8 de octubre de 2017: a veces sucede lo imprevisible [1]

Página herida
8 de octubre de 2017: a veces sucede lo imprevisible [1]

Para Francisco Serrano Valle (1933-2021), in memoriam. Ciudadano-trabajador colomense nacido en Algámitas (Sevilla), de la buena gente. ¡Nadie como él cantaba y se emocionaba con “Camino verde”! https://www.youtube.com/watch?v=ujjxnwJ2K4E

En esta egregia Barcelona -hubiera dicho Mairena en nuestros días-, perla del mar latino, y en los campos que la rodean, y que yo me atrevo a llamar virgilianos, porque en ellos se da un perfecto equilibrio entre la obra de la Naturaleza y la del hombre, gusto de releer a Joan Maragall, a Mossèn Cinto, a Ausiàs Marc, grandes poetas de ayer, y otros, grandes también, de nuestros días. Como a través de un cristal coloreado y no del todo transparente para mí, la lengua catalana, donde yo creo sentir la montaña, la campiña y el mar, me deja ver algo de estas mentes iluminadas, de estos corazones, ardientes de nuestra Iberia. Y recuerdo el gigantesco Lulio, el gran mallorquín. ¡Si la guerra nos dejara pensar! ¡Si la guerra nos dejara sentir! ¡Bah! Lamentaciones son estas de pobre diablo. Porque la guerra es un tema de meditación como otro cualquiera, y un tema cordial esencialísimo. ¡Qué bien nos entendemos en lenguas maternas diferentes cuantos decimos, de este lado del Ebro, bajo un diluvio de iniquidades: “¡Nosotros no henos vendido nuestra España!”. Y el que esto se diga en catalán o en castellano en nada amengua ni acrecienta su verdad.
Antonio Machado (1938) [2]

Un acto de justicia, cuatro observaciones y una sugerencia (que pueden saltárselas; no están relacionadas directamente con nuestro tema de hoy, el 8 de octubre de 2017).
El acto de justicia:
Fue ayer, jueves, en Urquinaona, una plaza céntrica de Barcelona, a las 19 horas, en el “Día del trabajo digno”. Se instaló un atril en homenaje y recuerdo de los trabajadores inmigrantes que eran contratados (por negreros, prestamistas sin escrúpulos) de manera irregular en la plaza. Vi ese “(inhumano y esclavista) mercado humano”, cada mañana, durante muchos años, cuando iba a trabajar. Capitalismo salvaje al desnudo, sin ningún miramiento: “tú, tú y tú; a los demás no os necesito”.
Presentó el encuentro Joan Gimeno, miembro del Ateneo Memoria Popular. Intervinieron Jordi Rabassa, regidor de Memoria Democrática del Ayuntamiento de Barcelona, y el compañero y amigo, un verdadero imprescindible, Antoni, Tono Lucchetti, codirector (entre mil cosas más) del documental (que no deben perderse) “Aquí no se admite personal” (1968).
(Dicho entre paréntesis y sin olvidar que lo más importante en el atril y el recuerdo: 1. Se habló de otras futuras intervenciones en Vía Laietana (por ejemplo, de la comisaría de policía). Nada, en cambio, de la estatua de Cambó ni de la avenida que lleva su nombre (ambas también en la Vía). 2. En el texto del atril se habla, una vez más, de trabajadores que vinieron de otros lugares del Estado, no de España (hablé con el regidor y se lo comenté: tanto da, es lo mismo, es una forma de hablar). 3. En el texto en catalán se usa la expresión castellana desarrollismo franquista, como si el concepto-idea no pudiera expresarse en catalán, como si fuera una cosa de España que nada tuviera que ver con Cataluña. 4. El texto en catalán está escrito en letra mayor (razón dada por el regidor: el catalán es la lengua vehicular del Ayuntamiento) que los textos en castellano e inglés, ambos con letra del mismo tamaño. Según el regidor: no hay ninguna desconsideración, ningún menosprecio hacia el castellano, es una decisión normativa del Ayuntamiento).

