Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. La Unión Europea y el derecho internacional.
2. Lo dice un experto en genocidio.
3. Una visión china del conflicto en Asia Occidental.
4. La lista interminable de enemigos de EEUU.
5. Entrevista a Jordi Pigem.
6. La situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina.
1. La Unión Europea y el derecho internacional
Con motivo de la reciente reunión de Granada, una reflexión sobre el derecho internacional.
https://www.elsaltodiario.com/
De Granada a Gaza: la UE y el enterramiento del derecho internacional
Las referencias de los mandatarios de la Unión Europea al cumplimiento del derecho internacional y a la tradición de los “valores europeos”, con un genocidio en curso en Palestina, se han vuelto papel mojado.
Juan Hernández Zubizarreta @JuanHZubiza Pedro Ramiro @pramiro_
18 oct 2023 13:10
“Sentar las bases del futuro de Europa”. La cumbre de Granada, punto culminante de la presidencia española del Consejo de la Unión Europea, estaba llamada a redefinir las prioridades estratégicas del continente. Con las reuniones de la Comunidad Política Europea y del Consejo Europeo, los días 5 y 6 de octubre, los Estados miembros pretendían “intensificar la colaboración con socios de todas las regiones del mundo para proteger y mejorar el orden internacional basado en normas con las Naciones Unidas como eje central”. Pero el llamamiento al multilateralismo de la declaración conjunta quedó obsoleto al día siguiente. Cualquier referencia de los mandatarios de la Unión al derecho internacional y a los “valores europeos”, con un genocidio en curso en Palestina, se volvió papel mojado. Porque la UE no ha estado mirando para otro lado mientras Israel bombardeaba y sitiaba Gaza, sino que ha apoyado los crímenes de guerra.
La cumbre de Granada demostró que el reposicionamiento estratégico de la Unión Europea se articula sobre tres ejes: control de fronteras, militarización, extractivismo. Mientras los mandatarios europeos se juntaban en la Alhambra, el foco mediático se centró en los dos primeros: el desbloqueo del pacto migratorio y la posible entrada de Ucrania en la UE —de la mano de una ampliación hacia el Este de Europa— monopolizaron los debates y titulares de prensa. La urgencia por garantizar el acceso a los recursos materiales y energéticos que mueven el motor de la Unión, por el contrario, no fue tan visible en la agenda oficial. Al fin y al cabo todos los gobiernos europeos, como pudo leerse en la Declaración de Granada, comparten la apuesta por redoblar la ofensiva extractivista para sostener el desarrollo del capitalismo verde y digital.
Los ejes discursivos sobre los que se sostiene la redefinición de la estrategia europea han quedado en evidencia con las acciones (y los silencios) de la Unión Europea. Con todo lo sucedido en los últimos días, las menciones a la soberanía, la autonomía estratégica y el respeto del derecho humanitario suenan ridículas. Justo una semana después de que el Consejo Europeo se hiciera la foto de familia en Granada, las presidentas del Parlamento y la Comisión Europea viajaron a Tel Aviv para reunirse con el presidente y el primer ministro de Israel y avalar sus argumentos sobre el “derecho a la defensa”. Así, haciendo como que no iba con ellas la limpieza étnica que se está ejecutando en Gaza, Metsola y Von der Leyen certificaron el fin de la ilusión de la UE como policía bueno de la globalización. Y mandaron los “valores europeos”, definitivamente, al basurero de la historia.
Muros, armas y minerales
El blindaje de la Europa fortaleza, una vez más, ha sido una de las prioridades establecidas por la UE. Al mismo tiempo que cientos de personas llegaban en cayucos a las costas de Canarias, los Estados miembros se felicitaban por dar un paso fundamental para concluir un acuerdo que lleva años fraguándose. Siguiendo la estela de los gobiernos de extrema derecha, aunque con diferencias con el grupo de Visegrado —en la declaración final se quitaron las referencias al endurecimiento de las políticas migratorias porque los gobiernos de Hungría y Polonia las vetaron por flojas—, la Unión Europea volvía a hacer suyos los postulados más reaccionarios sobre los derechos de las personas migrantes y refugiadas.
Dificultar las condiciones para solicitar asilo, alargar los tiempos de detención, consolidar la externalización de fronteras y potenciar la criminalización del trabajo humanitario son algunas de las claves del nuevo reglamento europeo. En palabras de la directora de CEAR, “el esperado pacto de migración y asilo se está convirtiendo en una amenaza para las personas refugiadas, que verán como sus derechos y sus vidas cada vez valen menos en las fronteras de Europa”. De Melilla a Lesbos, parecería que la única opción posible es elegir entre la ultraderecha “buena” (Meloni, firmante del acuerdo migratorio) y la ultraderecha “mala” (Orbán, opositor al mismo).
Un año y medio después del estallido de la guerra en Ucrania, la UE continúa reforzando su deriva militarista. El apoyo a Zelenski fue uno de los elementos más destacados de la reunión de la Comunidad Política Europea en Granada. Y la cosa no se queda únicamente en un apoyo político y logístico al gobierno ucraniano, sino que tiene una traducción inmediata en el incremento del presupuesto militar en los Estados miembros. En el consejo de ministros celebrado en la semana de la cumbre, el gobierno español aprobó otra partida adicional de 574 millones de euros para la compra de armamento y material militar, que hay que sumar a los 16.800 millones destinados a este mismo rubro entre enero y septiembre del presente año.
La remilitarización de la UE, aunque no terminaba de materializarse, llevaba tiempo en las agendas europeas como parte de la apuesta por la “autonomía estratégica”. Las políticas securitarias y la externalización de las fronteras sirvieron para activar Frontex, una especie de fuerza armada europea con la que a la vez se impulsa la industria de defensa propia. Pero estas dificultades para avanzar en la militarización se disiparon con la existencia de un conflicto bélico en suelo europeo. La guerra de Ucrania se ha convertido en el escenario idóneo para legitimar e impulsar una “Europa de los mercados y la seguridad”. Incluso países que hasta ahora se habían mantenido fuera de las políticas de defensa de la UE, como Dinamarca, han acabado por integrarse en estos programas, a la vez que se han multiplicado los presupuestos para gastos militares y se ha revitalizado la Alianza Atlántica.
Militarización y control fronterizo, de hecho, son dos cuestiones estrechamente relacionadas. Ya el año pasado, en la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, se impulsó la definición de las “amenazas híbridas” y la “instrumentalización de la migración” pasó a ser considerada como un peligro potencial para la Unión. Cero sorpresas, básicamente es la traducción discursivo-estratégica de lo que venía siendo costumbre en las prácticas cotidianas de la Europa fortaleza. Un eterno presente racista y colonial que, más aún si cabe con el avance de la emergencia socioecológica, resurge en el marco del capitalismo verde militar patrocinado por la Unión Europea.
El tercer eje sobre el que se sostiene este intento de reposicionamiento de la UE en el concierto global pasa por la intensificación de la ofensiva extractivista. La agenda de inversiones Global Gateway y la nueva oleada de acuerdos comerciales que la UE pretende firmar en los próximos meses —renovación de los tratados con Chile y México, conclusión del acuerdo con Mercosur—se ha diseñado con un claro objetivo: asegurar el acceso de las transnacionales europeas a las materias primas esenciales para el desarrollo del capitalismo verde y digital. Ya en la declaración de la cumbre celebrada en Bruselas en julio pasado, siempre adornada con el mantra del “desarrollo sostenible”, se recogía este mandato: “Seguiremos reforzando y desarrollando las relaciones comerciales y de inversión entre la UE y los países y regiones de la CELAC. Destacamos la importancia de aplicar íntegramente los acuerdos de asociación y comercio”.
La Unión, con una maquinaria tecnocrática habitualmente torpe a la hora de poner en marcha mecanismos efectivos para el control de los grandes poderes económico-financieros, ha sido extraordinariamente eficaz para redefinir su agenda extractivista tras la invasión rusa de Ucrania. Hace unas semanas, la ley de materias primas fundamentales fue aprobada en el Parlamento Europeo con un procedimiento exprés. Y solo queda la negociación final en trílogos para que la UE promulgue la directiva que consagra esta redoblada apuesta por el neocolonialismo. Otras normativas europeas, como la relativa a la diligencia debida de las empresas sobre derechos humanos y medio ambiente —y eso que se trata de una sofisticación jurídica basada en la unilateralidad que, en la práctica, va a obligar a las transnacionales a muy poco—, transitan por un recorrido mucho más largo.
Soberanía, autonomía y valores
La agenda de la UE, en medio de las crecientes tensiones geopolíticas, el avance del caos climático y la profundización de las desigualdades sociales, se justifica en base a una tripleta de ideas-fuerza. Primero, para redefinir su posición en las cadenas de valor globales frente a Rusia y China, soberanía. Después, para reforzar su apuesta militarista y disfrazar su seguidismo de Estados Unidos, autonomía estratégica. Y finalmente, para diferenciarse de los demás bloques y rescatar el derecho internacional, valores europeos.
Llama la atención la insistencia discursiva del “proyecto europeo” en el concepto de soberanía. En la Europa posterior a la guerra de Ucrania, soberanía quiere decir apuntalar el funcionamiento del metabolismo económico ante los cortes del suministro de gas desde Rusia. Dicho de otro modo: la UE se autodefine como soberana si sólo depende de los combustibles fósiles de las petromonarquías del golfo Pérsico y de una treintena de minerales críticos de los que apenas hay yacimientos en territorio europeo. Esto es justamente lo que el impulso renovado a los tratados comerciales trata de amarrar, que China no se meriende la tostada completa.
Si la idea de soberanía chirría en términos energéticos, no digamos en el ámbito militar. Una de las nociones más repetidas por la UE en los últimos tiempos es la de autonomía estratégica, a la que se le ha añadido el adjetivo “abierta” para abarcar más cuestiones además de las relativas a las políticas de defensa: “significa cooperar multilateralmente en lo que podamos, y actuar de manera autónoma en lo que sea necesario”, dice la Comisión Europea. El caso es que, mientras las fotos y declaraciones de la cumbre de Granada cogen polvo rápidamente en un cajón, avanza la profundización de la militarización de la UE y su realineamiento con la OTAN. La semana pasada, sin esperar a la revisión de la posición común de la UE, los gobiernos de Francia, Italia y Alemania se sumaron a los de EUU y Reino Unido para firmar un comunicado conjunto apoyando a Israel. Valga decir, citando a Streeck, que “la guerra ha neutralizado las líneas de fractura que hasta poco cernían la amenaza del fracaso sobre la UE y simultáneamente ha fortalecido el dominio de Estados Unidos sobre Europa Occidental”.
Siendo muy endebles los dos ejes discursivos anteriores, parecen los pilares de la catedral de Granada si se comparan con los “valores europeos”. Y es que la tercera pata de la retórica europeísta, supuesta base del capitalismo con rostro humano promocionado por la UE, ha quedado sepultada bajo las bombas en Gaza. “Israel tiene derecho a defenderse, hoy y en los días venideros”, afirmó la presidenta de la Comisión Europea el día después de los ataques de Hamás contra la población civil. “La Unión Europea apoya a Israel”, ha remarcado Ursula von der Leyen casi todos los días desde entonces. Israel tiene derecho a defenderse y a borrar del mapa al pueblo palestino; Gaza, a recibir ayuda humanitaria después de una semana de bloqueo y miles de muertos. Así funcionan los “valores europeos”.
¿El fin del derecho internacional?
El día previo a la cumbre de Granada, el ministro de Asuntos Exteriores del gobierno español y el vicepresidente de la Comisión Europea inauguraron en Madrid una conferencia de alto nivel por el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La declaración promulgada en 1948, sin duda, ha jugado un papel muy importante. Pero la dinámica ético-normativa que estaba llamada a imprimir a las relaciones capitalistas, desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días, ha quedado prácticamente disuelta. Y hoy asistimos a su enterramiento con el sitio de Gaza.
El sistema universal de protección de los derechos humanos está sufriendo una descomposición acelerada. No es ya que los derechos humanos se estén desregulando, sino que están siendo vaciados de contenido y, poco a poco, van siendo destruidos. A la contra, se ha producido un rearme de la lex mercatoria y se ha reforzado una suerte de Declaración universal de los derechos del poder corporativo. Volviendo a Palestina: el gobierno español ha reconocido que las operaciones empresariales en los territorios ocupados por Israel constituyen una violación del derecho internacional, pero no ha impuesto ninguna sanción ni ha hecho ningún reproche a CAF, la multinacional de matriz vasca que participa en la construcción de una línea de tren que conecta las colonias israelíes con Jerusalén Este. A pesar de que la OCDE y el ministerio de Asuntos Exteriores consideran probadas las violaciones de derechos humanos, estas van acompañadas de un vacío jurídico y de una falta de respuesta institucional.
La destrucción en masa de los derechos humanos es el referente del conflicto actual en Gaza. Pero no se puede olvidar que el marco normativo de todo este horror es la paralegalidad y la absoluta arbitrariedad con la que ha actuado Israel durante muchos años. Todo ello le ha generado una impunidad total avalada por una parte muy importante de la comunidad internacional. Si la violencia con la que ha actuado el Estado de Israel desde su fundación nunca ha remitido, y en tantas ocasiones se han incumplido las normas del derecho internacional humanitario, ahora directamente se están arrumbando en una esquina todas las reglas del marco adoptado hace 75 años.
El “derecho a la defensa” es el adagio con el que la Unión Europea está justificando crímenes de lesa humanidad. Es verdad que ha habido algunas diferencias en el seno de la Unión Europea en relación con el corte de la ayuda humanitaria y el bloqueo de alimentos, energía y medicinas a Gaza. Hasta la fecha no las ha habido, por acción u omisión, en el apoyo a las ejecuciones extrajudiciales. Las exigencias de proporcionalidad y respeto del derecho internacional humanitario, que atraviesan el posicionamiento de urgencia que el Consejo Europeo ha tenido que hacer para salir al paso del viaje de Von der Leyen a abrazarse con Netanyahu, aparecen como un brindis al sol.
El sitio de Gaza contraviene la convención de Ginebra; concretamente, el IV convenio y los artículos 55 y 56: “la potencia ocupante tiene el deber de abastecer a la población en víveres y productos médicos”. Pero las reclamaciones al derecho internacional, después de llevar tres cuartos de siglo violándolo impunemente, le resbalan al Estado de Israel. O la Unión Europea presiona con fuerza para parar la masacre o será cómplice de crímenes de guerra. Genocidio. Limpieza étnica. La solución final. A ver quién vuelve a hablar de “valores europeos”.
