MISCELÁNEA 7/1/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
Desgraciadamente, en Middle East Eye han dejado de hacer el seguimiento en directo de la guerra en Palestina, por lo que no podemos seguir publicando ese último mensaje de la Miscelánea. Al menos hasta que no encontremos una alternativa, porque la guerra, lamentablemente, sigue.

ÍNDICE
1. El petróleo venezolano en la crisis actual.
2. Tooze sobre la evolución de la renta petrolera.
3. La revolución venezolana y la desinformación.
4. Los ataques de Barbaria.
5. Correrá la sangre o habrá sumisión.
6. Y ahora, a por Irán.
7. Crisis económica iraní.
8. Sistemas militar-industriales.

1. El petróleo venezolano en la crisis actual.

Antes las informaciones sobre la importancia del petróleo en el ataque estadounidense a Venezuela, vale la pena conocer su situación real, y qué mejor que empezar con el análisis de Turiel.

https://crashoil.blogspot.com/2026/01/venezuela-y-la-crisis-del-modelo.html

lunes, 5 de enero de 2026

Venezuela y la crisis del modelo imperial estadounidense

Queridos lectores:

Con el sorpresivo secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, Donald Trump ha inaugurado una nueva etapa del declive energético en el que llevamos ya dos décadas inmersos, desde que en 2005 la producción de petróleo crudo convencional llegara a su máximo histórico y comenzara un proceso de lento declive. Una etapa que promete ser bastante turbulenta, porque las urgencias de la escasez energética hacen que caigan las caretas y que los países muestren su verdadera cara, lo que están dispuestos a hacer con tal de preservar su situación de dominio económico.

Durante las últimas semanas, la administración Trump ha alimentado el discurso de que Venezuela es una gran plataforma del narcotráfico hacia los EE.UU., responsabilizando personalmente al presidente de Venezuela de este tráfico de cocaína. Las acciones de los EE.UU. han sido progresivamente más agresivas con Venezuela: primero, la destrucción de algunas embarcaciones de narcotraficantes; luego, el cierre del espacio aéreo venezolano; más tarde, el apresamiento de varios petroleros; y ahora el secuestro en su palacio presidencial en Caracas de Nicolás Maduro y su mujer por medio de un grupo especial de ejército americano. Lo cierto es que no se entiende este nivel de agresividad y urgencia con un problema que obviamente hace décadas que dura, y además del cual Venezuela solo es una ruta, mientras que el origen de la cocaína está obviamente en Colombia y Bolivia. Ítem más, se hace extraño que personalice el problema en el presidente del país, que probablemente tenga poca o nula relación con todo esto, pero que en todo caso no se ha aportado ningún elemento de prueba que demuestre que efectivamente está implicado. E incluso si lo estuviera, las relaciones entre los países no se pueden gestionar ni se gestionan de manera expeditiva cargando contra sus representantes, por múltiples motivos pero, entre otros, porque tal manera de hacer difícilmente puede despertar las simpatías de la población. La acción de los EE.UU. ha sido una clara violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, y algo absolutamente extemporáneo e injustificable.

Pero toda la cuestión del narcotráfico pasó rápidamente a segundo plano cuando Donald Trump compareció delante de los medios el día 3 para explicar la operación. Sin solución de continuidad, Donald Trump explicó que las empresas petroleras de EE.UU. van a invertir miles de millones de dólares en el sector petrolífero de Venezuela, de manera que en pocos años puedan garantizar que la producción de petróleo venezolano suba desde los lánguidos 900.000 barriles diarios de hoy en día hasta los 4 ó 5 millones de barriles por día (Mb/d). En su alocución, el presidente Trump mencionó la palabra «petróleo» un total de 29 veces, más del doble de las que mencionó «narcotráfico», dejando meridianamente claro de qué iba todo esto.

La clave de todo está, por supuesto, en la Faja del Orinoco, una zona en la que se supone que hay unas reservas que se publicitan como de hasta 300.000 millones de barriles de petróleo (aunque el geólogo Art Berman siempre insiste que la mayoría de éstas son las famosas «reservas de papel», de la época en la que la OPEP infló sus números, y que en realidad hay más bien unos 100.000 millones de barriles – igualmente, una cantidad nada desdeñable).

La Faja del Orinoco es una región dentro de la cuenca hidrográfica del río Orinoco, situada a una distancia de entre 150 y 300 kilómetros de la costa, en plena selva y en territorio con una pendiente importante. La Faja del Orinoco limita al sur con el Arco Minero, donde hay importantes depósitos de diamantes, níquel y torio y muchos otros minerales estratégicos como el oro.

En la Faja del Orinoco hay petróleo extrapesado, bitumen de características similares al que se explota en Canadá. Venezuela tiene otros yacimientos con petróleo de mejores características, más convencional, sobre todo en la Bahía de Maracaibo, pero esos yacimientos han pasado ya hace mucho tiempo su máximo de extracción. La razón principal por la que la producción petrolífera de Venezuela ha bajado de los 3,5 Mb/d de finales del siglo pasado a menos de 1 Mb/d actualmente es precisamente el agotamiento de sus pozos de aguas poco profundas – y es que Venezuela, efectivamente, hace tiempo que pasó su peak oil. Es cierto que las continuas sanciones y el deterioro económico han perjudicado a la industria local y que posiblemente podría producir más de lo que produce ahora mismo, pero también es cierto que la única manera de aumentar de manera creíble la producción venezolana es mediante el petróleo extrapesado. De hecho, desde hace ya muchos años la producción de petróleo extrapesado representa aproximadamente dos tercios de todo el petróleo extraído en Venezuela.Al igual de lo que pasa con el bitumen canadiense, el petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco es una sustancia muy viscosa y para nada fluida, semejante al alquitrán. Su extracción es muy compleja y costosa, más que en Canadá porque mientras que en el país del arce las arenas bituminosas están en la superficie, en la Faja del Orinoco están enterradas a centenares de metros. Así pues, su extracción y procesado directo tal y como se hace en Canadá (que es más una operación de minería) es inviable en Venezuela, y la única solución es abrir un pozo que inyecte ingentes cantidades de vapor de agua para fluidificar un poco los lodos bituminosos, y al tiempo, desde otros pozos auxiliares, inyectar gases para incrementar la presión y obligar a los lodos a subir a la superficie. Una vez en superficie, se debe de lavar el bitumen para separarlo de la arena. Pero, de nuevo, estamos hablando de algo parecido al alquitrán, que no fluye, así que generalmente lo que se ha hecho es mezclarlo con petróleos ligeros o bien con agua con surfactantes (la famosa Orimulsión) para poder introducirlo en los oleoductos y llevarlo a las refinerías de la costa o bien para ser quemado en centrales térmicas. Venezuela importó durante muchos años petróleo ligero de Argelia para mezclarlo con su bitumen porque con el petróleo que extraían en Maracaibo no tenían suficiente para mover todo el bitumen que producían en la Faja.

Y de ese modo se empieza a entender el interés de los EE.UU. por el petróleo venezolano. Porque, a priori, Venezuela no debería ser el objetivo principal de los norteamericanos, dada la mala calidad (y bajísima TRE) de la mayoría de la producción petrolífera venezolana. Además, EE.UU. es ahora el principal productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d, así que, ¿por qué perder el tiempo con el petróleo de baja calidad de un país cuya producción es cada vez más marginal?

La clave es que, aunque EE.UU. haya conseguido  gracias al fracking aumentar de manera espectacular su producción en los últimos años, el tipo de petróleo que está produciendo no es tampoco de buena calidad. De los 13 Mb/d que produce los EE.UU., algo más de 4 Mb/d provienen de pozos tradicionales que producen petróleo de buena calidad, en tanto que más de 9 Mb/d son de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking. Ese petróleo está formado por hidrocarburos de cadena corta y tiene un menor rendimiento a la hora de producir diésel… justo en el momento en que empezamos a tener problemas con la producción mundial de diésel.

 

 Rendimiento óptimo comparativo de diversos tipos de petróleo, en producción de nafta (gasolinas), destilados medios (gasoil, diésel, keroseno) y residuales. Datos de API. Gráfico generado con Copilot.

En general, el petróleo ligero de roca compacta proporciona alrededor de la mitad de diésel que el petróleo convencional, lo que lleva a una sobreproducción de gasolina y un defecto de producción de diésel, comprometiendo la viabilidad económica de las refinerías y creando un problema logístico muy grande. A este problema los EE.UU. le dieron una solución sencilla hace años: importar petróleo extrapesado de las arenas bituminosas de Canadá, que se puede hacer circular por los oleoductos tras mezclarlo con la fracción más ligera de su petróleo extraligero de fracking (en una proporción de 2 a 1, el doble de petróleo extrapesado que de condensado ligero). De hecho, EE.UU. ha adaptado muchas de sus refinerías para trabajar con esa mezcla, con buenos resultados. Pero Canadá hace tiempo que tocó techo con su producción de petróleo extrapesado, con una producción de algo más de 4 Mb/d, y eso se queda lejos de las necesidades de EE.UU. para producir diésel y para aprovechar su petróleo ligero de baja calidad. Recordemos, además, que en EE.UU. se consumen 21 Mb/d, es decir, quen aún tiene que importar de manera neta 8 Mb/d o el 40% de su consumo.

Por eso mismo, el petróleo extrapesado de Venezuela les resulta interesante: porque les permitiría rentabilizar su petróleo de fracking y resolver el acceso al diésel. Y esto también explica la urgencia de los EE.UU: la producción mundial de diésel hace tiempo se está moviendo entre un 10 y un 15% menos que el máximo de producción que se consiguió entre 2015 y 2017. Falta diésel en muchos países (miren los problemas en Bolivia, Nigeria o incluso en Irán), y dentro de poco comenzará a faltar también en los países occidentales. 

Hay un bonus para los EE.UU. de su intervención en Venezuela, y es intentar barrer a China fuera de lo que consideran su hemisferio, el hemisferio occidental, en una reedición de la doctrina Monroe. Probablemente no por casualidad, el día antes de que Maduro fuera apresado, éste recibió en Caracas al enviado especial de China.

Pero en realidad toda la maniobra de EE.UU. lo que revela con más claridad es la debilidad de su sistema imperial. Una acción tan precipitada, con una violación tan descarada de la legalidad internacional, no es propia de un país que controla el relato de «garante de la paz» y «faro de la democracia universal». La manera tan grosera con la que directamente Trump relacionó la acción con el petróleo venezolano, sin intentar disimular un poco, dejó claro que ahora lo que mandan son las prisas y no hay tiempo para guardar las formas. Pero es que además es dudoso que el plan les salga bien. De entrada, tienen que conseguir que Venezuela se someta a sus dictados, cosa que no está tan clara que puedan conseguir. Pero incluso si Venezuela abre la mano y permite a las empresas estadounidenses campar a sus anchas en la Faja del Orinoco, la complejidad de la operación en esa zona, con los lodos bituminosos enterrados a centenares de metros, en medio de la selva, en lugares escarpados, hacen que los costes sean astronómicos. Encima, tendrían que transportar el petróleo de fracking en grandes cantidades desde los EE.UU. para disolver el bitumen y poder moverlo hacia la costa. Es dudoso que las empresas petroleras hagan esto si no reciben copiosas subvenciones del estado, y eso obligará a los EE.UU. a implementar nuevas formas recaudatorias, seguramente a imponer al resto del mundo, para poder financiar toda la operación. Hay demasiadas cosas que pueden salir mal, y encima, como dice Art Berman, se necesitaría al menos una década para desarrollar toda la infraestructura necesaria. Y una década parece demasiado en la situación actual. En la práctica, lo mejor que podría hacer los EE.UU. es mejorar la extracción en los yacimientos de Maracaibo y resto de yacimientos convencionales, y poco más.

En todo caso, mientras no haya una verdadera revolución o guerra en Venezuela, no parece que vaya a haber ninguna influencia en el precio del petróleo. La cuestión es demasiado local, y Venezuela hoy en día no es un actor tan importante a escala global. En realidad, los mayores riesgos para el mercado global de petróleo, y en particular para España, están en otros lugares: en la inestabilidad de Nigeria, en las incipientes revueltas en Irán y en las refinerías rusas bombardeadas por drones ucranianos.

Para concluir mi análisis, no puedo dejar de mencionar que he visto con cierta sorpresa como algunos de los más significados industrialistas o griniudileros patrios (todos ellos ácidos y desabridos detractores de mi persona) han creído oportuno gritar a pleno pulmón que el petróleo tiene poco o nada que ver con lo que ha pasado en Venezuela (para su desgracia, ay, pocas horas antes de que la rueda de prensa de Trump dejara claro que obviamente, sí, tiene todo que ver con el petróleo). En su batiburrilo de argumentos mal hilados y peor pensados insisten en que el triunfo del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) hace que el petróleo sea cada vez más irrelevante. Por desgracia para ellos, las muchas contradicciones internas del REI están haciendo que el sector se esté hundiendo, por más que ellos neciamente insistan en lo contrario. Durante 2026, veremos quebrar a muchos promotores de proyectos solares y fotovoltaicos, y muchos proyectos ser abandonados, y poco a poco será cada vez más claro que el REI ha fracasado, que el REI está muerto. Pero ellos necesitan seguir gritando con porfía, incluso cuando la realidad nos demuestra que, por desgracia, el petróleo sigue moviendo el mundo y que la preocupación ambiental ocupa un lugar cada vez más relegado en la agenda de los gobiernos. Aunque es normal que griten. Les va literalmente su sueldo en ello. Sinceramente, me parecen dignos de lástima. Ojalá en algún momento reconozcan su error, y pidan perdón por el daño enorme que han causado.

Salu2.

AMT

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2. Tooze sobre la evolución de la renta petrolera.

Desde otra perspectiva muy diferente, también Tooze nos ofrece algunos datos sobre la realidad petrolera venezolana.

https://adamtooze.substack.com/p/chartbook-423-some-topical-material

Libro de gráficos 423 Material de actualidad sobre Venezuela. Espero que les sea útil

Adam Tooze

5 de enero de 2026

Ha sido un fin de semana muy ajetreado, lo que me ha recordado una frase célebre:


Fuente: Quote Investigator

¡Muchos de ustedes han aprendido mucho sobre Venezuela!

Por mi parte, estoy intentando terminar un libro (que no trata sobre Venezuela), así que he estado siguiendo lo que ocurre con el rabillo del ojo. Aun así, no puedo evitar sorprenderme por la frecuente mezcla de datos interesantes con afirmaciones interpretativas tendenciosas.

Por ejemplo: los datos históricos sobre las rentas petroleras pagadas por Venezuela bajo el régimen petrolero anterior a la OPEP son muy interesantes. Pero, ¿qué conclusiones se pueden sacar? Me entristeció ver la publicación de Gabriel Zucman.

Incluso en lo que respecta a la propia situación de Venezuela, para evaluar las afirmaciones sobre los méritos relativos de los regímenes extractivos, es evidente que se necesita un «PIB per cápita ajustado a la extracción» para tener una visión completa. Y, he aquí, Twitter lo proporciona. Y sí, soy consciente de que cada cuenta de Twitter tiene su propia política. Pero este gráfico es excelente. Es evidente que un régimen de alta extracción de rentas era compatible, como mínimo, con el rápido desarrollo económico de Venezuela. (Sin decir nada sobre cuestiones de distribución, diversificación económica, etc.).

Por cierto, Venezuela fue en 1960 miembro fundador de la OPEP junto con los productores del Golfo.

La nacionalización del petróleo en 1976 redujo drásticamente las rentas extranjeras, pero ese fue también el momento en que, en términos generales, el crecimiento económico de Venezuela llegó a su fin. No estoy estableciendo ninguna relación causal directa. Solo intento aclarar la cronología. La nacionalización de 1976 parece haber transcurrido con relativa facilidad. Tanto es así que la falta de dramatismo decepcionó a los nacionalistas más acérrimos de los recursos.

Mucha gente ha estado hablando de la cantidad de petróleo valioso que tiene o no tiene Venezuela y de qué tipo es. El gráfico que figura a continuación es muy esclarecedor en cuanto a la cautela con la que deben manejarse las afirmaciones sobre las enormes reservas. Las «reservas probadas» no son simplemente un hecho natural.

