Del compañero de Jordi Cuevas, de AIREs.
En septiembre de 1992, participé –en mi condición de entonces de objetor de conciencia que realizaba la Prestación Social Sustitutoria — como voluntario-involuntario olímpico en el acto de inauguración de los Juegos Paralímpicos de Barcelona-92. En dicho acto se pudo ver y escuchar a diversos artistas de primera fila del panorama musical nacional e internacional, como el japonés Ryuchi Sakamoto –compositor de la famosa banda sonora de la película «Bienvenido Mr. Lawrence»–, entre otros. En un momento dado, salió a escena un cuadro flamenco, que de inmediato empezó a ser abucheado por todo el «jovent» (la «quitxalla» o, en este caso más adecuadamente «canalla») independentista, que por aquel entonces tendrían quince o veinte años –también yo por entonces era más joven que ahora–, y que ahora en buena medida deben ser ya els tiets i les tietes del Procés. Unos momentos después, tras terminar la actuación de los cantaores y bailaores, le tocó su turno de actuar al grupo «Los Manolos», que por entonces bebían las mieles del triunfo con su «All my loving» y «Amigos para siempre». Y los mismos xiquets i xiquetes que habían abucheado hasta a la extenuación a los artistas flamencos, estallaron en entusiastas aplausos y ovaciones hacia los anglófilos rumberillos de las camisas de cuellos interminables y pantalones acampanados.
Pero, por suerte, els catalans somos un pueblo culto y europeo, y no como los garrulos de los españoles, que sólo ven Tele 5.
Jordi Cuevas