Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. La guerra en Gaza y el declive estadounidense.
2. BSW contra el establishment (observación de Joaquín Miras)
3. Las guerras campesinas en Alemania.
4. El primer ministro eslovaco y la guerra en Ucrania.
5. Discrepancias en el campo sionista (observación de José Luis Martín Ramos)
6. Entrevista a Francesca Albanese.
7. Craig Murray vuelve sobre el caso ante la CPI.
8. Entrevista a Giacché sobre Hegel.
1. La guerra en Gaza y el declive estadounidense
En el Tricontinental han preparado un dossier muy potente sobre lo que denominan Hiperimperialismo. No os lo paso porque está en inglés, pero muy pronto lo traducirán al español. Mientras tanto, otra muestra del declive estadounidense en relación con la guerra de Gaza.
Cómo afecta Gaza al enfrentamiento entre grandes potencias
Mientras que la multipolaridad liderada por China ha acelerado el declive de la era estadounidense, la guerra de Gaza puede acabar con ella por completo.
Mohamad Hasan Sweidan 24 ENE 2024
Lo que está ocurriendo hoy en Asia Occidental -la guerra de Gaza y su expansión regional- no puede considerarse al margen de las transformaciones internacionales que han cobrado impulso en los últimos años. En la actualidad, la transición hacia la multipolaridad es el factor subyacente que determina las decisiones y políticas de la mayoría de los países, en particular las de las grandes potencias.
El momento del devastador asalto militar israelí a Gaza coincide con una mayor atención de EE.UU. a su competencia entre grandes potencias Para Washington, este conflicto tiene un significado geopolítico mucho más amplio que el de Asia Occidental. En este contexto, Estados Unidos ha asumido, y seguirá asumiendo, un papel central en Gaza y sus alrededores, a diferencia de sus poderosos homólogos de China y Rusia.
Según las estadísticas publicadas por la Sociedad China de Estudios de Derechos Humanos, Estados Unidos inició 201 de los 248 conflictos armados que tuvieron lugar desde el final de la Segunda Guerra Mundial, a menudo participando en estas guerras a través de alianzas y/o apoderados dirigidos por Estados Unidos
Las guerras más destacadas dirigidas o apoyadas por Estados Unidos en Asia Occidental desde 1990…
Durante décadas, Washington ha dirigido estos conflictos formando, liderando y dirigiendo muy hábilmente amplias alianzas para lograr sus objetivos políticos y militares. Pero esa capacidad cambió notablemente en diciembre de 2023, señalando un brusco declive de esta capacidad.
En respuesta al bloqueo por parte de las fuerzas armadas yemeníes alineadas con Ansarallah de los buques vinculados a Israel en el Mar Rojo, el Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció la formación de la «Operación Guardián de la Prosperidad… para defender el principio fundacional de la libertad de navegación» en esas aguas, formada inicialmente por una coalición de diez países, la mayoría de ellos socios insignificantes.
¿Proteger a Israel o mantener el dominio marítimo?
La coalición se mostró inestable desde el principio, y sólo Estados Unidos y Gran Bretaña participaron activamente en los ataques militares contra Yemen. La reticencia de Francia, España e Italia, países europeos clave, a unirse a la alianza naval indicaba un creciente escepticismo entre los socios tradicionales de Estados Unidos -tanto occidentales como de Asia Occidental- sobre el compromiso y la capacidad de Washington para defender a sus aliados de forma impactante.
Curiosamente, más de ocho países más se unieron a la coalición, pero exigieron el anonimato, dadas las posibles consecuencias políticas de asociarse con Washington y Tel Aviv.
Resulta crucial que el objetivo declarado del Pentágono de proteger la navegación en el Mar Rojo no se corresponda con la amenaza real, lo que revela los motivos ocultos que se esconden tras las acciones de Estados Unidos. Los yemeníes han confirmado en repetidas ocasiones que sólo pretenden impedir el paso de los buques de propiedad israelí o destinados a Israel, y que todos los demás buques son libres de pasar.
En resumen, la coalición liderada por Estados Unidos y el Reino Unido está actuando como un brazo naval de las fuerzas militares israelíes, tratando específicamente de garantizar el acceso sin trabas de los buques que se dirigen a los puertos israelíes a través del estrecho de Bab al-Mandab. No es una postura que muchos otros Estados apoyen si quieren mantener la libertad de transporte para sus propios buques.
En última instancia, la demostración de fuerza estadounidense en estas vías fluviales pretende consolidar el dominio naval de Estados Unidos, que Yemen, país devastado por la guerra y el más pobre de Asia Occidental, ha impugnado.
Como se señala en la Estrategia de Seguridad Nacional para 2022:
EEUU «no permitirá que potencias extranjeras o regionales pongan en peligro la libertad de navegación a través de las vías navegables de Oriente Medio (Asia Occidental), incluidos el estrecho de Ormuz y el Bab al Mandab, ni tolerará los esfuerzos de ningún país por dominar a otro -o a la región- mediante acumulaciones militares, incursiones o amenazas.»
Según informaciones aparecidas en los medios de comunicación tras los masivos ataques aéreos estadounidenses contra objetivos iraquíes el 23 de enero, las facciones de la resistencia iraquí seguirán ahora también el ejemplo de Yemen aplicando un bloqueo a los puertos israelíes del mar Mediterráneo.
Los acontecimientos actuales están escapando al control de Washington, a medida que los espectadores cuestionan cada vez más la utilidad y competencia del liderazgo naval estadounidense en las importantes vías fluviales del mundo. Asimismo, se reconoce que han surgido otras fuerzas y Estados formidables que desafían el control estadounidense sobre los principales estrechos mundiales. En palabras del político y escritor británico Walter Raleigh, «Quien domina los mares domina el mundo». Bajo la vigilancia de Sanaa, Estados Unidos ya no puede reclamar el dominio del Mar Rojo ni siquiera de sus vías fluviales adyacentes.
Competencia entre grandes potencias en medio de la guerra de Gaza
El escenario actual en Asia Occidental, en particular tras el Diluvio de Al-Aqsa y la guerra de Gaza que le siguió, coincide con un cambio en el enfoque de Washington hacia la competencia con China y su guerra por poderes contra Rusia en Ucrania. Como se señaló en la evaluación anual de amenazas de la comunidad de inteligencia estadounidense el año pasado, esta transición ya ha afectado a los objetivos estratégicos, provocando un fuerte descenso del apoyo occidental, especialmente de Estados Unidos, a Ucrania. La administración Biden se enfrentó a dificultades para conseguir la aprobación del Congreso de un nuevo paquete de ayuda para Kiev, que competía directamente por dólares con la campaña militar de Tel Aviv en Gaza.
Ayuda pagada a Ucrania en 2023 en virtud de los poderes presidenciales de retirada…
A pesar de las garantías ofrecidas por los líderes occidentales durante sus visitas a Ucrania en octubre, sus declaraciones se produjeron sin un apoyo material tangible, dejando al presidente Volodymyr Zelensky en la proverbial polvareda. De forma bastante inesperada, China ha surgido como posible pacificador en este conflicto europeo, con Kiev solicitando abiertamente la participación de Pekín en las conversaciones de mediación, y los propios Estados Unidos abiertos a la mediación china para mitigar la escalada en Asia Occidental.
Los chinos son muy conscientes de que Estados Unidos no tiene salidas sencillas para salvar la cara de la guerra de Gaza que ha promovido y de que la metamorfosis del conflicto en un conflicto regional hunde aún más a Estados Unidos en Asia Occidental, y lo aleja de Asia-Pacífico.
Aunque China pretende aumentar su presencia en Asia Occidental, tiene mucho cuidado de no empantanarse en los numerosos problemas de la región. Pero la petición de Washington de que Pekín utilice su influencia para apartar a Irán de la escalada del conflicto deja claro que Estados Unidos ya no es «la mayor potencia» de la región.
Por qué Israel se opone a la multipolaridad
Tras la Operación Al-Aqsa Flood, el apoyo financiero y militar estadounidense a Israel ha alcanzado una fase crítica, lo que presenta dos opciones para Washington. La primera consiste en imponer cierto control sobre las acciones israelíes, dado que el calendario de la guerra ha sido desfavorable para los intereses estratégicos estadounidenses, especialmente en un año electoral crítico. La segunda opción, favorecida por la élite de Washington, consiste en mantener su apoyo inquebrantable a Tel Aviv, aun a riesgo de dañar su imagen global.
La constante indignación mundial por la guerra de Gaza, unida al histórico caso de genocidio presentado contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), demuestra que la capacidad de Washington para encubrir a Israel está disminuyendo rápidamente. Una vez más, esto refleja el cambio global en el equilibrio de poder hacia la multipolaridad, que se caracteriza por el declive generalizado de la influencia estadounidense.
Pero el apoyo estadounidense al genocidio de Gaza también ha tenido repercusiones internas dramáticas. Las encuestas muestran un cambio importante en las actitudes de los jóvenes estadounidenses, especialmente los universitarios, que formarán las filas de los futuros líderes de Estados Unidos.
Una encuesta de Harvard-Harris publicada el 17 de enero revela que el 46% de los encuestados de entre 18 y 24 años cree que las acciones de Hamás del 7 de octubre pueden justificarse por la injusticia a la que están sometidos los palestinos. La misma encuesta muestra que el 43 por ciento del mismo grupo apoya a Hamás en esta guerra, y que el 57 por ciento cree que Israel está llevando a cabo masacres en Gaza. Sin embargo, el resultado más asombroso de todos los sondeos tiene que ser el de diciembre (realizado por los mismos encuestadores) en el que el 51 por ciento de los jóvenes estadounidenses cree que una solución final al conflicto palestino-israelí es que Israel termine y se entregue a Hamás y a los palestinos.
Aunque Israel sigue siendo un interés directo de Estados Unidos en Asia Occidental, el compromiso de Washington con la seguridad de Tel Aviv se ha convertido ya en una carga creciente y cada vez más difícil de justificar. A medida que el Eje de Resistencia de la región amplía su batalla contra Israel en nuevos y múltiples frentes, Estados Unidos tendrá que reasignar unos recursos cada vez mayores y centrarse en igualar a sus rivales internacionales en geografías más alejadas.
Ucrania fue un ensayo en comparación con esta guerra de Gaza y el inmenso coste directo que está teniendo en las alianzas de Estados Unidos, la política nacional y la imagen de Estados Unidos en todo el mundo. Para Israel, esto supone una crisis existencial sin medida, ya que Washington se ve obligado a competir con otras grandes potencias, ninguna de las cuales está ideológicamente impulsada a apoyar el sionismo como parte de su política exterior.
2. BSW contra el establishment
Es raro para tratarse de Jacobin, quizá sea porque es en su versión española, pero han publicado un artículo más bien elogioso sobre Sarah Wagenknecht. El otro día, por cierto, publicaban una encuesta sobre las próximas elecciones en Turingia -donde ahora gobierna Die Linke-, y este era el resultado: https://twitter.com/FWarweg/
Falta mucho para las elecciones, así que veremos cómo evoluciona. De momento, parece que allí el crecimiento de BSW no supone una merma significativa de Die Linke, mientras la actual coalición está al borde de la desaparición en ese land.
El partido de Sahra Wagenknecht es una amenaza para la derecha alemana
Sebastian Friedrich e Ingar Solty
Traducción: Florencia Oroz
Sarah Wagenknecht, exdirigente de la izquierda alemana Die Linke, ha fundado un nuevo partido. Afirma que es la voz de las clases medias y trabajadoras ignoradas, pero su verdadero objetivo es ganarse a los alemanes que se han pasado a la extrema derecha.
El inicio de 2024 trajo más incertidumbre al panorama político de la izquierda alemana. Por estos días resulta casi imposible predecir cómo será el panorama político del país en los próximos doce meses. El año que comienza será testigo de las elecciones europeas en junio y de varias contiendas decisivas en los estados orientales de Turingia, Sajonia y Brandeburgo en otoño. Buena parte de la incertidumbre se debe a la antigua referente de Die Linke, Sarah Wagenknecht, y a su intento de crear un nuevo partido, que aspira a entrar en los cuatro comicios.
