente). Una enorme variedad, por lo tanto, algunos construían aldeas y cultivaban maíz, con formas extraordinariamente evolucionadas y adaptadas de aridocultura y técnicas de ingeniería de riego perfectamente adecuadas para este fin, otros tenían artesanías refinadas y redes de intercambio muy extensas, o culturas basadas en la pesca o la caza abundantes y, en general, con sistemas sociales perfectamente igualitarios, estables y a menudo con un alto nivel de igualdad de género. Pero también tenían extraordinarias capacidades culturales, de argumentación lógica y retórica, refinadas habilidades diplomáticas, como las que destacan David Graeber y David Wengrow en su libro El amanecer de todo.[100] Por ejemplo, se describe la extraordinaria historia de Kondiaronk, estratega de los wendat, una confederación de cuatro pueblos iroqueses que a principios del siglo XVIII intentó evitar que los ingleses, los franceses y la coalición hanfenosaunee se unieran contra él. En perspectiva, el objetivo del líder nativo era organizar una gran coalición contra los invasores[101]. Presumiblemente enviado como embajador de su pueblo a Francia, se mostró crítico tanto con el cristianismo como con la lógica de la transposición del poder sobre las cosas (la propiedad) al poder sobre los hombres. Sus ingeniosos argumentos, según Graeber, influyeron profundamente en el propio debate europeo contemporáneo sobre la desigualdad. Uno de los argumentos más específicos esgrimidos por Kondiaronk, y recogidos en Dialogues curieux: entre l’auteur et un sauvage de bon sense qui a voyagé, de 1703, del aristócrata francés Louis-Armand de Lom d’Arce, fue que las leyes punitivas de tipo europeo, y la propia doctrina cristiana del castigo eterno, no son necesarias por la maldad natural del ser humano, sino por una forma de organización social que fomenta el comportamiento egoísta y la codicia. Son, por tanto, las distinciones entre «lo mío y lo tuyo», por usar sus propias palabras recogidas en el libro, las que hacen «inhumana» la vida en Francia. Como él mismo dice: «Afirmo que lo que ustedes llaman dinero es el diablo de los diablos; el tirano de los franceses, la causa de todos los males; el azote de las almas y el matadero de los vivos»[102]. En resumen, «un hombre motivado por el interés no puede ser un hombre razonable».

Esta crítica indígena, es decir, de los pocos representantes de los primeros pueblos que lograron hacerse oír y, en ocasiones, viajar, a partir de principios del siglo XVIII, influyó en el debate sobre la igualdad y, como reacción, en las teorías evolutivas, que invariablemente parten del «estado de naturaleza» igualitario. La pregunta de cómo se puede transformar la posesión, y por tanto la riqueza, en poder, también está en el centro de la reflexión de un ávido lector de diarios de viaje: Jean-Jacques Rousseau. Para él, la propiedad es también la causa de los males de la sociedad, pero mientras que para los primeros pueblos, la libertad presupone un reparto comunitario de los bienes y, por tanto, de la seguridad social, para los europeos sigue ligada a la propiedad y no puede concebirse como alternativa. Y, por lo tanto, es independencia.

Mientras que para los primeros, por el contrario, la libertad es hija de la interdependencia en un contexto de reconocimiento y apoyo mutuos, socialmente inducidos, para nuestro pensamiento y el pensamiento ilustrado europeo es más bien hija de la posesión indiscutible e ilimitada. Y la posesión exclusiva sigue estando relacionada, aunque de forma compleja y contradictoria, con la idea de progreso y evolución (en la transición del «estado de naturaleza» de los primeros pueblos a la sociedad). Aquí se manifiesta cómo cada idea adquiere un lugar y un significado específico en relación con una red, con una cosmología, y la traducción de una a otra siempre implica una mutación.

 

Las primeras colonias

Mientras todos estos debates e influencias aún estaban por llegar, en 1619, en Virginia, donde las primeras colonias inglesas sobrevivieron a duras penas a la crisis por el hambre de 1609-10, se puso en marcha una economía protocolonial basada en la necesidad de cultivar cereales, por un lado, y tabaco para la exportación, por otro. Los colonos se enfrentaban a un problema: eran pocos y en su mayoría de clase media (artesanos, pequeños ex propietarios) y no tenían aptitudes ni deseos de cultivar personalmente la tierra (una actividad dura y poco gratificante con los medios de la época); por otra parte, no podían poner a trabajar a los primeros pueblos, culturalmente inadecuados, hábiles para escapar en los grandes espacios del continente y también militarmente fuertes. Los virginianos encontraron la solución importando esclavos. La cuenca estaba relativamente cerca, ya que en el siglo anterior se había importado al Caribe al menos un millón de negros de África para sustituir a las poblaciones autóctonas exterminadas. Los africanos eran más adecuados porque las culturas africanas eran, en el fondo, similares a las europeas. En el continente, hoy en día tendemos a no verlo, influenciados por una historiografía racista y colonialista desarrollada sobre todo en el siglo XIX, pero en África, entre 1500 y 1600, existían grandes estados, incluso imperios, grandes centros urbanos y una artesanía consolidada e importante. Además, se practicaba una agricultura avanzada, que utilizaba herramientas de hierro y empleaba a más de cien millones de personas. El propio tráfico de esclavos era en parte autóctono, por lo que fue fácilmente canalizado hacia los puertos de intercambio del centro de África por actores locales. La forma social local podría describirse, a grandes rasgos, como una especie de feudalismo con jerarquías consolidadas y estructuras complejas, asentado en formas de vida tribales y, en ocasiones, comunitarias. Una sociedad en la que existía la idea de la propiedad privada, pero no estructuraba completamente lo social y las instituciones represivas eran moderadas. En esta sociedad, o mejor dicho, en la enorme variedad de sociedades africanas, faltaba en su mayor parte la fiebre por el beneficio ilimitado que un siglo más tarde impresionaría a Kondiaronk.

Una vez capturados, mezclados entre diferentes etnias y separados unos de otros, los africanos eran, por lo tanto, especialmente aptos y, al mismo tiempo, especialmente indefensos. Arrancados de una cultura tribal y comunitaria consolidada, con vínculos familiares amplios y constitutivos, se encontraban entre extraños, cuya lengua a veces ni siquiera entendían, y eran llevados a países lejanos. En los barcos negreros eran separados y divididos a propósito, mantenidos en condiciones inhumanas y finalmente vendidos uno a uno[103]. La trata fue dominada primero por los holandeses y luego por los ingleses, y en pleno apogeo del fenómeno, normalmente había cien barcos negreros atracados en Liverpool. En aproximadamente dos siglos, entre 10 y 15 millones de negros fueron capturados y transportados a América del Norte, de los 45 millones que fueron sustraídos del continente. Es imposible no ver la relación entre esta inmensa sustracción de personas y la destrucción de comunidades y la interrupción del desarrollo autóctono que sufrió el continente en la era del colonialismo europeo. Y subestimar la enorme contribución de este traslado de riqueza y mano de obra a la construcción de la superioridad económica y, por tanto, militar (o militar y, por tanto, económica) de Occidente.

Hay que abrir un paréntesis. La colonización inglesa de América del Norte es diferente tanto de la española de América del Sur y Central (y de parte del Norte), de la que hemos hablado antes, como de la francesa del actual Canadá. Mientras que las otras dos surgieron de estructuras estatales altamente organizadas y centralizadas, y siempre fueron muy dependientes de la madre patria en sus estructuras administrativas, la colonización inglesa surgió en oleadas semiespontáneas de grupos marginales y religiosos. La colonización española, que comenzó antes, con Núñez Cabeza de Vaca en California en 1528-36, o Hermando de Soto en Florida en 1539-41, y en las zonas de los actuales Arizona, Colorado, Nevada, Nuevo México, Kansas, Oklahoma, se basó en una jerarquía social precisa en cuyo centro se encontraba el 1-2 % de la población española, luego la población «criolla» (de sangre española, pero nacida en el nuevo mundo) y, en la base, los «indios», tratados poco más que como esclavos. En el siglo XVII, esta expansión se vio alimentada por una emigración de unas 250 000 personas (sobre una población total de 10 millones).

En cambio, la inglesa tenía casi el doble de habitantes, pero tardó en despegar hasta que, hacia 1630, las débiles colonias de Virginia, en torno a nuevas compañías comerciales, vieron cómo se activaba una fuerte inmigración desde Inglaterra de grupos que se sentían perseguidos. Este es el contexto de la revolución inglesa, con la que se entrelazó. En 1629 se formó la Compañía de la Bahía de Massachusetts, cuyo objetivo era favorecer la emigración de aquellos que se sentían perseguidos y querían fundar una comunidad acorde con su fe religiosa[104]. En 1630, 17 barcos transportaron a más de mil colonos y, en los trece años siguientes, llegaron 20 000. Para la época y el lugar, eran cifras significativas. Se fundaron colonias como Boston, Charleston, Concord y Hartford.

La base social de la colonización inglesa

Pero, ¿quiénes eran los que llegaron? Nos ayuda un bonito libro de Christopher Hill, Il Mondo alla rovescia[105], que describe cómo el trenteno entre 1620 y 1650 en Inglaterra se caracterizó por una tremenda crisis económica que exacerbó el odio de clase y se atribuyó al gobierno, a la institución de monopolios públicos y a la presión fiscal. En las elecciones de los dos Parlamentos celebradas en 1640, muchos «scamiciati» (despreciado término con el que se designaba a los campesinos), organizados en lo que entonces se identificaba genéricamente como el «Partido Popular», lograron elegir a muchos candidatos, en contra de las élites. Al borde de la guerra civil que estalló inmediatamente después entre el rey y el Parlamento, y antes de la formación del New Model Army de Cromwell, proliferaron continuas herejías religiosas y se formaron grupos radicales, en algunos casos (como los miembros de la «Familia del Amor») en continuidad con los fermentos del siglo XVI. Durante todos los primeros años del siglo XVII, la revuelta contra la religión institucionalizada, sus símbolos y sus exponentes fue creciendo gracias a sectas como los «puritanos» y otras. Lo que ocurrió fue un proceso de desintegración de la unidad feudal entre el hombre y sus roles y, por lo tanto, de los «amos».. En 1569, una investigación del gobierno calculó que había 13 000 «hombres sin amo» y en 1602, solo en Londres, 30 000. Se trataba de vagabundos (la «chusma»), pero también miembros de sectas protestantes, pobladas por pequeños artesanos que no podían integrarse en los gremios oficiales; aprendices, que se sentían elegidos y, al mismo tiempo, libres en su relación exclusiva con Dios. Luego estaban los habitantes del campo no oficiales (una ley de 1589 prohibía construir casas a quienes no tuvieran suficiente terreno), que practicaban oficios como herreros, carboneros, tejedores, etc., pero de forma esporádica y en las fases de demanda de la incipiente estructura productiva. Por último, los comerciantes ambulantes, que contribuían enormemente a difundir las nuevas ideas.

Como dice Hill:

«bajo la superficial estabilidad de la Inglaterra rural, la de los vastos campos abiertos que llaman la atención, se encontraba la bulliciosa movilidad de los habitantes del bosque, los artesanos y obreros itinerantes, los desempleados en busca de trabajo, los músicos y juglares ambulantes, los vendedores ambulantes y charlatanes, los vagabundos, los mendigos; gente que se agrupaba sobre todo en Londres y en las grandes ciudades, pero que tenía bases en cualquier lugar donde una zona recién colonizada lograra escapar al mecanismo de las parroquias, o en zonas colonizadas desde hacía tiempo en las que se necesitaba mano de obra. Así era como se reclutaban los ejércitos y las tripulaciones de los barcos, y aquí es donde se encontró al menos una parte de los colonos para Irlanda y el Nuevo Mundo, hombres dispuestos a correr cualquier riesgo con la esperanza de conquistar un pedazo de tierra (y con ella el estatus que ello conllevaba), esperanza que no podía hacerse realidad en la superpoblada Inglaterra»[106].

Con este material humano, el proceso de colonización fue organizado en esencia por la Compañía en un primer momento y luego por instituciones creadas por los primeros colonos. Un Tribunal General, formado por los jefes de familia, determinaba la autorización para establecerse. En 1647, la aprobación de las Leyes y Libertades creó una primera fusión entre el derecho inglés y las reivindicaciones religiosas radicales de los colonos. El crecimiento demográfico fue impresionante: de 250 000 habitantes a principios del siglo XVIII se pasó a 2,5 millones en solo cincuenta años. La jerarquía original era de tres estratos: los sucesores directos de los primeros fundadores en el centro, religiosos, comerciantes o terratenientes; en medio, artesanos y pequeños propietarios; en la base, los trabajadores asalariados, a menudo recién llegados. Luego estaban los esclavos.

Dividir y gestionar

En definitiva, en una sociedad en crecimiento, pero aislada y sumida en enormes espacios y rodeada de enemigos reales o potenciales, dependiente de trabajadores desarraigados y sometidos a condiciones inhumanas de explotación y amenaza, era esencial dividir. Es decir, impedir que los subordinados (ya fueran «blancos», «negros» o «rojos») se percibieran como similares y diferentes de los dominantes, que eran estructuralmente minoritarios. Además de la influencia de la secular cultura europea (jerárquica y basada en un concepto de recompensa y castigo inscrito en la historia de la fusión del cristianismo paulino con la cultura romana[107]), constituyó un instrumento de esta tecnología de dominio el cultivo de la barrera racial. Leyes específicas siempre trataron de frenar la tendencia de los esclavos recién llegados a escapar y formar aldeas de cimarrones[108], sobre todo cuando amenazaban con unirse a los sirvientes blancos e indios. Se puso en marcha un sistema de control capilar, sutil y cruel, tanto a nivel físico (con terribles represiones y castigos, individuales y colectivos) como psicológico. La pesadilla que dominaba a las élites, y lo hará a lo largo de toda la historia estadounidense, era simplemente que los blancos pobres se unieran a los negros (y a los primeros pueblos) contra los ricos.

En 1676 se produjo un caso de este tipo en Virginia. La «insurrección de Bacon», que fue reprimida con un gran despliegue de hombres y medios, y castigada de forma despiadada. Los blancos pobres y los negros no podían actuar juntos. Bacon, que organizaba bandas armadas para matar a los indios y robarles la tierra, fue arrestado por los ingleses, pero liberado por la multitud (en el contexto colonial, a menudo eran los inmigrantes pobres, hambrientos de tierras y desesperados, los que promovían de forma autónoma el genocidio de los primeros pueblos. A veces, el gobierno colonial actuaba como freno, basándose en equilibrios superiores). Entonces escribió la «Declaración del pueblo», que expresaba al mismo tiempo el odio hacia los primeros pueblos y el resentimiento hacia los ricos. A partir de ahí se desencadenó una feroz represión.

En resumen, la cadena de opresión en Virginia, donde vivían 40 000 colonos en aquella época, era la siguiente a mediados del siglo XVII y en el siglo XVIII: «los indios eran saqueados por los blancos de la frontera, que eran gravados por las élites de Jamestown, y toda la colonia era explotada por Inglaterra, que compraba el tabaco de los colonos fijando el precio y obteniendo cien mil libras al año para el rey»[109]. En este contexto, sobre la base de las protoideologías igualitarias importadas de Inglaterra («niveladores», «diggers», «seekers», «ranters», cuáqueros) en el contexto de la gloriosa revolución de mediados del siglo XVII[110], aquella imponente inmigración que llevó a los pobres a cruzar el océano con un contrato de servidumbre que duraba entre cinco y siete años (y que no siempre se respetaba). Pobres, ya desarraigados y peligrosos en su patria, a veces exmilitares, que obviamente representaban una amenaza. Después de mediados del siglo XVII, también se unieron a ellos los desbandados de la «gloriosa revolución», a veces con experiencia en el New Model Army, que fueron transportados en los mismos barcos negreros, a veces en condiciones casi similares, comprados y vendidos y sometidos a abusos, pero que reaccionaron de forma individual. Huyendo o rebelándose. Cuando podían, se dirigían al oeste en busca de indios y tierras.

Este es el escenario original en el que se formaron las divisiones de clase, género, raza y cultura que estructuran hasta hoy la sociedad estadounidense. En Virginia, en 1700, las principales familias adineradas eran ya 50 y vivían en grandes plantaciones para la exportación del trabajo de esclavos negros, sirvientes blancos y vigilantes intermedios. Entonces se redactaron constituciones esclavistas (las de Carolina del Norte y del Sur, por John Locke), que instituyeron y consolidaron una nueva aristocracia de tipo pseudofeudal, en la que al final ocho familias poseían el 40 % de la tierra y solo un miembro de ellas tenía derecho a ser nombrado gobernador. No fue diferente en Nueva York y Boston, donde en 1687 50 individuos poseían el 25 % de la riqueza, pero en 1770 ya tenían el 40 % y el 30 % de la población masculina adulta y blanca no tenía nada.

En 1700, los esclavos representaban el 8 % de la población, en 1770 pasaron a ser el 21 % en el sur, pero la población general, mientras tanto, se había disparado (tanto por el crecimiento demográfico autóctono como por la inmigración).

En este contexto se sucedieron los enfrentamientos sociales, que se mantuvieron intensos durante prácticamente dos siglos.

La «revolución americana»

La crisis «revolucionaria»[111] aprovechó esta energía, pero fue canalizada y explotada por las élites. Élites que, basándose en la experiencia, habían llegado a la conclusión de que los primeros pueblos no servían para nada, que los negros eran dóciles y rentables y que los blancos pobres, en cambio, eran peligrosos. Por lo tanto, los burócratas coloniales los empujaron hacia la frontera (contra los primeros pueblos) tras asignarlos a empresarios concesionarios. El mecanismo era sencillo y estaba consolidado: las élites políticas definían nuevas concesiones reales en las tierras «vacías» de la «frontera»; estas se adquirían con anticipos del sistema financiero del Norte y se asignaban a empresarios que las fragmentaban y revendían a los pobres recién llegados; estos organizaban caravanas hacia el Oeste para tomar posesión de ellas, matando, por supuesto, a los primeros pueblos presentes. Cuando las cosas iban mal, llegaba el ejército.

Como se resume en un texto de la época, es necesario «que los indios y los negros se frenen unos a otros, para evitar que, dado su número ampliamente superior, seamos aplastados, por los primeros o por los segundos»[112]. Aunque a veces las cosas salían mal, en general funcionaba bien; desde Bacon hasta la época revolucionaria se registraron 18 levantamientos, 6 revueltas de negros y 40 disturbios menores. El racismo fue en este contexto un poderoso instrumento práctico para hacer posible esta separación y control. Otro mecanismo fue la desviación de la energía hacia otro enemigo externo: Inglaterra.

En 1776, algunas personalidades eminentes crearon una nueva nación basada en una idea genial en su simplicidad: un sistema de control nacional capaz de unir el paternalismo con el mando. De este modo se canalizó la furia que surgía de luchas de clase no del todo conscientes (a su vez relacionadas, como hemos visto, con las tradiciones importadas de la Inglaterra del siglo XVII) contra las élites justas (y no contra ellas). Por otra parte, siempre hubo muchas revoluciones dentro de la revolución[113], entre ellas la de los «Reguladores» de Ethan Allen, que en algunos condados contaron con el apoyo de seis de cada siete personas. La represión de los «reguladores», allí donde se produjo, determinó un desinterés sustancial por la lucha contra los ingleses, que fue llevada a cabo sobre todo por las clases medias (la «humanidad de rango medio» de Colden), que fueron cooptadas en el norte por los intereses del gran comercio y la intermediación financiera y fundiaria. Los miembros de la asociación «Sons of Liberty», por ejemplo, además de ser de Boston, pertenecían todos a las clases medias y altas; las clases pobres tenían dificultades para involucrarse en lo que al final les parecía (y con razón) una guerra entre ricos.

Será un político de gran talento y capacidad populista, como Patrick Henry, quien encontrará las palabras adecuadas gracias a un estilo intencionadamente sencillo y descuidado, largas pausas, un tono emotivo a la vez preciso y vago. Gracias a la acción de esta coalición, en la que también participó Thomas Paine, con su Common sense, de 1776, y la retórica de Thomas Jefferson, al final los «niveladores» y los «zapadores» fueron marginados y expulsados de la revolución. Durante la guerra, los pobres fueron incorporados en esencia al ejército, con la promesa de un ascenso social, y las tierras expropiadas a los «lealistas» fueron inteligentemente utilizadas para crear una clase media amortiguadora, políticamente fiel al Congreso Continental. Surgieron figuras como George Washington (el hombre más rico de Estados Unidos, gran terrateniente y propietario de esclavos), un rico comerciante de Boston como Hancock, un acomodado impresor como Franklin (lo más parecido en aquellas condiciones a un intelectual). Una vez terminada la guerra, se ajustaron las cuentas con los primeros pueblos.

El modelo que se impuso, no es necesario repetir aquí toda la historia, se impuso en los debates que siguieron entre las élites (Hamilton, Madison) sobre la base de un acuerdo fundamental para el control de clase de la situación. Y sobre la base de una alianza social que contaba con el apoyo de aproximadamente un tercio de los pequeños propietarios y artesanos, que fundamentalmente querían protegerse de la competencia inglesa. Esta es la escena que condujo posteriormente al ajuste de cuentas de la guerra civil.

Guerras de conquista y ajuste de cuentas

Pero antes se afirmó la expansión del «destino manifiesto», que condujo a la guerra con México de 1846, provocada con una excusa. Hubo un acalorado debate, en el que Lincoln, aún no diputado, se declaró a favor y Thoureau en contra, al igual que muchos trabajadores.

En este debate, el senador Johnson, desarrollando una retórica que desde entonces se ha utilizado siempre, llegó a decir:

«Faltaríamos a nuestra noble misión si nos negáramos a perseguir los altos fines que nos marca la sabia Providencia. La guerra es portadora de males y, en todas las épocas, ha dispensado muerte y destrucción en gran cantidad; sin embargo, por insondable que parezca, el Omnisciente Dispensador de los acontecimientos la ha convertido al mismo tiempo en el instrumento para alcanzar el gran objetivo de la elevación y la felicidad del hombre. A la luz de esto, yo adhiero a la doctrina del «destino manifiesto»[114].

El ejército estadounidense, formado en su mitad por inmigrantes irlandeses y alemanes recién llegados, interesados únicamente en la paga, luchó y acabó ganando una guerra muy impopular para ambas partes y librada en grandes espacios. En 1848, México, tras la ocupación de la capital, capituló y perdió la mitad del país.

En el sur, en cambio, el sistema se basaba en las plantaciones y en una estructura que podría describirse como aristocrática (que en las primeras décadas representaba prácticamente a toda la clase política) y que seguía creciendo gracias al trabajo esclavo, que literalmente destrozaba vidas. En una investigación que se conserva, se lee que en una plantación, con el tiempo, de 32 esclavos, solo 4 llegarían a los 60 años, 4 a los 50, 7 morirían antes de los 40 y los demás antes, nada menos que 9 a los 5 años (evidentemente, los niños menores ni siquiera eran registrados, y probablemente esa era la edad en la que se les ponía a trabajar). En estas condiciones, eran frecuentes los planes clandestinos para rebelarse y matar a los blancos, o para huir. Temiendo la unión con los blancos pobres, la respuesta fue contratarlos como vigilantes y, en segundo lugar, imponerles una religión especialmente adecuada para trasladar al otro mundo sus deseos. Sobre esta base se afirmó el modelo de Lincoln, que, inaugurando también aquí una tradición, se presentaba como revolucionario pero se apoyaba en el mundo de los negocios, vistiendo con ropas humanitarias a una mezcla de ricos y clases medias del norte como su base social y electoral.

El choque de intereses entre un Sur agrícola y dedicado a la exportación y un Norte financiero y protoindustrial, que atraía a los inmigrantes europeos y temía la competencia inglesa, determinó finalmente la guerra civil que movilizó muchas esperanzas en las poblaciones marginales, llamadas a apoyar el esfuerzo bélico. Esperanzas puntualmente traicionadas en la posguerra, cuando las tierras fueron devueltas a los blancos ricos (también del norte). Superada así la breve temporada de Grant, que vio un pequeño asentamiento de diputados negros y la apertura de escuelas, pero que terminó en los años setenta, durando menos de una década. Una nueva coalición entre industriales del norte y hombres de negocios del sur inauguró entonces la era del carbón y la energía.

Este clima de esperanzas frustradas es el que dio voz a una nueva intelectualidad que se había formado en las escuelas abiertas a los negros y que encontró en personas como W.E.B. Du Bois[115] a sus líderes. Estas son las condiciones en las que, tras la represión del movimiento del valle del Hudson, políticos «progresistas» como Andrew Jackson dominaron la retórica liberal y las actitudes populistas sobre la base de una política de ambigüedad bien calibrada que, en esencia, sin embargo, seguía apoyándose en las capas intermedias de comerciantes y empleados (en crecimiento), frente a una clase obrera que se mantuvo constantemente en condiciones de fragmentación e impotencia. Junto con una sociedad más urbanizada, comenzaron a surgir nuevos fermentos, como las primeras formas de organización femenina y el Movimiento de las Ocho Horas. Esto no impidió, en la crisis de 1873, el surgimiento de un nuevo y más agresivo capitalismo de los Carnegie y los Rockefeller: los «barones ladrones».

Cuando comenzó la recuperación que haría aún más grande y poderoso a Estados Unidos, la gestión de las crecientes tensiones se llevó a cabo sobre la base de lo que Zinn denomina un «nivelamiento social», en el que la remuneración y el grado de explotación dependían del color (y de la época de inmigración). A esto siguió la creciente mecanización de la agricultura y, por lo tanto, el desplazamiento de la mano de obra hacia la industria y el crecimiento de la población. Pero también la infraestructura del territorio, sobre todo gracias a los ferrocarriles de Carnegie y a la creciente red de interdependencia financiera.

Contramovimientos

Theodore Roosevelt fue elegido en un país en el que se sucedían las huelgas y el Movimiento Obrero de Eugene Debs ganaba cada vez más fuerza. Un país en el que también se inició la Alianza de Agricultores en Texas, de la que surgió el movimiento populista. El Partido del Pueblo unió, en una breve y enérgica temporada, a republicanos del norte, demócratas del sur, obreros urbanos y agricultores negros y blancos. Se trataba de un partido extraño, radical e interracial, que fue atacado por la retórica de las élites, también desde este punto de vista, para introducir una división entre blancos y negros, obreros y agricultores. Sin embargo, mientras duró, intentó crear una cultura independiente; se creó el Servicio de Conferencias, que llegó a contar con 35 000 conferenciantes profesionales, un gran número de revistas y folletos impresos que trataban de economía, teoría política, derecho y gobierno, etc. Una sola revista, la «National Economist», tenía 100 000 lectores. El movimiento fracasó al final porque nunca logró asumir intereses que eran potencialmente divergentes y dirigirlos, no logró unir de forma estable a negros y blancos, y fue atraído y absorbido por la política electoral. En esencia, progresivamente, candidato tras candidato y líder tras líder, fue absorbido y neutralizado en el Partido Demócrata.

Esta es una lección a largo plazo: un movimiento populista siempre nace de una divergencia entre la élite y los intereses generalizados, y puede ascender rápidamente si utiliza una retórica ambigua y calibrada, destinada a mantener unidos lo diferente y lo opuesto. O, en palabras de Laclau[116], mediante fórmulas «vacías» y colonizables por las subjetividades dadas. Un término como «honesto», por ejemplo, puede, según las experiencias vitales, los intereses y los antecedentes culturales de cada uno, adquirir diferentes significados sin que ello sea objeto de debate. O, del mismo modo, un término como «libertad». Se trata de una técnica poderosa, pero desde el populismo estadounidense hasta movimientos recientes como Podemos y el propio Movimiento 5 Estrellas, está sujeta a la desintegración por las mismas vías si no consigue convertir al «pueblo» que ha agregado sobre la base de la «producción discursiva del vacío»[117], en un «bloque social» político.

Continuando con su relato, Howard Zinn nos muestra cómo siempre ha existido un vínculo entre el cierre de las fronteras (tan decisivo para la estabilización sociopolítica de la sociedad estadounidense atravesada por peligrosas tensiones de crecimiento) y la proyección exterior. Según sus palabras, «el sistema del beneficio, con su tendencia natural a la expansión, comienza a mirar hacia el exterior»[118]. La depresión de 1893 hizo surgir en el sistema industrial y financiero la idea de que la venta al extranjero podía resolver el subconsumo interno (sin obligar a subir los salarios y, por lo tanto, a reducir los beneficios), evitando también el conflicto de clases. En esencia, se trasladó al exterior la tendencia a buscar un enemigo y un inferior al que dirigir su resentimiento. Como dijo sintéticamente Theodore Roosevelt, «este país necesita una guerra», obviamente contra las razas «inferiores».

Es decir, contra países que no saben gobernarse por sí mismos y «necesitan ayuda»; en esencia, una reafirmación, fuera del continente, de la doctrina del «destino manifiesto». Las primeras víctimas fueron Filipinas, que en tres años de guerra encarnizada y violenta fueron ocupadas y sometidas, pasando del dominio español al estadounidense.

