Comentarios de Ernesto Gómez de la Hera a las observaciones de José Luis Martín Ramos sobre la situación en Afganistán (con una nota complementaria).
Comparto tus [las de JLMRamos] dos líneas de reflexión, tanto acerca de lo que esto significa para USA y sus satélites, como sobre los importantes apoyos sociales que los talibanes se han sabido ganar y que no son un mero grupo de fanáticos.
No obstante, me gustaría añadir algo.
Acepto que el mundo musulmán es ideológicamente (y esto supone ya un enfrentamiento) el principal enemigo que les queda a los USA en el mundo (China tiene otro significado). Sin embargo, para mí, ese enfrentamiento no tiene nada que ver con las teorías de Huntington, pues no creo en la unidad real de la «umma» (me refiero a la unidad conceptual, no a la política). Es cierto que el Islam es la creencia de casi el 20% de la población mundial y que al ser una religión que no permite distinguir entre el trono y el altar sus teorizaciones religiosas son indistinguibles de las políticas. Pero las realidades materiales se imponen siempre y la forma histórica en que se vive el Islam en Marruecos o en Mindanao está marcada por rasgos muy diferentes. Por eso la geopolítica tradicional sigue imponiendo sus variables y, por ejemplo, los grupos integristas que surgen en todas partes no tienen las mismas formas de funcionar, ni el mismo éxito. Algo en lo que es fundamental la acción del poder estatal de cada lugar, pero también la forma en que el Islam se convirtió en la religión del lugar.
De aquí mi idea de que es el centro histórico del Islam (nuestro Cercano Oriente) quien está en condiciones de representar ese papel de desafío del que hablas (y que yo creo cierto). Primero por disponer de la ideología islámica y segundo, y más decisivo, por las circunstancias históricas que allí se producen.
En efecto, hay que tener presente que prácticamente todos los personajes básicos del reformismo musulmán (los que han querido dar una respuesta al declive musulmán y a la imposición del imperialismo occidental sobre sus países) han surgido en ese lugar. Y que los intentos de enfrentar al imperialismo occidental con sus propias armas (liberalismo, nacionalismo y socialismo [1]) también se produjeron allí. Y de su fracaso ha nacido el impulso para utilizar la religión propia como ariete principal. Por supuesto, como los dirigentes políticos de esos estados son también dirigentes religiosos, cualquier alianza con Occidente está sometida a los avatares y a la influencia religiosa. De aquí la necesidad para los detentadores del poder (no voy a entrar ahora en explicaciones sobre el significado conceptual del término «sultán» y la apreciación jurídica islámica acerca de la legitimidad del Poder) de estar muy atentos a la influencia de los «ulema», que, por más controlados que intenten tenerlos las dictaduras «seudoteocráticas» del Golfo, siempre pueden hacer peligrar su estabilidad. Y por eso, por la diferencia entre el ahora y los tiempos previos a la II GM, es por lo que los EUA no pueden tener verdadera confianza en sus aliados de la zona, a diferencia de lo que pudieron hacer los británicos. Sin olvidar que el periodo hegemónico de estos duró mucho menos.
Si a todo esto le unimos el hecho de que la superpotencia gringa depende, cada día más, de su fuerza militar (dado su declive económico y el de su atractivo cultural) para mantenerse en la cima, es obvio que la inestabilidad va a seguir en aumento.
Dicho esto, también deseo comentar algo sobre las cuestiones más directamente históricas. Lo de revivir el califato (recordando que ya a mediados del siglo II de la Hégira lo rompieron los idrisíes) me parece un objetivo propio solamente de integristas y no creo que los saudíes (ese sindicato de emires, como hace años, en Bagdad, escuché al difunto Tareq Aziz calificarlo) estén por la labor. Quienes sí lo estuvieron fueron los hachemíes, quienes para esto, y otras cosas, recibieron cierta incitación de los británicos. Pero todo ello se esfumó cuando los saudíes echaron a los hachemíes de La Meca y Medina, en 1925, contando con el apoyo norteamericano y la inhibición británica.