Según las encuestas, su autodenominada Alianza Sarah Wagenknecht (BSW) podría recibir más del 10% de los votos, e incluso más del 20% en el antiguo Este. Las investigaciones sugieren que atrae a votantes de todos los partidos y que probablemente sea capaz también de movilizar a quienes actualmente prefieren no votar. Pero, sobre todo, la novel BSW pretende ser un imán para quienes recientemente optaron por la Alternative für Deutschland (AfD), un partido antinmigración de extrema derecha.
Por supuesto, las encuestas no sustituyen a los resultados electorales reales, y las cifras de los sondeos no son explicaciones en sí mismas. Para entender por qué el nuevo partido de Wagenknecht podría perjudicar a la derecha, es necesario un análisis más profundo de la situación política. El actual momento llamado «populista» en Alemania, que llega más tarde que en otros países europeos, se caracteriza por la superposición de tres acontecimientos principales: una crisis económica, una crisis política y una creciente desconfianza en los partidos tradicionales por parte de importantes sectores de la población. Hace quince años, por ejemplo, hubo precisamente este tipo de turbulencias políticas en algunos países del sur de Europa a raíz de la crisis de la eurozona.
La crisis política de Alemania, y la creciente desconfianza de la población en la última década, se han diagnosticado a menudo con términos como «desencanto» y «posdemocracia». Recientemente, los índices de aprobación del «gobierno de la coalición del semáforo» (llamado así por el rojo del Partido Socialdemócrata de Olaf Scholz, el amarillo de los uber-neoliberales Demócratas Libres y los Verdes) han caído a mínimos históricos. Sin embargo, las encuestas también muestran que hay poca fe en que los Demócrata-Cristianos —que continúan siendo el mayor partido de la oposición— puedan ofrecer mejores alternativas. La crisis del sistema de partidos se está agravando, mientras aumentan las actitudes contrarias al establishment.
La crisis económica, que acaba de estallar tras años de relativa estabilidad, es otro factor que contribuye a la creciente crisis política. Como consecuencia de la guerra, las sanciones y las contrasanciones, así como debido a las secuelas de la pandemia, amplios sectores de la población están sufriendo un empobrecimiento progresivo. En 2022, los salarios reales ajustados a la inflación cayeron un 4,1%. Incluso entre los trabajadores bien pagos cunde el miedo a la desindustrialización, la pérdida de empleo y el declive social.
¿Contra el establishment?
Hasta ahora, esta desafección ha beneficiado sobre todo a la ultraderechista AfD, cuyo apoyo se ha más que duplicado desde el verano de 2022. Su éxito actual también se debe al hecho de que a menudo ha aparecido como la única oposición o la más coherente en crisis recientes: en la «crisis de los refugiados» aprovechó el miedo al declive social dirigiéndose a los inmigrantes; durante la pandemia reunió el descontento contra el bloqueo y explotó la política, a menudo acalorada, en torno a la vacunación obligatoria; y hoy, ante la guerra en Ucrania, se presenta como un «partido de paz» que se pronuncia contra el suministro de armas a Kiev y a favor de las negociaciones. Aunque sus políticas económicas y fiscales antibelicistas y de recorte presupuestario beneficiarían principalmente al capital, la AfD utiliza una y otra vez su retórica de guerra cultural para hacerse ver como una fuerza antiestablishment.
De este modo, el momento de crisis se ha caracterizado por un claro giro derechista. Y, de hecho, cuanto más se convierte la AfD en el blanco de todas las advertencias de los demás partidos contra el «populismo», más eficazmente explota este papel en su propio beneficio. Si el establishment y, sobre todo, la coalición gobernante del «semáforo» están en contra de la AfD, entonces para muchos ciudadanos que ven la política imperante como dirigida contra ellos, la AfD parece que debe estar de su lado. Muchas personas que se sienten impotentes ante el capitalismo y el sistema político imperante perciben cierto empoderamiento cuando votan a un partido al que los medios de comunicación y el establishment político temen tanto como temían a Die Linke, la izquierda radical, a finales de la década de 2000.
El problema para Die Linke es que, en los dieciséis años transcurridos desde su fundación oficial en 2007, ha sido incapaz de capitalizar eficazmente las diversas crisis económicas y políticas de Alemania. Aunque su programa es con mucho el más crítico con el sistema y su estrategia electoral se basa en la política de clases, a menudo se percibe solo como una versión ligeramente más izquierdista de los Verdes y los Socialdemócratas. Muchos votantes ven ahora a Die Linke como parte del establishment, posiblemente porque actuó con demasiada timidez y adoptó una línea excesivamente progubernamental durante el punto álgido de las crisis anteriores.
Se piense lo que se piense de Wagenknecht, hay que reconocer que esta timidez no se aplica a su persona, que se ha preocupado por presentarse sistemáticamente como una populista antiestablishment. Sin embargo, paradójicamente, ningún otro político de Die Linke (anterior o actual) forma parte tan firmemente de la élite mediática como ella. No es una contradicción tan fundamental como parece a primera vista. Su agudeza de ingenio y su alto perfil público no son las únicas razones por las que es una buena invitada en la pequeña pantalla. También es que su intensidad y su afición a la exageración hacen que los programas de entrevistas sean más entretenidos y contribuyen a aumentar la audiencia.
Wagenknecht da la impresión de ser auténtica, y es una voz inflexible en los debates sobre política migratoria, la pandemia y la guerra de Ucrania. Esta puede ser también una de las razones por las que, a pesar de su actual compromiso con la «pequeña empresa», cortejando a la economía ordoliberal, sigue siendo muy apreciada por algunos miembros de la izquierda de Die Linke. Los admiradores de Wagenknecht no se limitan a los descontentos con el partido de izquierdas, pues la opinión pública está cansada de los políticos que son meros portavoces de partido y siempre adora a los inconformistas que se han hecho un nombre yendo contra la corriente dominante de sus propios partidos: desde Heiner Geißler, el democristiano crítico con el capitalismo, hasta Wolfgang Kubicki, a quien le gusta presentarse como un rebelde dentro de las filas de la Democracia Libre.
Guerra cultural o política de clases
Alemania está atrapada en una polarización tóxica entre un establishment gubernamental aparentemente «progresista» y una alternativa radical de derechas, con los democristianos —atraídos magnéticamente por el polo de derechas— oscilando entre ambos. El partido de Wagenknecht tiene el potencial de escapar a esta dinámica. De resultar exitoso su intento, podría formarse en torno a Wagenknecht un proyecto populista difuso, que no puede clasificarse claramente como perteneciente a la izquierda o a la derecha del espectro partidista. Incluso podría tratarse de un proyecto de partido con un enfoque estructuralmente de izquierdas, que encontraría su lugar en el vacío existente en el sistema de partidos para una fuerza política centrada en políticas distributivas.
Sin embargo, existe un grave peligro de que Wagenknecht priorice ganarse al nada despreciable número de votantes de la derecha apoyándose en una retórica nacionalista, antimigración y de guerra cultural. Que BSW pueda convertirse en un proyecto de izquierdas dependerá de hasta qué punto se oigan las voces sindicales en el nuevo partido. Para conseguirlo, Wagenknecht tendrá que resolver la evidente contradicción entre estar a favor de salarios más altos, la negociación colectiva y las pensiones, y su énfasis ya habitual en mejorar las condiciones de las pequeñas y medianas empresas. La cuestión es si al final está dispuesta a manifestarse claramente a favor de los trabajadores, aunque eso signifique malas noticias para los pequeños capitalistas. O si la afluencia de activistas de izquierdas a BSW la obligará a hacerlo, en contra de su propia voluntad, pero como el precio que paga por tener una base de afiliados políticamente experimentada.
El ala izquierda del Partido Socialdemócrata, Die Linke, y la izquierda socialista en su conjunto podrían beneficiarse si se lograra desarrollar un movimiento esencialmente clasista en torno al proyecto de partido de BSW. El escenario ideal sería un partido que hiciera campaña por la renovación necesaria y que se opusiera a la «falta de imaginación del establishment», como lo describió acertadamente en una ocasión el historiador y politólogo Hans-Jürgen Puhle. Pero precisamente por el hecho de que Wagenknecht suena conservadora en términos de política social e intenta claramente evitar ser percibida como izquierdista, representa una mayor amenaza electoral para la derecha que para la izquierda. Las encuestas sugieren que Die Linke apenas perdería votos frente a BSW, ya que sus entornos de votantes son demasiado diferentes.
Muchas de las declaraciones de Wagenknecht son difíciles de digerir, ya que toma notas del libro de jugadas de la AfD y alimenta el resentimiento contra los inmigrantes. Sin embargo, un nuevo partido con ella al timón podría tener un impacto significativo en el actual momento populista alemán, en tanto el ascenso de la AfD podría ralentizarse e incluso detenerse. El debate, así, podría volver de las líneas divisorias culturales a las cuestiones socioeconómicas estructurales en las que la izquierda es más fuerte y en las que la inacción del establishment está preparando el terreno para el fascismo. Cumplir una función antifascista de este tipo no sería la única paradoja del contradictorio proyecto de Wagenknecht.
- Sebastian Friedrich e Ingar Solty
Sebastian Friedrich es un escritor y periodista residente en Hamburgo. / Ingar Solty es investigadora principal sobre política exterior, paz y seguridad en el Instituto de Análisis Social Crítico de la Fundación Rosa Luxemburg de Berlín.
Observación de Joaquín Miras:
Es digamos curioso, que se señale ambigüedad política como característica de esta señora quienes tienen un gobierno con los ultraliberales, unos ecologistas verdes de odio belicista y una socialdemocracia que es puro partido demócrata USA, un gobierno al que solo le falta poner un Puigdemont en su vida.
3. Las guerras campesinas en Alemania
A pesar del engelsiano título, la cólera campesina no se limita a Alemania, sino que se extiende por toda Europa -con la excepción por el momento de España-, y los artículos que os voy a pasar hacen referencia a Francia -no hablo alemán :-)-. Los paso como ejemplo porque creo que los problemas son comunes. Y uno de ellos está directamente relacionado con la transición energética: la subida de los precios del gasóleo agrícola y la disminución de las subvenciones. Pero el problema es de más amplio calado y consiste, fundamentalmente, en que las pequeñas propiedades agrícolas son insostenibles en Europa, y sufren un proceso imparable de concentración en manos del agrobusiness. Ante este panorama, una de las salidas es una «huida hacia adelante» exigiendo combustible barato y criticando las leyes medioambientales y trámites burocráticos que «coartan» su sistema de producción. Por eso os paso un primer artículo en el que se expone este elemento de crítica a la «ecología» como chivo expiatorio de sus problemas. El segundo, una entrevista a un líder campesino francés, plantea los problemas reales que sufren hoy, y es que no ganan suficiente para vivir. https://reporterre.net/L-
La ecología, chivo expiatorio de la cólera de los agricultores
Entre las quejas de los agricultores enfadados, se señalan las «limitaciones medioambientales». ¿Y si la ecología no fuera más que un chivo expiatorio, para evitar abordar las verdaderas causas de las angustias agrícolas?
Esta es la gota que colma el vaso. Desde hace dos meses, los agricultores están en pie de guerra contra el fin de la ventaja fiscal sobre el gasóleo utilizado para su maquinaria. Mientras tanto, las manifestaciones y los bloqueos se han multiplicado y la lista de reivindicaciones ha crecido. «Hay un hartazgo general», explica a France 2 Arnaud Gaillot, Presidente de los Jóvenes Agricultores. Entre las reivindicaciones, se señalan regularmente las «limitaciones medioambientales».
Por ello, las instituciones vinculadas a las políticas ecológicas han sido blanco de las protestas: explosión en la Dirección Regional de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Vivienda (Dreal) de Carcasona, vertido de estiércol y neumáticos frente a la Agencia del Agua de Toulouse, etc. Los agricultores atacan símbolos del Estado, y también han bloqueado las Direcciones Territoriales Departamentales», observa Aurélie Trouvé, diputada rebelde por Seine-Saint-Denis e ingeniera agrónoma. Es normal: les imponemos normas sin protegerles».
Para todos los militantes ecologistas y agricultores que entrevistamos, no hay que andarse con rodeos: la principal causa de angustia agrícola no es la transición ecológica, sino la falta de ingresos. No nos sorprende lo que está pasando», afirma Laurence Marandola, portavoz de la Confédération paysanne. El denominador común de todas estas protestas, la reivindicación que no cesa de surgir, es la de la remuneración. Si tuviéramos precios de venta que nos permitieran vivir, estaríamos en mejores condiciones para hacer frente a los caprichos del tiempo y a las diversas crisis sanitarias».
