Interesante comentario del profesor Gerard Marín Plana, del colectivo Espai Marx, sobre vida cotidiana y la filosofía de Agnes Heller, Simone de Beauvoir y Giulia Adinolfi.
Queridos amigos, hace unos días encontré sin querer, en una entrevista a Agnes Heller poco antes de morir[1], un paso en el que esta hablaba, brevemente y por encima, de su tratamiento de la «vida cotidiana», a la que le dedicó diversos escritos, en relación a su condición de mujer. Lo decía a propósito de su opinión sobre Ser y tiempo, de Heidegger, que según ella fue una de sus primeras influencias a la hora tratar ese tema, además de Hegel, Marx y Lukács: “Me gusta Ser y tiempo desde un punto de vista y me desagrada desde otro. Lo que no me gusta es que Heidegger piensa que la vida cotidiana es siempre inauténtica. La idea de que hay que elevarse respecto de la vida cotidiana para ser alguien auténtico fue siempre algo absurdo para mí porque creo que se puede ser una persona tan auténtica en la vida cotidiana como en la ciencia, en la filosofía, etc. Me parece que en esta opinión también influyó el hecho de que yo soy una mujer; eso tuvo mucho impacto porque todas las mujeres se vuelven básicamente inauténticas si aceptamos la idea de Heidegger. En contraste con los hombres, porque ellos nunca estuvieron inmersos en la vida cotidiana, históricamente hablando. Por eso yo quería afirmar una posición diferente.”
El fragmento me pareció muy interesante, pese a ser sólo una pincelada -y pese a poderse matizar su afirmación de que los hombres «nunca estuvieron inmersos en la vida cotidiana»-, porque me dio una clave para entender el pensamiento de Simone de Beauvoir, a quien Cristina García y yo, hace años, dedicamos un texto crítico[2]. En este, la acusábamos de pensadora masculina, conservadora y antidemocrática, alejada de la cultura efectiva de la mayoría de las mujeres de su época (y de la nuestra). Beauvoir, que era en muchos aspectos heideggeriana, creía que la vida doméstica, organizada tradicionalmente por las mujeres, era el espacio no ya de la dependencia, de la subalternidad, sino de la animalidad, y que sólo trascendiendo ese ámbito de lo cotidiano, fuera de él y de su modo de actividad, las mujeres podían llegar a afirmarse como propiamente humanas. Heller, en cambio, proponía una democratización de la vida cotidiana que, sin pretenderse en sus textos una adalid de la causa de las mujeres ni pretender fijar su mirada sólo en ellas, las tenía mucho más en cuenta, en su posición ontológica y también en su realidad histórica.
Además de conocer a Heidegger, para comprender mejor la filiación y el proyecto ético-filosófico de Beauvoir (en el texto la comparamos, eso sí, con Ortega y Gasset, que también quedó resultón, y creo que levantó alguna ampolla), me gustaría haber encontrado entonces esta breve entrevista a Heller, pensadora que no se lee entre el feminismo en el que nos movíamos, cuya visión de la «vida cotidiana» por otro lado es en general parcial. Por suerte, Cristina y yo sí habíamos sido introducidos por entonces a los escritos de Giulia Adinolfi, otra marxista hegeliana, esposa del traductor, entre otras, de la Estética de Lukács al castellano[3], que mostraba la importancia de la cotidianidad, así como de las subculturas femeninas organizadas tradicionalmente en ella, para la constitución del ser humano -tanto hombres como mujeres- y la formación de movimientos democráticos emancipadores.
[2] Puede leerse en https://espai-marx.net/?p=3173.
[3] Así como de la propia Agnes Heller. Por ejemplo, de su Historia y vida cotidiana. Barcelona – México D. F., Grijalbo. 1972.