Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1.La transición ecosocial en el Parlamento Europeo.
2. Pausa genocida.
3. Más sobre la posibilidad de regionalización del conflicto.
4. El fin de Israel tal como lo conocemos.
5. La popularidad de Sadam Hussein en Jordania.
6. El futuro de las relaciones Israel-Jordania (observación de Joaquín Miras)
7. El tour diplomático árabe
8. Los túneles de Hamás.
9. La situación militar en la guerra de Palestina, 24 de noviembre.
1. La transición ecosocial en el Parlamento Europeo
A raíz de una investigación del ICTA-UAB sobre las posiciones políticas ante la transición ecosocial, el periodista Andrés Actis hace un resumen de los resultados. En el articulo se enlaza con el artículo original en Nature, pero es de pago.
https://www.lapoliticaonline.
«En Europa, el discurso del crecimiento verde está construido por la centroderecha»
Es la conclusión a la que llegó una investigación liderada por Giorgos Kallis (ICTA-UAB) tras poner la lupa en el Parlamento Europeo sobre las posturas políticas en el debate decrecimiento vs. crecimiento verde.
Por Andrés Actis (Madrid)24/11/2023
¿Cuáles son las opiniones de las elites políticas europeas sobre el decrecimiento y el crecimiento verde? ¿Es cierto que se puede formar consenso en torno al crecimiento verde pero no al decrecimiento? Con esos dos disparadores, tres investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), liderados por el doctor en política ambiental, Giorgos Kallis, indagaron en el Parlamento Europeo sobre los posicionamientos políticos respecto a las estrategias de sostenibilidad para enfrentar la crisis climática.
Los autores de la investigación, publicada en la revista Nature, plantean que «el decrecimiento está atrayendo un interés científico cada vez mayor». Sin embargo, se sigue viendo como una teoría «demasiado radical» para que los políticos la acepten, especialmente si se compara con la otra estrategia sobre la mesa, el «crecimiento verde», que en Europa está enmarcado en el Green New Deal.
«Se está produciendo un animado debate dentro de la ciencia de la sostenibilidad sobre los méritos del decrecimiento versus el crecimiento verde», introducen los investigadores.
Explican que «el decrecimiento quiere que las economías ricas abandonen el crecimiento del PIB y reduzcan el uso de energía y materiales reduciendo la producción innecesaria mientras se centran en las necesidades humanas». El crecimiento verde, en tanto, «persigue un crecimiento económico continuo con un impacto ambiental decreciente».
La comunidad científica tiene diferentes miradas respecto sobre si «el crecimiento del PIB puede desvincularse del impacto ambiental lo suficientemente rápido como para evitar el colapso planetario».
Muchos expertos creen que esto no es posible. La luz al final del túnel -evitar ese colapso- solo es posible si los países desarrollados, los que más emisiones generan, decrecen en lugar de crecer.
«Sin embargo -explican los autores-, una de las críticas centrales contra el decrecimiento tiene que ver con la viabilidad política: las propuestas de decrecimiento son criticadas por no tener «ni siquiera una vaga probabilidad de encontrar apoyo político en ninguna parte»».
En la comparación, el crecimiento verde se considera «una vía más aceptable y prometedora para la economía y la ecología, y una tercera vía entre los extremos de limitar el crecimiento y crecer a cualquier costo».
«Esto hace que el crecimiento verde sea supuestamente más aceptable para los votantes y, a diferencia del decrecimiento, una base consensuada para unir a las personas con mentalidad ecológica con los intereses empresariales y de la clase trabajadora», se resume en la investigación sobre el cuadro de situación de este debate.
El estudio arroja que la idea de crecimiento verde, que hasta ahora se pensaba como una buena base para el consenso, parece, por lo menos en el Parlamento Europeo, solo una idea liberal y de derechas
Por eso -se agrega-, a nivel de la política concreta, en el Parlamento Europeo, los verdes suelen votar con los liberales de centroderecha para aprobar legislación climática, priorizando objetivos basados en la tecnología (como las energías renovables y la eficiencia energética) y dejando de lado las diferencias económicas o ideológicas.
Para tener una foto aún más precisa, los investigadores -Kallis, Ricardo Mastinia y Christos Zografos- entrevistaron a 41 eurodiputados. Preguntaron sus valoraciones sobre declaraciones comúnmente invocadas en los debates sobre «decrecimiento versus crecimiento verde» en el contexto de la política climática y el Green New Deal.
El análisis encontró tres grandes grupos de opinión/discurso: los eurodiputados agrupados en un «Nuevo Trato Verde» (acuerdo post-crecimiento y cuestionamiento al crecimiento económico); un «Gran New Deal ecosocialista» (crítico con el capitalismo y que apoya la descarbonización impulsada por el Estado); y un «Acuerdo Verde Liberal» (que favorece las soluciones tecnológicas y de mercado).
En lo que respecta a la afiliación partidaria, los grupos 1 y 2 «cubren en gran medida el mismo terreno político»: centroizquierda e izquierda. En el tercer grupo se ubican «los miembros de derecha».
Los dos primeros discursos son replicados -con muchos matices- por la alianza Progresista de Socialistas y Demócratas de centro izquierda, de Verdes-Alianza Libre Europea y la Izquierda Unitaria. El discurso 3, en cambio, «es predominantemente de centroderecha», con eurodiputados del partido liberal Renew y del Partido Popular.
«En resumen, el discurso del crecimiento verde no es un discurso consensuado sino predominantemente un discurso de centroderecha. Y hay dos polos verdes/izquierdistas: uno en torno a un enfoque más ecosocialista agnóstico al crecimiento, y otro que está más orientado al decrecimiento pero menos pronunciado en la cuestión del capitalismo/el papel del Estado», detalla la investigación.
Y agrega: «El discurso del crecimiento verde está construido predominantemente por eurodiputados de centroderecha, mientras que un discurso más cercano a las ideas de decrecimiento es firmemente de izquierda: popular entre la izquierda radical, los verdes y, en menor medida, entre la centroizquierda».
LPO dialogó con Giorgos Kallis para profundizar en estas conclusiones. «El estudio arroja que la idea de crecimiento verde, que hasta ahora se pensaba como una buena base para el consenso, parece, por lo menos en el Parlamento Europeo, solo una idea liberal y de derechas», reflexiona.
El decrecimiento quiere que las economías ricas abandonen el crecimiento del PIB y reduzcan el uso de energía y materiales reduciendo la producción innecesaria mientras se centran en las necesidades humanas; el crecimiento verde persigue un crecimiento económico continuo con un impacto ambiental decreciente
La segunda idea potente de la investigación es que entre los diputados de socialdemócratas, de izquierda y verdes «hay dos discursos prevalentes, post-crecentista, y eco-socialista».
«Estos dos discursos están de acuerdo en muchas cosas (como la necesidad de más inversiones estatales en la transición energética, la reducción de horas de trabajo y la justicia ambiental), pero tienen diferencias en el tema de crecimiento económico», explica.
Para el primer grupo no es «nada deseable» continuar con un modelo económico centrado en el PBI. Los ecosocialistas, en cambio, son «agnósticos», no le dan tanta importancia en comparación con temas de distribución e igualdad.
En el trabajo, los tres autores se preguntan por qué no se ve esta diversidad de opiniones en las «políticas reales» y por qué en la práctica el consenso está totalmente centrado en el crecimiento verde.
Una posible respuesta: el equilibrio de poder. «En la medida en que el centroderecha tome las decisiones, es probable que el crecimiento verde siga siendo el enfoque predominante».
2. Pausa genocida
Un antiguo mediador en Oriente Medio, Richard Falk, reflexional sobre la actual pausa en la guerra de Palestina.
24 de noviembre de 2023
¿Cuándo es genocida una «pausa humanitaria»? por Richard Falk
Se supone que la «pausa humanitaria» comenzará el 24 de noviembre y durará cuatro días. El Primer Ministro de Israel y los líderes del gobierno de unidad israelí se comprometen a reanudar su «guerra» cuando termine la pausa, y a reanudar la persecución de sus objetivos en Gaza hasta alcanzarlos todos.
A nosotros, el público, no se nos dice muy claramente cuál es la actitud de Hamás hacia la pausa, pero podemos imaginar que cualquier alivio de los devastadores ataques 24/7 de Israel supone un bienvenido alivio, aunque conlleva esta sensación una continua resolución por parte de Hamás de resistirse a la opresiva ocupación israelí de Gaza, y su resultado preferido, que parece incluir la limpieza étnica y la evacuación forzosa permanente del norte de Gaza, dejando a lo que queda de los palestinos en el sur de Gaza depender de los esfuerzos de ayuda de la ONU, que a su vez dependen de la financiación que proviene de los gobiernos «humanitarios» que se sienten culpables por su enredo positivo con el ataque genocida de Israel de un mes de duración.
Sabemos algo sobre «la niebla de la guerra», sus motivaciones ocultas, sus tortuosos métodos y justificaciones, y su sutil cambio no reconocido de objetivos, pero la mayoría de nosotros confiamos en los principales medios de comunicación a pesar de la «niebla del discurso», es decir, el uso partidista del lenguaje y de los «hechos» para retorcer «los corazones y las mentes» de los espectadores y lectores. Incluso cuando, como en este periodo desde el 7 de octubre, los acontecimientos y las imágenes son tan desgarradores, hay un uso deliberado, no reconocido, quizá automático, para crear percepciones de simetría ética entre los antagonistas y dar rienda suelta a reacciones del tipo «la guerra es un infierno» en las que ambos bandos se enzarzan en una danza de la muerte.
La retórica de la «pausa humanitaria» es ilustrativa de una campaña de desinformación mediática diseñada para afirmar ciertas actitudes y estigmatizar otras. Por ejemplo, la promesa israelí de reanudar la guerra tras este breve interludio de relativa calma rara vez incluye comentarios críticos sobre la naturaleza siniestra de este compromiso de volver a enfrentar a Hamás recurriendo a la guerra genocida. Por el contrario, cuando los rehenes liberados informan de un trato humano por parte de sus captores, esto se menosprecia o se ignora por completo, mientras que si los prisioneros palestinos liberados hicieran comentarios análogos sobre cómo disfrutan en las cárceles israelíes, sus palabras serían destacadas. Sólo podemos imaginar la dura respuesta de los medios de comunicación occidentales a la participación de Rusia en una pausa comparable en la guerra de Ucrania, desestimando cualquier pretensión humanitaria de Moscú como cínica propaganda de Estado.
