Anécdota de un traductor

Del profesor emérito Miguel Candel.

Una anécdota que toca de refilón el asunto (y que figura en el libro de memorias escrito al alimón con Salvador). En mis tiempos de traductor en las Naciones Unidas, durante mi querido turno de noche, llegó una carta de la OLP (a cuyo representante en la Asamblea General conocí personalmente -de apellido Terzi, creo recordar- y que, por cierto, hablaba perfectamente español). La carta estaba redactada en inglés y el asunto era la denuncia de un ataque israelí (no recuerdo el objetivo, pero debía de ser algún enclave palestino costero) en el que, según la carta, había intervenido un «battleship» israelí, literalmente «buque de combate». En ese sentido literal debía sin duda de haberlo redactado el autor de la carta. Sólo que «battleship» en inglés no significa un barco de guerra cualquiera, sino específicamente un «acorazado». Yo, que en la época estaba bastante puesto en temas militares, sabía perfectamente que lo más gordo que poseía la marina israelí era algún que otro destructor, de modo que aquella denuncia se prestaba fácilmente a ser descalificada por cualquiera que tuviera la mínima información que tenía yo, cosa que obviamente perjudicaba a la causa palestina. Planteé el problema al responsable del turno, un argentino muy buena persona pero muy pacato y fiel al principio de que los traductores debían respetar escrupulosamente los textos originales. Intenté hacerle ver que allí había claramente un gazapo por desconocimiento de las sutilezas del vocabulario naviero inglés. Me respondió que, aunque se tratara de una exageración, había que dejarla tal cual, porque sabido era -me dijo- el gusto de los pueblos árabes por la hipérbole, y me puso como ejemplo otra denuncia similar en que el redactor decía que los aviones israelíes participantes en un bombardeo «cubrían el cielo» (como las flechas persas en la batalla de las Termópilas, vamos). Yo reargüí que, si bien se podía entender como exageración hablar de números muy altos, no era ése el caso tratándose de un solo objeto, cuya naturaleza no admitía grados cuantitativos. Finalmente llegué con él a un compromiso satisfactorio: traduje «battelship» por «navío de guerra», lo que cubría el expediente, pues «navío» es un término aplicable en la armada a todos los buques de destructor para arriba (no así, por ejemplo, a las fragatas y corbetas), con lo que, si Israel había utilizado, como era probable, un destructor, la versión española de la carta no decía ningún disparate.
Viene esto a cuento de la cifra de víctimas del bombardeo del hospital de Gaza. Cualitativamente es una salvajada, tanto si los muertos son 1.000 como si son 100 o 10.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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