Ha habido un gran número de comentarios muy largos en Twitter sobre cuestiones petroleras. El siguiente me pareció especialmente útil para comprender cómo se produjo el extraordinario salto en las reservas de petróleo de Venezuela en la década de 2010. Es de Yellowbull @Yellowbull11

Se ha hablado mucho sobre la situación actual en Venezuela y lo que podría significar para los mercados petroleros mundiales, así que solo quería aportar algunos matices al respecto. Cuando la gente dice «Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo», como sin duda han visto repetirse mucho aquí, técnicamente se refieren a una definición contable específica, no a una reserva de barriles fáciles y baratos listos para inundar el mercado. Para entenderlo, hay que saber qué son «ellos», cómo se comportan en el subsuelo, cuánto cuesta convertirlas en líquidos comercializables y cómo interactúan el precio, la tecnología y el riesgo en la superficie. Es mucho que abarcar, pero vamos a intentarlo. Sobre el papel, Venezuela tiene aproximadamente entre 300 000 y 303 000 millones de barriles de reservas probadas, alrededor del 17 % del total mundial y un poco más que Arabia Saudí. El detalle crítico es que alrededor de tres cuartas partes de ese volumen registrado es crudo extrapesado del Cinturón del Orinoco, en el este de Venezuela. Se trata de aceites similares al betún, con una gravedad API que suele oscilar entre 8 y 14°, extremadamente viscosos en condiciones de yacimiento y con un alto contenido de azufre y metales. Por lo tanto, la afirmación «mayores reservas» es en realidad «mayores volúmenes registrados de petróleo pesado y extrapesado muy difícil de extraer». La primera gran distinción es entre lo que es técnicamente recuperable y lo que es económicamente recuperable. El USGS lleva mucho tiempo estimando que el Cinturón del Orinoco contiene entre 900 000 y 1,4 billones de barriles de crudo pesado, de los cuales quizás entre 380 000 y 650 000 millones de barriles sean técnicamente recuperables con la tecnología existente. Venezuela y la OPEP solo registran una parte de eso como «probado», pero incluso esas cifras probadas son sensibles al precio del petróleo y al concepto de desarrollo asumidos. Cuando los precios eran altos en el período 2005-2014, una gran parte de los volúmenes del Orinoco se volvieron económicos sobre el papel y se reclasificaron como probados, lo que elevó las reservas principales de ~80 a ~300 000 millones de barriles. La geología y las propiedades de los fluidos son el segundo gran diferenciador. Los crudos del Orinoco son extrapesados, con densidades de entre 934 y 1050 kg/m³, alto contenido en asfaltenos y un contenido de azufre del orden del 3-4 % en peso o más, dependiendo del bloque. Se trata de un producto completamente diferente al crudo Arab Light, de 33-40 °API y bajo contenido en azufre. En lenguaje sencillo, eso significa que es mucho más difícil de manejar en diversas etapas y que cada paso añade gastos de capital, gastos operativos y consumo de energía. En otras palabras, el «barril en el suelo» de Venezuela tiene intrínsecamente menos valor y depende de un grupo más reducido de compradores. Los sistemas de superficie y la capacidad institucional son otra limitación. Antes de la década de 2000, PDVSA tenía fama de ser una empresa petrolera nacional técnicamente competente. Desde entonces, se ha producido una combinación de despidos masivos y politización, falta de inversión, sanciones, corrupción y fuga de cerebros. El resultado es el deterioro de los sistemas de recolección, la escasez crónica de energía, los incendios en las refinerías y el tiempo de inactividad de las plantas de mejora. Por último, la integración con el refinado y la logística mundiales es importante para el valor estratégico. La pizarra de crudo de Venezuela está optimizada para las complejas refinerías de «coque» de la costa del Golfo de Estados Unidos, algunas partes de Asia y unas pocas plantas europeas. Pero esa es una historia para otro momento, porque la extensión de este análisis se está saliendo de control. Así que cuando se oye decir que Venezuela tiene «las mayores reservas de petróleo del mundo», lo técnicamente correcto es que el país tiene volúmenes extremadamente grandes de petróleo extrapesado, y una gran parte de ese petróleo se consideró en su momento económicamente recuperable con hipótesis de precios altos y se contabilizó como probado. Las preguntas más relevantes para la estrategia energética son cuántos de esos barriles son realmente rentables con precios realistas a largo plazo, con qué rapidez pueden ponerse en producción dadas las limitaciones institucionales y de infraestructura, qué netback proporcionan en la puerta de la refinería y qué riesgo hay de que se queden en el suelo si la demanda alcanza su punto máximo. Según esos parámetros, los barriles venezolanos se sitúan mucho más lejos en la curva de costes y riesgos de lo que sugiere el titular «mayores reservas».

Entonces, ¿qué le pasó a la industria petrolera venezolana y cuándo ocurrió? Partiendo de este gráfico del FT, parecería que se trata de una historia en tres partes. #1 El largo declive de la década de 1970. #2 La recuperación de la década de 1990, que condujo a una estabilización en un nivel razonablemente alto a partir de la década de 2000. 3. El colapso de mediados de la década de 2010, que comenzó antes, pero se amplificó enormemente por las sanciones aplicadas bajo la primera administración Trump en 2017.

La cuestión más controvertida en este momento es la de los derechos de propiedad de Estados Unidos y las reclamaciones de indemnización de Exxon y ConocoPhillips. Este parece ser «el petróleo estadounidense» que Trump afirma que fue robado y que ahora quiere recuperar.

Obviamente, la historia es más complicada y se remonta a la (re)apertura de la industria petrolera venezolana a la inversión y la tecnología extranjeras —Apertura Petrolera— iniciada a mediados de la década de 1990. Según un informe de Francisco Monaldi, doctorando en Estudios Energéticos Latinoamericanos, becario de posgrado del Instituto Baker de la Universidad Rice, Igor Hernández, becario de posgrado del Instituto Baker de la Universidad Rice, José La Rosa, analista de investigación con máster en Ciencias, Instituto Baker de la Universidad Rice, publicado por el Instituto Baker (¡no hay inocentes!).

La Apertura fue un gran éxito. Casi todas las grandes compañías petroleras internacionales del mundo invirtieron en Venezuela. BP, CNPC, Conoco, Chevron, ENI, Exxon, Petrobras, Repsol, Shell, Statoil y Total, entre otras, realizaron importantes inversiones. En 2005, la producción combinada de las OSA y las AA alcanzó una media de 1,1 MBD. Los proyectos desarrollados durante la Apertura añadieron una capacidad de producción de 1,2 MBD. Rystad Energy estima que la inversión en capital fijo (CAPEX) aportada por los inversores privados ascendió a 10 800 millones de dólares. Manzano y Monaldi (2008) estimaron que la inversión total en capital fijo (CAPEX) de los proyectos de la Apertura fue de 25 000 millones de dólares.


Fuente: Baker Institute

A mediados de la década de 2000, Hugo Chávez decidió cambiar los términos de los acuerdos de la década de 1990.

Esta reorganización forzosa ha dado lugar a costosos litigios y a enormes indemnizaciones a varios de los inversores. Algunos de los argumentos jurídicos se analizan con gran detalle en este fascinante informe de Juan Carlos Boué.

A mediados de la década de 1990, la empresa petrolera nacional de Venezuela, PDVSA, implementó una política conocida como Apertura Petrolera, que buscaba movilizar el capital, la tecnología y las capacidades de gestión de las empresas petroleras internacionales con el fin de maximizar la producción de crudo y, al mismo tiempo, reducir drásticamente la carga fiscal sobre las actividades de exploración y producción de hidrocarburos en el país. La Apertura logró sus objetivos en gran medida, aunque de una manera que recuerda a aquellas operaciones que se aclaman como un triunfo médico, pero en las que el paciente acaba muriendo: la producción à outrance de Venezuela fue un factor clave detrás del colapso del precio del petróleo en 1998, y los escasos ingresos fiscales generados por algunos de los proyectos de la era de la Apertura los convirtieron en los más desfavorables —para el Estado— en la historia de la industria petrolera venezolana. [i] Los abanderados del Apertura fueron cuatro proyectos grandes, costosos y complejos dedicados a la producción, mejora (es decir, refinación parcial) y comercialización (como crudo sintético) de petróleos extrapesados del Cinturón Petrolero del Orinoco (CPO), un inmenso yacimiento con más de un billón de barriles de hidrocarburos densos —más pesados que el agua—. Hoy en día, tres de estos proyectos (Petrozuata, Hamaca y Cerro Negro) son el centro de los procedimientos de arbitraje que ConocoPhillips (COP) y ExxonMobil (XOM) iniciaron contra Venezuela en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) a finales de 2007. [ii] Estos arbitrajes presentan algunas de las reclamaciones más cuantiosas que jamás hayan presentado inversores internacionales contra un Estado: 30 000 millones de dólares en el caso de COP y más de 15 000 millones de dólares en el caso de XOM. Sin embargo, una lectura detenida de los antecedentes fácticos de la controversia sugiere que estas reclamaciones tienen poca relación con los acuerdos que estas empresas petroleras realmente aceptaron en Venezuela.

El origen de estos arbitrajes fue la decisión del Gobierno venezolano de reestructurar los proyectos de la OOB para adaptarlos a los requisitos legales y las condiciones fiscales aplicables a todas las demás empresas con actividades petroleras en Venezuela, tal y como se establece en la Ley Orgánica de Hidrocarburos de 2001. Esto incluía el requisito de que los proyectos se transformaran en empresas mixtas en las que las filiales de PDVSA tendrían una participación del 60 %; para cumplirlo, COP y XOM habrían tenido que reducir su participación en los proyectos vendiendo parte de sus acciones a PDVSA. El rechazo de las empresas a las condiciones del Gobierno provocó su salida de Venezuela, y PDVSA se hizo con el control total de sus participaciones. Las cuestiones jurídicas que subyacen a estos arbitrajes son muy complejas, y solo para explicarlas de forma resumida se necesitaron unas cien páginas de texto.[iii] Sin embargo, paradójicamente, el director ejecutivo de XOM, Rex Tillerson, afirma que «nuestra situación en Venezuela es pura y simplemente una cuestión contractual. Se incumplió el contrato».

[iv] En pocas palabras, COP y XOM alegan que, al cambiar las condiciones fiscales de los proyectos de mejora y luego reestructurarlos según lo esbozado anteriormente, el Gobierno venezolano pisoteó sus derechos adquiridos, tratando los compromisos contractuales «como el proverbial «trozo de papel» que pueden ignorar a su conveniencia… rompiendo todos los compromisos… contraídos para inducir… la inversión».[v]

Sin embargo, en cuanto a cuáles eran exactamente esos compromisos, COP y XOM evitan cuidadosamente entrar en detalles, lo que no es de extrañar, ya que los documentos clave que constan en el expediente muestran que esos supuestos compromisos son producto de la imaginación desbordante de las empresas. Las inversiones de COP y XOM solo pudieron realizarse gracias al régimen de excepción legal definido en el artículo 5 de la Ley de Nacionalización del Petróleo de Venezuela de 1975, que —«en casos especiales y si conviene al interés público»— permitía a las entidades estatales «celebrar acuerdos de asociación con entidades privadas […] [con] la autorización previa de las Cámaras [del Congreso] en sesión conjunta, dentro de las condiciones que establezcan». [vi] Entre las numerosas condiciones que el Congreso venezolano estipuló para todos los proyectos de mejora, hay una que resulta fatal para las afirmaciones de las empresas sobre los compromisos del Gobierno en el sentido de que no se modificaría ni el marco fiscal ni el jurídico de los proyectos de mejora. En el caso del proyecto Cerro Negro, una empresa conjunta entre XOM, PDVSA y British Petroleum,[1] esta condición se expresó en los siguientes términos: «El Acuerdo de Asociación, y todas las actividades y operaciones realizadas en virtud del mismo, no impondrán ninguna obligación a la República de Venezuela ni restringirán sus poderes soberanos, cuyo ejercicio no dará lugar a ninguna reclamación, independientemente de la naturaleza o las características de la misma…». [vii] Como se puede apreciar claramente, esta condición equivale a una reserva total de los derechos soberanos de la República (que, además, no era parte en ninguno de los acuerdos de asociación).

Existen documentos de dominio público, contemporáneos a las medidas, que demuestran que COP y XOM sabían perfectamente que su situación frente al Gobierno venezolano no era la de un «contrato puro y simple». Estos documentos revisten especial interés porque las declaraciones y opiniones que contienen se hicieron con la creencia de que permanecerían confidenciales, pero que salieron a la luz con la publicación de 250 000 cables diplomáticos estadounidenses por parte de Wikileaks. Uno de esos cables informaba de que el agregado petrolero de la embajada de los Estados Unidos en Caracas fue informado por un «ejecutivo de ExxonMobil… el 17 de mayo [2006] que su empresa no creía que tuviera base legal para oponerse a las subidas de impuestos» resultantes de «las enmiendas a la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH) que aumentan los impuestos sobre la renta de las asociaciones estratégicas del 34 al 50 % e introducen un impuesto de extracción del 33,3 %».[viii] Esta sincera confesión es incompatible con las fantasiosas alegaciones de COP y XOM sobre garantías fiscales. Pero el cable contiene una revelación aún más reveladora, que va al corazón de la cuantía de la indemnización que se debe a COP y XOM por la nacionalización de sus intereses, y que ridiculiza sus colosales reclamaciones por daños y perjuicios: … cada uno de los acuerdos de asociación estratégica tiene algún tipo de cláusula de indemnización que protege a ellos de las subidas de impuestos. En virtud de estas cláusulas, PDVSA indemnizará a los socios si se produce un aumento de los impuestos. Sin embargo, para recibir el pago, debe producirse un cierto nivel de perjuicio económico. Para determinar el nivel de perjuicio, las cláusulas de indemnización contienen fórmulas que, lamentablemente, asumen precios bajos del petróleo. Debido a los elevados precios actuales del petróleo, es muy improbable que los aumentos causen un perjuicio lo suficientemente importante según las fórmulas como para alcanzar el umbral a partir del cual PDVSA tiene que pagar a los socios. [ix]

Fuente: IISD

Quienquiera que acabe «dirigiendo» Venezuela y sea como sea que lo haga, el dinero va a ser un problema. Y cuando hablamos de dinero, hay una cuenta a la que hay que acudir: la indispensable de Brad Setser.


Fuente: SSRN

Conclusión sencilla: cualquiera que «dirija» Venezuela acabará no solo con activos, sino también con una enorme pila de pasivos.

He sido deliberadamente minimalista en este artículo con la esperanza de ofrecer algunas pautas útiles en lugar de grandes afirmaciones ruidosas.

Si tuviera que hacer una gran afirmación ruidosa, sería que todo este ejercicio tiene menos que ver con el imperialismo de los recursos real que con el imperialismo de los recursos de Trump, un cosplay de reality show sin sentido. Le gustan los actos demostrativos de violencia. Le gusta reclamar beneficios económicos inmediatos. En su primer mandato, señaló a Venezuela. Ha vuelto a por más.

Si me presionaran más, diría que la administración Trump parece tomarse en serio la doctrina Monroe… perdón, Donroe… en el hemisferio occidental. ¿Podría ser esto el preludio de un acuerdo abierto sobre esferas de influencia con China, Rusia y Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar e Israel… quizás?

¿Qué vendrá después? Me parece plausible que pueda haber una facción en torno a Marco Rubio cuyo verdadero objetivo para un cambio de régimen sea Cuba (fíjese en los cubanos muertos en la operación estadounidense) en lugar de Venezuela.

Pero por ahora lo dejaré ahí. ¡Vuelvo al manuscrito!

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3. La revolución venezolana y la desinformación.

Manolo de los Santos nos previene para que no caigamos en la campaña de desinformación sobre Venezuela lanzada por el imperio.

https://peoplesdispatch.org/2026/01/05/venezuelas-revolution-still-stands-debunking-trumps-psyop/

La revolución venezolana sigue en pie: desmontando la operación psicológica de Trump

Tras la operación ilegal de Estados Unidos contra Venezuela, se ha llevado a cabo una campaña deliberada de desinformación para sembrar dudas sobre la supervivencia de la revolución del país.

5 de enero de 2026 por Manolo De Los Santos

Los acontecimientos de las últimas 72 horas representan una escalada cualitativa en los 25 años de operaciones de cambio de régimen por parte del Gobierno estadounidense contra la Revolución Bolivariana en Venezuela. La ejecución de la «Operación Resolución Absoluta» por parte de Estados Unidos, un bombardeo selectivo y el secuestro ilegal del presidente Nicolás Maduro, ha creado un momento de profunda crisis, pero también de profunda claridad. Para las fuerzas revolucionarias de todo el mundo, es necesario un análisis concreto que permita desentrañar la desinformación, comprender el equilibrio objetivo de fuerzas y trazar un camino a seguir.

Las condiciones objetivas de la intervención militar estadounidense

A raíz de la operación, se ha hablado mucho de las inigualables capacidades militares del imperio estadounidense. Pero los marxistas deben partir de una comprensión de la relación política de fuerzas. Si se examina más de cerca, el hecho de que la administración Trump tuviera que llevar a cabo una operación de esta manera es también una prueba de las debilidades políticas del imperialismo, tanto en Venezuela como a nivel internacional y en su propio país.

La decisión del régimen de Trump de llevar a cabo esta operación, en lugar de una invasión a gran escala, es una prueba del poder de la resistencia popular organizada. Dos factores principales limitaron las opciones de Estados Unidos:

  1. La movilización masiva en Venezuela: el llamamiento del presidente Maduro a ampliar masivamente las milicias bolivarianas hizo que más de ocho millones de ciudadanos se armaran. Esto, combinado con el ejército profesional de Venezuela, que no se ha fracturado, creó un escenario en el que cualquier invasión terrestre degeneraría en una guerra popular prolongada, con costes políticos y materiales inaceptables para Estados Unidos. Sigue existiendo una fuerte base de apoyo al chavismo y a la Revolución Bolivariana, lo que la administración Trump admitió tácitamente cuando dijo que debía haber «realismo». Admitieron que la derecha venezolana carece del apoyo necesario para dirigir el país.
  2. Oposición interna en Estados Unidos: El rechazo público generalizado a la intervención militar, que abarca todo el espectro político, incluidos importantes sectores de la propia base de Trump, hizo que un despliegue a gran escala fuera políticamente insostenible.

Ante estos obstáculos, la Casa Blanca optó por una estrategia de decapitación: utilizar su abrumadora superioridad tecnológica y militar para cortar la cabeza del Estado revolucionario y evitar así un atolladero. Al decidir utilizar un ataque «quirúrgico», en el que participan más de 150 aviones y unidades de élite de la Fuerza Delta, en lugar de una guerra para destruir el Estado venezolano, están reconociendo tácitamente que este ha llegado para quedarse. Tras dos intervenciones militares fallidas y costosas en Irak y Afganistán, Estados Unidos ha buscado el camino de menor resistencia, prefiriendo las campañas de bombardeos y los secuestros que pueden servir como «trofeos» políticos. Pero bajo el estilo hiperemocional de Trump y las tácticas militares hiperagresivas —que recuerdan épocas anteriores de «diplomacia de las cañoneras» en América Latina— también hay una renuencia a llegar hasta una guerra para cambiar el régimen. Es un retorno al imperialismo gánster del siglo XIX, que impone concesiones a punta de pistola; esto es lo que Trump realmente quiere decir con «dirigir» Venezuela.