A menos que se aborde adecuadamente, toda la procedencia de la «pausa humanitaria» se malinterpreta. Recuérdese que los dirigentes políticos israelíes siguieron adelante con esa alternativa sólo cuando quedó claro que Israel no tenía intención de convertir la pausa en un alto el fuego de mayor alcance, al que seguirían negociaciones «del día después» sobre la viabilidad de continuar con la ocupación y un nuevo acuerdo sobre las disposiciones de gobierno para Hamás. En lugar de mantener su culto nacionalista tachando a Hamás de «terrorista», la seguridad de Israel podría verse reforzada si se tratara a Hamás como una entidad política legítima, que aunque culpable de violaciones del derecho internacional, es mucho menos culpable que Israel si se hace una evaluación justa y se tiene en cuenta el alto el fuego a largo plazo de Hamás, la diplomacia se considera una alternativa de seguridad preferible.
En retrospectiva, comprendo mejor la razón de ser de estos esfuerzos aparentemente genuinos de Hamás, de los que recibí pruebas de primera mano gracias a largas conversaciones con dirigentes de Hamás que vivían en Doha y El Cairo mientras yo era Relator Especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados hace una década. Israel no podía tomarse en serio lo que parecía ser beneficioso desde su perspectiva de seguridad de tales iniciativas de Hamás o de la Propuesta de Paz Árabe de 2002 emitida en La Meca. Tanto Hamás como la propuesta árabe condicionaban la paz a la retirada del Territorio Ocupado de Cisjordania, que ha estado durante mucho tiempo en el punto de mira del ala colona del Proyecto Sionista, y al que sus dirigentes han dado sistemáticamente prioridad sobre la seguridad israelí, mucho antes de que la Coalición de Netanyahu lo dejara inequívocamente claro cuando asumió el poder en enero de 2023. Israel nunca aceptó la presunta noción internacional de que un Estado palestino incluiría Cisjordania y tendría su capital en Jerusalén Este.
Es esta falta de voluntad para tener en cuenta la estructura de amo/esclavo de la ocupación prolongada lo que da una verosimilitud engañosa a las narrativas de ambas partes que encarnan la ilusión de que Israel y la Palestina ocupada son formal y existencialmente iguales. Estas narrativas equiparan, o invierten, el ataque de Hamás con el ataque genocida israelí que le siguió, considerando el primero como «bárbaro», mientras que el segundo se describe generalmente con simpatía como el derecho razonable y necesario de Israel a defenderse. Variaciones de estos temas forman parte de la apologética de antiguos funcionarios mediadores estadounidenses como Dennis Roth o de casuistas sionistas liberales como Thomas Friedman.
Una última observación se refiere a lo inapropiado de la palabra «humanitario» para entender las motivaciones de Israel. Por supuesto, Israel busca tanto la seguridad de sus ciudadanos judíos, incluidos los colonos, pero cuando se ve obligado a elegir privilegia sus ambiciones territoriales aún no realizadas. El actual gobierno de unidad de Israel sólo aceptó las súplicas de las familias de los rehenes y sucumbió a las presiones de Washington cuando sus diversos servicios de seguridad y mandos militares dieron garantías de que Hamás no podría aprovecharse tácticamente de la pausa, y de que la campaña de Israel podría reanudarse dentro de los parámetros sin restricciones anteriores a la pausa una vez ésta hubiera terminado. En otras palabras, la pausa estaba motivada políticamente como una forma de aparentar que se respondía a las presiones humanitarias internas y externas sin mostrar la más mínima respuesta a los gobiernos de todo el Sur Global que pedían un alto el fuego para detener el genocidio y por parte de los enfurecidos manifestantes en las calles de las ciudades de todo el mundo. La «pausa humanitaria», tal y como se ha presentado el acuerdo, es una iniciativa totalmente arraigada en Occidente, si bien es cierto que cuenta con el apoyo de algunos gobiernos autocráticos de otros lugares. No sabemos por qué Hamás aceptó ese plan, pero una conjetura segura es que buscaba algunos días de alivio de las tácticas de devastación de Israel y puede que quisiera reducir sus responsabilidades de cuidar de niños y rehenes heridos o ancianos en circunstancias tan peligrosas.
La entrada en vigor de la «pausa humanitaria» está destinada a crear sorpresas e impartir una mayor comprensión de la «niebla del humanitarismo». Lo que no debe hacer es inducir a la complacencia a quienes honran el compromiso de la Convención sobre el Genocidio de hacer todo lo que esté en su mano para prevenir el crimen de crímenes y castigar a sus autores más destacados.
Richard Falk es Catedrático Emérito de Derecho Internacional Albert G. Milbank de la Universidad de Princeton, Catedrático de Derecho Global de la Universidad Queen Mary de Londres e Investigador Asociado del Centro Orfalea de Estudios Globales de la UCSB.
3. Más sobre la posibilidad de regionalización del conflicto
Otro artículo en el que se señala que es Israel quien quiere un conflicto regional mientras EEUU se opone de momento. Esperemos que estos días de pausa permitan el desarrollo de la política y la diplomacia.
Israel quiere arrastrar a Estados Unidos a una confrontación regional, pero Biden se muestra reticente
Israel tiene objetivos bélicos mayores que Hamás y está provocando deliberadamente una guerra regional para arrastrar a Estados Unidos a la contienda. Biden ha hecho esfuerzos poco entusiastas para enfriar la situación, pero tiene que ser más audaz para frenar a Israel antes de que sea demasiado tarde.
Por Mitchell Plitnick 24 de noviembre de 2023 8
A principios de esta semana, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, envió a Israel a uno de sus principales asesores de seguridad, el israelí-estadounidense Amos Hochstein. Según un funcionario estadounidense, el propósito del viaje era «hacer hincapié en que restablecer la calma a lo largo de la frontera norte de Israel es de suma importancia para Estados Unidos y debe ser una prioridad máxima tanto para Israel como para Líbano».
La redacción es importante. El gobierno de Biden claramente no cree que Israel considere que «restaurar la calma» a lo largo de su frontera norte sea una «máxima prioridad». La mención de Líbano es pro forma; Estados Unidos no puede señalar con el dedo sólo a Israel, no sea que se produzca una reacción política. Las intenciones de Hezbolá son claras: están al lado de los palestinos y, en un tira y afloja con Israel, están yendo poco a poco más allá, viendo hasta dónde pueden llegar antes de que Israel se abalance sobre ellos. El sur del Líbano no puede permitirse un asalto israelí total, dadas las terribles circunstancias del país. Puede que lo sufran de todos modos.
Biden tiene motivos para preocuparse. A pesar de los desmentidos públicos cada vez más absurdos, es evidente que Israel está haciendo mucho más que intentar atacar a Hamás en la Franja de Gaza. No sólo han declarado un objetivo de guerra que sencillamente no es alcanzable -eliminar totalmente a Hamás-, sino que Israel también ha hecho todo lo posible por atacar emplazamientos civiles. Incluso si el Presidente permanece voluntariamente ciego, a la mayoría del personal de Biden no se le puede haber escapado que Israel tiene objetivos de guerra mayores que Hamás.
Por muy claro que esté, los límites de esos objetivos son menos evidentes. A algunos miembros de la administración Biden les preocupa que Israel esté tratando deliberadamente de provocar una guerra más amplia para atraer a Estados Unidos a la contienda. Desde fuera, parece que mientras que a algunos en Israel les gustaría mucho hacer precisamente eso, otros simplemente cuentan con la presencia de Estados Unidos para disuadir la implicación directa de Irán si Israel y Hezbolá se enzarzan en una escalada de la lucha. Y otros parecen estar totalmente centrados en los palestinos y preferirían evitar cualquier enfrentamiento con Hezbolá. Por ahora, esa es la opinión que se mantiene en Israel, pero está claro que la administración Biden no está segura de cuánto durará.
La última oportunidad para la extrema derecha
Un aspecto clave que merece un examen más profundo es el hecho de que la vida de este gobierno israelí casi con toda seguridad no es más larga que los combates actuales, y posiblemente sea incluso más corta. Muchos han observado que Benjamin Netanyahu, que se enfrenta a peticiones de dimisión como primer ministro y parece haber llegado finalmente al final de su capacidad para sobrevivir políticamente, quiere prolongar la guerra para poder prolongar su tiempo en el cargo, y quizás incluso encontrar una salida a su actual posición política, aparentemente desesperada. Pero estas preocupaciones no se limitan a Netanyahu.
La extrema derecha, representada por Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, también se enfrenta a un futuro incierto. El ataque criminal de Hamás del 7 de octubre les dio la oportunidad de intensificar significativamente un programa de limpieza étnica tanto en Gaza como en Cisjordania, y lo han aprovechado. Aunque tienen que proceder con cautela en Cisjordania, la escalada masiva de violencia israelí completamente no provocada allí, incluidos los ataques de colonos y militares, es una clara señal de su programa en marcha. No se limita a Smotrich y Ben-Gvir, por supuesto. Simplemente son más directos y menos cautelosos al respecto.
Sin embargo, muchos israelíes atribuyen parte de la culpa de sus pérdidas a la extrema derecha, a su adhesión a la ideología por encima de la estrategia y a su inexperiencia en la gobernanza. En consecuencia, parece más probable que el próximo gobierno no los incluya, aunque dependiendo de cómo vayan las elecciones y las conversaciones sobre la coalición, la necesidad puede darles otra oportunidad.
En cualquier caso, tanto la extrema derecha como la derecha más dominante del actual gobierno israelí reconocen que ahora tienen una oportunidad única de cambiar todo el terreno de juego en Israel, Palestina y Líbano. También para Netanyahu, un proyecto así significa un conflicto más largo, ya que se esfuerza por ganar más tiempo.