“Estamos luchando contra animales y actuaremos de manera acorde”, ha dicho el ministro de Defensa israelí. “Sin combustible, la electricidad local se cortará en unos días y los pozos de agua se detendrán en una semana. Esto es lo que le haremos a una nación de asesinos y carniceros de niños”, ha afirmado su homólogo de Energía. Es el principio básico de la deshumanización que precede al genocidio. No es solo que la UE esté tolerando la destrucción de derechos (y de seres) humanos en Gaza, es que está aceptando la reconfiguración de la propia categoría de seres humanos. 1.000 niños y niñas asesinadas en una semana. 500 personas muertas en el bombardeo de un hospital. Más de un millón de desplazados internos. En qué momento puede justificarse un genocidio bajo el paraguas del “derecho a defenderse”.
Se está produciendo una reinterpretación “desde arriba” del derecho internacional. Las élites económicas y los Estados imperiales dan por hecho que el conflicto empieza con los intolerables atentados del 7 de octubre, que todo lo anterior no cuenta. El marco de 1948 parece haber quedado suspendido, tanto en lo que se refiere a los acuerdos sobre derechos humanos establecidos al término de la segunda guerra mundial como en lo que tiene que ver con la Nakba. Los primeros se destruyen y se reconceptualizan en favor de los poderosos; la segunda, con la connivencia de las grandes potencias, está a punto de repetirse.
Si se da por buena la justificación del “derecho a la defensa” que está haciendo el Estado de Israel (con el apoyo de la UE), se abre la puerta para que el fascismo entre en nuestras sociedades hasta la cocina. Vivimos estos días una doctrina del shock securitaria que criminaliza la protesta desde Alemania hasta el Reino Unido, que pretende ilegalizar partidos de izquierda en Francia, y que prepara el terreno para volverse contra la población migrante. La extrema derecha ha elegido el enemigo interno para el cierre autoritario que ya tenemos encima.
Atrapados entre el sándwich del gobernismo progre de la mano de la OTAN y la extrema derecha aliada con el sionismo, toca presionar con todo a nuestros gobernantes para que pongan freno a la masacre. La línea la marcan, en el ámbito institucional, posicionamientos como el del gobierno Petro: “Si hay que suspender relaciones exteriores con Israel las suspendemos. No apoyamos genocidios”. En lo social, las organizaciones y las decenas de miles de personas que están saliendo a las calles para denunciar la complicidad de los gobiernos europeos en la barbarie. Y en lo jurídico, las exigencias de llevar a Netanyahu y a todo su gobierno ante la Corte Penal Internacional por la comisión de crímenes de lesa humanidad.
Hablar del derecho internacional de los derechos humanos, en estos momentos, requiere una doble reflexión. Por un lado, a largo plazo, sobre cómo proceder a su reconceptualización desde abajo. Y por otro, aquí y ahora, sobre qué implicaría colocar en el vértice de la jerarquía política, jurídica y económica los derechos de la naturaleza, de los pueblos, de las comunidades y de las personas migrantes, todos ellos recogidos en diferentes textos internacionales. El posicionamiento estratégico de la Unión Europea se ha planteado en el marco de las relaciones entre potencias capitalistas, pero eso es incompatible con el replanteamiento de un orden internacional basado en los derechos humanos y en la justicia social y ambiental. Lo que suceda en Gaza en los días que vienen, en un sentido u otro, va a marcar el camino a seguir.
2. Lo dice un experto en genocidio
Ayer publicaron una entrevista con Raz Segal en CTXT realizada por Democracy Now!: https://ctxt.es/es/20231001/. En ella se habla de este artículo publicado en Jewish Currents. Como experto en genocidios, el autor reconoce uno cuando lo ve.
https://jewishcurrents.org/a-
Un genocidio de manual
Israel ha sido explícito sobre lo que está llevando a cabo en Gaza. ¿Por qué el mundo no escucha?
Raz Segal 13 de octubre de 2023
El viernes, Israel ordenó a la población asediada de la mitad norte de la Franja de Gaza que evacuara hacia el sur, advirtiendo de que pronto intensificaría su ataque contra la mitad superior de la Franja. La orden ha dejado a más de un millón de personas, la mitad de ellas niños, intentando huir frenéticamente entre continuos ataques aéreos, en un enclave amurallado donde ningún destino es seguro. Como escribía hoy desde Gaza la periodista palestina Ruwaida Kamal Amer, «los refugiados del norte ya están llegando a Jan Yunis, donde los misiles no paran y nos estamos quedando sin comida, agua y electricidad». La ONU ha advertido de que la huida de personas del norte de Gaza hacia el sur tendrá «consecuencias humanitarias devastadoras» y «transformará lo que ya es una tragedia en una situación calamitosa». En la última semana, la violencia de Israel contra Gaza ha matado a más de 1.800 palestinos, herido a miles y desplazado a más de 400.000 dentro de la franja. Y sin embargo, el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha prometido hoy que lo que hemos visto es «sólo el principio».
La campaña de Israel para desplazar a los gazatíes -y potencialmente expulsarlos por completo a Egipto- es un capítulo más de la Nakba, en la que se calcula que 750.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares durante la guerra de 1948 que condujo a la creación del Estado de Israel. Pero el asalto a Gaza también puede entenderse en otros términos: como un caso de libro de texto de genocidio que se desarrolla ante nuestros ojos. Digo esto como estudioso del genocidio, que ha pasado muchos años escribiendo sobre la violencia masiva israelí contra los palestinos. He escrito sobre el colonialismo de los colonos y la supremacía judía en Israel, la distorsión del Holocausto para impulsar la industria armamentística israelí, la militarización de las acusaciones de antisemitismo para justificar la violencia israelí contra los palestinos y el régimen racista del apartheid israelí. Ahora, tras el ataque de Hamás del sábado y el asesinato en masa de más de 1.000 civiles israelíes, se está produciendo lo peor de lo peor.
Según el derecho internacional, el delito de genocidio se define por «la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal», como se señala en la Convención de la ONU para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de diciembre de 1948. En su ataque asesino contra Gaza, Israel ha proclamado a voz en grito esta intención. El ministro israelí de Defensa, Yoav Gallant, lo declaró en términos inequívocos el 9 de octubre: «Estamos imponiendo un asedio total a Gaza. Sin electricidad, sin alimentos, sin agua, sin combustible. Todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos, y actuaremos en consecuencia». Los líderes de Occidente reforzaron esta retórica racista al describir el asesinato masivo de civiles israelíes por parte de Hamás -un crimen de guerra según el derecho internacional que con razón provocó horror y conmoción en Israel y en todo el mundo- como «un acto de pura maldad», en palabras del presidente estadounidense Joe Biden, o como una acción que reflejaba un «mal antiguo», según la terminología de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. Este lenguaje deshumanizador está claramente calculado para justificar la destrucción a gran escala de vidas palestinas; la afirmación del «mal», en su absolutismo, elude las distinciones entre los militantes de Hamás y los civiles de Gaza, y ocluye el contexto más amplio de la colonización y la ocupación.
La Convención de la ONU sobre el Genocidio enumera cinco actos que entran dentro de su definición. Israel está perpetrando actualmente tres de ellos en Gaza: «1. Matanza de miembros del grupo. 2. Causar graves daños físicos o mentales a miembros del grupo. 3. Infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial». La Fuerza Aérea israelí, según sus propias cuentas, ha arrojado hasta ahora más de 6.000 bombas sobre Gaza, que es una de las zonas más densamente pobladas del mundo, casi tantas bombas como las que Estados Unidos arrojó sobre todo Afganistán durante los años récord de su guerra allí. Human Rights Watch ha confirmado que las armas utilizadas incluían bombas de fósforo, que prenden fuego a cuerpos y edificios, creando llamas que no se extinguen al contacto con el agua. Esto demuestra claramente lo que Gallant quiere decir con «actuar en consecuencia»: no dirigirse contra militantes individuales de Hamás, como afirma Israel, sino desatar una violencia mortal contra los palestinos de Gaza «como tales», en el lenguaje de la Convención de la ONU contra el Genocidio. Israel también ha intensificado su asedio de 16 años a Gaza -el más largo de la historia moderna, en clara violación del derecho internacional humanitario- hasta convertirlo en un «asedio completo», en palabras de Gallant. Este lenguaje indica explícitamente un plan para llevar el asedio a su destino final: la destrucción sistemática de los palestinos y de la sociedad palestina en Gaza, matándolos, matándolos de hambre, cortándoles el suministro de agua y bombardeando sus hospitales.
No son sólo los dirigentes israelíes los que utilizan ese lenguaje. Un entrevistado del Canal 14, pro-Netanyahu, pidió que Israel «convirtiera Gaza en Dresde». El Canal 12, el canal de noticias más visto de Israel, publicó un reportaje sobre israelíes de izquierdas que pedían «bailar sobre lo que antes era Gaza». Mientras tanto, los verbos genocidas -llamamientos a «borrar» y «arrasar» Gaza- se han hecho omnipresentes en las redes sociales israelíes. En Tel Aviv, se vio colgada de un puente una pancarta en la que se leía «Cero gazatíes».
De hecho, el ataque genocida de Israel contra Gaza es bastante explícito, abierto y desvergonzado. Los autores de genocidios no suelen expresar sus intenciones con tanta claridad, aunque hay excepciones. A principios del siglo XX, por ejemplo, los ocupantes coloniales alemanes perpetraron un genocidio en respuesta a un levantamiento de las poblaciones indígenas herero y nama en el suroeste de África. En 1904, el general Lothar von Trotha, comandante militar alemán, emitió una «orden de exterminio», justificada por el argumento de una «guerra racial». En 1908, las autoridades alemanas habían asesinado a 10.000 nama, y habían logrado su objetivo declarado de «destruir a los herero», matando a 65.000 herero, el 80% de la población. Las órdenes de Gallant el 9 de octubre no fueron menos explícitas. El objetivo de Israel es destruir a los palestinos de Gaza. Y los que observamos en todo el mundo no cumplimos con nuestra responsabilidad de impedir que lo hagan.
Corrección: Una versión anterior de este artículo decía que Israel lanzó más bombas sobre Gaza esta semana que Estados Unidos sobre Afganistán en cualquier año de su guerra allí. De hecho, EEUU lanzó más de 7.000 bombas sobre Afganistán tanto en 2018 como en 2019; en el momento de la publicación, Israel había lanzado unas 6.000 bombas sobre Gaza en menos de una semana.
Raz Segal es profesor asociado de estudios sobre el Holocausto y el genocidio en la Universidad de Stockton y profesor dotado en el estudio del genocidio moderno
3. Una visión china del conflicto en Asia Occidental
En Sinification publican estos extractos de un artículo de un experto chino en Asia Occidental, Wu Bingbing. No es de ahora, lo publicaron en agosto, pero sirve para hacerse una idea de la visión china del conflicto. Me salto la introducción del bloguero y su resumen y voy directamente a los extractos del artículo.
¿POR QUÉ LA GRAN RECONCILIACIÓN EN ORIENTE MEDIO? (EXTRACTOS)
Wu Bingbing (吴冰冰) – Director del Instituto de Cultura Árabe e Islámica de la Universidad de Pekín
Revista Cultural de Pekín – Agosto de 2023
1. Geopolítica de Oriente Próximo
«Factores externos a la región, como la reestructuración de la estrategia estadounidense en Oriente Medio, la crisis en Ucrania y el reposicionamiento de la diplomacia china en Oriente Medio, están configurando conjuntamente el panorama estratégico en Oriente Medio.»
«Como una de las tres prioridades principales de su estrategia global (el «Indo-Pacífico», Oriente Medio y Europa), Estados Unidos difícilmente puede abandonar Oriente Medio por completo. La retirada de las tropas de Afganistán sólo significa que Estados Unidos no lanzará otra guerra a gran escala sobre el terreno a corto plazo [en la región].»
«Tras el estallido de la crisis ucraniana en febrero de 2022, la diplomacia rusa adoptó un carácter ‘orientado hacia el Este’, con la región de Asia-Pacífico y Oriente Medio como centro de su disposición diplomática [外交布局]. Moscú ha intensificado deliberadamente sus esfuerzos para promover la construcción del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, un nuevo corredor que va desde Rusia hasta el océano Índico pasando por Asia Central y el Cáucaso, con el fin de contrarrestar las sanciones y embargos impuestos por Estados Unidos y Europa a Rusia. La importancia de Oriente Medio en la disposición diplomática de Moscú ha aumentado considerablemente, con Irán y Turquía, en particular, convirtiéndose en una prioridad para la diplomacia rusa.»
«China mantiene desde hace tiempo estrechos lazos económicos con Oriente Medio. En 2013, China presentó la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), y los países de la región se convirtieron en socios importantes en la construcción de la BRI. Con la profundización de los lazos económicos, la influencia de China en Oriente Medio está pasando de una única dimensión económica a incluir dimensiones políticas, económicas, de seguridad y culturales. En noviembre de 2019, China acogió el primer Foro de Seguridad de Oriente Medio (MESF, por sus siglas en inglés), y en 2022 se celebró el segundo a través de vídeo. Su objetivo es construir una plataforma para que todas las partes de Oriente Medio exploren nuevas ideas y planes para la gobernanza de la seguridad. En este proceso, China ha propuesto una «Nueva Arquitectura de Seguridad para Oriente Medio» (NSAM). La NSAM refleja la idea de que las cuestiones de desarrollo y seguridad deben integrarse de forma global. Se centra en la Plataforma de Diálogo sobre la Seguridad en el Golfo y en la cuestión palestina, y se esfuerza por crear las condiciones necesarias para mitigar y resolver las cuestiones de seguridad más candentes y con mayor impacto en el panorama estratégico de Oriente Medio».
«En conjunto, la influencia y el poder comparativo de las principales potencias de Oriente Medio están cambiando como resultado de los ajustes en las políticas y la disposición [estratégica] de cada país. Sin embargo, aún no se han producido cambios fundamentales».