La asimetría de poder y la cuestión de la «traición»

Aunque las masas, el partido y el Estado venezolanos estaban preparados para contrarrestar una invasión estadounidense a gran escala con una guerra popular de resistencia descentralizada, ningún país del planeta tiene actualmente la preparación ni la capacidad para impedir la fuerza abrumadora y brutal de una operación especial estadounidense como la llevada a cabo. Ninguna nación, por muy justificada moralmente, movilizada popularmente o capaz militarmente que esté, puede igualar en la actualidad la fuerza letal concentrada y de alta tecnología de la maquinaria bélica estadounidense en este sentido. El bombardeo masivo coordinado, la inutilización de las comunicaciones, la electricidad y las defensas antiaéreas, seguido de la incursión en la residencia segura del presidente Maduro, fue una aplicación de este poder asimétrico. La heroica resistencia del dispositivo de seguridad, compuesto por fuerzas venezolanas e internacionalistas cubanos, que se saldó con 50 muertos en combate, confirma que se trató de un acto de guerra, y no de una «rendición», a pesar de todas las afirmaciones anteriores.

Esto refuta claramente la idea de que la multipolaridad en la etapa actual puede servir como mecanismo para proteger la soberanía de los Estados del Sur Global. Estados Unidos, con el mayor presupuesto militar del mundo, la red más extensa de bases militares y la superioridad tecnológica, ha reafirmado su hegemonía unipolar en el ámbito del poder militar.

La posterior operación de guerra psicológica ha tratado de sembrar la desunión alegando «traición» o «delito de lesa patria» dentro de la dirección revolucionaria, apuntando especialmente a la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Esta narrativa carece de pruebas, parece totalmente falsa y es también una táctica clásica de la estrategia militar y las operaciones psicológicas de Estados Unidos.

Las credenciales revolucionarias de la familia Rodríguez están grabadas en la lucha. Su padre, Jorge Antonio Rodríguez, líder de la Liga Socialista, una organización marxista-leninista, fue torturado y asesinado por el régimen de Punto Fijo en 1976. Tanto Delcy como su hermano Jorge (presidente de la Asamblea Nacional) surgieron de esta tradición de lucha clandestina y masiva por el socialismo. El propio presidente Maduro fue cuadro de la misma organización. Sugerir que hubo traición entre ellos o una capitulación nacida de la cobardía o el oportunismo es ignorar cuatro décadas de formación política compartida, persecución y liderazgo bajo la implacable agresión imperialista y el carácter de clase de su liderazgo revolucionario.

La resiliencia del Estado bolivariano y la táctica de la retirada

Inmediatamente después, el Estado venezolano demostró su arraigo y estabilidad. Contrariamente a décadas de propaganda estadounidense que proclamaba su colapso, la cadena de mando política y constitucional permaneció intacta. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, junto con Diosdado Cabello (ministro del Interior), Vladimir Padrino (ministro de Defensa) y la dirección central del PSUV y las fuerzas armadas, trataron de estabilizar las instituciones, recuperar el espacio público convocando a las masas a movilizarse en protesta y exigir pruebas de vida del presidente Maduro. Aunque Trump afirmó inicialmente que Estados Unidos «dirigiría el país», Marco Rubio se vio obligado a retractarse. La continuidad funcional de la dirección del PSUV obligó a esta retirada retórica. Delcy Rodríguez, en calidad de líder interina, rebatió la narrativa estadounidense: «Solo hay un presidente en este país, y su nombre es Nicolás Maduro Moros… nunca más seremos una colonia de ningún imperio». En su apresurada retirada, Rubio llegó incluso a desacreditar públicamente a su figura de la oposición cuidadosamente seleccionada, María Corina Machado, reconociendo así de facto al Estado bolivariano como la única entidad gobernante.

Las declaraciones posteriores de Caracas en las que se pedía el diálogo y las negociaciones con Estados Unidos deben entenderse entonces no como una capitulación, sino como una retirada bajo coacción. Las condiciones objetivas son severas. Los giros hacia la derecha en Argentina, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Perú y Bolivia, y la vacilación de los gobiernos progresistas de Brasil, Colombia y México, significan que Venezuela se enfrenta al aislamiento político en América Latina. El apoyo material y político que ha recibido de los gobiernos aliados de Rusia y China claramente no es suficiente para disuadir al imperialismo estadounidense de otra agresión. El bloqueo naval continuado y la amenaza existencial demostrada que supone una nueva acción militar estadounidense siguen siendo los retos más importantes.

En su primera declaración, el 3 de enero, Trump dio a entender que Delcy Rodríguez había expresado su voluntad de cooperar con Estados Unidos y satisfacer sus demandas. Algunos en la izquierda le creyeron, interpretando esto como una señal de capitulación de Delcy. Su conferencia de prensa ese mismo día reafirmó la soberanía de Venezuela y sus propias demandas a Estados Unidos, incluida la liberación del presidente Maduro. Al día siguiente, Delcy, tras dirigir una reunión de la dirección del partido y los ministros del Gobierno —en la que se reafirmó la unidad del partido, las masas y el ejército—, publicó un mensaje al mundo, claramente dirigido a Trump y al Gobierno de Estados Unidos. Hizo un llamamiento al Gobierno estadounidense para que colaborara con Venezuela en pro de la paz y el desarrollo, pero en términos de soberanía e igualdad. Esto no debe interpretarse como una traición o una capitulación. De hecho, esta declaración se hace eco de todas las declaraciones realizadas por Maduro en los últimos tres meses y a lo largo de los años de tensiones con Estados Unidos. El propio Maduro pidió constantemente la diplomacia y la negociación para evitar una guerra total, y ya había ofrecido negociar acuerdos económicos globales con Estados Unidos para los recursos petrolíferos y minerales de Venezuela. Si el Estado venezolano firmara tales acuerdos en el futuro —ahora con Maduro secuestrado— no constituiría una traición.

En 1918, Lenin y los bolcheviques firmaron el famoso Tratado de Brest-Litovsk, cediendo vastos territorios a la Alemania imperialista para salvar a la incipiente República Soviética de la aniquilación. Fue acusado de traicionar la revolución por los «comunistas de izquierda» de su partido, pero él comparó ese compromiso con el de entregar su cartera a un «bandido armado» a cambio de su vida. Esta concesión llevó a la ruptura de la alianza con los socialistas revolucionarios de izquierda, que lo acusaron de «traición». Los socialistas revolucionarios de izquierda emprendieron una lucha armada contra el gobierno bolchevique, incluyendo un intento de asesinato contra Lenin como «traidor a la revolución» que lo dejó gravemente herido en septiembre de 1918. Dos meses después, Alemania se rindió y la República Soviética recuperó todo el territorio perdido en Brest-Litovsk.

Hoy, Venezuela se enfrenta a un «momento Brest-Litovsk» similar. Aislado por los gobiernos regionales de derecha y enfrentado a un bloqueo casi total, el núcleo revolucionario está dando prioridad a la supervivencia del Estado como base de retaguardia para la lucha futura. En este contexto, la prioridad del PSUV y del gobierno venezolano es la preservación del poder estatal revolucionario. Como reflexionó el difunto comandante Hugo Chávez tras el fracaso de la rebelión de 1992, «hoy debemos retroceder para avanzar mañana». Esto puede implicar negociaciones abiertas con el gobierno estadounidense que permitan a las empresas estadounidenses tener mayores participaciones y acceso a la producción petrolera de Venezuela en condiciones que beneficien en gran medida los intereses estadounidenses, entre otras concesiones temporales en la esfera económica, para asegurar el espacio político y evitar la aniquilación total. El objetivo es mantener a Venezuela y Cuba como bases de retaguardia indispensables para el socialismo y el antiimperialismo en un período de repliegue de las fuerzas socialistas en el Sur Global.

Trump está proclamando la victoria: «Nosotros estamos al mando». Lo hace principalmente con fines políticos internos. Pero eso no lo convierte en realidad. Incapaz de llevar a cabo un cambio de régimen real, está utilizando esencialmente palabras para declarar falsamente que «el régimen ha cambiado». El New York Times y otros medios de comunicación corporativos están publicando titulares y artículos engañosos que respaldan la narrativa de Trump de que «eligió» a Delcy Rodríguez por ser «dócil». Ningún socialista debería tener una reacción instintiva de aceptar la propaganda burguesa.

La revolución ha sufrido un duro golpe, pero su control del poder estatal persiste. Aunque el próximo período pondrá a prueba su cohesión y creatividad estratégica, ha demostrado constantemente una notable capacidad para navegar y superar crisis importantes. Nuestro papel desde dentro de Estados Unidos es seguir aumentando la oposición interna a los planes del Imperio, contrarrestar las campañas de desinformación y hacer nuestra parte para cambiar la correlación de fuerzas, de modo que los revolucionarios del Sur Global tengan espacio para trazar su propio camino, libres de amenazas y coacciones. La revolución no es una persona, es un proceso social y un fenómeno de masas. El presidente Maduro está en una celda de Nueva York, pero el proyecto bolivariano sigue en las calles de Caracas y en el Palacio Presidencial de Miraflores.

Manolo De Los Santos es director ejecutivo de The People’s Forum e investigador del Tricontinental: Instituto de Investigación Social. Sus artículos aparecen regularmente en Monthly Review, Peoples Dispatch, CounterPunch, La Jornada y otros medios progresistas. Recientemente ha coeditado Viviremos: Venezuela vs. Hybrid War (LeftWord, 2020), Comrade of the Revolution: Selected Speeches of Fidel Castro (LeftWord, 2021) y Our Own Path to Socialism: Selected Speeches of Hugo Chávez (LeftWord, 2023).

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4. Los ataques de Barbaria.

Como os comentaba ayer, la visión de Escobar sobre el ataque en su primera parte del artículo es muy diferente a lo que hemos leído estos días. Habrá que esperar a ver qué se confirma. Le sigue , analiza las posibles futuras víctimas de Trump y las reacciones de las otras grandes potencias, en especial, China.

https://www.unz.com/pescobar/barbaria-strikes-again/

Barbaria ataca de nuevo

Pepe Escobar • 5 de enero de 2026

Aun así, el nuevo Calígula no se detendrá, imitando su verborrea. El Imperio del Caos bajo la Doctrina Donroe se trata de la dominación estratégica, a toda costa, sobre la energía y los corredores comerciales.

No culpen a César, culpen al pueblo de Roma, que lo ha aclamado y adorado con tanto entusiasmo, que se ha regocijado por la pérdida de su libertad, que ha bailado a su paso y le ha ofrecido procesiones triunfales. Culpen al pueblo que lo aclama cuando habla en el Foro de la «nueva y maravillosa sociedad» que ahora será Roma, interpretada como «más dinero, más comodidad, más seguridad, más vida a expensas de los trabajadores».

Marco Tulio Cicerón

Los locos años veinte comenzaron con un asesinato: el general Soleimani, Bagdad, 3 de enero de 2020. Ordenado por Trump 1.0.

La segunda parte de los locos años veinte comienza con un bombardeo/secuestro. Mini-Shock’n Awe en Caracas, incursión de la Fuerza Delta. 3 de enero de 2026. Ordenado por Trump 2.0.

El furioso Donald Trump dijo que gobernará Venezuela.

Este neocalígulo de pacotilla, autoproclamado emperador de Barbaria, al final puede que no gobierne nada, empezando por su propia boca.

La operación de Venezuela se desarrolló siguiendo el clásico manual imperial. Sanciones asesinas durante años que bloquearon el comercio y la circulación de capitales, provocando una hiperinflación y una crisis humanitaria fuera de control. El objetivo: causar tanto sufrimiento a los venezolanos que un golpe militar fuera inevitable.

El secuestro del presidente de Venezuela en su dormitorio en plena noche se desarrolló siguiendo el clásico manual de la CIA. Consiguieron sobornar al jefe de la seguridad de Maduro y a su círculo más cercano, pero no (cursiva mía) al ejército venezolano.

Maduro solo estaba protegido por las fuerzas venezolanas, no por las rusas, como confirmaron fuentes independientes de Caracas. Cuando un comando ruso llegó a la residencia de Maduro, al principio se encontró con la resistencia de algunos de los propios guardias corruptos de Maduro.

Cuando estos fueron neutralizados y los rusos entraron en la residencia, Maduro ya había sido sacado por la Fuerza Delta, con ayuda interna clave. El jefe del equipo de seguridad de Maduro fue entonces detenido y debidamente ejecutado.

Al día siguiente del secuestro, los soldados venezolanos revelaron que la Fuerza Delta quería establecer una cabeza de playa en una de sus unidades en Caracas como base operativa para una invasión terrestre al estilo de Bahía de Cochinos. Pero, en palabras de un soldado: «Luchamos, abrimos fuego y obligamos al helicóptero a marcharse sin llevarse la unidad militar».

El Ministerio de Defensa venezolano declaró entonces que la mayor parte del equipo de seguridad de Maduro había muerto durante la operación, sin especificar quiénes los habían matado. Y Cuba anunció la muerte de 32 de sus combatientes, que sin duda no se encontraban entre los miembros del equipo de seguridad comprometido.

El Gobierno chavista sigue en el poder, liderado por la formidable Delcy Rodríguez, nombrada constitucionalmente presidenta interina. Hasta ahora no se ha desenmascarado a ningún miembro de la quinta columna dentro del Gobierno.

Un artículo del periódico propagandístico Miami Herald, que utilizaba como única fuente a un dudoso exvicepresidente de Colombia, Santos Calderón, y sin ninguna prueba procedente de Venezuela, difundió la ficción de que Delcy Rodríguez había hecho un pacto con Trump 2.0 para entregar a Maduro.

En menos de 48 horas, la grandilocuente narrativa de Calígula desde la Casa Blanca comenzó a desmoronarse. El periodista de investigación Diego Sequera, sobre el terreno en Venezuela, ya ha desmentido en gran medida el tsunami de tonterías que inunda los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales.

Además, olvídense de que 28 millones de venezolanos aclamen como «libertador» a un gringo bocazas neocalígulo. Ahora se ve obligado a proferir amenazas personales contra Delcy Rodríguez y, como no podía ser de otra manera, a prometer que el Imperio del Caos podría bombardear Venezuela de nuevo.

La Doctrina Donroe, descifrada

Vamos al grano. Aparte de las famosas «mayores reservas de petróleo del planeta», esenciales para que un Imperio en dificultades financieras construya garantías, hay varias razones principales para el golpe a Venezuela.

1. Bellum Judaica. Además de desarrollar estrechas relaciones con los miembros del BRICS, Rusia, China e Irán, Caracas se posicionó inequívocamente del lado de Palestina y denunció la plaga sionista. Así que, de un solo golpe, no solo tenemos la aplicación práctica del «corolario de la Doctrina Monroe», explícito en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, sino, sobre todo, la «Doctrina Donroe» desplegada como la «Doctrina Zionroe» por un bufón sionista, que resulta ser el neocalígula.

Qué mejor manera de dar otra lección a todo el Sur Global sobre la ilimitada Pax Judaica —en realidad Bellum Judaica, porque ahora están en modo de guerra eterna sin descanso contra todos los «amalek»: y todo aquel que no se arrodille ante su altar puede ser tildado de «amalek». No es de extrañar que Delcy Rodríguez fuera directa al grano, calificando en su primer discurso el «matiz sionista» de la operación de secuestro del neocalígula.

2. Trueno de metales pesados. Menos de 24 horas después del bombardeo/mini-Shock’n Awe/secuestro, y por solo 8000 millones de dólares, Washington cerró un acuerdo masivo para fundir y procesar nada menos que 1 billón de dólares en metales preciosos venezolanos.

El acuerdo fue financiado por J.P.Morgan, que se encuentra en serios problemas debido a su enorme posición corta en plata física. Lo mejor es que Venezuela se encuentra justo en medio del Arco Minero, que concentra billones incalculables en oro y plata aún sin explotar.

3. El ángulo del petrodólar. El quid de la cuestión no son las enormes reservas de petróleo sin explotar de Venezuela en sí, que hacen salivar al neocalígulo. La clave es el petróleo denominado en petrodólares. Imprimir sin cesar papel higiénico verde —intrínsecamente sin valor— para financiar el complejo industrial-militar implica que el dólar estadounidense sea la moneda de reserva mundial, incluido el petrodólar.

El Imperio del Saqueo simplemente no podía permitir que el petróleo de Venezuela se vendiera en yuanes, rublos, rupias o una cesta de divisas, o en un futuro próximo, un mecanismo sancionado por los BRICS y respaldado por el petróleo y el oro. La alerta roja ya estaba activada cuando Venezuela se integró en el sistema de pagos transfronterizos CIPS de China.

Luego, en el frente petrolero, está el asunto del robo de petróleo venezolano de Citgo —la filial de PDVSA con sede en Hudson— para beneficiar al multimillonario sionista Paul Singer y su fondo de cobertura, Elliot Investment Management. Robert Pincus, «orgulloso sionista» y miembro de la junta directiva de la AIPAC, fue designado por un tribunal para facilitar la estafa, derivada de la deuda de Citgo con sus acreedores, que asciende a más de 20 000 millones de dólares: otro efecto tóxico de años de sanciones.