«No se denuncian tanto las normas medioambientales o sanitarias como la sensación de que cada vez hay más normas, aunque los agricultores no puedan vivir de su trabajo», añade Aurélie Trouvé. En otras palabras, dice la diputada, «les pedimos que trabajen más, pero no les protegemos de las importaciones de productos que no cumplen estas normas, y no les garantizamos precios que les permitan ganarse la vida decentemente y embarcarse en la bifurcación ecológica». El pasado otoño, el Gobierno se negó a financiar la agroecología y rechazó los 600 millones de euros de ayuda adicional solicitados para apoyar la agricultura ecológica.
Los agricultores ya no pueden más, y por eso este movimiento es tan fuerte y espontáneo, que incluso va más allá de los sindicatos», afirma Benoît Biteau, eurodiputado de Los Verdes. Es una cuestión de supervivencia». Para el elegido, «mucha gente tiene la impresión de que hacen lo que se les pide y que no pueden salir adelante. Salvo que lo que se les pidió que hicieran no era lo correcto». ¿Era necesario industrializar las explotaciones para ser competitivos en el mercado mundial? ¿Debían ser cada vez más grandes?
La misma observación, no el mismo análisis
Para decirlo claramente, los ecologistas y los agricultores enfadados comparten el mismo diagnóstico de malestar social y económico… pero no tienen el mismo análisis. Comparto su angustia y creo que sus reivindicaciones son legítimas, pero no identifican a los culpables», afirma el eurodiputado. Los Verdes no votamos a favor de la PAC [Política Agrícola Común], que sólo beneficia a unos pocos, y no votamos a favor de los acuerdos de libre comercio que desregulan los precios».
También señala un abismo cada vez mayor entre los agricultores que se movilizan y las direcciones nacionales de los sindicatos agrícolas mayoritarios: «Lo que denuncian los agricultores son las consecuencias de las políticas de los sucesivos gobiernos, con los que la FNSEA siempre ha estado asociada». Esta opinión es compartida por Véronique Marchesseau, Secretaria General de la Confédération paysanne: «Los dirigentes sindicales de la FNSEA, de la JA y de la Coordination rurale tergiversan las verdaderas razones de nuestras dificultades», señala. Para no poner en tela de juicio el sistema económico productivista y ultraliberal que defienden estos sindicatos, han buscado otras razones a las que culpar. La ecología se ha convertido así en el chivo expiatorio perfecto.
«Una huida hacia delante»
Y ahí radica la paradoja. Frente a las crecientes dificultades -sanitarias, económicas, climáticas- a las que se enfrentan quienes se dedican a la agricultura, «una parte del mundo agrícola se precipita con soluciones técnicas, neoliberales y a corto plazo», afirma Benoît Biteau, citando el ejemplo de las megabassines. En su opinión, se trata de «falsas soluciones» que no harán sino agravar el problema.
Por ello, los representantes electos y los activistas agrarios intentan esbozar otra salida, que no rime con «menos ecología». Las normas bien construidas son medidas de protección contra el mercado», insiste Laurence Marandola. Protegen la salud de agricultores y consumidores, y preservan el suelo y el agua, que son nuestros factores de producción». Por ello, la Confédération paysanne presiona al ejecutivo para que ataje «las verdaderas causas del problema: enfrentar a los agricultores entre sí».
Más regulación, un salario mínimo…
Para calmar la cólera de los agricultores, el sindicato minoritario tiene sus propias soluciones. El gobierno debe detener las negociaciones sobre los acuerdos de libre comercio y anular los firmados anteriormente», explica Laurence Marandola. También hay que prohibir la venta de nuestros productos por debajo del precio de coste. Lo mismo opina el colectivo Nourrir: «Mejorar las prestaciones sociales mínimas y las pensiones, facilitar las vacaciones y el acceso a la vivienda… todo esto puede parecer alejado de la ecología», afirma Clotilde Bato, copresidenta de la red. Pero necesitamos garantizar el bienestar social para que los agricultores puedan cuidar el clima y la tierra».
Más regulación, mejores salarios, incluso «un salario mínimo garantizado»… son medidas defendidas por los partidos ecologistas de izquierdas. «La izquierda debe estar codo con codo con los agricultores, frente a la Europa neoliberal, la Macronie y las industrias agroalimentarias», subraya también Aurélie Trouvé, estableciendo un paralelismo con los Chalecos Amarillos. Todo ello es compatible con nuestras reivindicaciones ecologistas.»
«La remuneración del trabajo de los agricultores está en el centro de la indignación».
Laurence Marandola, portavoz de la Confédération paysanne, hace un repaso de las numerosas reivindicaciones del mundo agrícola en Francia y en Europa. En su opinión, hay que denunciar claramente el ultraliberalismo y las políticas públicas en vigor.
Vanina Delmas – 24 de enero de 2024
La queja se ha convertido en cólera. Desde hace varias semanas, los agricultores se amotinan en varios países europeos: Países Bajos, Rumanía, Polonia, Reino Unido, Alemania, etc. En Francia, empezaron a aparecer en otoño pequeños gestos de «hartazgo»: los carteles de entrada a muchas ciudades se pusieron del revés para mostrar que, para el mundo agrícola, «andamos de cabeza». Esta iniciativa para crear expectación sin estorbar fue lanzada por la Fédération départementale des syndicats d’exploitants agricoles (FDSEA) y los Jeunes Agriculteurs (JA) del departamento del Tarn, y desde entonces se ha extendido por todo el campo.
La movilización se intensificó a mediados de enero, sobre todo en la región de Occitanie, donde cientos de tractores y camiones bloquearon la autopista A64. La FNSEA ha anunciado acciones en cerca de 85 departamentos de aquí a finales de esta semana. Las razones de su cólera son múltiples y complejas: el aumento progresivo de la fiscalidad sobre el gasóleo no de carretera, el alza de los costes de producción, la competencia de las importaciones ucranianas, el peso de los trámites administrativos, etc. Y para algunos, las nuevas normas de protección del medio ambiente se añaden a las dificultades de su vida cotidiana.
Además, durante las protestas se han tomado como objetivo edificios relacionados con las políticas ecológicas, como la Direction régionale de l’environnement, de l’aménagement et du logement (Dreal) de Carcasona, que fue volada. En las paredes se encontraron etiquetas en las que se leía «CAV» (Comité d’action viticole). Para Laurence Marandola, portavoz del sindicato Confédération paysanne, la movilización masiva para exigir unos ingresos decentes y dignos es legítima. Pero denuncia los intentos de desviar la atención de las causas de las dificultades de los agricultores para denigrar la transición ecológica del mundo agrícola.
¿Por qué ha estallado hoy la cólera de los agricultores?
Laurence Marandola : Esta cólera es pública desde hace unos días, pero no es una sorpresa. Se veía venir desde hace meses. Aunque hay muchas reivindicaciones muy diferentes (problemas sanitarios con la enfermedad hemorrágica epizoótica que afecta a las explotaciones ganaderas, la gripe aviar, las consecuencias de las tormentas, las normas, etc.), hay un denominador común: la cuestión de los ingresos y la remuneración del trabajo que realizan los agricultores. En efecto, nos encontramos en un contexto mundial marcado por las crisis, las dificultades medioambientales y geopolíticas, pero sobre todo las dificultades económicas que están generando desigualdades.
Décadas de ultraliberalización de la agricultura y la alimentación han debilitado la protección comercial y la regulación de los mercados. Cada vez, el trabajo de los agricultores y el precio de sus productos se han convertido en la variable de ajuste: ¡200 explotaciones desaparecen cada semana en Francia! Detrás de esta cifra hay hombres y mujeres que han trabajado duro toda su vida y ahora se ven condenados a abandonar. Estas políticas ultraliberales son cada vez peores y les dejan cada vez más expuestos a una competencia feroz. Cada mañana, los agricultores de nuestro país se expanden y se apoderan de la explotación de su vecino. Era casi una conclusión inevitable que esto ocurriría tarde o temprano, en Francia, en Europa y probablemente en todo el mundo.
¿La Confédération paysanne apoya plenamente el movimiento campesino?
Apoyamos plenamente la cólera de los agricultores y condenamos sus dificultades. Pero también creemos que hay que mirar las cosas a la cara con mucha valentía y dejar claro que son las políticas económicas las que nos han llevado a esta situación, ya sea el ultraliberalismo o las políticas públicas agrícolas, que han fomentado en gran medida las desigualdades dentro del mundo agrícola. La PAC apoya fuertemente a ciertos sectores y a un tipo específico de agricultura, mientras que abandona completamente a otros. Por ejemplo, el sector de las frutas y hortalizas no recibe ningún apoyo de los poderes públicos, a pesar de ser muy vulnerable a los caprichos del tiempo y de no estar protegido de las reglas de la competencia con importaciones masivas europeas.
Todas estas políticas han sido aplicadas por los sucesivos gobiernos franceses, en gran medida también por la Unión Europea, y en estrecha connivencia con el sindicato mayoritario, la FNSEA. Para corregir esta situación, es necesario cambiar por completo nuestra visión de la agricultura y decidirnos por fin a proteger la agricultura, lo que significa tomar medidas para proteger el trabajo de nuestros agricultores y el de los de terceros países, en lugar de replegarnos sobre nosotros mismos, como preconiza la extrema derecha.
La Confédération paysanne ha sido recibida por Matignon y el Ministerio de Agricultura. ¿Cuáles son sus reivindicaciones?
En primer lugar, el cese total de las negociaciones de acuerdos de libre comercio: el que aún se está negociando, Mercosur, pero también la anulación de los que acaban de firmarse, en particular el de Nueva Zelanda, y no ratificar el Ceta entre la UE y Canadá. Esto mostraría una verdadera determinación europea de dejar de fomentar la competencia y de aplastar la competitividad de los agricultores de todos los países. En segundo lugar, pedimos que se consagre por ley la prohibición de comprar por debajo del precio de coste. El precio de coste representa los costes de producción y el precio de la energía -que han subido mucho-, pero también debe tener en cuenta la remuneración de nuestro trabajo.
Hay que ponerlo negro sobre blanco, como lo demuestran hoy la incapacidad del gobierno para hacer respetar los precios mínimos y los fracasos de las leyes Egalim. Nuestro tercer punto se refiere a las normas. Existe una confusión entre la simplificación administrativa y la abolición de las normas. Simplificar el control y la gestión de las normas es esencial. Pero las normas también garantizan la protección de nuestra salud, del suelo y del agua, así como la protección social. Menos normas no significa necesariamente más ingresos. Rechazamos la retórica simplista y populista que intenta hacer creer que con menos normas todo irá mejor.
Sin embargo, las primeras voces se alzaron contra las normas medioambientales francesas y europeas (el Pacto Verde Europeo, las zonas de barbecho obligatorias, los problemas de irrigación). ¿Cómo salir de esta oposición perniciosa entre agricultura y protección del medio ambiente?
Para nosotros, este argumento es una forma de instrumentalización. Creo que la FNSEA ha querido movilizar a la gente en torno a la cuestión de las normas y el rechazo de las limitaciones medioambientales. Soy agricultor en la región de Ariège, y veo lo que pasa allí: ¡la gente con tractores habla mucho de sus ingresos! Así que no es exactamente el mismo discurso que el del jefe de la FNSEA. No se puede decir simplemente: «Primero asegurémonos de que tenemos buenos ingresos, y luego introduciremos normas». En nuestra opinión, necesitamos normas e ingresos adecuados al mismo tiempo.
Si tuviéramos precios decentes, estoy seguro de que la mayoría de los agricultores estarían encantados de hacer la transición ecológica, siempre que tuvieran ayudas. Lo hemos visto recientemente con las medidas agroambientales y climáticas. Un compromiso masivo en la primavera de 2023 para suscribir estas medidas, para hacer estas transiciones con apoyo. Y los que no estaban eran el gobierno y el presupuesto de la PAC.
¿Cree que la reacción política a nivel francés está a la altura?
