No es seguro que el panorama que se abrirá en el país si sale adelante la ley de amnistía llegue a mejorar las cosas, porque las creencias de cariz religioso, basadas en la fe y no en la razón, suelen ser más poderosas que todo análisis lógico de una situación. Pero siempre será un atentado contra la democracia que un país considere legítimas unas opiniones que van en un sentido, e ilegítimas o despreciables las que van en sentido contrario. No hace falta ser un nacionalista español para creer que el nacionalismo catalán ha ido por un mal camino. Eso sí: a pesar del clima que se ha creado, haremos como Salvador Espriu: no iremos “Norte allá” ni cambiaremos de lengua o de paisaje. Jordi Llovet (2023)
Por San Alberto fue, por San Alberto, cuando oí algunos aceptar la amnistía como un mal menor ante la posibilidad de un gobierno del PP y Vox. Será que, a fuerza de frecuentar la tertulia de la Tahona, me he convertido en un descreído, pero a mí me da igual quien gobierne, nada bueno espero de unos ni de otros. En política, en España, no existe el mal menor, todos nuestros males son mayores. Si estoy contra la amnistía no es por criterios políticos, ni por razones jurídicas, ni por motivos de estado ni por ningún otro elevado fundamento. Simplemente estoy en contra porque no la merecen. Así de sencillo...Por San Alberto fue, por San Alberto, que tras otra ronda de cañas apareció en la tele de la Tahona la intervención de Pedro Sánchez, asegurando sin vergüenza ni pudor que pactando con los lacistas había hecho «de la necesidad virtud ». No sé si sería por el ruido del bar o por la cerveza ingerida, pero lo que entendimos todos fue que había hecho de la necedad servidumbre. Albert Soler (2023)
La herida profunda no está en la relación Cataluña-España sino en el cuerpo de la sociedad catalana misma, entre nosotros, los que aquí hemos estado siempre y aquí seguimos aunque la clase política haya sacudido la convivencia hasta límites peligrosos para la cohesión de una población compleja y diversa. Yo no volveré a ser la misma que antes del procés porque de repente descubrí una parte del catalanismo cuyas ideas podía compartir más o menos (protección y defensa de la lengua y la cultura) erigida en guardiana de esencialismos que creía desterrados. Me di de bruces con un nacionalismo supremacista que a los nuevos catalanes ya no solo nos pedía que habláramos la lengua y valoráramos los elementos culturales particulares sino que además para considerarnos integrados teníamos que ser independentistas. Esto es, que la ideología se convertía en identidad y si no defendíamos los valores del secesionismo caíamos automáticamente del lado de los extranjeros. Esto se difundió desde la derecha pero también la supuesta izquierda desempolvó el viejo cliché del charnego ejemplar, ahora partidario de la Cataluña libre (y ahí sigue Rufián) y quiso ensanchar la base con una deriva comunitarista en la que no le hacía ascos a imanes salafistas y fichaba a mujeres con velo que predicaban en las mezquitas, con hombres y mujeres separados por sexos, las bondades de un país que, a diferencia de la malvada España, trataría mucho mejor a los inmigrantes.
Najat El Hachmi (2023) Continuar leyendo «(Página herida) Sobre la ley de amnistía y sus objetivos (II)»