Además, y contrariamente a la ficción del neocalígulo de que «este es nuestro petróleo», el historiador venezolano Miguel Tinker Salas demostró de manera concluyente cómo el país nacionalizó la industria petrolera en 1976: «Estaba controlada por venezolanos. Estaba dirigida por venezolanos». Las empresas extranjeras, incluida la «filial más rentable» de ExxonMobil, fueron indemnizadas íntegramente, «muy por encima de lo que ya habían extraído».

Luego está el crucial punto de vista chino.

Ha habido una avalancha de especulaciones espléndidamente estúpidas de que China no hizo nada para «salvar» a Venezuela. China es demasiado sofisticada para involucrarse en peleas. Pekín luchará contra el Imperio del Caos en los tribunales.

Silenciosamente, sin fanfarria, Pekín ha dejado muy claro que cualquier ataque estadounidense a los proyectos de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI) sellados por contrato en todo el Sur Global —al menos 150 naciones participantes— será respondido con arbitraje internacional en todos los tribunales, desde Caracas hasta Yakarta. Traducción, de la única manera que entienden los bárbaros occidentales: el coste legal de las operaciones de cambio de régimen estadounidenses será prohibitivo.

Es posible que pronto se produzca una prueba. Suponiendo que el neo-Calígula «dirija» Venezuela —y eso es un gran «si»—, todo lo que Pekín necesita es hacer cumplir con éxito una sola reclamación contractual contra la Venezuela dirigida por Trump. Veamos si el neo-Calígula tiene las pelotas para impedir que el petróleo venezolano se venda a China. Buena suerte imponiendo un cambio de régimen después de eso.

Mi poder es mi derecho

Aun así, el neo-Calígula no se detendrá, imitando su verborrea. El Imperio del Caos bajo la Doctrina Donroe se basa en el dominio estratégico, a toda costa, de los corredores energéticos y comerciales. No hay forma de obligar al neo-Calígula a cesar y desistir en lo que respecta al petróleo de Venezuela. Porque ese será el precedente estratégico supremo del nuevo paradigma: Mi poder es mi derecho gobierna el nuevo desorden internacional basado en la ausencia total de reglas.

Así que lo que ocurra a continuación en Venezuela concierne directamente a todo el Sur Global/Mayoría Global.

Al menos ahora las cosas están claras. El derecho internacional es para los tontos. Buscamos y destruimos, bombardeamos, secuestramos, lo que sea, porque podemos. No hay límites para la combinación Barbaria/Bellum Judaica.

¿Qué será lo próximo?

Irán. El criminal de guerra de Tel Aviv ya ha dado las órdenes de Bellum Judaica. Incluso si la única «guerra» que Trump 2.0 y su secretario de Guerras Eternas pueden librar se reduce a un grupo de fuerzas especiales que intentan conseguir una «cabeza de playa» y lanzan indiscriminadamente montones de armas de largo alcance. Washington es lamentablemente incapaz de lanzar una operación armada combinada a gran escala en cualquier lugar.

Groenlandia. No por «razones de defensa», como se jactaba el neocalígulo, sino para saquear los recursos naturales al estilo imperial del lebensraum y por razones de la Guerra por el Ártico. Trump le ha dado a la insignificante Dinamarca el tiempo justo para digerirlo: «Nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses».

Luego está Cuba, el proyecto favorito del gusano Marco Rubio, quien en su turbio pasado fue bastante cercano a las élites narcoterroristas.

Varios nodos adicionales del Sur Global: Colombia, México. Y si no «se comportan», varios nodos de los BRICS. Ahora es Totalen Krieg. Y el Imperio del Caos/Bellum Judaica «lo verá como si fuera un programa de televisión». El Sur Global más vale que se ponga las pilas, y rápido.

(Reproducido de Strategic Culture Foundation con permiso del autor o representante).

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5. Correrá la sangre o habrá sumisión.

Zhok considera que o todos los países se someten al imperio, o se le oponen con igual fuerza. En un caso, correrá la sangre, en el otro, el saqueo será general.

https://www.facebook.com/andrea.zhok.5/posts/pfbid0zB6X6anMUkhj6c5cSgtd81i5HLggTBx3Te8NxLQzZdiqwwzxcipgp63Kpqqia5MPl

Tras la visita a Caracas, cuyos desarrollos siguen siendo enigmáticos, Trump está actuando con decisión y rapidez.

Podemos ironizar sobre sus declaraciones en mil direcciones: Groenlandia, Irán, México, Canadá, Colombia, Cuba, etc., pero sería una ironía fuera de lugar.

El estilo de gobierno de Trump es la quintaesencia de la política internacional estadounidense de siempre, pero con menos gusto por las ensaladas verbales sobre el derecho y las razones humanitarias (cosas en las que se especializan los demócratas).

Este estilo de gobierno implica solo dos opciones para los países a los que se dirige: la sumisión voluntaria, con la concesión de tratados asimétricos y condiciones de explotación a su favor, o el ejercicio de la fuerza, en caso de que la sumisión se prolongue.

A su vez, el ejercicio de la fuerza consiste en una combinación de estrangulamiento económico del país objetivo, corrupción de su disidencia interna e intervención militar directa (con una variedad de opciones, desde los proverbiales misiles inteligentes hasta las «botas sobre el terreno»).

Como hemos observado en varias ocasiones en los últimos años, nos encontramos en la fase de ajuste de cuentas para la superpotencia estadounidense. Una vez perdido el monopolio mundial del poder (unipolarismo), Estados Unidos debe reconfigurar su poder en crisis tanto interna como externa, tanto económica como de hegemonía internacional. Y para ello deben jugar sus mejores cartas, es decir, principalmente la supremacía militar restante y una moneda que sigue siendo deseada internacionalmente.

Al ser el imperio estadounidense, como su predecesor británico, un imperio talasocrático, tiende a no privilegiar la invasión permanente de territorios ajenos, prefiriendo su sumisión voluntaria o, alternativamente, el establecimiento de un plenipotenciario local propio (como los «virreyes» y «gobernadores» del pasado).

Si puede conseguir que el país vasallo le dé lo que quiere con una sonrisa, no hay razón para levantar la voz, del mismo modo que los propietarios de los periódicos no necesitan levantar el auricular para dictar los artículos cuando sus periódicos están repletos de siervos voluntarios, autocensores y «tengo familia».

Para el cretinismo mediático internacional, esta actitud estadounidense, en la que se prefiere obtener el tributo sin incendiar demasiadas tiendas, ha sido venerada durante décadas como «pax americana».

Trump representa un soplo de aire fresco desde el punto de vista comunicativo porque ha reducido al mínimo los bailes formales, la búsqueda de excusas plausibles. De vez en cuando saca alguna, pero no consigue disimular durante mucho tiempo. Tres frases después de decirle que le está haciendo adelgazar por su bien, se le escapa que, sin embargo, si intenta quedarse con el pan, podría recibir un Tomahawk entre la cabeza y el cuello.

Habiendo despejado el terreno de las cortinas de humo de la «negación plausible» y las «intervenciones humanitarias», se puede ver claramente la fase histórica.

Estados Unidos está utilizando todos los medios a su alcance para ampliar al máximo sus áreas de extracción de recursos, lo que significa toda América (incluida Groenlandia), Europa, la Commonwealth y Oriente Medio.

Al no poder enfrentarse directamente a los otros pesos pesados, Rusia y China, intentan condicionar el acceso a los recursos que necesitan (sobre todo China) y fomentar la agitación en sus fronteras (Ucrania, Georgia, Taiwán) para obstaculizar una política de mayor alcance en otras partes del mundo (por ejemplo, en África).

Esta maniobra tiene dos posibles resultados principales.

Si la maniobra de sumisión, voluntaria o involuntaria, funciona, si Venezuela vuelve a entrar obedientemente en la esfera de explotación estadounidense, si Irán se desestabiliza, si Taiwán proclama su independencia, si Ucrania sigue manteniendo ocupada a Rusia, si Israel se convierte en el dominus indiscutible de Oriente Medio, si Groenlandia se convierte en una base militar a su entera disposición, si Europa sigue demasiado concentrada en su suicidio económico y cultural de veinte años como para despertar, Estados Unidos habrá ganado la partida.

China y Rusia seguirán siendo potencias regionales, mientras que Estados Unidos estará en condiciones de establecer su Reich milenario.

La alternativa es que Rusia y China, pero sobre todo esta última, que actualmente no está involucrada en ningún conflicto, actúen de inmediato con decisión mediante pactos militares y apoyo económico y militar directo en áreas estratégicas. Obviamente, Estados Unidos reaccionará y, con la misma obviedad, se podría llegar a enfrentamientos armados directos.

Si contingentes militares chinos se encontraran, por ejemplo, en América Latina en apoyo de Venezuela o Cuba, es seguro que se produciría un enfrentamiento.

Sin embargo, también está claro que lo único, absolutamente lo único, que haría que Estados Unidos renunciara a su política de dominio sin límites sería un uso opuesto y decidido de la fuerza. Estados Unidos (al igual que Israel) ha sido trasimaco, una nación que básicamente solo reconoce las razones de la fuerza y desprecia todo lo demás.

Hasta ahora, Estados Unidos ha actuado con serenidad a pesar de los enormes problemas internos, porque sus agresiones no le han costado nada. Ni un soldado estadounidense, ni un avión, ni un portaaviones. Es más, en situaciones como la de Ucrania han encontrado la manera de obtener un beneficio neto, dejando las cargas a los autodestructivos europeos.

Entre estos dos escenarios extremos, a medio plazo no veo muchas posibilidades intermedias.

Los Estados Unidos (junto con sus gemelos diferentes en Israel) han declarado básicamente una guerra de saqueo y sumisión a nivel mundial.

Si se les deja hacer, llevarán este proceso de sometimiento hasta el final.

Si no se les deja hacer, correrá la sangre.

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6. Y ahora, a por Irán.

Crooke sigue analizando la política estadounidense, centrado en la alianza EEUU-Israel contra Irán y las resistencias que esto está generando.

https://www.unz.com/acrooke/the-precursors-for-war-are-in-place-iran-is-the-peg-to-intense-political-jockeying-to-define-the-post-trump-future/

Los precursores de la guerra están listos. Irán es el eje de una intensa pugna política para definir el futuro tras Trump

Alastair Crooke • 5 de enero de 2026

En la reunión del 30 de diciembre con Netanyahu y su equipo, el presidente Trump se comprometió públicamente a atacar Irán.

En la reunión del 30 de diciembre con Netanyahu y su equipo, el presidente Trump se comprometió públicamente a atacar a Irán: si continúan con su programa de misiles balísticos, «sí». Y en cuanto a su programa nuclear: «inmediatamente». «Les daremos una paliza», dijo Trump.

En contraste con esta beligerancia, el lenguaje de Trump en la reunión de Mar-a-Lago reflejó solo calidez y elogios efusivos hacia Netanyahu e Israel. Públicamente, Netanyahu había recibido el respaldo público de Trump para un ataque contra Irán y para la fase dos de Gaza, pero entre bastidores muchos de los detalles seguían sin definirse y eran objeto de controversia.

El lenguaje escalatorio hacia Irán no fue una sorpresa para Teherán. Era de esperar. Todos los indicios de las hostilidades que se avecinan están a la vista: la narrativa escalatoria —«cientos de células durmientes de Al Qaeda listas para desatar una carnicería; Al Qaeda encontró un refugio seguro en Irán durante 25 años… [permitiendo a Irán] potenciar la expansión del fundamentalismo islámico», afirma un «infiltrado del MI5 y el MI6». Como era de esperar, la moneda iraní cae en picado y los iraníes salen a las calles.

¿Qué hay detrás de este brote de militarismo estadounidense-israelí? Las bravuconadas de Trump sobre «las puertas del infierno» que se abrirán «para cualquiera» ya nos son familiares a todos. No obstante, todo apunta a que Trump y Netanyahu están alineados para otra ronda de guerra.

Pero ¿por qué Netanyahu debería optar por la acción cinética cuando Israel quedó tan gravemente marcado por los sofisticados misiles iraníes durante la llamada guerra de los 12 días de junio, y cuando las defensas aéreas israelíes demostraron ser deficientes? Desde entonces, Irán se ha estado rearmando y preparando para una nueva ronda.

Se necesita algo de contexto para explicar esta trayectoria aparentemente irracional que está siguiendo Israel, dados los evidentes peligros que conlleva una guerra con Irán.

Lo primero que hay que señalar es que Netanyahu está en apuros. Su caída política se ha pronosticado muchas veces antes, pero de alguna manera «Houdini» se las arregla para escapar de las ataduras y las esposas de un destino maligno. Esta vez es más grave. El consenso legal es que Netanyahu probablemente será condenado si sus casos de corrupción llegan a su conclusión.

Pero eso es solo un aspecto. La punta de lanza, sin embargo, son las acusaciones del «Qatargate», cuya esencia es que tres miembros del equipo más cercano al primer ministro han estado a sueldo de Qatar durante los últimos años, incluso durante la guerra de Gaza (esta afirmación no se discute). Las cuestiones clave son: ¿lo sabía Netanyahu? Si no es así, ¿por qué no? ¿Y qué beneficio buscaba Qatar a cambio de los pagos? Este último aspecto, el beneficio que buscaba Qatar, no está claro. Es posible que para Qatar fuera suficiente tener a la gente del primer ministro en nómina (por si acaso surgía alguna necesidad en el futuro).

En Israel, sin embargo, las acusaciones se han vuelto explosivas. La etiqueta «traición» se está utilizando ampliamente, incluso por el ex primer ministro Nafthali Bennett y el exministro de Defensa Bogie Yalom. Los israelíes más cínicos sugieren que el objetivo primordial de la visita de la familia Netanyahu a Palm Beach no era tanto discutir sobre Gaza, sino más bien avanzar en las presiones de Trump para obtener un indulto o la terminación del juicio, que se le exigiría al presidente Hertzog, que se muestra evasivo.

En resumen, Netanyahu necesita un «globo» que le saque del atolladero de sus enredos legales y sus guerras inconclusas, y que le eleve a través de una causa popular con la que ganar las elecciones generales de 2026. La derrota de Irán, para que quede claro, sería aplaudida no solo por los israelíes, sino también por un entusiasta Congreso de los Estados Unidos, por los donantes y por ambas alas de las estructuras de control del Uniparty.

Para Trump, el cálculo sería algo diferente. El principio de evitar disputas públicas con Netanyahu fue establecido por el expresidente Biden, no sin contratiempos: «Bibi buscó deliberadamente el enfrentamiento con Biden. Con el presidente Trump, lo evita», ha señalado un funcionario estadounidense. Trump también es reacio personalmente a alienar a algunos de sus donantes más leales, como Miriam Adelson, y a comentaristas como Mark Levin.

Esta trayectoria de Trump puede entenderse en el contexto de las divisiones sobre el apoyo de Estados Unidos a Israel, que han fracturado su base MAGA (y también han alienado a los demócratas más jóvenes). Las imágenes procedentes de Gaza de mujeres y niños muertos galvanizaron al electorado clave, Turning Point USA. Gran parte de la victoria de MAGA en 2024 se debió a este movimiento juvenil con miles de secciones, valores cristianos y gran energía. Turning Point USA ofrece potencialmente una formidable operación de «Get Out the Vote» (salgan a votar).

Un pequeño grupo de altos cargos del Partido Republicano, en combinación con poderosos políticos consolidados y grandes donantes, busca bloquear la expansión de MAGA para tomar el control del Partido Republicano, amenazando así la primacía de los líderes del partido. Esta «mayoría silenciosa», ahora sin líderes, pero que florece orgánicamente, ya no está en silencio. Los responsables del control del partido quieren domesticarla y volver a controlarla.

La introducción de la cuestión divisoria en el MAGA —«si no apoya las políticas de Netanyahu, es antisemita, odia a Israel»— se hizo intencionadamente, con influencers a sueldo avivando la fractura interna del partido, con el objetivo de debilitar el movimiento. Los líderes tradicionales del Partido Republicano quieren recuperar el control total.

Desde la perspectiva de Trump, es perfectamente posible apoyar al Estado de Israel y seguir siendo crítico con la política de la actual administración de Netanyahu. Esto representa el compromiso que él espera y que podría mantener intacto el MAGA de cara a las elecciones de mitad de mandato. Bajo la estrategia de Trump con Netanyahu en Mar-a-Lago se esconde una intensa pugna por controlar no solo los resultados de las elecciones de mitad de mandato, sino también la configuración de las elecciones presidenciales de 2028.

La facción de donantes proisraelíes afirma que la postura de Trump (y Vance) de apoyar a Israel, mientras se cuestionan sus políticas, es una falsa dicotomía: criticar a Israel es ipso facto antisemita, insiste Netanyahu. Este esfuerzo por dividir la base del MAGA —utilizando a Israel— puede funcionar o no. El problema para estos altos cargos del partido es que su estrategia de división ya es demasiado conocida por la generación Z.

Así pues, una guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán se desarrolla efectivamente en diferentes niveles, más allá de la racionalidad cotidiana. Por supuesto, se centra en Irán, pero para el círculo de Trump también es un complicado juego de ajedrez sobre quién acabará controlando el MAGA y, por extensión, la era post-Trump.

Y en Israel, la perspectiva de la guerra se convierte también en un tablero en el que observar qué facciones (y sus donantes) prevalecerán en el caldero de la guerra que se avecina para controlar el sistema y definir lo que será «Israel». O más bien, lo que quedará de él.