Esta es una razón clave por la que Israel retrasó el acuerdo de intercambio de rehenes durante tanto tiempo, arriesgándose a la ira de las familias con la vida de cuyos seres queridos el gobierno de Netanyahu estaba jugando tan cruelmente. Pero todos hemos visto el resultado del asalto israelí: la condensación de lo que queda de la población de Gaza en el sur, la escalada de ataques y el vaciado de aldeas palestinas en Cisjordania, y la introducción gradual en el discurso de la idea de expulsar a los palestinos supervivientes a otros países.
Escalada con Hezbolá
El verdadero peligro de escalada lo representa Hezbolá en la frontera libanesa con Israel. Aunque ninguna de las partes parece querer una escalada, sin duda hay fuerzas dentro del gobierno de Netanyahu que sí la desean, y eso es lo que preocupa a la administración Biden.
Israel y Hezbolá llevan semanas lanzando pequeños ataques de escalada, acercándose cada vez más a un enfrentamiento potencialmente explosivo. Hezbolá quiere mostrar su apoyo a los palestinos, pero el simple hecho es que si lleva al Líbano el tipo de destrucción que Israel puede desencadenar, dada la ya terrible lucha en el país política y económicamente paralizado, se arriesga a perder la mayor parte de su apoyo en el Líbano.
Muchos dirigentes israelíes tampoco están dispuestos a abrir un segundo frente. Sus fuerzas ya están divididas entre la defensa del norte y la destrucción de Gaza. Desviar aún más sus recursos a la frontera libanesa abre una serie de posibilidades sombrías, sobre todo si Cisjordania estalla en violencia, como desean desesperadamente los colonos.
Pero puede que otros quieran aprovechar la oportunidad para aplastar a Hezbolá. Pueden creer que la presencia de los buques de guerra estadounidenses en el Mediterráneo oriental seguirá disuadiendo a Irán de enfrentarse directamente a Israel, que Israel podría bloquear eficazmente al menos una buena parte de los intentos de Irán de reabastecer a su aliado libanés, y que Hezbolá podría así ser diezmada sólo por Israel.
Sin embargo, lo más probable es que el cálculo implique implicar a Estados Unidos en la lucha. Aunque Irán probablemente querría evitar una implicación directa, una batalla sin cuartel entre Israel y Hezbolá atraería casi con toda seguridad a los aliados de Irán en Siria, Irak y Yemen. Eso podría ser suficiente para que Estados Unidos se involucrara. A partir de ese punto, Irán podría verse forzado a una participación más directa, y casi cualquier escenario sombrío, incluso apocalíptico, es posible.
Las mentes más sensatas de Israel podrían darse cuenta de que implicar a Estados Unidos en un conflicto directo a costa de vidas estadounidenses podría poner aún más en entredicho el apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel. La campaña de Gaza ya ha sacado a la calle protestas sin precedentes contra Israel. El hecho de que estén lideradas por jóvenes -judíos y musulmanes, juntos y en sus propias manifestaciones- y estén respaldadas por opiniones de expertos que califican las acciones israelíes de crímenes de guerra e incluso de casi genocidio ha puesto de manifiesto los límites del apoyo estadounidense y europeo a Israel. Ello ha provocado duras medidas represivas contra cualquier apoyo a los palestinos, una escalada del temor por las carreras y oportunidades que desde hace tiempo forman parte del activismo de solidaridad con Palestina.
Pero ese repunte de la represión es indicativo del desafío al poder arraigado de los partidarios de Israel. Se trata de una táctica poco sutil, que sin duda provocará una reacción violenta a largo plazo. La reacción se multiplicará por cientos si se pierden vidas de soldados estadounidenses por el apoyo a los crímenes de guerra israelíes, y uniría a las fuerzas progresistas contra la guerra con las mentes realistas de la política exterior y la corriente dominante estadounidense que ha dejado claro que está cansada de ver derramarse sangre estadounidense en Oriente Medio.
Divisiones israelíes
Sin embargo, las fuerzas más fanáticas del gobierno israelí, así como algunas de las más cínicas, están intentando aprovechar esta rara oportunidad. No es frecuente que un presidente estadounidense sea tan temerario como para poner a Estados Unidos en una posición en la que pueda verse arrastrado tan fácilmente a una guerra que no desea. Joe Biden apostó a que poner fuerzas estadounidenses en peligro disuadiría a Irán, Siria, Hezbolá y otras milicias aliadas de Irán de atacar a Israel. Biden estaba seguro de que ninguno de estos actores se atrevería a interferir mientras Estados Unidos estuviera presente de forma tan visible y contundente.
Eso ha demostrado ser correcto hasta ahora, pero Biden no tuvo en cuenta la tentación que estaba poniendo ante Israel. Con su típica y arrogante falta de previsión, Biden puso a Estados Unidos en una posición en la que un pequeño paso en falso o un ataque inesperado contra Israel (o incluso contra fuerzas estadounidenses) podría forzar una respuesta de Estados Unidos. Ese riesgo se multiplica ahora que Israel está en condiciones de tomar medidas para arrastrar a Estados Unidos a una guerra con mucha más facilidad que si el ejército estadounidense tuviera que movilizarse y enviar fuerzas a la región.
Ese es el escenario que preocupaba claramente a Biden cuando envió a Hochstein, un veterano de las FDI y un hombre muy respetado en el establishment israelí, a comunicarse con Líbano e Israel. No podía, por supuesto, hablar directamente con Hezbolá, pero el gobierno libanés podía transmitir a los dirigentes de Hezbolá las amenazas que seguramente eran el mensaje de Hochstein para ellos. No se pretende que tengan mucho efecto sobre Hezbolá, ni falta que hace. Las escaladas progresivas que hemos visto a pesar de las atrocidades cometidas en Gaza son una clara señal de que Hezbolá está tratando de evitar una guerra total. Hochstein sólo ha tenido que hacer ademán de hablar con ambas partes.
En este momento, Israel también sigue intentando evitar una escalada, pero algunos de sus recientes ataques han hecho subir la aguja de la tensión, al igual que los de Hezbolá. Netanyahu teme un final rápido de la guerra que adelante su día de ajuste de cuentas ante la opinión pública israelí. Desde luego, no está dispuesto a involucrar a Estados Unidos en una guerra, independientemente de los efectos a largo plazo sobre la relación entre Estados Unidos e Israel, así como sobre el propio Israel, que probablemente sufrirá daños importantes y un retroceso global significativo en caso de que se considere que está ampliando voluntariamente esta guerra.
Por su parte, Biden ya ha tenido que ceder a la presión, tanto global como nacional, y respaldar una breve pausa en la matanza de Gaza. Él y sus portavoces han ido virando gradualmente hacia la admisión de que Israel ha causado «demasiadas» víctimas civiles en sus operaciones. Por poco que suene, es un significativo paso adelante respecto a la retórica de la administración Biden en las primeras semanas de la embestida israelí, y todo se debe a la presión que la Casa Blanca está sintiendo por parte de activistas, de otros países e incluso de empleados del gobierno.
Ese cambio lleva implícita la realidad tácita de que Israel persigue mucho más que a Hamás. Esta comprensión es lo que explica las repetidas declaraciones de la administración Biden de oposición a la reubicación de cualquier parte de la población de Gaza. Biden ha creado la expectativa de que, al menos, no ayudará a Israel a obligar a los gazatíes a trasladarse a otro lugar, aunque esto no está ni mucho menos garantizado.
En lo que todavía no se ha traducido la presión ejercida es en medidas reales y materiales para impedir que Israel persiga sus objetivos más peligrosos, tanto en lo que se refiere a la reubicación forzosa de palestinos como a una escalada en Líbano. Esa es sin duda una posición en la que Joe Biden no quiere encontrarse. Cualquier acción que emprendiera para disuadir a Israel en esas circunstancias provocaría sin duda una reacción violenta de las fuerzas pro-Israel, por las que ya ha sacrificado parte del apoyo musulmán, árabe y progresista a su persona.
Biden se ha puesto a sí mismo en esta situación, y ahora tiene que depender de que Netanyahu acceda a sus peticiones, especialmente en lo que se refiere a la escalada. Los últimos acontecimientos no son prometedores. La escalada puede ser gradual, pero se está produciendo. Y, aunque ahora mismo Netanyahu no parece inclinado a tomar medidas para provocar la implicación de Estados Unidos, eso podría cambiar si Hezbolá consigue un ataque demasiado grande. Biden hace bien en intentar enfriar la situación, pero necesita ser más audaz y hacer saber a Netanyahu que Estados Unidos no irá más allá de su papel disuasorio. Las posibilidades de que Biden esté dispuesto a adoptar una postura tan firme parecen cuestionables a tenor de su comportamiento hasta la fecha.
4. El fin de Israel tal como lo conocemos
Llevamos mucho tiempo pronosticando esto. Espero que algún día sea verdad.
Este Israel no tiene futuro en Oriente Medio
La guerra de Gaza puede ser el principio del fin, pero no para Palestina.
Marwan Bishara Analista político de Al Jazeera. Publicado el 24 Nov 2023
La sádica guerra de Israel contra Gaza, culminación de una larga serie de políticas criminales, bien puede resultar suicida a largo plazo y conducir a la desaparición del poderoso «Estado judío».
De hecho, el asesinato deliberado y a escala industrial del pueblo palestino por parte de Israel con el pretexto de la «autodefensa» no mejorará su seguridad ni garantizará su futuro. Por el contrario, producirá una mayor inseguridad e inestabilidad, aislará aún más a Israel y socavará sus posibilidades de supervivencia a largo plazo en una región predominantemente hostil.
La verdad es que nunca pensé que Israel pudiera tener mucho futuro en Oriente Próximo si no se deshacía de su régimen colonial y adoptaba la condición de Estado normal. Durante un breve periodo a principios de la década de 1990, parecía que Israel estaba cambiando de rumbo hacia algún tipo de normalidad, aunque dependiente de Estados Unidos. Comprometió a los palestinos y a los Estados árabes de la región en un «proceso de paz» que prometía la existencia mutua bajo los favorables auspicios estadounidenses.