Los problemas planteados son numerosos y muy complejos, y no se resolverán en unos días. En cambio, el Gobierno puede enviar rápidamente algunas señales fuertes, en particular sobre el proyecto de ley relativo a la instalación de nuevos agricultores, que ha sido aplazado. El texto era poco ambicioso e incompleto, por lo que esperamos que esta decisión permita retomarlo con seriedad y rapidez. Estamos dispuestos a esperar seis semanas si eso significa añadir medidas contundentes sobre remuneración, precios, relevo generacional y acceso a la tierra. No estoy en condiciones de decir cuánto tiempo permanecerán los agricultores en la calle, pero si todo el mundo tiene que volver a casa sin nada, es seguro que se producirán tragedias en el aislamiento de las explotaciones, y la ira resurgirá tarde o temprano.
4. El primer ministro eslovaco y la guerra en Ucrania
Si en Europa central y oriental están los más furibundos antirusistas, también hay otros países y dirigentes que hablan claro sobre lo absurdo de la política occidental hacia Rusia. El reciente ganador de las elecciones en Eslovaquia, Fico, ha publicado el siguiente artículo sobre el tema. https://www.lafionda.org/2024/
Robert Fico: La estrategia de Occidente en Ucrania sencillamente no funciona
16 Ene , 2024 | Vistas
Traducimos este artículo de Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, aparecido en «Pravda»:
Los protagonistas de esta demagogia alimentan a la opinión pública con tales monstruosidades que no basta con reaccionar con un simple gesto de la mano. Comprendo el nerviosismo en el campo de los progresistas y liberales eslovacos. Todos ellos esperan con impaciencia la sustitución del fracasado producto joven y la llegada de la nueva estrella neoliberal Zuzana Čaputová, que, al final forzado de su mandato, ya ni siquiera intenta dar la impresión de imparcialidad y se opone abiertamente al Gobierno actual. Pero esto no da derecho a ninguno de ellos a acusar a los funcionarios del Gobierno de tonterías y delitos más graves como, por ejemplo, que queremos la ocupación rusa o que Rusia es nuestro vecino.
Desde el comienzo del conflicto en Ucrania, he rechazado una visión en blanco y negro, como la que defienden Washington o Bruselas. La guerra en Ucrania tiene sus raíces en 2014 y en el desarrollo de la escena política ucraniana y su relación con los conciudadanos de nacionalidad rusa. Y, por supuesto, en la total influencia de Estados Unidos en todo lo que ha ocurrido y ocurre en Ucrania desde 2014. Puedo estar exagerando o no, pero imaginemos, por ejemplo, que todo el Departamento de Defensa de México, como país vecino de Estados Unidos, estuviera bajo el control total de Rusia, por no hablar de los líderes políticos, incluido el presidente.
Rusia respondió a la situación de seguridad y a la presión de Ucrania para unirse a la OTAN violando el derecho internacional, utilizando la fuerza militar sin un mandato internacional. Los grandes países hacen esto a menudo, veamos lo que ha conseguido EE.UU. en Irak. Y Occidente, en lugar de hacer inmediatamente todos los esfuerzos posibles para alcanzar un rápido alto el fuego, incluso sin perder una décima parte de Ucrania a principios de 2022, cometió un enorme error. Juzgó mal el uso de la fuerza militar rusa como una oportunidad para poner a Rusia de rodillas. Una mirada a la historia. Rusia fue invadida por Hitler en junio de 1941, pero los aliados occidentales no abrieron un segundo frente hasta el verano de 1944, cuando el resultado de la guerra estaba claramente a favor de la antigua Unión Soviética.
Hay pruebas de que al principio de la guerra en Ucrania en 2022, Occidente no permitió a los ucranianos concluir un alto el fuego en condiciones justas al menos en dos ocasiones muy prometedoras. Porque ya se ha tomado una decisión dolorosamente equivocada. Occidente se aprovechará de la violación del derecho internacional por parte de Rusia, suministrará a Ucrania montañas de armas y miles de millones de dólares, cargará a Rusia con sanciones masivas, atacará los principales ingresos mineros de Rusia y esperará que el soldado ucraniano, hasta el final, traiga la cabeza del oso ruso en bandeja de plata en forma de una Rusia militarmente exhausta, económicamente arruinada, internacionalmente aislada y políticamente subvertida en casa. Esta ha sido y, por desgracia, sigue siendo la estrategia occidental que, como digo abiertamente dentro y fuera de mi país, no ha funcionado, ha fracasado. Tampoco estoy de acuerdo con ella. No soy uno de los políticos eslovacos que se alegra de que la Federación Rusa se convierta en un enemigo mortal en Eslovaquia, y desde luego no me gusta que me tachen de enemigo de Rusia por este motivo.
Resulta literalmente chocante ver cómo Occidente se ha equivocado repetidamente al evaluar la situación en Rusia. Los hechos son inexorables. Rusia tiene el control militar absoluto de los territorios ocupados, y los intentos de convencer a la comunidad internacional con la demagogia de la desmoralización de los soldados rusos y las enormes pérdidas humanas resultan cada vez más ilusiones demagógicas vacías. Ucrania es incapaz de una contraofensiva militar significativa, se ha vuelto completamente dependiente de la ayuda financiera de Occidente con consecuencias impredecibles para los ucranianos en los próximos años. Es sólo cuestión de tiempo que empiece a publicarse información oficial sobre la propiedad de la tierra en Ucrania, sobre los mayores propietarios extranjeros. La posición del presidente ucraniano se tambalea, mientras que el presidente ruso aumenta y refuerza su apoyo político. Ni la economía ni la moneda rusas se han hundido, las sanciones antirrusas aumentan la autosuficiencia interna de este enorme país, los gigantes rusos de la energía registran entregas récord a China e India. Por otro lado, personas del entorno del presidente ucraniano cuentan a los prestigiosos, repito prestigiosos, medios de comunicación extranjeros que en Ucrania se roba como si no hubiera un mañana.
Por supuesto, no me atrevo a decir que Rusia no sienta las consecuencias negativas de la decisión de febrero de 2022 de utilizar la fuerza militar en Ucrania. Pero desde luego no hasta el punto de arruinarla, como habían predicho los planificadores occidentales.
Entonces, ¿cuáles son los posibles desarrollos posteriores? Con una alta probabilidad, las armas y el dinero seguirán fluyendo hacia Ucrania durante algún tiempo, pero en vano. Es políticamente imposible que sus autores admitan abiertamente la inexactitud de su estrategia. En dos o tres años estaremos donde estamos ahora. Sólo la UE tendrá quizás 50.000 millones de euros menos y los cementerios ucranianos estarán llenos de miles de soldados muertos. Por desgracia, el sentido común no prevalecerá, aunque nos diga que declaremos un alto el fuego inmediato y nos sentemos a la mesa de negociaciones. Está claro que el derroche innecesario de recursos humanos y financieros y el paso del tiempo no empeorarán la posición negociadora de Rusia, al contrario, la reforzarán, porque dentro de unos años la comunidad internacional también empezará a organizar una retirada en busca de la realidad.
A menudo me pregunto qué hay de derrotista en las consideraciones realistas y basadas en hechos sobre la necesidad de un alto el fuego en Ucrania, cuando está absolutamente claro para todos que la crisis de Ucrania no tiene solución militar. Si algo deseo es que los eslavos dejen de luchar entre sí por razones geopolíticas, tanto por parte estadounidense como rusa. Que Ucrania siga su propio camino soberano, no dictado por una imposición. Si se ve en la UE, que tenga esa oportunidad, siempre que cumpla las condiciones. Estaremos encantados de ayudarla. Rusia también necesita sus garantías de seguridad. Y sigo creyendo que deberíamos volver a la retórica europea sobre cómo la UE y Rusia son de algún modo vasos comunicantes y cómo se necesitan mutuamente. Como Primer Ministro de la República Eslovaca no sembraré hostilidad hacia ningún país del mundo y también deseo una normalización gradual de las relaciones entre los Estados miembros de la UE y Rusia. Y, desde luego, no me someteré a la estúpida demagogia liberal y progresista que ofende la elemental decencia humana y acabará causando enormes daños.
II. No sé si ya lo han echado por su posición sobre Ucrania, como se comenta en este tuit https://twitter.com/, pero su partido, SMER, está -o estaba- en la Internacional Socialista, sin que eso signifique nada, como sabemos. En nuestra prensa basura lo presentan siempre como «populista».
5. Discrepancias en el campo sionista
Un par de artículos sobre las disensiones internas en Israel y su reflejo en la estrategia militar. https://www.middleeasteye.net/
Guerra contra Gaza: Crece en Israel una coalición contra la guerra eterna de Netanyahu
Tanto el primer ministro como los militares quieren seguir luchando por motivos personales. Pero algo podría inclinar la balanza hacia el otro lado
Por Meron Rapoport en Tel Aviv, Israel Fecha de publicación: 24 de enero de 2024
Es demasiado pronto para saber si la pérdida de 21 soldados israelíes en un día en el campo de refugiados de Maghazi, en el centro de Gaza, se convertirá en un momento crucial de la guerra en Gaza.
Sin duda, hay precedentes. Uno es la pérdida de 73 soldados cuando dos helicópteros chocaron sobre el norte de Galilea en 1997. Ese fue el punto de partida de un movimiento de protesta que condujo a la retirada de Líbano tres años después.
Pero la pérdida en Maghazi de soldados que eran en su mayoría reservistas podría sin duda contribuir a la creciente fatiga de guerra de la opinión pública israelí, que cada vez entiende menos lo que está consiguiendo la guerra contra Gaza.
Aunque la mayoría sigue apoyando la guerra, no se creen las afirmaciones del ejército de que 17 de los 24 batallones de Hamás se han «derrumbado», que un tercio de los combatientes del movimiento palestino han muerto y que el ejército israelí controla el 60% del territorio de la Franja de Gaza.
Los soldados en Magazi estaban minando casas para demolerlas en una zona bajo control del ejército. El «control» se está convirtiendo en un concepto relativo, como demuestran con toda claridad los ataques relámpago de Hamás.
Tampoco está claro qué está consiguiendo el ejército en Jan Yunis, más de seis semanas después de que el portavoz del ejército dijera que habían entrado en ella. Khan Younis no es un lugar tan grande, y desde luego no es Stalingrado.
En Israel están en juego dos coaliciones rivales y, sin embargo, ninguna de ellas tiene la sartén por el mango, por el momento.
Esta es la guerra de Netanyahu
La primera coalición está liderada por el primer ministro Benjamin Netanyahu. A medida que el conflicto se alarga, está muy claro que ésta es su guerra.
Es su guerra porque en el momento en que la detenga, su gobierno se derrumbará e Israel se volverá contra él por haber bajado la guardia el 7 de octubre.
Es su guerra porque ha elevado tanto las apuestas, insistiendo cada día en que la misión de su vida ha sido impedir que se cree un Estado palestino, y diciendo que Israel debe tener una presencia permanente en Gaza, objetivo que no ha sido aprobado por el gabinete de guerra, que contiene antiguos rivales.
El ejército no comparte en absoluto ese objetivo y se resiste al deseo de Netanyahu de volver a ocupar el Corredor Philadelphia que discurre a lo largo de la frontera de Gaza con Egipto, sin el cual no puede funcionar ninguna presencia militar israelí permanente en Gaza.
El principal objetivo bélico del ejército es recuperar el honor perdido y restablecer el principio de disuasión sobre el que se asientan las fuerzas armadas, el concepto de que los ataques contundentes disuaden a Hamás y Hezbolá de atacar. Los militares y su ideología admiten que la paz no existe, pero afirman que los enemigos de Israel están disuadidos.
Obviamente, esto no ocurrió el 7 de octubre, ni durante los tres meses y medio que siguieron. Es evidente que Hamás no se amilana y sigue atacando a Israel a voluntad a pesar de las abrumadoras desventajas militares, la destrucción total de Gaza y la creciente hambruna.
Los altos mandos del ejército no están contentos con el liderazgo político de Netanyahu. No se apresuran a cumplir su orden de tomar la frontera egipcia en torno a Rafah, y han retirado parte de sus fuerzas de la zona norte de Gaza.
El ejército no tiene una posición clara en contra de un Estado palestino o de que la Autoridad Palestina se haga cargo de Gaza después de la guerra, como hace Netanyahu. Pero sí tiene claro que desea continuar la campaña, porque odiaría ver una situación en la que la guerra acabara sin una victoria clara.
Una vez que el ejército se vuelva contra Netanyahu, sería muy difícil para el primer ministro continuar en el poder. Pero ese momento aún no ha llegado.
Aunque ni Netanyahyu ni el ejército han logrado sus objetivos bélicos básicos, tanto el ejército como el asediado primer ministro han adoptado el concepto de guerra sin fin.