Frente a esto, las dudas y preocupaciones de la cúpula militar profesional en Israel, o en Estados Unidos, pueden quedar silenciadas por el temor a no estar lo suficientemente «en el equipo» en medio del fervor por la guerra.

Enlace al vídeo

(Reproducido de Strategic Culture Foundation con permiso del autor o representante).

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7. Crisis económica iraní.

Estamos asistiendo a una serie de agitaciones en Irán. Incitadas desde el imperio, por supuesto, pero también resultado de la dura situación económica del país.

https://thecradle.co/articles/irans-collapsing-currency-exposes-the-profiteers-behind-the-crisis

El colapso de la moneda iraní deja al descubierto a los especuladores que se esconden tras la crisis

A medida que las sanciones se endurecen y las reservas de divisas se agotan, los comerciantes iraníes se rebelan contra un orden económico fallido, basado en una mala gestión sistémica y en la especulación de las élites.

Fereshteh Sadeghi

5 DE ENERO DE 2026

En los últimos días de 2025, cuando el rial cayó a mínimos sin precedentes, la bulliciosa avenida Jomhuri (República) de Teherán se transformó en un corredor de rebeldía.

Los «bazaaris» (clase mercantil tradicional con gran influencia política y económica) y los propietarios de tiendas de teléfonos móviles, acorralados por una moneda en colapso y unos aranceles punitivos, cerraron sus tiendas y salieron a las calles.

Su indignación encendió una llama que se extendió rápidamente al Gran Bazar, considerado desde hace tiempo el barómetro económico de Irán. A diferencia de las protestas de 2022 por las libertades sociales o los disturbios de 2009 provocados por disputas electorales, esta ola de manifestaciones está impulsada directamente por el colapso económico y la mala gestión que se ha ido gestando durante mucho tiempo.

Lo que comenzó como una revuelta de los comerciantes contra un entorno comercial inviable pronto reveló la profunda podredumbre de décadas de mala gestión económica, corrupción institucional y un sistema asfixiado por las sanciones que castiga a la población para mantenerse a sí mismo.

Sanciones, sabotaje y una economía en desaparición

Irán, una nación de más de 86 millones de habitantes, registró un escaso crecimiento económico del 0,3 % en el verano de 2025, mientras que la inflación se disparó por encima del 42 % en diciembre. La participación en la población activa sigue siendo abismalmente baja, casi 20 puntos por debajo de la media mundial. Estas pésimas cifras han empeorado constantemente bajo el peso de las implacables sanciones de Estados Unidos, impuestas por primera vez por el presidente Donald Trump en 2018 durante su primer mandato, y se han intensificado a lo largo de dos mandatos presidenciales.

El espectacular colapso del rial, que rompió la barrera de los 1 445 000 frente al dólar estadounidense, no se produjo de la noche a la mañana. Supuso una subida del 47,8 % en solo seis meses.

Cuanto más subía el tipo de cambio, más enfadadas estaban las empresas cuyas ventas dependen directamente del tipo de cambio entre el dólar y el rial. La primera chispa de las protestas la encendieron los comerciantes de dos centros comerciales de teléfonos móviles en el centro de Teherán. Iniciaron una huelga, alegando que no podían hacer negocios porque tenían dificultades con una nueva tarifa de registro de teléfonos móviles que el Gobierno había impuesto a los dispositivos con un precio de 600 dólares o más.

Al día siguiente, los comerciantes no solo cerraron sus tiendas, sino que se manifestaron en la famosa Avenida de la República para protestar contra la situación. Los cambistas de dólares de la Avenida Ferdowsi también se unieron a las protestas y, en el Gran Bazar, los orfebres bajaron las persianas por miedo al caos.

Un comerciante de la calle Lalezar explica a The Cradle que «nos vimos obligados a cerrar nuestras tiendas porque algunos manifestantes nos agredieron verbalmente y amenazaron con saquear nuestras tiendas lanzando piedras contra nuestros escaparates».

Además de sancionar las vías tradicionales, como bancos, empresas y particulares, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha puesto en el punto de mira las direcciones de monedas digitales que acusa de ser utilizadas por una red financiera para transferir el dinero procedente del petróleo y de otras fuentes de Irán.

Según Gholma-Reza Taj Gardoun, presidente de la comisión parlamentaria de presupuesto, «el Gobierno iraní solo ha recibido 13 000 millones de los 21 000 millones de dólares de ingresos petroleros en los últimos ocho meses». Añadió que «los 8000 millones restantes son la causa de la actual agitación, la escasez de billetes de dólar en el mercado y la subida del tipo de cambio».

Un sistema amañado de especuladores

Taj Gardoun no es el único en denunciar que los ingresos por exportaciones petroleras y no petroleras no han regresado a Irán. En el centro de la crisis se encuentra una clase parasitaria de empresas semigubernamentales y comerciantes con conexiones políticas que se benefician de la disfunción fiscal de Irán.

El exministro de Finanzas y actual legislador Hussein Samsami estima que «117 de los 335 000 millones de dólares de ingresos por exportaciones no petroleras no han regresado al país desde que Estados Unidos volvió a imponer sanciones en 2018». Gran parte de este capital, afirma, fue desviado por entidades «khosulati», empresas cuasi gubernamentales que se benefician de la propiedad estatal, pero que operan sin transparencia ni supervisión.

Igualmente preocupante es el papel oscuro de los «fideicomisarios», una red secreta encargada de eludir las sanciones para vender petróleo iraní.

El exgobernador del Banco Central de Irán (CBI), Valiollah Seif, reconoció que «son personas de confianza, iraníes y no iraníes, que transfieren dinero (para Irán)», y añadió que «la transferencia de dinero es un proceso muy arriesgado y el pago a estos llamados fideicomisarios y a los cambistas que trabajan con ellos es elevado». Seif reveló que «a veces un fideicomisario desvía los fondos».

Aparte de los fideicomisarios, también se culpa a las entidades cuasi gubernamentales por negarse a devolver al banco central el dinero de las exportaciones no petroleras y venderlo a tipos superiores al tipo oficial aprobado por el CBI en el mercado oficial.

Estas empresas son propiedad de diversos fondos afiliados al Gobierno iraní. Los Ministerios de Petróleo y Bienestar Social obtuvieron la mayoría de las acciones de estos fondos a través del proceso de privatización llevado a cabo por diferentes gobiernos.

El tercer grupo que no ha devuelto el dinero de las exportaciones son las personas o empresas con permisos comerciales especiales. Un vicegobernador del Banco Central de Irán informa de que «las personas que poseen o alquilan 900 licencias especiales deben devolver unos 16 000 millones de dólares al banco central, (pero no lo han hecho)».

El resultado es una trampa de liquidez en la que las divisas desaparecen de los mercados oficiales, alimentando un círculo vicioso de inflación y especulación.

Parálisis estatal y desviación política

Durante meses, el Gobierno del presidente iraní Masoud Pezeshkian pareció paralizado, observando cómo la moneda se desplomaba y la ira pública aumentaba. Mientras que algunos sugieren que el Estado permitió deliberadamente la caída del rial para aliviar su déficit presupuestario, otros citan el caos institucional y la falta de una política económica cohesionada.

Se refieren a una confesión realizada por el expresidente iraní Hassan Rouhani en 2020: «Las divisas pertenecen al Gobierno, el precio lo decide el Gobierno y podemos bajarlo si así lo decidimos».

En respuesta a las voces de descontento, Pezeshkian encargó a su ministro del Interior que se reuniera con los representantes de los manifestantes y escuchara sus quejas.

Se reunió con los comerciantes y sustituyó al gobernador del Banco Central de Irán, Mohammad-Reza Farzin, por el exministro de Finanzas Abdolnasser Hemmati. Sin embargo, este último, que fue destituido hace diez meses por su mala gestión del mercado de divisas, dijo que «no tiene ninguna responsabilidad con respecto al mercado de divisas y que su tarea es controlar los bancos desequilibrados y reducir la inflación».

Austeridad en un polvorín

En las calles, las manifestaciones se han transformado en disturbios esporádicos, principalmente en las provincias occidentales, caracterizados por ataques a comisarías de policía e incendios provocados contra edificios estatales. Se han registrado víctimas, incluso entre las fuerzas de seguridad, a medida que las protestas pasan de ser una disidencia organizada a expresiones de frustración descarnada.

Las manifestaciones en Teherán, que en esencia no eran muy numerosas, han remitido, pero se han transformado en disturbios esporádicos. Las ciudades y pueblos más pequeños del oeste de Irán son ahora escenario de disturbios, con un número de alborotadores limitado a docenas, ni siquiera cientos.

Se han registrado incendios provocados contra edificios gubernamentales y asaltos a comisarías de policía para hacerse con su arsenal. Alrededor de una docena de personas, incluidas fuerzas policiales, han muerto en todo el país y se han producido detenciones.

El líder de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, admitió el 3 de enero que los «bazaaris» tienen quejas legítimas con respecto a la inestabilidad económica. Aun así, dejó claro que la República Islámica «no cederá ante el enemigo» y tratará con seriedad a los manifestantes violentos; «los alborotadores deben ser puestos en su lugar».

Los comentarios del líder iraní fueron una respuesta a Trump después de que este apoyara a los manifestantes y amenazara a la República Islámica con una intervención militar «si se mata a los manifestantes». El Frente Reformista se unió al rechazo de las amenazas extranjeras y advirtió que cualquier interferencia en las protestas intensificaría la violencia y distorsionaría las demandas del pueblo.

En un último intento por recuperar el control económico, un funcionario iraní de la Organización de Presupuesto y Planificación afirma que «se pedirá a los fideicomisarios que devuelvan al país miles de millones de dólares de sus cuentas en el extranjero». Un legislador advierte que «el Parlamento interrogará al ministro de Petróleo sobre la cuestión de los fideicomisarios».

El ministro de Economía de Irán ha declarado que se han obtenido resultados positivos en las negociaciones con varios países, entre ellos la liberación de parte de los recursos financieros de Irán y la apertura de canales de financiación para la importación de bienes esenciales, junto con esfuerzos graduales para unificar el tipo de cambio en un tipo único.

Al mismo tiempo, Pezeshkian está impulsando planes para eliminar gradualmente los subsidios a las importaciones esenciales, una medida que él denomina «cirugía económica» y que se compensará con vales específicos para los ciudadanos con menos ingresos. Pero la austeridad en medio del colapso de la moneda, la inflación y una crisis de credibilidad es una fórmula explosiva.

Los funcionarios iraníes siguen de cerca la situación en Venezuela, donde el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la creciente agresión de Estados Unidos ofrecen paralelismos escalofriantes. Por ahora, las protestas callejeras en Teherán siguen contenidas. Pero si el dolor económico persiste y las reformas profundizan la desigualdad, es posible que la próxima ola no sea tan fácil de sofocar.

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8. Sistemas militar-industriales.

El economista Claude Serfati analiza la importancia de los sistemas militar-industriales en la configuración del capitalismo contemporáneo.

https://www.contretemps.eu/systemes-militaro-industriels-noyau-totalitaire-capitalisme/

Los sistemas militar-industriales, núcleo totalitario del capitalismo contemporáneo

Claude Serfati 5 de enero de 2026

La mayoría de los análisis del capitalismo contemporáneo omiten o minimizan el papel estructurante de las industrias armamentísticas y, en general, de los sistemas militar-industriales. El economista Claude Serfati demuestra su importancia central en lo que él denomina la dinámica «totalitaria» actual.

***

Se ha convertido en un lugar común observar que gran parte del planeta está evolucionando a un ritmo acelerado hacia regímenes calificados de «iliberales» por las corrientes dominantes, o de «estatismo autoritario », según la expresión utilizada por Nicos Poulantzas.

En este contexto, este artículo se interesa por el papel de los sistemas militar-industriales (SMI) en esta evolución autocrática del capitalismo. Se centra principalmente en Estados Unidos, no solo porque lo que en este país se denomina «complejo militar-industrial» (CMI) está mucho mejor documentado que en otros países, sino sobre todo porque, desde su creación en 1945, el CMI, que cuenta con un presupuesto militar que representa el 40 % del gasto militar mundial, ocupa un lugar determinante en el espacio mundial y, por lo tanto, D. Trump se esfuerza por conformar el mundo a su visión liberticida.

La hipótesis teórica que guía este artículo es la siguiente. Los aparatos militar-industriales de los países más poderosos del planeta comparten la profunda singularidad de estar situados en la intersección entre lo económico y lo político. Es cierto que la intervención masiva de los Estados en la actividad económica es una constante histórica del capitalismo, pero aquí se trata de algo muy diferente, ya que los aparatos militar-industriales funcionan sobre la base de una integración orgánica de lo económico y lo político.

De este modo, gozan de un gran poder y de una ausencia de control democrático, ya que combinan el rendimiento tecnológico y la legitimidad política suprema, la de constituir el último recurso para la defensa del orden social. En resumen, los SMI cristalizan en su estructura las dos dimensiones del capitalismo, que es a la vez un régimen de acumulación y un modo de dominación social.

Esta integración político-económica está contenida, por otra parte, en la propia expresión «complejo militar-industrial» introducida por el presidente Eisenhower en su discurso de 1961[1]. En efecto, todos los SMI tienen en común el hecho de estar compuestos por la institución militar, las empresas de defensa y el poder político (ejecutivo y legislativo). Estos tres componentes se denominan a veces «triángulo de hierro» (Iron triangle) [2], pero esta definición subestima el hecho de que estos componentes forman un «sistema» y que poseen varias propiedades[3]. El peso respectivo de estos tres componentes varía evidentemente según los países, ya que depende de su historia y del lugar que ocupan en la jerarquía mundial.

El hecho de que las EMI se sitúen en la intersección entre lo económico y lo político supone un reto para las teorías dominantes, ya que estas erigen la separación entre el «mercado» y el Estado en un dogma normativo y, cuando sus pensadores observan una transgresión, lamentan que el Estado se salga de sus funciones soberanas. Pero esta singular posición de las EMS también supone un desafío para el análisis marxista. En efecto, es bien sabido que la separación entre los ámbitos económico y político es un rasgo distintivo del capitalismo.

Para el pensamiento marxista dominante, esta separación se materializa en la existencia de una infraestructura, compuesta por las relaciones de producción, y una superestructura, ámbito de la política, el ejército y la ley, que está sometida a la primacía de la infraestructura. De modo que, en este enfoque, «los actores (agency) pueden quedar «rigurosamente» excluidos de la ciencia de las sociedades debido a determinaciones totalmente «estructurales» »[4].

Esta «historia sin sujetos» ha llevado a los marxistas a prestar una atención muy insuficiente a las EMI como objetos específicos, así como a su capacidad de autoexpansión, que, como en todos los sistemas, se basa en parte en mecanismos endógenos. Por el contrario, la corriente «institucionalista», inspirada en los trabajos de T. Veblen, se ha interesado por los rasgos nuevos y singulares del SMI estadounidense.

Sin embargo, otra lectura de las relaciones entre la economía y la política en el capitalismo puede inspirarse en Marx, como veremos más adelante. Basta señalar aquí que, tras leer la entrada «Ejército » redactada por Engels para la New American Encyclopedia, Marx le pidió que redactara una contribución sobre «la industria del exterminio humano (industry for human slaughter)», que integraría en el libro 1 de El capital[5], aunque se considera que trata del «capital en general»[6] .

La integración orgánica de la legitimidad política y el poder industrial y tecnológico constituye a las EMS como núcleo totalitario de sus sociedades. El adjetivo «totalitario» que se utiliza en este artículo designa aquí un proceso en curso y no el triunfo del «totalitarismo», ese «concepto camaleónico», como lo denomina Enzo Traverso[7]. En otras palabras, no se trata de afirmar que las sociedades modernas estén hoy en día dominadas por regímenes de tipo fascista.

Sin embargo, las tendencias totalitarias en marcha se exacerban en relación con el endurecimiento de las rivalidades intercapitalistas. Hoy en día se manifiestan por el hecho de que el bloque social que controla las SMI, regenerado por las tecnologías basadas en la inteligencia artificial (IA), refuerza, mucho más allá del ámbito militar, su control sobre la sociedad en su conjunto.

En el caso de Estados Unidos, la ideología explícitamente totalitaria de los dirigentes de los grupos digitales refuerza la aventura bonapartista de D. Trump. La IA se revela hoy como la tecnología genérica de un mundo en guerra[8], ya que actualmente es apropiada por Estados rivales que la utilizan conjuntamente como vector de supremacía militar y competitividad tecnológica. Las rivalidades imperialistas y la insostenibilidad ecológica se ven exacerbadas por las insaciables necesidades de los centros de datos en materia de energía, agua y elementos de metales raros.

La trayectoria de desarrollo que los grandes grupos y sus Estados imponen a la IA amenaza hoy en día a los seres humanos en un triple plano: como asalariados víctimas de la supresión de puestos de trabajo, como ciudadanos vigilados por sus Estados y, por último, como civiles víctimas de la incorporación de la IA en las armas utilizadas, como demuestran ampliamente las guerras de Gaza y Ucrania. Estos desarrollos totalitarios de las SMI son más que una consecuencia del avance de los «Estados democráticos» hacia regímenes autoritarios, son un poderoso estímulo para ello.

La contribución de la corriente institucionalista al análisis del «complejo militar-industrial»

Como corriente de investigación académica —aunque las ONG también han contribuido en gran medida a documentar las prácticas del CMI estadounidense—, los «institucionalistas» han tenido el mérito de interesarse por el CMI, analizar su composición y destacar su peligroso poder. A partir de la década de 1970, demostraron en particular que las estrategias adoptadas por los grandes grupos de defensa reforzaban su aislamiento en el ámbito militar y los alejaban de las trayectorias tecnológicas que surgían entonces en el sector comercial. Su incapacidad para innovar gracias a la IA es el ejemplo más reciente.