Pero la naturaleza colonial de Israel dominó su comportamiento en todo momento. Desperdició innumerables oportunidades de poner fin a su ocupación y vivir en paz con sus vecinos. Parafraseando la infame ocurrencia del diplomático israelí Abba Eban, Israel «nunca perdió la oportunidad de perder una oportunidad».
En lugar de poner fin a su ocupación, ha redoblado su proyecto de colonización en los territorios palestinos ocupados. Ha multiplicado el número de asentamientos y colonos judíos ilegales en tierras palestinas robadas y los ha conectado en red mediante carreteras de circunvalación especiales y otros proyectos de planificación, creando un sistema dual, uno superior y dominante para los judíos y otro inferior para los palestinos.
Mientras se desmantelaba un apartheid en Sudáfrica, se erigía otro en Palestina.
A falta de paz y a la sombra de la colonización, el país se ha deslizado aún más hacia el fascismo, consagrando la supremacía judía en sus leyes y extendiéndola a toda la Palestina histórica, desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo. En poco tiempo, los partidos fanáticos y de extrema derecha cobraron impulso y se hicieron con las riendas del poder bajo el liderazgo oportunista del Primer Ministro Benjamin Netanyahu, socavando las propias instituciones de Israel y toda posibilidad de paz basada en la coexistencia entre dos pueblos.
Rechazaron todo compromiso y han comenzado a devorar la totalidad de la Palestina histórica, expandiendo los asentamientos judíos ilegales en tierras palestinas robadas por toda Cisjordania ocupada, en un intento de asfixiar a los palestinos. También han estrechado el cerco de la Franja de Gaza, la mayor prisión al aire libre del mundo, y han abandonado toda pretensión de permitir que se una a su interior palestino en un Estado palestino soberano.
Entonces llegó el atentado del 7 de octubre, un duro toque de atención que recordó a Israel que su empresa colonial no es sostenible, que no puede encerrar a dos millones de personas y tirar la llave, que debe abordar las causas profundas del conflicto con los palestinos, es decir, su desposesión, ocupación y asedio.
Pero el régimen de Netanyahu, fiel a su naturaleza, convirtió la tragedia en un grito de guerra y redobló su deshumanización racista de los palestinos, allanando el camino para una guerra genocida. Declaró la guerra al «mal», es decir, no sólo a Hamás, sino también a la población de Gaza. Un dirigente israelí tras otro, empezando por el propio presidente, implicó a todos los palestinos en el espantoso ataque, afirmando que no hay inocentes en Gaza.
Desde entonces, Israel se ha vuelto vengativo, tribal e inflexible en su destrucción y expansión, con total desprecio por la decencia humana básica y el derecho internacional. La guerra colonial de Israel se convirtió en una guerra contra hospitales, escuelas, mezquitas y edificios residenciales, financiada, armada y protegida por Estados Unidos y otros lacayos occidentales y matando a miles de civiles palestinos: niños, médicos, profesores, periodistas, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, como si fueran combatientes enemigos.
Pero esta tribu extranjera no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir entre todos los pueblos indígenas de la región, que se han unido más que nunca contra el sangriento intruso. Israel ya no puede utilizar sus fantasiosas pretensiones teológicas para justificar sus violentas prácticas racistas. Dios no sanciona la matanza de niños inocentes. Y tampoco deberían hacerlo los patrocinadores estadounidenses y occidentales de Israel.
A medida que la opinión pública occidental se vuelva contra Israel, sus cínicos dirigentes también cambiarán de rumbo, si no para preservar su posición moral, sí para salvaguardar sus intereses en el gran Oriente Medio. El cambio de postura de Francia, que exige a Israel que ponga fin a la matanza de niños en Gaza, es un indicador de lo que está por venir.
Israel no tiene buenas opciones después de que termine su mala guerra. Ésta puede ser su última oportunidad de alejarse del borde del abismo, detener la guerra, abrazar la visión del presidente estadounidense Joe Biden de una solución de dos Estados, por poco práctica que sea hoy, y aceptar las líneas rojas de Estados Unidos para Gaza: no a la reocupación, no a la limpieza étnica y no a la reducción de sus territorios. Pero Netanyahu, junto con su coalición de fanáticos, que durante mucho tiempo han dado por sentado que Estados Unidos estaba a su lado, han vuelto a ignorar -léase rechazar- el consejo de Estados Unidos en detrimento de ambas partes.
Mucho antes de la guerra de Gaza, un destacado periodista israelí, Ari Shavit, predijo la desaparición de Israel «tal y como lo conocemos», si continuaba por el mismo camino destructivo. Y la semana pasada, Ami Ayalon, ex jefe del servicio secreto israelí Shin Bet, advirtió de que la guerra y la expansión territorial del gobierno conducirán «al fin de Israel» tal y como lo conocemos. Ambos han escrito libros advirtiendo a Israel sobre el oscuro futuro que le espera si continúa con su ocupación.
Como todos los demás intrusos violentos, desde los antiguos cruzados hasta las potencias coloniales actuales, esta última entidad colonial, Israel, tal como la conocemos, está destinada a desaparecer, independientemente de cuánta sangre palestina, árabe e israelí derrame.
La guerra de Gaza puede resultar ser el principio del fin, pero no para Palestina. Al igual que el sangriento régimen supremacista del apartheid sudafricano implosionó, también lo hará el de Israel, tarde o temprano.
Marwan Bishara es un autor que escribe extensamente sobre política mundial y está ampliamente considerado como una autoridad en política exterior estadounidense, Oriente Medio y asuntos estratégicos internacionales. Anteriormente fue profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Americana de París.
5. La popularidad de Sadam Hussein en Jordania
No tenía ni idea, pero según este artículo en El Salto, Sadam es muy popular aún hoy en Jordania, donde se encuentran retratos suyos por todas partes.
https://www.elsaltodiario.com/
Las caras de Sadam
Dictador sanguinario o custodio de la llave de la liberación de Palestina. 20 años después de su caída, el expresidente de Iraq permanece en la memoria de Jordania, hogar de más de dos millones de refugiados palestinos.
David R. Seoane Ammán 22 nov 2023 06:15
En este 2023 que enfila su recta final con Oriente Próximo en llamas, se cumplen 20 años de la caída en 2003 de Sadam Huseín Abdulmayid al Tikriti. Aquel año el régimen dictatorial en Iraq fue derrocado a consecuencia de la invasión de una coalición internacional, encabezada por Estados Unidos. Dos décadas después, en Bagdad no queda ni rastro del hombre que dominó con mano de hierro las tierras de la antigua Babilonia durante casi un cuarto de siglo.
Sin embargo, no muy lejos de la capital iraquí, los rasgos de Sadam se conservan nítidos. Ocurre en la vecina Jordania. El Reino Hachemita mantiene frontera con la República de Iraq por el este, en una línea recta entre las gobernaciones de Mafraq (Jordania) y Ambar (Iraq) de 181 Km de largo. Esta división fronteriza, hecha con escuadra y cartabón, solo altera su monótono discurrir rectilíneo en una pequeña sección cóncava resultado, quizás, del famoso Hipo de Churchill, que inspiró el trazado de la también errática frontera jordana con Arabia Saudí que atraviesa zigzagueante las arenas del desierto hasta el golfo de Aqaba, a las orillas del Mar Rojo.
En Jordania la mirada de Sadam observa la vida cotidiana mimetizada en el paisaje y en el imaginario colectivo. Un símbolo distintivo tan reconocible, como el gusto ácido del jameed (yogurt de leche de oveja o cabra) en el plato nacional jordano (el mansaf) o los incontables selfies que retratan a los turistas con el tesoro de Petra de fondo. La cara de Sadam aparece en la rutina en múltiples formatos y tamaños. En furgonetas, camiones, escaparates, fundas de móviles, carteles publicitarios, estampas, calcomanías y en un sinfín de soportes, sobre los que la efigie del dictador se mantiene siempre erguida y desafiante.
¿Dictador? Así es visto comúnmente Sadam Huseín en Occidente en donde acumula acérrimos detractores. Y no es para menos. Se le atribuye la muerte o la desaparición forzada de más de 250.000 personas durante su gobierno, según datos de la ONG internacional Human Rights Watch. En su largo expediente en el poder figuran, entre otras, atrocidades como el genocidio kurdo ocurrido entre 1986 y 1989 (durante la guerra Irán-Iraq) que provocó que unas 4.500 aldeas y poblaciones en el norte iraquí fueran literalmente borradas del mapa. Pero en Jordania, y también en otras zonas de Oriente Próximo, la otra cara de Sadam evoca sentimientos, más bien inspiradores, ligados a la heroicidad, a la hombría y al orgullo por un líder carismático que encarnó como nadie el ideal panarábico. Múltiples voces lo confirman.
Muad, repartidor de comida a domicilio que roza la treintena, lleva una imagen de Sadam pegada en la parte trasera del pequeño utilitario que utiliza para el reparto. Es un Sadam joven, posiblemente de la época de la guerra entre Iraq e Irán en los años ochenta. “Fue un hombre justo y viril. Después de Sadam, ya no quedan más hombres”, dice. Eid, que trabaja como gerente en uno de los muchos campamentos de alojamiento turístico que florecen en el desierto del Wadi Rum, al sur del país, piensa lo mismo. “Ha sido el mejor presidente que ha habido en el mundo árabe. Un líder absoluto”, asegura, mientras una estampa de Sadam colgada del retrovisor interior de la destartalada furgoneta sobre la que sorteamos las dunas golpea una y otra vez contra la luna delantera del vehículo.