Pero también estábamos en los años álgidos del desafío socialista, cuando autores famosos como Mark Twain, Upton Sinclair, Jack London, Theodore Dreiser y Frank Norris promovieron la idea y, por otra parte, se afianzó el taylorismo, que pretendía desactivar la fuerza de los obreros en las fábricas. Los sindicatos cobraban cada vez más fuerza, pero también aquí se trabajaba para separar a los trabajadores blancos y negros. Du Bois escribiría: «El resultado final de todo esto ha sido convencer al negro americano de que su peor enemigo no es el patrón que le roba, sino el trabajador blanco, su compañero»[119]. También se afirmaron organizaciones obreras muy radicales y eficaces, como las IWW (o «Wobblies»), que defendían la acción directa, sin divisiones de sexo o raza, y apuntaban a la huelga general para expropiar a los empresarios. Una idea basada en una forma de anarcosindicalismo, aunque minoritaria (quizás diez mil militantes como máximo), pero decidida y valiente. En cierto momento, los socialistas de Debs se vieron empujados por su éxito a distanciarse de los Wobblies, cuyos métodos, a menudo violentos, los convertían en un blanco fácil. No sirvió de nada, porque en las condiciones de la Primera Guerra Mundial fueron reprimidos juntos.

En respuesta a estas tensiones surgió una especie de capitalismo político que atenuaba y apaciguaba, que concedía, pero para proteger mejor los intereses a largo plazo de la clase capitalista, actuando en favor de sus intereses generales y prospectivos, más que en los de la fábrica o el industrial individual. El objetivo, dice Zinn, era muy simple y claro: mantener a raya el socialismo.

Guerras

Pero la lucha contra el socialismo no solo fue librada por los políticos de la era progresista, sino que también se llevó a cabo de la forma clásica: la guerra. En un momento de necesidad, la Primera Guerra Mundial llegó para salvar la situación, precisamente durante la peligrosa recesión de 1914. Du Bois lo veía de forma sencilla: el capitalismo necesitaba rivalidad internacional para crear una comunidad artificial entre ricos y pobres. En realidad, se trata de un efecto secundario deseado, ya que la crisis económica agudizó el enfrentamiento entre los capitales que se refugiaron bajo la protección nacional y lo transformó en un enfrentamiento entre sistemas de capitales nacionales y, por lo tanto, entre naciones. Un enfrentamiento por los «imperios», y, por tanto, la proyección protegida de capitales y áreas comerciales, y una lucha por regular las deudas[120].

El hecho es que la guerra también permitió ajustar cuentas internas. El presidente Wilson hizo arrestar a Debs durante toda la guerra y aniquilar a la IWW, cuyos miembros fueron arrestados y juzgados en masa. A esto siguieron medidas contra la inmigración procedente del sur y del exterior, con la incorporación parcial de la mano de obra negra a las fábricas del norte y, tras el colapso de 1929, la revuelta de los veteranos, el New Deal, la TVA y la reorganización de los sindicatos[121]. La posguerra wilsoniana fue también la época de la retórica anticolonial (que, en realidad, estaba dirigida contra las colonias alemanas y solo contra ellas), promovida por un país que, recuerda Zinn, solo entre 1900 y 1933 intervino cuatro veces en Cuba, dos en Nicaragua, seis en Panamá, una en Guatemala y nada menos que siete en Honduras.

La Segunda Guerra Mundial se libró contra el nazifascismo, aunque durante todo el período intermedio la preocupación de todas las potencias occidentales era más bien detener el comunismo. Así lo demuestra la actitud en la Guerra Civil Española y, en cualquier caso, la actitud hacia las potencias del Eje, a las que solo con mucha reticencia se designó como enemigas. Esto, dicho sea de paso, también explica las vacilaciones de Chamberlain, que veía al enemigo en Moscú, no en Berlín. La guerra se libró, sin embargo, con firme determinación, incluida la destrucción sistemática de las ciudades, y también resolvió problemas sociales internos. Al final, sirvió y se estabilizó en la llamada «Guerra Fría» (esta vez contra el adversario adecuado).

Revueltas y muros de goma

Le seguirán la revolución china, la guerra de Corea, las luchas por la descolonización hasta bien entrados los años sesenta. En el frente interno, la movilización relacionada con el rearme, la cruzada de McCarthy y la doctrina del «peligro evidente e inmediato», el aumento del presupuesto militar de 12 000 millones en 1950 a 45 000 en 1960, hasta alcanzar los 80 000 en 1970. En los años cincuenta y sesenta, el país vivía una especie de economía de guerra permanente y se sentía bajo el control absoluto de sus élites. Pero, durante los años comprendidos entre mediados de los sesenta y los setenta, se produjo también una inesperada explosión social y política. Empezaron los negros, con los disturbios de Montgomery y la aparición de grandes líderes como King y Malcom X, todos ellos asesinados, por supuesto, tan pronto como se radicalizaron (Martin Luther King murió tan pronto como empezó a hablar contra la guerra de Vietnam y la pobreza, Malcom cuando empezó a comprender el marxismo). Tras la Gran Marcha de 1963, Kennedy intentó reabsorber el movimiento en la «Coalición Democrática», como había hecho con éxito en su momento con el Partido Populista. En esencia lo consiguió, pero durante un tiempo hubo movimientos divergentes, como el de Huey Newton y las Panteras Negras, cuyos líderes fueron asesinados de forma específica y selectiva. O la Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios. Entonces surgió el gran movimiento pacifista contra la guerra de Vietnam (una guerra colonial en la que Estados Unidos había sustituido a los franceses), en la que se utilizaron siete millones de toneladas de bombas (el doble que en la Segunda Guerra Mundial), y la acción de grandes personajes como Muhamad Alí. El apogeo de la protesta se produjo en 1970, antes de la retirada estadounidense en 1975. También hubo muchas otras movilizaciones de diferentes sectores de la sociedad estadounidense: las mujeres, los first peoples[122], las luchas en las cárceles en las que murió George Jackson. Una revuelta general contra «formas de vida opresivas y artificiales», que se expresó en todo: desde la ropa hasta la música (con autores como Bob Dylan y Joan Baez, entre otros). Comenzó a declinar la confianza generalizada en el gobierno. Esto se reflejó en jurados populares cada vez más rebeldes, que absolvieron a Angela Davis y a otros miembros de los Black Panther. El momento más bajo se produjo con la crisis por la dimisión de Nixon, que, sin embargo, fue al mismo tiempo una desviación de la atención.

La contraofensiva

A partir de aquí comenzará la contraofensiva neoliberal. Tendremos la Comisión Trilateral con Huntington, la desestabilización de Chile, la contraofensiva en América Latina y en todos los lugares posibles, el intento de reconquista y reabsorción a través de una especie de «populismo desde arriba». Por tercera vez, después de «la era progresista» y la «nueva frontera», se jugó la carta de un miembro muy rico del establishment que se vistió de hombre del pueblo, como hizo el aristócrata Patrick Henry en 1700. Entonces le tocó a un rico empresario de cacahuetes del sur, Jimmy Carter, vestirse de campesino y construir un reclamo populista. Según Zinn, fue elegido para el papel por Rockefeller y Brzezinsky; en cualquier caso, introdujo un sofisticado paquete de aparentes reformas y aumento del gasto militar. Le siguió el cambio de caballo representado por Reagan, que aumentó aún más la brecha en la sociedad estadounidense y asistió al inicio de la desintegración de la URSS, lo que le dio más margen de maniobra para aventuras como la interferencia con los sandinistas en Nicaragua, la invasión de Granada, el asesinato de Óscar Romero en San Salvador y, más tarde, con su sucesor y expresidente Bush, la primera guerra de Irak (un viejo y fiel aliado de Oriente Medio que se había vuelto incómodo).

Luego vendrá Clinton con su retórica progresista y su esencia conservadora, sus contradicciones, su giro decidido hacia la internacionalización del capital, la «tercera vía» y la reforma del bienestar, la eliminación de los subsidios, la lucha neoliberal contra el «Estado intervencionista» y luego, Somalia, el TLCAN, los ataques a Yugoslavia en el momento de la disolución soviética. El inicio del empuje hacia el Este de la OTAN, Seattle. Luego vendrá Bush Junior, con las elecciones robadas, el 11 de septiembre y la «guerra contra el terrorismo», las nuevas aventuras militares y los «neocons», Afganistán. Todos los fracasos que forman parte del declive estadounidense de estos tiempos[123].

Las técnicas: dividir y ocultar

Más allá de cualquier valoración, la cuestión es que el sistema estadounidense siempre consigue ejercer un control férreo dividiendo e incorporando, distribuyendo lo justo para tener un escudo e impedir que se sumen demasiadas fuerzas hostiles. Siempre enfrenta a unos contra otros, a los pequeños propietarios contra los que no tienen nada, a los negros contra los blancos, a los nacidos en Estados Unidos contra los inmigrantes, a los inmigrantes antiguos contra los nuevos, a los profesionales contra los incultos, a las ciudades contra el campo, al norte contra el sur, al este contra el oeste, a los jóvenes contra los demás y a todas las minorías contra todas (una de las últimas técnicas[124]). Lo importante es que no se vea la fractura principal, entre los que tienen demasiado y los que no tienen nada.

Un ejemplo de esta actitud del establishment anglosajón (y estadounidense en primer lugar) de aprovechar cualquier oportunidad para silenciar y neutralizar los desafíos sistémicos, sustituyéndolos, si es necesario, por un rebelión individual menos peligrosa, en particular estética, se encuentra en la transformación del Movimiento por los Derechos Civiles, que tanto preocupó al FBI en los años sesenta, en un movimiento mucho menos sólido de resegregación identitaria. Jóvenes abogados como Derrick Bell se convencieron de que las luchas contra la segregación habían sido, en el fondo, útiles para el poder. Y que, en sus propias palabras, «el racismo es una parte integrante, permanente e indestructible de esta sociedad [estadounidense]»[125]. En el contexto de la desilusión posmoderna hacia las «grandes narrativas» y el «universalismo ilustrado» relacionado (también, si no sobre todo, de la tradición marxista que era el verdadero objetivo[126]), la nueva estrategia no era que todos fueran iguales, sino que todos fueran diferentes. Crear derechos diferenciados que favorecieran a algunos grupos desfavorecidos, compensándolos en el plano simbólico y, a menudo, lingüístico. Esta idea se contaminó con la de «interseccionalidad», promovida por Kimberlé Crenshaw, con su «Teoría crítica de la raza». La idea, aparentemente plausible, es que cada individuo se forma en la intersección de diferentes atributos, según una constelación de identidades individual y irrepetible, como propone Donna Haraway. Llevando al extremo y pervirtiendo este concepto en clave individualista, una mujer negra o un homosexual latinoamericano (es obviamente irrelevante si es rico o pobre) no pueden ser comprendidos más que por otras mujeres negras y homosexuales latinoamericanos. No escapa que, según esta extraña lógica, toda movilización general es imposible, y sobre todo las movilizaciones por razones económicas. No es casualidad que estas teorías surjan en las universidades más ricas de Estados Unidos, de personas que ciertamente no pertenecen a la clase popular. Según la síntesis de un anciano Edward Said[127], esta idea fundamental, de que la victimización de los grupos identitarios proporciona algún tipo de acceso privilegiado a la virtud, no garantiza la humanidad: «Atestiguar una historia de opresión es necesario, pero no suficiente, hasta que esa historia no se recodifica en el proceso intelectual y se universaliza para incluir a todos los que sufren»[128]. En otros términos, hasta que no se inscribe en el contexto de la producción social de la opresión que otros viven, aunque sea de forma diferente, y en un proyecto de redención que los involucre. O, por decirlo de otra manera, «a pesar de lo que piensan Lyotard y sus acólitos, todavía nos encontramos en un periodo de grandes narrativas, de dramáticos choques culturales y de guerras aterradoras», las cosas deben situarse «en el contexto más amplio» y no depender únicamente «de una profesionalidad técnica o de la rancia «juegos» de la crítica posmoderna, con su altivo desprecio por todo lo que no sea juego local o pastiche»[129]. El autor palestino, que tanto contribuyó a la formación del paradigma, protesta en estos últimos escritos contra esa particular «pedagogía del apartheid» y la exaltación del particularismo, que impide de raíz que «un mayor número de personas pueda beneficiarse de las ventajas negadas durante siglos a las víctimas de la discriminación racial, de clase y de género».

Gracias a trucos similares, encontrados con instinto seguro, al final Estados Unidos siempre consigue señalar una bonita casa agradable en una colina, mientras que a la sombra de esta destruye y tortura, esclaviza y encarcela, bombardea a todos y siempre (pero de forma «inteligente»), declarándose sistemáticamente cada vez que es agredido[130]; obliga a todos a cumplir normas que él mismo no respeta y cambia cada vez que quiere[131]; hace y deshace alianzas; designa enemigos existenciales y «nuevos Hitler» con los que primero hace pactos, luego lucha en medio y después los vuelve a hacer[132]. Traiciona a sus amigos siempre que puede. Traiciona sobre todo a sus amigos, porque los considera inferiores. Se comporta como un imperio, pero siempre, atentamente, «a regañadientes». Obligado, a pesar de su modesta inclinación, por un «destino manifiesto» que no ha elegido. Que le viene de Dios.

Conclusión, el espíritu premoderno de un país fronterizo

Esto ocurre porque se trata de una nación imperial que nació impulsada por los componentes más desesperados y radicales de la revuelta religiosa del siglo XVII, injertándose en el Jano de dos caras del liberalismo que hemos visto al hablar del libro de Elkins sobre la herencia de violencia del Imperio británico[133]. Una nación imperial que tiene un tono veterotestamentario. Algo que, leyendo a Taubes[134], puede reconocerse como radicalmente antipaolino. Devuelve el universalismo, de acuerdo con una postura anglosajona implícita, al nomos y al ethos, a Jerusalén y al pueblo elegido. Pablo, en cambio, pretendía fundar un pueblo y, al mismo tiempo, cuestionar el universalismo romano y la comunidad étnica judía. En la «teología política negativa» paulina, la autoridad proviene siempre del amor al prójimo: hacia el otro. Y es un movimiento horizontal que pasa por el crucificado, es decir, pasa por la indigencia (la imperfección, la finitud). Por lo que es propio del hombre y siempre tiene que ver con el amor, que es el único que permite la activación de ese movimiento a través del cual se accede a la perfección. El hombre en la antropología paulina, y en la cristiana en su máxima expresión, nunca es un «yo», sino siempre un «nosotros». No se llega a lo universal por un movimiento interno de despliegue, como la expansión de un don, de una posesión, sino se llega porque uno se abre. Por el acontecimiento, en el que uno se contamina[135], uno sabe perderse a sí mismo (así, y solo así, encontrándose).

El carácter veterotestamentario del universalismo imperial estadounidense emana de la misma exhibición de la violencia desnuda, a la que nos ha acostumbrado dentro y fuera, cada vez que es necesario. Los análisis de Jan Assmann, en No tendrás otros dioses[136] y en otras obras[137] muestran cómo la «semántica cultural»[138] estadounidense practica, en cambio, la relación entre la violencia «necesaria» y la partera no en relación con el tema de la soberanía, sino con la trascendencia. Es decir, en relación con la misión divina. Se convierte entonces en una cuestión de verdad. La semántica cultural estadounidense practica, y profundamente cuanto menos se da cuenta (como todo habitus adquirido al nacer), la «distinción mosaica»[139]. Impone a la construcción estadounidense, hija de tantas diásporas individuales y grupales, distinguir lo verdadero de lo falso. Esto convierte a la cultura estadounidense en una enorme «cultura de enclave», en el sentido de la antropóloga Mary Douglas. Algo que es evidente por sí mismo, determina un marco de vida común, e incluso individual, que se opone naturalmente a otros estilos de vida tan profundamente que se puede matar por él de forma absolutamente obvia.

Pero toda esta energía, esta determinación y esta violencia se ponen al servicio. Se convierten en una forma que hace posible la estabilidad de la explotación, sintiéndose inocentes. En esencia, desde cierto punto de vista, la construcción estadounidense es una obra maestra.
Notas
[1] – Cedric J. Robinson, Black marxism. Genealogía della tradizione radicale nera, Alegre 2003 (ed. or. 1983).

[2] – Es decir, en la práctica de huir, más o menos en masa, de las plantaciones y crear en el interior, a menudo en lugares de difícil acceso o entre los indios, comunidades negras autónomas y autosuficientes, en las que con el tiempo —algunas duraron incluso un siglo— construyeron una nueva cultura de síntesis.

[3] – Para prevenir la objeción de que la civilización romanda se basaba en un modo de producción esclavista, pero no así Grecia, véase Luciano Canfora, Guerra e schiavi in Grecia e Roma. Il modo di produzione bellico, Sellerio editore Palermo, 2023. Sin embargo, como subraya, por ejemplo, Stuart Hall, el racismo europeo moderno tiene una base biológica que carecía en las culturas clásicas.

[4] – Véase: Étienne Balazs, La burocracia celeste: Estudios sobre la sociedad china, Einaudi, 1977 (ed. orig. 1968), p. 67.

[5] – John K. Fairbank, Historia de China, Einaudi 2004 (ed. orig. 1996), p. 154.

[6] – El Imperio asirio, el primero de la historia, crea o importa de los imperios anteriores, el acadio y el babilónico, muchas de las estructuras conceptuales y operativas que luego, debido a la contigüidad lingüística y cultural con el mundo semítico (fenicios y judíos, pero también otros pueblos cananeos de Oriente Medio) y egipcio, además de mesopotámico, se difunden. Entre ellas, algunas técnicas de gobierno absolutista y centralizado, el uso sistemático de las deportaciones masivas para romper las unidades culturales, la propaganda imperial que calificaba de «inferiores» a los demás pueblos. Como siempre, es difícil fijar el origen de las ideas y las prácticas, que viajan en las lanzas de los ejércitos, en los barcos de los comerciantes, en los zapatos de los viajeros y los colonos. Véase Eckart Frahm, Gli assiri. Ascesa e caduta del primo impero del mondo (Los asirios. Ascenso y caída del primer imperio del mundo), Mondadori, 2024 (ed. orig. 2023); Martin Bernal, Atena Nera. Le radici afroasiatiche della civiltà classica (Atena Negra. Las raíces afroasiáticas de la civilización clásica), Il Saggiatore, 2011 (ed. orig. 1987); Jan Assmann, Hacia el Dios único. De Akenatón a Moisés, Il Mulino 2018 (ed. orig. 2016). Véase también, Mario Liverani, Antico Oriente: Storia, società, economia (Laterza, 2011). Sin embargo, la idea de «raza», o no asirios (ḫurātu), presente en la retórica política asiria, designaba la inferioridad, pero era cultural y no biológica. El tema es, sin embargo, controvertido. Igor Diakonoff (1999) y Stefan Zawadski (2018) se muestran a favor de hipotetizar distinciones raciales o étnicas, mientras que Adam Kessler (2020) se opone.

[7] – El racismo moderno no surge hasta la Baja Edad Media, basándose en distinciones de linaje y raza, en cualquier caso medievales. Aristóteles, por ejemplo, justificaba sin duda las jerarquías e incluso la esclavitud, pero con razones y criterios culturales (la falta de logos) y no biológicos. En el mundo romano, tanto Plinio el Viejo (Naturalis Historia (VII, 12) como Séneca (Cartas a Lucilio (47) critican a quienes desprecian a los demás por su nacimiento y/o su aspecto (lo que demuestra que el tema existía, como es obvio). También para Tácito, los bárbaros británicos pueden convertirse en romanos a través de la educación, y en general todo el sistema político-administrativo romano estaba orientado a asimilar lo diferente. Véase Benjamin Isaac, The Invention of Racism in Classical Antiquity, Princeton University Press, 2004. O, para una posición diferente, Rebecca Futo Kennedy, Race and Ethnicity in the Classical World, Hackett Publishing Company, Inc., 2013.

[8] – Por ejemplo, Immanuel Wallerstein, acusado a su vez por Robinson de «eurocentrismo», replica que el racismo es un producto del capitalismo y acusa al estudioso afroamericano de «esencialismo cultural», ya que las jerarquías medievales se basarían en la religión. Ellen Meiksins Wood opina lo mismo. También hay críticas procedentes de los estudios poscoloniales, por ejemplo, de Barbara Fields (Slavery, Race and Ideology in the USA, 1990) y Geraldine Heng. O de especialistas como Benjamin Isaac (The Invention of Racism in Classical Antiquity, 2004) y George M. Fredrickson (Racism: A Short History, 2002), admiten la presencia del racismo en la Edad Media, pero no su sistematicidad. La tesis ha tenido una notable influencia en la «Black Radical Tradition» (Robin D.G. Kelley, Ruth Wilson Gilmore) y en algunos estudios como los de Geraldine Heng, David Nirenberg (Anti-Judaism: The Western Tradition, 2013). El tema también es retomado y transpuesto por Silvia Federici en Calibano y la bruja.

[9] – Véase Fernand Braudel, Civilización y imperios del Mediterráneo en la época de Felipe II, Einaudi, 2002, p. 512-20. Véase también Sergio Tognetti, Il commercio degli schiavi a Venezia e in Italia (secc. XV-XVI) (en Schiavitù e servaggio nell’economia europea, Firenze University Press, 2014. Esta tesis es rebatida por quienes consideran que las cifras son demasiado pequeñas y que la experiencia se tomó prestada en cierta medida del mundo árabe. El argumento de Braudel (y de Abulafia, Il grande mare. Storia del Mediterraneo, Mondadori, 2013) es que la práctica se institucionaliza en una verdadera técnica, con contratos, rutas establecidas y fijas, y una burocracia dedicada a su gestión.

[10] – Fernand Braudel, Civiltà e imperi del Mediterraneo nell’età di Filippo II, op. cit., p. 518.

[11] – Es decir, un enunciado que, en el momento en que se pronuncia, realiza la acción que describe. No se limita a decir algo, sino que realiza una acción. Una frase performativa no produce afirmaciones constatables, pero tampoco un sinsentido, no describe algo evidentemente presente, sino que, en todo caso, lo hace presente, realiza la acción de constituirlo. Aunque el uso de este término cargado de teoría en este contexto es una extensión de la intención más estricta del autor, la designación de un conjunto de acciones, conceptos, prácticas e individuos como parte de una «civilización» específica y «occidental» tiene un carácter «operativo» implícito. Distingue y separa, crea jerarquía. J. L. Austin, Cómo hacer cosas con palabras, Marietti, Génova, 1974, pp. 49-54

[12] – Véase al respecto Alessandro Visalli, Dipendenza, Meltemi 2020.

[13] – Immanuel Wallerstein, El sistema mundial de la economía moderna, Il Mulino 1978, 1982, 1995 (ed. orig. 1974, 1989)

[14] – Fernand Braudel, Civilización material, economía y capitalismo, tres volúmenes (Las estructuras de lo cotidiano; Los juegos del intercambio; Los tiempos del mundo) Einaudi, 1977, 1981, 1982 (ed. orig. 1979).

[15] – Es decir, la relación interna, histórica y evolutiva, entre una conformación y selección particulares de sistemas técnicos específicos y sus entornos de sentido, sus aplicaciones y las instituciones que las presuponen, y las culturas ancladas en visiones específicas del cosmos, la naturaleza y el hombre, o, según la definición de Yuk Hui, «la cosmotécnica expresa la unificación entre el orden cósmico y el orden moral a través de las actividades técnicas» (Yuk Huy, Cosmotecnica, Nero 2021, ed. orig. 2016, p. 29)..

[16] – Véase Alessandro Visalli, «Circa la tecnica: per una fenomenologia politica della relazione», Tempofertile, 25 de mayo de 2025.

[17] – El Debate de Valladolid fue un enfrentamiento intelectual y teológico que tuvo lugar en la ciudad española de Valladolid entre 1550 y 1551, convocado por el emperador Carlos V para responder a una pregunta crucial: «¿Tienen alma racional los indígenas americanos? ¿Pueden ser gobernados con justicia, o la guerra y la esclavitud son legítimas?». Fue, por tanto, el primer gran debate europeo sobre los derechos humanos y la ética colonial, anticipando temas que hoy llamaríamos «derechos de los pueblos indígenas» y «crítica del imperialismo». Los dos principales protagonistas fueron, por un lado, Juan Ginés de Sepúlveda (1489-1573), que defendía la inferioridad natural de los indígenas y, por lo tanto, la justicia de la guerra. Las fuentes son Aristóteles (Política, I,5) y la bula papal Inter Caetera de 1493. Por otro lado, Bartolomé de Las Casas (1484-1566), para quien los indígenas son seres racionales y libres, dotados de culturas complejas, y la conquista es, por lo tanto, inmoral y un crimen. Sus argumentos se basaban en la teología tomista y en la experiencia. Las leyes españolas que prohibían la esclavitud de los indios fueron confirmadas, pero la conquista continuó.

[18] – Dipesh Chakrabarty, Provincializzare l’Europa, Meltemi, 2004 (ed. orig. 2000).

[19] – «La primera [razón de la justicia de esta guerra y conquista] es la siguiente: siendo los hombres bárbaros [los indios] por naturaleza serviles, incultos e inhumanos, se niegan a aceptar el mando de aquellos que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; un dominio que les proporcionaría grandes ventajas, ya que es justo, por derecho natural, que la materia obedezca a la forma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre, la mujer al marido, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor al mejor, por el bien de todos». Juan Ginés de Sepúlveda, De la Justa causa de la guerra contra los indios, Roma 1550

[20] – Para la cultura técnica precolombiana, capaz de adaptarse perfectamente a los lugares y generar enormes ciudades, la naturaleza y la cultura no están separadas, el lago Texcoco no es solo un recurso hídrico, explotado de manera eficiente, sino una entidad sagrada con la que dialogar. La técnica no es dominio, sino armonía con los ciclos cósmicos y político-sociales. Las chinampas son huertos flotantes en el lago Texcoco, con capas de lodo y vegetación que regeneran el suelo; el maíz es un regalo de Quetzalcóatl, y toda la agricultura es un rito de reciprocidad con la tierra (Tonantzin). Véase James Maffie, Aztec Philosophy, University Press of Colorado, 2014. La medicina utilizaba antibióticos, pero también rituales de purificación espiritual o los quipu (nudos) como método de cálculo avanzado utilizado por los quechua. Algunas voces contemporáneas que invitan a descolonizar el concepto de «progreso» son Linda Tuhiwai Smith, Decolonizing Methodologies, Zed Books, 1999; Leanne Betasamosake Simpson, As We Have Always Done, University of Minnesota Press, 2017.

[21] – Juan Ginés de Sepúlveda, De la Justa causa del la guerra contra los indios, op. cit. p. 109-111, citado en Enrique Dussel, El ocultamiento del Otro. El origen del mito de la modernidad, La piccola editrice, 1991, p. 97.

[22] – Enrique Dussel, El ocultamiento del otro, op. cit., p. 100.

[23] – Aquí me refiero a la convincente tesis de Kenneth Pomeranz, según la cual la Gran Divergencia entre Europa y Asia fue posible, en última instancia, gracias a la superación de la trampa malthusiana como consecuencia de la importación de los frutos de una explotación inmensa de tierras adicionales gracias a la mano de obra esclava. Véase Kenneth Pomeranz, La gran divergencia. China, Europa y el nacimiento de la economía mundial moderna, Il Mulino 2004 (ed. orig. 2000).

[24] – Es decir, el sistema de grandes plantaciones esclavistas, que en América del Norte y del Sur, así como en el Caribe, prefigura la organización del trabajo en las fábricas a una escala y con efectos destructivos que son muy superiores a los denunciados por Engels en su obra La situación de la clase obrera en Inglaterra, de 1845.

[25] – Véase, entre muchos otros, Paul E. Lovejoy, Storia della schiavitù in Africa, Bompiani 2019 (ed. orig. 2012); Toby Green, Por un puñado de conchas. África occidental desde el inicio de la trata de esclavos hasta la era de las revoluciones, Einaudi 2021 (ed. orig. 2019); Howard W. French, África y el nacimiento del mundo moderno, Rizzoli, 2023 (ed. orig. 2021);

[26] – Se trata de lo que Fanon denomina la exportación de la neurosis europea.

[27] – Que invito a leer también a través de Gustavo Gutiérrez, En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de Las Casas, Queriniana, 1995 (ed. orig. 1992), además de Enrique Dussel, Historia de la Iglesia en América Latina (1492-1992), Queriniana, 1992 (ed. orig. 1992), además de, por supuesto, en su propio texto, Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Marsilio 2012 (ed. orig. 1522).

[28] – Véase la reconstrucción de la Revolución Francesa realizada en Alessandro Visalli, Classe e partito, Meltemi 2023, y la bibliografía correspondiente.

[29] – Los «girondinos» proceden de los grandes puertos de Nantes, Burdeos y Marsella, donde el comercio incubó una especie de precapitalismo, mientras que los «montagnards» proceden de la región de París. Véase Burstin H., Rivoluzionari. Antropologia politica della Rivoluzione francese [2013], Laterza, Roma-Bari 2016.