Hay que destacar especialmente al sociólogo C. Wright Mills, que propuso un marco de análisis del aparato militar-industrial de los Estados Unidos en una obra publicada unos años antes del discurso de Eisenhower. Wright Mills describe en ella a estas nuevas clases dirigentes, a las que califica de «élite en el poder» [9], expresión que prefiere al concepto de «clases dirigentes », demasiado influenciada, en su opinión, por un «determinismo económico», cuando estas élites se basan al menos en igual medida en factores políticos y militares[10]. Las élites en el poder dirigen el aparato del Estado y se arrogan prerrogativas»[11].

Más concretamente, estas élites han unificado las esferas política, económica y militar bajo su control y han conquistado un poder sin igual gracias a la entrada decisiva de los militares[12]. Este auge del poder militar es una causa esencial del «gran cambio estructural del capitalismo estadounidense hacia una economía de guerra permanente»[13]. Por último, Mills subraya que el ascenso de los militares se produce en el seno de un sistema aparentemente democrático, pero debilitado (weakened and formal democratic system), estructurado por la institución militar, que se ha convertido en una fuerza política en sus perspectivas y su conducta»[14].

Seymour Melman, que realizó análisis pioneros que documentaban los efectos nocivos del CMI sobre el rendimiento de la industria manufacturera estadounidense, se inspira en el análisis de Mills y considera que el capitalismo estadounidense ha caído bajo el dominio del «state-management ». Este término evoca una burocracia estatal, incluso un «capitalismo de Estado», expresión también utilizada por Melman[15] . El núcleo de este «capitalismo de Estado» se encuentra en el Pentágono que, bajo el impulso de R. McNamara, secretario de Estado de Defensa de J. Kennedy, estableció «una gestión centralizada del imperio militar-industrial» . En realidad, concluye Melman, el Pentágono se ha convertido en «un Estado dentro del Estado, una institución paraestatal »[16].

En resumen, estas tesis gerenciales no cuestionan la existencia de estructuras capitalistas, pero consideran que estas se han transformado bajo el impulso del militarismo y que han dado lugar a nuevos centros de poder. Además, Mills y Melman no dudan en vincular el papel omnipresente del «Complejo» en la sociedad estadounidense con las guerras libradas por el ejército estadounidense.

Las debilidades del análisis marxista

Son numerosas las críticas marxistas formuladas contra las hipótesis institucionalistas del CMI. Algunos marxistas reprochan a Mills inscribir su noción de «élite en el poder» en la corriente dominante de la sociología política estadounidense. En consecuencia, «el complejo militar-industrial se analiza desde la perspectiva antimarxista, inspirada inicialmente en el pensamiento neomachiavélico y weberiano ». También se reprocha a Melman considerar que el principal objetivo del Departamento de Defensa es la expansión de su propio poder dentro de la sociedad estadounidense, [en lugar de considerar] que el complejo militar-industrial está dominado por oligarcas económicos [17].

La reseña de la obra de Mills realizada por A. Sweezy, bajo el evocador título: Elite power or Ruling class ? es más sutil y apreciativa. Observa que Mills «cabalga» constantemente entre dos posiciones diferentes con respecto a la élite: la de una clase dominante —en el sentido marxista— y la de las élites presentes en las «órdenes institucionales principales» de la economía, la política y el ejército. Sweezy critica esta segunda interpretación. Cuestiona la existencia de una autonomía militar e incluso, escribe, de una «semiautonomía» (p. 24), ya que, por el contrario, los militares dependen totalmente del poder económico[18]. Domhoff, en Who rules the USA?, llega a las mismas conclusiones y añade que el complejo militar-industrial no es independiente del resto de las empresas, ya que «no es capaz de obtener la financiación presupuestaria que necesita para mantener en cierta medida esa independencia»[19].

La crítica de Mills realizada por N. Poulantzas constituye la forma teórica más elaborada de esta literatura marxista que niega la existencia de una autonomía institucional y de un poder propio del complejo militar-industrial. La radicalidad de su crítica se debe sin duda al hecho de que Poulantzas estuvo influenciado por el «marxismo estructuralista», aunque evolucionó en esta cuestión [20].

Poulantzas reprocha a Mills descubrir «el fundamento del poder político en la propia existencia del aparato del Estado y [atribuir], mediante una confusión entre poder del Estado y aparato del Estado, un poder político propio de la burocracia del Estado» (cursiva en el texto) [21]. Por el contrario, Poulantzas niega a esta última cualquier poder propio, ya que este solo puede referirse al de las clases sociales que detentan el poder. En su intercambio con Miliband sobre la naturaleza del Estado, precisa que «la burocracia estatal, como categoría social relativamente «unificada», es la «sirvienta» de la clase dominante »[22] (cursiva en el texto).

Esta afirmación revela el carácter incompleto de la conocida definición de Poulantzas del Estado como « condensación material de las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clases » [23]. Esta fórmula constituye sin duda un punto de partida para el análisis del Estado, pero este debe centrarse a continuación en la naturaleza de las instituciones estatales, las modalidades de sus relaciones con las clases y las relaciones sociales que las organizan[24].

Sin embargo, Poulantzas descuida el análisis de la densidad institucional de la burocracia estatal y de los sistemas militar-industriales (SMI). Menciona episódicamente al ejército, presentado como «una rama del aparato estatal», pero este no es más que uno de los tres componentes de los SMI[25]. Solo aborda una vez la cuestión del gasto militar, y es para expresar su escepticismo sobre el hecho de que su aumento induzca cambios estructurales en las relaciones entre el ejército y la economía.

De hecho, duda de que «el crecimiento del gasto militar y la intensificación de los vínculos interpersonales entre los industriales y los militares sean suficientes para hablar de un cambio significativo en el papel del ejército en el aparato estatal contemporáneo » (cursiva en el texto). Poulantzas tiene razón al subrayar que los vínculos interpersonales no son el motor de la historia, pero esta crítica no justifica ignorar la aparición de los sistemas militar-industriales como institución sui generis surgida del período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Como economista, A. Sweezy, en colaboración con P. Baran, a diferencia de Poulantzas, se preocupa mucho por los gastos militares e inaugura un enfoque que a veces se califica de keynesiano-marxista. En este marco analítico, los gastos militares permiten, además de apoyar el militarismo estatal estadounidense de dominación mundial, la absorción del «excedente» —este concepto sustituye en su caso al de beneficio— que produce en exceso el capitalismo [26]. Una vez más, en este análisis macroeconómico falta prestar atención al «Complejo» como subsistema institucional específico pero central, ya que se encuentra en el corazón del Estado federal de los Estados Unidos.

Por lo tanto, los marxistas a veces han acertado al criticar las teorías que identifican la autonomía del Estado y el dominio de una élite sobre las relaciones sociales. Sin embargo, todo sucede como si hubieran querido erigir un «cordón sanitario» teórico —el de la dominación de una clase capitalista— que oponen a la existencia del SMI como bloque social dotado de capacidades económicas, políticas e ideológicas propias.

Marx, Engels y la excrecencia burocrático-militar del Estado

Para comprender y analizar la densidad institucional de los SMI, propongo dos hipótesis sobre el Estado. En primer lugar, las instituciones estatales están incrustadas en la sociedad, es decir, en las relaciones sociales cuya reproducción garantizan gracias a sus funciones de cohesión y represión. Las relaciones sociales incluyen dos componentes estrechamente entrelazados: por un lado, las relaciones de producción, que son relaciones de explotación del trabajo por el capital y en las que se basan la producción y la distribución de bienes y servicios y, por otro lado, las relaciones políticas (poder, cultura, ideología, etc.), que en la filosofía política se caracterizan por la diferenciación entre la sociedad civil (en alemán bürgerliche Gesellset, sociedad burguesa) y el Estado. Sin embargo, como subraya Gramsci, esta separación entre sociedad civil y Estado «no es orgánica, [ya que] en realidad se trata de una sola y misma cosa»[27].

Marx resume así las relaciones entre las relaciones de producción y la esfera política en el seno de las sociedades: «la anatomía de la sociedad civil debe buscarse a su vez en la economía política» [28]. En la Contribución a la crítica de la economía política, escribe que «el conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base concreta sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política»[29].

Esta metáfora de Marx fue transformada por el marxismo dominante en una separación entre «instancias» o «regiones» —económicas y políticas—, mientras que las instituciones estatales son totalmente constitutivas de las relaciones sociales y no solo están presentes en el «nivel» de la «instancia política» . Sin embargo, afirmar que una casa se construye a partir de sus cimientos no significa que su estructura y su tejado sean elementos secundarios.

Meszaros criticó enérgicamente esta idea de confinar el lugar del Estado a la esfera de la superestructura, ya que constituye el «control político totalizador de la estructura del capital» y está «indisolublemente ligado a él»[30]. El historiador Edward Thompson también refutó la relegación de la ley y el sistema jurídico a un nivel superestructural. En su análisis de la «guerra de los bosques» librada en el siglo XVIII para proteger la propiedad privada, señala que «la ley no se mantenía educadamente en un «nivel», sino que se encontraba en todos y cada uno de los niveles, incluso los más sangrientos; estaba entrelazada con las propias relaciones de producción (como los derechos de propiedad, las definiciones de las prácticas agrarias)» (cursiva en el texto)[31].

Lo que Thompson dice sobre el derecho y la magistratura es igualmente válido para la policía, el ejército y la burocracia civil. De modo que no se puede comprender la historia del capitalismo francés si no se tiene en cuenta el hecho de que, desde hace siglos, las instituciones estatales —principalmente la alta administración y el ejército— saturan el espacio de las relaciones sociales [32]. ¿Cómo interpretar de otro modo las siguientes observaciones de Marx sobre Francia? «el Estado encierra, controla, regula, vigila y tutela a la sociedad civil, desde sus manifestaciones de existencia más amplias hasta sus movimientos más insignificantes, desde sus modos de existencia más generales hasta la vida privada de los individuos, donde este cuerpo parásito, gracias a la centralización más extraordinaria, adquiere una omnipresencia, una omnisciencia, una capacidad de movimiento y un impulso incrementados, que solo tienen su paralelo en el estado de dependencia absoluta, la deformidad incoherente del cuerpo social»[33]?

Engels resumía así la importancia determinante de la «superestructura»: «¿Por qué luchamos entonces por la dictadura política del proletariado [cuyo prototipo Engels y Marx veían en la Comuna de París, C.S.] si el poder político es económicamente impotente? ¡La violencia (es decir, el poder del Estado) es también un poder económico!»[34] .

La segunda hipótesis que propongo es que el Estado está dotado de un poder propio que se encarna en instituciones militares y civiles, contrariamente al argumento de Poulantzas señalado anteriormente, que distingue entre el poder del Estado y el poder de los aparatos del Estado para negar a estos últimos un poder propio. Estas instituciones tratan de «sacar provecho» de este poder ampliando su control sobre la sociedad[35] . Este poder propio de las instituciones estatales permite a la burocracia estatal, en nombre del interés general, consolidar su posición y aumentar sus ventajas materiales. Dentro de ella, el ejército ocupa un lugar excepcional en todos los Estados modernos, ya que cumple la misión existencial de defender el orden social.

Desde sus primeros escritos, Marx formula una crítica del dominio de la burocracia sobre la sociedad: «el espíritu general [..] es el secreto, el misterio, que preserva en su interior gracias a su organización jerárquica y frente al exterior como una corporación cerrada». En estos comentarios críticos de Hegel, Marx permanece todavía en un nivel abstracto, filosófico, pero ya queda claro que para él la burocracia no es una «excrecencia tumoral» injertada en el Estado, una especie de desviación de las funciones colectivas de una institución que, por lo demás, sería benévola. El Estado moderno que se forma con el dominio del capital sobre la sociedad es un «Estado representativo», que se manifiesta en el triunfo de la figura del «ciudadano». Sin embargo, como señala A. Artous, la ciudadanía y la burocracia son «las dos caras de la estructura institucional del Estado moderno[36].

Hemos visto que, apenas unos años más tarde, Marx ofrece en El 18 de brumario de Luis Bonaparte un análisis más explícitamente político del Estado y su burocracia.

Marx insiste en que el ejército constituye la base de esta burocracia estatal y llama la atención sobre su capacidad de autogestión. «En los regímenes que precedieron a Napoleón III predominaban intereses sociales específicos, mientras que en el Segundo Imperio predominan los intereses del propio ejército» [37]. En un marco analítico evidentemente muy diferente al de Marx, Max Weber también atribuía una centralidad al ejército en su modelo de burocracia racional y eficaz, y, por otra parte, se preocupaba por las amenazas que este supone para la democracia[38].

Estas fórmulas de Marx sobre la burocracia y el ejército dan su verdadera dimensión institucional al Estado, subrayan la capacidad de la burocracia estatal para reforzar su control sobre la sociedad y, al mismo tiempo, promover el enriquecimiento de los capitalistas. Jessop considera acertadamente queEl 18 de brumario es «un punto esencial de su visión antiinstrumentalista del Estado» [39].

Sin embargo, sería erróneo considerar que las críticas de Marx a la burocracia opresiva son específicas de Francia. A principios de la década de 1990, Engels señala en su reedición de los textos de Marx sobre la guerra civil en Francia que la formación de un aparato estatal que se emancipa de todo control está presente en todos los países democráticos[40]. Estas observaciones de Engels se ven confirmadas por varias cartas escritas durante la década de 1890 en las que advierte a los lectores de Marx sobre la falta de atención prestada al papel de la política.

Sin embargo, la contribución de Engels a la formación del aparato del Estado como poder autónomo no se detiene ahí. Durante las décadas de 1880 y 1890, percibió claramente los mecanismos endógenos al capitalismo que favorecen el autogro de los sistemas militar-industriales, mucho antes de que estos se arraigaran de forma duradera al final de la Segunda Guerra Mundial. El punto de vista formulado por Luxemburg es aún más claro sobre la formación del militarismo capitalista como un espacio político -económico singular, ya que, por un lado, «crea la forma de inversión más indispensable y rentable» y, por otro, es un medio sangriento de represión contra las luchas de los trabajadores para mejorar su situación (huelgas, coaliciones, etc.) [41].

Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar del arraigo de los SMI en los grandes países capitalistas (y en la URSS), no se siguieron las fructíferas pistas abiertas por Engels y Luxemburg sobre la especificidad del militarismo como lugar de convergencia de lo económico y lo político. Lo que primó fue un debate más o menos sofisticado sobre la contribución de los gastos militares a la acumulación de capital[42].

El núcleo totalitario de los SMI

Hubo que esperar a la barbarie del siglo XX, la de las guerras, el nazismo, el fascismo y el estalinismo, para que surgiera la cuestión de la fusión de la política y la economía, que se planteó con fuerza y se consagró en el término «totalitarismo». Este término fue utilizado por primera vez en 1928 por Giovanni Gentile, el teórico del fascismo, y el de «Estado total» fue utilizado a partir de 1931 por Carl Schmidt, teórico del nazismo, pero obtuvo su reconocimiento gracias a los trabajos de Hanna Arendt. Según ella, la evolución del imperialismo hacia el totalitarismo es el resultado de la acumulación ilimitada de poder político por parte de la burguesía. Afirma, en referencia a Luxemburg, pero desde una perspectiva alejada de la suya, que «el imperialismo debe considerarse como la primera etapa de la dominación política de la burguesía más que como la última etapa del capitalismo»[43] . Según Arendt, esta voluntad de expansión ilimitada del capital explica la transformación del Estado en un órgano totalitario.

Antes de estos análisis de Arendt, el jurista Franz Neumann, como marxista cercano a la escuela de Fráncfort, había conectado la economía y la política de una manera diferente a la suya[44]. Critica las tesis del «colectivismo burocrático» que anuncian el dominio de una clase directiva, lo que, en su opinión, equivale a afirmar que el capitalismo como relación de producción ya no existe, «sino que ha sido sustituido por el poder político absoluto ». Por las mismas razones, critica las tesis de F. Pollock, otra figura destacada de la Escuela de Frankfurt, quien considera que el beneficio ha perdido su papel principal de orientación de los flujos de capital y que el «capitalismo de Estado »[45] sustituye ahora al capitalismo monopolista tal y como lo analizaron los marxistas de principios del siglo XX.

Por el contrario, Neumann subraya la importancia de la base económica del régimen nazi, que define como un «capitalismo monopolista totalitario» . Analiza con detalle la nueva configuración de las clases dominantes, constituida por un aglomerado de cuatro grupos: «el partido, el ejército, la burocracia y la industria». De forma totalmente pionera, niega la existencia de un Estado centralizado que posea en Alemania el «monopolio de la violencia» y afirma que estos cuatro componentes «sólidos y centralizados operan cada uno de forma soberana, ya que todos ellos poseen poder legislativo, administrativo y judicial. La unidad de estos cuatro componentes se basa en un acuerdo informal sobre la política a seguir »[46].

Wright Mills toma prestadas varias ideas clave de Neumann para elaborar su teoría de la «élite en el poder» mencionada anteriormente. En la reseña del libro que escribe en 1942[47], señala que este «arroja luz sobre el capitalismo en los países democráticos. Si lo lee atentamente, encontrará en él los inquietantes rasgos de los posibles futuros que le esperan[48].