En uno de los barrios más transitados del noreste de Amán, la capital de Jordania, que encierra entre sus límites un aeropuerto y un campo de refugiados palestinos, se encuentra la cafetería de Sadam Hilal Huseín. Llama la atención ver, desde la carretera embotellada por el intenso tráfico, las enormes dimensiones de la cara en blanco y negro de un Sadam maduro y barbudo, quizás su retrato más icónico, coronando el enorme cartel publicitario que anuncia la presencia del negocio para los conductores. “El dueño no está. Se ve que quiere mucho a Sadam. Pero yo no sé nada”, echa balones fuera un discreto empleado, parco en palabras, que regenta la tienda mientras se afana en servir a la clientela tés humeantes en vasos de cartón para llevar. Estos, planos, genéricos, sin imágenes, sin caras.
Shadi Yamil Had, a sus 45 años, se gana la vida como fontanero y haciendo arreglos de todo tipo a domicilio en la gobernación de Zarqa, aunque es originario de Irbid, la región más al norte del país vecino con Siria. Durante veinte años fue militar, aunque prefiere no hablar demasiado de esta etapa. El señor Had, no lleva nunca consigo imágenes de Sadam. Tampoco las hay en su automóvil ni en su domicilio. Su opinión no desentona con las anteriores, aunque se define como una persona moderada. “Preservó la dignidad de los árabes y resucitó la dignidad del panarabismo”, explica de manera pausada y prosódica como si entonase su discurso para una gran audiencia. “Sadam fue el corazón latiente de Oriente Próximo, pero también cometió errores al optar demasiado a menudo por la confrontación”, matiza al recordar la cruda represión sufrida por los movimientos chiitas durante el régimen iraquí.
Que muchos jordanos veneran a Sadam, 20 años después de su descenso a los infiernos, parece claro. Pero también entre las supuestas mayorías existen opiniones para las que el recuerdo del dirigente guarda tintes más oscuros. “Fue un dictador. Los jordanos le aprecian por los suministros de combustible, pero nada más. Hoy, solo le recuerda la gente mayor que vivió su primera etapa en el poder cuando sus políticas tenían éxito”, cuenta Nader desde la trastienda de su peluquería en Zarqa, sin esconder el regusto amargo que le suscita la figura de Huseín. La familia de Nader, de origen palestino, residía en Kuwait hasta que fue expulsada, perdiendo propiedades y mucho dinero, a raíz de la invasión y anexión iraquí del país, que daría pie a la segunda guerra del Golfo en 1990. “Todos los kuwaitís odian a los palestinos por su culpa”, añade.
Durante la misma conversación en la trastienda, no tarda en llegar la réplica. “Para mí fue un héroe. Decía las cosas que los demás callaban y no tenía miedo a nadie. Ni a Israel, ni a Estados Unidos, ni a los enemigos del islam”, interrumpe Rami con vehemencia. Rami tiene 35 años y conduce un camión de distribución de alimentos por toda la gobernación. Nader y Rami son cuñados. “Antes los iraquís vivían mucho mejor que ahora, por eso le recordamos. Rezamos por él especialmente durante la Fiesta del Cordero, porque fue ejecutado el primer día de Eid al-Adha de aquel año”, puntualiza. A pesar de sus opiniones antagónicas, ambos bromean y coinciden en que, si hay un líder político en la actualidad que pueda generar, salvando las distancias, controversias como las que aún aviva Sadam, ese es el presidente turco Tayyip Erdoğan.
El extraño caso del Dr. Sadam y Mr. Huseín
El escritor escocés Robert Louis Stevenson escribió en 1886 una de las novelas góticas más célebres de la historia de la literatura, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. La obra ha llegado a nuestros días como una representación vívida del desdoblamiento de personalidad y de la convivencia de polos opuestos en una misma persona. Así es también la identidad dual de Sadam Huseín, sobre todo en Oriente Próximo, fluctuando entre el héroe y el villano, entre el líder carismático y el dictador sanguinario.
Una de las razones para que un gran porcentaje de jordanos vea con nostalgia en Sadam la cara amable del doctor, en lugar del rostro desfigurado del monstruo que impera en Occidente, es que el Reino Hachemita es el país que más refugiados palestinos acoge, tras los éxodos desencadenados a partir de la Nakba (1948) y la Naksa (1967). Según datos de la UNRWA, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, en Jordania hay registradas más de 2.200.000 personas refugiadas con este origen. Prácticamente todos gozan de ciudadanía plena y estatus legal en el país, salvo los 140.000 provenientes de Gaza para quienes Jordania no expide pasaportes.
El vínculo entre la causa palestina y el dirigente iraquí viene de largo. En 1991, el nombre de Sadam Huseín quedó tatuado a fuego en la piel de varias generaciones de palestinos, incluso aquellas que no han pisado nunca su tierra. Aquel año, durante la Primera Guerra del Golfo y con el apoyo del presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yaser Arafat, Huseín ordenó el lanzamiento de 39 misiles scud contra el Estado de Israel. Desde entonces, ningún otro dirigente árabe de la región se ha atrevido a apuntar en dirección a Tel Aviv con el número 40. Más tarde, en tiempos de la Segunda Intifada, entre 2000 y 2005, el gobierno de Bagdad apoyó económicamente a las familias de los jóvenes palestinos que cometieron atentados suicidas contra objetivos militares y civiles israelís en la escalada que vivió el conflicto a principios de siglo.
Murad, es profesor. Nació en un campo de refugiados de Palestina en Amán. Desde hace años enseña inglés en una escuela de preparación elemental de la UNRWA. Es, además, imán en una mezquita situada en el barrio de Abunser, por lo que la conciliación de sus dos responsabilidades le permite estar en contacto diario con personas de todas edades y condiciones. A Murad le cuesta posicionarse. “La figura de Sadam es muy problemática en el mundo árabe y también en el islámico. Ha sido bueno y malo al mismo tiempo. Prendió la mecha de guerras innecesarias que segaron la vida de muchos inocentes e hicieron que Oriente Próximo retrocediese un siglo en el tiempo. Pero para los palestinos fue también una esperanza. Creyeron que, con sus luces y sus sombras, Huseín tenía la llave de la liberación de Palestina”, explica a través de una llamada telefónica en manos libres con el zumbido del coche en marcha de fondo.
Murad también le creyó. Cuando era adolescente se manifestó, junto con otros jóvenes, y sumó su voz al grito de “a Shamir no le dejes dormir”, para apoyar al líder iraquí en su confrontación con el gobierno de Isaac Shamir, el primer ministro israelí de aquel entonces. Con el paso del tiempo, Murad y muchos otros adoptarían una postura más templada y equidistante al reconocer que las agresiones de Sadam contra Israel, “tenían como único fin perpetuarse en el poder y fortalecer su régimen totalitario”.
El catedrático de lengua española de la Universidad de Jordania y traductor, Moayad N. Sharab, señala algunas claves para entender mejor por qué Sadam Huseín, en Oriente Próximo, fue un hombre con dos caras. “Una cara buena, la del hombre que desafió a Estados Unidos y lanzó misiles contra Israel. Una cara mala, la del villano, el invasor de Kuwait y el violador de los Derechos Humanos”, expone el Dr. Sharab, apelando al famoso dicho de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” para explicar porque el exmandatario, mantiene fervientes admiradores, sobre todo, en el mundo árabe.
Otro elemento a tener en cuenta fue su ejecución en la horca, tras haber sido condenado por crímenes de lesa humanidad, en el primer día de la Fiesta del Cordero (o celebración del Sacrificio), la festividad mayor de los musulmanes. “Fue humillante. El mensaje que Estados Unidos envió al mundo aquel 30 de diciembre de 2006 fue que, si los musulmanes sacrifican cabras y corderos, entonces nosotros sacrificamos a Sadam Huseín”, apuntilla el profesor jordano.
La cara de Sadam se ha convertido en un auténtico talismán. Para quienes la acoplan a sus pertenencias, aporta hombría, virilidad y fortaleza. Escenificación que el líder iraquí llevó incluso hasta los instantes previos a su muerte, manteniendo una actitud altiva, sin mostrar miedo ni emociones, y rechazando incluso la capucha antes de ser colgado por su verdugo para que su rostro permaneciese visible. Para que la cara de Sadam fuese siempre recordada, al tiempo que las imágenes y videos que mostraban su final por pena capital corrían como la pólvora por internet, para luto de muchos y regocijo de tantos otros. Al igual que Stevenson en su novela, Sadam derribó el mito del hombre unidimensional y cultivó el género del terror.
El propio Sadam, lejos de cualquier comparación justa con el autor de La isla del tesoro en cuanto a repercusión en la literatura universal, llegó a publicar cuatro novelas, la última de ellas a título póstumo, y varios poemas. Además, en un ejercicio insólito de instrumentalización del islam y la religión al servicio de sus intereses políticos y estratégicos, a finales de los años 90 mandó escribir un Corán con su propia sangre. Desde la primera a la última sura.
Una curiosidad histórica más une, de algún modo, al escritor escocés y al expresidente iraquí. Robert Louis Balfour Stevenson, comparte apellido con Sir. Arthur James Balfour, el ministro de relaciones exteriores británico que en 1917 le envió una carta al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en Gran Bretaña. Aquella misiva pasó a la historia como la Declaración Balfour y significó el primer reconocimiento de una gran potencia internacional del derecho del pueblo judío a establecer su hogar nacional en Palestina y, por consiguiente, el inicio del conflicto palestino-israelí.
El hipo de Winston y la tensión en Gaza
El pasado 7 de octubre el potente ataque, sin precedentes, del grupo armado Hamás en territorio israelí, y la brutal respuesta de Israel sobre la población de la Franja de Gaza, ha supuesto la enésima escalada de tensión en la zona que deja a su paso un inasumible reguero de víctimas civiles, desencadenando un nuevo episodio del desplazamiento forzoso de miles de personas desde el norte de la Franja tras el ultimátum de Israel, en la que parece ser una nueva entrega del éxodo palestino.
Mientras tanto, en la otra orilla del río Jordán y del mar Muerto, las manifestaciones en apoyo al pueblo palestino se siguen sucediendo, a pesar de que el rey Abdalá II de Jordania, al igual que Egipto, se ha mostrado contrario a acoger refugiados palestinos en su territorio. ¿Qué hubiera ocurrido de mantenerse en pie en el tablero geopolítico de la región una figura con el poder y la influencia de Sadam? “Para muchos árabes es el líder que falta. La mayoría creen que sus presidentes son simples títeres manejados por los hilos que mueven Estados Unidos, Europa o Rusia”, responde el profesor Sharab.