[30] – William E. B. Du Bois, Black Reconstruction in America, 1860-1880, Free Press: reimpresión de 1995 del original de 1935. Véase también W.E.B. Du Bois, Sulla linea del colore, Il Mulino 2010 y el prefacio de Sandro Mezzadra.

[31] – Enrique Dussel, L’occultamento dell’’altro’, La piccola editrice, Celleno, 1993.

[32] – Cabe precisar que el término «modernidad» es muy ambiguo y se configura como opuesto a otras épocas anteriores del mundo. En su acepción normal, implica también cierta superioridad, en el orden de la sucesión, con respecto a estas. Pero también es ambiguo en referencia al campo en el que se definen estas épocas, por lo que la modernidad filosófica se remonta a los griegos, trazando sus raíces, y luego a la revolución renacentista y del siglo XVII; la modernidad política a la época de las revoluciones atlánticas, a finales del siglo XVIII; la modernidad técnica y productiva a la revolución industrial. Aquí se entiende la modernidad en sentido geopolítico, la época del mundo que inaugura las demás y que sitúa en el centro a Occidente, hasta entonces periferia de los centros históricos más vitales y ricos del mundo (con el centro de gravedad en Asia y sus ramificaciones en el mundo persa y árabe).

[33] – Para una lectura de este tenor, véase también Tzvetan Todorov, La conquista dell’America. Il problema dell’Altro, ET Storia, 1984 (ed. orig. 1982).

[34] – Serge Gruzinski, La máquina del tiempo. Cuando Europa comenzó a escribir la historia del mundo, Raffaello Cortina Editore, Milán 2018 (ed. orig. 2017); Serge Gruzinski, Los aztecas. El trágico destino de un imperio, L’università Electa 1994 (ed. orig. 1984); Camilla Townsend, El quinto sol. Una nueva historia de los aztecas, Einaudi, 2022 (ed. orig. 2019).

[35] – Tesis en particular de su libro anterior, Serge Gruzinski, La colonización del imaginario. Sociedades indígenas y occidentalización del México español, Einaudi, Turín, 1997 (ed. orig. 1988).

[36] – Aquí habría que hablar de la línea que va de Galileo a Newton, del matematismo del primero al cartesianismo intolerante del segundo.

[37] – Es la gran jugada final de Newton, fundamentalmente teológica. Como es sabido, el gran intelectual inglés se consideraba un teólogo y dedicó gran parte de su obra a esta dirección. Véase, por ejemplo, Isaac Newton, Trattato sull’apocalisse, Bollati Boringhieri, 1994. Existe un vínculo interno entre las reglas hermenéuticas elaboradas por el joven Newton para la interpretación de las Escrituras, un tema que le ocupará durante mucho tiempo, y las heurísticas incorporadas en sus teorías científicas. El problema central era, siguiendo a Descartes, «¿cómo es posible establecer algo cierto en el conocimiento?». Por lo tanto, como dirá en una carta a Hooke, «la certeza absoluta de una ciencia no puede ir más allá de la certeza de sus principios». También en la interpretación de las profecías procede estableciendo reglas generales y definiciones, para luego explicitar proposiciones y demostraciones basadas en las reglas establecidas. En De gravitatione et aequipondio fluidorum, de 1664 o 68, Newton negó la necesidad de la materia (y, por lo tanto, postuló el espacio vacío) con argumentos estrictamente teológicos, porque Dios no la necesita. Este concepto pasa luego, de alguna manera, por influencia directa, también al Ensayo de Locke, y de ahí a la doctrina politológica liberal. Por lo tanto, la interpretación de la naturaleza y la de la palabra de Dios, de las Escrituras, están en el mismo plano, porque la verdad es Una y se alcanza a través de la Razón. Fuera de esto están las «imaginaciones» privadas o las «hipótesis». De ahí el famosísimo «hypotheses non fingo» del escolio de los Principia. Y, sobre todo, de ahí la rígida intolerancia científica del gran intelectual, que distingue sistemáticamente entre «verdad» e «interés parcial», y rechaza las opiniones de los demás sobre la base de una certeza alcanzada de una vez por todas. Se trata de un método poderoso, cuya otra cara es, sin embargo, que la verdad se objetiva, es decir, se aliena hasta el punto de que solo se puede alcanzar a condición de silenciar a los hombres, la imaginación y la sensibilidad.

[38] – Obviamente en el sentido de Said. Edward Said, Orientalismo. La imagen europea del Oriente, Feltrinelli, Milán, 1999 (ed. orig. 1978), y Edward Said, Cultura e imperialismo. Literatura y consenso en el proyecto colonial de Occidente, Feltrinelli, Milán, 2023 (ed. orig. 1993).

[39] – Immanuel Kant, ¿Qué es la Ilustración?, Editori Riuniti, Roma 1987 (ed. orig., 1784).

[40] – Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia, Laterza, Bari, 2003 (ed. orig. 1837).

[41] – Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia, op. cit., p. 15

[42] – Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, Laterza, Bari, 2003 (ed. orig. 1830), p. 524.

[43] – Para una perspectiva similar, véase también el clásico libro de Tzvetan Todorov, La conquista de América. El problema del «otro». Einaudi, Turín, 1984 (ed. orig. 1982).

[44] – Dussel, El ocultamiento del otro. Op. cit., p. 62

[45] – Enrique Dussel, Historia de la Iglesia en América Latina (1492-1992), Queriniana, Brescia 1992, (ed. orig. 1992), p. 31.

[46] – Dussel, Historia de la Iglesia en América Latina, op. cit., p. 31

[47] – Se trata de un ordenamiento jurídico español, por el cual los indios son confiados (encomendados) a un español (encomendero) que es responsable de su evangelización y, a cambio, puede exigirles trabajo.

[48] – Aquí, en 1545, se fundó una ciudad para explotar la mina que proporcionaba aproximadamente la mitad de la producción mundial de plata y tuvo un impacto enorme en toda la economía mundial, hasta la lejana China. La producción mundial de plata, que en el periodo 1521-1544 había sido de una media de 90 200 kg anuales, se disparó de golpe, en el periodo 1545-1560, a 311 600 kg, para mantenerse en torno a los 300 000 kg hasta 1580 y superar los 400 000 kg hasta 1621: a esta producción mundial, la región de Potosí contribuye con 183 200 kg anuales (de media) durante el periodo 1545-1560, con 151 800 kg hasta 1580 y 254 000 kg hasta 1600.

[49] – Cit. en Aurelia Michel, Il Bianco e il negro. Indagine storica sull’ordine razzista, Einaudi, 2021 (ed. or. 2020), p. 67.

[50] – Véase la reconstrucción en Alessandro Visalli, Classe e partito, op.cit.

[51] – Dominico y teólogo español, nacido entre 1483 y 1493 y fallecido en 1546, es considerado el restaurador de la teología tomista española y uno de los fundadores del derecho internacional. Fue alumno en París de fray Pietro da Crochart y en 1522 obtuvo el magisterio en teología, materia que enseñó en Salamanca desde 1526 hasta 1546. Sus obras póstumas son: Relectiones theologicae (1557); Confessionario (1562); Summa Sacramentorum Ecclesiae (1560). En su curso en la Universidad de Salamanca titulado De Indis, identifica los títulos jurídicos (derecho natural de las naciones a comunicarse entre sí, derecho de la religión de Cristo a extenderse por todo el mundo, etc.) que justifican la conquista de las tierras de América contra los «indi», aunque estos fueran sus legítimos poseedores.

[52] – Jesuita, nacido en 1539 y fallecido en 1600, fue misionero en Perú y Massico y participó en el Concilio de Lima, además de colaborar en la publicación de catecismos y confesionarios en lengua quechua, aimara y castellana. Escribe una notable descripción de las costumbres y una investigación psicológica de los indios en la obra catequística De promulgando evangelio apud barbaros sive de procuranda Indorum salute (1571).

[53] – Teólogo inglés, expulsado de Massachusetts en 1636, funda una colonia libertaria en Rhode Island en la que se practica la libertad religiosa y los derechos de los nativos. Murió en 1683, a la venerable edad de ochenta años, y expresó sus ideas de distinción absoluta entre el Estado y la religión, y la libertad de pensamiento en The bloudy tenent of persecution (1644).

[54] – Nacido en 1644 y fallecido en 1718, fue un político y teólogo inglés que fundó la colonia de Pensilvania. A pesar de pertenecer a una clase social bastante alta y de no ser precisamente un «nivelador», la colonia tenía un sistema penal muy humano y relaciones razonables con los indios.

[55] – El libro, de gran interés para el estudio de la imagen europea del mundo no occidental, está construido en forma de diálogo y presenta algunos de los temas más queridos por Diderot. «La importancia histórica de los viajes en la época de la Ilustración, el interés científico por los nuevos descubrimientos geográficos, el problema ya planteado por Montaigne de «una multiplicidad de culturas no marcadas en el tiempo, sino coexistentes en el espacio», el «mito del buen salvaje», la disputa sobre el estado de la naturaleza y las leyes de la propagación, la ideología colonial y el anticolonialismo son temas que distan mucho de ser obsoletos y confieren al diálogo diderotiano una innegable actualidad» (de la prefacio de Antonio Santucci). En Denis Diderot, Opere filosofiche, Romanzi e Racconti, Bompiani, 2019, (ed. orig. 1772), p. 2081.

[56] – Caroline Elkins, Un’eredità di violenza. Una storia dell’impero britannico, Einaudi Torino 2024 (ed. orig. 2022), p. 785.

[57] – Véase Richard Sakwa, Frontline Ukraine. Crisis in the Borderlands, I.B. Tauris, Londres, 2015; Serhii Plokhy, The Gates of Europe. A History of Ukraine, Basic Books, Nueva York, 2015; Sara Reginella, La guerra fantasma nel cuore d’Europa, Exorma, 2021; Medea Benjamin – Nicolas J.S. Davies, War in Ukraine. Making Sense of a Senseless Conflict, OR Books, Nueva York, 2022; Giacomo Gabellini, Ucrania. Il Mondo ad un bivio. Origini, responsabilità, prospettive (Ucrania. El mundo en una encrucijada. Orígenes, responsabilidades, perspectivas), Arianna Editrice, 2022; Vladimir Putin, Di fronte alla storia. Obiettivi e strategie della Russia (Frente a la historia. Objetivos y estrategias de Rusia), Pgreco, 2022; Gilbert Achcar, The New Cold War. The United States, Russia and China, from Kosovo to Ukraine (La nueva guerra fría. Estados Unidos, Rusia y China, de Kosovo a Ucrania), Haymarket Books, Chicago, 2023.

[58] – Véase Sara Roy, The Gaza Strip. The Political Economy of De-Development, Institute for Palestine Studies, Washington D.C., 1995; Tareq Baconi, Hamas Contained. The Rise and Pacification of Palestinian Resistance, Stanford University Press, Stanford, 2018; Rashid Khalidi, The Hundred Years’ War on Palestine. Una historia del colonialismo y la resistencia, 1917-2017, Metropolitan Books, Nueva York, 2020; Ilan Pappé, La prisión más grande del mundo. Historia de los territorios ocupados, Fazi Editore, 2022 (ed. orig. 2017); Ilan Pappè, Historia de la Palestina moderna. Una tierra, dos pueblos, Einaudi 2005; Somdeep Sen, Descolonizar Palestina. Hamas tra anticolonialismo e postcolonialismo, Meltemi, 2023 (ed. orig. 2020); Edward Said, La questione palestinese, Il Saggiatore 2011.

[59] – Ervand Abrahamian, Storia dell’Iran. Dall’Islam all’era di Ahmadinejad, Einaudi, 2009 (ed. orig. 2008); Hamid Dabashi, Irán. El renacimiento de una nación, Palgrave Macmillan, Nueva York, 2006; Hamid Dabashi, Irán. Una nación en revuelta, DeriveApprodi, Roma, 2009 (ed. orig. Iran: A People Interrupted, 2007); Vali Nasr, The Shia Revival. Cómo los conflictos dentro del islam darán forma al futuro, W.W. Norton & Company, Nueva York, 2006; Trita Parsi, Perder un enemigo. Obama, Irán y el triunfo de la diplomacia, Yale University Press, New Haven, 2017; Arang Keshavarzian, Bazar y Estado en Irán. The Politics of the Tehran Marketplace, Cambridge University Press, Cambridge, 2007; Toby Craig Jones, Desert Kingdom. How Oil and Water Forged Modern Saudi Arabia, Harvard University Press, Cambridge (MA), 2010; Sami Al-Kassir, Being Arab, Verso, Londres, 2006 (ed. orig. en francés, 2006);

[60] – Patrick Seale, Asad. The Struggle for the Middle East, University of California Press, Berkeley, 1988; Nikolaos van Dam, The Struggle for Power in Syria. Politics and Society under Assad and the Ba’th Party, I.B. Tauris, Londres, 2011 (1.ª ed. 1979); Sami Moubayed, Under the Black Flag. At the Frontier of the New Jihad, I.B. Tauris, Londres, 2015; Raymond Hinnebusch, Syria. Revolution from Above, Routledge, Londres-Nueva York, 2001; Ghaith Abdul-Ahad, A Stranger in Your Own City. Travels in the Middle East’s Long War, Knopf, Nueva York, 2023; Adam Baczko – Gilles Dorronsoro – Arthur Quesnay, Syria. Anatomy of a Civil War, Hurst Publishers, Londres, 2017;

[61] – Véase Alberto Negri, Il musulmano errante. Storia degli alauiti e dei misteri del Medio Oriente, Rosenberg & Sellier, Turín, 2017 (ed. orig. 2017); Piero Orteca – Vittorio Emanuele Parsi, Iraq. La guerra permanente, Guerini e Associati, Milán, 2004; Thomas E. Ricks, Fiasco. L’avventura militare americana in Iraq, Einaudi, Turín, 2007 (ed. orig. 2006); Andrew J. Bacevich, La guerra senza fine. Cómo Estados Unidos perdió el control de la política exterior, Garzanti, Milán, 2008 (ed. orig. 2008); Rashid Khalidi, El imperio y sus fantasmas. Oriente Medio y la política exterior estadounidense, Einaudi, Turín, 2005 (ed. orig. 2004); Noam Chomsky, El nuevo humanitarismo militar. Lecciones de Kosovo e Irak, Marco Tropea Editore, Milán, 2001 (ed. orig. 2000); Tariq Ali, Bush en la Arabia feliz. La ocupación de Irak y el futuro de Oriente Medio, Fazi Editore, Roma, 2003; Lawrence Freedman – Efraim Karsh, The Gulf Conflict 1990–1991. Diplomacy and War in the New World Order, Princeton University Press, Princeton, 1993; Andrew J. Bacevich, The New American Militarism. How Americans Are Seduced by War, Oxford University Press, Oxford, 2005.

[62] – Según el propio informe Chilcot, el SIS no tenía pruebas suficientes de la existencia de armas de destrucción masiva (que finalmente no se encontraron) e interpretaba «de forma optimista» los hechos disponibles. Posteriormente, el propio Gordon Brown admitió que Estados Unidos mintió, basándose también en información británica, y que el MI6 aseguraba que las pruebas eran consistentes. Véase Gordon Brown, My life, our times, The bodley head, 2017.

[63] – En Elkins, op. cit., p. 797.

[64] – Bagdad, en árabe بغداد‎, significa «ciudad de la paz», es la segunda ciudad más grande de Asia occidental, después de Teherán, y tiene casi ocho millones de habitantes. Fundada en el año 762 d. C., pero cercana a la mucho más antigua Seleucia (Σελεύκεια), fundada en el año 300 a. C. y capital del reino seléucida, que fue durante mucho tiempo rival de los romanos. A su vez, Seleucia se encontraba frente a la poco posterior Ctesifonte (تیسفون), fundada en el siglo II a. C. y capital del Imperio sasánida partio y ciudad más grande del mundo en el siglo VI d. C.

[65] – George Orwell, firme opositor interno del imperialismo inglés y de su postura inmoral, desarrolló en 1948, poco antes de morir, el concepto de «doblepensar», que consiste en mantener en la mente dos pensamientos opuestos al mismo tiempo, saltando de uno a otro según convenga, sin ser consciente de ello.

[66] – Según la famosa fórmula del poema de Kipling.

[67] – Caroline Elkins, Un’eredità di violenza. Una storia dell’impero britannico, op. cit., p. 19.

[68] – Cedric J, Robinson, Black marxism. Genealogia della tradizione radicale nera, Alegre Roma 2023, (ed. or. 1983).

[69] – Elkins, cit., p. 23

[70] – Véase William Sdalrymple, Anarchia. L’inarrestabile ascesa della Compagnia delle Indie Orientali (Anarquía. El imparable ascenso de la Compañía de las Indias Orientales), Adelphi Milano 2022 (ed. orig. 2019)

[71] – Véase también Edmund Burke, Scritti sull’Impero. America, India, Irlanda, Utet Turín 2008, p. 353 y ss.

[72] – Burke, op. cit., p. 364

[73] – La revolución haitiana olvidada.

[74] – Se puede ver, desde una perspectiva diferente, la obra de Jurgen Habermas, Una historia de la filosofía (2 vol.), Feltrinelli, Milán, 2022-24.

[75] – Elkins, op. cit., p. 72

[76] – Elkins, op. cit., p. 165

[77] – Elkins, op. cit., p. 297

[78] – George Padmore, importante político trinitense, nacido Malcom Nurse, afiliado al Partido Comunista entre 1927 y 1934, animador del movimiento panafricano, defendió la causa de la descolonización de África y fue consejero de Nkrumah desde 1958, año en que se trasladó a Ghana.

[79] – Nnamdi Azikiwe, Renascent Africa, Negro University Pressi, Nueva York, 1937.

[80] – Eric Williams, Capitalismo y esclavitud, Meltemi 2024 (ed. orig. 1944)

[81] – Robert James, Cyril Lionel, Los jacobinos negros, op. cit.

[82] – William Du Bois, Las almas del pueblo negro, Le Lettere 2007 (ed. orig. 1903)

[83] – Aimé Casaire, Discurso sobre el colonialismo, Ombre Corte, 2020 (ed. orig. 1950).

[84] – Franz Fanon, Piel negra, máscaras blancas, Edizioni Ets, 2015 (ed. orig. 1952)

[85] – Franz Fanon, Los condenados de la tierra, Einaudi Torino 1962 (ed. orig. 1961),

[86] – George Padmore. The life and struggles of negro toilers, Tonbridge, Londres 1931

[87] – George Padmore, How Britain Rules Africa, Wishart Books, Londres, 1936

[88] – George Padmore. Africa and world peace, Secker & Warburg, Londres, 1937.

[89] – Elkins, op. cit. p. 346

[90] – Reginald Coupland, Zulku battle piece: Isandhalawana, Tom Donovan, 1991 (ed. orig. 1948)

[91] – Reginald Coupland, India a re-statement, Legare Street Press, 2023 (ed. orig. 1945).

[92] – George Orwell, 1984, Feltrinelli, Milán 2021 (ed. orig. 1949).

[93] – Orwell, op. cit., p. 229

[94] – Ídem.

[95] – Elkins, op. cit., p. 432

[96] – Elkins, cit. p. 676

[97] – Elkins, cit. p. 702

[98] – Nacido en 1474 y fallecido en 1566, fue una extraordinaria figura de teólogo y obispo español que se comprometió denodadamente en la defensa de los nativos americanos y, posteriormente, también de los negros importantes que los sustituyeron. Fundamental fue su participación en el debate de Valladolid de 1550, en el que su adversario fue Juan Ginés de Sepúlveda. El texto principal es Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Marsilio 2012 (ed. orig. 1552).

[99] – Howard Zinn, nacido en 1922 y fallecido en 2010, fue un escritor radical estadounidense de Nueva York, de inclinaciones socialistas libertarias y procedente de una familia de inmigrantes judíos europeos (de Austria y Siberia). Desde los años sesenta participó activamente en el movimiento por los derechos civiles, tanto en su papel de profesor de historia como en el posterior de profesor de ciencias políticas. Adoptó posiciones valientes y personalmente costosas contra la discriminación racial y la guerra de Vietnam. Howard Zinn, Historia del pueblo estadounidense, desde 1492 hasta hoy, Il Saggiatore 2017 (ed. orig. 1980), p. 25. El libro es un extraordinario fresco de toda la historia de los Estados Unidos, hasta los primeros años de Bush hijo, descrita desde el punto de vista de la historia popular. Es decir, de la historia de las luchas y movilizaciones populares y de las diferentes formas de opresión que se han practicado a lo largo de la historia del país. Es, por tanto, y sobre todo, una historia de los dispositivos de control social y de formación y dominio de las élites, así como de formación y explotación de nuevas desigualdades y colonias internas. Es más, de control propiamente dicho, al hacer funcionales las desigualdades internas mediante el desplazamiento sistemático de su naturaleza económica hacia otros ámbitos.

[100] – David Graeber, David Wengrow, El amanecer de todo. Una nueva historia de la humanidad, Rizzoli 2022.

[101] – Graeber, cit., p. 61 y ss.

[102] – Graeber, p. 67

[103] – Véase Paul E. Lovejoy, Historia de la esclavitud en África, op. cit.; Howard French, África. El nacimiento del mundo moderno, op. cit.; Zeinab Badawi, Historia africana de África, Rizzoli, 2024.

[104] – Véase Francesca Canale Cama, Amedeo Feniello, Luigi Mascilli Migliorini, Storia del mondo. Dall’anno 1000 ai giorni nostri, Laterza, 2019, pp. 579 y ss.

[105] – Christopher Hilll, Il mondo alla rovescia. Idee e movimenti rivoluzionari nell’Inghilterra del Seicento, PGreco, 2023.

[106] – Hill, op. cit., p. 38.

[107] – Se trata de un tema de enorme complejidad para un enfoque al que remito a Alessandro Visalli, Clase y partido. Ridare corpo al fantasma del collettivo (Clase y partido. Dar cuerpo al fantasma del colectivo), Meltemi, 2023, cap. 3, Mutamenti (Cambios), p. 103 y ss.

[108] – En lo que insiste mucho Cedric Robinson.

[109] – Zinn. p. 52

[110] – Véase Christopher Hilll, Il mondo alla rovescia. Idee e movimenti rivoluzionari nell’Inghilterra del Seicento, op. cit.

[111] – Me permito remitir también a Alessandro Visalli, Clase y partido. Ridare corpo al fantasma del collettivo (Clase y partido. Devolver cuerpo al fantasma del colectivo), Meltemi, 2023, cap. 2, Rivoluzioni (Revoluciones), p. 60 y ss.

[112] – Zinn, p. 65

[113] – Alan Taylor, Rivoluzioni americane. Una storia continentale, 1750-1804, Einaudi, 2017 (ed. orig. 2016).

[114] – Zinn, p. 166.

[115] – Como ya se ha visto, gran intelectual y militante negro, en realidad con sangre africana, holandesa, francesa y haitiana, nacido en 1868 y fallecido en 1963.

[116] – Retórica teorizada por Ernesto Laclau a través del constructo de los «significantes vacíos», véase E. Laclau, C. Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy. Towards a Radical Democratic Politics, Verso, Londres 1985; E. Laclau, La razón populista, Latera, Roma-Bari 2008; E. Laclau, Las bases retóricas de la sociedad, Mimesis, Milán 2017. Además, para una crítica, véase mi obra Alessandro Visalli, Clase y partido, op. cit., p. 213 y ss.

[117] – Laclau, citado en Visalli, 2023, p. 218

[118] – Zinn, p. 313. Para una lectura de esta tendencia, véase Alessandro Visalli, Dipendenza, Meltemi 2020.

[119] – Zinn, p. 347

[120] – Véase, por ejemplo, Niall Ferguson, El grito de los muertos, Oscar, 2014,

[121] – Fases descritas también en mi Dipendenza, op. cit.

[122] – Véase Aram Mattioli, Tempi di rivolta. Una storia delle lotte indiane negli Stati Uniti, Einaudi, 2024.

[123] – Los demás, Obama, Trump, Biden, y de nuevo Trump, no aparecen en el libro, porque el autor falleció en 2010 y, básicamente, termina con las consecuencias inmediatas del 11 de septiembre de 2001, Afganistán antes de Irak. No habla de la segunda guerra de Irak ni de la crisis de 2008. Tampoco de los dos fracasos de ambas.

[124] – Véase Yascha Monk, La trappola identitaria. Una storia di potere e di idee del nostro tempo, Campi del Sapere, 2023.

[125] – En Yascha Monk, La trappola identitaria., cit., p. 59

[126] – No es difícil reconocer una línea genealógica precisa entre el surgimiento, entre los años cincuenta y sesenta, de ideas retomadas por los autores de la «crítica de la razón» formados en los años treinta entre las dos guerras, y su consolidación y dominio en los años ochenta, cuando el marxismo sufre un auténtico colapso. Cuando los autores del giro posmoderno critican las «grandes narrativas» y la «Ilustración», en realidad están atacando la idea de revolución y el marxismo-socialismo.

[127] – Edward Said, Nel segno dell’esilio. Riflessioni, letture e altri saggi, Feltrinelli, 2008 (ed. orig. 2000).

[128] – Said, cit., p. 437

[129] – Ídem.

[130] – Véase, por ejemplo, Seymour Melman, Capitalismo militar. El papel del Pentágono en la economía estadounidense, Feltrinelli, 1972 (ed. orig. 1970); Seymour Melman, Guerra S.p.a. La economía militar y el declive de los Estados Unidos, Città Aperta Edizioni 2006;

[131] – William Blum, Con la excusa de la libertad, ¿se puede hablar de imperio americano? Marco Tropea Editore, 2002 (ed. orig. 2000); Chalmer Jhonson, Las lágrimas del imperio. El aparato militar industrial, los servicios secretos y el fin del sueño americano, Garzanti 2005 (ed. orig. 2004); Chalmer Jhonson, Némesis. El fin de América, Garzanti 2008 (ed. orig. 2006).

[132] – Daniele Ganser, Breve storia dell’Impero americano. Una potenza senza scrupoli, Fazi Editore, 2021 (ed. orig. 2020);

[133] – Caroline Elkins, Un’eredità di violenza. Una storia dell’imparo britannico, Einaudi Torino 2024 (ed. orig. 2022).

[134] – Jacob Taubes, La teología política de San Pablo, Adelphi 1997 (ed. orig. 1993).

[135] – Utilizo esta gran palabra en el sentido de Derrida.

[136] – Jan Assmann, No tendrás otros dioses. El monoteísmo y el lenguaje de la violencia, Il Mulino, 2007.

[137] – Jan Assmann, Hacia el Dios único. De Akenatón a Moisés, Il Mulino 2018 (ed. orig. 2014); Jan Assmann, Dios y los dioses. Egipto, Israel y el nacimiento del monoteísmo, Il Mulino, 2009.

[138] – Tal y como lo describe Assmann, «las grandes narrativas y las principales diferenciaciones con las que una sociedad se orienta en el espacio y en el tiempo y que quedan impresas en los mitos fundadores, en los símbolos, en las imágenes y en los textos literarios de su propia tradición», en No tendrás otros dioses, cit., p. 29.

[139] – Término central en la interpretación de Assmann, según la cual la transposición que Moisés practica a partir de la experiencia imperial de su tiempo (Asiria y Egipto) entre la religión verdadera y la falsa, entre lo viejo y lo nuevo, separa y distingue a un «pueblo que habita aparte» (Nm 23, 9). Véase Assmann, Dio e gli dei, cit., p. 189.

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3. Los socialistas se unen a los comunistas en las elecciones checas.

Maury no suele citar las fuentes, y el artículo es bastante breve y me falta contexto, pero parece que los socialistas checos buscan ir juntos a las elecciones con los comunistas, en un programa contra el rearme.

https://www.editoweb.eu/nicolas_maury/Les-nouveaux-allies-des-communistes-tcheques_a16614.html

Los nuevos aliados de los comunistas checos

Miércoles, 2 de julio de 2025

La coalición liderada por los comunistas checos no deja indiferente. Su dinamismo en la izquierda anima a otros partidos a aliarse con ella.

Un partido muy conocido en la República Checa, la Socialdemocracia, ha expresado su deseo de unirse a la coalición para las próximas elecciones legislativas de octubre de 2025.

Artículo y traducción de Nico Maury

La coalición Stačilo! («¡Basta!»), liderada por el Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSČM), se refuerza en la República Checa y representa hoy en día a la oposición de izquierda al Gobierno de los liberales autoritarios.

Esos mismos liberales que agitan el fantasma del «pánico rojo» para intentar amordazar a los comunistas y hacer olvidar los desastres de sus políticas. Esta situación empuja a un partido, antes proeuropeo, pro OTAN y liberal, a dar un giro hacia la izquierda.

Los socialdemócratas (SOCDEM, ex-ČSSD), el partido político más antiguo de la República Checa, que era una fuerza influyente hasta las últimas elecciones de 2017, están cambiando de actitud y se están acercando al KSČM.

