“Sobre el papel del cine en la difusión de la ideología del régimen nazi” por Ramón Campderrich Bravo

Reseña de: Nayra Sanz Fuentes, El cuerpo nazi. El cuerpo contenido. La estética del poder en el cine de Leni Riefenstahl, Trotta, Madrid, 2026, 367 págs.

De todos es sabido que los medios de comunicación de masas (televisión, cine, radio, prensa, redes sociales…) se dedican, en líneas generales y con contadas excepciones, a la propaganda política y comercial. Una parte nada desdeñable de las técnicas de manipulación utilizadas en esa propaganda proviene de la experiencia histórica de los movimientos y los regímenes denominados «totalitarios» (los estalinismos y los fascismos, en especial, el nacionalsocialista). El interesante libro de Nayra Sanz Fuentes, El cuerpo nazi, tiene por objeto, a pesar del subtítulo, mostrar precisamente un aspecto de esa experiencia histórica: el papel del cine en la difusión de la ideología del régimen nazi. Para comprender ese papel, se hace necesario tanto analizar los contenidos más idiosincrásicos de dicha ideología como explicar el modo en que el cine alemán de la época contribuyó a la progresiva implantación social de esa ideología y a su materialización en prácticas sociales, políticas y jurídicas. Ambas metas son alcanzadas satisfactoriamente en el ensayo de Nayra Sanz.

Si bien en la introducción y en el epílogo del ensayo se insiste en que la atención de la autora se centra en el sentido último de la obra cinematográfica de la directora Leni Riefenstahl (y el subtítulo así parece afirmarlo) a través de su contextualización histórica —en particular, de la de sus dos mayores películas documentales de propaganda que dirigió en los años treinta, Der Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad) y Olympia (Olimpiada, en realidad con dos partes producidas por separado)—, lo cierto es que Leni Riefenstahl y sus películas son, más que la temática central u objeto primordial de la monografía reseñada, la ocasión o el pretexto para una detallada y algo reiterativa exposición del núcleo duro del ideario nazi y cómo éste se manifestó en la filmografía alemana bajo el Tercer Reich e hizo del cine un poderoso instrumento de la conformación del pensamiento, las reacciones emocionales y el comportamiento de los alemanes al servicio del proyecto político nazi. De hecho, a Leni Riefenstahl se destina explícitamente un único capítulo, más bien corto, el último de los nueve de que consta la monografía (aunque El triunfo de la voluntad y Olimpiada hagan acto de presencia repetidas veces en los ocho capítulos anteriores, a los efectos de ejemplificar los contenidos de la ideología nazi y las técnicas cinematográficas de manipulación dirigidas a su interiorización).

Una crítica que se podría hacer a la autora de El cuerpo nazi es la siguiente: dejando aparte las relativas a la historia del cine, sus fuentes de inspiración son los filósofos Hannah Arendt y Michel Foucault y el sociólogo Norbert Elías. La historiografía especializada en el fenómeno histórico de los fascismos resulta ser un recurso muy secundario para nuestra autora, cuando, en mi opinión, debería tener tanto peso en una obra de las características de El cuerpo nazi como las perspectivas filosófica y sociológica. La principal consecuencia de la insuficiencia del uso de la vasta historiografía sobre el tema del nazismo (y de las fuentes primarias no fílmicas, excepción hecha de Mein Kampf, la cual se cita con profusión en el texto) es una visión, a mi juicio, demasiado coherente, inmutable y reductiva de la ideología nazi, obviándose sus contradicciones internas, sus modulaciones y adaptaciones en función de la sucesión de los acontecimientos históricos y su radicalización exterminadora durante la Segunda Guerra Mundial, sobre todo a partir de la invasión de la Unión Soviética, concebida y planificada como una guerra existencial de aniquilación del enemigo «judeo-bolchevique» y de esclavización colonial de las poblaciones eslavas. También es efecto de la escasa presencia en el texto de referencias historiográficas sobredimensionar la importancia de la ideología nazi hasta el punto de establecer una identidad entre ideología y régimen nazis, lo cual significa olvidar otras realidades o rasgos del Tercer Reich con los cuales interactuaba la ideología nacionalsocialista (la permanencia de una economía de mercado capitalista más o menos intervenida y la agudización de sus desigualdades socioeconómicas en términos de distribución de la riqueza; las luchas por el poder y la influencia dentro de las elites, que siempre giraban, eso sí, en torno al acceso a la persona de Hitler; las tensiones entre el alto funcionariado del estado y los gerifaltes del partido único; las estrategias diplomáticas antes de la guerra, las necesidades y dificultades prácticas generadas por el rearme y la guerra, entre otras muchas cosas).

