Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx.
1. El Nuevo Gran Juego según Pepe Escobar
Últimamente los análisis de Pepe Escobar me parecen un poco fantasiosos. Quizá siempre ha sido así y no me daba cuenta, pero su convencimiento de los últimos tiempos de que el imperio está casi derrotado y ya se ve un mundo nuevo multipolar basado en la potencia económica y militar de Rusia y China me parece un poco arriesgado, como poco. Pero quizá vosotros seáis más benévolos.
https://strategic-culture.org/
Adiós 1991-2022
Pepe Escobar 7 de enero de 2023
El año 2023 comienza con la OTAN colectiva en modo «flipar» absoluto, mientras el ministro de Defensa ruso, Shoigu, anuncia que la fragata de la Armada rusa Almirante Gorshkov está de gira, con un juego de tarjetas de visita hipersónicas del Sr. Zircón.
La gira de negocios abarcará el Atlántico y el Índico, y por supuesto incluirá el Mediterráneo, el antiguo Mare Nostrum del Imperio Romano. El Sr. Zircon al acecho no tiene absolutamente nada que ver con la guerra de Ucrania: es una señal de lo que ocurrirá a continuación cuando se trate de freír peces mucho más grandes que un puñado de psicópatas de Kiev.
El final de 2022 selló la fritura del Gran Pez de las Negociaciones sobre Ucrania. Ahora se ha servido en un plato caliente y se ha digerido completamente. Moscú ha dejado dolorosamente claro que no hay razón alguna para confiar en la superpotencia en declive «capaz de no llegar a un acuerdo».
Así que hasta los taxistas de Dacca apuestan ahora sobre cuándo empieza la tan cacareada «ofensiva de invierno» y hasta dónde llegará. El camino del general Armagedón está claro: desmilitarización total y deselectrificación con esteroides, completada con la trituración de masas de ucranianos al menor coste posible para las Fuerzas Armadas rusas en Donbass hasta que los psicópatas de Kiev pidan clemencia. O no.
Otro gran pescado frito en un plato caliente a finales de 2022 fue el Acuerdo de Minsk de 2014. La cocinera no fue otra que la ex canciller Merkel («un intento de ganar tiempo para Ucrania»). Implícita está la pistola no precisamente humeante: la estrategia del combo straussiano/neo-con y neoliberal-con a cargo de la política exterior de Estados Unidos, desde el principio, fue desatar una Guerra para Siempre, por poder, contra Rusia.
Merkel puede haber estado tramando algo diciéndoles a los rusos, en su cara, que mintió como el cripto-soprano Mike Pompeo, luego mintió una y otra vez, durante años. Eso no es vergonzoso para Moscú, sino para Berlín: otra demostración gráfica de vasallaje total al Imperio.
La respuesta de la encarnación contemporánea de Mercurio, Maria Zakharova, del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, fue igualmente intrigante: La confesión de Merkel podría utilizarse como razón específica -y prueba- para un tribunal que juzgue a los políticos occidentales responsables de provocar la guerra por poderes entre Rusia y Ucrania.
Evidentemente, nadie lo confirmará oficialmente. Pero todo esto podría formar parte de un acuerdo secreto entre Rusia y Alemania en ciernes, que llevaría a Alemania a restaurar al menos parte de su soberanía.
Es hora de freír el pescado de la OTAN
Mientras tanto, el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, visiblemente disfrutando de su encarnación totalmente desenfrenada, amplió la saga del pez frito de las negociaciones. «Último aviso a todas las naciones», como él lo enmarcó: «no puede haber negocios con el mundo anglosajón [porque] es un ladrón, un estafador, un tahúr que podría hacer cualquier cosa… A partir de ahora prescindiremos de ellos hasta que llegue al poder una nueva generación de políticos sensatos… No hay nadie en Occidente con quien podamos tratar nada por ningún motivo».
Medvédev, significativamente, recitó más o menos el mismo guión, en persona, a Xi Jinping en Pekín, días antes del zoom para acabar con todos los zooms -entre Xi y Putin- que funcionó como una especie de cierre informal de 2022, con la asociación estratégica Rusia-China perfectamente sincronizada.
En el frente bélico, el nuevo surco -ofensivo- del general Armagedón está destinado a conducir en los próximos meses a un hecho indiscutible sobre el terreno: una partición entre un agujero negro disfuncional o Ucrania rump en el oeste, y Novorossiya en el este.
Incluso el FMI se muestra reacio a aportar fondos adicionales al agujero negro. El presupuesto de Kiev para 2023 tiene un déficit de 36.000 millones de dólares, una cifra poco realista. La mitad del presupuesto está relacionado con el ejército. El déficit real en 2022 era de unos 5.000 millones de dólares al mes, e inevitablemente aumentará.
