De “Sean Guerlín”, 27.03.2022El llamado “pacto lingüístico” al que alude Salva, ya se va viendo -en menos de cuatro días-, cómo está siendo tratado, incluso por gente de la ortodoxia.cat, como el filólogo Rudolf Ortega en el último “Quadern” semanal de EP. Vale la pena leerlo, porque aunque RO no es “santo de mi devoción”, es de lo más inteligente que hay entre la clericalía de la religió lingüística.cat.
Pero respecto al asunto que nos ocupa, o sea, la relegación, postergación, e intentos político-administrativos (contumaces y reales) de que desaparezca la lengua castellana de la enseñanza en Cataluña, tengo serias dudas de si, a estas alturas, debe verse ese pacto como un espejismo al que dirigirse y abocarse, o lo que se debe hacer es defender la aplicación de las sentencias del TSJC, como propugna AEB.
Y cuando recuerdo lo que recuerdo, y soporto a quien soporto desde hace más de cuarenta años (desde Joaquim Arenas, a Carme Laura, Ramon Juncosa, o Rafael Ribó…), se me despeja la duda, y opto por la aplicación de las sentencias del TSJC.
Porque la vieja “correlación de fuerzas” en este caso ya no pasa (desde hace décadas…) por sumar grupos del Parlament, dado que esa es, hoy por hoy, la antesala de la reiterada derrota de la defensa del castellano. Y sin embargo, sí creo que pasa por el recurso al otro poder que sustantiva la naturaleza democrática de una sociedad: el poder judicial. Y este, lleva ya tiempo dictando sentencias sobre usos lingüísticos escolares, que la Generalitat incumple una tras otra.
Llegados hasta aquí, recordemos que esta plática ha partido de un comentario sobre una, digamos, “sindicalista”, Rosa Cañadell, de un particular sindicato (USTEC), que pretende describirnos en un libro “qué pasa con la educación en Cataluña”, pero siempre que “lo que pase”, sea en lengua catalana, exclusivamente…Aunque el librito de marras la Cañadell lo publica en castellano, dicho sea de pasada.
“Sean Guerlín”