Por último, Trotski utiliza el calificativo para referirse a la Italia de Mussolini, donde «el centralismo estatal bajo la cobertura del fascismo ha adquirido un carácter totalitario […] y subordina todos los aspectos económicos, políticos y culturales al capital financiero». En otros escritos, califica en varias ocasiones a la burocracia de Moscú de «régimen [que] había tomado un giro «totalitario» en su forma varios años antes de que este término apareciera en Alemania» [49] .

Unos años antes, incluso había esbozado una perspectiva sombría para el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. En caso de declive del proletariado después de la guerra, se abriría la posibilidad de una «descomposición posterior del capital monopolista, su posterior fusión con el Estado y la sustitución de la democracia, allí donde aún se mantiene, por un régimen totalitario […] que marcaría el ocaso de la civilización» [50]. La fuerza del Estado totalitario le permitiría, en esta coyuntura excepcional, «fusionarse» con el capital.

He ampliado considerablemente el espectro de autores que utilizan los términos «totalitario» o «totalitarismo» para indicar sus diferentes y, en parte, contradictorios usos. Una diferencia importante entre estos enfoques reside en la existencia o no del concepto «camaleónico » del «totalitarismo» señalado por E. Traverso. En realidad, a raíz de los trabajos de Arendt, el debate sobre este concepto se ha visto sobredeterminado por la hipótesis de una convergencia entre los regímenes nazi y estalinista, que fue instrumentalizada políticamente durante la Guerra Fría. De hecho, para evitar su instrumentalización, Ian Kershaw y Moshe Lewin prefirieron el término más neutro de «dictadura» en su comparación entre la Alemania nazi y la URSS estalinista[51].

Sin embargo, todos los autores que he mencionado comparten la observación de que las sociedades totalitarias se caracterizan por una fusión de lo político y lo económico que va acompañada del uso de métodos represivos contra el conjunto de la sociedad[52].

En 1941, Harold Lasswell también describía un proyecto distópico de evolución de las sociedades hacia un «Estado cuartel» (Garrison State), que G. Orwell representaría de forma impactante unos años más tarde en su inolvidable novela 1984. Según Lasswell, el Estado cuartel anunciaba la llegada de un mundo en el que «los especialistas en violencia constituyen el grupo más poderoso de la sociedad».

Cuando la maquinaria bélica estadounidense apenas comenzaba a ponerse en marcha, ya concluía que «no hay ningún ejemplo [aparte del de los Estados Unidos, C. S.] de Estado militarizado combinado con tecnologías modernas» en la historia. Lasswell conjeturaba que «aunque los dirigentes del Estado cuartel tendrán el control de la regulación de la tasa de producción, sin duda tratarán de impedir el pleno aprovechamiento de las capacidades productivas modernas para fines de consumo no militares»[53].

Sin embargo, ni la conjetura totalitaria ni la del Estado cuartel se generalizaron después de la Segunda Guerra Mundial. Se produjo una nueva era de expansión del capitalismo, respaldada por el poder omnipotente de los Estados Unidos, por varias razones.

En primer lugar, el nivel de destrucción de las fuerzas productivas provocado por la guerra, mucho mayor de lo que se podía imaginar antes de su estallido, había, en cierto modo, allanado el terreno para un nuevo ciclo de acumulación de capital. Este nuevo régimen se basaba en considerables ganancias de productividad gracias a la aplicación de los numerosos descubrimientos científicos acumulados durante décadas, algunos de los cuales dieron lugar a nuevas tecnologías durante la guerra (electrónica/informática, aeronáutica).

A continuación, los levantamientos populares en Europa, en países cuyos aparatos estatales se desintegraban, sacudieron los cimientos mismos del capitalismo y obligaron a los Estados Unidos a apoyar la reconstrucción de los países europeos. Por último, la URSS salió de la guerra menos debilitada de lo esperado y Stalin exigió su parte del botín, que obtuvo en los acuerdos negociados en Yalta. Esta coyuntura mundial incitó a los dirigentes estadounidenses a asociar a las clases dirigentes europeas a la construcción de un «orden liberal internacional» basado en compromisos sociales que «frenaran» la expansión de la URSS.

El totalitarismo no invadió las sociedades de la posguerra, pero encontró un punto de anclaje en el dinamismo del militarismo. De hecho, el SMI estadounidense surgió después de la Segunda Guerra Mundial como producto de la nueva coyuntura internacional y del lugar que Estados Unidos pretendía ocupar en ella. Pero también se construyó y se arraigó gracias a la importancia que adquirieron la ciencia y la tecnología en el régimen de acumulación de capital establecido desde 1945. El SMI estadounidense basó su poder en los dos objetivos asignados a la tecnología, la supremacía militar y la competitividad económica, consolidando así la influencia política y económica de Estados Unidos en el mundo.

El arraigo de las EIM en Estados Unidos y en algunos otros países en el seno del régimen de acumulación que se instauró después de la Segunda Guerra Mundial constituye un hecho cualitativamente nuevo. Basándome en la constatación común sobre el calificativo «totalitario» resumido anteriormente, considero que la integración político-económica de las EIM constituye un enclave « totalitario» en las sociedades contemporáneas, incluidas aquellas que se reivindican del Estado de derecho y la democracia. Las SMI han estimulado el militarismo, que es a la vez una ideología basada en la violencia y una práctica de los gobiernos destinada a someter por la fuerza armada a otros países, pero también a su propia población.

La singular posición de las SMI, que se basa en la integración orgánica de lo político y lo económico, ha dado lugar en todos los países donde existen a un modo de funcionamiento bastante similar, caracterizado por la opacidad, la omnipotencia y la irresponsabilidad. No es ceder a las tesis conspirativas afirmar que la misión del SMI es promover la militarización.

La alianza tecnoliberticida del SMI y el régimen trumpista

Desde hace algunos años, la IA se ha convertido en un potente motor de regeneración de los SMI. Bajo el efecto de la competencia económica y las rivalidades militares, se impone como la tecnología genérica de un mundo en guerra social, securitaria y militar, y traza así las líneas de un orden totalitario. Es sorprendente observar que, a pesar de sus rivalidades estructurales, las estrategias de las SMI seguidas por los gobiernos de Estados Unidos y China, calificadas respectivamente de «integración militar-civil» y «fusión militar-civil », presentan numerosas analogías desde el punto de vista tecnológico[54]. Por otra parte, en la investigación cuántica, uno de los campos científicos más prometedores para el progreso de la IA generativa, Estados Unidos y China son los países cuya colaboración científica es más intensa[55].

Las fuerzas endógenas que refuerzan las disposiciones totalitarias de las SMI no están aisladas de las transformaciones de su entorno. Más bien al contrario. Las SMI evolucionan en consonancia con los vaivenes de la coyuntura mundial. Así, en la nueva coyuntura histórica que se formó a finales de la década de 2000 —que denomino «el momento 2008» [56] —caracterizada por una competencia económica que se combina con rivalidades militares y una insostenibilidad ecológica cada vez más evidente—, las SMI actúan como una fuerza de atracción de la IA, sobredeterminando su trayectoria de evolución hacia usos militares y de seguridad, lo que aumenta su potencial liberticida.

En Estados Unidos, el orden social propuesto por los grupos digitales se basa en una ideología tecnoliberticida (o totalitaria) que resume así P. Thiel, figura clave del sistema trumpista y fundador de Paypal y Palentir: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles»[57]. O por el fundador de Anduril, de la siguiente manera: «Las sociedades siempre han necesitado una clase de guerreros entusiastas y deseosos de usar la violencia contra los demás para imponer objetivos nobles» [58].

Esta ideología, calificada de «fascismo del fin de los tiempos»[59], facilita la convergencia entre los impulsos totalitarios del SMI estadounidense y la evolución autoritaria del régimen político de los Estados Unidos. D. Trump, haciéndose eco de la ideología tecnoliberticida, resume su filosofía política con esta frase atribuida a Napoleón Bonaparte: «Quien salva a su patria no viola la ley»[60].

Sería infantil atribuir la evolución política de los Estados Unidos a los rasgos psicológicos de D. Trump sin tener en cuenta los profundos cambios que explican que haya podido surgir un personaje así. La radicalización de su política, incluso en comparación con su primer mandato, demuestra que ya no es posible para Estados Unidos preservar su dominio mundial basándose en el «orden liberal internacional», el «respeto al Estado de derecho» o su papel de «hegemon benevolente» que ejerce desde 1945, según la literatura dominante de economía política internacional. En realidad, Estados Unidos ya no puede contentarse con continuar las políticas aplicadas desde finales de la década de 2000 por Obama, Trump 1 (2016-2020) y Biden si quieren contrarrestar el ascenso económico y geopolítico de China. Deben «cambiar de marcha», por emplear una metáfora ciclista.

En el marco de esta lucha contra el ascenso chino, percibido como una amenaza existencial por las élites económicas y políticas, Donald Trump, elegido en 2024, cumple todos los requisitos de un candidato bonapartista debido a las decenas de decretos basados en el estado de emergencia (emergency powers) que ya ha publicado, al uso de las redes sociales para difundir « verdades alternativas» y la represión contra los «enemigos internos» que hay que «controlar antes de que se salgan de control» (migrantes, «antifas», etc.)[61].

En cuanto al militarismo externo, completando el cuadro del Bonaparte de la Casa Blanca, cabe destacar su apoyo a la guerra genocida librada por Israel (proseguida con su plan neocolonial para Gaza, votado por unanimidad por el Consejo de Seguridad), el bombardeo de Irán, las amenazas de cambio de régimen en América Central y el anuncio de la apropiación por parte de Estados Unidos de los recursos que poseen algunos países.

En su marcha hacia el bonapartismo, Trump ha forjado una alianza casi personal con los grandes grupos digitales. Esta alianza, que muestra rasgos de nepotismo y prevaricación, mantiene una larga tradición estadounidense de colusión entre el Estado y las empresas, inaugurada a principios del siglo XX por los «barones ladrones». Sin embargo, más allá de estas formas malolientes de funcionamiento político, el auge de los grupos digitales dentro del aparato estatal federal es el resultado de dos factores estructurales, económico y militar, íntimamente relacionados. En primer lugar, estos grupos son el motor indispensable del crecimiento económico de Estados Unidos, al que contribuyen en un 35 %-45 %[62].

Además, constituyen una figura dominante del capital financiero contemporáneo, cuya fisonomía es bastante diferente de la descrita por Hilferding a principios del siglo XX[63]. Los siete grandes grupos digitales (Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia y Tesla), conocidos como los «7 magníficos»[64], representaban en mayo de 2025 el 34,1 % de la capitalización bursátil de Wall Street[65]. Desarrollan una amplia gama de actividades financieras: crédito, gestión de activos financieros, servicios de criptomonedas, sin estar sujetos a regulaciones prudenciales[66]. La alianza entre el Gobierno y los grupos digitales se ha vuelto tan íntima que un ministro de Trump declaró (después de que el Estado federal se convirtiera en el principal accionista de Intel en septiembre de 2025) que Estados Unidos es ahora un «capitalismo de Estado»[67].

Sin embargo, es imposible explicar esta alianza únicamente por motivos de restauración de la competitividad industrial de Estados Unidos. Sin embargo, una parte notable de la literatura crítica limita su análisis de las transformaciones del capitalismo a esta única dimensión económica[68]. Así, Alami y Dixon teorizan sobre el nuevo período histórico bajo el término «híbrido capital-Estado ». Según ellos, este concepto permite «problematizar la expansión global del Estado en la economía mundial en su papel de impulsor, supervisor y propietario del capital» [69]. Se trata de una visión muy limitada de las transformaciones del capitalismo posteriores a 2008, ya que limitar al Estado a estas tres funciones, que por otra parte han sido destacadas desde hace tiempo por la economía política heterodoxa, equivale a ignorar el centro de gravedad militarista del supuesto «retorno del Estado».

De hecho, la militarización del régimen político constituye la otra razón esencial de la alianza entre Trump y los grupos digitales. Como se ha mencionado, estos dominan tecnologías que los convierten en actores clave del sistema militar-industrial estadounidense (SMI) y, por esta razón, son indispensables para el éxito de la política exterior e interior del país. A nivel internacional, la carrera por la innovación tecnológica mantiene la supremacía militar del país, que se ve reforzada por un presupuesto que supera el total acumulado de los presupuestos militares de China y Rusia, incluso cuando se calcula en una moneda que compara las paridades de poder adquisitivo entre países[70] .

En el territorio estadounidense, las tecnologías de vigilancia y represión basadas en la IA demuestran su eficacia en la lucha contra los enemigos internos. El presupuesto de la agencia federal encargada de la detención, el encarcelamiento y la deportación de migrantes (Immigration and Customs Enforcement, ICE) ascendió a 29 000 millones de dólares en 2025, el triple de la cantidad asignada en 2024. A ello hay que añadir el presupuesto de la agencia de protección de fronteras (Customs and Border Protection, CBP), que recibió aproximadamente la misma cantidad en 2025[71]. Las empresas especializadas en IA, incluidas las israelíes, son las principales beneficiarias de estos aumentos del presupuesto de la CBP, que perfeccionan la maquinaria denominada «vigilancia-detención-deportación»[72].

Contrariamente a lo que se afirma a menudo, no se está produciendo un declive del papel del «Estado», ni en Estados Unidos ni en otros países occidentales. Detrás de la lucha contra el «Estado profundo» (Deep State) que figura en el programa de Trump [73], se encuentra el objetivo de vaciar de contenido sus funciones sociales y polarizar sus funciones represivas [74].

Estas no se limitan al ámbito político-jurídico, sino que penetran en el corazón de la economía estadounidense y sirven de justificación para los programas militares y de seguridad de más de un billón de dólares que alimentan la carga de trabajo de los grandes grupos digitales, aeronáuticos y espaciales.

Marx escribe en las primeras líneas de El 18 de brumario que «en lugar de que la sociedad se haya dotado de un nuevo contenido, es el Estado el que parece haber vuelto a su forma primitiva, a la simple dominación insolente de la espada y el cepillo». Hoy en día, la espada está digitalizada y programada por la IA. Sustituyamos el aspersorio por la ideología racista y nativista de los dirigentes de los grupos digitales para comprender los procesos en curso. En resumen, la consolidación totalitaria del SMI estadounidense operada por la IA está estrechamente relacionada con el endurecimiento del régimen político trumpista.

En un artículo publicado recientemente en el sitio web Contretemps[75], Cédric Durand describe las relaciones entre Trump y los grupos digitales de una manera muy diferente a la que propongo en este artículo. Escribe:

«Menos Estado, más Big Tech. O, más bien, una dislocación de la autonomía de la política bajo el dominio del capital digital: esa es la primera característica del tecnofeudalismo que se está instaurando en Estados Unidos».

La «desarticulación de la política» se refiere sin duda, para Cédric Durand, al desmoronamiento de los contrapoderes (checks and balance) del Congreso, la tutela del poder judicial y toda una serie de otras medidas que aceleran el «retroceso democrático» (democratic backsliding), ampliamente analizado en los últimos meses por los investigadores estadounidenses. Sin embargo, esta evolución no refleja en absoluto una «desarticulación de la política», sino que, por el contrario, revela su poderosa concentración en manos del presidente, un rasgo característico del bonapartismo. Esta concentración de poderes se justifica hoy en día en Estados Unidos en nombre de una teoría del «poder ejecutivo unitario» (unitary executive power), cuyas raíces son, por otra parte, antiguas en la historia político-jurídica del país[76].

Cédric Durand añade que el nuevo trumpismo es «lo contrario al absolutismo, ya que no pretende llevar a cabo la unificación política de las clases dominantes en el Estado federal [77]». Me pregunto cuál es el alcance de esta fórmula, ya que, en este momento, no existe una oposición política organizada por las grandes empresas contra Trump. Quizás se manifieste si, como es probable, la guerra comercial que ha iniciado no da los resultados esperados.

Más profundamente, la existencia de un régimen que busca el absolutismo político y la existencia de disensiones dentro de las clases dominantes no son antinómicas. Como señalaba F. Neumann, incluso en el régimen nazi, forma de absolutismo extremo, «la clase dirigente en la Alemania nacionalsocialista dista mucho de ser homogénea. Hay tantos intereses como grupos»[78].

Del mismo modo, en la fase inicial del fascismo, los financieros de Mussolini también estaban divididos entre los grandes industriales y los grandes terratenientes, cuyos «intereses estaban en conflicto directo en cuestiones como los impuestos, los aranceles aduaneros y las políticas fiscales»[79]. Por lo tanto, el absolutismo político puede prosperar sin que exista una identidad de puntos de vista políticos entre las clases dominantes, salvo en lo que respecta a las medidas que deben adoptarse contra los explotados.

Por último, el artículo de Cédric Durand se titula: «El tecnofeudalismo es un Leviatán de pacotilla » [80]. La ausencia de cualquier referencia al contenido militar y de seguridad de la alianza entre Trump y los grupos digitales explica tal subestimación del poder devastador que encierra esta alianza[81].

Por las razones mencionadas en este artículo, mi hipótesis es, por el contrario, que la entrada masiva de los grupos digitales en el SMI estadounidense refuerza considerablemente su base totalitaria. El auge de la IA acelera el acercamiento entre la competencia económica y el uso de la fuerza militar. El control de las cadenas mundiales de producción de IA y de las plataformas, que engloban el software, los metales raros, los procesadores gráficos (GPU), etc., está en el centro de las rivalidades imperiales. Estas se ven exacerbadas por el violento antagonismo que opone las trayectorias de desarrollo de la IA a la preservación de los sistemas ecológicos.