Tymofiy Mylovanov, catedrático de la Escuela de Economía de Kiev, se atrevió a decir que el FMI está preocupado por la «sostenibilidad de la deuda» de Ucrania. Y añadió: «Si hasta el FMI está preocupado, imagínense lo que piensan los inversores privados». No habrá «inversiones» en Ucrania. Los buitres multinacionales se apoderarán de la tierra a cambio de nada y de los escasos activos productivos que puedan quedar.
Podría decirse que el pez más gordo que se freirá en 2023 es el mito de la OTAN. Todo analista militar serio, pocos estadounidenses incluidos, sabe que el ejército ruso y el complejo militar industrial representan un sistema superior al que existía al final de la SR.UU., y muy superior al de EE.UU. y el resto de la OTAN en la actualidad.
El golpe final al estilo Mackinder a una posible alianza entre Alemania (UE), Rusia y China -que es lo que realmente está detrás de la guerra proxy de EE.UU. en Ucrania- no se está desarrollando según el sueño húmedo straussiano.
Saddam Hussein, antiguo vasallo imperial, fue cambiado de régimen porque quería eludir el petrodólar. Ahora tenemos la inevitable subida del petroyuan – «en tres a cinco años», como anunció Xi Jinping en Riad: no se puede evitar con Shock’n Awe en Pekín.
En 2008, Rusia se embarcó en una reconstrucción masiva de las fuerzas de misiles y en un plan de 14 años para modernizar las fuerzas armadas terrestres. El Sr. Zircón presentando su tarjeta de visita hipersónica a través del Mare Nostrum es sólo una pequeña parte del Big Picture.
El mito del poder estadounidense
La CIA abandonó Afganistán en una humillante retirada -incluso abandonando la línea de la heroína- sólo para reubicarse en Ucrania y seguir tocando los mismos viejos discos rayados. La CIA está detrás del continuo sabotaje de la infraestructura rusa -en tándem con el MI6 y otros. Tarde o temprano habrá represalias.
Pocas personas -incluidos los operativos de la CIA- sabrán que la ciudad de Nueva York, por ejemplo, puede ser destruida con un solo movimiento: volar el puente George Washington. La ciudad no puede abastecerse de alimentos y de la mayoría de sus necesidades sin el puente. La red eléctrica de Nueva York puede destruirse derribando los controles centrales; recomponerla podría llevar un año.
Incluso traspasada por infinitas capas de niebla de guerra, la situación actual en Ucrania sigue siendo una escaramuza. La verdadera guerra aún no ha comenzado. Puede que lo haga pronto.
Aparte de Ucrania y Polonia no hay ninguna fuerza de la OTAN digna de mención. Alemania tiene un ridículo suministro de municiones para dos días. Turquía no enviará ni un solo soldado para luchar contra los rusos en Ucrania.
De las 80.000 tropas estadounidenses destacadas en Europa, sólo el 10% tiene armamento. Recientemente se añadieron 20.000, nada del otro mundo. Si los estadounidenses activaran sus tropas en Europa -algo bastante ridículo en sí mismo- no tendrían ningún lugar donde desembarcar suministros o refuerzos. Todos los aeropuertos y puertos marítimos serían destruidos por misiles hipersónicos rusos en cuestión de minutos, tanto en Europa continental como en el Reino Unido.
Además, todos los centros de combustible como Rotterdam para el petróleo y el gas natural serían destruidos, así como todas las instalaciones militares, incluidas las principales bases estadounidenses en Europa: Grafenwoehr, Hohenfels, Ramstein, Baumholder, Vilseck, Spangdahlem y Wiesbaden en Alemania (para el Ejército y la Fuerza Aérea); la Base Aérea de Aviano en Italia; la Base Aérea de Lajes en las islas Azores de Portugal; la Estación Naval de Rota en España; la Base Aérea de Incirlik en Turquía; y las estaciones de la Real Fuerza Aérea de Lakenheath y Mildenhall en el Reino Unido.
Todos los cazas y bombarderos serían destruidos -después de aterrizar o mientras aterrizan: no habría lugar para aterrizar excepto en la autopista, donde serían blancos fáciles.
Los misiles Patriot no sirven para nada, como pudo comprobar todo el Sur Global en Arabia Saudí cuando intentaron derribar los misiles Houthi procedentes de Yemen. La Cúpula de Hierro de Israel ni siquiera puede derribar todos los misiles primitivos procedentes de Gaza.
El poder militar de Estados Unidos es el mito supremo de la variedad de pescado para freír. Esencialmente, se esconden detrás de proxies – como las Fuerzas Armadas de Ucrania. Las fuerzas de Estados Unidos no valen nada excepto en tiros al pavo como en Irak en 1991 y 2003, contra un oponente incapacitado en medio del desierto y sin cobertura aérea. Y nunca olviden cómo la OTAN fue completamente humillada por los talibanes.
El punto de ruptura final
2022 puso fin a una era: el punto de ruptura final del «orden internacional basado en reglas» establecido tras la caída de la URSS.