Las negociaciones para la adhesión de esta fuerza política a la coalición de izquierda liderada por los comunistas comenzaron en febrero, después de que el 70 % de los afiliados al SOCDEM aprobaran el acercamiento a los comunistas. Un giro histórico.

La presidenta socialdemócrata, Jana Maláčová, explica que «estamos rotundamente en contra de la carrera armamentística, cínicamente fomentada por el Gobierno y el presidente. El 5 % anual del PIB destinado a defensa, exigido por la OTAN, supone un apocalipsis económico en un clima de histeria militar y miedo. En tales condiciones, es inaceptable dispersar los votos del electorado de izquierda. Al contrario, es necesaria la consolidación».

Para los socialdemócratas, el gasto militar insensato destruiría el sistema sanitario, la educación y las pensiones. «Favorecer a los fabricantes de armas tendrá un impacto negativo para los ciudadanos de a pie, que no tendrán suficiente para pagar los medicamentos y la educación de sus hijos. Favorecer las armas no reducirá la pobreza».

La presidenta del Partido Comunista de Bohemia y Moravia, Kateřina Konečná, explica que «la situación internacional y nacional exige unificar las oposiciones contra el Gobierno. Debemos estar unidos, trabajar juntos». Al parecer, las negociaciones entre ambos partidos se centraron principalmente en la designación de candidatos para los órganos regionales. En cuanto a los puntos del programa de coalición, ya se ha alcanzado un acuerdo.

Ayer, los socialdemócratas se oponían a los comunistas y rechazaban sus posiciones sobre la UE y la OTAN, lo que constituía uno de los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo. Sin embargo, Jana Maláčová ya no se opone a un referéndum sobre la adhesión de la República Checa a estas organizaciones.

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4. Reunión de la OCS.

Escobar nos cuenta sobre la reciente reunión de los ministros de defensa de la OCS, en esa difícil articulación de un mundo multipolar.

https://thecradle.co/articles/ten-defense-ministers-walk-into-a-room-in-china

Diez ministros de Defensa entran en una sala en China…

La OCS puede hacer lo que la OTAN no puede: calmar las hostilidades proporcionando «seguridad indivisible» a sus Estados miembros euroasiáticos y a todo el mundo multipolar.

Pepe Escobar

30 DE JUNIO DE 2025

Los ministros de Defensa de los diez miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) se reunieron la semana pasada en Qingdao, en la provincia china de Shandong.

Eso, en sí mismo, es materia de drama. No solo porque fue un calentamiento para la principal cumbre anual de la OCS que se celebrará a finales de este año en Tianjin con los jefes de Estado. Sino sobre todo porque en la misma mesa se sentaron los principales miembros del BRICS, Rusia, China, India e Irán, además de Pakistán; un ministro de Defensa indio que visitaba China por primera vez en cinco años y se enfrentaba a su homólogo pakistaní tras su último grave intercambio de disparos; y el ministro iraní, que mantuvo estrechas consultas con Pekín inmediatamente después del alto el fuego entre Israel e Irán orquestado por el presidente de los Estados Unidos.

Por si eso no fuera lo suficientemente intrigante, la reunión de la OCS en Qingdao se celebró casi simultáneamente con la cumbre de la OTAN en La Haya.

El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Muhammad Asif, fue al grano y señaló que, a diferencia de la OTAN, la OCS puede «fomentar la paz en esta región». El ministro de Defensa chino, Dong Jun, destacó que la OCS desempeña el papel de «ancla estabilizadora».

El ahora fragmentado (gracias al presidente estadounidense Donald Trump) colectivo occidental no tiene ni idea de qué va la OCS. La SCO es una organización multilateral con 25 años de antigüedad, fundada unos meses antes del 11-S, y está formada por diez Estados miembros de pleno derecho, dos naciones observadoras y catorce socios de diálogo: casi la mitad de la población mundial, desde Europa del Este (Hungría) hasta el océano Índico y la costa del Pacífico.

La OCS no es una OTAN asiática, en el sentido de una alianza militar ofensiva, ni pretende serlo; más bien, en una formulación típicamente china, prefiere afirmarse como un «gigantesco barco de seguridad».

Concebida inicialmente para luchar contra lo que los chinos definen como «los tres males» —el terrorismo, el separatismo y el extremismo—, la OCS ha evolucionado seriamente hasta convertirse en un mecanismo de cooperación económica. Su última mesa redonda en el Foro Económico de San Petersburgo, hace menos de dos semanas, por ejemplo, fue organizada por el secretario general de la OCS, Nurlan Yermekbayev, moderada por el experimentado Sergey Katyrin, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Rusia, y se centró en los retos de crear una infraestructura logística, financiera y energética común para la OCS.

Este panel, moderado por Alexey Gromyko, director del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia, y con el secretario de la Unión Estatal (Rusia-Bielorrusia), Sergey Glazyev, como ponente principal, entrelazó la OCS con la Unión Económica Euroasiática (EAEU) y debatió cuál es el papel que debe desempeñar el espacio postsoviético en la economía multipolar emergente.

Así, la OCS promueve hoy en día no solo maniobras conjuntas contra el terrorismo y el intercambio de información, sino también una cooperación económica adaptada a las expectativas culturales de las diferentes civilizaciones. Se trata, por definición, de un organismo multipolar.

Los socios estratégicos Rusia y China se suman a la iniciativa

El quid de la cuestión en Qingdao tuvo que girar en torno a lo que podría denominarse el triángulo Primakov, en referencia al antiguo primer ministro ruso Yevgeni Primakov, que imaginó una potencia rusa autónoma y postsoviética en un nuevo orden multipolar. Hoy vemos esa premonición en un «RIC» compuesto por Rusia, Irán y China, y no India: estos tres Estados civilizacionales independientes son, en este momento, los tres principales actores que impulsan el complejo proceso de integración de Eurasia.

El ministro de Defensa ruso, Andrey Belousov, se reunió en privado con el ministro de Defensa chino, Dong Jun, así como con el ministro de Defensa iraní, Aziz Nazirzadeh. En la mesa de la OCS, Belousov no se anduvo con rodeos.

Dijo que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán violan la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional; confirmó que Moscú había propuesto mediar para reducir la tensión; y volvió a insistir en que «el papel de las instituciones internacionales destinadas a garantizar la estabilidad mundial ha caído a un nivel inaceptable».

Belousov también destacó el principal quebradero de cabeza de los diez ministros: que las «ideologías terroristas» y el «tránsito de militantes» siguen extendiéndose desde Asia occidental hasta Afganistán.

En cuanto a Ucrania, Belousov fue bastante predecible: Rusia avanza con paso firme y Kiev recurre a «tácticas terroristas» mientras contempla su ruina. Ninguno de los actores presentes en la mesa de la OCS se atrevió a contradecirlo.

Entonces, ¿dónde estaba la India en medio de toda esta acción? Bueno, perfeccionando su lista de la compra. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, pidió personalmente a Belousov una actualización urgente de los Su-30MKI y una entrega mucho más rápida de los S-400 Triumf restantes. Estos forman parte de un cuantioso acuerdo de 5430 millones de dólares; ya se han entregado tres unidades y las dos siguientes llegarán a principios de 2026.

Estos S-400 fueron fundamentales durante la Operación Sindoor, la miniguerra de la India contra Pakistán.

Inmediatamente después del «alto el fuego» de Trump entre Israel e Irán, Teherán se acercó a Pekín para estudiar las opciones de compra de un lote sustancial (al menos 40) de cazas chinos J-10CE (la versión de exportación del J-10C). Por cierto, estas negociaciones llevan al menos diez años en marcha.

Desde el punto de vista iraní, en términos de bajo coste y disponibilidad, el J-10C podría ser una mejor opción que los MiG-35 y Su-35E rusos (la versión de exportación del Su-35S). Pero es importante recordar que el Su-35 y el J-10C representan dos clases diferentes de aviones de combate. Nada impide que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) compre ambos, en un caso de asociación estratégica interactiva.

Fuentes diplomáticas confirman que Irán ya tiene Su-35. No está claro cuántos, pero sin duda más de dos. Rusia está más que dispuesta a vender hasta dos escuadrones. Cada escuadrón tendría 12, lo que supone un total de 24 aviones.

La opinión general en Moscú es que Irán intensificará la compra simultánea de aviones de combate rusos y chinos de última generación. Y, sin duda, de sistemas de defensa aérea, como los S-400 rusos. El drama que se ha desarrollado en las últimas dos semanas va mucho más allá del debate artificial y superficial sobre si Teherán carecía de la ayuda de sus estrechos aliados estratégicos, Rusia y China.

Si bien el IRGC quiere esos aviones de combate tras las dolorosas lecciones de la guerra de 12 días de Israel, lo que más necesita es perfeccionar su aparato interno de contrainteligencia y lucha contra la insurgencia. Una parte sustancial del castigo sufrido por Irán provino de saboteadores internos que lanzaron drones, colocaron bombas y vigilaron objetivos de alto valor para asesinarlos.

Queremos la guerra contra Rusia y China

Ahora comparen todas estas interacciones euroasiáticas en Qingdao con lo que ocurrió en La Haya. Básicamente, tras ser chantajeada por el espantoso secretario general de la OTAN, Mark «Hola, papá» Rutte, la Unión Europea (UE) decidió destinar la friolera de 650 000 millones de euros (aproximadamente 695 500 millones de dólares) de fondos que no tiene para comprar armas estadounidenses con el fin de declarar la guerra a Rusia y, más adelante, a China.

Esto nos lleva al kabuki del cinco por ciento. Para que cada miembro de la OTAN gaste el cinco por ciento en defensa, con una deuda conjunta que ya supera el 80 % del PIB, tendría que triplicar los 325 000 millones de euros (aproximadamente 381 200 millones de dólares) que gastó en armas en 2024, alcanzando así casi un billón de euros.

Los ciudadanos de la UE con dos dedos de frente pueden hacer fácilmente los cálculos: habrá una orgía incesante de «recortes», subidas de impuestos y desaparición de prestaciones sociales para financiar el armamento. Y robar 300 000 millones de euros (aproximadamente 351 750 millones de dólares) de activos rusos no servirá de nada, porque eso no cubrirá ni siquiera el aumento de un año.

Todos los ministros presentes en la mesa de la OCS en Qingdao sabían que la OTAN estaba en guerra con Rusia, y entonces China ni siquiera califica como un pésimo sketch de Monty Python. Rusia ya tiene 13 000 misiles y sigue contando, y pronto podrá producir hasta 300 Oreshniks hipersónicos al año, más que suficientes para paralizar todos y cada uno de los puertos y aeropuertos de Europa.

Fue bastante intrigante observar la respuesta inmediata del presidente ruso, Vladímir Putin, a lo discutido en la OCS en Qingdao. En el foro de la Unión Económica Euroasiática (UEE) en Minsk, Putin dijo: «Afortunadamente, la situación en Oriente Medio se está estabilizando. El largo conflicto entre Israel e Irán, gracias a la gracia de Dios, ya ha quedado atrás».

O quizá no, si nos atenemos a las declaraciones de los funcionarios israelíes. Aun así, para el presidente ruso, lo que siempre importa más es la geoeconomía. En el foro, Putin destacó los acuerdos preferenciales de la EAEU con Vietnam, Singapur y Serbia, además de un acuerdo inminente con los Emiratos Árabes Unidos, y afirmó: «Las relaciones mutuamente beneficiosas con países de Eurasia, África y América Latina están avanzando activamente». Por no hablar de la cooperación con los BRICS, la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la ASEAN, la Unión Africana y, por supuesto, la OCS.

Y justo cuando los ministros abandonaban Qingdao, se confirmó oficialmente: Irán ha abandonado el sistema GPS estadounidense en favor del Beidou chino. Hablamos de un movimiento audaz y contundente en el tablero de ajedrez de la guerra tecnológica. El siguiente paso: hacerse con todos esos Su-35 y JC-10CE.

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5. La guerra acaba de empezar.

La primera parte de un análisis de Iannuzzi sobre los orígenes del reciente ataque israelo-estadounidense sobre Irán.

https://robertoiannuzzi.substack.com/p/israele-usa-e-iran-la-guerra-e-appena

Israel, EE. UU. e Irán: la guerra acaba de empezar – Parte I

El viejo sueño neoconservador de rediseñar Oriente Medio mediante una serie de cambios de régimen en beneficio de EE. UU. e Israel, archivado durante una década, ha vuelto a cobrar protagonismo.

Roberto Iannuzzi

1 de julio de 2025

Nota de servicio: la segunda parte de este artículo se publicará la próxima semana.

El repentino alto el fuego «impuesto» a Israel e Irán el pasado 24 de junio por el presidente estadounidense Donald Trump, en lo que muchos han rebautizado como «la guerra de los doce días», probablemente no marca el fin de las hostilidades, sino el comienzo de un enfrentamiento más amplio y peligroso por la hegemonía en Oriente Medio, con posibles ramificaciones globales.

Los doce días de conflicto a los que hemos asistido constituyen un salto cualitativo desestabilizador en la confrontación entre Israel e Irán, que ha pasado de la «guerra en la sombra» de las últimas décadas a un enfrentamiento militar directo.

En el primer caso, Irán había preocupado a Israel sobre todo a través de sus aliados regionales, en primer lugar Hamás y Hezbolá. Israel, por su parte, había llevado a cabo una serie de operaciones encubiertas —acciones de sabotaje y asesinatos selectivos— en territorio iraní, a menudo utilizando a socios locales.

En el segundo, los dos países se han atacado mutuamente con ataques militares directos (aunque a distancia, ya que no son países limítrofes). Los primeros indicios de este salto cualitativo se produjeron con los «intercambios de misiles» entre ambos países en abril y octubre de 2024.

Tanto en la «guerra en la sombra» de las últimas décadas como en el enfrentamiento directo que concluyó el 24 de junio, Israel contó con el apoyo de Estados Unidos.

«Los hombres de verdad quieren ir a Teherán»

Desde la revolución de 1979, cuando Irán salió del sistema de alianzas estadounidense en la región, la República Islámica ha sido considerada por Washington como un enemigo a eliminar.

El enfoque estadounidense se mantuvo inalterado incluso después de que el impulso revolucionario iraní perdiera su impulso inicial y se hiciera evidente que no se extendería fuera de Irán.

Desde principios del nuevo milenio, el país ha sido durante años el codiciado trofeo final de un plan neoconservador destinado a rediseñar Oriente Medio para asegurar definitivamente la hegemonía israelo-estadounidense en la región.

Este objetivo se exponía claramente en un documento redactado en 1996 por un grupo de estrategas neoconservadores liderados por Richard Perle, titulado «A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm» (Una ruptura limpia: una nueva estrategia para asegurar el reino).

Durante los años de la invasión estadounidense de Irak, en los círculos neoconservadores estaba de moda una frase que habría sido pronunciada originalmente por un alto funcionario británico: «Todos quieren ir a Bagdad. Los hombres de verdad quieren ir a Teherán».

Todavía en 2009, la idea de un cambio de régimen en Irán estaba muy en boga en los pasillos del establishment estadounidense, como confirma un informe de la Brookings Institution (uno de los think tanks más influyentes de Estados Unidos) titulado: «Which Path to Persia? Options for a New American Strategy toward Iran» (¿Qué camino hacia Persia? Opciones para una nueva estrategia estadounidense hacia Irán).

El capítulo 5 del informe, titulado «Leave it to Bibi: Allowing or Encouraging an Israeli Military Strike» (Déjenlo a Bibi: permitir o fomentar un ataque militar israelí), parece extraordinariamente profético.

Sin embargo, tras los fracasos de George W. Bush en Irak y Afganistán, y tras la derrota de Israel en la guerra con Hezbolá en el Líbano en 2006, los planes neoconservadores para Oriente Medio habían pasado progresivamente a un segundo plano.

Tras archivar el enésimo fracaso en Siria, donde Washington había intentado un nuevo cambio de régimen tras las revueltas árabes de 2011, la administración Obama había tratado de llevar a cabo el anunciado «giro» hacia Asia para contener el ascenso chino y había apoyado la revuelta de Maidan en Kiev con un carácter antirruso en 2014.

Un año después, precisamente con vistas a una progresiva retirada de Oriente Medio, Obama llegó a un acuerdo con Teherán, el llamado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), para archivar la cuestión nuclear y encontrar un frágil modus vivendi con Irán. Esto permitiría a Washington mirar hacia otros lugares.

En los años siguientes, la atención de los presidentes estadounidenses se vería absorbida por la confrontación con Moscú en Ucrania, la guerra comercial con Pekín y, en general, la renovada «competencia entre grandes potencias».

En Washington, Oriente Medio había caído en el olvido, lo que provocó un enfriamiento de las relaciones con aliados históricos como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, y una penetración económica china cada vez más marcada en el Golfo.

Nuevos planes de EE. UU. en Oriente Medio

Consciente de la pérdida de influencia en Oriente Medio, en 2023 la Administración Biden planeó un regreso estadounidense a la región, basado en nuevos acuerdos de seguridad con los principales socios de EE. UU. en el Golfo, en el relanzamiento de los Acuerdos de Abraham introducidos por su predecesor Donald Trump para normalizar las relaciones entre Israel y los países árabes, y en el anuncio de un corredor económico —el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC)— que debería consolidar la nueva arquitectura de seguridad estadounidense en la región desde el punto de vista logístico y comercial.

El IMEC se presentaba como una alternativa clara (y presuntuosa) a la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI, la «ruta de la seda» china) con el objetivo de intentar frenar la penetración de Pekín.

Los acuerdos de Abraham tenían por objeto crear un frente regional árabe-israelí-estadounidense destinado a aislar a Irán y a sus aliados regionales del llamado «Eje de la Resistencia» (Hamas, Hezbolá, Siria, milicias chiítas en Irak y Ansar Allah en Yemen).

Sin embargo, este plan se vio trastocado por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la violentísima respuesta militar israelí, que provocó la reacción de Hezbolá en el Líbano, de las milicias chiitas iraquíes y de Ansar Allah (también conocidos como los «hutíes», por el nombre de su fundador) en señal de solidaridad con Hamás y con los palestinos de Gaza.

La nueva desestabilización de Oriente Medio ponía en tela de juicio toda la arquitectura del IMEC y los Acuerdos de Abraham: un corredor económico nunca vería la luz en una zona sacudida por los conflictos, y una normalización de las relaciones (en particular) entre Arabia Saudí e Israel era impensable mientras el ejército de Tel Aviv exterminaba a los palestinos.

Por esta razón, la administración Biden, aunque nunca ha negado el apoyo logístico y el suministro de armas esenciales para el funcionamiento de la operación militar israelí, ha intentado en varias ocasiones desalentar los planes israelíes de ampliar el conflicto a escala regional, proponiendo en su lugar una solución política en Gaza que, sin embargo, el Gobierno de Netanyahu siempre ha rechazado.

El punto de inflexión de septiembre de 2024

El punto de inflexión que contribuyó a disipar las dudas de muchos estrategas estadounidenses y de varios miembros de la administración Biden fue la impresionante operación llevada a cabo por el ejército israelí en el Líbano el 27 de septiembre de 2024, que condujo a la eliminación del secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, y a la decapitación de toda la dirección del grupo.

Esa operación, basada en una escalofriante capacidad de penetración de los servicios de inteligencia que permitió a Israel reconstruir con extrema precisión los movimientos de los principales líderes del movimiento libanés y atacar en el momento oportuno con efectos devastadores, llevó a muchos en Washington a revisar sus posiciones.

La perspectiva de asestar un golpe mortal a un segundo eslabón del eje proiraní, tras el desmantelamiento militar de Hamás en Gaza, ha llevado a políticos y expertos en Washington a considerar viable la estrategia de utilizar a Israel como «ariete» para desarticular el eje de la resistencia y aislar a Irán.

Es interesante recordar que, precisamente en esa ocasión, Jared Kushner, yerno de Trump (entonces inmerso en la campaña presidencial), escribió en un largo post en X (Twitter) que Hezbolá era un arma apuntando a la sien de Israel. Esa arma había impedido hasta entonces la destrucción de las instalaciones nucleares iraníes.

Sin Hezbolá, sostenía Kushner, Irán era mucho más débil y estaba expuesto a un posible ataque.

Estas convicciones se reforzaron aún más en Washington tras la rocambolesca caída de Bashar al-Assad en Siria, en diciembre de 2024, y el posterior desmantelamiento del residuo aparato militar de Damasco por una sistemática campaña de bombardeos israelí, que dejó el espacio aéreo sirio bajo el control total de Israel.

El viejo sueño neoconservador de rediseñar Oriente Medio mediante una serie de cambios de régimen en beneficio de Estados Unidos e Israel, archivado durante una década, resurgía con fuerza y de forma totalmente inesperada.

La caída de Assad dejaba a Hezbolá aislado en el vecino Líbano y enormemente debilitado por el duro enfrentamiento militar con Israel que concluyó con el alto el fuego del 27 de noviembre (violado constantemente por Tel Aviv).

Gaza, sin más apoyo que el limitado de Ansar Allah desde el lejano Yemen, seguía enfrentándose en soledad a su trágico destino.

Al este de Siria, ya totalmente inofensiva, Estados Unidos seguía ejerciendo una notable influencia en Irak y controlando su espacio aéreo.

Por lo tanto, había una «ventana de oportunidad», escribían los comentaristas israelíes, para atacar las instalaciones nucleares iraníes, dada la debilidad y el aislamiento en que se encontraba Teherán, y la existencia de un corredor seguro para llegar a la frontera iraní a través de los cielos de Siria e Irak.

¿Para qué sirve el programa nuclear de Teherán?

En este punto, es importante aclarar que el programa nuclear iraní ha sido un pretexto útil para atacar militarmente a Irán, pero no es el verdadero objetivo que ha motivado esta acción.

Como ha escrito la analista Sina Toossi, el programa nuclear de Teherán no debe interpretarse como una «cruzada ideológica para hacerse con la bomba», sino como un instrumento calibrado para alcanzar objetivos de disuasión y poder de negociación.

No hay que olvidar que, desde su nacimiento en 1979, la República Islámica ha estado sometida a un embargo económico y a una amenaza militar constante, en particular por parte de Estados Unidos (también a través del apoyo de Washington a actores regionales como Sadam Husein durante la guerra entre Irán e Irak de 1980-1988).

Para salir de este impasse, Teherán ha recurrido a diversos instrumentos, entre los que destacan, por un lado, la creación de un eje de aliados regionales que constituyera una especie de cinturón de seguridad alrededor de Irán y, por otro, el desarrollo de un programa de misiles balísticos (en particular para suplir la falta de una fuerza aérea militar) y del programa nuclear.

Gracias a este último, Teherán se ha convertido en una potencia nuclear «latente» que, aunque hasta ahora no ha mostrado intención de fabricar un arma atómica, dispone de casi toda la infraestructura y los conocimientos científicos necesarios para producirla.

La estrategia iraní persigue múltiples objetivos: utilizar los elementos del programa nuclear como moneda de cambio en las negociaciones para obtener la derogación de las sanciones (que no solo afectan al ámbito nuclear, y en parte son anteriores a él), reforzar los instrumentos que garantizan su independencia política, económica y científica en un entorno generalmente hostil, y, por supuesto, mantener abierta la vía hacia la construcción de un arma nuclear en caso de que se materialice una amenaza externa existencial.

En los últimos años, los líderes políticos iraníes han demostrado estar dispuestos a no sobrepasar el umbral de la potencia nuclear latente, alcanzando en 2015 un acuerdo (el mencionado JCPOA) con la administración Obama.

Dicho acuerdo imponía límites verificables al programa nuclear iraní y un estricto régimen de vigilancia de las instalaciones nucleares del país, a cambio de garantías de seguridad y la promesa de levantar las sanciones.

Como ya mencioné en un artículo anterior, fue Trump quien, en 2018, se retiró unilateralmente del acuerdo nuclear (que Irán estaba respetando), sentando las bases para la crisis actual.

A pesar de ello, según las últimas estimaciones de la inteligencia estadounidense, Irán no ha reactivado su programa nuclear militar (suspendido desde 2003) y necesitaría otros tres años para construir un arma atómica (miniaturizando una ojiva y construyendo un vector balístico capaz de albergarla) si tomara una decisión política en este sentido.

Por lo tanto, es evidente que el problema que Irán representa a los ojos de sus adversarios no es el programa nuclear en sí mismo, sino la voluntad iraní de no someterse a la arquitectura hegemónica israelo-estadounidense en Oriente Medio, lo que automáticamente lo convierte en un competidor a nivel regional.

Es igualmente importante señalar que el Gobierno liderado por el presidente reformista Masoud Pezeshkian (que tomó posesión el 30 de julio de 2024) tenía entre los puntos de su programa político el de reanudar las negociaciones con Estados Unidos para lograr una reconciliación con Occidente (una empresa que antes que él ya habían intentado, sin éxito, figuras como Mohammad Khatami y Hassan Rouhani, signatario del JCPOA).

El frente intervencionista en Israel y EE. UU.

A pesar del inicio de las negociaciones entre Irán y la administración Trump en los últimos meses para resolver pacíficamente la disputa nuclear, en el mismo período se ha consolidado en Israel y Estados Unidos un «partido de la guerra» decidido a actuar militarmente contra Teherán.

Este partido era muy fuerte sobre todo en Israel, donde toda una clase política era favorable a la perspectiva de un ataque. El 13 de junio (cuando comenzó la operación militar), expresó masivamente (incluidos los miembros de la oposición) su apoyo al primer ministro Netanyahu.

Durante la guerra de doce días, todas las polémicas relacionadas con el 7 de octubre, la liberación de los rehenes, la gestión de la guerra en Gaza y el enfrentamiento institucional en Israel desaparecieron del panorama mediático israelí, dando paso a una recomposición política y de la opinión pública.

Dos figuras clave en la planificación del ataque a Irán fueron el director del Mossad, David Barnea, y el comandante de la Fuerza Aérea, Tomer Bar.

Otra figura esencial, el asesor de Seguridad Nacional, Tzachi Hanegbi, desempeñó un papel destacado en la obtención del consentimiento del comandante de las Fuerzas Armadas, Eyal Zamir.

El visto bueno del ejército marcó una clara ruptura con el pasado. De hecho, desde 2007, todos los comandantes del ejército israelí, desde Gabi Ashkenazi hasta Benny Gantz y Gadi Eisenkot, se habían opuesto a la idea de atacar militarmente a Irán.

Barnea, por su parte, transformó radicalmente el Mossad, introduciendo innovaciones tecnológicas en materia de seguimiento, rastreo y vigilancia, y en el uso de la inteligencia artificial, que hicieron posibles las operaciones de «decapitación» de los líderes de Hezbolá en el Líbano y de los altos mandos militares en Irán, así como los asesinatos selectivos de líderes de Hamás desde Beirut hasta Teherán.

Al igual que Netanyahu, Barnea se oponía al acuerdo nuclear de 2015. Además, ha mantenido una estrecha coordinación con la CIA, que a su vez ha desempeñado un papel fundamental en la preparación de la guerra de doce días.

Además del director de la CIA, John Ratcliffe, el general Michael «Erik» Kurilla, comandante del Mando Central de Estados Unidos responsable de la región de Oriente Medio, fue un aliado esencial de Israel dentro de la Administración Trump.

Varias fuentes señalan a Kurilla como la figura clave dentro de la Administración que llevó a la aprobación del ataque contra Teherán.

A menudo descrito como radicalmente proisraelí, Kurilla siempre ha considerado a Irán como una amenaza que hay que erradicar. Fue él quien quiso y dirigió la fallida campaña de bombardeos contra Ansar Allah en Yemen.

Detrás de la determinación de Kurilla de neutralizar a Irán se encuentra su convicción de que existe un estrecho vínculo entre Teherán, por un lado, y Moscú y Pekín, por otro.

Como explicó a la Comisión de Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes en 2023, la mitad del petróleo y más de un tercio del gas natural que consume China proviene de Oriente Medio, en gran parte por barco a través del estrecho de Ormuz. «Esto les hace vulnerables», concluyó Kurilla.

Para él, por lo tanto, golpear a Teherán significaba también debilitar a China y Rusia.

Esta convicción es compartida por otros en Washington, en particular entre los republicanos y los neoconservadores. El lobby israelí apoyó obviamente toda la operación, ejerciendo presiones incluso sobre aquellos demócratas que se mostraron reacios a respaldarla.

Este amplio frente sentó las bases para un endurecimiento de las posiciones negociadoras de la Administración, lo que llevó las negociaciones con Teherán al borde del fracaso y, al mismo tiempo, a la planificación y ejecución del ataque.

Quienes, a la espera de la segunda parte de este artículo, deseen profundizar en cuestiones relacionadas con la situación interna iraní, pueden consultar:

Irán, las protestas callejeras, las injerencias estadounidenses, el contexto internacional

Quienes deseen remontarse a las raíces históricas de la oposición entre Israel e Irán pueden leer:

Viaje a los orígenes de la rivalidad entre Israel e Irán

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6. La propuesta de paz de Sachs.