Porque, si la IA encarna la tecnología de un mundo en guerra, es sobre todo porque la trilogía energía-agua-elementos de tierras raras de la que depende para funcionar conduce a la humanidad por un camino ecológicamente insostenible que anuncia enfrentamientos entre las grandes potencias[82]. A nivel interno en Estados Unidos, los grupos digitales proporcionan las herramientas tecnológicas que utilizan el ejército, la guardia nacional y los servicios de inteligencia para endurecer el régimen bonapartista vigente.

Conclusión

Este artículo ha planteado la hipótesis de que las SMI, instituciones sui generis formadas después de la Segunda Guerra Mundial, constituyen el núcleo totalitario de las sociedades contemporáneas. Los recientes desarrollos de las SMI no solo reflejan el avance de las grandes potencias hacia regímenes autoritarios, sino que son un poderoso estímulo para ello.

En este contexto, la llegada al poder de Trump no es el resultado de una aventura individual, contrariamente a lo que cuentan los medios de comunicación dominantes. El camino bonapartista que ha emprendido es el resultado de la necesidad de cambiar radicalmente la política de Estados Unidos para frenar el ascenso económico y geopolítico de China. Trump ha construido una amplia base electoral (la «MAGA» o Make America Great Again) para hacer realidad este proyecto hegemónico. Sin embargo, el éxito del programa trumpista se basa fundamentalmente en las tecnologías militares y de seguridad desarrolladas por los grupos digitales.

La posición que ocupan los Estados Unidos en las relaciones internacionales permite a D. Trump se presente como portavoz de los regímenes autoritarios, movilice a la extrema derecha latinoamericana y desee reforzar la «influencia creciente de los partidos patrióticos europeos»[83] frente al declive de la «civilización occidental», que, según él, se ve sumergida por la inmigración. El orden internacional esbozado por Trump desde su elección promete un futuro prometedor para los impulsos totalitarios de los sistemas militar-industriales.

Notas

[1] Serfati Claude, «Mes chers compatriotes, méfiez-vous du complexe militaro-industriel !» en Petitjean Olivier y Du Roy Ivan (2025), Multinationales – Une histoire du monde contemporain, La Découverte.

[2] Adams, Gordon (1981) The Politics of Defense Contracting: The Iron Triangle (Council on Economic Priorities)

[3] Según las teorías de los sistemas, el todo (el sistema) representa más que la suma de sus partes, posee una cohesión que le permite reproducirse y tiene un objetivo final. Por último, los sistemas suelen estar abiertos a su entorno, véase von Bertalanffy Ludwig, (1950 )«An Outline of General System Theory», The British Journal for the Philosophy of Science, volumen I, número 2, 1 de agosto. Los sistemas militares-industriales poseen estas propiedades.

[4] Wood Meiksins Ellen, (1995) , Democracy against Capitalism, Cambridge University Press, p. 50.

[5] https://wikirouge.net/texts/en/Letter_to_Friedrich_Engels,_July_7,_1866

[6] Roman Rosdolsky (1977, primera edición en alemán en 1968), The Marking of Marx’s « Capital », Pluto Press, Londres.

[7] Traverso Enzo (2001), Totalitarisme. Le vingtième siècle en débat, Points, París, p. 317.

[8] Serfati Claude, « L’intelligence artificielle, technologie d’un monde en guerres », AOC, 26 de septiembre de 2025.

[9] François Denord, que realizó una nueva traducción de Elite power, sustituyó el título francés inicial L’Elite du pouvoir por L’élite au pouvoir, véase « Pourquoi rééditer L’Élite au pouvoir ? », file:///C:/Users/Claudes/Downloads/classiques.pdf

[10] Mills W.C. (1959, primera edición 1956), The power elite, Oxford University Press.

[11] id..4.

[12] ib..278.

[13]ib., p.215.

[14] ib. p. 276

[15] Melman S., Pentagon Capitalism: the political economy of war, Nueva York, McGraw-Hill, 197, p. 2.

[16] Id., p. 266.

[17] Moskos Charles C. , «The Concept of the Military-Industrial Complex: Radical Critique or Liberal Bogey?», Social Problems, 1974, vol. 21, n.º 4, abril.

[18] Según William Hartung y Dillon Fisher, en 2023, más del 80 % de los generales y almirantes de cuatro estrellas de las fuerzas estadounidenses eran miembros, asesores, consultores o lobistas de empresas de armamento, 5 de octubre de 2023, https://responsiblestatecraft.org/pentagon-revolving-door/

[19] Domhoff, G. William (2006, 5.ª ed.), Who rules America: power and politics, McGraw Hill, Nueva York.

[20] Jessop, B. (1985). Nicos Poulantzas: Marxist Theory and Political Strategy. Londres: Macmillan.

[21] Poulantzas (1972), Pouvoir politique et classes sociales, François Maspéro, tomo 2, p. 155

[22] Poulantzas Nikos, «Le problème de l’État capitaliste» (1970), reproducido en Contretemps, 22 de septiembre de 2015, https://www.contretemps.eu/le-probleme-de-letat-capitaliste/

[23] Poulantzas N. (2013) , L’État, le pouvoir, le socialisme, Editions Amsterdam, París, p. 141,

[24] El carácter parcial de esta definición del Estado fue señalado por Jean-Marie Vincent en su reseña de la obra Classes sociales dans le capitalisme aujourd’hui. «El Estado, se limita [Poulantzas, C.S.] a decirnos, es una condensación de las relaciones sociales, lo que no aporta ninguna indicación clara sobre el cómo y el porqué de esta condensación». Critiques de l’économie politique, enero-marzo de 1975, n.º 19, http://jeanmarievincent.free.fr/spip.php?article28

[25] Poulantzas Nikos «Le problème de l’État capitaliste», op. cit.

[26] Baran P.A. y Sweezy A. (1966), Monopoly Capital: An Essay on the American Economic and Social Order, Monnthly Review Press, p.153.

[27] Forgacs David (ed.) (2000) , The Antonio Gramsci reader: selected writings, 1916-1935, NYU Press, p.210.

[28] Marx Karl (1859), Contribución a la crítica de la economía política, Editions sociales (versión digital) , p. 19, https://classiques.uqam.ca/classiques/Marx_karl/contribution_critique_eco_pol/contribution_critique.html

[29] Crítica de la economía política (1859), https://www.marxists.org/francais/marx/works/1859/01/km18590100b.htm, p. 61 y 60.

[30] István Mészáros (2010), Beyond Capital: Toward a Theory of Transition, NYU Press, Monthly Review Press.

[31]Thompson E.P. (1975), Whigs and Hunters, The Origins of the Black Act, p. 261. La Ley Negra de Waltham, aprobada en 1723, fue un momento crucial en la defensa de las grandes propiedades rurales contra los cazadores furtivos que se pintaban la cara de negro, p. 96.

[32] Abordo esta cuestión de la «saturación» por parte del Estado de las relaciones sociales en Francia en L’Etat radicalisé. La France à l’heure de la mondialisation armée, (2022) , La fabrique.

[33] Marx K., Le 18 Brumaire, op. cit.

[34] Engels F., carta a Conrad Schmidt, 27 de octubre de 1890, https://www.marxists.org/francais/engels/works/1890/10/fe18901027.pdf

[35] Block Fed, «The Ruling Class Does Not Rule. Notes on the Marxist Theory of the State», Socialist Revolution, mayo-junio de 1977.

[36] Antoine Artous, «Marxisme. Nature et forme de l’Etat capitaliste», 29 de julio de 2015, https://alencontre.org/marxisme/marxisme-nature-et-forme-de-letat-capitaliste.html

[37] «The Rule of the Pretorians», New York Daily Tribune, 12 de marzo de 1858, https://wikirouge.net/texts/en/The_Rule_of_the_Pretorians

[38] , Cochrane Glynn (2018) , Max Weber’s Vision for Bureaucracy. A Casualty Of World War I, Palgrave Macmillan

[39] https://bobjessop.wordpress.com/2014/01/12/marx-and-engels-on-the-state/https://bobjessop.wordpress.com/2014/01/12/marx-and-engels-on-the-state/

[40]Engels F., «Introducción a la guerra civil en Francia», https://www.marxists.org/francais/engels/works/1891/03/fe18910318.htm

[41] Luxemburg Rosa (1899), «Rosa Luxemburg, “The Militia and Militarism”» https://www.marxists.org/archive/luxemburg/1899/02/26.htm

[42] Me refiero aquí a la contribución de Kidron, que abrió un amplio debate sobre la relación entre el gasto militar y la acumulación de capital, y a los prolongados y agudos intercambios entre E. Mandel y P. Mattick, etc. Alex Callinicos ha propuesto una presentación de los trabajos de Kidron para el público francés, https://www.contretemps.eu/economie-armement-permanente-economie-politique-kidron/,

[43] Arendt Hannah (195 ), The Origins of Totalariansim, Meridian Books, Cleveland, p. 138I

[44] Neumann Franz, Behemoth: The Structure and Practice of National Socialism 1933–1944, Nueva York, Oxford University Press.

[45] Pollock Frederick, «Is National Socialism a New Order?», Studies in Philosophy and Social Science 9:440 1941, p. 450.

[46]Neumann Franz, op. cit., p. 6-7, 214 y 382.

[47] Citado en Mabee B. The international politics of truth: C. Wright Mills and the sociology of the international. Review of International Studies. 2022;48(4)

[48] Mills, «Locating the Enemy: The Nazi Behemoth Dissected». (Reseña de Behemoth: The Structure and Practice of National Socialism, de Franz Neumann). Vol. 4, Partizan Review (septiembre-octubre de 1942), citado en Horowitz, Irving Louis [ed.]. 1972. Power, Politics and People: The Collected Essays of C. Wright Mills. Londres: Oxford University Press. p. 177

[49] Trotsky, León (1936), The Revolution Betrayed: What is the Soviet Union and Where Is It Going?, capítulo 5, https://www.marxists.org/archive/trotsky/1936/revbet/

[50] «La URSS en la guerra», 1937, también https://www.marxists.org/francais/trotsky/livres/defmarx/dma3.htm . Fred Block considera que esto, desde una perspectiva bastante similar, contrasta

[51] Citado en Baehr Peter y Richter Melvin (2004), Dictatorship in History and Theory bonapartism, caesarism, and totalitarianism, Cambridge University Press, p. 4-5.

[52] Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el uso del término totalitario se hizo más frecuente. En 1938, la filósofa Simone Weil, protestando contra la detención del líder nacionalista argelino Messali Hadj por parte del gobierno del Frente Popular, escribió que su único delito era reivindicar «la extensión de las libertades democráticas a los indígenas, la supresión del Código Indígena, ese conjunto de restricciones junto al cual los regímenes totalitarios parecen, en comparación, casi liberales», Simone Weil, Écrits historiques et politiques. 2. Deuxième partie : Politique, p. 107, https://cras31.info/IMG/pdf/simone_weil_-_ecrits_2_–_politiques.pdf

[53] Lasswell Harold D., «The Garrison State»,American Journal of Sociology, 1941, 46,4, p. 455, 457 y 465.

[54] Elsa B Kania, «In Military-civil fusion, China is learning lessons from the United States and starting to innovate», The Strategy Bridge, 27 de agosto de 2019, https:// thestrategybridge.org/the-bridge/2019/8/27/in-military-civil-fusion-china-is-learning-lessons-from-the-united-states-and-starting-to-innovate

[55] Edward Parker, Daniel Gonzales, Ajay K. Kochhar, Sydney Litterer, Kathryn O’Connor, Jon Schmid, Keller Scholl, Richard Silberglitt, Joan Chang, Christopher A. Eusebi y Scott W. Harold, An Assessment of the U.S. and Chinese Industrial Bases in Quantum Technology, RAND Corporation, RR-A869-1, 2022, https://www.rand.org/pubs/research_reports/RRA869-1.html.

[56] Serfati Claude, Un monde…, op. cit.

[57] Thiel Peter, «The Education of A Libertarian», Cato Unbound, 13 de abril de 2009, https://www.cato-unbound.org/2009/04/13/peter-thiel/education-libertarian/.

[58] Citado en Thomas Fazi, « Welcome to America’s techno-military future », Unherd, 21 de enero de 2025, https://unherd.com/2025/01/welcome-to-americas-techno-military-future/

[59] Noémie Klein y Astra Taylor, «The rise of endtimes fascism», The Guardian, 13 de abril de 2025.

[60] https://www.theguardian.com/us-news/2025/feb/16/trump-napoleon-judges-government-firings

[61] Discurso de D. Trump a los oficiales, New York Post, 30 de septiembre de 2025, https://nypost.com/2025/09/30/us-news/trump-threatens-foes-and-enemy-from-within-while-demanding-nobel-peace-prize-in-speech-to-generals/

[62] Michael Cimbalest, «Eye on the market», J.P. Morgan, septihttps://assets.jpmprivatebank.com/content/dam/jpm-pb-aem/global/en/documents/eotm/fair-shakes.pdf

[63] Hilferding Rudolf (1910), El capital financiero, Les Editions de Minuit, París.

[64] «The Magnificent 7», en referencia apologética a la famosa película del mismo nombre, conocida en francés como «Les sept mercenaires».

[65] Lyle Daly, «The Magnificent Seven’s Market Cap Vs. the S&P 500», 15 de mayo, https://www.fool.com/research/magnificent-seven-sp-500/

[66] Collot Samuel, Machover Alexis, Rocher Emmanuel «Le développement des big techs dans le secteur financier: quels risques, quelles réponses réglementaires ?», Autorité de contrôle prudentiel et de résolution (ACPR) y Autorité des marchés financiers (AMF), octubre de 2024, file:///C:/Users/Claudes/Downloads/ Le%20d%C3%A9veloppement%20des%20big%20techs%20dans%20le%20secteur%20financier%20_%20quels%20risques_%20quelles%20r%C3%A9ponses%20r%C3%A9glementaires%20_.pdf

[67] Greg Ip, «The U.S. Marches Toward State Capitalism With American Characteristics», Wall Street Journal, 11 de agosto de 2025.

[68] Robert Boyer, en el artículo «IA: les promesses de paradis pourraient tourner au cauchemar» (IA: las promesas del paraíso podrían convertirse en una pesadilla), alternatives économiques, 9 de octubre de 2025, destaca que la IA es una fuente importante de desigualdad entre el capital y el trabajo y le preocupa que «en el extremo, se puede imaginar un alejamiento de lo que define al ser humano», pero no menciona la estrecha relación entre la IA y el ejército.

[69] Alami Ilias y Dixon Adam, «Uneven and combined state capitalism», Environment and Planning A: Economy and Space, 2021, 55, 1 n.p., https://journals.sagepub.com/doi/epub/10.1177/0308518X211037688.

[70] Respectivamente, 997, 554 y 411 mil millones de dólares en 2024, https://militaryppp.com/2025/05/12/real-military-spending-2024-military-ppp/

[71]Margy O’Herron, «Big Budget Act Creates a “Deportation-Industrial Complex”», 13 de agosto de 2025, https://www.brennancenter.org/our-work/analysis-opinion/big-budget-act-creates-deportation-industrial-complex

[72] Jai Dulani, «How Trump’s Budget Bill Sells Out The Future to Big Tech», 3 de julio de 2025, https://www.techpolicy.press/how-trumps-budget-bill-sells-out-the-future-to-big-tech/

[73] ACLU (American Civil Liberties Union) , «Project 2025, Explained», https://www.aclu.org/project-2025-explained

[74] Nancy Frazer resume así esta contradicción en «L’impossible démocratie de marché» (La imposible democracia de mercado), Le Monde diplomatique, diciembre de 2024: «Por un lado, [el Estado] vive a costa de los poderes públicos, aprovechándose de los regímenes jurídicos, las fuerzas represivas, las infraestructuras y los organismos reguladores. Por otro lado, la codicia empuja regularmente a ciertos segmentos de la clase capitalista a rebelarse contra el Estado».

[75] Cédric Durand, «Le technoféodalisme «est un Léviathan de pacotille» (El tecnofeudalismo es un Leviatán de pacotilla), Contretemps, 3 de febrero de 2025, https://www.contretemps.eu/techno-feodalisme-leviathan-trump-musk/

[76] Adam Littlestone-Luria, «Executive Absolutism on Trial», 17 de agosto de 2020, https://www.justsecurity.org/71887/executive-absolutism-on-trial/

[77] Cédric Durand, «Le technoféodalisme…», op. cit.

[78] Neumann Franz, op. cit., p. 223.

[79] Adamson Walter L., «Gramsci’s Interpretation of Fascism», Journal of the History of Ideas, 41, 4, 1980, p. 625.

[80] Dejo de lado el concepto de «tecnofeudalismo» en este debate. Para un debate sobre este punto, véase el artículo de Cédric Durand, «¿Adónde nos lleva lo digital? Réponse à Evgeny Morozov, 4 de octubre de 2025, https://www.contretemps.eu/capitalisme-numerique-technofeodalisme-durand-morozov/, así como el artículo de Jean-Marie Harribey, «Capitalisme productif et/ou capitalisme rentier?», 3 de diciembre de 2025, https://alencontre.org/economie/capitalisme-productif-et-ou-capitalisme-rentier.html

[81] Evgeny Morozov señala que «la dimensión geopolítica apenas es visible desde la perspectiva tecnofeudal». Morozov Evgeny, «Crítica de la razón tecnofeudal», Variations, 2023, 26, p. 21.

[82] Sobre las relaciones entre las guerras y las catástrofes ecológicas, véase Alexis Cukier, «Guerra imperialista, militarismo medioambiental y estrategia ecosocialista en la era del capitalismo de las catástrofes», Contretemps, https://www.contretemps.eu/militarisme-environnemental-ecosocialisme/

[83] La Casa Blanca, «Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América», noviembre de 2025, https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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