No obstante la crítica acabada de apuntar —la cual, a fin de cuentas, es un asunto menor, pues todo autor es libre de delimitar su ámbito de estudio como quiera y de utilizar los recursos que estime pertinentes para ello, siempre que se expongan con claridad las razones de sus opciones (y la autora lo hace)—, en El cuerpo nazi se identifica muy bien lo que antes he mencionado como el núcleo duro de la ideología nazi, más allá de la maleabilidad de la misma y de sus oquedades. La esencia ideológica del nazismo consistía en una utopía racista y eugenésica, socialdarwinista e imperialista, fundada en las pretendidas pureza y superioridad raciales («biológicas») «nórdicas» (o «arias»), unidas a las nociones de destino único milenarista del pueblo alemán, caracterizado como una entidad física y culturalmente homogénea, y de fusión mística entre ese pueblo y su líder carismático o «mesías» —Führer significa en español ‘conductor’, ‘caudillo’, ‘guía’.

Es conveniente subrayar, para acabar con esta singularización del núcleo duro de la ideología nazi, que Hitler y su entorno creían obsesivamente que la «mezcla de sangre» «nórdica» con «sangre no nórdica», ante todo, con la «judía» (en términos menos ideológicos, el mestizaje), era la causa de la presunta degeneración física y espiritual de Alemania, evidenciada en su traicionera capitulación, según los nazis, en la Gran Guerra y por la cultura de la República de Weimar. La única manera de revertir la degeneración del pueblo alemán y devolverlo a su pureza y esplendor primigenios pasaba por la ingeniería biosocial conforme a los postulados nazis, la expansión colonial imperial euroasiática y el exterminio (directo o mediante la esterilización forzosa) de judíos (lo cual incluye a los comunistas: el ya citado archienemigo «judeo-bolchevique»), gitanos, alemanes de ascendencia africana residentes en la zona del Ruhr, enfermos mentales, discapacitados, homosexuales, testigos de Jehová, inadaptados sociales y opositores políticos. En suma, una suerte de «biología política» —«biocracia», en palabras de la autora— sobre la base de prejuicios biologicistas que nada tienen que ver hoy día con la biología como ciencia. La autora expresa de forma muy gráfica, aunque algo ligera, la ingeniería biosocial o «biología política» nazis con los términos de «cultura de jardín»: el pueblo alemán es un jardín deteriorado que debe ser podado, ordenado y librado de malas hierbas, siendo Hitler y sus secuaces sus jardineros. Me permito remitir al lector para mayores detalles sobre el tema a la magnífica monografía de A. Andreassi Cieri El compromiso fáustico (junto al ensayo de Nayra Sanz Fuentes, desde luego).

Por supuesto, esta utopía nazi, en cuya consecución el aparato estatal y paraestatal del Tercer Reich cometió masiva y sistemáticamente crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidios varios, constituye una verdadera y aterradora distopía para toda persona civilizada y formada en los valores de la Ilustración y el socialismo, en sentido amplio (igualdad ante la ley e igualdad material, solidaridad, libertad individual de religión y creencias, libertad de expresión, libertad frente a formas insidiosas de manipulación psicológica, democratización del poder, separación de poderes, control institucionalizado efectivo de los abusos de los poderosos, etcétera).

La autora canaria concluye su libro advirtiendo de los peligros de retorno de algunos de los componentes del núcleo ideológico nazi, si bien exteriorizados con un lenguaje distinto, pero funcionalmente equivalente, merced al florecimiento de los líderes y movimientos de extrema derecha en este primer tercio del siglo XXI (piénsese en Trump o Netanyahu, como ejemplos más destacados)

https://mientrastanto.org/257/la-biblioteca-de-babel/el-cuerpo-nazi-el-cuerpo-contenido/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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