Las observaciones:
1. Digan lo que digan, lo han vuelto a decir esta semana, el Vivales y sus próximos (que también son muy vivales) no existe un conflicto entre “Cataluña” y “España” (o un “España versus Cataluña”). Lo que sí existe (y no por generación espontánea) es un ininterrumpido intento (nacionalista) de generar un conflicto (recordemos: contra peor, mejor) entre la ciudadanía secesionista de Cataluña y la del resto de España (incluida la no nacionalista de Cataluña). Como sea, a costa de lo que sea y con el “todo vale” (incluida la falsedad consciente y la hispanofobia programada) por concepto-guía.
Lo que también existe, por supuesto, es un conflicto (que es más que un conflicto) entre la ciudadanía trabajadora de Cataluña y la del resto de España y los sectores y clases sociales hegemónicos y dominantes (que incluyen los afincados en .Cat, cogidos de la mano del resto) que aspiran a un ininterrumpido incremento de su riqueza y poder a costa (y sin miramientos) de la explotación, desolación, subordinación y marginación de los primeros, de las “gentes de abajo”.

2. Tiene su qué que los papeles de Pandora hayan relacionado a uno de los representantes más destacados del nacional-secesionismo, un auténtico intelectual orgánico de la Gran Causa, filósofo por momentos -innecesario es decir que hablo de Josep Guardiola- con nada menos que Julio Iglesias, Miguel Bosé y Juan Carlos I. Existen metáforas teológicas sobre la coincidencia.

3. Dice mucho del ambiente político-cultural que se respira, que se sigue respirando, en el sector más fanatizado del secesionismo los calificativos usados en contra de Pau Gasol: ñordo de mierda, botifler asqueroso, que te jodan hijo de puta. Su pecado: usar el castellano en su despedida.
3.1. Un ejemplo complementario que transita por el mismo sendero de exclusión: una presentadora del programa El Bunquer” de Catalunya Ràdio (Neus Rossell) deseó el pasado miércoles “un buen día de mierda” a los profesores/as universitarios que se pasan al castellano. Su “argumento”: “estamos en Cataluña y las clases se imparten en catalán” (https://comunicacio.e-noticies.cat/desitgen-un-dia-de-merda-als-professors-que-es-passen-al-castella-137808.html). ¡Lo más incomprensible: su referencia a la necesidad de respeto a la lengua materna de los estudiantes!
3.2. Otra ilustración más: lo ocurrido en la UAB el pasado miércoles (nueva “acción revolucionaria” de los estudiantes nacional-secesionistas), unido al tibio e incomprensible comunicado de las autoridades académicas. ¿Cuántas voces críticas en la izquierda?

4. Un ejemplo manual del marcado sesgo unilateral con el que algunos intelectuales españoles, que se las dan de críticos y heterodoxos, se aproximan al tema .Cat: Ignacio Sánchez Cuenca: “La prueba catalana del liberalismo español” https://elpais.com/opinion/2021-10-05/la-prueba-catalana-del-liberalismo-espanol.html. Además del alegre uso de la categoría España plurinacional (¡Francia es, por el contrario, un país uniforme!), para Sánchez Cuenca los ciudadanos catalanes contrarios al nacional-secesionismo no existimos, nuestro ser político es la nada. Cataluña = a la Cataluña nacionalista, no existe otra para él.

La sugerencia:
Aparte del “bestias con rostro humano”, tengo para mí (compartido con muchos) que uno de los peores insultos y descalificaciones generados por la ideología nacional-secesionista es el uso de la expresión “colonizadores lingüísticos” para referirse a las familias trabajadoras que llegaron a Barcelona (y a Cataluña en general) desde otras comunidades españolas en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado (contratados en la plaza Urquinaona algunos de ellos). Les copio a este propósito un pasaje de Juana Gallardo Díaz (Mi abuelo americano, Barcelona: HakaBooks, 2021) que habla del sufrimiento de aquellas familias desde una perspectiva radicalmente distinta: “Además del insomnio recuerdo con triste claridad los dos sentimientos que predominaron el primer año de mi estancia en Barcelona: el miedo y la vergüenza. Miedo a perderme, miedo a no encajar en el nuevo puzzle que la vida me proponía y vergüenza, de mí y de mis padres. De nuestros orígenes campesinos, de nuestra manera de hablar, de nuestra inseguridad, de nuestro aspecto en el que iba grabada la humildad con una marca que, ahora sé, no desaparece nunca. Llevábamos en las caras el silencio de todos nuestros ancestros pastores, las grietas de sus manos, la soledad del campo mientras cuidan las ovejas, la tristeza que sintieron cuando perdieron hijos, padres o hermanos y no pudieron detenerse a llorarlos, el pan duro, el frío de la escalera y de los chozos, siglos y siglos de intemperie. Ese era nuestro equipaje. No traíamos otra cosa. No teníamos”.
La sugerencia de la que les hablaba: lean la novela (o novelas) de Juana Gallardo Díaz. No les decepcionará(n).