2. Desplazar la atención de las divisiones sectarias a la geopolítica y la política interna
«El actual panorama estratégico de Oriente Medio sigue caracterizándose por tres centros de poder: [i] Irán y su sistema de alianzas, que incluye a Siria, Irak, Líbano y Yemen; [ii] Turquía, Qatar y los movimientos islámicos suníes modernistas que apoyan; y [iii] la estructura de alianzas entre Israel y Emiratos Árabes Unidos basada en los Acuerdos de Abraham, a la que Estados Unidos ha estado presionando para que se una Arabia Saudí. Los tres centros de poder que constituyen el panorama estratégico de Oriente Medio determinan la dinámica geoestratégica competitiva de la región. Los más destacados son las dos cuestiones centrales de la rivalidad estratégica total entre Arabia Saudí e Irán y la cuestión palestina».
«Una comprensión correcta de la discordia saudí-iraní es clave para resolver los problemas de Oriente Medio. Tras la firma del acuerdo saudí-iraní en marzo de 2023, que restableció las relaciones diplomáticas entre ambos países, muchos análisis de la prensa consideraron que China había resuelto el conflicto milenario entre las dos principales sectas del Islam. En realidad, las diferencias sectarias entre chiíes y suníes siempre han existido, pero lo que se ha interpretado como un feroz conflicto sectario es principalmente un fenómeno que se produjo después de 2003. Para aislar conceptualmente a Irán, Jordania propuso la idea del «triángulo suní frente a la media luna chií» [逊尼派三角vs.什叶派新月], que distorsiona la competición geoestratégica en la región de Oriente Próximo y la convierte en un conflicto inherente entre el islam suní y el chií, y entre los pueblos árabe y persa. De este modo, el conflicto se vuelve irresoluble».
«En realidad, sin embargo, no son sólo las organizaciones chiíes como Hezbolá en Líbano, los houthis en Yemen y las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) en Irak las que mantienen estrechos vínculos con Irán, sino también una proporción significativa de suníes, como la Yihad Islámica Palestina»].
«A diferencia de la narrativa del enfrentamiento sectario, el discurso de Irán se centra en la «resistencia» contra la hegemonía mundial y regional. Al comienzo de la victoriosa Revolución Islámica en Irán en 1979, Fathi Shaqaqi (1951-1995), el fundador de la Yihad Islámica Palestina, argumentó que al igual que el pueblo de Irán había sido capaz de derrocar al régimen Pahlavi respaldado por Estados Unidos, también los palestinos eran capaces de levantarse contra la ocupación israelí de Palestina respaldada por Estados Unidos. Sobre esta base, Irán, Siria, el Hezbolá libanés, Hamás y la Yihad Islámica palestina son considerados los «campos de resistencia» [抵抗阵营] en Oriente Próximo. Esto no se basa ni en [su] identidad sectaria ni en [su] etnia, sino en opciones políticas y estratégicas en el contexto del panorama estratégico mundial y regional.»
«Según el académico emiratí Mohammed Baharoon, las condiciones para la distensión entre los países de la región sólo pueden crearse transformando el concepto de «gran competición» en una estrategia de «gran complementariedad». Para ello es necesario dar un paso atrás en [nuestra] comprensión del conflicto [en la región] y romper con [nuestra] forma típica tanto de pensar como de hablar sobre los conflictos sectarios y étnicos [allí]. [También requiere que volvamos a centrar nuestra comprensión del conflicto sectario en la competencia geoestratégica entre Estados y en las tensiones políticas, económicas y sociales dentro de cada uno de estos países. Se trata de un importante cambio cognitivo y de un paso clave hacia la resolución de los problemas [de la región]. En el plano operativo, la cuestión primordial es el establecimiento de una plataforma de diálogo entre los países del Golfo para facilitar los debates bilaterales sobre los problemas existentes, en particular sobre cuestiones urgentes y centrales como los problemas de Yemen. Este sería un paso importante hacia la distensión regional. Esto es lo que China pretende conseguir a través de sus propuestas de construir una «nueva arquitectura de seguridad para Oriente Medio» y de establecer una «plataforma de diálogo multilateral para la región del Golfo».»
3. El giro de Oriente Medio hacia Asia
«En esta [reciente] ronda de reconciliación en Oriente Medio, lo que más ha llamado la atención ha sido el papel desempeñado por China. En nuestros medios de comunicación, a menudo se describe a China como el país que ha jugado una mano misteriosa [神秘之手] y ha dado el «primer empujón» [第一推动] en el acercamiento saudí-iraní. Sin embargo, los medios de comunicación occidentales evitan en la medida de lo posible referirse a China y descartan enérgicamente su influencia. ¿Qué papel ha desempeñado exactamente China en la resolución de los problemas de Oriente Medio? Cabe señalar que China sí desempeñó un papel clave en el acercamiento saudí-iraní, pero lo hizo aprovechando [顺势而为] los acontecimientos favorables en Oriente Medio».
«Fue sobre la base de su diplomacia de «Asia primero» que Irán eligió Pekín como sede de su último avance diplomático con Arabia Saudí.»
«De hecho, Irán no es el único que se ha vuelto hacia Asia. Con la retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021 y el estallido de la crisis ucraniana en 2022, Oriente Medio se ha interconectado cada vez más con las regiones vecinas, especialmente con Asia. Qatar se ha convertido en un actor importante en Afganistán, Turquía lidera la Organización de Estados Turcos como plataforma para reforzar su influencia en el Cáucaso y Asia Central, mientras que cada vez más países de Oriente Medio solicitan su adhesión a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Hasta la fecha, Irán ya es miembro oficial, y Egipto, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait son ahora socios dialogantes. Oriente Medio está mostrando un giro general hacia Asia».
4. La marginación de la cuestión palestina a pesar de las crecientes tensiones
«La cuestión palestina permanece y se intensifica… En contraste con la tendencia pacífica impulsada por el acercamiento saudí-iraní y la considerable atención que ha suscitado, la cuestión palestina parece haber sido dejada de lado e ignorada [似乎处于某种不闻不问不理状态]. En la actualidad, la opinión generalizada de la comunidad internacional es que la cuestión palestina es ahora marginal, que la mayoría de las cuestiones centrales de Oriente Medio no están relacionadas con ella y que, aunque se resolviera el problema palestino, no ayudaría a resolver otras cuestiones [de la región]. De hecho, sin embargo, la cuestión palestina sigue estando en el centro de las rivalidades geoestratégicas de Oriente Medio».
«La llamada ‘marginación’ [‘被边缘化‘] de la cuestión palestina tiene sus raíces en Israel. El objetivo de la política de Israel es desarrollar sus vínculos con los Estados árabes de tal manera que un número cada vez mayor de ellos permanezcan indiferentes o neutrales con respecto a la cuestión palestina. Y al mismo tiempo que sale de su propio aislamiento, [espera] aislar a Palestina.»
5. Minilateralismo estadounidense: Ampliando las divisiones y exacerbando las tensiones
«En septiembre [de 2020], los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin e Israel firmaron los Acuerdos de Abraham en la Casa Blanca de Estados Unidos, estableciendo así relaciones diplomáticas formales [entre los dos Estados árabes e Israel]. Tres meses después, Marruecos hizo lo propio. En 2021, los EAU, Israel, Estados Unidos e India crearon el «Cuadrilátero de Oriente Medio», al que siguió una cumbre en línea en julio de 2022 y su denominación oficial como I2U2. Este tipo de mecanismo de cooperación, conocido como «minilateralismo», es un acuerdo de cooperación exclusivo entre un número reducido de países en torno a una cuestión específica. Los Acuerdos de Abraham y el «Cuádruple Oriente Medio» nacieron de la idea de Trump de una «Alianza Estratégica para Oriente Medio», cuyo objetivo era promover el establecimiento de una estrecha cooperación en materia de seguridad entre los Estados árabes del Golfo Pérsico e Israel para contrarrestar la influencia de Irán y Turquía en la región. La idea se etiquetó originalmente como «OTAN árabe»».
«A medida que los palestinos quedaban cada vez más aislados, disminuía la voluntad de Israel de resolver la cuestión palestina pacíficamente con una solución de dos Estados. En noviembre de 2022, el ascenso de la extrema derecha en las elecciones generales de Israel hizo que el «Partido Sionista Religioso» se convirtiera en el tercer partido más grande de la Knesset y obtuviera una influencia significativa en el nuevo gobierno. Evidentemente, los Acuerdos de Abraham no han contribuido a promover la paz entre palestinos e israelíes. Por el contrario, han avivado aún más el conflicto».
«Esta situación, a su vez, ha exacerbado las divisiones entre los palestinos. Desde 2007, existe una división entre Cisjordania, controlada por la Autoridad Palestina, y Gaza, controlada por Hamás. Ante la creciente negativa de Israel a transigir, las diferencias entre las fuerzas políticas de la Franja de Gaza, como Hamás y la Yihad Islámica Palestina, y la Autoridad Palestina se han acentuado. Las fuerzas políticas palestinas, como Hamás, han mantenido su vía de resistencia y en mayo de 2021 estalló un conflicto armado entre Gaza e Israel. Basándose en estas nuevas realidades políticas, Hamás comenzó a restablecer sus relaciones con Irán, Siria y otros países que se habían deteriorado como consecuencia de la Primavera Árabe.»
«La firma de los Acuerdos de Abraham, el ascenso de las fuerzas políticas de extrema derecha en Israel, las crecientes divisiones dentro del campo palestino y el fortalecimiento del «campo de la resistencia» en Oriente Medio demuestran la centralidad de la cuestión palestina para las [actuales] rivalidades geoestratégicas en Oriente Medio. Aunque una solución política negociada al problema palestino sobre la base de una solución de dos Estados es el consenso entre la comunidad internacional, carece del impulso necesario para hacer avanzar el proceso de paz palestino-israelí. El «acuerdo del siglo» propuesto por la administración estadounidense de Trump era, de hecho, un apoyo unilateral a Israel [单边支持以色列]. Hasta ahora, la administración Biden no ha presentado su propio plan de paz para Oriente Medio. Así pues, para impulsar una solución política a la cuestión palestina, es necesario dar un nuevo impulso a la solución de los dos Estados y al proceso de paz en Oriente Medio.»
6. La política cambiante de China hacia Oriente Medio
«El 13 de junio de 2023, el presidente palestino [Mahmud] Abbas realizó una visita de Estado a China, la primera del jefe de Estado de un país árabe en 2023. Durante su visita, China presentó una propuesta de tres puntos [para la solución de la] cuestión palestina, el primero de los cuales [abogaba por] ‘el establecimiento de un Estado independiente de Palestina que goce de plena soberanía sobre la base de las fronteras de 1967 y con Jerusalén Este como capital’ -esta es la esencia de la solución de dos Estados-. El segundo [pedía] el alivio de las graves dificultades a las que se enfrenta la economía de Palestina y el sustento de su pueblo; y el último [subrayaba la importancia de] mantener las conversaciones de paz.»
«Al mismo tiempo, hay que reconocer que, ante la agresividad de la extrema derecha israelí [咄咄相逼], un número creciente de jóvenes palestinos se han desilusionado e incluso desanimado respecto al proceso de paz. En un ambiente así, el conflicto palestino-israelí muestra una tendencia a la escalada [激化的态势]. Por lo tanto, la forma de trabajar para gestionar y desactivar el conflicto es un aspecto importante a la hora de abordar el problema palestino-israelí. Para gestionar y controlar el conflicto, es necesario coordinar todos los aspectos relacionados con él, incluidos Israel, la Autoridad Palestina, pero también fuerzas políticas como Hamás, la Yihad Islámica Palestina, e incluso países y fuerzas políticas de la región que tienen influencia sobre la cuestión palestina, como Egipto, Irán, Turquía, Qatar, Siria y Hezbolá en Líbano. La promoción de la paz y la gestión de este conflicto son dos aspectos interconectados».
«El desarrollo de la política exterior china en Oriente Medio ha sido un proceso de constante reposicionamiento [de su política] hacia la región. Al principio, dado que los acontecimientos en Oriente Medio afectaban a la periferia de China, incluidos Afganistán, Asia Meridional y Asia Central, pero sin limitarse a ellos, la posición de China respecto a Oriente Medio era [considerarla] una «extensión de su periferia» [周边的延伸]. A principios del siglo XXI, esto había evolucionado hasta [considerar la región como parte de la] «gran periferia» [大周边] de China. En la actualidad, países como Arabia Saudí, los EAU e Irán se están convirtiendo gradualmente en una prioridad para nuestra diplomacia. Al mismo tiempo, el conocimiento y la competencia de China sobre las cuestiones de Oriente Medio van en aumento.»
«Las relaciones de China con los países de Oriente Medio se han elevado a un nuevo nivel con la continua profundización de la cooperación económica y, en particular, con la realización gradual de muchos proyectos BRI. La propuesta de una nueva arquitectura de seguridad para Oriente Medio significa un cambio fundamental en el posicionamiento de China hacia la región. China aún no ha propuesto una arquitectura de seguridad para otras regiones [del mundo]. [Así pues,] esta nueva arquitectura de seguridad subraya el estatus especial de Oriente Medio [特殊地位] en la disposición diplomática de China.»
«La política exterior iraní de ‘Asia primero’, la nueva filosofía [centrada en el desarrollo] de países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, el entusiasmo de los países de Oriente Medio por unirse a la OCS y la [creciente] importancia que están dando a Asia [重视亚洲], han creado unas condiciones aún mejores para que China desempeñe un papel más importante en Oriente Medio. Al mismo tiempo, las reacciones en cadena y el desbordamiento de las rivalidades geoestratégicas entre los países de Oriente Medio, el ascenso de las fuerzas políticas de extrema derecha en Israel y el «minilateralismo» promovido activamente por Estados Unidos constituyen nuevos retos para China en el desarrollo de sus relaciones con los países de la región. Así pues, China debería dirigir el reposicionamiento de su política hacia Oriente Medio de una manera tranquila pero activa, prudente pero proactiva, y centrarse en aumentar [su] nivel de conocimiento [sobre la región], así como en mejorar la creación de capacidades y ampliar su caja de herramientas políticas.»
7. Modernización al estilo chino: un pegamento conceptual para China y Oriente Medio
«En septiembre de 2021 y abril de 2022, China presentó la Iniciativa de Desarrollo Global (IDG) y la Iniciativa de Seguridad Global (ISG), centradas en el desarrollo y la seguridad, ambos inseparables. Oriente Medio se enfrenta desde hace tiempo a graves dificultades relacionadas con el desarrollo y la seguridad. La promoción de una nueva arquitectura de seguridad para Oriente Medio se ha convertido en parte integrante de la puesta en marcha de la GSI y la GDI. Esto significa también que la seguridad y el desarrollo de Oriente Medio han pasado de ser una cuestión regional a una prioridad estratégica [战略重点] en la nueva configuración globalizada de China. Sin embargo, no hay forma de que la nueva arquitectura de seguridad [de China] para Oriente Medio pueda incluir todas las cuestiones candentes de Oriente Medio.»
