“Y mientras tanto, en España” por Jordi Amat

El País, 1/02/2026. “La casa donde nació José María Valverde en Extremadura tiene placa y está en venta. Es ese país olvidado, en el medio, entre paradas del AVE.”

Pasadas las vacaciones de Navidad, empiezan los nervios en segundo de bachillerato. También aquí. Valencia de Alcántara, Extremadura, en la raya con Portugal y con muchísimo viento. “Son los meses Fortasec”, explica el viejo profesor, ya jubilado, nada más cruzar la puerta del instituto. Al entrar en uno de los edificios, a mano derecha, una exposición para conmemorar el centenario del poeta que nació en el pueblo: José María Valverde, héroe civil olvidado incluso en su centenario. En una cartulina azul, una fotografía del día que les visitó y les regaló los libros que están en la vitrina y que enriquecieron una pobre biblioteca escolar. Es de principios de la década de los noventa, cuando por fin habían concluido las obras en tuberías y alcantarillado que permitieron tener agua corriente durante todo el día para todos los vecinos. Debajo de la fotografía un pie sencillo, escrito en mayúsculas y con rotulador verde: “Una vista al futuro”. Cada día esos estudiantes de bachillerato lo miran, al futuro, porque cada vez falta menos para el examen de Selectividad y allí en parte se lo juegan: ¿Irse? ¿Estudiar carrera? ¿Vivir en la ciudad?

En segundo del bachillerato leen Nada de Carmen Laforet en la asignatura de Lengua y Literatura. “Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado, y no me esperaba nadie”. Desde este arranque sentimientos de todo tipo posesionan a Andrea, inolvidable, a lo largo de la novela. En ese despertar, entre la realidad que descubre y las formas del deseo que no controla, una de las claves es el choque con la ciudad. Imaginar ese impacto vital, cuentan las dos profesoras de literatura del instituto, es lo que podría motivar a los estudiantes a fascinarse por ese libro que, generación tras generación, ha acompañado a sus lectores cuando entran en la vida adulta. Si marchan como Andrea, van a la universidad, a Cáceres o Badajoz o más allá, ¿volverán? La España vaciada parece que ya no está en la agenda, pero la población de Valencia de Alcántara sigue bajando. Nunca el descenso ha sido tan pronunciado como en la segunda fase del franquismo, de acuerdo, pero desde la crisis económica la línea va descendiendo. Ahora son algo menos de 5.200.

También se nota en las aulas, explica el director. La casa donde nació Valverde tiene placa y está en venta. Es ese país olvidado, en el medio, entre paradas del AVE.

El temporal de viento ha tumbado un árbol centenario en el jardín de una plaza, pero el agente rural cuenta, a primera hora y antes de solucionar otra incidencia, que tarde o temprano iba a caer. Como era de esperar también ha caído la conexión a la red, que hoy es una infraestructura tan básica como lo fue el alcantarillado para que se democratizase la vida en el pueblo. Solo así se podrá retener a los universitarios del pueblo para que puedan teletrabajar o a los turistas que vendrán a las casas rurales que se han multiplicado durante el último cuarto de siglo porque ese fue uno de los proyectos municipales con vista al futuro. Ahora, sin conexión, nada. Lo tienen claro una asociación de jóvenes inquietos que piensan como pensaba Joaquín Costa. Si hay un problema, se busca una solución. Valencia de Alcántara depende de un único ramal de fibra y, si sufre una incidencia en cualquier punto, toda la población queda afectada. El ingeniero de telecomunicaciones ha dado con la solución. Lo han expuesto a Telefónica. Es una inversión mínima. Mientras tanto, en España, la espera, como el poema de Valverde.

https://elpais.com/opinion/2026-02-01/y-mientras-tanto-en-espana.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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