Nuestro tema de hoy: 8 de octubre de 2017.
Sin olvidar la permanente música de fondo -la ininterrumpida lluvia fina pujolista de casi cuatro décadas sumada a una aún más antigua axiomática catalanista-nacionalista nunca cuestionada-, recordemos las coordenadas político-culturales de aquel día, 8 de octubre de 2017.
A pesar de los numerosos medios empleados, del apoyo de “grandes personalidades del país” (entre ellas, la del antes citado Josep Guardiola) y de las incomprensibles (y dolorosas) firmas a favor de antiguas voces de izquierda (¡ay, la izquierda!), el envite nacional-secesionista en las elecciones autonómicas (para ellos un plebiscito) del 27 de septiembre de 2015 fracasó. Dirigentes de la CUP (Antonio Baños, por ejemplo, su cabeza de lista) admitieron la derrota la misma noche electoral.
Pero todo se olvidó pocos días después y, con perversa dialéctica, la derrota pasó a ser una victoria: los hechos volvieron a confirmar (como siempre) la Gran Teoría Nacionalista. Como si el resultado hubiera sido otro y el marco constitucional fuera un mero y prescindible decorado teatral, siguieron construyendo “estructuras de Estado”, sacando pecho, mintiendo, desviando presupuestos para la Gran Causa (lo siguen haciendo), promoviendo la más vil, estudiada y abyecta hispanofobia en su acción exterior (siguen también en ello), machacando siempre -con motivo o sin él- contra el “Estado español”, y preparando la estocada final (aunque fueran de farol como reconociera tiempo después una de sus más fanáticas representantes).
Vinieron luego los aciagos días antidemocráticos del 6, 7 y 8 de septiembre de 2017; la exitosa movilización nacionalista del 1-O (ayudada por la incomprensible e imprudente intervención policial; muy alejada en todo caso de sus falsas denuncias y manos destrozadas); la “huelga de país” del 3 de octubre; su total hegemonía en medios y lugares de trabajo,…Todo parecía estar en sus manos, ¡mando indiscutible e indiscutido en plaza! Casi nadie, muy pocos osaban alzar la voz. El país parecía suyo, totalmente suyo.
Sin embargo, contra todo pronóstico, desde la pura roca, alguien levantó la mano, se alzó y fue capaz de rechistar. SCC (Sociedad Civil Catalana, estigmatizada por el secesionismo como organización de fachas peperos y a otra cosa) convocó para el domingo 8 de octubre una manifestación contraria a las acciones, finalidades y procedimientos del nacional-secesionismo.
No sería fácil tomar una decisión así. El pulso, las manos, las piernas, el corazón, la mente… temblarían. No era para menos. Con escasos medios (nada de 250 autocares fletados), ningún eco en los medios del Régimen .Cat y pobre organización, las dudas se agolpaban: ¿cómo respondería la ciudadanía no nacionalista ante el envite?, ¿se atreverían?, ¿tendrían coraje suficiente?, ¿dejarían claro que también la calle era suya? O, por el contrario, ¿se impondría de nuevo la rabia contenida, el silencio, la frustración, el decir y no hacer, el “eso es lo que hay y no hay más”, el “nada puede hacerse”, el sentirse extranjeros, el “ellos, solo ellos, marcan la pauta y elaboran el guión”?
Y sucedió lo que muy poca gente imaginaba (incluso, probablemente, los propios organizadores): la Cataluña silenciada, la Cataluña trabajadora, la Cataluña charnega (también una parte de la no charnega), la Cataluña insultada, la Cataluña que parecía haber aceptado durante años y años el hacer y decir nacionalistas, els altres catalanas, las gentes que vivían y viven en barrios en los que la ciudad pierde su nombre, perdió su excesiva prudencia, su conformismo, su pesimismo, y se levantó y alzó su voz. ¡Y de qué manera! Con meridiana claridad, pudo oírse su malestar, sus objetivos, sus razones, su sentir, su ser político, sus deseos de solidaridad, fraternidad y apoyo mutuo, su oposición a la construcción de un nuevo muro-Estado, a los planes secesionistas, al etnicismo, a la ruptura del demos común,… En toda la ciudad, en toda Cataluña, en España, en Europa, en el mundo entero.