«El concepto de ‘modernización al estilo chino’ puede desempeñar un papel único en la promoción de la cooperación entre China y Oriente Medio. China y muchos países de Oriente Medio han comenzado a cooperar en la construcción conjunta de la BRI. Sin embargo, muchos países de Oriente Medio han entendido la cooperación de la Franja y la Ruta simplemente como proyectos concretos. Además, Israel y otros países no se han unido formalmente a la BRI debido a la oposición de Estados Unidos.»
«En el proceso de construcción de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad, China ha propuesto unir sus manos con el mundo árabe para construir una comunidad chino-árabe con un futuro compartido en la nueva era, lo que hace aún más necesario equilibrar esto con el desarrollo de las relaciones con los países no árabes de Oriente Medio, como Irán, Turquía e Israel.»
«En la actualidad, [la atención de China] se centra principalmente en la [plataforma] de diálogo sobre seguridad a través del Golfo y en la cuestión palestina. En este contexto, puede decirse que el concepto de «modernización al estilo chino» está proporcionando un marco compartido de valores para China y todos los países de la región. Todos los Estados de Oriente Medio aprueban y aceptan la modernización, y la están llevando a cabo basándose en sus circunstancias nacionales específicas [国情] y con sus propias características nacionales. Todos los países de la región pueden aprender e inspirarse en la modernización al estilo chino. Este concepto puede [ayudar a] conectar la construcción conjunta tanto de la BRI como de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad con la nueva arquitectura de seguridad para Oriente Medio, implicando así a todos los países de la región y proporcionando un apoyo más poderoso al desarrollo de las relaciones de China con estos Estados.»
8. Estrategia diplomática de China: «Equilibrio positivo» (Wu en diciembre de 2022).
«Lo que queremos practicar es una diplomacia equilibrada [平衡外交] en Oriente Medio. La esencia de una diplomacia equilibrada es, en primer lugar, no elegir bandos y, en segundo lugar, no hacer enemigos. Sin embargo, siempre nos enfrentaremos a la siguiente situación: aunque haremos amistad con todos, el momento será diferente [虽然都交朋友,但有一个早晚]; aunque promoveremos la cooperación con todos, esto no podrá hacerse de la misma manera [都推动合作,但不可能完全一样]. Son problemas normales a los que inevitablemente nos enfrentaremos cuando persigamos una diplomacia equilibrada.
«Sin embargo, para fomentar unas relaciones más sólidas con estos países, necesitamos fomentar el ‘equilibrio positivo’ [积极的平衡]. Entonces, ¿qué significa realmente «equilibrio positivo»? Significa que nuestra cooperación con una parte sin duda ejercerá cierta presión sobre otra parte, pero que es precisamente esta presión la que ayudará a impulsar la cooperación entre esta otra parte y nosotros. Convertir la presión en incentivo, ése es [el significado de] equilibrio positivo».
«El equilibrio negativo, en cambio, es cuando limitamos nuestra cooperación con una parte por miedo a afectar a otra, lo que a su vez conduce a áreas de cooperación cada vez más restringidas.»
«Por ejemplo, China ha firmado un acuerdo de cooperación de 25 años con Irán, pero no se ha firmado un acuerdo similar con los países del Golfo. Por tanto, existe cierta presión sobre los países del Golfo, que [ahora] tienen un incentivo para fomentar su cooperación con China, como la expansión de las inversiones [bilaterales] y la ampliación del comercio de recursos energéticos». No hace mucho, Qatar firmó un acuerdo de gas con China por 27 años. ¿No ha surtido efecto esta [mencionada presión]? Irán también es un país rico en reservas de gas natural -incluso más que Qatar-, ¡pero China e Irán aún no han alcanzado ese nivel de cooperación entre sí! Se trata, pues, de una especie de equilibrio bidireccional. A través de este «equilibrio positivo», China puede ayudar a impulsar la mejora continua de sus relaciones con todas las partes de forma relativamente eficaz.»
4. La lista interminable de enemigos de EEUU
La lista de países a los que los EEUU han declarado la guerra no para de crecer.
EE.UU. declara la «guerra»
20 de octubre de 2023 Por Michael Brenner
La política exterior de Estados Unidos ha puesto al país en un rumbo destinado a conducirlo a un mundo de rivalidades, luchas y conflictos en un futuro previsible. Washington ha declarado la «guerra» a China, a Rusia y a cualquiera que se asocie con ellos.
Esa «guerra» es global: diplomática, financiera, comercial, tecnológica, cultural, ideológica. Implícitamente fusiona una supuesta rivalidad entre grandes potencias por el dominio con un choque de civilizaciones: el Occidente liderado por Estados Unidos contra los Estados civilizacionales de China, Rusia y, potencialmente, la India.
No se incluye explícitamente la acción militar directa, pero no se excluyen absolutamente los enfrentamientos armados. Pueden producirse a través de apoderados, como en Ucrania. Pueden desencadenarse por la dedicación de Washington a reforzar Taiwán como país independiente.
Una serie de revisiones formales en materia de defensa confirman las declaraciones de los más altos funcionarios y mandos militares estadounidenses de que un conflicto de este tipo es probable en esta década. Los planes para la lucha bélica están muy avanzados. Este enfoque irresponsable presenta implícitamente al enemigo chino como un Japón imperial moderno, a pesar de los riesgos catastróficos intrínsecos de una guerra entre potencias nucleares.
El extremo de la estrategia militarizada y extralimitada de Washington, destinada a consolidar y extender su dominio mundial, queda patente en el último pronunciamiento sobre las capacidades de combate necesarias.
Las recomendaciones que acaba de promulgar la Comisión de Postura Estratégica bipartidista del Congreso incluyen el desarrollo y despliegue de «defensas aéreas y antimisiles integradas en el territorio nacional que puedan disuadir y derrotar los ataques coercitivos de Rusia y China, y determinar las capacidades necesarias para adelantarse a la amenaza norcoreana».
Estas propuestas fueron respaldadas por el antiguo Jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, en su entrevista posterior a su jubilación, en la que propuso añadir hasta un billón de dólares al actual presupuesto de defensa para crear las capacidades necesarias.
El Presidente Joe Biden, en su entrevista del fin de semana en el programa 60 Minutes, reiteró el panorama dominante con optimismo boyante:
«¡Somos los Estados Unidos de América, por el amor de Dios!; la nación más poderosa de la historia del mundo».
Se trata del mismo país cuyo historial bélico desde 1975 es de una victoria, dos empates y cuatro derrotas, o cinco derrotas si incluimos a Ucrania. (Esa tabulación excluye Granada, que fue una especie de escaramuza). Además, las existencias de munición de artillería de 155 mm de Estados Unidos están totalmente agotadas, al igual que las de sus aliados.
Sin debate
Este juicio estratégico histórico está cargado de las más graves implicaciones para la seguridad y el bienestar de Estados Unidos, y determinará los asuntos mundiales en el siglo XXI.
Sin embargo, se ha hecho en ausencia total de un debate serio en el país en general, en el Congreso, dentro de la comunidad de política exterior, en los medios de comunicación y -lo más sorprendente- también en los más altos niveles del gobierno.
La superficialidad de las declaraciones de Biden, del secretario de Estado Antony Blinken, del consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan, de la vicepresidenta Kamala Harris, del secretario de Defensa Lloyd Austin, de Milley y de sus colaboradores demuestra esta última ausencia.
No hemos oído una explicación sobria y rigurosa de por qué y cómo China o Rusia suponen una amenaza tan manifiesta como para comprometernos en una confrontación total.
Tampoco se mencionan estrategias alternativas, sus ventajas y desventajas, ni se exponen con franqueza los costes de su aplicación. Y lo que es más, reina el silencio sobre lo que ocurriría si esta audaz estrategia del todo o nada fracasara, en todo o en parte.
El asombroso ascenso de China junto con el resurgimiento de Rusia como potencia formidable son acontecimientos evidentes para los observadores atentos desde hace bastante tiempo.
En el caso de Rusia, pueden identificarse las fechas de los hitos.
Hitos rusos
El primero fue el discurso del Presidente ruso Vladimir Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007. Allí dejó claro su rechazo al guión occidental que relegaba a Rusia a una posición subordinada en un sistema mundial organizado según principios e intereses definidos en gran medida por Estados Unidos.
Ya fuera bajo la forma de globalización neoliberal o, en términos prácticos, de hegemonía estadounidense, era inaceptable. En su lugar, Putin propuso los conceptos gemelos de multipolaridad y multilateralismo. Aunque hacía hincapié en el estatus soberano y los intereses legítimos de todos los Estados, su visión no preveía conflictos ni rivalidades implacables. Más bien se planteaba delimitar las relaciones internacionales como una empresa colectiva que persiguiera el beneficio mutuo basado en el respeto recíproco de la identidad y los intereses fundamentales de cada uno.
Sin embargo, Washington lo interpretó de otro modo. En su opinión, Putin había echado por tierra el proyecto de crear un mundo globalizado supervisado por Estados Unidos y sus socios.
La administración del presidente George W. Bush consideró que había que cercar a la molesta Rusia y frenar su influencia. Ese objetivo animó la campaña para incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN, el patrocinio del condenado ataque georgiano contra la disputada Osetia del Sur, el intento de bloquear la construcción de un nuevo gasoducto de Rusia a Alemania y el establecimiento de estrictas condiciones para los intercambios comerciales.
Culminó con el golpe de Estado del Maidán de 2014 en Kiev y el refuerzo de Ucrania como potencia que podía mantener a Rusia en su sitio. El resto de esa historia ya la conocemos.
Luego, la imagen de Putin como un maquiavélico diabólico que trabaja sin descanso para paralizar a Estados Unidos recibió una gruesa capa de barniz con la farsa del Rusiagate, un esquema urdido por la aspirante a la presidencia Hillary Clinton y sus aliados para explicar cómo podía perder unas elecciones contra alguien que comenzó la campaña de otoño con un índice personal desfavorable en las encuestas del 67%.
El desafío chino
El enfrentamiento con China no está marcado por acontecimientos o puntos de decisión igualmente claros. La designación de China como el retador de la posición de Estados Unidos como supremo mundial cristalizó más gradualmente.
Fue la creciente fuerza del Imperio del Centro en todas las dimensiones del poder y la capacidad nacionales lo que despertó primero la ansiedad y luego el temor. Este rival desafiante se había convertido en una amenaza para la creencia fundamental en el excepcionalismo y la superioridad de Estados Unidos. Por tanto, una amenaza existencial en el sentido más estricto de la palabra.
(«¡Esta ciudad no es lo bastante grande para los dos!» es una frase familiar para los estadounidenses por la forma en que puntúa los enfrentamientos en cientos de películas del Oeste. Ahora se ha extendido a la política exterior como un claro resumen de la actitud de Washington hacia Pekín. En vez de eso, ¿qué tal si invitamos al otro a tomar algo en el Long Branch y charlamos largo y tendido? Un convite holandés).
La retahíla de disputas sobre tal o cual asunto fueron síntomas y no la causa del antagonismo mezclado con temor que ha llevado a Estados Unidos a tratar a China como a un enemigo mortal. Cuando observamos la cronología de los acontecimientos, resulta evidente que el pliego de cargos estadounidense no se acerca a justificar esa conclusión.
La opinión de moda -ahora oficial- es que todo es culpa de China.
El presidente Xi Jinping y compañía supuestamente desdeñaron la oportunidad de unirse a la comunidad de naciones liberales; se han vuelto cada vez más represivos en su país, con lo que se descalifican a sí mismos para asociarse con las democracias; han sido agresivos en sus reivindicaciones territoriales en el Mar de China Meridional; no han calmado sus diferencias con sus vecinos, sobre todo con Japón; y se han desviado de la línea occidental (es decir, estadounidense) hacia Irán mientras mediaban en un modus vivendi con Arabia Saudí.
Más cerca de casa, se acusa a China de operar amplias redes de espionaje en Estados Unidos diseñadas para robar valiosa alta tecnología; de manipular sistemáticamente los tratos comerciales en su beneficio; y están extendiendo su influencia cultural en una porosa sociedad estadounidense.
En este pliego de cargos no se hace ninguna referencia a las dudosas actuaciones de Estados Unidos. El historial de Washington como ciudadano global es menos que impecable. Específicamente en referencia a China, es Washington quien ha realizado las que son, con diferencia, las maniobras más provocadoras.
Recordemos el encarcelamiento de la directora financiera de Huawei en Vancouver ante la insistencia de la Casa Blanca de Trump por motivos engañosos (violación de la propia campaña de sanciones ilegales de Washington contra Irán) con el fin de frustrar el éxito de la empresa para convertirse en un actor dominante en el campo de las TI. El propio expresidente Donald Trump lo admitió al afirmar que Estados Unidos podría abstenerse de perseguirla si China estuviera dispuesta a ceder a sus demandas en las negociaciones comerciales bilaterales.
La provocación definitiva ha sido la serie de medidas respecto a Taiwán que señalaban claramente la intención de Washington de impedir su integración en la RPC. Con ello, cruzó la más indeleble de las líneas rojas, una que el propio Estados Unidos había ayudado a trazar y había observado durante medio siglo. Equivale a que un aristócrata de la vieja Europa abofeteara a otro con sus guantes en público. Equivale a que un aristócrata de la Vieja Europa abofetee a otro con sus guantes en público. Una invitación inequívoca a un duelo que excluye la negociación, la mediación o el compromiso.
No sólo un rival
A Estados Unidos le resulta mucho más fácil tratar con enemigos manifiestos, por ejemplo la U.R.S.S., que compartir la escena internacional con países que le igualan en fuerza cualquiera que sea el grado de amenaza que representan para la seguridad nacional estadounidense.
Esto último es mucho más difícil de manejar para los estadounidenses, desde el punto de vista emocional, intelectual y diplomático.
De ahí la creciente tendencia a caracterizar a China no sólo como un rival por su influencia mundial, sino como una amenaza. El resultado es una caricatura de las ambiciones de China y una minimización de las perspectivas de fomentar una relación de trabajo entre iguales.