Es tan válida, o inútil sin fuerzas sociales y políticas que la apoyen, como cualquier otra. Y no sé si a estas alturas todavía es posible la solución de dos estados, y mucho menos que Israel acepte volver a las fronteras anteriores al 67.

https://scheerpost.com/2025/07/01/jeffrey-sachs-the-time-has-arrived-for-a-comprehensive-middle-east-peace/

Jeffrey Sachs: Ha llegado el momento de una paz integral en Oriente Medio

1 de julio de 2025

Por Jeffrey D. Sachs y Sybil Fares / Otras noticias

El ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán tuvo dos efectos significativos. En primer lugar, volvió a poner de manifiesto la causa fundamental de la agitación en la región: el proyecto de Israel de «remodelar Oriente Medio» mediante un cambio de régimen, con el objetivo de mantener su dominio y bloquear un Estado palestino. En segundo lugar, puso de relieve la futilidad y la imprudencia de esta estrategia. El único camino hacia la paz es un acuerdo global que aborde la condición de Estado de Palestina, la seguridad de Israel, el programa nuclear pacífico de Irán y la recuperación económica de la región.

Israel quiere derrocar al Gobierno iraní porque Irán ha apoyado a grupos proxy y actores no estatales alineados con los palestinos. Israel también ha socavado sistemáticamente la diplomacia entre Estados Unidos e Irán en relación con el programa nuclear iraní.

En lugar de guerras interminables, la seguridad de Israel puede garantizarse mediante dos medidas diplomáticas clave: poner fin a la militancia mediante el establecimiento de un Estado palestino con garantías del Consejo de Seguridad de la ONU y levantar las sanciones a Irán a cambio de un programa nuclear pacífico y verificable.

La negativa del Gobierno israelí de extrema derecha a aceptar un Estado palestino es la raíz del problema.

Cuando el Imperio Británico prometió una patria judía en la Palestina bajo mandato británico en 1917, los árabes palestinos constituían el 90 % de la población y los judíos menos del 10 %. En 1947, tras una intensa presión de Estados Unidos, la Asamblea General de la ONU votó a favor de conceder el 56 % de Palestina a un nuevo Estado sionista, mientras que los judíos solo representaban el 33 % de la población. Los palestinos rechazaron esta decisión por considerarla una violación de su derecho a la autodeterminación. Tras la guerra de 1948, Israel se expandió hasta ocupar el 78 % de Palestina y, en 1967, ocupó el 22 % restante: Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán.

En lugar de devolver los territorios ocupados a cambio de la paz, los políticos de derecha israelíes insistieron en el control permanente del 100 % del territorio, y la carta fundacional del Likud declaró en 1977 que solo habría soberanía israelí «entre el mar y el Jordán».

Netanyahu representa esta política de dominación y ha sido primer ministro durante un total de 17 años desde 1996. Cuando llegó al poder, él y sus aliados neoconservadores estadounidenses elaboraron la estrategia «Clean Break» (Ruptura limpia) para bloquear la creación de un Estado palestino. En lugar de buscar la paz a cambio de territorio, Israel se propuso remodelar Oriente Medio derrocando a los gobiernos que apoyaban la causa palestina. Estados Unidos sería el socio encargado de aplicar esta estrategia.

Esto es exactamente lo que ocurrió tras el 11-S, cuando Estados Unidos lideró o patrocinó guerras contra Irak (invasión en 2003), Líbano (financiando y armando las agresiones israelíes), Libia (bombardeos de la OTAN en 2011), Siria (operación de la CIA durante la década de 2010), Sudán (apoyo a los rebeldes para dividir Sudán en 2011) y Somalia (apoyo a la invasión de Etiopía en 2006).

Contrariamente a las promesas simplistas de Netanyahu al Congreso de los Estados Unidos en 2002 —que el cambio de régimen en Irak traería un nuevo día para Oriente Medio—, la guerra de Irak de 2003 auguró los acontecimientos que se avecinaban en la región. Irak se sumió en el caos y, desde entonces, cada nueva guerra ha traído muerte, destrucción y desorden económico.

Este mes, Israel atacó Irán incluso mientras se estaban llevando a cabo negociaciones entre Irán y Estados Unidos para garantizar el uso pacífico del programa nuclear iraní, repitiendo la misma propaganda sobre las armas de destrucción masiva que Netanyahu utilizó para justificar la guerra de Irak.

Israel lleva más de 30 años afirmando que Irán está a punto de adquirir armas nucleares. Sin embargo, el 18 de junio de 2025, el director general del OIEA declaró que «no hay pruebas de un esfuerzo sistemático» por parte de Irán para desarrollar armas nucleares. Más concretamente, Irán y Estados Unidos estaban participando activamente en negociaciones según las cuales el OIEA supervisaría y verificaría el carácter pacífico del programa nuclear iraní.

El ataque contra Irán demuestra una vez más la futilidad y el nihilismo del enfoque de Netanyahu. Los ataques israelíes y estadounidenses no lograron nada positivo. Según la mayoría de los analistas, el uranio enriquecido de Irán permanece intacto, pero ahora se encuentra en un lugar secreto y no bajo la supervisión del OIEA. Mientras tanto, con el genocidio que Israel sigue cometiendo en Gaza, no se ha logrado ni la paz ni la seguridad.

Israel ha sumido a la región en una franja de violencia de 4.000 km que se extiende desde Libia hasta Irán con sus acciones imprudentes, ilegales y belicistas, todas ellas destinadas en última instancia a impedir la creación de un Estado palestino mediante la «reestructuración» de Oriente Medio.

La solución es clara: es hora de que Estados Unidos reconozca que sus propios intereses estratégicos exigen romper de forma decisiva su alianza con la destructiva estrategia de Israel.

Dar prioridad a una paz genuina en Oriente Medio no es solo un imperativo moral, sino un interés fundamental de Estados Unidos, que solo puede lograrse mediante un acuerdo de paz global. El pilar fundamental de este acuerdo es que Estados Unidos levante su veto a un Estado palestino dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967, y que lo haga desde el principio, no en un futuro lejano y vago que nunca llega.

Durante más de 20 años, las naciones árabes han respaldado un plan de paz práctico. Lo mismo ha hecho la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), con sus 57 países miembros, y la Liga de los Estados Árabes (LEA), con sus 22 miembros. También lo han hecho casi todas las naciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lo mismo ha hecho la Corte Internacional de Justicia en su fallo de 2024, en el que declara ilegal la ocupación israelí. Solo Israel, con el apoyo del veto de Estados Unidos, se ha interpuesto en el camino.

He aquí un plan de paz de siete puntos que beneficiaría a todas las partes. Israel obtendría paz y seguridad. Palestina lograría la condición de Estado. Irán conseguiría el fin de las sanciones económicas. Estados Unidos pondría fin a las costosas e ilegales guerras libradas en nombre de Israel, así como a los riesgos de proliferación nuclear si continúa la violencia actual. Oriente Medio ganaría en desarrollo económico, seguridad y justicia.

– En primer lugar, se aplicaría un alto el fuego inmediato en toda la región, que incluiría la liberación inmediata de todos los rehenes y prisioneros.

– En segundo lugar, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votaría por adelantado para dar la bienvenida a Palestina como 194º Estado miembro de las Naciones Unidas con las fronteras del 4 de junio de 1967 y con Jerusalén Este como capital. Posteriormente, Israel y Palestina podrían acordar los ajustes fronterizos que deseen.

– En tercer lugar, Israel se retiraría de todos los territorios ocupados desde 1967. Las fuerzas internacionales bajo mandato de la ONU garantizarían una transición pacífica y ordenada, la transferencia de los territorios palestinos a las autoridades palestinas y la seguridad mutua de Israel y Palestina.

– Cuarto, se garantizaría la integridad territorial y la soberanía del Líbano, Siria y todos los Estados de la región. Todos los grupos armados no estatales serían desmilitarizados y se retirarían las tropas extranjeras.

– Quinto, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptaría un acuerdo nuclear actualizado con Irán, que incluiría una verificación vinculante, y se levantarían todas las sanciones económicas contra Irán una vez que se verificara el cumplimiento por parte de este país del uso pacífico de su programa nuclear.

– Sexto, Israel y todos los Estados árabes e islámicos establecerían relaciones diplomáticas plenas tras la admisión del Estado de Palestina como Estado miembro de las Naciones Unidas.

– Séptimo, las naciones de Oriente Medio crearían un fondo internacional para la reconstrucción de las zonas devastadas por la guerra en el Líbano, Siria y Palestina, con contribuciones procedentes de la región y de fuentes externas.

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7. Guerra de clases en Nueva York.

Igual las elecciones municipales en Nueva York os parece un tema demasiado local, pero también tiene una componente global, y además parece que Mamdani va a ser mi próximo alcalde -llegar y besar el santo- por lo que a mí, sí me interesa. 🙂 Hedges entrevista a una exconcejala socialista -en Seattle-, que conoce bien los problemas que Mamdani se puede encontrar.

https://chrishedges.substack.com/p/will-zohran-mamdani-empower-or-betray

¿Empoderará o traicionará Zohran Mamdani a la clase trabajadora? (con Kshama Sawant) | El informe de Chris Hedges

Aunque la victoria de Zohran Mamdani es motivo de celebración, las campañas socialistas innovadoras del pasado no han cumplido sus promesas a los trabajadores. ¿Correrá la misma suerte el movimiento de Mamdani?

Chris Hedges

3 de julio de 2025


 
Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcast y Rumble.
La contundente victoria de Zohran Mamdani en las primarias demócratas a la alcaldía de Nueva York ha sacudido los cimientos de la política estadounidense. Mamdani, que se autodenomina socialista democrático, llevó a cabo una campaña centrada en la asequibilidad y en la denuncia implacable del genocidio en Gaza. Mamdani se ganó la ira de los sionistas, la derecha y la clase multimillonaria no solo en la ciudad de Nueva York, sino en todo el país, incluyendo llamamientos a su deportación por parte del congresista Andy Ogles y las posteriores calumnias del presidente Donald Trump.

La exconcejala de Seattle Kshama Sawant, que ahora se presenta como candidata al 9.º distrito congresional del estado de Washington, opina sobre la trayectoria de su compañero socialista democrático en este episodio de The Chris Hedges Report.

Sawant ha sido una figura destacada en la representación de la clase trabajadora, ya que consiguió un salario mínimo de 15 dólares la hora en Seattle durante su mandato en el Ayuntamiento, así como el impuesto a Amazon, que ayudó a financiar viviendas asequibles. Afirma que la victoria de Mamdani debe celebrarse, sobre todo porque demuestra que el lobby sionista puede ser derrotado no solo en Estados Unidos, sino también en un estado que alberga la mayor población judía fuera de Israel.

A pesar de este alentador rechazo a la clase multimillonaria en la ciudad más rica de Estados Unidos, Sawant insiste en la necesidad de continuar la lucha y asegurarse de que Mamdani cumpla sus promesas originales.

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«Si no entiendes que el arribismo es una de las sentencias de muerte para conseguir algo sustancial para la clase trabajadora, entonces te venderás incluso con buenas intenciones, porque lo convertirás en algo personal y enseguida te darás cuenta de que, para luchar por los trabajadores, tendrás que estar en modo batalla todos los días cuando entres en el Ayuntamiento», afirma.

La alineación de Mamdani con el Partido Demócrata es preocupante, según Sawant, que señala un patrón en el que campañas innovadoras, como las de Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders, no han cumplido sus promesas a la clase trabajadora una vez en el cargo.

«Al final, el Partido Demócrata es un partido del capitalismo», afirma Sawant. «La clase trabajadora sale cada vez más perjudicada y sufre más miseria con cada década que pasa sin que nadie defienda a los trabajadores».

Hasta ahora, la campaña de Mamdani ha dado pasos importantes para inspirar a la clase trabajadora estadounidense. «Es un verdadero impulso de confianza para la clase trabajadora a nivel nacional ver que sí, que los trabajadores lucharán junto a ti si planteas reivindicaciones que marquen una gran diferencia en sus vidas y que reflejen su ira, su justa ira hacia los multimillonarios de Wall Street», afirma Sawant.

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Presentador

Chris Hedges

Productor

Max Jones

Introducción

Diego Ramos

Equipo

Diego Ramos, Sofia Menemenlis y Thomas Hedges

Transcripción

Diego Ramos

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Transcripción

Chris Hedges

El multimillonario de los fondos de cobertura Bill Ackman, enfurecido por el hecho de que Zohran Mamdani haya obtenido una mayoría abrumadora para convertirse en el candidato del Partido Demócrata a la alcaldía de Nueva York, ha dicho que él y sus acaudalados socios invertirán «cientos de millones de dólares» en la candidatura de cualquiera que esté dispuesto a presentarse contra Mamdani en las elecciones generales. Ackman, que apoya a Donald Trump, añadió que tiene un candidato anónimo al que está dispuesto a financiar.

Los principales donantes demócratas, que invirtieron decenas de millones de dólares en un Super PAC para apoyar al exgobernador Andrew Cuomo en su candidatura a la alcaldía, también se están reuniendo para decidir si financiarán una candidatura independiente de Cuomo en noviembre o si respaldarán al impopular alcalde en funciones, Eric Adams, que se presenta como independiente.

La campaña popular de Mamdani —la campaña de Cuomo le superó en gastos en una proporción de 20 a 1— se centró en aumentar el salario mínimo, subir los impuestos a las empresas y a los ricos, crear tiendas de comestibles municipales, hacer gratuito el servicio de autobuses urbanos e imponer una congelación de los alquileres para los inquilinos con contratos estabilizados.

La victoria del autodenominado socialista demócrata, que fue despiadadamente difamado por su denuncia del genocidio en Gaza y su promesa de cumplir la orden de detención emitida contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu si aparecía en la ciudad de Nueva York, ha conmocionado a la clase multimillonaria gobernante y al establishment del Partido Demócrata que apoyaba a Cuomo. Aunque Mamdani contó con el respaldo de Alexandria Ocasio-Cortez y Nydia Velázquez, que forman parte de la delegación del estado en el Congreso, así como de Bernie Sanders, fueron las únicas excepciones. La jerarquía del partido ha guardado silencio desde la victoria de Mamdani o se ha mostrado abiertamente hostil.

El senador por Nueva York Chuck Schumer y Hakeem Jeffries, líderes demócratas del Senado y la Cámara de Representantes, se niegan a respaldar la candidatura de Mamdani. La representante de Nueva York Laura Gillen, en nombre de muchos miembros del partido, calificó a Mamdani como «la elección absolutamente equivocada para Nueva York».

Se puede contar con que los demócratas, junto con sus principales donantes, intentarán sabotear la campaña de Mamdani, tal y como hicieron con la campaña de Bernie Sanders cuando se presentó a las primarias presidenciales. Parece que siguen impermeables a cualquier reforma.

¿Qué augura esta elección? ¿Qué significa para el futuro del Partido Demócrata? ¿Es la victoria de Mamdani una señal de que hay grietas crecientes en el edificio del partido? ¿O empujará al partido aún más hacia la derecha y verá cómo destruye las candidaturas de quienes buscan abordar el dominio de nuestro sistema político por parte de la clase multimillonaria y la punitiva desigualdad social?

Para hablar de la victoria de Mamdani y de lo que augura, así como de su propia campaña para ser elegida como socialista democrática al Congreso en el estado de Washington, me acompaña Kshama Sawant. Kshama es líder de Workers Strike Back y Revolutionary Workers.

Como concejala municipal, luchó contra la dirección establecida del Partido Demócrata y los oligarcas de la ciudad, que invirtieron millones en campañas para derrotarla, incluido un intento fallido de destituirla en una votación de destitución. Solo Amazon gastó más de 3 millones de dólares para derrotar su candidatura en 2019. Sawant ayudó a liderar la lucha en 2014 que convirtió a Seattle en la primera gran ciudad estadounidense en imponer un salario mínimo de 15 dólares la hora.

Tras una lucha de tres años contra uno de los hombres más ricos del mundo, Jeff Bezos, y su establishment político, ella y sus aliados lograron aprobar un impuesto a las grandes empresas que aumentó los ingresos de la ciudad entre 210 y 240 millones de dólares al año.

Formó parte del movimiento que llevó a Seattle a prohibir con éxito los desalojos durante el año escolar de los escolares, sus familias y los empleados de las escuelas. Fue una de las promotoras de un proyecto de ley que protege a los inquilinos de ser desalojados al final de sus «contratos de alquiler», exigiendo a los propietarios que les concedan el derecho a renovar sus contratos y prohibiéndoles desalojarlos por impago del alquiler si este vencía durante la emergencia civil por la COVID y el inquilino no podía pagarlo debido a dificultades económicas. Puedes encontrarla en KshamaSawant.org.

Bien, comencemos con la victoria de Mamdani, lo que usted cree que significa y la respuesta del Partido Demócrata. Y solo quiero añadir que usted mismo, cuando estaba en el ayuntamiento, pasó la mayor parte del tiempo luchando contra el establishment del Partido Demócrata, o gran parte del tiempo.

Kshama Sawant

Todo el tiempo, en realidad. Los demócratas del ayuntamiento de Seattle se opusieron a todas y cada una de las medidas progresistas por las que luchó mi oficina. Pero sí, la victoria de Mamdani en las primarias del Partido Demócrata en la ciudad de Nueva York para las elecciones a la alcaldía es, ante todo, una dura reprimenda al lobby sionista.

Demuestra que es posible derrotar al lobby sionista y que es posible ganar. De hecho, mencionaste en tu introducción que ahora me presento al Congreso contra Adam Smith, un demócrata belicista y genocida que ha votado repetidamente a favor del genocidio para enviar decenas de miles de millones de dólares al Estado israelí para el genocidio. También votó a favor de la guerra de Irak en 2002 y votó a favor de la creación del ICE [Servicio de Inmigración y Control de Aduanas].

Y fue financiado por el lobby sionista. En las elecciones del año pasado, AIPAC fue su principal contribuyente. También cuenta con el respaldo de corporaciones distópicas como Palantir, que se benefician de la guerra y la matanza masiva. Por lo tanto, esta victoria de Mamdani en las primarias ha inyectado una enorme confianza en las miles de personas que apoyan nuestra campaña aquí.

Muchas personas me han enviado mensajes personales diciendo que están muy emocionados por esta victoria, porque demuestra que se puede derrotar al lobby sionista. Así que creo que, ante todo, tenemos que reconocer la enorme victoria que supone. Además, dada la implacable campaña de Mamdani, basada en las reivindicaciones de la clase trabajadora, también supone un verdadero impulso de confianza para los trabajadores de todo el país, que ven que sí, que los trabajadores lucharán a tu lado si planteas reivindicaciones que marcan una gran diferencia en sus vidas y que reflejan su ira, su justa ira hacia los multimillonarios de Wall Street.

Me refiero a que la campaña de Mamdani ha reclamado un salario mínimo de 30 dólares la hora, la congelación de los alquileres, el transporte público gratuito y la financiación íntegra de las guarderías. Son cosas que necesitan los trabajadores. Por lo tanto, si una campaña puede tener éxito sobre esa base, demuestra que los trabajadores están dispuestos a seguir adelante con esas reivindicaciones.

Y también es, tengo que decirlo, una reprimenda rotunda a los líderes sindicales, no a las bases, sino a los líderes sindicales que apoyaron a Cuomo en las primarias. ¿Te imaginas qué tipo de líder sindical hay que ser para apoyar a alguien tan desacreditado que es incluso demasiado peligroso para la mayoría de los demócratas, que no quieren perder su credibilidad? No quieren tocarlo porque tiene 15 000 muertes por COVID en sus manos.

Tiene todo tipo de acusaciones de corrupción. También ha sido acusado por al menos una docena, probablemente 13 mujeres, de acoso sexual. Así que es alucinante, aunque no sorprendente. Es increíble que los líderes de la UFCW (United Food and Commercial Workers), de la RWDSU (Retail, Wholesale and Department Store Union), de los Teamsters, de la SEIU (Service Employees International Union), todos estos grandes sindicatos, los carpinteros, todos ellos apoyen a Cuomo.

Así que creo que realmente han quedado en ridículo. Y es importante ver que, por ejemplo, los líderes del SEIU ya han dicho que apoyan a Mamdani. Pero esto realmente pone al descubierto los vínculos impíos de los líderes sindicales con el establishment demócrata. Así que creo que la pregunta no es si esto confirma realmente el tipo de reivindicaciones políticas que debemos plantear y si la oposición al genocidio y la exigencia de que se ponga fin al genocidio deben ocupar un lugar central en las campañas electorales del próximo año.

No, esa no es la pregunta. Esto ha demostrado que, en realidad, eso es exactamente lo que debemos hacer. La pregunta pendiente aquí es: ¿qué se necesita para ganar cualquiera de estas demandas? Y ahí es donde creo que tenemos que hacer un examen a fondo. Quiero decir, creo que la experiencia que tuvimos en el Ayuntamiento de Seattle, nosotros, mis compañeros socialistas y yo, que tuvimos la oficina del ayuntamiento durante una década en Seattle.

Y lo que nos costó conseguir esas victorias históricas, muchas de las cuales has enumerado, fue lo que yo llamaría una estrategia de lucha. ¿Y qué significa una estrategia de lucha? Una estrategia de lucha significa, ante todo, comprender que el capitalismo es un juego de suma cero y que no se puede esperar obtener victorias sustanciales. No me refiero a migajas, sino a reformas sustanciales en interés de la clase trabajadora, pensando que se va a convencer a los multimillonarios con palabras bonitas para que acepten lo que ustedes quieren.

También requiere comprender que los demócratas y los republicanos, a pesar de sus diferencias, representan los intereses de los multimillonarios del capitalismo. Por lo tanto, tampoco vas a convencerlos con palabras bonitas. Y no entras en los pasillos del poder pensando que son tus colegas y que vas a tener buenas conversaciones con ellos y llegar a algún tipo de acuerdo. No, tienes que entender que esto se plantea como una tarea adversaria por definición. Los trabajadores no la convirtieron en adversaria, el capitalismo es adversario de la clase trabajadora. La única pregunta es: ¿vamos a luchar o vamos a rendirnos y morir?

Y así, una y otra y otra vez, lo que vimos en Seattle fue a un Partido Demócrata haciendo el trabajo sucio de las grandes empresas, de las grandes corporaciones como Amazon y Starbucks, de la Cámara de Comercio, de los terratenientes corporativos. Y para que pudiéramos conseguir cualquiera de estas victorias que conseguimos, yo, en primer lugar, tenía que tener claro, y todos los trabajadores que me acompañaban tenían que tener claro, que esto es una guerra de clases y que la forma de ganar es utilizando mi cargo para construir movimientos de masas, y no solo movimientos de masas para ir al ayuntamiento y suplicar a los demócratas que hagan lo correcto, sino movimientos de masas con carácter desafiante, que exijan que, si no lo hacen, les votaremos para que salgan del cargo. Les echaremos del cargo.

Así que ese carácter combativo es fundamental para conseguir algo grande. Como, por ejemplo, la victoria que conseguimos con el salario mínimo, que es el más alto del país, porque parte de la batalla que libramos cuando luchamos por los 15 dólares la hora era conseguir aumentos por la inflación. Los demócratas nos combatieron ferozmente en eso. Aun así, conseguimos imponernos. ¿Por qué? Porque lancé el Movimiento 15 Now en Seattle y movilizó a miles de trabajadores de Seattle, muchos de los cuales participaron en nuestras conferencias de acción.

Fue un movimiento organizado democráticamente en el que las bases del movimiento tenían voz y voto en las decisiones estratégicas. Literalmente, celebramos debates y votaciones. Se necesitó la fuerza de las masas trabajadoras para conseguir no solo el primer salario mínimo de 15 dólares la hora del país, sino también aumentos por inflación. Y por eso hoy el salario mínimo de Seattle es el más alto del país, con 20,76 dólares. Así que yo diría que para que la clase trabajadora gane en la ciudad de Nueva York habrá que adoptar un enfoque similar.

La pregunta no es si Mamdani puede ganar con una estrategia de llevarse bien con los multimillonarios. No, esa no es la pregunta, porque así no se puede ganar. Toda la historia lo demuestra. La pregunta es: ¿hará lo que hicimos en Seattle para conseguir victorias similares en la ciudad de Nueva York?

Chris Hedges

Bueno, ahí es donde discrepo contigo. Quiero decir, hay una gran similitud entre las campañas que tú llevaste a cabo y las que él ha llevado a cabo. Y es que ambos apelasteis a los votantes descontentos de la derecha o a las personas que simplemente no votaban por estas cuestiones económicas básicas. Me parece que hay un paralelismo.

Pero creo que la diferencia, que tú acabas de señalar, es que tú siempre adoptaste una postura antagonista y él ha hablado de convertir Nueva York en un lugar maravilloso para todos, incluidos los multimillonarios. Y creo que tú estás diciendo que eso es un gran error.

Kshama Sawant

Sí, porque en una situación tan profundamente dividida como la del capitalismo, no se puede perder de vista el hecho de que, como he dicho antes, el capitalismo es un juego de suma cero. ¿Qué significa eso? Significa que cuando conseguimos el salario mínimo de 15 dólares, por ejemplo, y ahora que ha subido aún más debido a los aumentos de la inflación incorporados en él, ese dinero está mejorando mucho la vida de los trabajadores menos remunerados, los más pobres de la clase trabajadora, porque incluso unos pocos dólares más por hora marcan la diferencia en la vida.

Marca la diferencia entre poder pagar el alquiler o ser desahuciado y verse obligado a dormir en sofás una y otra vez, como de hecho se ven obligadas a hacer muchas familias, incluso familias con niños. Pero ese dinero proviene de los beneficios de los multimillonarios, las grandes empresas, los multimillonarios.

Por lo tanto, es inevitable que si luchas por algo sustancial, como un aumento importante del salario mínimo, se produzca un choque político con las grandes empresas. Y no es de extrañar que, cómo se llama, Bill Ackman, el multimillonario partidario de Trump que está furioso por la victoria de Mamdani en las primarias, no es de extrañar. Él representa los intereses de la clase multimillonaria.

Por eso, la clase trabajadora no puede permitirse difuminar las líneas de clase. Cuando los periodistas me preguntaban repetidamente: «Usted habla de forma tan combativa, pero como funcionario electo, ¿no se presenta para representar a todos sus electores?», me lo preguntaban una y otra vez. Nunca me oirían decir que represento a todo el mundo.

De hecho, les recordé que uno de los electores de mi distrito del ayuntamiento de Seattle cuando fui concejal durante 10 años era, y supongo que sigue siendo, el multimillonario exdirector ejecutivo de Starbucks, Howard Schultz, un multimillonario extremadamente antiobrero, absolutamente ferozmente antisindical y destructor de sindicatos. Y les dije: «Howard Schultz vive en mi distrito. Yo no lo represento y él no está de acuerdo conmigo.

Quiero decir, se trata de líneas de clase y difuminar las líneas no ayuda a la clase trabajadora. De hecho, ayuda a la clase dominante. Quiero decir, es como una señal para la clase dominante: si dices que vas a representar a todo el mundo, les estás diciendo que estás abierto al diálogo. Que estás abierto a debatir con ellos. Y ese debate solo significa una cosa: que te presionarán, te acosarán y utilizarán el palo y la zanahoria para presionarte y que te vendas.

Y yo he vivido todo eso. Cuando entré por primera vez en el Ayuntamiento, experimenté tanto el palo como la zanahoria. Había concejales y también otros miembros del Partido Demócrata que intentaban halagarme, centrar todo en mí. Me decían cosas como: «Eres una superestrella, pero tienes que desvincularte de la ideología socialista porque no te va a venir bien para tu carrera política».

Ahí radica el problema: por muy buenas que sean tus intenciones, y supongamos que las personas nuevas tienen buenas intenciones, por muy buenas que sean tus intenciones, si no entiendes que el arribismo es una de las sentencias de muerte para conseguir algo sustancial para la clase trabajadora, entonces te venderás incluso con esas buenas intenciones, porque lo convertirás en algo personal y enseguida te darás cuenta de que, para luchar por los trabajadores, hay que estar en modo de batalla todos los días cuando se entra en el Ayuntamiento o en las salas del Congreso, porque la única otra opción es venderse, ya que no hay ninguna posibilidad de convencerlos para que estén de acuerdo contigo.

¿Por qué? Porque, al fin y al cabo, el Partido Demócrata es un partido del capitalismo en sí mismo. Y sí, hay diferencias con el Partido Republicano, pero es como dijo Chomsky, que hay una forma inteligente de mantener a la gente pasiva y obediente, y es limitar estrictamente el espectro de opiniones aceptables, pero permitir un debate muy animado dentro de ese espectro.

Y eso significa que, en el caso de los partidos Demócrata y Republicano, hay diferencias entre ellos, pero si no se entiende que ambos representan a la clase multimillonaria y que están ahí y que sus diferencias existen para que la clase trabajadora pueda ser perpetuamente manipulada, ya sabes, o apoyas a los demócratas o a los republicanos. Pero al final del día, la clase trabajadora sale perdiendo cada vez más y se ve sometida a más y más miseria con cada década que pasa, y tú no vas a defender a los trabajadores.