Tras la Primera Guerra Mundial, rota la promesa de Lawrence de Arabia de la creación de un gran Estado árabe y ante la necesidad de comunicar Iraq con Palestina, ambas bajo mando británico, Winston Churchill dibujó en el mapa un nuevo país. Tras la Guerra del Yom Kipur, firmados los Acuerdos de Camp David consumando la fractura del mundo árabe y enterrando el liderazgo egipcio en favor de la emergente Iraq como referente y potencia militar en la región, Sadam Huseín coloreó en el interior del contorno jordano la silueta de su rostro con los tonos del baazismo (partido del que formó parte) para ornamentar una nueva resurrección de la unidad árabe ante la “invasión europea”.
A pesar de que, con motivo de la boda real el pasado mes de junio, la imagen repetida del rostro del príncipe heredero al trono del Reino Hachemita, Hussein bin Al Abdalá, haya sido vista hasta la saciedad por todos los rincones del país junto a la de su esposa, la princesa Rajwa Al Hussein (nacida Rajwa Al Saif), las caras de Sadam Huseín siguen tan presentes como siempre. Al tiempo que las generaciones más jóvenes, quizás, han ido perdiendo interés en su figura, en la ciudad jordana de Ar Ramtha, situada a escasos kilómetros de la ciudad siria de Daraa (uno de los puntos calientes de la interminable crisis del país vecino), cada año grupos de nostálgicos sacrifican un camello por su alma durante la Fiesta del Cordero. Dos décadas después de su caída, los recuerdos del ignominioso tirano y del líder inquebrantable conviven en las calles Jordania, y más aún en los estrechos callejones de los campos de refugiados.
6. El futuro de las relaciones Israel-Jordania
Otro artículo sobre el ejercicio en el alambre del gobierno jordano.
¿Puede el tratado de Jordania con Israel sobrevivir al genocidio de Gaza?
Tamara Nassar 25 de noviembre de 2023
Jordania está experimentando lo que parece ser su ruptura diplomática más grave con Israel desde que ambos países establecieron lazos formales en 1994.
Ammán ha anunciado que planea reforzar su presencia militar a lo largo de su extensa frontera con Israel para frustrar cualquier plan israelí de expulsar a Jordania a los palestinos de la Cisjordania ocupada.
La monarquía recurrirá a «todos los medios disponibles para impedir que tal escenario se haga realidad», declaró el primer ministro jordano, Bisher Khasawneh, a la cadena de televisión de propiedad saudí Al Arabiya.
«Generar las condiciones que llevarían a un desplazamiento forzoso por parte de Israel equivale a declararnos la guerra, ya que constituye una violación material del acuerdo de paz», declaró Khasawneh al canal.
El primer ministro jordano subrayó que el acuerdo de normalización firmado con Israel hace 29 años quedaría reducido a «un documento en una estantería polvorienta» si Israel no respeta su contenido.
Israel y Jordania normalizaron formalmente sus relaciones con el acuerdo de Wadi Araba en 1994, a pesar de que no se restablecían los derechos de los palestinos ni se ponía fin a la ocupación militar israelí de Cisjordania, incluido Jerusalén Este, y la Franja de Gaza.
Otra Nakba
La expulsión forzosa de palestinos a la vecina Jordania constituiría otra Nakba, que repetiría la catástrofe de 1948, cuando las milicias sionistas limpiaron étnicamente de su tierra a unos 800.000 palestinos. Muchos de ellos huyeron a Jordania.
En 1967, cuando Israel invadió y conquistó Cisjordania, otros cientos de miles de palestinos se vieron obligados a cruzar el río Jordán hacia el este.
Los dirigentes jordanos temen que Israel quiera hacer realidad los antiguos planes sionistas de convertir Jordania en una «patria alternativa» para los palestinos, trastocando el actual orden político del país.
Jordania tiene «el mayor número de refugiados palestinos de todos los campos de la UNRWA», informa la agencia de la ONU para los refugiados palestinos.
Una parte importante de la población jordana es de origen palestino. Más de dos millones de ellos tienen estatuto oficial de refugiado y están registrados en la UNRWA. La mayoría posee la ciudadanía jordana.
En los últimos años, el gobierno jordano ha sido criticado por revocar arbitrariamente la nacionalidad jordana a miles de ciudadanos de origen palestino como parte de un esfuerzo por mantener separadas y distintas las identidades jordana y palestina.
El profesor de la Universidad de Columbia Joseph Massad describió esta medida como «una política intencionada de jordanización y despalestinización» en su libro sobre la formación de la identidad jordana, Efectos coloniales.
Un ex ministro del gobierno que también fue el primer embajador jordano en Israel lo expresó sucintamente en un artículo reciente.
«La determinación de no admitir a más palestinos en el país procede de dos direcciones: una clase dirigente que no desea una mayor dilución de la identidad jordana y una posición oficial y pública que no quiere un Estado palestino fuera de suelo palestino, y desde luego no en Jordania», escribió Marwan Muasher.
Abandono del acuerdo de agua por energía
El ministro de Asuntos Exteriores de Jordania, Ayman Safadi, declaró la semana pasada que el país se retiraba de un acuerdo por el que habría enviado electricidad generada por energía solar a Israel a cambio de agua desalinizada.
«No firmaremos más este acuerdo», declaró Safadi a Al Jazeera la semana pasada.
«¿Se imaginan a un ministro jordano sentado junto a un ministro israelí para firmar un acuerdo sobre agua y electricidad, todo ello mientras Israel sigue matando niños en Gaza?».
Los dos países habían firmado un memorando de entendimiento sobre el acuerdo junto con Emiratos Árabes Unidos, que también es parte, hace dos años. Miles de personas protestaron contra el acuerdo en Ammán tras su anuncio, donde las fuerzas de seguridad jordanas golpearon y detuvieron a los manifestantes.
El acuerdo prevé la construcción de un parque solar financiado por Emiratos en suelo jordano para suministrar electricidad a Israel. A cambio, Israel estudiaría construir una planta desalinizadora en la costa mediterránea para suministrar agua a Jordania.
El acuerdo, que debía haber sido ratificado el mes pasado, parecía más motivado por un esfuerzo político para alinear firmemente a Jordania dentro de los llamados Acuerdos de Abraham, que por cualquier beneficio práctico.
Al fin y al cabo, Jordania tiene muchos terrenos abiertos donde puede colocar paneles solares, así como acceso al Mar Rojo. Tiene todos los ingredientes para desalinizar su propia agua sin necesidad de Israel.
El único ganador, políticamente hablando, habría sido Israel.
Además, hay razones de peso para dudar de la viabilidad y sostenibilidad del proyecto.
Aunque Safadi citó el ataque de Israel a Gaza como motivo para que Ammán no firmara el acuerdo, no dijo si Jordania podría o no aceptar volver a él si se logra un alto el fuego duradero entre Israel y Hamás.
Safadi señaló que el tratado de paz entre Jordania e Israel de 1994 «formaba parte de un esfuerzo árabe más amplio por establecer una solución de dos Estados. Eso no se ha conseguido».
«En cambio, Israel no ha cumplido su parte del acuerdo. Así que el acuerdo de paz tendrá que permanecer en un segundo plano acumulando polvo por ahora».
El callejón sin salida de los dos Estados
Mientras tanto, el rey Abdullah de Jordania escribió un artículo de opinión en The Washington Post este mes, haciendo hincapié una vez más en la moribunda solución de los dos Estados.
En medio de la disminución del apoyo entre los palestinos, los llamamientos a una solución de dos Estados son un ritual que nunca va acompañado de ninguna acción internacional para llevarla a cabo. La opinión generalizada es que la agresiva colonización israelí de Cisjordania ocupada, incluido Jerusalén Este, ha hecho que el plan sea totalmente inviable, además de injusto.
Aunque el rey Abdullah critica la continua expansión israelí de sus asentamientos coloniales, ofrece una sombría perspectiva sobre las soluciones alternativas.
«Las acciones unilaterales de Israel han socavado el proceso de paz y desacatado los acuerdos de Oslo, que prometían la solución de dos Estados en paz y seguridad para ambas partes», escribe.
«¿Existen alternativas realistas a la solución de los dos Estados? Es difícil imaginar alguna».
«Una solución de un solo Estado obligaría a la identidad de Israel a acomodarse a identidades nacionales contrapuestas. Una solución sin Estado negaría los derechos y la dignidad de los palestinos», añade el monarca.
El rey condena la matanza masiva de palestinos por parte de Israel desde el 7 de octubre -ya más de 14.000-, pero también señala «los asesinatos de más de 1.000 israelíes, entre ellos mujeres y niños, a manos de Hamás» el 7 de octubre.
Pero cada vez hay más pruebas de que los sucesos del 7 de octubre no ocurrieron como afirma Israel.
Israel no ha presentado pruebas de muchas de las atrocidades que, según sus propagandistas, cometieron los palestinos, como la decapitación de decenas de bebés, el incendio de grandes grupos de personas y las violaciones masivas.
Cada vez hay más pruebas de que muchos israelíes murieron ese día a manos de sus propias fuerzas, no de los palestinos.
Acrobacias políticas
Desde principios de mes, Jordania ha lanzado desde el aire en varias ocasiones modestas cantidades de suministros médicos a su hospital de campaña en Gaza, una maniobra en gran medida política destinada a demostrar a su población, enfurecida por el genocidio israelí, que Ammán está actuando.
Presentada como una heroica y «compleja operación logística» por los funcionarios jordanos, y promocionada por los medios de comunicación locales como una «ruptura del asedio» a Gaza, la iniciativa fue totalmente coordinada y aprobada por las autoridades israelíes de Tel Aviv, según informó el periodista israelí Barak Ravid.
Días después, Israel bombardeó las inmediaciones del hospital de campaña jordano, hiriendo a siete miembros del personal, entre ellos médicos jordanos.