Se está dedicando una enorme cantidad de energía a esta empresa delirante. El objetivo es Estados Unidos. El proyecto es una extraña forma de terapia de conversión diseñada para sustituir la fastidiosa realidad por una versión inventada.
En las páginas del New York Times se pueden encontrar pruebas asombrosas de este tratamiento autoadministrado. Todos los días nos ofrecen dos o tres largos artículos sobre lo que le pasa a China, sus tribulaciones. Ningún suceso es demasiado recóndito o lejano como para quedar exento de ser utilizado en un diagnóstico exagerado de enfermedad social o política. Los extremos a los que llegan los editores en este programa de reeducación son patológicos.
La amenaza que representa China es para una autoimagen exaltada más que para cualquier interés tangible. En su raíz, el problema es psicológico.
Cuando la administración Biden llegó al poder, el escenario ya estaba preparado para la declaración de guerra y la adopción de medidas concretas en esa dirección. Pero resulta extraño que un compromiso tan trascendental fuera asumido por un equipo de individuos tan mediocre con un presidente disminuido y distraído como cabeza nominal. Esto puede atribuirse a dos factores.
El primero es la visión dogmática del mundo de los directores. Su visión representa una absorción del famoso memorándum de Paul Wolfowitz de 1992, en el que se exponía una estrategia múltiple para consolidar y extender el dominio mundial de Estados Unidos a perpetuidad.
En segundo lugar está la pasión neoconservadora por moldear otros países a imagen y semejanza de Estados Unidos. Esa mezcla se aderezó con una pizca del anticuado idealismo wilsoniano junto con una llovizna de humanitarismo del movimiento de Responsabilidad de Proteger (R2P).
Este potente brebaje se había convertido en ortodoxia para casi toda la comunidad de política exterior estadounidense. Además, una versión rudimentaria se ha ganado la adhesión de la clase política y ha moldeado el pensamiento del Congreso en la medida en que sus miembros reflexionan sobre las relaciones exteriores más allá del recurso habitual a eslóganes manidos y convenientes.
Alternativa nº 1
Objetivamente hablando, existían alternativas.
A la primera podríamos llamarla ad-hoc-ismo inercial. Sus características habrían sido la segmentación continuada de las relaciones exteriores del país en paquetes más o menos discretos, geográficos y funcionales.
Las dos subcategorías de Oriente Medio: Israel y el Golfo; la «Guerra contra el Terrorismo» en cualquier lugar; la promoción agresiva de la globalización neoliberal con la instalación de una élite empresarial/tecnocrática/
En cuanto a China y Rusia, a una se la trataría como un rival formidable y a la otra como una molestia extralimitada a la que habría que poner trabas en lugares de Siria y Asia Central. Se habrían tomado medidas concretas para contrarrestar el desafío comercial y tecnológico chino, bien de forma unilateral, bien mediante negociaciones directas. Se habría incrementado el apoyo a Taiwán, pero sin llegar a irritar a Pekín cuestionando el principio de una sola China.
La premisa fundacional de este enfoque es que un sistema neoliberal cada vez más profundo atraería a China hacia su campo como un imán centrífugo político-económico. De este modo, mediante un proceso incremental se neutralizaría gradualmente un desafío potencial a la hegemonía estadounidense-occidental, evitando una confrontación directa.
Rusia, por su parte, podría ser tratada de forma más áspera: se endurecerían las sanciones posteriores a 2014, se desairarían sus planteamientos en Siria y en otros asuntos y se continuaría con la acumulación silenciosa de Ucrania. Esta fue, en esencia, la táctica adoptada por el ex presidente Barack Obama y por Trump.
La suposición uniforme de hoy de que una batalla trascendental con los chinos está escrita en las estrellas, la culminación de una rivalidad de suma cero por el dominio mundial, es relativamente reciente.
No hace mucho, el consenso era que la estrategia más sensata constaba de dos elementos.
El primero era un compromiso pacífico que hiciera hincapié en la interdependencia económica y condujera a la participación de China en un sistema mundial más o menos ordenado cuyas reglas de juego tuvieran que sufrir alguna modificación, pero en el que la política de poder estuviera restringida y contenida.
(En cuanto a la reestructuración de las organizaciones internacionales existentes, destaca el FMI. Desde su fundación en la posguerra, Estados Unidos ha tenido poder de veto sobre todas o algunas de sus acciones. Se niega rotundamente a renunciar a él a pesar de los drásticos cambios en la constelación del poder financiero y monetario mundial. De ahí que el FMI actúe como una filial de facto del Departamento de Estado. Este estado de cosas pronto resultará absolutamente inaceptable para China y os BRIC).
La segunda era una medida de equilibrio militar para eliminar cualquier tentación que pudiera existir en Pekín de construir un imperio y, al mismo tiempo, tranquilizar a los vecinos. La cuestión abierta se centraba exactamente en dónde y cómo debía alcanzarse el equilibrio.
Esa fue la perspectiva predominante hasta aproximadamente la segunda administración Obama. Hoy en día, ese enfoque ha perdido su lugar en la corriente principal del discurso de política exterior. Sin embargo, no hay un día o acontecimiento fijo que marque el abrupto y brusco cambio de rumbo.
Esta línea de enfoque gradual e inconexo tiene sus ventajas a pesar de su inclinación hacia el conflicto. La principal es que evita encerrar a Estados Unidos en una posición de hostilidad implacable frente a China. No existe una lógica arraigada que nos impulse hacia el conflicto armado. Implícitamente deja abierta la posibilidad de que el pensamiento estadounidense evolucione en una dirección más positiva.
Cualesquiera que sean las probabilidades de que se produzca tal evolución, y con la llegada a la Casa Blanca de un presidente con la audaz visión de un verdadero estadista, tal evolución no quedaría excluida como lo está por la actual movilización para la «guerra» generacional.
Alternativa nº 2
Existe otra alternativa radical basada en la creencia de que es factible diseñar una estrategia a largo plazo para alimentar los lazos de cooperación con Rusia y China. Adoptando alguna forma de asociación, se basaría en un compromiso mutuo para el mantenimiento de la estabilidad política y la creación de mecanismos para evitar conflictos. No se trata en absoluto de una idea tan descabellada como podría parecer a primera vista.
Me viene a la mente la idea de un concierto de grandes potencias. Sin embargo, deberíamos contemplar un acuerdo bastante diferente del histórico Concierto de Europa que surgió en la Conferencia de Viena tras las Guerras Napoleónicas.
En primer lugar, el objetivo no sería apuntalar el statu quo mediante la doble estrategia de abstenerse de conflictos armados entre los Estados suscriptores y reprimir los movimientos revolucionarios que pudieran poner en peligro a las monarquías existentes. Sus características concomitantes fueron la concentración del poder de custodia en los 5 Grandes cogestores del sistema; la asfixia de la reforma política en toda Europa; y el desprecio de las fuerzas que aparecían fuera de su ámbito.
Por el contrario, una asociación contemporánea entre las principales potencias asumiría la responsabilidad de tomar la iniciativa en el diseño de un sistema mundial basado en los principios de apertura, igualdad soberana y promoción de políticas que generen resultados positivos que se refuercen mutuamente.
En lugar de estar gobernados por un directorio, los asuntos internacionales estarían estructurados por instituciones internacionales modificadas en términos de filosofía, toma de decisiones multilateral y una medida de devolución que otorgue poderes a los organismos regionales. Se establecería un modelo de consulta entre los gobiernos cuyo peso económico y capacidad militar deberían desempeñar un papel informal en el mantenimiento del sistema y facilitar la participación de otros Estados. La legitimidad se establecería a través de la conducta y la actuación.
La drástica caída del respeto por el liderazgo mundial de Estados Unidos facilitará ese proceso, como ya demuestran los éxitos de los BRIC.
El punto de partida crucial para este proyecto es una reunión de las mentes de Washington, Pekín y Moscú, acompañada de un diálogo con Nueva Delhi, Brasilia y otros.
Hay razones para creer que las condiciones, objetivamente hablando, han sido propicias para una empresa de este orden durante varios años. Sin embargo, nunca se reconoció en Occidente, y mucho menos se consideró seriamente – una oportunidad histórica perdida.
«La amenaza que representa China es para una imagen exaltada de sí misma más que para cualquier interés tangible. En su raíz, el problema es psicológico».
El factor suficiente más significativo es el temperamento de los líderes chino y ruso. Xi y Putin son líderes poco comunes. Son sobrios, racionales, inteligentes, están muy bien informados y son capaces de tener una visión amplia.
(El objetivo tradicional de China siempre ha sido exigir deferencia a otros países mientras refuerza su propia fuerza, no imponerles un imperio. Mucho menos comparten el impulso estadounidense de organizar los asuntos del mundo entero de acuerdo con una universalización de su propia civilización única. Ahí reside la oportunidad de evitar una «guerra de transición».
Sin embargo, no hay ningún líder estadounidense en el horizonte que reconozca esta realidad global y que parezca preparado para aprovechar la oportunidad de «doblar el arco de la historia». Obama jugueteó brevemente con la idea -antes de recaer en la rancia retórica del excepcionalismo estadounidense: «Somos el número uno -más vale que lo creas. Nadie se nos acerca»).
Aunque dedicados a asegurar sus intereses nacionales, sobre todo el bienestar de sus pueblos, ni Xi ni Putin albergan ambiciones imperiales. Y ambos llevan mucho tiempo como jefes de Estado. Tienen el capital político para invertir en un proyecto de esta magnitud y perspectiva. Washington, por desgracia, no ha tenido líderes de carácter y talento similares.
En cuanto a los aliados de Estados Unidos, no cabe esperar ningún consejo de moderación por su parte. Esos leales vasallos han pasado de ser irrelevancias cobardes a socios activos, aunque menores, en el crimen.
Un espectáculo odioso
Resulta estomagante observar a los dirigentes europeos haciendo cola para reunirse con Bibi Netanyahu en Tel Aviv mientras éste inflige atrocidades a los habitantes de Gaza. Apenas una palabra de preocupación por 2 millones de civiles, sólo el envío apresurado de más armas desviadas de los campos de exterminio ucranianos. Este odioso espectáculo fue eclipsado por la vergonzosa actuación de Biden esta semana en Jerusalén.
Las reuniones en la cumbre de Bush, Obama, Trump o Biden siempre se han concentrado en cuestiones de poca monta o en instrucciones sobre lo que debería hacer su homólogo para ajustarse a la visión estadounidense del mundo. Ambas cosas son una pérdida de tiempo precioso en lo que respecta al imperativo de fomentar una perspectiva global común a largo plazo.
El enfoque sensato para inaugurar un diálogo serio podría ser un presidente con cualidades de estadista que se sentara a solas con Putin y Xi en una sesión abierta y les hiciera preguntas como: «¿Qué quiere, Presidente Putin/Presidente XI? ¿Cómo ve el mundo dentro de 20 años y el lugar de su país en él?».
¿Estarían preparados para exponer una respuesta articulada? Putin desde luego que sí. Eso es exactamente lo que lleva proponiendo desde 2007, en numerosas ocasiones verbalmente o en sus escritos. En lugar de ello, se le ha dado largas y, desde 2014, se le ha tratado como a un paria amenazador al que hay que difamar e insultar personalmente.
Esta es la opinión de Barack Obama: «El presidente ruso es un hombre ‘físicamente poco notable’, comparado con ‘los jefes de barrio duros e inteligentes de la calle que solían dirigir la máquinaria de Chicago». Este comentario del primer volumen de las memorias publicadas por Obama, La tierra prometida, dice más de su propio ego inflado pero vulnerable que del carácter de Putin.
De hecho, fue la maquinaria de Chicago, junto con el dinero y el estímulo de la red Pritzker, lo que convirtió a Obama en lo que llegó a ser.
Por el contrario, cuando Bismarck se reunió con Disraeli en la Conferencia de Berlín de 1878 -llegando incluso a invitarle dos veces a comer a casa, siendo judío- no regañó al primer ministro británico por las restricciones comerciales a las exportaciones alemanas de productos textiles y metalúrgicos ni por el abuso sistemático británico de los trabajadores de las plantaciones de té en Assam.
Tampoco hizo comentarios sobre su físico. Bismarck era un estadista serio, a diferencia de las personas bajo cuya custodia ponemos la seguridad y el bienestar de nuestras naciones.
El resultado es que Putin y Xi parecen perplejos ante unos homólogos occidentales irresponsables que hacen caso omiso de los preceptos elementales de la diplomacia. Eso también debería preocupar, salvo a quienes pretenden conducir la «guerra» de Estados Unidos de una manera lineal que presta poca atención al pensamiento de otras partes.
El vitriolo que con tanta vehemencia lanzan contra Putin sus homólogos occidentales es una especie de enigma. Es manifiestamente desproporcionado con respecto a cualquier cosa que haya hecho o dicho desde cualquier punto de vista razonable, incluso si se distorsiona la historia subyacente de Ucrania.
La condescendencia de Obama sugiere una respuesta. En el fondo, su actitud refleja envidia. Envidia en el sentido de que inconscientemente se le reconoce como claramente superior en atributos de inteligencia, conocimiento de temas contemporáneos e historia, articulación, astucia política y -con toda seguridad- habilidad diplomática.
Trate de imaginar a cualquier dirigente estadounidense emulando la actuación de Putin en la celebración de sesiones abiertas de preguntas y respuestas de tres horas de duración con ciudadanos de todo tipo, respondiendo de forma directa, detallada, coherente y con buen talante. ¿Biden? ¿El Primer Ministro canadiense Justin Trudeau? ¿El Canciller alemán Olaf Scholz? ¿El Primer Ministro británico Rishi Sunak? ¿El Presidente francés Emmanual Macron? ¿Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea? ¿La Primera Ministra de Estonia, Kaja Kallis?
Incluso Obama, de quien obtendríamos sermones enlatados vertidos en un lenguaje altisonante que destila muy poca cosa. Por eso la clase política occidental evita asiduamente prestar atención a los discursos y conferencias de prensa de Putin: ojos que no ven, corazón que no siente.
Actúa en referencia a la caricatura inventada en lugar del hombre real.
La era de Ucrania
Estos días, en la era de Ucrania, el rígido consenso de Washington es que Vladimir Putin es el dictador brutal por excelencia: loco por el poder, despiadado y con un tenue control de la realidad.