Esta coalición es incómoda, y ambas partes de esta alianza tienen problemas.
Netanyahu se enfrenta a una huelga de hambre a las puertas de su casa, a manifestaciones de decenas de miles de personas en Tel Aviv que le piden que dimita y a las crecientes protestas de las familias de los 132 cautivos restantes, que el lunes irrumpieron en el parlamento israelí, la Knesset.
El ejército, por su parte, se enfrenta a lo que un destacado experto en las relaciones entre el ejército y la sociedad israelí, el profesor Yagil Levy, denomina una «rebelión de cuello azul».
Levy afirma que existe un nivel de rebeldía sin precedentes entre los soldados rasos de Gaza. Los soldados se están fotografiando a sí mismos y a los detenidos palestinos desafiando los valores del ejército. Se fotografían en mezquitas, hablan de venganza, de reocupación… mensajes todos ellos que contradicen los códigos básicos del ejército.
También existe la sospecha de que parte del ejército era reacio a retirarse de Gaza y que los militares dijeron que la orden se había retrasado «por razones técnicas» para enmascararlo.
Crecen las dudas
En el otro bando hay una coalición de intereses que se inclina por un desenlace político de la guerra.
Benny Gantz y Gadi Eisenkot, adversarios políticos de Netanyahu que entraron en el gabinete de guerra tras el ataque del 7 de octubre, no respaldan en absoluto el regreso de la AP a Gaza ni una solución política que cree un Estado palestino. Pero tampoco han dicho nada en contra.
Parecen estar de acuerdo con la presión estadounidense en favor de una solución de dos Estados y con la iniciativa saudí, que supedita el reconocimiento de Israel a la creación de un Estado palestino.
Eisenkot declaró en una reunión celebrada en el centésimo día de la guerra que «tenemos que dejar de mentirnos a nosotros mismos, mostrar valor y conducir a un gran acuerdo que traiga a los secuestrados a casa», y añadió: «estamos caminando como ciegos».
El ministro de Defensa, Yoav Gallant, le siguió y dijo abiertamente que «la falta de decisión política podría perjudicar el progreso de la operación militar». Y se informó en el Canal 13 de que incluso el Jefe del Estado Mayor, Herzi Halevi, dijo que al no haberse construido una estrategia para «el día después», «nos enfrentamos a una erosión de los logros que hemos conseguido hasta ahora en la guerra».
Las dudas no sólo están en el gabinete de guerra. Dentro de la sociedad israelí aumentan las presiones. Todo el mundo predice que la economía este año será desastrosa, con déficits disparados y despidos masivos.
En estrecha relación con esto están los reservistas del ejército, a quienes Gallant advirtió que no planificaran vacaciones para el verano. Los casos de objeción consciente a una guerra, como ocurrió en la Primera Intifada, son raros, y si un reservista rechaza la llamada a filas, como mucho puede caerle un mes de cárcel.
Es más frecuente que los que se niegan aleguen razones personales, como el cuidado de los hijos, el riesgo de fracaso empresarial o un examen universitario pendiente, y no suelen ser procesados por ello. La negativa se mantiene como un asunto privado. Pero la reticencia a librar una guerra interminable crecerá inevitablemente.
También existe la reticencia de la población del sur de Israel a regresar a sus hogares y kibbutzim mientras una guerra hace estragos al otro lado de la valla. Esto puede beneficiar a ambos bandos. Podría utilizarse fácilmente como motivo para proseguir la guerra hasta el final.
El ejército les dice que pueden volver a casa, pero la mayoría se niega. Están lejos de estar en contra de la guerra, pero no quieren una guerra de desgaste. Quieren una derrota decisiva de Hamás. Lanzar una bomba atómica sobre Gaza o el regreso de la AP es lo mismo para ellos.
En el norte, la amenaza de los cohetes de Hezbolá es considerable, sobre todo tras el uso por parte del grupo de misiles antitanque de largo alcance, para los que la defensa israelí Cúpula de Hierro no sirve de nada. Hay 200.000 israelíes desplazados tras el ataque de Hamás. La mayoría de ellos no volverán a sus hogares en un futuro previsible.
La mayoría de estos elementos están presionando para conseguir algún tipo de acuerdo político que ponga fin a la guerra. Pero el verdadero problema en Israel es que ningún grupo de presión es lo suficientemente fuerte como para poner fin a la guerra con un acuerdo político.
Frente a ellos están Netanyahu y la extrema derecha de su gobierno, para quienes es mucho lo que está en juego. El fin de la guerra podría provocar un cambio drástico en la política de Israel y la derecha entiende lo que está en juego y hará todo lo que esté en su mano para impedirlo.
Por el momento, ninguna de las dos coaliciones -la coalición de la guerra interminable o la coalición que podría concebir un final negociado de la misma- es dominante. Un cambio muy pequeño podría inclinar la balanza entre ambas.
Operación Espada de Hierro. Las razones de la «reorientación» israelí
por Giacomo Gabellini para l’AntiDiplomatico
El 15 de enero, el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, anunció que la principal fase bélica de la operación Espada de Hierro estaba llegando a su fin, tanto en las zonas del norte de la Franja de Gaza como cerca de Jan Yunis. Al mismo tiempo, miles de efectivos de las Fuerzas de Defensa israelíes se retiraron de la Franja, por razones que el Wall Street Journal atribuye a la creciente necesidad del gobierno de Tel Aviv de satisfacer las exigencias estadounidenses de un enfoque más «quirúrgico» del conflicto.
El ejecutivo israelí necesita preservar el apoyo sustancialmente incondicional garantizado hasta ahora por Estados Unidos, tanto para asegurar la continuidad de los suministros militares sin los cuales la Operación Espada de Hierro se vería interrumpida de un día para otro, como con vistas a «ajustar cuentas» con el Eje de la Resistencia. Hacia lo cual apuntan claramente Netanyahu y sus colaboradores, como se desprende de los cuatro ataques aéreos perpetrados en Siria y Líbano, que culminaron con el asesinato del alto oficial de los Pasdaran, Razi Mousavi; del máximo exponente de Hamás, Saleh al-Arouri; de Wissam Tawil, jefe de uno de los cuerpos de élite encuadrados en Hezbollah; de cinco oficiales de las fuerzas iraníes de al-Quds.
Sin embargo, desde el punto de vista estadounidense, el respaldo indefinido a una campaña militar tachada abiertamente de genocida por un documento sudafricano que está siendo examinado por la Corte Penal Internacional supone un daño reputacional gigantesco. Tan grave como para empujar a Biden, según un rumor divulgado hace días por el siempre bien informado Barak Ravid, a agotar su paciencia con Netanyahu.
En realidad, el cambio de registro proclamado por Gallant podría responder a dos motivaciones adicionales e igualmente relevantes que la señalada por el Wall Street Journal.
La retirada de miles de soldados de la Franja de Gaza puede preludiar o bien un desplazamiento de las fuerzas a la frontera norte, donde se están intensificando los enfrentamientos con Hezbolá, o bien el regreso de los reservistas a sus tareas habituales, en gran parte en el pujante sector de la alta tecnología. La reintegración de la mano de obra pondrá a la economía israelí en condiciones de amortizar los gigantescos costes de la guerra, que Zvi Eckstein, ex vicegobernador del Banco de Israel y economista de la Universidad Reichman, ha estimado en unos 220 millones de dólares diarios. Según sus cálculos, el impacto del conflicto en el presupuesto público -incluida la contracción de los ingresos fiscales- es cuantificable en 19.000 millones de dólares para el cuarto trimestre de 2023, y ascenderá presumiblemente a 20.000 millones en el primer trimestre de 2024, siempre que las hostilidades no se extiendan al Líbano. La previsión de crecimiento del Banco de Israel para 2024 se ha revisado del +3% al +1%, mientras que algunos economistas independientes predicen una recesión.
Por otra parte, «Israel no está dando pasos sustanciales hacia una victoria decisiva, y le resultará cada vez más difícil conseguirla en el futuro a la luz de las circunstancias que han surgido», escribe Hamos Arel en el diario israelí «Haaretz». Según el Ministerio de Defensa israelí, el recuento de israelíes heridos pertenecientes a las fuerzas armadas y la policía ascendía a 6.000 hasta el 11 de enero, de los cuales más de 2.000 sufrían discapacidades permanentes. El «Jerusalem Post» hablaba de «cifras aterradoras» e informaba de que ya en noviembre de 2023, apenas un mes después del inicio de las operaciones militares, el Ministerio de Sanidad israelí había puesto en conocimiento de la Knesset la falta de preparación de las instalaciones hospitalarias para atender a un número tan elevado de heridos. Edan Kleinman, presidente de la organización israelí sin ánimo de lucro Veteranos Discapacitados, declaró el pasado diciembre que nunca había presenciado una catástrofe de tal magnitud, y estimó que el número de bajas en las fuerzas israelíes superaría pronto la barrera de los 20.000, si se incluye a los soldados que sufren estrés postraumático.
Por lo tanto, es difícil conceder credibilidad a las recomendaciones de Netanyahu de que el conflicto continuará «hasta la victoria total» durante muchos meses. Sobre todo a la luz de las rotundas declaraciones pronunciadas urbi et orbi por Gabi Eizenkot, ex jefe del Estado Mayor del ejército israelí, principal exponente de la oposición centrista junto con Benny Gantz y miembro del gabinete de guerra que perdió un hijo y un nieto en la Operación Espada de Hierro. En una entrevista concedida al canal de televisión israelí Channel-12, Eizenkot declaró que «nuestra misión consiste, antes de matar al enemigo, en salvar a los rehenes», cuya liberación sólo puede lograrse mediante un acuerdo con Hamás, incluso al precio de una suspensión de las operaciones militares. Quienes afirman lo contrario, concluyó Eizenkot, «están vendiendo fantasías a la opinión pública». Una clara alusión no sólo a Netanyahu, sino también a Gallant, identificados por el «Times of Israel» como los cabecillas de la facción proclive a vislumbrar en la continuación de los bombardeos de alfombra acompañados de la invasión terrestre de la Franja de Gaza la opción más funcional a la liberación de los rehenes. Este juicio es cuando menos cuestionable, ya que la liberación de los civiles israelíes capturados por Hamás sólo se ha obtenido hasta ahora sobre la base de acuerdos alcanzados con la contraparte islamista.
La presión militar, por el contrario, ha conducido a resultados opuestos, como atestiguan los tres civiles muertos por «fuego amigo» tras escapar por su cuenta del control de sus captores, y la reciente denuncia del ciudadano israelí Maayan Sherman, cuyo hijo -un soldado de las Fuerzas de Defensa israelíes capturado por Hamás- murió supuestamente de asfixia causada por la inhalación de gas tóxico que el ejército israelí había esparcido por los pasadizos subterráneos de Gaza. Según Hamás, otros dos rehenes murieron como consecuencia directa de los bombardeos israelíes. Se trata de una acusación que hay que tomar cum grano salis, ya que procede de una fuente que dista mucho de ser imparcial, pero su contenido es sin duda verosímil. El que se base en la devastación total de la Franja de Gaza representa objetivamente una línea de actuación mucho más acorde con el infame Protocolo Aníbal, que instrumental para la liberación de rehenes o incluso la «desactivación» de Hamás. «Los que hablan de la derrota total de Hamás no dicen la verdad», añadió Eizenkot en la entrevista, corroborando la tesis expuesta por numerosos observadores y revivida recientemente por el analista estratégico Yossi Melman, según la cual Netanyahu cifraría todas sus esperanzas de supervivencia política en la prolongación, intensificación y ampliación del conflicto. La anexión tras el «vaciamiento» de la Franja de Gaza, combinada con una reducción sustancial del Eje de la Resistencia, en su opinión alcanzable mediante la implicación de Estados Unidos, perfilaría un éxito estratégico tan decisivo como para extinguir cualquier responsabilidad política -e incluso jurídica-.
Lo que nos lleva de nuevo a otro punto neurálgico tocado por Eizenkot, quien el 11 de octubre de 2023, sólo cuatro días después de la Operación Inundar al-Aqsa, supuestamente persuadió a Netanyahu de lanzar un ataque preventivo contra Hezbolá, presentándolo junto con Benny Gantz como un «grave error estratégico».