El primer ministro Khasawneh declaró al canal Al Arabiya que Israel había hecho señas a Jordania para que evacuara su hospital de campaña en Gaza en múltiples ocasiones desde que comenzó el asalto israelí a Gaza, pero que los jordanos se negaron.
Esto se produjo después de que surgieran informes de que el hospital ha cerrado sus puertas para acoger a más palestinos heridos y desplazados.
La respuesta de Jordania evitó culpar directamente a Israel de atacar el hospital, y en su lugar lo describió como un daño colateral de un ataque israelí contra palestinos.
«El hecho de que Israel exponga al hospital y a su personal al peligro durante su bombardeo contra nuestros hermanos palestinos es un crimen inaceptable y condenable y representa una clara violación del derecho internacional», declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores jordano.
Jordania ha condenado enérgicamente la guerra genocida de Israel contra Gaza y sus diplomáticos desempeñaron un papel decisivo en la aprobación el mes pasado de una resolución de la Asamblea General de la ONU en la que se pedía un alto el fuego.
Pero, en última instancia, Jordania sigue siendo parte integrante de la hegemonía estadounidense en la región.
Jordania permite que Estados Unidos estacione fuerzas militares adicionales en su territorio, lo que parece formar parte de la concentración militar estadounidense ordenada por el presidente Biden durante la guerra genocida de Israel contra Gaza.
Aunque la población jordana acogió con satisfacción la cancelación del acuerdo de agua por energía con Israel, es poco probable que esto satisfaga las demandas del pueblo y del Parlamento de Ammán de que Jordania haga más en solidaridad con los palestinos.
Observación de Joaquín Miras:
Este es el «verdadero problema», la verdadera desestabilización que se ha generado ya en la zona dentro de eso que en algún artículo se decía que los israelíes decían que no existía: la opinión pública islámica y árabe. Son los regímenes proocidentales los que entran en cuerda floja. Lástima que la izquierda no esté ni se la espere (de eso, pues, ya sabemos…por experiencia).
7. El tour diplomático árabe
Ante un escepticismo bastante generalizado, y antes de la pausa en la guerra de Gaza, empezó un tour diplomático de algunos países árabes, que se analiza en el siguiente artículo.
¿Qué hay detrás de la gira ministerial árabe-islámica por los Estados del CSNU?
Al empezar en China, el comité puede estar intentando recabar apoyo mundial para presentarlo a las naciones que hasta ahora apoyan a Israel.
Por Justin Salhani Publicado el 23 Nov 2023
Beirut, Líbano – Una delegación de naciones islámicas y árabes está de gira por los cinco Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Su objetivo declarado es lograr un alto el fuego en la guerra de Gaza, permitir que llegue más ayuda humanitaria a la población y pedir a los cinco miembros del Consejo que apoyen a los palestinos en la consecución de un Estado independiente.
Pero los expertos están divididos sobre la eficacia y el formato de este viaje.
¿Impresión de actividad?
La delegación, formada en una cumbre de la Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica (OCI) en Riad, incluye a representantes de Egipto, Indonesia, Jordania, Nigeria, la Autoridad Palestina, Qatar, Arabia Saudí, Turquía y el secretario general de la OCI. Rechaza la afirmación de Israel de que su asalto a Gaza es en defensa propia.
El 7 de octubre, los ataques de Hamás en el sur de Israel mataron a unas 1.200 personas. Unas 240 personas fueron capturadas. Desde entonces, Israel ha matado a más de 14.500 palestinos. Al menos 6.000 eran niños.
La delegación tiene una apretada agenda y comenzó su gira en China, donde se reunió con Wang Yi, el jefe de la diplomacia china, el lunes en Pekín.
Empezar por China sorprendió a los analistas, que especularon sobre lo que la delegación intentaba señalar a las potencias occidentales. Algunos se mostraron menos preocupados por ello y cuestionaron la verdadera agenda de la delegación.
«En diplomacia, es una estrategia bien conocida: Cuando no quieras hacer nada, intenta implicar al máximo de actores», publicó Gerard Araud, ex embajador de Francia en Israel, en X, antes conocido como Twitter. «Lleva tiempo, da la impresión de actividad y es inútil».
Poco después de que la delegación iniciara su visita, las conversaciones sobre una pausa humanitaria cobraron fuerza, y a primera hora del miércoles se anunció. El acuerdo fue uno de los principales temas de conversación de la delegación, que abogó por un cese más duradero de las hostilidades.
En virtud del acuerdo, Hamás liberará a unas 50 mujeres y niños por el triple de mujeres y niños palestinos presos en cárceles israelíes.
La duración anunciada de la pausa es de cuatro días, a lo largo de los cuales se liberará a los cautivos. Israel también dijo que detendría los combates durante un día más por cada lote «extra» de 10 cautivos que Hamás libere.
A la reunión en China siguió otra con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, el martes en Moscú, y con el ministro de Asuntos Exteriores británico, David Cameron, más tarde en Londres. El miércoles se reunió con el presidente francés, Emmanuel Macron.
Primera parada, China
Al iniciar su viaje en China, los Estados islámicos y árabes pueden estar tratando de reunir apoyo mundial para presentarlo a las naciones que han respaldado a Israel hasta ahora.
Durante la reunión, Wang dijo que la elección de China como primera parada es una indicación de que los países de la delegación confían en China y aprecian el entendimiento mutuo entre ellos.
Robert Mogielnicki, experto de la Universidad de Georgetown en las relaciones chinas con los países de Oriente Medio y el norte de África, no considera los esfuerzos de Arabia Saudí y otros estados árabes performativos como Araud.
«Los Estados árabes no tienen un enorme poder de influencia directa. La influencia indirecta a través de la configuración de la narrativa global… y el impacto en las posturas públicas de los principales actores globales parecen ser una dimensión importante de sus esfuerzos», afirmó.
China pareció acoger favorablemente la diplomacia, y Wang se dirigió a la delegación: «China siempre ha apoyado firmemente la justa causa del pueblo palestino para restaurar sus legítimos derechos e intereses nacionales», según el Ministerio de Asuntos Exteriores chino.
«China está interesada en el orden regional y en evitar turbulencias económicas», declaró a Al Jazeera Arang Keshavarzian, profesor asociado de Estudios Islámicos y de Oriente Medio en la Universidad de Nueva York.
«Sólo puedo suponer que estos líderes están tratando genuinamente de que China se involucre más para ayudar a poner fin a la guerra, pero la realidad es que sólo EE.UU. tiene la influencia necesaria sobre Israel».
Mensaje a EEUU
En agosto, China medió en un acuerdo de paz entre Irán y Arabia Saudí, que restableció sus lazos diplomáticos e hizo que los analistas dijeran que era una señal de que Oriente Próximo se alejaba de Estados Unidos como principal aliado.
Publicidad
«Que China sea el primer destino visitado es un mensaje para Estados Unidos», declaró a Al Yazira Randa Slim, investigadora principal del Middle East Institute. Arabia Saudí y otros Estados árabes están diciendo a Estados Unidos: «Ya no sois la única potencia de la región», explicó.
Pekín también ha reforzado recientemente sus relaciones con grupos multilaterales no occidentales como el BRICS, del que forma parte junto con otras cuatro grandes economías emergentes, y ha estrechado lazos con el Sur Global en lo que, según los analistas, son esfuerzos por construir un orden mundial más multipolar.
Según un informe del Instituto Estadounidense de la Paz, el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán supuso «una victoria diplomática para China, que cada vez más intenta presentar una visión alternativa al orden mundial liderado por Estados Unidos».
¿Acuerdos de Abraham o fracaso?
Los líderes árabes se han quejado de la retirada de Estados Unidos de la región en los últimos años. Su política se ha centrado en gran medida en seguir la estrategia del expresidente Donald Trump de impulsar los Acuerdos de Abraham, acuerdos de normalización entre Israel y los países árabes.
Los líderes árabes -Egipto y Arabia Saudí en particular- advirtieron recientemente al secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, de que esta estrategia ha contribuido a la inestabilidad en la región.
Antes del 7 de octubre, se informó ampliamente de que Arabia Saudí e Israel estaban en vías de normalizar también sus relaciones. El acuerdo habría sido un gran golpe para Israel, que, según los analistas, ha estado tratando de eludir el trabajo con los palestinos mediante la creación de acuerdos con las potencias regionales en su lugar.
La movilización popular en apoyo de los palestinos durante las últimas seis semanas, especialmente en Oriente Medio, «trastornó» la «dinámica regional que sustenta los procesos de normalización», afirmó Mogielnicki.
Sin embargo, añadió: «Es improbable que desaparezcan por completo los cálculos estratégicos subyacentes que han apoyado anteriores esfuerzos relacionados con la normalización».
La percepción pública de Estados Unidos como un aliado incondicional de Israel -a pesar de que Blinken y otros funcionarios estadounidenses destacaron políticas como la restauración de la ayuda a los palestinos que la administración Trump había recortado- puede no cambiar.
Incluso si los estados árabes no se hacen ilusiones sobre cuál es la postura de Estados Unidos, la visita a China no indica una pérdida total de fe todavía.
«Esto es parte de los esfuerzos para galvanizar el apoyo mundial … y aumentar la presión sobre el gobierno israelí», dijo Mogielnicki.
Independientemente de lo frustrados que estén con el inquebrantable apoyo de Estados Unidos a Israel, los líderes árabes saben que el poder para detener la carnicería reside en Estados Unidos.
«Si quieren lograr el objetivo de conseguir un alto el fuego, tienen que hablar con los estadounidenses», afirmó Slim. «Son la única parte [que decide]».
8. Los túneles de Hamás
Por si tenéis curiosidad sobre cómo son los túneles de Hamás, o, mejor dicho, cómo eran en 2014, con lo que es posible que ahora estén más evolucionados, os recomiendo este vídeo documental de un periodista palestino con subtítulos en inglés. Obviamente, es más bien propagandístico: https://twitter.com/
«GRUPO NÚMERO 9» (Traducido)
Un documental, con entrevistas y filmaciones exclusivas, sobre las heroicas brigadas de Al-Qassam que llevaron a cabo el asalto a la base militar ‘israelí’, «Nahal Oz» en 2014.