De hecho, se ha convertido en un lugar común equipararlo con Hitler, como lo han hecho figuras destacadas de la élite del poder estadounidense como Hillary Clinton y la ex presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, junto con «creadores de opinión» en abundancia. Incluso 203 nobles Nobels prestan sus cerebros colectivos y sus credenciales de celebridad a una «carta abierta» cuya segunda frase empareja el ataque de Rusia a Ucrania con el asalto de Hitler a Polonia en septiembre de 1939.
Lamentablemente, la idea de que quienes toman esas decisiones deberían molestarse en saber de qué están hablando se considera en general radical, si no subversiva.
En lo que respecta a Putin, no hay absolutamente ninguna excusa para una ignorancia tan dolorosa. Ha presentado sus puntos de vista sobre cómo Rusia visualiza su lugar en el mundo, las relaciones con Occidente y los contornos/reglas de un sistema internacional deseado de forma más completa, históricamente informada y coherente que ningún otro líder nacional que yo conozca. Las declaraciones a gritos de «somos el número 1 y siempre lo seremos, más vale que te lo creas» (Obama) no son su estilo.
La cuestión es que a uno pueden inquietarle sus conclusiones, cuestionar su sinceridad, sospechar de líneas de pensamiento ocultas o denunciar determinadas acciones. Sin embargo, hacerlo carece de credibilidad a menos que uno se haya comprometido con el hombre basándose en lo que hay disponible, no en caricaturas de dibujos animados. También deberíamos reconocer que Rusia no es un espectáculo de un solo hombre, que nos corresponde considerar la realidad más compleja de la gobernanza y la política rusas.
El Presidente Xi de China se ha librado del vilipendio personal lanzado contra Putin, hasta ahora. Pero Washington no ha hecho mayores esfuerzos para involucrarlo en el tipo de discurso sobre la forma futura de las relaciones sino-estadounidenses y el sistema mundial del que están destinados a ser custodios primarios conjuntos.
Xi es más esquivo que Putin. Es mucho menos franco, más reservado y encarna una cultura política muy diferente a la de Estados Unidos o Europa. Sin embargo, no es un ideólogo dogmático ni un imperialista obsesionado con el poder. Las diferencias culturales pueden convertirse con demasiada facilidad en una excusa para evitar el estudio, la reflexión y el ejercicio de imaginación estratégica necesarios.
Dar forma a la estructura mundial
El enfoque esbozado anteriormente merece el esfuerzo -y los bajos costes- que conlleva. Porque lo más importante son los acuerdos entre los tres líderes (y sus colegas de alto nivel).
Es decir, cómo ven la forma y la estructura de los asuntos mundiales, dónde chocan o convergen sus intereses, y cómo afrontar el doble reto de 1) manejar los puntos de fricción que puedan surgir, y 2) trabajar juntos para realizar funciones de «mantenimiento del sistema» tanto en el ámbito económico como en el de la seguridad.
Por el momento, no hay ninguna posibilidad de que los líderes estadounidenses puedan reunir las agallas, o tengan la visión, para emprender este camino. Ni Biden y su equipo, ni sus rivales republicanos están a la altura.
En realidad, los dirigentes estadounidenses no son capaces, ni psicológica ni intelectualmente, de plantearse seriamente las condiciones para compartir el poder con China, con Rusia o con cualquier otro país, ni de desarrollar mecanismos para hacerlo en distintos plazos.
Washington está demasiado preocupado por analizar el equilibrio naval en Asia Oriental como para reflexionar sobre estrategias generales. Sus dirigentes se muestran demasiado complacientes con los profundos fallos de nuestras estructuras económicas y despilfarran demasiados billones en empresas quiméricas destinadas a exorcizar a un enemigo mítico como para posicionarnos para una empresa diplomática del tipo que nunca antes había afrontado una Norteamérica egocéntrica.
Un impulso para revalidar su presunta virtud y singularidad impulsa ahora lo que Estados Unidos hace en el mundo. De ahí la calculada insistencia en eslóganes como «democracia frente a autocracia». Esa es una metáfora perfecta de la incómoda posición en la que se encuentra el Tío Sam en estos días, pronunciando con orgullo su grandeza duradera desde todos los atriles y altares del país, prometiendo mantener su posición de número uno mundial por los siglos de los siglos.
Pero Estados Unidos también se da constantemente de bruces con una realidad poco complaciente. En lugar de reducir el tamaño de su monumental mamotreto o dedicarse a elevar el arco con delicadeza, intenta repetidamente abrirse paso en un vano esfuerzo por doblegar el mundo para adaptarlo a su mitología. Se impone invocar el Protocolo de Conmoción Cerebral, pero nadie quiere admitir esa aleccionadora verdad.
Esto se acerca a una condición que se aproxima a lo que los psicólogos llaman «disociación». Se caracteriza por la incapacidad de ver y aceptar las realidades tal y como son por razones emocionales profundamente arraigadas.
La tensión que se genera en una nación así constituida al enfrentarse a la realidad objetiva no fuerza una mayor conciencia de sí misma ni un cambio de comportamiento si la característica dominante de esa realidad son las actitudes y opiniones expresadas por otros que comparten los delirios subyacentes.
Michael Brenner es profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Pittsburgh. mbren@pitt.edu
5. Cuarta y quinta parte del escrito de Sapir sobre cómo acabar la guerra de Ucrania
Se me pasó la cuarta parte y ya ha aparecido la quinta, así que os las paso juntas. Su propuesta final es la «finlandización» de Ucrania.
Cuarta parte: https://frontpopulaire.fr/
¿Cómo poner fin a la guerra en Ucrania? – Parte 4: El contexto internacional
Jacques SAPIR 17/10/2023
Debemos analizar el contexto internacional del conflicto y su evolución.
Las transformaciones que han afectado al equilibrio geoestratégico de poder, pero también al equilibrio económico de poder y a las normas y prácticas del comercio internacional que se estaban estableciendo antes de la guerra, son un elemento importante. Demuestra que el mundo había cambiado y que las autoridades rusas eran conscientes de ello. El éxito de la cumbre de los BRICS en el verano de 2023 lo confirma. El orden mundial surgido al final de la Guerra Fría en 1991, marcado por el dominio indiscutible de la hiperpotencia estadounidense (26), se ha ido fragmentando progresivamente.
Conviene recordar que el orden mundial nunca ha reflejado únicamente las diferencias de riqueza entre las naciones, sino también su poder geoestratégico implícito o explícito. A principios de la década de 1990, con la desaparición de la Unión Soviética, Estados Unidos emergió como la potencia hegemónica con una forma de imperio global (27). A principios de la última década del siglo XX, Estados Unidos disfrutaba de una supremacía total, militar, económica, política y cultural. La potencia estadounidense era esa «potencia dominante», capaz de influir en todos los actores sin tener que utilizar directamente su fuerza tras la demostración que acababa de hacer, y sobre todo de establecer su hegemonía sobre la escena política internacional, en particular imponiendo sus representaciones explícitas e implícitas y su discurso (28). Sin embargo, esta hegemonía, que también se refleja en la adopción generalizada de las reglas del libre comercio con la transición del GATT a la OMC en 1994 (29), se ha ido erosionando poco a poco debido a las crisis financieras que Estados Unidos ha sido incapaz de controlar, a los fracasos militares (en Irak y Afganistán) y a la rápida aparición de nuevas potencias (China, India, Brasil, y ahora también Indonesia y Turquía) o de viejas potencias que han sabido reinventarse (Rusia) (30). De hecho, si comparamos los países que hoy forman los BRICS con el grupo G-7, vemos que su participación en el PIB mundial (calculado en Paridad de Poder Adquisitivo) era del 16% y del 46% respectivamente en 1992.
En 2008, cuando estalló la crisis financiera que ha pasado a la historia como la «crisis de las subprime», esta cuota había aumentado al 36% para el G-7 y al 24% para los BRICS. Para cuando se produzca la pandemia de COVID-19 en 2020, el G-7 y los BRICS estarán en pie de igualdad con un 31%. Si observamos ahora las cuotas respectivas del G-7 y los «aliados» y de los BRICS y los países identificados que han solicitado oficialmente su adhesión a los BRICS en 2023 (31), el cambio es aún más sorprendente. En 1992, los BRICS representaban el 58% y el 25% del PIB mundial; en 2020, su cuota habrá descendido al 41% y al 39%. La transformación del equilibrio de poder económico en los últimos treinta años es tan evidente como masiva. En realidad, marca el fin de un orden económico centrado en los países occidentales.
Los cambios que hemos descrito deben entenderse como una desoccidentalización de este orden económico (32). Es este proceso el que se ha visto fundamentalmente acelerado por la guerra de Ucrania y el que, tal y como lo ve John Mearsheimer, constituye el desafío existencial para Occidente. Esta desglobalización no se limita al simple poder de las economías. Implica un desafío al multilateralismo. En efecto, la crisis del sistema comercial multilateral es profunda y refleja un cuestionamiento del orden económico internacional (33). Parece que la OMC es incapaz de adaptarse al nuevo contexto en el que se desarrollan las políticas económicas, a pesar de que ha sido «llamada a reinventarse» (34). Es aquí, de hecho, donde podemos medir los límites del intento de imponer una forma de orden mundial a través de reglas que, en algún momento, dejan de ser aceptables para grupos de países (35). Al mismo tiempo, la participación de los países BRICS en el comercio internacional ha seguido aumentando. Pero también hay que señalar que los países BRICS siguen estando muy poco representados en las organizaciones internacionales, ya sea en relación con su cuota del PIB mundial o con su cuota del comercio mundial, un hecho que no puede sino debilitar la legitimidad del (viejo) orden mundial…
Por último, el orden internacional también se ha desintegrado en el ámbito monetario. Desde el fin de los Acuerdos de Bretton Woods en 1973, se ha basado en un sistema que puede calificarse de patrón dólar (36), sistema que rápidamente suscitó numerosas críticas (37). Este sistema siempre ha sido disfuncional (38), pero esto se puso de manifiesto a principios de la década de 2000 (39). La creación del euro en 1999 no cambió esta situación (40).
Si tanto el dólar como el euro caían, era debido al aumento de las «otras monedas» utilizadas como reservas por los Bancos Centrales. Por lo tanto, ya en 2010 estaba claro que existía una tendencia a la fragmentación del sistema monetario internacional, una tendencia impulsada en parte por preocupaciones geopolíticas de seguridad (41). Pero esta tendencia tardó en manifestarse. Por razones institucionales, como su uso masivo como unidad de cuenta en muchos mercados de materias primas, pero también por razones de conveniencia práctica (42), el dólar seguía siendo la moneda dominante en el sistema monetario internacional en vísperas de la pandemia (43).
Las sanciones impuestas a Rusia desde finales de febrero de 2022 desencadenaron nuevos choques. Tenían un componente monetario y financiero (prohibición de suministrar divisas occidentales al Banco Central de Rusia, exclusión de ciertos bancos rusos del sistema SWIFT (44)), y un componente comercial parecido a un embargo (45).
Además de reducir drásticamente el comercio entre los países de la Unión Europea y Rusia, estas sanciones han segmentado el comercio mundial entre los países que aplican las sanciones, como Estados Unidos, Canadá, los países de la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, Singapur, Australia y Nueva Zelanda, y los países que se niegan a aplicarlas, como China, India, Indonesia, Malasia, los países de Oriente Medio (incluida Turquía, a pesar de su pertenencia a la OTAN), los países de África y la mayoría de los países de América Latina. Mientras que hablar del «aislamiento» de Rusia parece una fantasía occidental (46), la segmentación del comercio mundial es una realidad. Además, incluso antes de que se impusieran las sanciones, Rusia parecía haber tomado precauciones ante la amenaza de nuevas sanciones (47).
Las sanciones han tenido un impacto significativo en el crecimiento mundial. Además de acelerar la inflación, provocada inicialmente por la crisis COVID-19, han ampliado la brecha entre los países emergentes y en desarrollo, en particular los asiáticos, y los países desarrollados. Los países de la Unión Europea están claramente rezagados (48). No sólo sufrieron un mayor impacto tras la pandemia del COVID-19, a pesar de las considerables ayudas públicas (49), sino que su recuperación económica fue más lenta. Las convulsiones geopolíticas que han afectado al mundo desde febrero de 2022 a raíz de la guerra de Ucrania se han traducido en un menor crecimiento, lo que resulta especialmente evidente en las previsiones para 2023 y 2024. Esto también se refleja en una aceleración de la evolución de las divisas. El dólar estadounidense parece acelerar su declive como porcentaje de las reservas de los bancos centrales. De hecho, la tendencia a la desdolarización del comercio internacional (50) y, en particular, el plan de los BRICS de crear una moneda común (51), parecen haber sido impulsados por la instrumentalización política del dólar estadounidense (52) y por la congelación de los activos del Banco Central ruso, aunque -sobre este último punto- existe una gran incertidumbre en la Unión Europea…
Desde este punto de vista, la aplicación de sanciones ha tenido efectos deletéreos al menos tan grandes sobre las economías que decidieron estas sanciones (y en particular las de la Unión Europea) como sobre el país objetivo, Rusia (53). La crisis del orden mundial que se remonta a 1992 se ha hecho evidente con la crisis provocada por la COVID-19 y las convulsiones geoestratégicas iniciadas con el conflicto de Ucrania a finales de febrero de 2022 (54). En 2022, Joseph Stiglitz señaló los fenómenos de «re-shoring» y «friendly-shoring», fenómenos que reflejan un proceso de fragmentación y desglobalización, mostrando cómo pueden aparecer como respuesta a los errores de la globalización (55). En su discurso de octubre de 2022 en la Universidad de Georgetown (Washington DC), la Presidenta del FMI, Kristalina Georgieva, tomó nota de estas transformaciones (56). El paradigma del libre comercio se ha hecho añicos (57). El retorno del proteccionismo, que empezó a manifestarse abiertamente con la crisis de 2008-2010 (58), tiende a acelerarse como consecuencia de las sanciones y las contrasanciones.
En la actualidad existe un claro riesgo de segmentación del mundo en lo que podría denominarse un «Occidente colectivo» y un «Sur colectivo» (59). Este último tiende a estructurarse en torno a los BRICS, medido en términos de solicitudes de adhesión, pero también -y esto se nota menos- en torno a la OCS (60). Aunque esta oposición sea inevitable debido al comportamiento de países como Estados Unidos y Gran Bretaña, cuya ex Primera Ministra Liz Truss ha pedido que el G-7 se convierta en una OTAN económica (61), lo que sólo puede verse como un intento desesperado de las antiguas potencias dominantes de garantizar la supervivencia de su dominación.