La decisión de Eizenkot de salir a la luz pública, con tan pesadas revelaciones contra el actual primer ministro israelí, revela la profundidad de las desavenencias internas en el seno del establishment israelí, desgarrado por enconados enfrentamientos sobre la línea operativa a adoptar, que llevaron incluso a Netanyahu primero a ordenar el registro del jefe del Estado Mayor, Herzi Halevi, para asegurarse de que no llevaba grabadoras ocultas, y más tarde a exigir la prueba del polígrafo a los participantes en las reuniones del gabinete de guerra.
Se dice que la propia facción «extremista» del gobierno está dividida, con Gallant distanciándose repetidamente del primer ministro con la clara intención de despejarle el camino hacia el liderazgo del Likud, y Netanyahu manteniéndose en la línea de flotación gracias al apoyo de las fuerzas extremistas orientadas a la limpieza étnica de la Franja de Gaza y Cisjordania.
Observación de José Luis Martín Ramos:
Lo importante sería que el movimiento por la paz creciera exponencialmente en Israel o que EEUU le retirara su apoyo material. No es descartable, pero ninguna de esas dos cosas se produce por ahora. Que haya diferencias en el seno del gobierno israelí es lógico, es un gobierno de coalición en el que Neta es el primer ministro y su principal rival en la derecha es el Ministro de Defensa. Sin diferencuas tácticas, ni de objetivos. La guerra seguirá: ni los palestinos ni Israel puede dar hoy un golpe definitivo. Aunque los golpes de Israel son mucho más destructivos. Ningun factor internacionall intercede hoy por hoy de manera eficaz para el fin de la guerra. La guerra seguirá, cronificada por el momento como guerra de desgaste. Puede que la cronificación de las guerras sea una característica de época, la del imperialismo después de 1945, subrayada tras la desaparición dee la URSS.
6. Entrevista a Francesca Albanese
La relatora especial de Naciones Unidas para Palestina ha estado hace poco en España y ha concedido diversas entrevistas, por ejemplo a RTVE, El Diario o Público -junto a Manu Pineda https://www.youtube.com/watch?-, pero me gusta esta a la israelí +972 por su reflexión y claridad sobre la demanda en la CIJ y las relaciones Norte-Sur. Mañana viernes se pronunciarán los jueces sobre la petición sudafricana.
El caso de la CIJ «abre una nueva era entre el Norte y el Sur», afirma una experta de la ONU
La relatora especial Francesca Albanese analiza la acusación de Sudáfrica de genocidio en Gaza y la lucha de poder que se libra en el ámbito jurídico.
Por Alba Nabulsi 23 de enero de 2024
Desde que asumió el cargo de Relatora Especial de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados en 2022, Francesca Albanese ha informado enérgicamente sobre las violaciones de los derechos humanos y ha abogado vocalmente por la protección de los palestinos en virtud del derecho internacional. Hace dos semanas, las apuestas de su mandato se elevaron aún más, ya que Sudáfrica presentó un caso histórico ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) acusando a Israel de cometer genocidio en el marco de su guerra en curso en la Franja de Gaza.
Representantes de ambos Estados expusieron sus argumentos jurídicos en La Haya los días 11 y 12 de enero, en audiencias que se siguieron en todo el mundo con gran expectación. Aunque es probable que el Tribunal tarde varios años en llegar a una conclusión sobre la cuestión más amplia de si Israel ha violado la Convención sobre el Genocidio, se espera que se pronuncie sobre las medidas provisionales solicitadas por Sudáfrica, incluida la cuestión del alto el fuego, en cuestión de semanas.
Albanese, abogada y académica internacional, y primera mujer en ocupar su actual cargo en la ONU, ha seguido muy de cerca los procedimientos de la CIJ. Tras las audiencias, se sentó con +972 para dar sentido a este momento crucial en la historia de Israel-Palestina, cuyas repercusiones se están sintiendo en todo el mundo, y en particular en el Sur Global.
Habló de sus primeras reacciones ante las audiencias, de la falta de voluntad de Europa para reflexionar sobre su pasado colonial y genocida, y de la importancia de una lucha de poder internacional que se desarrolla en el ámbito jurídico. La conversación ha sido editada para mayor extensión y claridad.
¿Cuál es exactamente el mandato de la CIJ frente al de la CPI, y cómo entra en juego la Convención sobre el Genocidio?
La Corte Penal Internacional (CPI) es un tribunal diseñado para exigir responsabilidades a los autores de los crímenes internacionales más atroces, a saber, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, genocidio y crímenes de agresión. No es un órgano de las Naciones Unidas, sino que se instituyó en 1998 mediante el Estatuto de Roma.
La CIJ, por su parte, es uno de los seis órganos oficiales de la ONU y su principal órgano judicial. Su función es resolver las controversias jurídicas que surjan entre Estados, así como emitir opiniones consultivas sobre asuntos jurídicos que le remitan entidades como la Asamblea General o el Consejo de Seguridad de la ONU. Mientras que sus opiniones consultivas no son vinculantes, sus decisiones sobre disputas legales [como la actual sobre Gaza] sí lo son.
La demanda sudafricana se presentó en el marco de la Convención sobre el Genocidio de 1948, sobre la que la CIJ tiene jurisdicción. Tanto Sudáfrica como Israel han firmado y ratificado la Convención, y Pretoria invoca sus derechos y obligaciones en virtud de la misma para evitar el genocidio y salvaguardar a los palestinos de Gaza de la aniquilación.
La Convención impone una doble obligación a los Estados miembros: en primer lugar, prevenir el genocidio; en segundo lugar, castigarlo una vez que se ha producido. Por tanto, en virtud de este tratado, los Estados están obligados a llevar ante la justicia a otro Estado cuando exista el riesgo de que éste esté cometiendo un genocidio o no lo haya evitado. Los Estados están obligados a cooperar en la búsqueda de la justicia.
A la luz del número sin precedentes de víctimas palestinas en la actual guerra israelí contra Gaza; de las escandalosas declaraciones de funcionarios del gobierno y militares israelíes y miembros del parlamento; del uso de alimentos, agua y medicinas como herramienta de guerra para matar de hambre a toda la población y dejarla morir; y de los múltiples ataques indiscriminados contra civiles, refugios de la ONU y hospitales, Sudáfrica consideró que había motivos suficientes para creer que Israel está cometiendo genocidio contra el pueblo palestino en Gaza.
Este proceso es distinto de otro caso en curso relativo a los territorios ocupados, que la Asamblea General de la ONU llevó ante la CIJ en diciembre de 2022: la solicitud de una opinión consultiva sobre la legalidad de la ocupación. Aunque ésta carece de fuerza jurídica vinculante por definición, sirve de precedente orientativo en el derecho internacional. El 19 de febrero está prevista una audiencia pública al respecto, tras la presentación de informes escritos de numerosos Estados.
¿Cómo puede intervenir el Tribunal? ¿Qué ocurre si acepta la demanda de Sudáfrica de que Israel está cometiendo genocidio?
La CIJ puede ordenar medidas provisionales para detener el genocidio en curso. Estas sentencias son vinculantes y se espera que los Estados se adhieran a ellas.
Un alto el fuego inmediato, o cese de hostilidades, es la principal medida provisional solicitada por Sudáfrica. En tal escenario, las naciones y sus gobiernos deben responder presionando a Israel para que lo cumpla y estar dispuestos a recurrir a la imposición de sanciones económicas, diplomáticas y políticas a Israel en caso de incumplimiento.
Aunque el umbral para definir el genocidio a efectos de las medidas provisionales es bajo, demostrar la intención de destruir total o parcialmente a un grupo (dolus specialis) sigue siendo un reto. Requiere un análisis jurídico más profundo de la conducta, la capacidad y la intención en consonancia con la Convención sobre el Genocidio.
Nuestra historia reciente subraya que el despliegue manifiesto de la fuerza militar es contraproducente cuando se trata de proteger el derecho de las comunidades indígenas a existir. Nunca allana el camino hacia la paz o la estabilidad. En este sentido profundo, la Corte posee el potencial de hacer historia. Más allá del importante papel de la Corte, no restaurar la paz y la estabilidad en interés tanto de los palestinos como de los israelíes, tendrá repercusiones más allá de las cuestiones de derecho internacional, haciéndose eco de un fracaso de la humanidad en su esencia misma.
¿Qué medidas ha tomado el Tribunal en casos similares en el pasado?
Hay un par de ejemplos relevantes. En el caso en curso entre Rusia y Ucrania, la CIJ ya señaló en sus medidas provisionales que Rusia «debe cesar sin demora» las operaciones militares iniciadas el 24 de febrero de 2022 en el territorio de Ucrania». Sin embargo, Rusia impugnó esta directiva, presentando «objeciones preliminares» que cuestionaban la jurisdicción de la Corte y la admisibilidad de la demanda.
Gambia también presentó un caso ante la CIJ en 2019, alegando que Myanmar no cumplió con sus obligaciones en virtud de la Convención sobre el Genocidio en relación con el pueblo rohingya en el estado de Rakhine. La CIJ emitió una orden de medidas provisionales en 2020, ordenando a Myanmar que «tomara todas las medidas a su alcance» para prevenir los actos definidos en la Convención sobre el Genocidio. Esto incluía garantizar que su ejército y cualquier unidad armada irregular se abstuvieran de cometer tales actos. Además, la Corte ordenó a Myanmar que «adoptara medidas eficaces para impedir la destrucción y garantizar la conservación de las pruebas» relacionadas con los procedimientos de la CIJ y que presentara informes periódicos detallando las medidas adoptadas para cumplir la orden.
¿Cuál fue su reacción inicial ante las audiencias del 11 y 12 de enero?
Los discursos del equipo jurídico sudafricano fueron convincentes, tratando seriamente de establecer la intención del gobierno y el ejército israelíes de cometer genocidio y fundamentando sus argumentos con pruebas convincentes. Hicieron hincapié en que la conducta de Israel en Gaza es parte integrante de una violencia sistémica, no una serie de incidentes inconexos o aislados, lo que proporciona una perspectiva global de la enormidad de la atrocidad que se está desarrollando.
Mi impresión de la defensa israelí fue que parecían incapaces de negar o refutar las acusaciones, proporcionando sólo intentos mínimos y poco convincentes de justificación. Parecían no estar preparados para enfrentarse a la magnitud de las acusaciones, y se esforzaron por montar una defensa sólida, evitando a menudo las pruebas críticas aportadas por el equipo jurídico sudafricano, quizá poco acostumbrados a someterse a tal escrutinio, y también presionados por el tiempo.
Lo que más me llamó la atención fue el uso distorsionado que hizo Israel del derecho internacional humanitario (DIH). Los argumentos defensivos se redactaron en lenguaje de DIH, sin abordar las cuestiones concretas -órdenes de evacuación masiva presentadas como «advertencias», el conocimiento de la hambruna y el brote de enfermedades infecciosas- y citando a menudo los «escudos humanos» como justificación de cualquier operación militar, fuera cual fuera el objetivo. Argumentaban que las muertes de civiles en Gaza sólo podían atribuirse a Hamás, convirtiendo en última instancia a la población en un objetivo legítimo.
Sudáfrica y los países que apoyan su iniciativa han demostrado valor, tanto ético como político, al desafiar a Israel y a los numerosos países occidentales que lo apoyan con firmeza, a pesar de la catástrofe apocalíptica creada en Gaza. Por eso debe reforzarse la solidaridad entre los países que apoyaron a Sudáfrica, porque la unidad puede mitigar el impacto de una posible reacción violenta, y de hecho puede haber repercusiones políticas y económicas.
Espero fervientemente que el Tribunal reconozca la necesidad de poner fin a las hostilidades. Aunque los palestinos no forman parte del proceso, espero que todas las partes beligerantes acaten la decisión del Tribunal. Aunque mi labor como experto independiente de la ONU, junto con la de otros relatores especiales, ha sido muy utilizada por los abogados sudafricanos, desearía que su llamamiento en favor de la justicia pudiera ser atendido también por los países occidentales.
Como europea, espero especialmente que Europa adopte una postura y demuestre su compromiso con el derecho internacional y los derechos humanos; de lo contrario, el papel del derecho internacional se verá socavado de forma más crítica e irremediable. El derecho puede parecer ineficaz sin una aplicación política, y la política desprovista de restricciones jurídicas puede descender rápidamente a un comportamiento criminal.