Chris Hedges

Creo que el error es que complicas esto, la clase multimillonaria, que Mamdani parece, al menos retóricamente, decir que puede hacer.

Kshama Sawant

Sí, y de hecho lo dice de muchas maneras concretas. Por ejemplo, en su reciente entrevista en MSNBC, creo que fue hoy o ayer, pusieron un fragmento en el que, como sabes, él pide que se graven a los ricos, lo cual, por supuesto, apoyo firmemente.

Apoyo firmemente todas las demandas que defiende en su campaña en cuanto al aumento del salario mínimo, la congelación de los alquileres, los impuestos a los ricos, la financiación de la guardería y todo eso.

Pusieron un fragmento de la gobernadora Kathy Hochul, gobernadora de Nueva York, diciendo muy claramente que no va a apoyar los impuestos a los ricos. Está declarando muy claramente que eso es algo que no quiere hacer bajo ningún concepto. Pero su respuesta a eso fue, de nuevo, en la línea de «estoy deseando trabajar con ella en esto». ¿Qué significa eso? No entiendo lo que significa.

Quiero decir, tienes que utilizar tus apariciones en entrevistas para hablar no con ese periodista de MSNBC que representa la línea de la clase dominante o con la gobernadora Kathy Hochul, que es una demócrata archicorporativa. Ella representa a una clase multimillonaria. Si eres socialista y luchas por los trabajadores, tus apariciones en entrevistas deben estar dirigidas al público obrero que no está delante de ti, sino a los millones que te están viendo. Y tu mensaje debe ser, ante todo, veraz.

Y ser sincero significa que no puedes hacer creer a la clase trabajadora que, de alguna manera, se puede convencer a Kathy Hochul de que grave a los ricos, o que, de alguna manera, se puede convencer a Bill Ackman de que la congelación de los alquileres también le conviene. Que mejorará su calidad de vida. Es algo que también ha dicho Mamdani, que, si hacemos estas cosas progresistas, mejorará la calidad de vida no solo de los trabajadores, sino también de los multimillonarios.

Eso simplemente no es cierto, en el sentido de que los multimillonarios no quieren desprenderse de los miles de millones de dólares que tienen. Quiero decir, el salario mínimo de 15 dólares que conseguimos supuso 3000 millones de dólares de beneficios de las grandes empresas que se destinaron a financiar a los trabajadores. Y hay que declararlo con orgullo, en el sentido de que no se representa a la clase multimillonaria. Toda la riqueza que se les pueda quitar es algo bueno. Es algo moral. Es algo justo. Y es algo honorable por lo que luchar.

Y, en realidad, enviar a los movimientos de la clase trabajadora la ilusión de que, de alguna manera, las líneas de clase pueden difuminarse, que de alguna manera se puede llegar a un acuerdo con la clase dominante, es desarmarlos. Y creo que si queremos, si Mamdani quiere, no sé si lo quiere, hablaré de su historial, pero si quiere construir movimientos, y ya sabes, yo quiero absolutamente que lo haga. Quiero absolutamente que construya los movimientos, y si va a construir los movimientos después de ser elegido, si es elegido, yo estaré allí personalmente para unirme a él.

Ayudaré personalmente al movimiento a conseguir un salario mínimo de 30 dólares en la ciudad de Nueva York, porque si ganan, sería una victoria trascendental. Sería un enorme llamamiento a la acción a nivel nacional y ejercería mucha presión sobre el Partido Demócrata para que impulsara un salario mínimo de 25 dólares por hora a nivel federal. Todo eso sería fantástico. Y, como he dicho, prometo aquí y ahora que estaré en Nueva York luchando en las calles para conseguir cualquiera de estas victorias.

La pregunta es: ¿hará lo necesario para ganar? Y en cuanto a su historial, la razón por la que expreso mi escepticismo no es que no quiera que lo haga. Como he dicho, realmente espero que lo haga. Pero también es mi responsabilidad, yo también represento a los trabajadores. Y es mi obligación, mi obligación política y moral, utilizar mi plataforma para decir la verdad. Una vez más, no para crear ilusiones, sino para decir la verdad.

Y aunque no todo el mundo esté de acuerdo conmigo en este momento. Pero si se mira el historial de Mamdani, se ve que no es nuevo en la política. Ganó su primera elección a la Asamblea Estatal de Nueva York en 2020. Lleva cuatro años en la legislatura estatal de Nueva York y, de hecho, desde entonces, la DSA de Nueva York, de la que forma parte, los Socialistas Democráticos de América, ha tenido ocho cargos electos en la legislatura estatal de Nueva York y, sin duda, han conseguido algunas cosas, pero, para ser sinceros, lo que han conseguido está muy lejos de ser proporcional a tener ocho cargos electos.

¿Te imaginas lo que podríamos hacer con ocho cargos electos? Para imaginártelo, mira lo que hemos hecho con uno solo. Como he dicho, hemos experimentado tanto la zanahoria como el palo. He recibido muchos halagos, pero también he recibido golpes duros. Y los golpes nunca desaparecen. Una vez que la clase dominante y sus partidos, los demócratas y los republicanos, tienen claro que no te van a comprar, que no te vas a vender, entonces vienen todos los ataques despiadados, que nunca cesan.

Y para que los trabajadores tengan éxito, necesitamos liderazgo. Y no se trata solo de representantes electos. También está en el ayuntamiento o en el Congreso. También son líderes electos en el movimiento obrero, líderes no electos en los movimientos sociales. Necesitamos liderazgo en todas estas vías, que tengan claro que eso es lo que hace falta, que para ganar para los trabajadores, se necesita un líder que reciba esos golpes.

Porque si no lo haces, estás vendiendo a la clase trabajadora. Eso es lo que debes. Es tu deber y debes considerarlo un honor. Es un honor poder desempeñar este papel. Pero en cuanto a lo que ha hecho la DSA de Nueva York en los varios años que ha ocupado cargos, no ha conseguido ninguna victoria acorde con el hecho de tener ocho cargos electos.

Y, de hecho, es muy revelador que el propio Mamdani haya conseguido dos reelecciones. Fue elegido por primera vez en 2020, luego fue reelegido en 2022 y, finalmente, el año pasado, en 2024. Y se presentó sin oposición en ambos años, lo que significa que ni los demócratas le disputaron las primarias, ni los republicanos presentaron ningún candidato contra él en las elecciones generales.

Algo así no ocurre si se lucha por la clase trabajadora. Porque si se lucha por la clase trabajadora, se convierte uno en el enemigo número uno de los demócratas y los republicanos. No hay ningún universo en el que no haya que luchar, y mucho menos presentarse sin oposición.

En nuestro caso, gané las cuatro elecciones al ayuntamiento, pero en todas las elecciones posteriores, la clase dominante, Jeff Bezos, Amazon, los propietarios de las grandes empresas, el Partido Demócrata, lucharon con más saña que en las elecciones anteriores. En 2019, las demócratas progresistas más destacadas, entre comillas, las mujeres latinas, las demócratas progresistas, presentaron abiertamente a una candidata contra mí diciendo: «Estamos de acuerdo con ella, pero no es agradable. Necesitamos a alguien agradable o algo así». Y las derrotamos. Derrotamos a Amazon ese año.

Y luego, en 2021, en mi última elección, que ni siquiera era una elección programada. Fue un intento de destitución en mi contra por parte de los terratenientes corporativos, los multimillonarios trumpistas y el Partido Demócrata, y también los derrotamos. Así que no lo revela todo, pero es una regla general. Es un barómetro.

Si cada una de tus elecciones posteriores no es una lucha más dura que la anterior, entonces no te has convertido en una amenaza para la clase dominante. Y si no te has convertido en una amenaza para la clase dominante, entonces no estás ganando para la clase trabajadora. Puede que estés ganando tus propias elecciones, pero no para la clase trabajadora.

Chris Hedges

Bueno, está claro que van a ir a por él. Mira lo que te hicieron a ti como concejal. Se presenta a la alcaldía de Nueva York. Y quiero hablar de las tres entidades que intentarán derribarlo. Empecemos por los sionistas. No se lo van a tomar a la ligera. Ha sido muy valiente al apoyar a los palestinos.

Luego hablemos del Partido Demócrata y luego de la clase multimillonaria. Son adversarios formidables y el dinero que se invertirá en cualquier campaña para derribarlo será asombroso. Ya lo fue, quiero decir, creo que Como consiguió 22 o 25 millones de dólares. Creo que Mamdani recaudó alrededor de un millón. Pero esas cifras, en términos de financiación de la oposición, aumentarán exponencialmente.

Empecemos por los sionistas, porque considero que su victoria ha sido esencialmente un golpe a ese poder monolítico, especialmente en la ciudad de Nueva York, que tienen los sionistas.

Kshama Sawant

Sí, por supuesto. Quiero decir, en realidad es un golpe devastador para el lobby sionista. Y me gusta la elección de palabras que has utilizado, «romper». Creo que es algo importante a tener en cuenta porque, durante mucho tiempo, a todo el mundo le ha parecido imposible derrotar al lobby sionista. Vimos lo que pasó con Jamaal Bowman, cuando en las primarias demócratas el lobby sionista y, concretamente, el AIPAC, invirtieron una cantidad sin precedentes de millones y millones de dólares para derrotarlo.

Y se ha fomentado la idea de que el lobby sionista, el AIPAC y otras organizaciones similares son inmunes a cualquier oposición del movimiento contra la guerra y que hay que aceptarlo. Simplemente hay que aceptarlo. Y especialmente en los partidos demócrata y republicano, quiero decir, obviamente el Partido Republicano es abiertamente antiobrero, pro-guerra, ni siquiera se andan con rodeos al respecto.

El principal reto en lo que respecta a la conciencia de la clase trabajadora es exponer lo que realmente representa el Partido Demócrata. Y el Partido Demócrata está mucho más expuesto ahora que antes. Quiero decir, los índices de aprobación están por los suelos. El genocidio comenzó bajo Biden. Ya sabes, este era un presidente genocida con un vicepresidente genocida. Así que los dos candidatos en las primarias demócratas del año pasado eran, o eran del Partido Demócrata, candidatos genocidas que se enfrentaban a Trump, que también es belicista y genocida.

Así que esa era la elección, una falsa elección entre genocida y genocida. Ese es el tipo de ámbito en el que hemos estado operando. También vimos a AOC [Alexandria Ocasio-Cortez] ir al pleno del Comité Nacional Demócrata y mentir descaradamente diciendo que Kamala Harris estaba trabajando incansablemente por un alto el fuego, lo cual sabemos que es una completa invención.

Chris Hedges

Solo quiero interrumpirte cuando hablaste de la enfermedad del arribismo. Ella es como el ejemplo perfecto.

Kshama Sawant

Sí, AOC es un ejemplo paradigmático del arribismo, eso es totalmente cierto, y por eso es importante que hablemos, que tengamos una conversación seria sobre lo que se necesita para conseguir cualquiera de estas victorias en la ciudad de Nueva York, por no hablar de poner fin al genocidio, que es algo mucho más difícil de conseguir.

Acabar con el genocidio supondrá poner fin a toda la financiación militar estadounidense al Estado israelí, lo cual, si lo piensas bien, es lo que estamos pidiendo en nuestra campaña para el Congreso, y eso te enfrenta directamente, sin medias tintas, a todo el imperialismo estadounidense y occidental. Se trata de fuerzas distópicas muy poderosas.

Te enfrenta a multimillonarios como Alexander Karp, director ejecutivo de Palantir, quien, si lo has oído hablar, se deleita, se deleita positivamente con la matanza masiva de palestinos. Quiero decir, esto está sucediendo a otro nivel. De hecho, lo que está sucediendo ahora mismo en el Estado israelí está a otro nivel.

Así que hay un sentimiento entre la gente corriente de que están en contra del genocidio, pero no saben qué hacer porque se trata de entidades, de un grupo de entidades, demasiado poderosas como para enfrentarse a ellas. Por eso creo que ha sido fundamental romper esa idea. Y luego creo que, para realmente impulsar estas demandas, es ahí donde se va a poner a prueba, por así decirlo.

Porque desde ahora hasta las elecciones generales a la alcaldía, la pregunta es: ¿qué camino tomará Mamdani? Y yo diría que, por lo que tengo entendido, una cosa que tiene a su favor es que su oponente republicano es muy débil. Curtis Sliwa, quiero decir, no es un oponente creíble.

Chris Hedges

No, no es un oponente creíble. Financiarán a Adams, financiarán a Cuomo, o Ackman dice que tiene un candidato anónimo al que quiere financiar, aunque me pregunto si un títere de Ackman lo hará especialmente bien. No lo sé.

Kshama Sawant

Sí, claro, en la guerra y en las elecciones es una tontería dar el último palabra sobre las predicciones, como tú y yo sabemos. Sin embargo, creo que es importante señalar que una cosa que Mamdani tiene a su favor es que ambos candidatos del Partido Demócrata se van a presentar como no demócratas, como cualquier otra cosa.

Pero, independientemente de eso, Eric Adams y Andrew Cuomo, ambas figuras del Partido Demócrata, están tan desacreditados que las posibilidades de que Mamdani gane son bastante altas. La pregunta es qué hará entre ahora y las elecciones generales. Si no solo no cede en sus demandas, cosa que no parece estar haciendo, quiero decir, incluso ahora sigue insistiendo en sus demandas, lo cual es realmente muy positivo y lo aprecio mucho, no rehúye las demandas ni por un segundo. Y es implacable al respecto.

Así que tiene que seguir haciéndolo, pero además de eso, creo que tiene que, aunque no espero que lo haga, solo digo lo que tiene que hacer para ganar, no tanto para ganar las elecciones. Esa es mi opinión. Estoy tratando de separar la cuestión de ganar las elecciones para él mismo y ganar las reivindicaciones por las que se presenta.

Son dos cuestiones distintas en cierta medida, porque ahora mismo se encuentra en una situación electoral favorable en la que podría ganar incluso si empezara a ceder en sus demandas, quizá, no lo sé. Pero desde luego no es el tipo de situación difícil a la que nos enfrentábamos nosotros. Pero en cuanto a preparar el terreno, en cuanto a utilizar su campaña electoral para preparar el terreno para ganar cualquiera de estas demandas, esa es la cuestión más importante.

Y para eso, estoy firmemente convencido de que tiene que alejarse de ese discurso de «Oh, a los multimillonarios también les encantará una ciudad con un congelamiento de los alquileres y estoy deseando trabajar con Kathy Hochul». Alejarse de eso y decir: «Miren, el propio establishment del Partido Demócrata, el propio Partido Demócrata, se opone a lo que yo pido». Y por eso necesito que los trabajadores se unan a mí, en lugar de seguir insistiendo en que todo se reduce a debates y reuniones con los poderes fácticos, y que hablaré con el gobernador y con los multimillonarios.

Todo este énfasis en los pasillos del poder, cuando su argumento debería ser: «Estamos convocando una manifestación en tal fecha. Quiero que acudan los trabajadores. Quiero que acudan negros, blancos, latinos, asiáticos, todos ustedes, porque la clase trabajadora necesita luchar unida. Convoquemos una marcha por 30 dólares la hora. Marchamos alrededor del ayuntamiento, ya saben, ese tipo de cosas, o marchamos frente a la casa de Bill Ackman, supongo que vive en algún lugar de Manhattan, algo así. Marchamos frente a la Torre Trump. Convoquemos de nuevo grandes manifestaciones en la Torre Trump.

Y no es solo eso, también es para que él diga abiertamente, ya saben, la gobernadora Kathy Hochul, está vendiendo a los trabajadores. Dijo que no quiere impuestos para los ricos. ¿Están de acuerdo? Ya saben, decirle a los trabajadores que no confíen en Kathy Hochul. Que no confíen en ninguno de estos demócratas.

Chuck Schumer tiene las manos manchadas de sangre. Chuck Schumer tiene las manos manchadas de sangre. Hakeem Jeffries tiene las manos manchadas de sangre. Ritchie Torres tiene las manos manchadas de sangre. Ese es el tipo de lenguaje que utilizamos. No es que los marxistas utilicemos este lenguaje porque, de repente, nos invadan las emociones. No es eso. Se trata de aclarar a la clase trabajadora cuál es el carácter del capitalismo y de sus representantes belicistas, anti-obreros y anti-sindicales, y cómo luchar contra ellos.

Esas son dos tareas fundamentales para los revolucionarios. Y creo que esa es la diferencia entre cómo actúan la mayoría de los que yo llamaría candidatos reformistas o líderes reformistas y cómo actúa un socialista revolucionario como yo, que empezamos por aclarar la naturaleza del capitalismo, lo cual forma parte de la política revolucionaria. Pero, irónicamente, Chris, la política revolucionaria también te convierte en el mejor luchador para conseguir las mayores reformas posibles, porque una vez que entiendes la naturaleza de clase del capitalismo y entiendes cómo hay que movilizar a los trabajadores, eso es lo que da fuerza a tu bando para enfrentarse a todas estas fuerzas.

Y eso es lo que se va a necesitar. Por ejemplo, como has dicho, empezamos con los sionistas. Tienes razón al decir que los sionistas no se van a quedar de brazos cruzados. No van a decir: «Nos rendimos, él ganó las primarias». No, van a hacer todo lo que esté en su mano para intentar derrotarlo. Es importante que no se ande con rodeos sobre lo que ya ha dicho, Mamdani, y también tiene que ir mucho más allá de lo que está diciendo.

Chris Hedges

Bueno, tiene que aprender de Jeremy Corbyn. No se trata de personas que, en primer lugar, puedan ser apaciguadas o, en segundo lugar, que no vayan a intentar derribarte con saña, digas lo que digas. Quiero que hables de lo que puede esperar. Tú has vivido campañas constantes para engañarte por parte del ayuntamiento.

Se presenta a un cargo mucho más poderoso. ¿Qué puede esperar de los sionistas? ¿Qué puede esperar de la jerarquía del Partido Demócrata y qué puedes esperar tú de la clase multimillonaria? En esencia, ya han declarado la guerra.

Kshama Sawant

Sí, le han declarado la guerra, y por eso él tiene que declararles la guerra a ellos, no intentar abrazarlos hasta matarlos. Parte de lo que hemos vivido aquí es, obviamente, si nos fijamos en los argumentos que las grandes empresas esgrimieron contra nuestro movimiento 15 Now y contra el movimiento por el impuesto a Amazon, que también has mencionado, que recauda cientos de millones de dólares cada año para viviendas asequibles, incluyendo una parte específica de ese dinero reservada para la clase trabajadora negra y las viviendas precarias en este barrio históricamente negro, en el que yo vivo, que ha sido despojado de su población negra debido al aumento vertiginoso de los alquileres.

Una de las cosas que hicieron para desacreditar todas estas demandas fue machacar a la clase trabajadora en la televisión con todo tipo de falsedades económicas, como que esto iba a ser un apocalipsis económico, que 15 dólares la hora iban a cerrar todos los negocios, todo eso. Así que creo que lo primero que tuvimos que hacer para combatir eso fue una educación política implacable sobre cómo todo esto es absolutamente falso.

Dijimos dos cosas. Una es que todos los estudios sobre el aumento del salario mínimo han demostrado, incluso los que se refieren a aumentos importantes, que no hay ningún negocio que haya cerrado por ese motivo. Las pequeñas empresas cierran por otras razones, principalmente porque los alquileres comerciales son tan altos que la mayoría de los comercios no pueden permitírselos en grandes ciudades como Seattle y Nueva York.

Pero también dijimos que, si eso fuera cierto, si realmente tuvieran razón, que el sistema es tan frágil que sacar de la pobreza a 100 000 trabajadores de Seattle, simplemente sacarlos de la pobreza, que no es nada extravagante, es sacarlos de condiciones absolutamente desesperadas, va a colapsar el sistema, entonces ¿por qué demonios estamos defendiendo el sistema en primer lugar? Así es como lo planteamos. Y eso ayudó mucho a la gente a entender, en primer lugar, que te están mintiendo descaradamente, pero también, en segundo lugar, que aunque no fuera así, seguimos teniendo que luchar por mejores condiciones, porque ¿por qué demonios estamos defendiendo un sistema que no nos permite tener ni un mínimo de dignidad en nuestro nivel de vida?

Quiero decir, eso es parte de lo que se van a encontrar. Otra cosa que muy probablemente va a ocurrir es el tipo de caza de brujas y la política identitaria que hemos vivido aquí. Un ejemplo muy, muy importante de esto es cuando luchamos por el impuesto a Amazon. Lanzamos el movimiento Impuestos a Amazon junto con mi toma de posesión tras mi reelección en 2019. Y fue un momento estratégico muy importante porque, como he dicho antes, las elecciones de 2019 fueron un rechazo total a Jeff Bezos y Amazon, ya que Amazon, de forma específica y muy abierta, gastó millones de dólares para intentar derrotarme a mí y a otros progresistas, pero principalmente a mí, porque sabían que nuestra oficina era la fuerza motriz de toda la agenda política de la izquierda y la clase trabajadora.

Y sabían que si yo no estaba, los demócratas no harían nada por la clase trabajadora. Así que en enero de 2020, cuando tomé posesión, convertí mi toma de posesión en el lanzamiento del movimiento Impuestos a Amazon. Y luego, como recordarás, era 2020. Unos meses más tarde, llegó la COVID y luego comenzó la rebelión de George Floyd. En ese momento, el Partido Demócrata desató a todo un grupo de lo que yo llamaría líderes negros engañosos, líderes negros engañosos, para que recorrieran las protestas diciendo: «No deben apoyar a Kshama Sawant, no deben apoyar el impuesto a Amazon porque eso no es un tema negro».

Intentaron interrumpir muchas de las manifestaciones que estábamos organizando en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter diciendo: «Deberíais hablar de cuestiones negras y, además, vosotros no sois negros, así que no tenéis derecho a esta plataforma». Y nos negamos a aceptar ese control.

Hubo muchos otros líderes que apoyaban el movimiento por el impuesto a Amazon y que inmediatamente se opusieron y dijeron que ni siquiera deberíamos tener nuestra mesa aquí en esta protesta porque solo somos aliados blancos, no tenemos derecho a hablar, solo los negros tienen derecho a hablar.

Nos negamos rotundamente a ceder ante esta corrosiva política identitaria. Insistimos en analizar las cosas desde una perspectiva de clase. Y dijimos que, en realidad, estos falsos líderes negros deberían avergonzarse de sí mismos, porque al obstaculizar el movimiento para gravar a Amazon, están actuando en contra de los intereses de la clase trabajadora negra y de los pobres, ya que si hay alguien que necesita viviendas asequibles, es la clase trabajadora negra. Y el impuesto a Amazon ha beneficiado de manera desproporcionada a la clase trabajadora negra y a los pobres.

Así que, en lugar de aceptar su destructiva actitud de guardianes, dijimos que íbamos a dirigirnos directamente a los trabajadores negros en la protesta. Y fue fenomenal. El apoyo que recibimos para la demanda del impuesto a Amazon fue altísimo. Las carpetas prácticamente volaban de nuestras manos con gente diciendo: «Sí, joder, quiero gravar a Amazon. Voy a firmar eso». Y son cientos, miles de personas las que acuden a nuestras conferencias de acción para gravar a Amazon, organizadas democráticamente. Eso es lo que ha presionado al Partido Demócrata.

Al principio se mostraron muy hostiles. Y de repente empecé a recibir llamadas telefónicas amistosas de demócratas latinas progresistas que me decían: «¿Sabes eso de lo que hablabas? Me interesa mucho». Y entonces ganamos. Eso es lo que hace falta. Creo que, en cuanto a cómo se desarrollará en la ciudad de Nueva York, dependerá en gran medida del enfoque que adopte Mamdani. Me refiero a que el grado de ataque a sus demandas dependerá de su disposición a luchar por ellas, y estar dispuesto a luchar por ellas significa movilizar a la clase trabajadora. Así que creo que eso será crucial.

Chris Hedges

¿Qué significa esto en la era de Trump? Trump, por supuesto, se lanzó inmediatamente contra él. Creo que tú y yo, durante muchos, muchos años, hemos defendido que un partido o un movimiento político centrado en la desigualdad social y la traición de la clase trabajadora por parte del Partido Demócrata podría tener éxito. ¿Es este el auge de una especie de contrapeso al autoritarismo y al protofascismo de Trump o no?

Kshama Sawant

Creo que, como has dicho, aludiendo a nuestras discusiones anteriores, hemos hablado de lo que se necesita para derrotar al trumpismo y al populismo de derecha, y no es solo Trump, es el fenómeno del trumpismo. Se necesitará la solidaridad de la clase trabajadora en torno a demandas de clase para derrotar las ideas de la derecha, y tendremos que reconocer el origen de cualquier tracción, cualquier credibilidad de las ideas de la derecha.

Y eso proviene del fracaso total y las traiciones del Partido Demócrata. Pero no es solo el Partido Demócrata. También tenemos que hablar de los líderes sindicales, que han traicionado los intereses de la clase trabajadora, obviamente los de sus propios miembros, al estar unidos a la cadera del Partido Demócrata, incluso ante un genocidio. Eso también hay que mencionarlo.

La pregunta es: si el genocidio no es una línea que estás dispuesto a cruzar como líder de la clase trabajadora, entonces no hay ninguna línea que estés dispuesto a cruzar como líder de la clase trabajadora. Creo que hay que dejar esto claro. Muchos de estos sindicatos, sus dirigentes, han aprobado resoluciones de alto el fuego, pero esas resoluciones de alto el fuego no significan nada si luego los dirigentes dan la vuelta y apoyan a los propios partidos del genocidio.

Me refiero a Shawn Fain, que es famoso por haber intervenido en la convención del Partido Demócrata, Shawn Fain, presidente de la UAW [United Auto Workers], uno de los sindicatos que ha apoyado a Mamdani y que también ha aprobado una resolución de alto el fuego. Pero al final, ¿de qué sirve eso si luego das media vuelta y sigues apoyando a los candidatos y a los partidos genocidas? Y creo que también es revelador quiénes son los modelos a seguir de Mamdani. Creo que has hablado de cómo AOC es el ejemplo perfecto del arribismo. Creo que es muy importante señalarlo porque, aunque Bernie Sanders no era exactamente como ella, creo que tiene buenas intenciones, solo que su análisis político es extremadamente erróneo.

Y él cree que ahora capitular completamente ante el Partido Demócrata y ante el genocidio y los ataques a los trabajadores, como los demócratas que bloquearon y rompieron la huelga de los trabajadores ferroviarios en 2022, en la que participó AOC, es lo mejor que puede conseguir la clase trabajadora.

Pero independientemente de sus diferencias individuales, la verdad sobre AOC y Bernie Sanders es que ambos han hecho campaña, quiero decir, Bernie Sanders mucho más implacablemente, pero AOC inicialmente hizo campaña a favor de Medicare para todos, un salario mínimo de 15 dólares la hora y un New Deal Verde.

Y como he dicho, elogio a Mamdani por ser implacable con esas demandas. Pero Bernie Sanders también ha sido implacable con esas demandas. Sigue hablando de ellas, aunque con menos implacabilidad que antes porque no quiere avergonzar a los demócratas, que son unos podridos. Sin embargo, la cuestión es que ambos han hecho campaña con esas demandas. Y no se ha conseguido nada, absolutamente nada para la clase trabajadora.

La medida no puede ser si están hablando de esas demandas. El criterio tiene que ser: ¿qué han conseguido? En los últimos cinco o seis años, ¿qué han hecho? ¿Y qué ha pasado con los programas de la clase trabajadora en ese tiempo? Las dos campañas de Bernie Sanders fueron completamente destruidas por el Partido Demócrata.

Y el año pasado, el Partido Demócrata demostró que prefería permitir que alguien a quien califican de fascista y de amenaza existencial fuera elegido antes que permitir que ni siquiera una sombra de un programa de la clase trabajadora entrara en su ámbito de competencia. Ni siquiera querían que Kamala Harris mintiera. Me refiero a mentir, joder, decir que sí, que voy a hacer algo sobre el genocidio o que tal vez hablaré de los 15 dólares de salario mínimo. Si hubiera hecho algún pequeño gesto hacia la clase trabajadora, muy probablemente habría inclinado la balanza. Ni siquiera estaban dispuestos a hacer eso. ¿Por qué?

Porque no quieren crear expectativas entre la clase trabajadora de que van a hacer algo por ellos. Porque quieren mantener la línea. Son los representantes de la clase multimillonaria, al igual que los republicanos. Y no quieren crear la idea de que la clase trabajadora puede esperar algo de ellos. Lo que quieren es que la clase trabajadora se mantenga permanentemente unida a ellos y siga votándolos.

Pero quieren hacerlo sin hacer nada por la clase trabajadora. Y esa contradicción, ese dilema, es lo que les ha llevado a esta lamentable situación en la que tienen los índices de aprobación más bajos de la historia. Pero, al mismo tiempo, si no les ofrecemos una alternativa, probablemente obtendrán buenos resultados en las elecciones de mitad de mandato, porque la gente también está enfadada con Trump. Y Trump tampoco es una alternativa.