En cuanto a la posible pinza antichií habrá que observar como se orienta el nuevo emirato. Aunque ideológicamente la influencia de los «ulema» saudíes ha sido muy importante para los talibanes, su principal apoyo político (aparte de los servicios de información paquistaníes) ha sido Qatar. Y Qatar no tiene muy buenas relaciones con Arabia Saudí. Además, dentro de Afganistán hay un importante grupo chií (los hazara) que habla farsi. Todo ello convierte en muy importante el posicionamiento con respecto a la principal potencia chií: Irán. En el verano de 1998 (durante el primer emirato) ambos países estuvieron a un paso de la guerra, a raíz del asesinato de 10 diplomáticos y un periodista iraníes en el consulado de Mazar-e Sarif, tras la toma de la ciudad por los talibanes. La República Islámica realizó unas maniobras militares en la frontera, movilizando a 200.000 hombres, a la vez que los medios audiovisuales y de prensa iraníes (todos, si bien yo, que estaba por entonces en Irán, sólo era capaz de seguir el conflicto en el «Tehran Times» y el «Iran News», los diarios iraníes en inglés) echaban toda la leña que podían al fuego. Pero todo quedó en nada, una vez que la diplomacia (y la iraní lleva muchos años demostrando que es muy buena) hizo su labor. Por eso creo que hay que esperar y ver.
Como apéndice final por cuenta propia, no quiero privarme de decir algo sobre el constante uso de la política contra las mujeres de los talibanes, para hacer aparecer a estos, aún más, como el proverbial «hombre del saco». Siendo verdad casi todo lo que se dice, habría que decir también que, por encima de los contados casos de avance aparecidos en la pararrealidad mediática, apenas el 20% de las mujeres afganas han podido estudiar en los últimos 20 años. Y su realidad en el campo y fuera de Kabul, era prácticamente idéntica a la que tendrán en el Emirato. Fue en los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando se produjo un avance real para los derechos de las mujeres afganas y todos sabemos quienes actuaron entre bambalinas para acabar con él. Así que sobran algunas lágrimas de cocodrilo que se derraman ahora (no he visto que se derramen muchas por la mujer agredida brutalmente la pasada semana en Lahore por 400 hombres paquistaníes o por las de los países del golfo) y sobran ciertas llamadas a la solidaridad que, por su inanidad, recuerdan a la vieja receta de la canción de La Bullonera [2]: aquello de rezar un día y otro alternos para librarnos de todo contratiempo.
Comentarios del autor a mis dudas:
Buenos días: La canción se llama «El verrugón atómico» [https://www.youtube.com/watch?v=hsd22J3C5lc] y procede de los lejanos tiempos iniciales del movimiento antinuclear español.
Lo de socialismo no se refiere al nasserismo y al Baas, que no dejaban de ser una mezcla en la que el socialismo era, más que nada, la parte publicitaria. Se trata de quienes, dentro de la «umma», intentaron usar las doctrinas socialistas para liberar a su gente del yugo imperialista y del de sus propias oligarquías. Los ejemplos van desde el actual Frente Popular de Liberación de Palestina (el FPLP de Habache conoció tiempos mejores que los de hoy y llegó a ser la segunda fuerza real de la resistencia Palestina), a la República Democrática Popular de Yemen (instalada por el Frente de Liberación Nacional en el Adén liberado de los británicos y que abolió la «sharia» en su territorio, hasta su abrupto final en 1990, originado por el sangriento enfrentamiento de sus facciones dirigentes en 1986), pasando por los partidos comunistas nacidos por el impulso de la Komintern (tres de ellos estuvieron muy cerca del poder: El iraquí que, crecido masivamente tras el golpe de Qasim en 1958, no supo desenvolverse bien y acabó siendo cruelmente perseguido tras el golpe de Arif de 1963. El malayo, que mantuvo una importante guerra de guerrilla en los años 50, derrotada finalmente por el ejército británico. Y el indonesio, el único partido comunista de masas posicionado con el chino en el cisma de 1963 y que fue aplastado -medio millón de muertos- por el golpe de Suharto en 1966, después de haberse conducido erroneamente durante el ascenso previo de la lucha de masas, al menos según lo que contaba Isaac Deutscher).
Naturalmente todo esto ha hecho que, hoy en día, el socialismo no sea visto como una opción válida para la liberación. Aparte de lo mucho que aporta para esta situación la desaparición de la URSS.
Un saludo y confío en haber respondido a tus dudas.
Ernesto