¿Cómo explica el silencio de los países europeos sobre el tema del genocidio, un tema que conocen muy bien por su historia?
En un debate reciente en el que ambos participamos, el Dr. Omar Barghouti [cofundador del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones] afirmó que el impacto duradero de 500 años de colonialismo es perceptible en la constitución de los europeos. La mentalidad europea ha sido indeleblemente moldeada por las ramificaciones del colonialismo y el legado histórico asociado. Esta huella puede materializarse como una forma sutil de racismo interiorizado. En consecuencia, los europeos, al igual que sus homólogos de otras naciones occidentales, pueden mostrar un sesgo perceptible en su empatía.
Tras los sucesos del 7 de octubre, hubo un sentimiento colectivo de conmoción y horror por la trágica pérdida de vidas civiles en Israel, la brutal violencia infligida a los israelíes y la toma de rehenes. He condenado estos actos como crímenes de guerra y he afirmado que debían ser investigados, enjuiciados y sus autores llevados ante la justicia. Comprensiblemente, hubo una respuesta legítima y compasiva hacia el pueblo israelí.
Por el contrario, parece haber una insensibilización ante las pérdidas palestinas, incluso ahora que casi 24.000 palestinos, en su mayoría niños, están enterrados en fosas comunes o descompuestos en las calles, mientras que unos 7.000 están en paradero desconocido y probablemente perecieron bajo los escombros. El impacto que esto tendrá en los palestinos de las generaciones venideras, en esos niños que vemos temblando de terror en las camas y suelos de los hospitales, heridos o mutilados, y a menudo huérfanos, sin ningún familiar que cuide de ellos, es inconcebible. Aunque se condena inequívocamente la violencia contra los civiles, postura claramente delineada en el derecho internacional, existe una inquietante normalización del sufrimiento de la población palestina.
Además, la trágica historia que ha sufrido el pueblo judío a lo largo de los siglos hace difícil concebir que un Estado fundado y habitado por supervivientes de un genocidio pueda verse implicado en la actualidad en semejante violencia y conducta criminal. Sin embargo, es crucial reconocer que este sentimiento es más emocional que lógico. Comprender la naturaleza y las pautas de la comisión de delitos nos permite anticiparnos a su ocurrencia y trabajar para prevenirlos. Creo sinceramente en ello por la seguridad y el bienestar a largo plazo tanto de israelíes como de palestinos.
No cabe duda de que el desarrollo de la situación tiene implicaciones directas para el derecho internacional, y tiene un profundo significado al cuestionar la representación de ciertos actores -en este caso los palestinos, como otros pueblos del Sur Global- que tradicionalmente se consideraban marginales y subalternos. Requiere un examen matizado de la compleja interacción entre los legados históricos, los prejuicios de empatía y el imperativo de abordar las graves violaciones de los derechos humanos a escala mundial. De nuevo, en interés de ambos y teniendo en cuenta la inviolabilidad de la vida de israelíes y palestinos.
¿Está Sudáfrica allanando el camino para definir un nuevo capítulo en el que el Sur Global gane protagonismo en la escena internacional tras siglos de colonialismo y apartheid?
La acción de Sudáfrica contra Israel parece haber abierto una nueva era en las relaciones entre el Norte Global y el Sur Global, y el impacto simbólico es profundo. Presenciar cómo distinguidos juristas sudafricanos e irlandeses defendían a una población que sigue soportando el colonialismo de colonos y el apartheid, como en su día hizo Sudáfrica, fue profundamente conmovedor.
El discurso se extendió más allá de la experiencia palestina de genocidio, arrojando luz sobre genocidios históricamente negados, como el genocidio Herero y Namaqua que Alemania cometió en Namibia sólo unas décadas antes del Holocausto en Europa. La exposición está suscitando una conversación sin precedentes y más amplia entre el público en general.
La audaz postura adoptada por Sudáfrica, seguida ahora por varios países, es extraordinariamente poderosa. Envía un mensaje claro a Occidente, declarando: «Ya no tenemos miedo». Es crucial reconocer la necesidad de reintroducir el respeto por el derecho internacional en la narrativa y reconocer que describir el mundo como polarizado entre «virtuosos» y «malvados» -o peor aún, «civilizados» e «incivilizados»- ya no es convincente. El panorama geopolítico del futuro es mucho más intrincado, con el Sur Global reclamando su sitio en la mesa.
Lo que estamos presenciando va más allá de la cuestión concreta del genocidio que se está desarrollando en Gaza; simboliza la oposición al colonialismo y pone de manifiesto la necesidad de enfrentarse a la historia. No es una coincidencia que estos días empecemos a hablar del genocidio herero. El caso iniciado por Sudáfrica tiene el poder de encarnar la elevación de las voces oprimidas, y da un rayo de esperanza a aquellos cuyas vidas están suspendidas entre la supervivencia y el abismo.
7. Craig Murray vuelve sobre el caso ante la CPI
Una semana después de su accidentada asistencia a la presentación del caso palestino ante la CPI y ya «recuperado», Craig Murray reflexiona sobre algunos aspectos jurídicos y políticos de las sesiones.
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El caso de Israel en la CIJ: un conflicto armado en el que sólo puede luchar un bando
Craig Murray 24 de enero de 2024
Ha sido increíble estar en el tribunal para presenciar la absurda afirmación de Israel de que se trata de un «conflicto armado» al mismo tiempo que niega la legitimidad de cualquier resistencia armada al mismo.
Yo era el único periodista dentro de la sala del Tribunal Internacional de Justicia para el caso de genocidio de Sudáfrica contra Israel. Treinta periodistas acreditados estaban en una sala de prensa en otra ala del edificio, viendo lo que el director les mostraba en una pantalla. Bastantes más periodistas esperaban fuera del edificio.
Yo entré en la sala durmiendo en la acera a temperaturas bajo cero de La Haya, en la cola para uno de los 14 asientos disponibles en la tribuna del público. No hay nada mejor que estar en el tribunal: las interacciones entre las delegaciones, el lenguaje corporal y las expresiones de los jueces en respuesta a determinados argumentos. Si no estás allí, no estás cubriendo realmente el caso.
Mi cuerpo ha tardado una semana en recuperarse del todo y mi mente el mismo tiempo en separar el dramatismo y la tensión del tribunal de los argumentos presentados.
Lo más sorprendente fue, por supuesto, la actitud tan beligerante de las partes enfrentadas, con Sudáfrica hablando de la Nakba y de los 75 años de apartheid en Israel, mientras que la parte israelí respondía acusando a Sudáfrica de complicidad en el genocidio ellos mismos a través del apoyo a Hamás.
La total disonancia de los supuestos hechos fue también realmente notable. Israel se limitó a negar su responsabilidad en la destrucción de infraestructuras y viviendas, que achacó a los más de 2.000 disparos erróneos de misiles de Hamás y a las trampas explosivas colocadas por Hamás en los edificios. Israel afirmó que ahora entraban en Gaza más alimentos al día que antes del 7 de octubre.
Israel también declaró explícitamente que todos y cada uno de los hospitales de Gaza eran «bases militares».
Las conclusiones de hecho se establecerían mediante pruebas en una vista sustantiva de la CIJ, probablemente dentro de unos dos años. Lo que teníamos ahora era una solicitud de medidas provisionales, en la que se estaban considerando argumentos, probabilidades y procedimientos, no sopesando pruebas.
Quiero examinar ahora algunos aspectos del argumento que me parecen insuficientemente considerados en otros lugares.
Impugnación
El argumento básico de Israel era que se trataba de un «conflicto armado», no de un genocidio. Utilizaron el término en repetidas ocasiones.
En un conflicto armado, inevitablemente hay víctimas civiles. Éstas pueden ser «horribles», pero siempre están ahí, y son peores en la guerra urbana. Hamás fue responsable de las bajas civiles al incrustar sus fuerzas en poblaciones y estructuras civiles.
Israel declaró explícitamente que las operaciones de Hamás se centraron en hospitales, escuelas, instalaciones de tratamiento de agua y generación de electricidad e instalaciones de las Naciones Unidas. Por lo tanto, las víctimas civiles en esos lugares durante el conflicto armado eran inevitables y, además, culpa de Hamás.
La dificultad aquí estriba en que Israel afirma que lo que está ocurriendo es un «conflicto armado» y niega la legitimidad de cualquier resistencia armada al mismo.
Al intentar que la CIJ desestimara el caso por motivos de procedimiento, Malcolm Shaw KC afirmó que Sudáfrica no tenía derecho a presentar el caso, ya que no mantenía ninguna disputa con Israel en el momento de la presentación. No se trataba, dijo, de una disputa, sino de una «no disputa».
Siguiendo una lógica similar, la postura de Israel depende de que se encuentra en «conflicto armado», pero niega que haya dos partes legítimas en el conflicto armado. Israel declaró en términos que no debe detener sus operaciones porque Hamás sigue disparando contra las fuerzas israelíes y lanzando cohetes contra Israel.
Se trata de un extraño conflicto armado en el que a una de las partes no se le permite disparar. Si Israel afirma que se encuentra en un conflicto armado, debe reconocer la legitimidad de las armas de aquellos contra los que lucha. No puede utilizar el «conflicto armado» como excusa para causar más de 25.000 muertos, pero luego afirmar también que no se trata de un conflicto armado, sino de algún tipo de operación antiterrorista limitada.
En resumen, si se trata de un conflicto armado, los palestinos tienen derecho a contraatacar. Y por supuesto que lo tienen. No hay duda en el derecho internacional de que un pueblo bajo ocupación tiene derecho a la resistencia armada. No creo que nadie lo discuta, ni siquiera los gobiernos británico o estadounidense.
Tonterías jurídicas
La pregunta clave aquí es: ¿los palestinos no tienen derecho a resistir un ataque genocida porque es Hamás -designada por Occidente como una organización terrorista proscrita- la que resiste? Esto, en mi opinión, es una enorme hipocresía. Las terribles consecuencias de calificar a un gobierno de facto simplemente de «terrorista» se traducen en el asesinato violento de cientos de niños cada día.
La Haya tiene que abrirse camino a través del sinsentido jurídico de un «conflicto armado» en el que sólo se permite luchar a un bando y en el que la gran mayoría de las víctimas son mujeres y niños totalmente inocentes, una proporción angustiosa de ellos bebés; en el que un bando dispone de todas las armas del más moderno y caro de los ejércitos y de un poder aéreo masivo que utiliza para matar indiscriminadamente a escala industrial, y el otro bando dispone de unas pocas armas ligeras y cohetes improvisados.
En Occidente, nos hemos metido en una situación jurídica igualmente ridícula. Algunos manifestantes han sido detenidos en el Reino Unido por oponerse a este genocidio. Personalmente, me he visto obligado a huir del país mientras la policía se preguntaba si apoyar el derecho de los palestinos a la resistencia armada, recogido en el derecho internacional, es «terrorismo» o no.
El 20 de enero, Joe Biden y Benjamin Netanyahu mantuvieron una conversación sobre la creación de un Estado palestino, que confirmó una vez más la opinión de Estados Unidos sobre un Estado palestino que sería una completa farsa.
En particular, no se le permitirían armas ni fuerzas militares y no tendría control de sus propias fronteras ni de su política exterior. Israel tendría poder tanto sobre los bienes como sobre las personas que entraran en este «Estado», que estaría fragmentado territorialmente y sería impotente en todos los sentidos.
Esto, por supuesto, es la culminación última del esquema del apartheid israelí. El tiempo pasa y la mayoría de la gente no sabe hasta qué punto la cacareada «solución de los dos Estados» refleja la apoteosis planificada del apartheid. A mediados de la década de 1980 yo era responsable de la oficina de Sudáfrica en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth del Reino Unido, y puedo decírselo.
La población negra de Sudáfrica iba a ser confinada en una serie de «patrias». Éstas se convertirían en «estados independientes». Uno de ellos, Bophuthatswana, fue declarado independiente.
Su «soberanía» iba a ser limitada exactamente de la misma manera que Biden y Netanyahu piensan que puede hacer posible un Estado palestino títere. En última instancia, más del 80% de los sudafricanos negros fueron planificados en estos estados «independientes», eliminando a la mayoría negra de Sudáfrica, para la que funcionarían como una reserva permanente de mano de obra barata sin derechos.