Por lo tanto, para derrotar a la derecha, necesitamos romper con el Partido Demócrata. Y eso puede parecer una contradicción. Pero es precisamente lo que necesitamos, porque es el Partido Demócrata el que nos ha dado a Donald Trump. El Partido Demócrata es el mejor constructor del trumpismo. Y para destruir el trumpismo, hay que destruir el Partido Demócrata. Y eso pasa primero por romper los lazos con el Partido Demócrata.

Y esto es lo que tengo que decir sobre quienes Mamdani ha enumerado como sus modelos a seguir, lo cual me parece muy revelador. Mamdani ha dicho que está muy inspirado por, bueno, no lo estoy citando, estoy parafraseando lo que dijo. Está muy inspirado por la gobernadora de Boston, Michelle Wu. Michelle Wu se presentó a las elecciones con un programa de vivienda. También lo defendió sin descanso. Habló sin descanso del control de los alquileres. ¿Qué ha hecho después de llegar al cargo? Traicionar completamente a los inquilinos de la clase trabajadora. Quiero decir, completamente.

También ha dicho que el exalcalde de Nueva York, Bill de Blasio, fue el mejor en su vida, en la vida de Mamdani. ¿Sabes qué? Entre otros ataques a los sindicatos y a los trabajadores, el alcalde De Blasio y el gobernador Andrew Cuomo, juntos, mantuvieron en 2018 la Ley Taylor de Nueva York, que impone una draconiana prohibición de huelga a los sindicatos del sector público. Según un artículo de la publicación Jacobin, afín a la DSA, esta prohibición de huelga en Nueva York, y cito textualmente, hace que las leyes antisindicales de los estados republicanos parezcan una tontería.

Y tened en cuenta que 2018 fue el año de las históricas huelgas de profesores de la escuela pública en los estados republicanos, empezando por Virginia Occidental. El artículo de Jacobin también dice que la próxima vez que un nuevo gobernador republicano se atreva a aplicar leyes antisindicales contra los trabajadores públicos, tendrá la satisfacción de aprovecharse de esos amigos demócratas de los trabajadores: Cuomo y de Blasio.

Así que, quiero decir, ha declarado que AOC, Bernie Sanders, Michelle Wu y de Blasio son sus fuentes de inspiración, y todos ellos tienen un historial de traición a la clase trabajadora. Una última cosa que ha dicho es que también ha citado repetidamente y elogiado efusivamente al exalcalde de Nueva York Fiorello LaGuardia, que era un alcalde republicano que en 1941, durante la guerra, se presentó a la reelección y fue apoyado por los podridos estalinistas.

Y lo apoyaron contra el trotskista James Cannon. Él era trotskista en aquella época y se presentó con un programa pro-trabajador y anti-guerra. Una de las cosas que hizo LaGuardia fue perseguir brutalmente a los trabajadores del transporte en huelga, básicamente diciéndoles que el país estaba en guerra. Por lo tanto, los trabajadores municipales no tenían derecho a hacer huelga. Así que sus espectadores pueden sacar sus propias conclusiones sobre lo que significa que alguien se vincule tan estrechamente a toda una serie de personas que tienen un historial de traición a los trabajadores.

Chris Hedges

Terminemos hablando de tu propia campaña. ¿Dónde estás? ¿A qué te enfrentas? Al principio de la entrevista has mencionado un poco quiénes son tus rivales.

Kshama Sawant

Sí, nos presentamos al Congreso de los Estados Unidos por el noveno distrito electoral del estado de Washington, que incluye una parte de Seattle y también muchas otras ciudades vecinas donde hay mucha gente rica. Hay muchos multimillonarios, pero también hay mucha gente de clase trabajadora, muchos refugiados. Es un distrito con mayoría minoritaria. El distrito tiene mucha gente que ha sufrido pérdidas personales, pérdidas familiares en Gaza a causa del genocidio.

Hay mucha gente de clase trabajadora de África Oriental, Asia Oriental y Asia Meridional que vive aquí, muchos de los cuales luchan por sobrevivir. Y nos enfrentamos a Adam Smith, que lleva casi 30 años en el Congreso. Y él, como he dicho antes, ha votado repetidamente a favor de enviar decenas de miles de millones de dólares de financiación al ejército israelí durante todo el genocidio.

No es la primera vez, ha votado una y otra vez a favor de enviar dinero a Israel durante sus casi 30 años de carrera. Pero lo más destacable es que ha votado repetidamente a favor de financiar el genocidio. Y, como era de esperar, es uno de los favoritos de los contratistas militares. Sabemos que tanto el Partido Demócrata como el Republicano son partidos belicistas. Han sido promotores de guerras brutales e interminables a lo largo de su historia y Adam Smith es uno de los generales entre los halcones de la guerra.

No es un simple soldado. Nunca ha conocido una guerra que no le gustara. Ha demonizado a los activistas contra el genocidio tachándolos de totalitarios, extremistas y fascistas de izquierda. Ha pedido que se les arreste. También tiene el vergonzoso honor de ser uno de los cinco únicos miembros del Congreso demócrata en activo que votaron a favor de la guerra de Irak, como ya he dicho, en 2002.

Apoyó las guerras de Kosovo, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen y la actual sangrienta guerra imperialista por poder en Ucrania. Durante tres décadas ha sido financiado por especuladores de la industria armamentística, como Lockheed Martin, General Dynamics y Palantir, como he mencionado anteriormente. Y es el niño mimado del AIPAC y del lobby sionista.

Como he dicho, el AIPAC fue su mayor financiador el año pasado. Para contrastar nuestra campaña con la suya, en el verano de 2014, que era mi segundo año en el ayuntamiento, utilicé mi cargo no solo para asistir a las protestas contra el bombardeo indiscriminado de Gaza por parte de Israel en aquel momento, sino también para redactar una carta pública en la que se pedía el fin de toda la ayuda militar estadounidense a Israel y de los brutales asentamientos en los territorios palestinos y la ocupación.

Mientras yo hacía eso, Adam Smith apoyaba con entusiasmo el sistema Cúpula de Hierro de Israel, que, como sabemos, es uno de los componentes clave que permiten al Estado israelí masacrar al pueblo palestino. Y en los últimos días de mi década en el Ayuntamiento, en octubre y noviembre de 2023, luché por ganar.

Y ganamos, a pesar de la oposición de los demócratas, la segunda en ese momento y la más firme resolución del ayuntamiento que pedía un alto el fuego y el fin de toda la ayuda militar estadounidense a Israel. En ese mismo momento, Smith formaba parte de la camarilla de Biden que insistía monstruosamente en destinar más de 100 000 millones de dólares a financiación militar, no solo para Israel, sino también para Ucrania, en lugar de financiar las necesidades de la crisis del coste de la vida que enfrentan los trabajadores aquí.

Además, es uno de los políticos más corporativistas y proempresariales que existen. De hecho, nuestra carrera contra Adam Smith también responde a tu otra pregunta: ¿qué se necesita para derrotar a la derecha? Habrá que destruir el Partido Demócrata, y eso comienza, como he dicho, derrotando a congresistas como Adam Smith, porque durante la presidencia de George W. Bush, cuando la nación se estaba desplazando hacia la derecha, debido al impulso derechista de la presidencia de Bush, Smith, en lugar de aconsejar a los demócratas que fueran más favorables a la clase trabajadora y menos favorables a la guerra, les aconsejó que redujeran el contraste entre ellos y los republicanos.

Y en ese momento, dijo que el Partido Demócrata debería considerar la privatización de Medicare. Así que no es de extrañar que empresas tan notorias como UnitedHealthcare, que se oponen ferozmente a Medicare para todos, también hayan donado a la campaña de Smith. También votó a favor del rescate de los grandes bancos en 2008, mientras que la gente común se pudría. Así que este es su historial.

Nosotros tenemos nuestro historial en el ayuntamiento, tras una década en el ayuntamiento, en la que hemos conseguido victorias históricas para la clase trabajadora. Esta campaña al Congreso, al igual que todas nuestras campañas electorales, no está al servicio de mi carrera política personal. Es un vehículo para construir movimientos, y los movimientos en los que nos centramos específicamente a través de nuestra campaña al Congreso son acabar con el genocidio, acabar con la financiación del ejército estadounidense y acabar con la ocupación.

También pedimos que se detengan todas las deportaciones y se cierren los centros de detención. Y también luchamos por la sanidad gratuita para todos, financiada con impuestos a los ricos, y por el control de los alquileres a nivel nacional. De hecho, estamos combinando la campaña al Congreso con una campaña de iniciativa popular en toda la ciudad de Seattle para la sanidad gratuita para todos, financiada con el aumento del impuesto a Amazon que ya hemos conseguido, aumentando a 5000 millones de dólares.

Así que esta es una campaña para todos los trabajadores que quieren obtener grandes victorias para nosotros mismos, enviar un mensaje contundente a la clase dominante, al lobby sionista. Así que, a nivel nacional, quienquiera que esté escuchando, quienquiera que esté viendo esto, tiene que involucrarse en esta campaña. De hecho, algo emocionante es que teníamos el objetivo de recaudar 100 000 donaciones de la clase trabajadora durante el primer mes de nuestra campaña.

Hemos superado ese objetivo en las tres primeras semanas. Y en el primer mes de nuestra campaña, tenemos más de mil donantes distintos. Son más donantes que los que tuvo Adam Smith el año pasado en toda su campaña electoral. Él necesita menos donantes porque cuenta con todos esos comités de acción política belicistas y pro-multimillonarios que financian sus campañas.

Somos una campaña de la clase trabajadora y, como he hecho todos los años en mi cargo en el ayuntamiento, si salgo elegido para el Congreso, me llevaré a casa solo el salario medio de los trabajadores y donaré el resto, después de impuestos, a la organización de huelgas para el movimiento sindical y para la construcción del movimiento contra la guerra.

Chris Hedges

Genial, gracias, Kshama. Y quiero dar las gracias a Diego [Ramos], Víctor [Padilla], Sofía [Menemenlis], Thomas [Hedges] y Max [Jones], que han producido el programa. Podéis encontrarme en ChrisHedges.Substack.com.

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8. Gritos en el silencio.

Un hermoso texto de Prashad con motivo de una exposición de un artista indio en Hamburgo.

https://luciddialectics.substack.com/p/seven-screams-into-the-silence

Siete gritos en el silencio

Charla para la exposición de Sujatro Ghosh titulada «The Silenced Market» (El mercado silenciado) en MARKK (Hamburgo).

Vijay Prashad

2 de julio de 2025

Grito I: Hambre
Quienes no lo saben, no lo saben. Una vez hice un reportaje sobre el hambre en los barrios marginales de las afueras de Delhi. A lo largo de sus calles, los altos muros de las fábricas ocultan los estrechos callejones que conectan las casas de los trabajadores, la dureza de todo ello, las fábricas y las casas apiladas unas encima de otras, sudando el calor de la producción en la infinitud de la reproducción social. La lucha de clases se manifestaba ocasionalmente en las huelgas de los trabajadores agotados, pero también tenía lugar en la violencia dentro de sus hogares: personas hambrientas enfadadas entre sí y consigo mismas, el ocio era una palabra desconocida y el silencio imposible. Si el estruendo de las fábricas no fuera tan interminable, también lo serían los sonidos de los trabajadores que escuchan vídeos o música a un volumen que supera la capacidad de los altavoces de sus teléfonos. Los trabajadores aprenden una lección muy pronto en la vida: el trabajo duro no te hace rico, solo te impide ser indigente. Hay un muro gigantesco que divide el mundo de los ricos del de los trabajadores. La experiencia de ser rico estaba fuera de sus vidas, les era ajena. Ashis, de Bihar, me dijo: «bhai [hermano], ¿qué puedo decir? Me ha preguntado cómo se siente tener hambre. Yo quiero preguntarle cómo se siente estar lleno. Incluso demasiado lleno. Tan lleno que no puede comer más».

Grito II: Hambruna
Los israelíes detuvieron el genocidio por un breve instante. Creyeron que habían expulsado a los palestinos del norte de Gaza, dejándolos apiñados cerca de la frontera con Egipto. Pero entonces, el 27 de enero de 2025, un millón de valientes palestinos comenzaron una marcha por la carretera mediterránea hacia sus hogares o, al menos, hacia las calles que ahora eran escombros de sus hogares. Derrotaron los planes israelíes con su audacia y pronto anularon el impacto del genocidio. Volvieron a la ciudad de Gaza. Las sillas del café Al Baqa, situado junto al hermoso mar, se llenaron una vez más mientras artistas y periodistas charlaban entre sí sobre el genocidio y lo que les depararía el futuro. Y entonces, los israelíes utilizaron contra los palestinos la única arma que les golpeaba con tanta fuerza como las bombas de 500 libras lanzadas por Estados Unidos: el hambre. Todo terminó. El agua, la electricidad, el suministro de alimentos: Gaza estaba sometida a un asedio medieval sin reservas en el castillo. Era espantoso, absolutamente impensable. Las Naciones Unidas intentaron ponerse en contacto con los israelíes, pero nadie en Tel Aviv respondió a sus llamadas. Las bombas siguieron cayendo y entonces los rugidos del estómago comenzaron a pasar factura: la muerte por inanición, una de las peores formas de morir, comenzó a segar la vida de los niños. Gaza ya tenía el mayor número de niños amputados gracias a los bombardeos israelíes, pero ahora había niños envueltos en sus mortajas que pesaban una fracción de lo que pesaban hace tan solo un año. La hambruna comenzó su marcha por las calles bombardeadas. Las empresas monopolísticas del Atlántico Norte son cómplices. El nuevo informe de Francesca Albanese sobre la Economía del Genocidio ofrece más detalles. A finales de junio, los israelíes bombardearon el café Al Baqa, matando a treinta y cuatro personas que estaban allí sentadas, ya que el café no tenía comida que ofrecer. Entre ellas se encontraba una joven artista llamada Frans al-Salmi, cuya frase favorita era que estaba «dibujando lo indecible». Ahora está allí.

Grito III: Eficiencia
Al borde del memorial de Buchenwald, a las afueras de Weimar, hay un rectángulo de piedras que solía ser un establo. Los guardias nazis convirtieron el establo en una fábrica de muerte. En un extremo, colocaron una báscula para medir la altura y perforaron un agujero en la báscula para que quedara cerca de la nuca de los que eran medidos. Uno a uno, los soldados del Ejército Rojo soviético entraban en este establo, se colocaban en la báscula y eran fusilados en la nuca. Uno a uno, ocho mil cuatrocientos ochenta y tres soldados, en realidad muchachos del campo, se enfrentaron a este terrible destino. Era la fría ciencia de la muerte. Y ocho mil cuatrocientos ochenta y tres veces, jóvenes muchachos alemanes del campo les dispararon en la nuca. Probablemente no les producía ningún placer. Hace una década, pasé la noche en un campamento de Al Qaeda en Siria y aprendí de ellos que matar no daba ningún placer. Era algo horrible. También eran chicos, jóvenes de Argelia y Túnez, que echaban de menos sus vidas normales tras un breve periodo de emoción. Lo que les mantenía en pie era el Captagon, no la adrenalina. Yo nunca he matado a un ser humano. Cuando era niño, fui al parque Jim Corbett con mis amigos y nos alojamos en la casa de huéspedes del gobierno. El cuidador nos preguntó qué queríamos cenar, y las opciones eran curry de verduras o curry de pollo. Elegimos pollo. Bueno, dijo, ven estos pollos que hay aquí. Matad uno y podéis coméroslo. Así que me encargaron matar al pollo. Fue fácil atraparlo, pero difícil matarlo. Intenté varias veces retorcerle el cuello, pero parecía escapar de mi inexperta mano y me picaba las manos. Al final, el dolor de los picotazos me molestó tanto que puse toda mi fuerza y le retorcí el cuello hasta que se rompió. Solo pude cenar arroz y lentejas. Mis amigos disfrutaron del pollo al curry. La imagen de ese pollo luchando contra mí fue suficiente. No puedo imaginarme coger una pistola y disparar en la nuca a un chico inocente. Pero eso es lo que le hizo un chico de una granja a otro. Quizás la experiencia de matar un cerdo les había endurecido ante la violencia, pero lo dudo. Creo que lloraban en sus literas por la noche y vivían con pesadillas hasta que un día cayeron las bombas y se llevaron esas pesadillas.

Grito IV: Estética
Hace unos meses, en Sudán, un fotógrafo estaba tomando una foto de una mujer hambrienta en un campamento de refugiados, cuando un periodista que estaba cerca le dijo: «¿Por qué documentamos este sufrimiento y no vamos a algún sitio y traemos un autobús lleno de pan a este campamento?». El fotógrafo respondió: «Porque usted y yo no podremos traer suficiente pan a este lugar y, además, todo lo que traigamos será robado por uno u otro bando de la guerra civil». La conversación me pareció cínica. Ninguno de los dos es cínico. Ambos son veteranos de guerras y sufrimiento, con sus cámaras y ordenadores en alerta para contar a un mundo indiferente lo que han visto y oído. Es más difícil que las historias de estos lugares se tomen en serio en medio del terrible ruido de tonterías que ha cautivado al mundo. Tanto el periodista como el fotógrafo sufren el dolor de esa indiferencia: envían sus historias y sus fotos y obtienen muy poco a cambio. El mapa del mundo está plagado de maldad y hay nombres para esta maldad, desde Khan Younis hasta Zamzam, nombres desconocidos, nombres hermosos, Khan Younis que significa el caravasar de Jonás y Zamzam que significa el pozo de la Masjid al-Haram en La Meca, ambos santuarios de comida y agua, pero ahora nombres de lugares de muerte y destrucción. Si publicaran mi foto, dijo el fotógrafo, la verían personas que quizá se sentirían impulsadas a luchar contra las condiciones de vida en lugares como Zamzam. Pero el periodista no estaba tan seguro. La foto se ha convertido en un cliché. No significa nada. Tampoco la historia. La gente está endurecida. Ven algo que ya han visto antes y dicen que no pueden hacer nada, aunque la foto sea terrible. O la historia. ¿Por qué informamos si no sirve de nada? Se cancela un acto en Alemania porque los ponentes quieren hablar de Gaza. A una galería en España le dicen que no puede mostrar fotos de Gaza. Un periodista recibe un premio, pero se le advierte que no mencione Palestina en su discurso. Una relatora especial de la ONU va a hablar en Berna, pero le dicen que no puede porque el evento no es equilibrado. El fotógrafo tiene a la mujer en el encuadre. Está listo para pulsar el disparador. Pero se detiene. Piensa en lo que ha dicho el periodista. Luego hace clic en la cámara. A la mierda. Quiere que la foto aparezca en algún sitio. Aunque solo sea en su página de Facebook. ¿Qué otra cosa puede hacer?

Grito V: Medio loco
Chittaprosad, un artista autodidacta de Chittagong, documentó la hambruna de 1943 en su epicentro, en Midnapur (en Bengala occidental). Una nota en el periódico comunista People’s War dice de Chittaprosad que «el amor del pueblo es la fuerza que hay detrás de su pincel». Años más tarde, Chittaprosad fue más claro en su sentido de por qué dibujaba lo que dibujaba: «Las circunstancias me obligaron a convertir mi pincel en el arma más afilada que pude». La parte más importante de esa frase es la expresión «el arma más afilada», no el arma más afilada o la mejor arma, sino solo «el arma más afilada». Solo puede hacer lo que puede hacer, y puede decirse a sí mismo que haga más de lo que puede hacer. Chittaprosad estaba en Bengala con el artista Zeinul Abedin, el fotógrafo Sunil Janah y periodistas de People’s War, como Kalpana Dutt. En sus reportajes, Chittaprosad hablaba con campesinos hambrientos y anotaba sus historias en su cuaderno de bocetos. No le bastaba con dibujar a las personas. Tenía que contar sus historias, recordar su mundo. Un dibujo de una mujer, Sarajubala Kaibarta, y su hijo, Sumanta, los muestra sentados en el porche del almacén de suministros de Barabazar. Comparten este pequeño espacio con doce mujeres y seis hombres. «El lugar huele horriblemente mal por las úlceras sin curar, la disentería, la fruta y el pescado podridos y por la cloaca que hay debajo», anota Chittaprosad detrás del dibujo. Es preferible a la casa indigente o al hospital de ayuda del gobierno. Allí, dice la gente, «nos tratan como a parásitos, nos odian». Un hombre está sentado, mirando fijamente a lo lejos. «Toda su familia ha sido aniquilada y él se ha quedado solo», escribe Chittaprosad, «un mendigo medio loco que come la comida que le da un havildar del ejército indio». ¿Quién es este hombre? ¿Tiene algo que ver con «la mujer marchita, sentada bajo un baniano muerto con sus manos huesudas apoyadas en una jarra mientras el sol del mediodía abrasa y no hay ni rastro de agua por ninguna parte»? Me imagino que justo fuera del encuadre se encuentra Kalpana Dutt, la activista comunista, ansiosa por hablar con los supervivientes, ansiosa por formar comités de ayuda para luchar por comida y medicinas, para construir las unidades del partido comunista. Se encuentra con el hombre medio loco y la mujer marchita. Forman el partido comunista indio, en plena expansión, que se opone al fascismo, al imperialismo y a otras brutalidades de la era moderna. Al fin y al cabo, el hombre solo está medio loco.

Grito VI: Memoriales
Hay una estatua de Winston Churchill cerca del Parlamento británico. Hace algunos años, me invitaron al Parlamento para hablar con algunos miembros sobre lo que estaba sucediendo en Mozambique. Era una reunión con poca asistencia. Pero cuando salí y caminé por los jardines, me encontré con Churchill. Miré la estatua durante mucho tiempo, ansioso por lanzarle algo o pintarle la cara de rojo. Churchill fue uno de los responsables de la hambruna de Bengala de 1943, en la que murieron de hambre al menos tres millones de personas, si no cinco. El colonialismo británico comenzó con una hambruna y terminó con otra. La Compañía Británica de las Indias Orientales se apoderó de Bengala en 1757 y, debido al robo de los productos de la tierra, provocó la hambruna de 1770, en la que murió un tercio de la población de Bengala. Luego, en 1943, cuatro años antes de que terminara el colonialismo, los británicos provocaron una hambruna que causó la muerte de millones de personas, una hambruna que no significa nada para Gran Bretaña, que la ha olvidado en la neblina de su propia amnesia. Cuando era niño en Calcuta, pasaba regularmente por el Victoria Memorial, en el corazón de la ciudad. El monumento fue construido entre 1906 y 1921 para conmemorar la vida de Victoria, emperatriz de la India entre 1876 y 1901. Durante su reinado, mientras los británicos saqueaban la riqueza de la India, los campesinos sufrieron hambrunas en 1876-1878, 1896-1897 y 1899-1900, en las que murieron millones de indios en todo el país. Entre 1891 y 1920, se produjeron cincuenta millones de muertes por exceso en la India británica, cincuenta millones. El Victoria Memorial, con toda su opulencia, no me parece un monumento a Victoria, sino más bien un monumento a las muertes por hambruna del Imperio Británico. Justo enfrente del salón conmemorativo se encuentra la escultura de bronce de George Frampton que representa a una Victoria malhumorada sentada en su trono, mirando hacia abajo, hacia los guijarros. Es poco habitual verla sin un cuervo en la cabeza, lo cual resulta absurdo a su manera. Quizás la estatua debería retirarse. Quizá sería mejor conservar el pedestal y hacer una estatua de bronce a partir de uno de los dibujos de Chittoprosad, tal vez el hombre medio loco y la mujer arrugada, ahora en marcha hacia un mundo mejor. Es apropiado que los jardines del Victoria Memorial sean ahora utilizados en su mayor parte por jóvenes enamorados que se besan en los bancos o, los más atrevidos, que tienen relaciones sexuales entre los arbustos. Los seres humanos siempre encuentran la manera de sobrevivir.

Grito VII: Espacio
Los científicos dicen que el espacio exterior es un vacío y que el sonido, y mucho menos los gritos, no se pueden oír allí. Pero los científicos de civilizaciones alienígenas que estudian la Tierra nos dicen que es en la Tierra donde no se pueden oír los gritos.

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9. Resumen de la guerra en Palestina, 2 de julio de 2025.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/live-dozens-killed-and-injured-israeli-shooting-aid-site-gaza

En directo: Hamás afirma que está estudiando la propuesta de alto el fuego de Trump

Mientras tanto, Israel asesina al director del Hospital Indonesia de Gaza, Marwan al-Sultan

Puntos clave

Cientos de trabajadores de los medios de comunicación acusan a la BBC de «hacer propaganda para el Gobierno israelí»

Soldados israelíes admiten su complicidad en el asesinato de civiles palestinos que buscaban ayuda humanitaria

Los diputados británicos votan por abrumadora mayoría a favor de prohibir Palestine Action

Actualizaciones en directo

Bob Vylan: «El Gobierno no quiere que le preguntemos por qué guarda silencio ante las atrocidades»

El dúo inglés de punk-rap Bob Vylan respondió a las acusaciones del Gobierno británico y de otros de antisemitismo tras su actuación en Glastonbury el fin de semana, y afirmó que la controversia que les rodea es una distracción del verdadero problema: Gaza.

«No estamos a favor de la muerte de judíos, árabes ni de ninguna otra raza o grupo de personas», afirmaron en un comunicado emitido el martes. «Estamos a favor del desmantelamiento de una maquinaria militar violenta. Una maquinaria a cuyos propios soldados se les ordenó utilizar «fuerza innecesaria» contra civiles que esperaban ayuda. Una maquinaria que ha destruido gran parte de Gaza. Nosotros, al igual que aquellos que antes que nosotros fueron el centro de atención, no somos la noticia. Somos una distracción…El Gobierno no quiere que les preguntemos por qué guardan silencio ante esta atrocidad. Que les preguntemos por qué no hacen más para detener la matanza. Nos persiguen por alzar la voz».

Más de 40 000 palestinos desplazados en Cisjordania tras la operación israelí

Médicos Sin Fronteras ha afirmado que 40 000 palestinos en Cisjordania siguen desplazados por la fuerza cinco meses después del inicio de la operación militar israelí «Muro de Hierro».

La organización benéfica afirmó que la campaña militar a gran escala ha visto a soldados israelíes asaltar y vaciar violentamente campamentos de refugiados bien establecidos en el norte de Cisjordania, y causar una destrucción generalizada (incluidas demoliciones) mientras ocupan los tres campamentos de refugiados de Jenin, Tulkarem y Nur Shams, impidiendo el regreso de la población.

«Después de cinco meses, la operación militar continúa», declaró Simona Onidi, coordinadora de proyectos de MSF en Jenin y Tulkarem, en un comunicado emitido el martes.

«Los campamentos siguen cerrados y los soldados israelíes impiden activamente la entrada a cualquier persona. Las familias siguen en una situación de incertidumbre y nos preocupa que las necesidades humanitarias sigan aumentando».

Advirtió que la población sigue aislada de sus hogares y con un acceso muy limitado a los servicios básicos y a la atención sanitaria.

Al menos 14 palestinos muertos en ataques con drones de combate en el campo de refugiados de Nuseirat

Los ataques israelíes contra el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, han causado la muerte de 14 civiles palestinos y han herido a muchos otros, según ha informado la agencia de noticias Wafa, citando fuentes locales.

Un dron de combate israelí atacó un puesto de falafel cerca del hospital Al-Awda, en el campo de refugiados, causando la muerte de cinco civiles y heridas a otros.

Mientras tanto, otro dron de combate atacó a un grupo de personas reunidas frente a una escuela en al-Mukhayyam al-Jadid, una extensión del campo de refugiados, causando la muerte de nueve personas, entre ellas tres niños, y heridas a otras.

Israel ha matado a 57 012 palestinos, en su mayoría mujeres y niños, en los últimos 20 meses, una cifra que se considera inferior a la real, ya que miles de personas siguen desaparecidas y se presume que han muerto bajo los escombros.

Opinión: Los verdaderos crímenes se están cometiendo en Gaza, no en Glastonbury o Brize Norton.

Lo que Israel, Washington, el Reino Unido y otros se han visto obligados a hacer para mantener el genocidio es crear un teatro, con una serie de dramas de distracción, para desviar la atención del crimen central.

El maestro del suspense de Hollywood, Alfred Hitchcock, el director de cine especializado en lo que él denominaba «MacGuffins» —callejones sin salida narrativos para despistar al espectador— habría apreciado la habilidad con la que se ha hecho esto.

El objetivo ha sido que los medios de comunicación occidentales se centren, y por lo tanto que el público occidental piense, no en el drama principal —ya sea el genocidio en sí mismo o la naturaleza intrínsecamente violenta y apartheid del Estado israelí que lo lleva a cabo—, sino en giros y vueltas separados de la trama. Giros que, por supuesto, no hacen que las capitales occidentales parezcan tan cómplices y depravadas…

La frenética producción de MacGuffins es necesaria para impedir que el público occidental piense en la única cuestión que realmente importa: Israel está masacrando a los palestinos porque es un Estado colonialista que quiere deshacerse del grupo étnico «equivocado».