Notas
26 Esta descripción de los EEUU como un “Hiper Poder” procede del antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de Francia (1997-2002) Mr. Hubert Védrine. Védrine H., Les Cartes de la France à l’heure de la mondialisation, Paris, Fayard, 2000
27 Poirier L., « La guerre du Golfe dans la généalogie de la stratégie », Stratégique, n° 51/52, 3e et 4e trimestres 1991.
28 Dahl R.A., « The concept of power », in Behavioral Science, vol. 2, n° 3, 1957, p. 201-215.
29 https://www.wto.org/french/
30 Primakov E., Mir posle 11 Sentjabrja, Moscow, Mysl’, 2002
31 https://www.agenceecofin.com/
32 Barma N., Chiozza G., Ratner E. et Weber S. (2009), “A World Without the West? Empirical Patterns and Theoretical Implications”, in Chinese Journal of International Politics, n° 2, Vol.4, 2009, pp. 525-544
33 Bown C, « The 2018 Trade War and the End of Dispute Settlement as we Knew it », in VOXeu.org column n°13, June 2019
34 Basedow R., « Strengthening the World Trade Organization – Critical Demands for Imperative Success Identifying Politically Viable Options for Incremental Reform », 27 April 2017, www.bertelsmann-,
35 Fabry E. & E. Tate, « Sauver l’organe d’appel de l’OMC ou revenir au Far West commercial ? », in Institut Jacques Delors, Policy Paper n° 225, 29 mai 2018, pp. 1-21 ; see also, Dunoff J.L. & Pollack M.A., « The Judicial Trilemma », in American Journal of International Law, Vol. 111, pp. 226/276.
36 Goldberg, L., “The International Role of the Dollar: Does It Matter if This Changes?”, Staff Report, No. 522, New York: Federal Reserve Bank of New York, 2011.
37 Ghymers C., « Réagir à l’emprise du dollar », in Aglietta M. (ed.), L’ECU et la vieille dame, Paris, Economica, 1986, pp. 23-47.
38 Aglietta M., La Fin des Devises Clés, Paris, La Découverte, coll. Agalma, 1986.
39 Carney, M. “The Growing Challenges for Monetary Policy in the Current International Monetary and Financial System” Speech at the Jackson Hole Symposium 2019, August 23 2019. www.bis.org/review/
40 To the difference of what have expressed Portes, R., and Rey, H., “The Emergence of the Euro as an International Currency”, in Begg, D., von Hagen, J., Wyplosz, C., and Zimmermann, K. F. (eds.), EMU: Prospects and Challenges for the Euro, Oxford: Blackwell, 1998, pp. 307–304.
41 McDowell, D., “Financial Sanctions and Political Risk in the International Currency System” in Review of International Political Economy, vol. 28, no. 3, 2020, pp. 635–661.
42 Gopinath, G., and Stein, J. C., “Banking, Trade, and the Making of a Dominant Currency” in The Quarterly Journal of Economics, vol. 136, no. 2, 2021, pp. 783–830.
43 Helleiner, E., and Kirshner, J. The Future of the Dollar, Ithaca: Cornell University Press, 2009.
44 https://finance.ec.europa.eu/
45 Para los países de la UE https://www.consilium.europa.; for the USA https://home.treasury.gov/ & https://home.treasury.gov/ and https://www.whitehouse.gov/
46 MondAfrique, “L’isolement de la Russie, un fantasme de l’Occident », August 27, 2022, https://mondafrique.com/
47 Kantchev, G., “Russia’s Wealth Fund to Ditch Dollar Amid US Sanctions Threat”, in Wall Street Journal June 3, 2021. www.wsj.com/articles/
48 Sapir J., “Is eurozone accumulating an historic lag toward Asia in the Covid-19 context?” in Economic Revival of Russia No.1 (67)/2021, pp. 89-102.
49 Sapir J., « The Economic Shock of the Health Crisis in 2020: Comparing the Scale of Governments Support » in Studies on Russian Economic Development, Vol. 32, No. 6, 2021, pp. 579–592.
50 See, Luft, G., “The Anti-dollar Awakening could be Ruder and Sooner than most Economists Predict”, August 27, 2018, https://www.cnbc.com/2018/08/ ;
Ladasic, I. K. “De-dollarization Of Oil And Gas Trade” in 17th International Multidisciplinary Scientific GeoConference SGEM 2017, no.15, pp. 99–106:
51 GT Staff reporters, ”BRICS currency ‘plausible alternative’ to dollar hegemony” in Global Times, May 14, 2023, https://www.globaltimes.cn/ ; Liu Z.. & Papa M., “Can BRICS De-dollarize the Global Financial System” in Elements in the Economics of Emerging Markets, Cambridge University Press, January 2022, https://www.cambridge.org/
52 Ping L., “The trend toward de-dollarization become clearer as dollar weaponization damages its credibility” in Global Times, April 28, 2023, https://www.globaltimes.cn/
53 Sapir J., “Wendet sich der Wirtschaftskrieg gegen Russland gegen seine Initiatoren?” in Stefan Luft, Sandra Kostner (Editors): Ukrainekrieg. Warum Europa eine neue Entspannungspolitik braucht, Frankfurt am Main, 2023, Westend-Verlag
54 James H., Deglobalization as a Global Challenge, Princeton U., Center for International Governance Innovation, CIGI Papers No. 135, Princeton, NJ, Juin 2017.
55 Stiglitz J.E., « Getting deglobalisation right” in Social Europe, June 7, 2022, https://www.socialeurope.eu/
56 https://www.imf.org/en/News/
57 Sapir J., Le Protectionnisme, Paris, PUF, coll. Que-Sais-Je, 2022.
58 Booth P., “Is Protectionisme making a comeback”, November 18, 2019, https://iea.org.uk/is- & https://iea.org.uk/is- ; Khandelwal A., Goldberg P., Kennedy P., Fajgelbaum P., “The return to protectionism”, in CEPR – VoxEU, November 7, 2019, https://cepr.org/voxeu/
59 Algo ya descrito en Sapir J., La Démondialisation, new edition, op.cit..
60 Deng H., « 20 Years of SCO, Development, Experience and Future Directions”, in Contemporary International Relations, Volume 31, Number 4; July/August 2021. See also, https://news.cgtn.com/news/ and Nadin R., Nijhar I. & Mami E., “Shanghai Cooperation Organization Summit 2022: key takeaways”, September 23, 2022, https://odi.org/en/insights/
61 Stokes B., « The World needs an Economic NATO” in Foreign Policy, May 17, 2022, https://foreignpolicy.com/
Quinta parte: https://frontpopulaire.fr/
¿Cómo salir de la guerra en Ucrania? – Parte 5: salir de la guerra
Jacques SAPIR 19/10/2023
Las voces que piden un alto el fuego, cuando no la paz, empiezan a oírse en la prensa occidental. Ante la magnitud del desastre humano y material, es imperativo que estas voces cobren fuerza. Se habla de transformar la guerra «activa» en un conflicto «congelado». La referencia que se suele hacer es a la guerra de Corea donde, casi 70 años después del final de los combates, todavía no existe un «tratado de paz».
La magnitud de las pérdidas humanas hace que la idea de negociaciones, por limitadas que sean, para lograr un alto el fuego sea una necesidad urgente. Pero existe una oposición igualmente evidente: en Ucrania, donde la idea de poner fin a la guerra cuando el país ha perdido el 20% de su territorio parece impensable. También en Rusia, porque un alto el fuego bien podría resultar no ser más que una tregua que Ucrania podría utilizar para rearmarse antes de volver al combate. Así pues, aunque la idea de la paz es más necesaria que nunca, siguen existiendo muchos obstáculos para la solución de este trágico conflicto.
Un precedente histórico poco conocido debería inspirar a quienes buscan soluciones realistas a este trágico conflicto: el de la «Guerra de Invierno» entre Finlandia y la URSS (1939-1940) y la «Guerra de Continuación» (1941-1944). Tanto en 1940 como en 1944, Finlandia tuvo que sentarse a la mesa de negociaciones. Tuvo que aceptar pérdidas territoriales más o menos del mismo orden que las de Ucrania en la actualidad. Sin embargo, gracias a varios tratados (el Tratado de París de 10 de febrero de 1947 y el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua con la URSS de 6 de abril de 1948), Finlandia conservó su soberanía política, pudo garantizar su desarrollo económico y normalizó sus relaciones políticas y estratégicas con la URSS hasta 1991. Esto se debió en gran parte a un político finlandés, Juho Kusti Paaskivi, que demostró el pragmatismo necesario para poner fin a una política de confrontación que había desangrado a la nación finlandesa. Las dos guerras habían costado a Finlandia 86.000 muertos y 57.000 mutilados de una población de 3,7 millones (en 1940), y amenazaban la existencia misma de la nación. Paaskivi estaba lejos de ser comunista. Pero durante sus varios mandatos como Presidente (de 1946 a 1956), defendió una política de necesaria acomodación con la URSS, política que fue ampliamente aprobada por la población finlandesa en la década de 1950. La política de Paaskivi fue continuada por su sucesor, Urho Kekkonen.
Esto demuestra lo parecida que era la situación de Finlandia en los años 40 a la de Ucrania. Hoy, la población de Ucrania no llega a los 30 millones, frente a los más de cincuenta millones de 1991 y algo menos de cuarenta millones en 2021, si excluimos la población de Crimea y las dos repúblicas separatistas. La pérdida de vidas como consecuencia del conflicto, aunque menor en términos porcentuales que en Finlandia, es muy elevada. Consideraciones humanitarias aparte, la propia supervivencia de Ucrania exige un compromiso.
¿Qué significaría esto para Ucrania?
El país conservaría su soberanía, al igual que Finlandia, con elecciones libres, como indiqué en mi artículo en Marianne el 28 de febrero de 2022. Pero el país tendría que aceptar
1. La pérdida de los territorios actualmente ocupados por Rusia.
2. Su «neutralización», es decir, su renuncia a cualquier entrada en la OTAN (que, por cierto, para Estados Unidos no está en el orden del día) y, sin duda, su renuncia a entrar en la UE (pero no a mantener buenas relaciones económicas con la UE como con Rusia). Los oleoductos y gasoductos que atraviesan Ucrania volverían a entrar en servicio. Se confirmaría en la Constitución el uso del ruso en pie de igualdad con el ucraniano (siguiendo el modelo suizo);
3. Una forma limitada de «desmilitarización». Esta podría adoptar la forma de una limitación del número de sistemas de armamento pesado (lanzacohetes múltiples, artillería, tanques, aviones de combate y drones), y de un límite de despliegue que excluya la presencia de estos sistemas en la orilla izquierda del Dnepr. La contrapartida a esta desmilitarización podría ser un tratado de defensa mutua firmado entre Ucrania, Alemania, Francia y Polonia, en el que estos tres países se comprometan a intervenir militarmente en caso de agresión no provocada por parte de Rusia.
Estas «cláusulas» no incluyen la «desnazificación» exigida por Rusia. Pero esta «desnazificación» nunca se especificó. Es comprensible que un gobierno democrático ucraniano se abstenga de celebrar a genocidas probados como Stepan Bandera (cuyo nombre ha dado el gobierno ucraniano a la avenida que lleva al lugar de la masacre de Babi-Yar en Ky’iv), Roman Shukhevych y sus acólitos, y de conmemorar a la división «Galicia» de las SS, que cometió crímenes atroces y cuyo superviviente fue celebrado recientemente en Canadá. Esta sería también una de las condiciones para unas buenas relaciones a largo plazo entre Ucrania y Polonia.
Es comprensible que estas cláusulas sean difíciles de aceptar para la facción nacionalista-identitaria del actual gobierno ucraniano. Pero, ¿qué otra solución hay? ¿La continuación interminable de la guerra, con un número de muertos cada vez mayor? Esta solución parece cada día menos probable, ahora que las reservas de la OTAN se han agotado con las entregas de 2022 y 2023, y la «fatiga» de la ayuda se deja sentir en los países donantes. ¿Podría convertirse Ucrania en un campo de batalla entre los ejércitos de la OTAN y Rusia, con las consecuencias apocalípticas que tememos? Esto también es impensable. Como ocurrió con Finlandia en 1940 y 1944, Ucrania tiene pocas opciones. Pero escribir esto no dice nada sobre la disposición del gobierno ruso a aceptar tal solución.
Aunque la intención de Rusia de invadir totalmente el territorio ucraniano puede descartarse desde el principio del conflicto -un territorio del tamaño y la población de Ucrania no puede ser controlado por 150.000 a 200.000 soldados, el número realmente desplegado por Rusia-, los objetivos de la «Operación Militar Especial» siguen siendo algo ambiguos. Mientras que los objetivos de «neutralización» y «desarme» estaban relativamente claros, la meta de «desnazificación» no lo estaba. ¿Puede Rusia, que está viendo que el tiempo corre a su favor, querer más de lo que ya ha conseguido? Un objetivo potencial podría ser cruzar el Dnepr y conquistar el resto de la costa hasta Odessa, lo que haría en gran medida inviable el resto de Ucrania. A esto se añade el hecho de que las autoridades rusas pueden temer un fortalecimiento sustancial de la OTAN que podría, dentro de varios años, poner en peligro la seguridad de Rusia, dado el ambiente de histeria antirrusa que reina actualmente en Europa.
Por ello, las negociaciones deberían constar de varias negociaciones paralelas. Además de las negociaciones con Ucrania para estabilizar el fin de los combates, debería haber negociaciones militares entre Rusia y la OTAN. Esto debería conducir a un nuevo tratado de seguridad en Europa, con limitaciones en el emplazamiento de armas por ambas partes. Deberían celebrarse negociaciones políticas entre Rusia y la UE o países clave de la UE (Alemania, Francia, Italia, Polonia) para redefinir unas relaciones aceptables entre estos países, de conformidad con el derecho internacional. Esto implicaría el abandono de determinadas sanciones (en particular, la congelación de los activos del Banco Central ruso) y la reanudación de las relaciones económicas, culturales y sociales sobre una base menos amplia que antes de febrero de 2022.
La crisis internacional provocada por la guerra en Ucrania es una crisis mayor. Es quizás LA mayor crisis desde el final de la Guerra Fría. No puede resolverse con un simple alto el fuego y una «guerra congelada». Implicará sin duda un complejo conjunto de negociaciones para restablecer la estabilidad y la seguridad en Europa. Cuanto antes se den cuenta de ello las élites dirigentes europeas, mejor.