Propaganda colonial
Los palestinos, incluso antes de las hostilidades actuales, habían sido objeto de una limpieza étnica del 85% de sus tierras. Una «solución de dos Estados» que consolide eso y los deje bajo el dominio militar israelí permanente no resolverá este conflicto, cuya respuesta no es el afianzamiento efectivo del statu quo.
El deseo de negar a los palestinos el derecho de un pueblo a la autodefensa se ve reforzado por las interminables historias de atrocidades recicladas del 7 de octubre. Ahora bien, no dudo de que ese día los palestinos cometieran algunos crímenes. Deben investigarse a fondo y, si es posible, castigar a los autores, aunque curiosamente casi nunca es posible castigar a los militares occidentales que cometen crímenes en tierras que han ocupado.
Tampoco dudo de que la versión israelí de los atentados del 7 de octubre ha sido amplificada por los medios de comunicación, aunque la realidad es mucho más compleja y preocupante. Curiosamente, esto se ha admitido y debatido mucho más abiertamente en los medios israelíes que en los occidentales.
Pero, por supuesto, el bombo sistemático y sostenido sobre las atrocidades del 7 de octubre tiene su razón de ser. Presenta a los palestinos como bárbaros que nunca deberían tener derecho a portar armas o a defender sus hogares y familias.
Se trata de un modelo bien conocido de propaganda colonial. La ocupación sostenida y la privación de un pueblo ocupado conducen a ocasionales estallidos frenéticos de resistencia y a una guerra no convencional debido a la disparidad de armas.
Estos estallidos siempre contienen atrocidades que reflejan la violencia sostenida a la que se ha sometido al pueblo ocupado. Los colonizadores repiten y amplifican sin cesar esas atrocidades. El Agujero Negro de Calcuta o las historias de violaciones y asesinatos de los Mau Mau son buenos ejemplos.
Siempre se describen como ejemplos de la «bestialidad» de los ocupados y colonizados, como prueba de la validez de la misión civilizadora y de la superioridad moral del colonizador. Luego viene más represión.
Me sorprende que los estudios postcoloniales sean ahora una disciplina tan consolidada, pero que casi ninguna de sus ideas centrales se haya transmitido al discurso público y, en particular, a los medios de comunicación. Lo que está ocurriendo en Palestina es perfectamente evidente.
La tragedia es que las potencias occidentales intentan instigarlo en lugar de detenerlo.
8. Entrevista a Giacché sobre Hegel
Supongo que a los hegelianos os parecerá muy leve, pero, por si interesa, una entrevista a Vladimiro Giacché, autor reciente de una introducción al filósofo alemán.
Hegel: un «perro muerto» muy vivo. Entrevista con Vladimiro Giacché
Publicado el 19 de enero de 2024 por Luca Cangianti
En la «Posdata a la segunda edición» de El Capital, Marx estigmatizaba la disposición general a tratar a Hegel de «perro muerto», se declaraba su discípulo y destacaba la necesidad ineludible de la dialéctica para comprender el funcionamiento del modo de producción capitalista. Sin embargo, si vemos la dialéctica en acción en Marx, la cuestión de lo que es específicamente sigue abierta. Por supuesto, se puede recurrir directamente a Hegel para quitarnos la curiosidad, pero el pensamiento de este filósofo está notoriamente expuesto en un lenguaje a menudo oscuro. Para acercarse a este pensador, por tanto, una obra como Hegel. La dialéctica de Vladimiro Giacché (Diarkos, 2023, pp. 240, 18,00 euros) resulta muy útil. En la nueva edición (la primera había salido en 2020, en plena pandemia), el autor ha simplificado aún más el lenguaje (en verdad ya muy claro), ha enriquecido la parte antológica y ha actualizado las referencias a las nuevas ediciones críticas.
LC – Muchos consideran a Hegel el filósofo de la reacción prusiana. Sin embargo, de joven escribió obras subversivas (que se cuidó de no publicar), defendió la necesidad de la abolición del Estado y envió a la imprenta textos políticos anónimos. Luego, a lo largo de su vida, teje relaciones con revolucionarios, liberales y judíos hasta el punto de ayudar a un preso político. En resumen, ¿qué tipo de filosofía es la de Hegel? ¿Tenía razón Marx al considerarla revolucionaria o, por el contrario, Popper al afirmar que era reaccionaria?
VG – Popper definitivamente no tiene razón. Contrariamente a los primeros trabajos y a lo que figura en las cartas, es cierto que en los volúmenes publicados, y especialmente en la Filosofía del Derecho, hay un ajuste a la situación política actual. Pero la cuestión debe enfocarse en términos filosóficos y no políticos. El problema es cómo interpretamos la relación entre lo racional y lo real. Como es bien sabido, para Hegel «lo real es racional». Pero esto no significa que todo lo que existe, por el hecho mismo de existir, sea racional. Puede existir un mal estado, pero para Hegel es «irreal», es decir, inadecuado, imperfecto. Además – Engels lo explicó muy bien – el nexo realidad-racionalidad en Hegel no puede considerarse en términos estáticos: en este sentido podemos decir que el feudalismo era racional, pero también lo era el capitalismo que lo sustituyó. La filosofía de Hegel se basa en la procesualidad de las cosas y en la realidad de la contradicción. Esto no es un fracaso del pensamiento, sino un desafío al pensamiento, que debe ser capaz de comprenderlo. Una filosofía así no se presta a justificar un orden económico y jurídico inmutable. En la base del pensamiento hegeliano está la inquietud.
LC – En su libro usted subraya la importancia que la filosofía hegeliana atribuye a la «capacidad del sujeto de ser una estructura autocentrada, capaz de conservarse y mantenerse en unidad consigo mismo en relación con el mundo exterior» y señala cómo la Fenomenología del espíritu se publicó en Alemania en la misma época en que se difundían las novelas de formación. En «estas obras literarias», argumentas, «se describía el duro y necesario camino, tachonado de dificultades y derrotas, a través del cual el protagonista de la narración podía llegar finalmente a la conquista de la verdad sobre sí mismo y sobre la vida.» Estas afirmaciones me traen a la mente el viaje del héroe tal y como lo concibieron Joseph Campbell y Christopher Vogler, pero también Carl Jung. ¿Son similitudes que sólo veo yo o hay algo más sustancial?
VG – Hegel definió a los filósofos como «héroes de la razón pensante» y la propia estructura de la Fenomenología es deudora del modelo literario de las novelas de formación, como Wilhelm Meister de Goethe y Heinrich von Ofterdingen de Novalis. Sin embargo, hay que hacer tres puntualizaciones.
La primera: la reflexión de Hegel se centra en el concepto de subjetividad y tiene como referencias históricas sobre todo fuentes filosóficas: Kant -que reivindica la centralidad del sujeto en el proceso cognoscitivo-, la irreductibilidad del yo fichtiana y en menor medida la nostalgia romántica de lo absoluto; en este contexto, para Hegel el sujeto (sea un ser humano, un organismo vivo o un sistema político) es aquello que pivota sobre sí mismo en la relación con el otro, es la capacidad de enfrentarse al mundo exterior sin agobiarse y sin perder la propia identidad; es esto lo que Hegel define como «estar en sí mismo en el otro».
Segunda aclaración: Hegel no es un filósofo del original. Por filosofía de lo originario entiendo aquellas concepciones que presuponen una perfección originaria perdida y a recuperar: al final del viaje el héroe simplemente recupera algo que había perdido. El retorno de Hegel, en cambio, no es un verdadero retorno, porque es la consecución de una situación más rica. En una de sus conferencias, Hegel compara la idea absoluta (la culminación de la Ciencia de la Lógica) «con el anciano que pronuncia las mismas frases religiosas que el niño, pero para él estas frases tienen el significado de toda su vida». La atención de Hegel no se centra en el punto de partida, sino en el punto de llegada, ya que éste abarca en sí todo el camino: «el interés -afirma- reside en todo el movimiento».
LC – En definitiva, el viaje del sujeto hegeliano parece ser un viaje que no termina, que, por lo demás, se asemeja a los itinerarios más heterodoxos de la narratología, aquellos en los que el héroe no vuelve a casa para restablecer el orden perturbado por el incidente desencadenante, sino que emprende nuevas aventuras como el Ulises de Dante y el Che. Ahora, sin embargo, no debemos olvidar la tercera aclaración que ha anunciado.
VG – Ciertamente, es una característica de la subjetividad hegeliana que no concuerda con muchas tendencias contemporáneas: el sujeto para Hegel no es una entidad que pueda recombinarse a voluntad; la autoconciencia en su confrontación ganadora con el mundo exterior no puede moldearse física, psicológica, culturalmente a voluntad. La idea de una identidad indefinidamente moldeable es ajena al horizonte hegeliano. El sujeto hegeliano no es algo inmóvil, evoluciona y crece en la confrontación y el choque con la realidad. Pero no es líquido.
LC – Usted, también por razones profesionales, se ha ocupado mucho de economía, de hecho diría que es más conocido como economista, a pesar de su formación filosófica original. ¿Cómo puede ser útil Hegel en una disciplina tan aparentemente prosaica?
No existe la economía hegeliana, aunque Hegel en la Filosofía del Derecho se ocupó de la disciplina estudiando a Adam Smith, reflexionando sobre el pauperismo y la sociedad civil. Para responder a su pregunta, sin embargo, tenemos que volver al núcleo de su filosofía, a su forma de pensar: Hegel ofrece un método que nos permite reaccionar de forma productiva ante el reto de la complejidad, cuando hay muchas variables en juego, muchos intereses en juego, y la línea causal no es única ni inequívoca. Este pensador se sentía incómodo con la mecánica newtoniana de su época precisamente porque su método aludía ante litteram a la cibernética, a la consideración de la dinámica de acción y reacción, de la correlación entre lo cuantitativo y lo cualitativo. Todas ellas herramientas conceptuales aún válidas. Pondré un ejemplo: en las crisis que hemos vivido, primero en 2008 y luego en 2011, el sistema productivo italiano sufrió un cambio cuantitativamente importante, reduciéndose en una cuarta parte. Esto provocó un cambio cualitativo que ahora hace imposible referirse a esta formación económico-social en los mismos términos que antes. La morfología económica de Italia es ahora sustancialmente diferente de la de hace 15 años. Otro ejemplo: toda la insistencia en la austeridad y la elevada deuda pública que exigiría restricciones presupuestarias para contener el déficit es profundamente antidialéctica. No considera que la restricción fiscal puede reducir el denominador, es decir, el crecimiento, más que el numerador. Entonces uno se sorprende (al menos los de buena fe) de que al final de la «cura» ¡la deuda haya aumentado! Uno no se da cuenta de que hay interdependencias que cuando se descuidan pueden tener efectos contrarios a los perseguidos.
LC – En la historia del marxismo hemos tenido pensadores que han reconocido la deuda de Marx con Hegel y otros que la han negado. ¿Cómo se explica esta divergencia de criterio?
VG – Estas posiciones hay que situarlas en la cultura de la época. Las lecturas antihegelianas de Marx en Italia se originaron como una crítica a las corrientes marxistas influidas por el historicismo crociano; en Francia provenían de una fuerte hegemonía del estructuralismo, evidente en Althusser, por ejemplo. También había elementos de crítica política a los respectivos partidos comunistas, tanto en Italia como en Francia, a los que se consideraba culpables de haber absorbido en sus culturas políticas planteamientos historicistas y humanistas considerados erróneos. En realidad, al margen de estas consideraciones, no hay que olvidar dos cosas: en primer lugar, Marx -después de su crítica juvenil a los resultados políticos del hegelismo de derechas- utiliza una cantidad impresionante de marcos conceptuales hegelianos en los Grundrisse y en El Capital; en segundo lugar, considera que las herramientas teóricas ofrecidas por Hegel, en particular con referencia al concepto de subjetividad, son útiles para ilustrar el automovimiento del capital, su estructura y su articulación. Para Marx, Hegel fue decisivo en la lectura de la realidad económica en oposición a la economía burguesa de su tiempo. Por eso Lenin decía en los Cuadernos filosóficos que si no se entiende a Hegel, tampoco se entiende a Marx. Y aquí, por último, quiero recordar a Brecht, que en Me-ti definió la dialéctica como el «Gran Método»: un método que «permite reconocer los procesos en las cosas» y que «enseña a formular preguntas que hacen posible la acción». Esta definición me parece de gran importancia, porque pone de manifiesto el carácter intrínsecamente transformador de la dialéctica.