Lo que han hecho los Estados coloniales europeos a lo largo de la historia moderna, desde Estados Unidos hasta Australia y Sudáfrica, es sustituir a la población nativa mediante estrategias de apartheid, limpieza étnica y exterminio. Israel simplemente sigue esa tradición…

A medida que las acciones de Israel en Gaza se vuelven cada vez más indefendibles, entre otras cosas por el hambre que está provocando a la población al bloquear la ayuda, los dramas de distracción tienen que ser cada vez más elaborados.

Los recientes ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, y antes de ellos, la destrucción del sur del Líbano por parte de Israel, son los más atroces de estos montajes.

Puedes leer más aquí.

Al menos 111 palestinos muertos por ataques aéreos israelíes

Al menos 111 palestinos han muerto en ataques aéreos israelíes en toda la Franja de Gaza desde la madrugada del miércoles, entre ellos 24 personas que esperaban ayuda, según informó Al Jazeera.

El partido de Netanyahu presiona para que Israel se haga con el control de Cisjordania

El partido Likud de Benjamin Netanyahu está presionando para que se produzca la anexión formal de Cisjordania antes del receso parlamentario israelí del 27 de julio, según informó el miércoles The Times of Israel.

El partido justificó la anexión en una carta en la que citaba los «logros históricos» de Israel en su conflicto con Irán y afirmaba que «debe eliminarse la amenaza existencial interna para evitar otra masacre en el corazón del país». La carta fue firmada por los 15 ministros del Likud que forman parte del Gobierno.

La carta también afirma que «la asociación estratégica, el respaldo y el apoyo» de Estados Unidos y del presidente Donald Trump «hacen que sea un momento propicio para seguir adelante con ello y garantizar la seguridad de Israel para las generaciones futuras».

El exviceprimer ministro palestino, Nabil Abu Rudeineh, rechazó estas peticiones, afirmando que solo contribuirían a la desestabilización y no aportarían seguridad a nadie, según informó el miércoles la agencia de noticias Wafa.

Egipto también condenó los llamamientos del partido Likud.

La anexión de Cisjordania sería ilegal según el derecho internacional.

«No hemos tenido ni un solo incidente violento» en nuestras instalaciones, afirma el director de un controvertido grupo de ayuda humanitaria

El director de la controvertida Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), respaldada por Estados Unidos e Israel, insistió el miércoles en que el programa no se cerraría y negó que se hubiera matado a palestinos en sus instalaciones.

Este grupo privado con sede en Estados Unidos y financiación opaca comenzó a operar el 27 de mayo, después de que Israel detuviera los suministros a Gaza durante casi tres meses, lo que provocó advertencias de organizaciones de derechos humanos de todo el mundo sobre el riesgo de una hambruna masiva.

Ahora, los civiles palestinos corren el riesgo de morir al intentar obtener alimentos en las instalaciones de la GHF en el centro y el sur de Gaza, ya que las fuerzas israelíes disparan casi a diario contra las personas que solicitan ayuda. Un informe del periódico israelí Haaretz afirma que los soldados están disparando contra las personas que solicitan ayuda. Según los informes, más de 600 personas han muerto en poco más de un mes.

Sin embargo, el presidente de GHF, Johnnie Moore, un líder evangélico cristiano alineado con el presidente estadounidense Donald Trump, rechazó los llamamientos de varias ONG para que se detuvieran los esfuerzos.

«No nos cerrarán. Tenemos una misión que cumplir. Es muy sencillo: cada día, proporcionar comida gratis a la población de Gaza. Eso es todo», declaró a los periodistas en Bruselas, entre ellos la AFP.

«No hemos tenido ni un solo incidente violento en nuestros centros de distribución. Tampoco hemos tenido ningún incidente violento en las inmediaciones de nuestros centros de distribución», afirmó.

Las Naciones Unidas y las principales organizaciones humanitarias se han negado a colaborar con ella, alegando que sirve a los objetivos militares israelíes y viola los principios humanitarios básicos.

El director general de la Organización Mundial de la Salud afirmó el viernes que, en las dos semanas anteriores, 500 personas habían muerto «en centros de distribución de alimentos no militarizados de la ONU».

El mismo día, la organización médica MSF (Médicos Sin Fronteras) afirmó que «cada día, los equipos de MSF atienden a pacientes que han muerto o resultado heridos al intentar conseguir comida en uno de estos centros» y pidió que se «desmantelara inmediatamente» el programa.

Moore afirmó que su organización sigue decidida a continuar su labor en Gaza si se acuerda un alto el fuego.

«No tenemos ninguna intención, a menos que nos veamos obligados a ello de alguna manera, no tenemos ninguna intención de abandonar a estas personas», añadió Moore.

El asesinato del cardiólogo tendrá un «impacto devastador» en la atención sanitaria en Gaza, según una organización médica.

La muerte del Dr. Marwan al-Sultan tendrá un «impacto devastador» en el sistema sanitario de Gaza, afirmó el miércoles Muath Alser, director de la organización médica palestina Healthcare Workers Watch (HWW).

Sultan era uno de los dos únicos cardiólogos que quedaban en la Franja de Gaza y director del hospital indonesio del norte de Gaza. Murió en un ataque aéreo israelí contra su apartamento el miércoles, junto con su esposa y al menos tres de sus hijos.

En homenaje al renombrado cardiólogo, Alser declaró a The Guardian: «El asesinato del Dr. Marwan al-Sultan por parte del ejército israelí es una pérdida catastrófica para Gaza y para toda la comunidad médica, y tendrá un impacto devastador en el sistema sanitario de Gaza.

Esto forma parte de una campaña atroz, mucho más larga y sistemática, contra los trabajadores sanitarios, que se lleva a cabo con total impunidad.

Se trata de una trágica pérdida de vidas, pero también de la destrucción de décadas de experiencia médica y cuidados que han salvado vidas, en un momento en que la situación a la que se enfrentan los civiles palestinos es inconmensurablemente catastrófica», añadió Alser.

Su hija superviviente, Lubna Sultan, rindió homenaje a su padre en el hospital. «Dedicó toda su vida a la medicina y a la lucha por tratar a los pacientes», declaró a la AFP. «No hay justificación para atacarlo y convertirlo en mártir», añadió.

Alser dijo que Al-Sultan era el septuagésimo trabajador sanitario asesinado en ataques israelíes en los últimos 50 días. Los trabajadores sanitarios han sido blanco de ataques desproporcionados por parte de Israel.

El Gobierno británico designa a Palestine Action como «organización terrorista»

Los diputados británicos han votado por 385 votos a favor y 26 en contra a favor de una ley que designa a Palestine Action como organización terrorista.

La designación convierte en delito apoyar al grupo y lo sitúa en la misma categoría que grupos violentos como el Estado Islámico y Al Qaeda.

Se espera que la orden entre en vigor a finales de esta semana. Una vez que lo haga, apoyar a Palestine Action se convertirá en un delito penal, y la pertenencia o la expresión de apoyo al grupo de acción directa se castigará con hasta 14 años de prisión.

Se están tomando medidas legales para bloquear temporalmente la orden, y está prevista una audiencia para el viernes en el Tribunal Superior de Londres.

Los defensores de las libertades civiles y los derechos humanos han criticado la prohibición y han afirmado que criminaliza la disidencia contra la guerra de Israel en Gaza.

Palestine Action es un grupo de acción directa que ha tenido como objetivo principal a las empresas armamentísticas.

Jeremy Corbyn y otros miembros de la Alianza Independiente se oponen a la propuesta de prohibición de Palestine Action

El exlíder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn y un grupo de otros cuatro diputados independientes que forman la Alianza Independiente dijeron el miércoles que se oponen «inequívocamente» a la prohibición del grupo de acción directa Palestine Action.

En un comunicado publicado por Corbyn en sus redes sociales, el grupo afirmó: «El verdadero delito es la complicidad del Gobierno en el genocidio, y la proscripción de Palestine Action es un vergonzoso intento de silenciar la disidencia».

«El uso de la Ley contra el Terrorismo es una represión indignante de la desobediencia civil. Imploramos a los diputados que reconozcan este grave abuso del poder estatal por lo que es: un ataque a los derechos democráticos de todos nosotros», prosigue el comunicado.

También expresaron su preocupación por que Palestine Action fuera equiparada a grupos neonazis extranjeros.

Los diputados debatirán y votarán la prohibición el miércoles.

¿Quién es el líder miliciano Abu Shahab, buscado por un tribunal de Gaza?

El Tribunal Revolucionario de la Judicatura Militar de la Franja de Gaza concedió el miércoles al líder miliciano Yasser Abu Shabab 10 días para entregarse y ser juzgado.

En un comunicado, el tribunal declaró: «De conformidad con las disposiciones del Código Penal palestino n.º 16 de 1960 y la Ley de Procedimientos Revolucionarios de 1979, el acusado, Yasser Jihad Mansour Abu Shabab, nacido el 27 de febrero de 1990 y residente en Rafah, tiene un plazo de diez días a partir de hoy, miércoles, para entregarse a las autoridades competentes para ser juzgado ante las autoridades judiciales».

¿Quién es Abu Shahab?

Abu Shahab, de 35 años, fue condenado por tráfico de drogas y se encontraba en una prisión gestionada por Hamás el 7 de octubre de 2023. Consiguió salir de prisión, aunque las circunstancias de su liberación siguen sin estar claras, según informó The Guardian en junio.

Funcionarios de defensa israelíes afirmaron que habían comenzado a armar a Abu Shahab, apodado «el agente israelí», y a unos 100 hombres armados que operan bajo su mando en el este de Rafah. Los miembros de su grupo han sido acusados de saquear camiones que transportaban ayuda humanitaria.

En junio, Jonathan Whittall, jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) en los territorios palestinos ocupados, afirmó que los saqueos se estaban produciendo bajo control israelí: «El robo de ayuda desde el comienzo de la guerra ha sido llevado a cabo por bandas criminales, bajo la vigilancia de las fuerzas israelíes, a las que se les ha permitido operar en las proximidades del paso fronterizo de Kerem Shalom hacia Gaza».

Whittall declaró a The Guardian que se refería a milicias como la de Abu Shahab.

The Guardian también afirmó que, según los funcionarios, el objetivo de armar a la milicia de Abu Shahab es reducir las bajas militares israelíes y debilitar a Hamás, lo que suscita la preocupación de que el apoyo a la milicia pueda empujar a Gaza a una guerra civil.

Al menos 67 palestinos muertos en ataques israelíes, entre ellos el director de un hospital indonesio

Al menos 67 palestinos han muerto en ataques israelíes en Gaza desde el amanecer, 11 de ellos mientras esperaban ayuda humanitaria, según informó Al Jazeera el martes, citando fuentes hospitalarias.

Entre las víctimas se encuentra el director del Hospital Indonesio del norte de Gaza, Marwan al-Sultan.

Sultan murió junto con su esposa y sus hijos en un ataque israelí contra un edificio residencial al suroeste de la ciudad de Gaza.

Medical Aid for Palestinians afirmó en mayo que 1400 trabajadores sanitarios habían sido asesinados y que Israel ataca sistemáticamente al personal médico. Un documental de Channel Four titulado Gaza Doctors Under Attack investiga los ataques israelíes contra hospitales, médicos y personal sanitario y se emitirá el miércoles por la noche.

Hamás afirma que está estudiando la propuesta de alto el fuego de Trump

Hamás afirmó que estaba estudiando lo que el presidente estadounidense, Donald Trump, calificó como una propuesta de alto el fuego «definitiva» para Gaza.

El grupo afirmó que estaba «realizando consultas nacionales» para debatir las propuestas que había recibido de los mediadores egipcios y qataríes.

Hamás afirmó que su objetivo era «alcanzar un acuerdo que garantice el fin de la agresión, la retirada [de las fuerzas israelíes de Gaza] y la ayuda urgente a nuestro pueblo en la Franja de Gaza».

Trump afirmó que Israel había aceptado una tregua de 60 días, durante la cual trabajaría con todas las partes «para poner fin a la guerra».

También amenazó a Hamás si no aceptaba el acuerdo, afirmando: «No mejorará, SOLO EMPEORARÁ».

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pidió la eliminación de Hamás en sus primeras declaraciones públicas desde el anuncio de Trump.

«No habrá Hamás. No habrá Hamastán. No vamos a volver a eso. Se acabó», afirmó.

Los supervivientes de Srebrenica establecen paralelismos con Gaza 30 años después de la masacre

Ahmed Hrustanovic es un imán de 39 años de Srebrenica, una ciudad de Bosnia-Herzegovina que se hizo tristemente famosa después de que al menos 8000 hombres y niños musulmanes bosnios fueran ejecutados sumariamente por las fuerzas serbias en julio de 1995.

En aquel momento, él tenía nueve años y vivía en un centro de acogida para desplazados cerca de la ciudad de Tuzla, tras haber sido deportado de Srebrenica en 1993 junto con su madre y su hermana.

Sin embargo, la gran mayoría de la familia de Ahmed, incluido su padre, permaneció en Srebrenica.

Recuerda el miedo que todos sintieron por sus seres queridos al conocer la noticia de que Srebrenica había caído en manos de las fuerzas serbias.

«Todos teníamos claro lo que les iba a pasar a nuestros seres queridos», declaró a Middle East Eye en la mezquita del centro de la ciudad donde trabaja.

Treinta años después de la matanza, ampliamente calificada de genocidio, Hrustanovic ve paralelismos con el ataque de Israel a Gaza, también considerado genocidio por especialistas en la materia.

«Por desgracia, somos testigos de que la comunidad internacional no existe tal y como la conocíamos, que se ponía del lado de la justicia y la democracia. La democracia ya no existe en el mundo; se ve que solo cuenta la ley del más fuerte», afirmó Hrustanovic.

Más información: Los supervivientes de Srebrenica establecen paralelismos con Gaza 30 años después de la masacre

El centro conmemorativo de Srebrenica en Potocari, Bosnia y Herzegovina (MEE/Mersiha Gadzo)

El director del Hospital Indonesia de Gaza muere junto a varios familiares

Un ataque aéreo israelí contra un apartamento en la ciudad de Gaza ha causado la muerte de Marwan al-Sultan, director del Hospital Indonesia, junto con su esposa y varios de sus hijos, según ha informado la agencia de noticias Wafa. Todos ellos fueron trasladados al hospital Al-Shifa, donde se certificó su fallecimiento.

Sultan había pasado los últimos meses pidiendo repetidamente a la comunidad internacional que garantizara la seguridad de los equipos médicos en Gaza.

En otro ataque perpetrado el miércoles, dos palestinos murieron y varios resultaron heridos cuando las fuerzas israelíes bombardearon la escuela al-Zaytoun en la ciudad de Gaza.

Hamás revisa las propuestas de alto el fuego en Gaza presentadas por los mediadores

Hamás está revisando las nuevas propuestas de alto el fuego presentadas por los mediadores, según un comunicado publicado el miércoles.

El grupo busca un acuerdo que ponga fin a la guerra y garantice la retirada total de las fuerzas israelíes de Gaza.

«Como un secuestro»: cómo la policía británica persigue a activistas pro palestinos

A las 7 de la mañana del 6 de marzo, tres hombres se presentaron en la puerta de Lujane.

Dijeron que eran de la Policía de Transportes Británica (BTP) y le pidieron que los acompañara para una entrevista sobre un vídeo en el que, varios meses antes, se la veía coreando consignas pro palestinas en el metro de Londres.

Lujane, una activista galesa que llevaba desde octubre de 2023 organizando actos de solidaridad con Palestina en Cardiff, estaba acostumbrada a ser vigilada de cerca por la policía. Pero los hombres que se presentaron en su puerta vestían de civil y no tenían ninguna orden judicial.

«Me asusté bastante, porque no parecían policías. No recuerdo que me dijeran que estaba detenida. Solo dijeron: «Tienes que venir con nosotros para una entrevista»», contó Lujane a Middle East Eye.

«Entré en pánico, porque eran tres hombres que no parecían policías. Iban vestidos de manera informal y decían que eran de la Policía de Transporte Británica.

«No me dieron ninguna oportunidad. Acabaron entrando en la casa después de que les pidiera que no lo hicieran. Y luego me dijeron: «Tienes que venir con nosotros». Y se quedaron en la puerta hasta que me vestí».

Leer más: Cómo la policía británica persigue a los activistas pro palestinos

Agentes de policía bloquean una calle durante una protesta contra el plan británico de prohibir el grupo Palestine Action, en Londres, el 23 de junio de 2025 (Reuters).

Suiza toma medidas para disolver la sucursal en Ginebra de la Fundación Humanitaria de Gaza

Suiza ha iniciado los trámites para disolver la sucursal en Ginebra de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), respaldada por Estados Unidos e Israel, alegando deficiencias legales en su constitución.

La GHF comenzó a operar a finales de mayo, tras un bloqueo total de tres meses de la Franja de Gaza por parte de las fuerzas israelíes.

La organización está registrada en el estado estadounidense de Delaware y había registrado una filial en Ginebra el 12 de febrero.

«La ESA puede ordenar la disolución de la fundación si no se presentan acreedores en el plazo legal de 30 días», declaró la Autoridad Federal de Supervisión de Fundaciones (ESA) en un aviso a los acreedores publicado el miércoles en el Boletín Oficial de Comercio de Suiza.

La ESA declaró a Reuters que la GHF no había cumplido ciertos requisitos legales, entre ellos el número correcto de miembros del consejo de administración, una dirección postal o una cuenta bancaria en Suiza.

«La GHF confirmó a la ESA que nunca había llevado a cabo actividades en Suiza… y que tiene la intención de disolver la [sucursal] registrada en Ginebra», declaró la ESA en un comunicado.

La semana pasada, las autoridades de Ginebra emitieron un aviso legal por separado a la GHF para que subsanara en un plazo de 30 días «las deficiencias en la organización» o se enfrentara a posibles medidas.

Más de 500 palestinos han muerto y alrededor de 4000 han resultado heridos por las tropas israelíes mientras intentaban acceder a alimentos y suministros de ayuda.

El martes, más de 170 ONG pidieron que se tomaran medidas inmediatas para poner fin al plan de ayuda y que se volviera a los mecanismos de coordinación de la ayuda dirigidos por las Naciones Unidas.

Los ataques israelíes matan a más de 40 palestinos en Gaza

Más de 40 palestinos han muerto en Gaza por los ataques israelíes desde el amanecer, según Al Jazeera.

El informe indica que se ha producido una expansión muy significativa de las operaciones terrestres en las ciudades y pueblos fronterizos, concretamente en Jabalia, Beit Lahiya, Beit Hanoon y la parte oriental de la ciudad de Gaza.

Los dolientes rezan durante el funeral de los palestinos muertos en un ataque israelí durante la noche contra una tienda de campaña, en el hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 2 de julio de 2025. (Reuters)

Los dolientes reaccionan durante el funeral de los palestinos muertos en un ataque israelí durante la noche contra una tienda de campaña, en el hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 2 de julio de 2025. (Reuters)

Hamás ordena la rendición del líder de una banda de Gaza y lo acusa de traición y saqueo

El Ministerio del Interior de Gaza ha ordenado hoy al líder de una banda beduina bien armada, Yasser Abu Shabab, que se entregue en un plazo de 10 días y se enfrente a un juicio, acusándolo de traición.

Hamás, que acusa a Abu Shabab de saquear camiones de ayuda de la ONU y afirma que cuenta con el respaldo de Israel, ha enviado a algunos de sus mejores combatientes para matarlo, según informaron el mes pasado a Reuters dos fuentes de Hamás y otras dos fuentes familiarizadas con la situación.

Un tribunal instó a los palestinos a informar a los responsables de seguridad de Hamás sobre el paradero de Abu Shabab, que hasta ahora ha permanecido fuera de su alcance en la zona de Rafah, en el sur de Gaza, controlada por las tropas israelíes. Su grupo no ha respondido de inmediato a la orden de entrega.

Israel ha afirmado que ha respaldado a algunos clanes de Gaza contra Hamás, pero no ha especificado cuáles.

Opinión: Los verdaderos crímenes se están cometiendo en Gaza, no en Glastonbury ni en Brize Norton

El Gobierno británico se ve sacudido por la creciente reacción pública contra la masacre perpetrada por Israel durante 21 meses en Gaza y la activa complicidad del Reino Unido en ella.

Las repercusiones llegaron a su punto álgido durante el fin de semana, cuando el grupo punk Bob Vylan lideró a la multitud de Glastonbury en un cántico: «Muerte, muerte al IDF», en referencia al ejército israelí, una actuación que fue retransmitida en directo por la BBC, que más tarde expresó su pesar por no haber cortado la emisión. A continuación, la banda irlandesa Kneecap centró la ira del público hacia el primer ministro británico, Keir Starmer, liderando a la multitud en un cántico en el que se maldecía su nombre.

Otros músicos también aprovecharon sus actuaciones para expresar su indignación por la complicidad británica en lo que la Corte Internacional de Justicia dictaminó a principios de 2024 como un genocidio «plausible».

Sus quejas están bien fundadas.

El Gobierno británico sigue suministrando piezas para los aviones de combate F-35 que lanzan bombas sobre la población de Gaza. Ha aumentado enormemente las exportaciones de armas del Reino Unido a Israel, incluso mientras afirmaba que las había reducido, y ha enviado armas estadounidenses y alemanas a través de la base de la Royal Air Force en Akrotiri, Chipre. Está llevando a cabo misiones de espionaje sobre Gaza en nombre de Israel.

Más información: Los verdaderos crímenes se están cometiendo en Gaza, no en Glastonbury ni en Brize Norton Opinión de Jonathan Cook

Una niña palestina junto a los escombros de una vivienda en Deir al-Balah, Gaza, el 1 de julio de 2025, tras los ataques israelíes de la noche anterior (Eyad Baba/AFP).

Una delegación de Hamás se reunirá con los mediadores en El Cairo

Una delegación de Hamás se reunirá con los mediadores egipcios y qataríes en El Cairo el miércoles para discutir la propuesta de alto el fuego, según informó la Associated Press, citando a un funcionario egipcio.

Informe: La actual propuesta de tregua en Gaza ofrece garantías más sólidas para poner fin a la guerra

El último borrador del acuerdo de alto el fuego, al que el ministro israelí Ron Dermer respondió positivamente a Estados Unidos, no incluye un compromiso claro de Israel para poner fin a la guerra, pero ofrece garantías sólidas al respecto, según informó una fuente israelí a Haaretz.

Según el nuevo documento propuesto, los mediadores se encargarán de garantizar que las negociaciones continúen «bajo ciertas condiciones» si no se alcanza un acuerdo durante el alto el fuego de 60 días.

«No se trata solo de la redacción», dijo la fuente.

«Es también el tono general, que permite a Hamás ver hasta qué punto los estadounidenses quieren y pueden presionar a Israel en esa dirección».

Irán se preparó para cerrar el estrecho de Ormuz, según un informe

El ejército iraní cargó minas navales en buques en el golfo Pérsico el mes pasado, en una posible maniobra destinada a prepararse para bloquear el estrecho de Ormuz tras los ataques de Israel contra objetivos en Irán, según dos funcionarios estadounidenses, informó la agencia de noticias Reuters.

Los preparativos, que no se habían dado a conocer anteriormente y fueron detectados por los servicios de inteligencia estadounidenses, se produjeron poco después de que Israel lanzara su primer ataque con misiles contra Irán el 13 de junio, según los funcionarios, que solicitaron el anonimato para hablar de asuntos de inteligencia sensibles.

La carga de las minas, que no han sido desplegadas en el estrecho, sugiere que Teherán podría haber tenido la intención de cerrar una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, una medida que habría agravado un conflicto ya en espiral y habría paralizado gravemente el comercio mundial.

Aproximadamente una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas pasan por el estrecho de Ormuz, y un bloqueo probablemente habría disparado los precios mundiales de la energía.

El ministro israelí afirma que el gabinete tiene mayoría para la tregua en Gaza y el acuerdo sobre los cautivos

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, afirmó que existe una «amplia mayoría» tanto en el gabinete como entre la población a favor de un alto el fuego y un acuerdo para garantizar la liberación de los cautivos, según Haaretz.

«Si se presenta la oportunidad, no hay que dejarla pasar», declaró Sa’ar.

Einav Zangauker, madre de un cautivo en Gaza, dijo por su parte que el primer ministro Benjamin Netanyahu le había dicho recientemente que no necesitaba el apoyo de los ministros de extrema derecha Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich para aprobar un acuerdo con Hamás.

En una publicación en X, Zangauker pidió a Netanyahu que ignorara los intentos de los ministros de impedir un posible acuerdo.

Los ataques israelíes matan al menos a 30 personas en Gaza

Más de 30 palestinos han muerto en ataques israelíes en toda Gaza desde la madrugada de hoy, según informó Al Jazeera, citando fuentes de hospitales locales.

Entre las decenas de víctimas mortales se encuentran seis personas que murieron y varias más resultaron heridas cuando las fuerzas israelíes bombardearon tiendas de campaña que albergaban a familias desplazadas en la zona de Al-Mawasi, en Jan Yunis. Otras diez personas, entre ellas niños, resultaron heridas en un ataque separado contra tiendas de campaña en la misma zona, según la agencia de noticias Wafa.

En el centro de la ciudad de Gaza, cuatro miembros de la familia Zeno, el padre Ahmed Ayyad Zeno, su esposa Ayat y sus hijas Zahra y Obaida, murieron cuando las fuerzas israelíes atacaron su casa en la calle Jaffa. La casa quedó casi completamente destruida. Los equipos de emergencia continúan buscando entre los escombros por temor a que haya más víctimas.

En Deir al-Balah, fuentes médicas informaron de que diez personas resultaron heridas cuando un dron israelí atacó una tienda de campaña cerca del hospital Al-Aqsa Martyrs. Se informó de más heridos en el barrio de Al-Karama, al noroeste de la ciudad de Gaza, tras el ataque con drones.

Las tropas israelíes ejecutaron a su padre y a su hermano. Luego se burlaron de los supervivientes.

Hambrientos, aterrorizados y hacinados en un pequeño apartamento, mientras intensos bombardeos israelíes sacudían la zona que los rodeaba.

Así es como Hadeel Saleh y su familia de nueve personas pasaron varios días en marzo de 2024 durante una violenta incursión israelí en el hospital Al-Shifa de la ciudad de Gaza y el barrio circundante.

Su calvario se vio interrumpido por la irrupción de decenas de soldados israelíes que irrumpieron en la casa sin previo aviso.

Sin dudarlo, dispararon y mataron a su padre palestino de 60 años. Cuando su hermano mayor acudió en su ayuda, también fue abatido a tiros.

Durante la incursión en el hospital, las fuerzas israelíes lo dejaron fuera de servicio y luego fueron puerta por puerta en los edificios vecinos, matando a su antojo y obligando a los supervivientes a huir.

Más información: Las tropas israelíes ejecutaron a su padre y a su hermano. Luego se burlaron de los supervivientes

Hadeel Saleh sostiene una foto de ella junto a su madre y su padre, ejecutado por las fuerzas israelíes en marzo de 2024 (MEE/Mohammad al-Hajjar)

Irán anuncia la suspensión de la cooperación con el OIEA

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha anunciado la suspensión de la cooperación de Teherán con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), según la cadena oficial Press TV y la agencia de noticias Mehr.

La agencia semioficial Tasnim informó de que el presidente ha firmado una ley que obliga al Gobierno a romper relaciones con el OIEA.

Actualización matutina

Buenos días, lectores de Middle East Eye:

Aquí tienen las últimas noticias sobre la guerra de Israel en Gaza y los acontecimientos en la Cisjordania ocupada:

  • El hijo del médico detenido Hussam Abu Safia afirma que su padre ha perdido 30 kg y se encuentra «en estado crítico», además de haber sido privado de medicación en la cárcel israelí.
  • Los 107 empleados, junto con 300 figuras de la industria de los medios de comunicación, han publicado una carta en Deadline dirigida a la dirección de la BBC, en la que acusan a la cadena de «censura» en lo que respecta a Israel y de «hacer relaciones públicas para el Gobierno y el ejército israelíes».
  • Las autoridades israelíes han amenazado con que «todo se convertirá en polvo» en la ciudad de Gaza y en los campamentos del centro si no avanzan pronto las negociaciones sobre un alto el fuego y un acuerdo de intercambio de prisioneros, según el medio de comunicación estadounidense Axios.
  • Al menos 600 personas han muerto y más de 4278 han resultado heridas en las instalaciones de la Fundación Humanitaria de Gaza desde que el grupo comenzó sus operaciones a finales de mayo, según el Ministerio de Salud palestino en Gaza.
  • Las fuerzas israelíes han atacado la ciudad de Jan Yunis, así como la denominada zona humanitaria de Al-Mawasi, matando al menos a seis personas, según Al Jazeera, que cita fuentes del Complejo Médico Nasser.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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