De la historiadora María Cruz Santos Santos, de Espai Marx. «Creo que esa hipocresía es lo que más me molesta. No me importa que los fieles de la religión que sea observen sus normas, las respeto. En la Sagrada Familia no hay norma religiosa que se cumpla.»J. hablaba esta mañana de la Mona de Pascua, como la califican algunos, que es la Sagrada Familia y la voluntad de una burguesía.
En este momento hay en el MNAC una exposición de Gaudí, «Gaudí, foc i cendres», que se vende como el Gaudí devuelto a su auténtico significado y en su contexto histórico. No sé si la habéis ido a ver. Deja mucho que desear. No dice nada más de lo que ya se había dicho en las muestras que se le dedicaron en 2002. Pasa por «completa» y ni siquiera menciona el «Capricho» de Comillas (una delicia que es la fantasía hecha piedra) y solo menciona de pasada el Palacio de los Botines de León y el Palacio Arzobispal de Astorga y sin apenas representación.
Lo que quería comentar es lo que dice Lahuerta, Comisario de la exposición, a propósito de la Sagrada Familia y su carácter de templo expiatorio: ¿Qué se había de expiar? Los pecados de los obreros que se habían vuelto contestones, hacían atentados, huelgas y no iban a las procesiones. Algunos hasta eran espiritistas. Analiza la fachada del Nacimiento, la única que realizó Gaudí y se ve como todo es un símbolo del arrepentimiento obrero. Es una gigantesca censura de la burguesía a «sus» obreros hecha en piedra.
Como seguro sabéis, el templo actual tiene polémica. Primero están los desmanes conceptuales de Subirachs que seguro que se veía otro Miguel Ángel, pintor, escultor y arquitecto, y solo se dedicó a seguir los pasos del «vacío» de Pablo Gargallo. Luego vino Jordi Bonet i Armengol, arquitecto y que conocía bien a Gaudí, estuvo en la Cátedra Gaudí cuando era algo más que un nombre y ahí se acabó de torcer todo lo que para mí es Gaudí. Actualmente el arquitecto director de las obras es Jordi Faulí Oller.
Pero, aparte de eso, la historia es ¿qué significado tiene hoy un templo expiatorio? Algo decimonónico, tan San Juan Bosco, tan de evangelización en una Iglesia que no para de tener marrones (ahora la niña de 15 años que desapareció en el Vaticano hace 40) Una Iglesia que necesita, como institución y poder, expiar ella misma sus pecados.
Un mundo donde los obreros ya no hacen huelga y ni siquiera saben que son obreros y donde la protesta social sale de la misma clase pero reagrupada en otros núcleos, feminismo, excluidos del sistema.
A mí me parece que el templo expresa todo ese desconcierto y anacronismo de un edificio que se ha convertido en la expresión máxima del objeto que se crea para ser exhibido, sin ninguna otra finalidad y aquí, esa exhibición, tiene como finalidad la atracción de turistas. Algo que el mismo hecho de que la nave central solo y excepcionalmente sirva para celebrar culto reafirma.
Creo que esa hipocresía es lo que más me molesta. No me importa que los fieles de la religión que sea observen sus normas, las respeto. En la Sagrada Familia no hay norma religiosa que se cumpla.