Notas
62 https://www.politico.com/news/
63 Solsten E. et S. W. Meditz, editors. Finland: A Country Study. Washington: US-GPO for the Library of Congress, 1988.
64 Allison R., Finland’s Relations with the Soviet Union,1944-84, New York: St. Martin’s Press, 1985
65 Brodin, K., «Urho Kekkonen’s Foreign Policy Doctrine: Continuity and Innovation.» Pages 13-23 in Keijo Korhonen (ed.), Urho Kekkonen: A Statesman for Peace, London: William Heinemann, 1975.
67 Según lo aceptado por Finlandia en el Tratado de 1947.
68 Ver https://www.theguardian.com/
69 Ver https://edition.cnn.com/2023/
5. Entrevista a Jordi Pigem
Entrevista al filósofo Jordi Pigem tras su intervención en en la X edición del Ecobooklab, donde habló sobre «Ecoedición y filosofía».
https://www.jornal.cat/
«El tecnocapitalisme implica la destrucció dels vincles comunitaris”
Jordi Pigem Filòsof de la ciència i escriptor
Divendres, 20 d’octubre de 2023 | 10:00 h
6. La situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina
El resumen de Rybar del día 20.
https://rybar.ru/obstanovka-v-
La situación en la zona de conflicto israelo-palestina para el 20 de octubre de 2023
20 de octubre de 2023 Rybar
Continúan los enfrentamientos a gran escala en la frontera entre Israel y el Líbano, y los combatientes de Hezbolá han bombardeado hoy al menos ocho veces posiciones de las IDF con misiles ATGM y fuego de armas ligeras. Los combates más encarnizados tuvieron lugar cerca de la base de Biranit, donde el grupo chií consiguió matar a varios soldados israelíes y herir a unos cinco. Además, un militante palestino armado se infiltró en territorio israelí cerca del kibutz Margaliot y fue eliminado posteriormente.
La aviación israelí siguió lanzando ataques masivos contra la Franja de Gaza, siendo uno de los objetivos un edificio cercano a la iglesia de San Porfirio. Al menos 15 personas murieron en el ataque, mientras que el propio edificio religioso apenas sufrió daños. Las IDF también estuvieron a punto de arrasar un barrio entero en la zona de Madinat al-Zahra, en el centro del enclave.
Hacia la noche, militantes de Hamás, con la mediación de Qatar, liberaron a dos mujeres israelíes con ciudadanía estadounidense. Fueron liberadas en el paso fronterizo de Rafah antes de ser entregadas a las tropas de las FDI. Mientras tanto, el paso sigue cerrado y los habitantes de Gaza siguen sin poder acceder a suministros médicos y ayuda humanitaria. Sin embargo, hay rumores en Internet de que el paso se abrirá pronto y los camiones de ayuda podrán entrar en el enclave, al menos eso es lo que dice el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden.
Mapa de alta resolución en inglés https://rybar.ru/piwigo/
El curso de las hostilidades
Dirección norte
Se dispararon cohetes desde la Franja de Gaza en dirección a Tel Aviv. Además, Sderot fue bombardeada de nuevo. Hacia el atardecer, Hamás atacó Zikim, Sderot, Ashkelon y Ashdod, la mayoría de los cuales fueron interceptados por las defensas aéreas israelíes.
Las imágenes por satélite mostraron una acumulación de tropas israelíes al norte de la Franja de Gaza: las imágenes mostraban el despliegue de un número considerable de vehículos blindados de las IDF en dos zonas. Las columnas de tanques están alineadas en hileras y podrían (o ya han) sido blanco de las formaciones palestinas. Sin embargo, hasta la fecha no se han recibido imágenes de vehículos blindados alcanzados por ataques con cohetes de Hamás desde esta dirección.
Este y sur
Anoche, unos desconocidos a bordo de tres quads entraron en un campo de tiro de la base militar israelí de Tzelim, cerca de Beer Sheva. Los conductores no respondieron a la petición de que se detuvieran, por lo que abrieron fuego, mataron a una persona y huyeron. También se informó de que la Guardia de Fronteras israelí detuvo a cuatro trabajadores de la Franja de Gaza que se ocultaban en un piso secreto de Beer Sheva.
Además, Hamás informó de ataques contra concentraciones descubiertas de fuerzas de las FDI en las zonas del kibutz Kfar Aza y Mefalsim.
Franja de Gaza
Las fuerzas israelíes siguen golpeando la Franja de Gaza, publicándose en la Red la destrucción de edificios residenciales en Madinat al-Zahra y de una mezquita en Yabaliya. Además, anoche los medios palestinos informaron del ataque israelí contra la iglesia ortodoxa de San Porfirio en Gaza, que incluyó la destrucción completa de la iglesia y la muerte de 18 personas, y proporcionaron rápidamente fotos de la grave destrucción.
Esta mañana, sin embargo, ha aparecido un nuevo vídeo de la llegada. Al analizar en detalle la filmación, se observa que la bomba derribó otro edificio cercano. Y la propia iglesia se encuentra justo al norte: afortunadamente, no sufrió daños visibles. Al mismo tiempo, la forma en que los medios de comunicación reaccionaron a la noticia es muy reveladora: mientras que los medios occidentales pregonaron el incidente en el hospital Al-Ahli, y los israelíes negaron con no menos vehemencia su implicación en la tragedia, todos ellos prácticamente ignoraron la posible destrucción de la antigua iglesia ortodoxa.
Además, las IDF informaron de la eliminación de Mamoud Shaalawiya, miembro de las fuerzas especiales navales de Hamás, que trabajaba para lanzar ataques contra posiciones israelíes desde el mar.
En el sur del enclave persiste una situación difícil. El paso fronterizo de Rafah, por el que esperan pasar los camiones que transportan la ayuda humanitaria recogida, permanece cerrado. A lo largo del día, equipos de construcción trabajaron en el lugar, retirando escombros y enterrando cráteres. A última hora de la tarde, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores egipcio, Ahmed Abu Zeidah, declaró que el paso estaba abierto en el lado egipcio y que El Cairo no era responsable de impedir que ciudadanos extranjeros salieran de la Franja de Gaza a través de él. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, que llegó a la frontera de Egipto con el enclave para supuestamente supervisar personalmente el paso de los primeros camiones por el cruce terrestre, también visitó el lugar. También hay controversia sobre el tamaño del convoy, ya que circulan informes en los medios de comunicación según los cuales Israel insiste en permitir la entrada de sólo 20 camiones en el enclave, mientras que Hamás afirma que se debería permitir la entrada de todos.
La frontera con Líbano
La situación sigue siendo tensa a lo largo de toda la frontera israelo-palestina. El pasado día, combatientes de Hezbolá atacaron Metula, así como la zona de las granjas de Shebba, donde los radares israelíes fueron alcanzados al principio del conflicto. Más tarde, se dispararon misiles ATGM contra Netua y Biranit (en este último caso murieron varios soldados de las IDF y al menos otros seis resultaron heridos), así como contra Yifta, Har Dov y posiciones israelíes cerca del monte Ramim. Se produjeron enfrentamientos esporádicos en los barrios de Zarit, Dovev y Menar. A su vez, las IDF devolvieron el fuego al sur de Líbano, con explosiones en Al Dahir, Tayr Harf, Yarin y Kfar Shuba, entre otros.
Debido a los constantes bombardeos, las autoridades israelíes decidieron empezar a evacuar a los residentes de Kiryat Shmonah, un asentamiento en el norte del país. Esta noche, un combatiente de Hezbolá se infiltró en territorio israelí al noreste de Kiryat Shmonah y abrió fuego contra el asentamiento de Margaliot. Murió poco después. El Gobierno israelí debate ahora la posibilidad de evacuar a todos los residentes del norte del país en un radio de hasta 2,5 kilómetros.
Cisjordania
Continúan los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad israelíes y la población árabe en la región. Los enfrentamientos con palestinos en Tulkarm se prolongan ya por segundo día, con al menos 12 muertos sólo por la mañana. Mientras tanto, los palestinos han organizado varios atentados terroristas en la ciudad, detonando artefactos explosivos. Además, atacaron un vehículo de las unidades de las FDI desplegadas en el campo de Nur Shams, dentro de la ciudad. Los palestinos también se enfrentaron a las fuerzas israelíes en los barrios de Nablús, Ramala, Hebrón, Qalqilya y el norte de Jerusalén.
Trasfondo político y diplomático
Sobre los intentos de ataque de los Houthi contra Israel
Ayer la CNN escribió que el destructor estadounidense USS Carney fue atacado desde Yemen. Al menos dos misiles, probablemente disparados por el movimiento Houthi Ansar Allah, fueron derribados por las defensas aéreas de a bordo. «El Karni acababa de realizar la travesía del Canal de Suez desde el Mar Mediterráneo. Dado esto, el ataque al destructor con un alto grado de probabilidad se produjo en aguas del Mar Rojo.
Más tarde se popularizó la versión de que los objetivos interceptados por el destructor «Karni» podrían haber sido disparados desde Yemen en dirección a Israel. Hace unos días, canales afiliados a Ansar Allah difundieron activamente fotos de armas disponibles con amenazas a Israel. Dada la presencia de misiles de crucero de largo alcance y drones kamikazes en manos de los Houthis, esta opción no debe descartarse, aunque plantea algunas dudas.
Al mismo tiempo, hoy se ha sabido que el sistema de defensa antiaérea de Arabia Saudí interceptó otro misil lanzado por el movimiento Houthi Ansar Allah en dirección a Israel.
Sobre la liberación de dos presas de Hamás
Un portavoz del ala militante de Hamás, Abu Ubeida, anunció la liberación voluntaria de dos rehenes, una mujer estadounidense y su hija. Es probablemente la primera vez desde que comenzó la escalada que se libera a ciudadanos extranjeros. La razón oficial es una especie de gesto de buena voluntad y una refutación de las palabras de las autoridades estadounidenses sobre las maliciosas intenciones del grupo palestino.
Pero lo más probable es que la liberación de los extranjeros fuera una moneda de cambio para abrir el paso fronterizo de Rafah, en la frontera con Egipto, y lanzar cargamentos al enclave. Sin embargo, hasta ahora, la apertura real no se ha producido (los israelíes tradicionalmente no están de acuerdo).
Sobre la foto con miembros de las Fuerzas Especiales Delta
El servicio de prensa de la Casa Blanca publicó accidentalmente una foto con miembros de las Fuerzas Especiales Delta, que llegaron a Oriente Próximo para liberar a rehenes del cautiverio de Hamás. Fue retirada una hora después.
Sobre la ayuda financiera y los suministros a Israel
El medio de noticias Axios escribe que el Pentágono planea enviar decenas de miles de proyectiles de 155 mm a Israel, que originalmente estaban previstos para ser transferidos a las AFU. Las peticiones de las formaciones ucranianas ya han sido parcialmente suministradas desde los almacenes estadounidenses en Israel – a principios de 2023, alrededor de 150 mil municiones fueron transferidas desde allí. La suspensión de las entregas teóricamente intensificará la escasez de cartuchos en el frente.
A pesar de las afirmaciones de los funcionarios estadounidenses de poder apoyar tanto a Ucrania como a Israel al mismo tiempo, en realidad las cosas no serán tan fáciles. Incluso antes de la escalada en la Franja de Gaza, las AFU sentían cierta «hambruna de proyectiles», y ahora puede empeorar. Al mismo tiempo, el complejo militar-industrial de los países occidentales aún no es capaz de producir proyectiles en cantidades que garanticen plenamente un alto consumo continuado de munición. Y el despliegue de capacidades requiere tiempo, que no es tanto en el contexto de la fase activa de las hostilidades en la zona de conflicto palestino-israelí.
Por otra parte, el presidente estadounidense Joe Biden ha solicitado al Congreso una ayuda de 14.300 millones de dólares para Israel.
Sobre el incendio provocado en el edificio de la embajada israelí en Bahréin
Anoche, unos manifestantes prendieron fuego al edificio de la embajada israelí en Manama, capital de Bahréin. Según el diario Maariv, un grupo de manifestantes prendió fuego al edificio en Manama. Según el diario Maariv, un grupo de manifestantes contra las acciones de Israel en la Franja de Gaza se acercó al edificio de la misión diplomática con antorchas, que luego arrojaron en dirección a la embajada. El periódico señala que no había empleados en el edificio de la misión en el momento del incendio provocado. Sin embargo, las imágenes difundidas del incendio provocado resultaron ser falsas: ya en 2012, Wattan News publicó este vídeo relacionado con las protestas Occupy Bahrain.
Sobre el posible inicio de la operación terrestre de Israel
El embajador israelí en Rusia, Alexander Ben Zvi, afirmó que la decisión de lanzar una operación terrestre en la Franja de Gaza ya está tomada: «Yo diría que la decisión ya está tomada. Porque la decisión está relacionada con el cumplimiento de nuestras tareas, de las que ya hemos hablado. Se trata de la destrucción de todas las estructuras terroristas de Hamás y la liberación de los rehenes. Y por lo tanto, sin utilizar, incluyendo la operación terrestre, esto no se puede hacer. Así que podemos decir que la decisión está tomada». Sin embargo, el embajador no especificó posibles fechas para el inicio de la operación terrestre
Hablando sobre las perspectivas de una operación terrestre de las Fuerzas de Defensa de Israel en la Franja de Gaza, señalamos que esta opción será muy difícil de implementar, y no se debe contar con un camino fácil, a pesar de las superiores capacidades técnicas de Israel. Si hace apenas una semana en Tel Aviv se hablaba desde todos los frentes del inminente inicio de la fase terrestre, ahora los medios de comunicación se abstienen de hacer declaraciones altisonantes, prefiriendo una valoración más comedida del calendario de la operación y de sus perspectivas.
Sin embargo, el error cometido por las autoridades al principio se está haciendo sentir. La sociedad israelí espera del gobierno resultados significativos. El listón de las expectativas se ha puesto tan alto que cualquier desviación del plan (grandes pérdidas o prolongación del conflicto) puede suponer una broma muy cruel. Esto se ha visto facilitado por los anuncios regulares de los funcionarios israelíes sobre el fin inminente de Hamás y la toma completa de la Franja de Gaza. Esto es lo que se espera ahora de las IDF, y es prácticamente irrealista conseguirlo en poco tiempo sin malgastar importantes recursos.