9. La situación militar en la guerra de Palestina, 24 de noviembre
El resumen de Rybar. https://rybar.ru/chto-
Lo que está ocurriendo en Palestina e Israel: cronología del 24 de noviembre
24 de noviembre de 2023. Rybar
Israel y Hamás consiguen establecer un alto el fuego en la Franja de Gaza en el segundo intento. Aunque los ataques aéreos de las IDF continuaron durante la noche tanto en el enclave como a lo largo de la frontera entre Israel y Líbano, por la mañana los bombardeos prácticamente habían cesado.
Más de 150 camiones cargados de alimentos, medicinas y combustible entraron en la Franja de Gaza a través del paso fronterizo de Rafah. Por la noche se produjo el tan esperado intercambio. Hamás entregó a 24 rehenes, 13 de ellos israelíes. A su vez, los israelíes liberaron a 39 prisioneros de la cárcel de Ofer.
La tregua temporal en el conflicto también ha propiciado un intento por parte de los residentes del norte de la Franja de Gaza de regresar a sus hogares. Sin embargo, las autoridades israelíes temen un desplazamiento de la población hacia el norte, donde Hamás podría volver a utilizar a los residentes como escudos humanos. Para impedirlo, están distribuyendo panfletos y prohibiendo directamente la circulación.
Sin embargo, esto no detiene las columnas de gente. Ya por la tarde se produjo la primera violación del alto el fuego en la región, cuando soldados de las FDI atacaron a una multitud de civiles en movimiento: dos palestinos murieron y varios más resultaron heridos.
Mapa de alta resolución en inglés https://rybar.ru/piwigo/
Estado de las hostilidades
Franja de Gaza
Anoche, la Fuerza Aérea israelí lanzó una serie de ataques contra la Franja de Gaza, con explosiones en Jabaliya, Bureij, Gaza, Deir al-Balah, Khan Younis y Rafah. Los incidentes causaron víctimas y heridos.
Por la mañana, sin embargo, el alto el fuego en la zona de conflicto palestino-israelí llegó a su fin en el segundo intento. Más de 150 camiones cargados de alimentos, medicinas y combustible entraron en la Franja de Gaza a través del paso fronterizo de Rafah.
Por la noche, las partes anunciaron el intercambio. Hamás liberó a 24 rehenes, 13 de ellos israelíes y 11 tailandeses. Fueron entregados a personal de la Cruz Roja que, tras realizarles exámenes médicos, los trasladó en coche al puesto de control de Nitsam y luego los llevó en helicóptero a la base aérea israelí de Hatzerim. A su vez, Israel trasladó a presos de las cárceles de Damon y Megiddo, al sureste de Haifa, a la cárcel de Ofer, en Cisjordania, donde fueron entregados a representantes de la Cruz Roja. Sin embargo, los enfrentamientos en el exterior de la prisión de Ofer no estuvieron exentos de enfrentamientos, y las fuerzas de seguridad utilizaron, entre otras cosas, bombas de humo para contener a la multitud. Al menos una persona resultó herida.
Con el acuerdo de alto el fuego como telón de fondo, miles de palestinos están abandonando sus lugares de refugio y regresando a sus hogares, también en el norte del enclave. Sin embargo, las autoridades israelíes hacen todo lo posible por impedirlo, desde el lanzamiento de octavillas hasta declaraciones directas de representantes de las FDI. Los medios de comunicación palestinos ya han informado del primer caso de violación del alto el fuego. Según ellos, soldados israelíes abrieron fuego contra una columna de civiles que intentaban regresar a sus hogares en la parte norte del enclave. En general, la situación del regreso de la población a Gaza es favorable a Hamás. Si las IDF deciden detener el desplazamiento con fuego, habrá pérdidas de reputación para las autoridades israelíes. De lo contrario, los militantes podrán utilizar a los retornados como escudos humanos.
Por el momento, a pesar de las informaciones aparecidas en algunos medios de comunicación palestinos, las unidades israelíes permanecen en sus posiciones anteriores y patrullan el territorio. No se han registrado enfrentamientos con Hamás.
Dirección sur
Sonó una alarma en el puerto de Eilat debido a una supuesta intrusión de un avión desconocido. Las IDF informaron posteriormente de que la alarma era falsa. No se produjeron otras violaciones de la seguridad, ni siquiera en las localidades fronterizas con la Franja de Gaza.
Frontera con Líbano
Anoche, a lo largo de la frontera septentrional de Israel, las partes siguieron atacando las posiciones de la otra. Las fuerzas israelíes atacaron Kfar Shuba, Al-Adis, Aita al-Shaab, Shikhin y Ramiyah. A su vez, combatientes de Hezbolá informaron de ataques contra las zonas fronterizas de Israel, pero no se registraron impactos. Al mismo tiempo, con el inicio del alto el fuego en la Franja de Gaza, el grupo anunció su intención de no lanzar tampoco ataques mientras el bando contrario respete los acuerdos y no bombardee el sur de Líbano.
Cisjordania
Continuaron las incursiones masivas en las ciudades palestinas de la región, con los enfrentamientos más violentos entre las fuerzas israelíes y los residentes locales en Nablús, Beit, Ramala, Jericó, Belén y Hebrón. Una vez más, hubo víctimas y muertos. Además, se produjeron de nuevo detenciones masivas en Cisjordania de residentes a los que, de la forma habitual, se acusó de tener vínculos con Hamás.
Acciones de formaciones proiraníes en Oriente Próximo
Mapa de alta resolución https://rybar.ru/piwigo/
Grupos proiraníes atacaron la base estadounidense de Al-Hadra, cerca de un yacimiento petrolífero en Siria. No se registraron heridos ni daños. Además, la población local afirmó que se había producido una explosión en Damasco.
Sobre ataques de la Fuerza Aérea israelí en Siria
Anteanoche, la Fuerza Aérea israelí llevó a cabo otro ataque en la provincia de Damasco desde la zona de los Altos del Golán. Dos cazas F-16I de la base aérea de Ramat David lanzaron dos bombas guiadas contra el barrio de Seida Zeinab. Una de las bombas fue derribada por las unidades de defensa antiaérea y la otra alcanzó un almacén de grupos proiraníes. Poco después, un equipo Lynx MLRS de las Fuerzas Armadas israelíes lanzó tres misiles guiados contra Darayya, Al-Qutayf y Ras al-Ain. Como resultado, fueron alcanzados la estación de puntería, un sistema SAM Pantsir-S y el edificio administrativo de las formaciones proiraníes. Como en ataques anteriores, existe una estrategia definida de la Fuerza Aérea israelí de suprimir activamente las defensas aéreas del ejército sirio para reducir el peligro potencial procedente del norte, con el telón de fondo de las continuas amenazas de Hezbolá.
La historia del hacker palestino del año pasado
El secuestro por agentes del Mossad de un programador informático palestino y su interrogatorio en la selva de Malasia no es el argumento de un thriller de espionaje, sino una historia real del año pasado. El objetivo de los israelíes era un palestino llamado Omar A., de Estambul, que había desarrollado un programa para piratear los teléfonos de funcionarios y soldados israelíes, y supuestamente era capaz de encontrar vulnerabilidades en el software del sistema Cúpula de Hierro.
El Mossad planeó sacar al palestino de Turquía y llevarlo a Tel Aviv. Durante varios meses, varios agentes se comunicaron con él haciéndose pasar por clientes de proyectos informáticos, verificando datos y obteniendo de él otra información importante. Finalmente, el programador viajó a Malasia, país amigo de Turquía, donde fue capturado por un equipo de israelíes. Lo llevaron a un escondite en los bosques al este de Kuala Lumpur y lo interrogaron durante 36 horas.
Pero la agencia de inteligencia turca MIT también estaba al tanto de la actividad en torno al palestino, instalando una aplicación de localización en su teléfono. Tras el secuestro, los turcos se pusieron en contacto con sus homólogos malasios, que llevaron a cabo una redada y liberaron al prisionero, deteniendo a 11 agentes del Mossad. Más tarde, un residente de una célula local del Mossad también fue detenido en Turquía. El programador palestino regresó a Estambul y continúa su trabajo.
La historia ilustra la importancia de la cooperación con otros Estados en materia de agencias de seguridad: fueron ellos quienes en gran medida ayudaron a Turquía a desbaratar con éxito la operación del Mossad. Esto nos lleva a la pregunta de por qué es necesario estrechar lazos con países aparentemente lejanos en la otra punta del mundo.
Trasfondo político y diplomático
Sobre los rusos devueltos
Funcionarios del Ministerio de Emergencias ruso informaron de que un avión con otro grupo de rusos y sus familias ha partido de El Cairo con destino a Moscú. A bordo viajan más de 100 evacuados de la Franja de Gaza. En total, 761 de los 965 compatriotas que solicitaron ayuda consiguieron salir del enclave. Los vuelos especiales de EMERCOM desde El Cairo han llevado ya a 657 personas -rusos y miembros de sus familias- a Rusia.
Colectivo Rybar:
Ahora trabajan unos 40, porque analizan la situación geopolítica-militar en todo el mundo. Si entras en su página inicial tienen un mapa en el que puedes elegir el país. https://rybar.ru/ -solo en ruso-. Especialmente interesados en la guerra de Ucrania, claro, aunque creo que empezó con Siria. Esta es la biografía de su creador inicial, Mijail Zvinchuk, un militar ruso: https://en.wikipedia.org/wiki/. Hace poco os envié el resumen de un día en la guerra de Ucrania, pero en su seguimiento diario publican actualizaciones frente por frente durante todo el día. Aunque sigo publicando los resúmenes en vídeo del día, últimamente no me aparecen en Twitter. Y ya no solo hacen análisis militar. Una de sus últimas entradas es sobre las elecciones en Argentina. No obstante, creo que la gente lo sigue básicamente por la información militar.