“Una inteligencia de otro mundo” por Javier Sampedro

El País, 30/05/2026. “Si León XIV defiende una regulación civil y democrática de la IA, lo podría haber dicho más claro”.

Seguro que se acuerdan de Anthropic. Es la empresa de inteligencia artificial (IA) que creó el sistema Claude, y que era el principal suministrador de IA al Pentágono hasta que, en febrero pasado, se negó a que los militares usaran sus modelos para la vigilancia masiva de la población y para hacer armas enteramente autónomas, de esas que deciden por sí mismas a quién atacar y cuándo. El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, declaró a la empresa “un riesgo para la cadena de suministro” y cortó lazos con ella para establecerlos con OpenAI, la creadora de ChatGPT.

Lo que tal vez no sepan es que, al mes siguiente, Anthropic reunió a 15 pensadores cristianos y les enfrentó a una de las cuestiones más peliagudas de nuestro tiempo: ¿cómo podemos asegurarnos de que Claude se comporte bien? Desde luego, si Claude, ChatGPT, Gemini o cualquier otro modelo grande de lenguaje (large language model, LLM) se va a poner a pilotar cazabombarderos, a pegar pepinazos donde le dé la gana y a vigilarnos 24/7, más nos vale que primero aprenda a comportarse. Y el problema, naturalmente, es que a ver quién es el guapo que decide en qué consiste comportarse, qué es ser bueno o malo, cuál es la fuente de la moral y todas estas grandes preguntas con las que llevamos bregando 10.000 años. ¿O eran 100.000?

Según los teólogos que asistieron a esas reuniones, los directivos de Anthropic se han dado cuenta de que el poder de Claude ha empezado a desbordar su sabiduría empresarial y han percibido que necesitan ayuda externa. Ese reconocimiento les honra, sin duda. Lo que no veo tan claro es el tipo de ayuda externa que la empresa necesita en este caso. ¿Quince pensadores religiosos? Dios nos coja confesados. Imagina que a Claude le da por bombardear las clínicas abortistas o los laboratorios donde investigan con células madre embrionarias, o que somete a vigilancia masiva a las escuelas públicas donde se imparten clases de biología evolutiva. Un pensador religioso es seguramente alguien que cree que la fuente de toda moral es Dios, y es alguien a quien yo preferiría ver sentado en el gallinero del debate ético sobre la IA. Me parece bien que esté ahí, siempre que no haga mucho ruido.

El papa León XIV, como sabes, acaba de dedicar su primera encíclica a la inteligencia artificial. Los que saben de esto, como el teólogo Juan José Tamayo, dicen que el Papa “llama a evitar toda equiparación de la inteligencia humana con las inteligencias artificiales”. Admite que la IA es uno de los desafíos más importantes de la nueva era y enumera con celo sus muchas carencias: no tiene cuerpo, no madura en las relaciones humanas y no sabe lo que es el amor, como en la canción de Abbott y Costello. Carece de horizonte espiritual, sea eso lo que sea. Según el Papa, nuestras limitaciones como humanos son lo que nos lleva a construir una fraternidad más grande que nosotros mismos y nos dota de compasión, generosidad y adoración a Dios. Ningún algoritmo, asegura el de Roma, puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable. “Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se besan”, dice el salmo 85.

A los ateos todo eso nos suena a música celestial, o sea, que no entendemos una palabra. Si lo que León XIV defiende es una regulación civil y democrática de la IA, lo podría haber expresado con más claridad. Meter a Dios por medio puede complicar las cosas de manera drástica, puesto que no todo el mundo está de acuerdo en lo que dice su Dios. Y, en cualquier caso, no creo que lean encíclicas en los sótanos del Pentágono. Esa inteligencia no es de este mundo.

https://elpais.com/opinion/2026-05-30/una-inteligencia-de-otro-mundo.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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