Del carácter de clase, de las características sociales de una grandísima parte de los manifestantes no hubo ni hay ninguna duda: trabajadoras y trabajadores de los barrios barceloneses y del extrarradio; familiares, hijos, nietos, de aquellos trabajadores inmigrantes que vendían su fuerza de trabajo en plaza Urquinaona; gentes -así lo decían algunas de ellas- que nunca habían acudido a una manifestación. Nunca. Metros, autobuses, trenes de cercanías, llenos, totalmente llenos, sin que cupiera un alfiler. A reventar. Gente, mucha gente, que no pudo acudir a la convocatoria. ¡No se cabía! La bandera nacional (algunos llevamos la republicana) y la señera (también la de la UE, ciertamente) fueron los símbolos protagonistas. No hemos olvidado la intervención de Carlos Jiménez Villarejo. Con Brecht: Hay personas que luchan un día y son buenas./ Hay otras que luchan un año y son mejores./ Hay quienes luchan muchos años y son muy buenas./ Pero las hay que luchan toda la vida,/ Esas personas -gentes como el compañero-ciudadano Jiménez Villarejo- son las imprescindibles.
Las descalificaciones del nacional-secesionismo adquirieron los tonos y las palabras a los que nos tienen acostumbrados: fachosos, extrema derecha, fascistas, españolistas de m., anticatalanes, murcianos, ñordos en rebelión (de ñorda: excremento, mierda), etc. etc. Lo sabido, lo conocido, lo mil veces dicho, la eterna repetición de sus insultos y consignas abyectas. El eterno retorno de sus insultos.
Sin perder de vista la segunda gran manifestación antinacionalista, la del 29 de octubre (tampoco hemos olvidado las palabras imborrables de Paco Frutos), sus intelectuales orgánicos hablaron de movilización reactiva, circunstancial. Nada de qué preocuparse, afirmaron. Acabado el envite (momentáneo), la vida seguiría igual: el dominio nacionalista es incuestionable.
Pero de eso nada: palabras para engañar (y acaso para engañarse). Nunca más, nunca más confiaremos en sus falsos decires, en sus ambigüedades, en su “som un sol poble”, en sus Ítacas distópicas. El engaño y el olvido no regirán en nuestras vidas. Sabemos de qué “sustancia” están hechos, conocemos sus procedimientos, somos conscientes de sus aspiraciones esenciales. Nada pintamos para ellos. El país, las calles y plazas, así piensan, son suyas. Pero ya no, nunca más. Lo demostramos y lo demostraremos cuantas veces sea necesario.
¡Hay que dar batallas, hay que seguir dando batallas, difíciles, muy difíciles, que pueden parecer perdidas… pero que están lejos de serlo!

Notas
1) Debo el “a veces sucede lo imprevisible” a Víctor Méndez Baiges. Con las siguientes palabras abre el apartado “La cuerda tan tensada en mí” de su (imprescindible) ensayo La tradición de la intradición. Historias de la filosofía española entre 1843 y 1973 (Madrid: Tecnos, 2021): “A veces sucede lo imprevisible. Una planta crece casi sin agua y sin luz en la pura roca. Cuando todos están sentados, alguien está de pie, o lo contrario. Todos bailan una música y alguien no hace ni caso. A veces, eso sucede.”
2) Publicado en La Vanguardia, 6/10/1938, p. 3. Puede verse ahora en Antonio Machado a Barcelona (1938-1939). Articles a La Vanguardia, Barcelona: Ediciones de l’Ajuntament de Barcelona, 2021, pp. 101-102.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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