Aragonès afirmó que el independentismo no era una “fiebre alta”, sino un fenómeno estructural. Tiene razón. Nunca fue un soufflé, como tantas veces se dijo desde el prisma madrileño, sino un mazapán, aunque poco a poco se ha ido encogiendo, perdiendo densidad, humedeciéndose y hasta enmoheciéndose. Entre tanto, la hegemonía dentro del campo separatista sigue en disputa. Junts es una olla de grillos, y solo el regreso desafiante de Carles Puigdemont a España, si la justicia europea le diera la razón en todo, podría propinar un golpe en el tablero que le devolviera su sentido. Pero en ERC tampoco pueden limitarse a esperar la implosión de sus rivales ni arriesgarse a caer en el vacío en el momento que solemnicen el fracaso del diálogo con el Gobierno. Por eso, a medida que se acerquen las municipales, intentarán que su parroquia coja algo de febrícula, de calentura, para que regrese el gusto por la protesta, la agitación de la calle en torno a esos falsos “grandes consensos” (inmersión y referéndum). Un programa triste y ya muy gastado, sí, pero no tienen otro.
Joaquim Coll (2022)
No sé si Ucrania es un país mucho más libre que Rusia y me extraña que Poch de Feliu no haga referencia a la guerra que ya había estallado en el interior de Ucrania contra las ciudadanías de Donbás pero, en líneas generales, estoy de acuerdo con los puntos centrales del análisis y los temores del ex corresponsal de La Vanguardia: “Putin cruza el Rubicón” (https://rafaelpoch.com/2022/02/24/putin-cruza-el-rubicon/#more-864) Continuar leyendo «El estado de salud del procés y el procesismo»