El Imperio entró en la fila de la desesperación, lanzando todo y el fregadero de la cocina – guerra por poder en Ucrania, AUKUS, la histeria de Taiwán – para desmantelar la configuración que crearon allá por 1991.
El propio Imperio está llevando a cabo el retroceso de la globalización. Eso va desde robarle a Rusia el mercado energético de la UE para que los desventurados vasallos compren la ultra cara energía estadounidense hasta destrozar toda la cadena de suministro de semiconductores, reconstruyéndola a la fuerza en torno a sí misma para «aislar» a China.
La guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania no es más que un engranaje del Nuevo Gran Juego. Para el Sur Global, lo que realmente importa es cómo Eurasia -y más allá- está coordinando su proceso de integración, desde la BRI a la expansión de los BRICS+, desde la OCS al INSTC, desde la Opec+ a la Asociación de la Gran Eurasia.
Hemos vuelto a lo que era el mundo en 1914, o antes de 1939, sólo en un sentido limitado. Hay una plétora de naciones que luchan por expandir su influencia, pero todas ellas apuestan por la multipolaridad, o la «modernización pacífica», como la acuñó Xi Jinping, y no por las Guerras para Siempre: China, Rusia, India, Irán, Indonesia y otros.
Así que adiós a 1991-2022. El trabajo duro empieza ahora. Bienvenidos al loco Nuevo Gran Juego.
2. Mi imagen del día: el precio de las sibuyas
No sé muy bien la razón, pero en Filipinas ahora mismo no hay cebollas. En 2010 pasó algo parecido en India, donde es casi imprescindible en todas las comidas, y por poco hubo una revolución: es la Indian onion crisis. En Filipinas se resignan más. No en vano ayer fue el día de Jesús Nazareno -aunque aquí dicen ahora, literalmente Viva Hesus Nazareno-. El caso es que las cebollas, o sibuyas, como las llaman aquí, está a precio de caviar -bueno, un poco menos-: entre 450 y 600 pesos el quilo (7,65-10,20 €).
Fuente: https://twitter.com/
3. La imagen de Rusia en Turquía.
Sorprendente encuesta reciente publicada por una televisión turca:
«Casi dos tercios de los encuestados en 24 provincias turcas a finales del año pasado afirmaron a la encuestadora Gezici que Rusia era amistosa con Turquía, mientras que menos de una cuarta parte (24,2%) creía que Rusia era hostil. Los resultados fueron difundidos el sábado por el canal de televisión Ulusal Kanal.
Un abrumador 72,8% de los turcos afirmó que las dos naciones deberían mantener una buena relación, mientras que el 62,6% dijo que Rusia contribuía positivamente a la economía turca.»
https://thepressunited.com/ (es una página web india, pero la noticia la he visto tal cual en Russia Today)
Esto ya no sé si es cierto porque no cita fuentes, pero según este tuitero, un 90% consideran en cambio que los EEUU son un enemigo. https://twitter.com/
A pesar de ello, curiosamente, casi un 60% están a favor de que Turquía siga en la OTAN, según la noticia de RT.
4. ¿Cuántas tropas tiene Ucrania?
El periodista alemán proukraniano Julian Röpcke, que trabaja para Bild -antes estuvo en Siria y es conocido ‘cariñosamente’ como Jihadi Julian-, ante el machaque en Bajmut-Artiomovsk y Soledar -que ahora parece que sí está a punto de caer, aunque nunca se sabe- se pregunta en un tuit dónde están las reservas ucranianas que pudiesen dar una vuelta a la situación: https://twitter.com/
Daniil Kuzmenko, del que os he pasado a menudo algún tuit o mensaje de Telegram, le ‘responde’ con este hilo que me ha parecido interesante: https://twitter.com/kuzmlive/
Caen en los mismos errores de análisis. Haber partido desde febrero con la idea de que Ucrania tiene 41 millones de habitantes fue incorrecto. Creer que Ucrania tiene un millón de efectivos con capacidad de combate es incorrecto. Es algo que he escrito en numerosas ocasiones.
Ucrania tiene aprox. 200 mil soldados con capacidad de combate en el frente (confirmado incluso por su comandante en jefe en su entrevista reciente a@TheEconomist) de 700 mil efectivos en general que incluye a absolutamente todos los miembros de las Fuerzas Armadas ucranianas.
Las últimas movilizaciones han sido un fracaso porque han movilizado todo lo que han podido en las primeras movilizaciones. Tampoco se puede movilizar a toda población masculina porque no se puede sacrificar la economía. Es necesaria una retaguardia para que el frente funcione.
El error ucraniano y de sus socios occidentales fue pensar que habría una congelación del conflicto en invierno que permitiría preparar la ofensiva de primavera sobre Melitopol. Craso error enviar a 35 mil efectivos a campos de entrenamiento europeos cuando son necesarios.
En vez de una congelación invernal se han encontrado con Artemovsk/Bajmut: una abrumadora picadora de carne dónde han tenido que introducir absolutamente todas sus fuerzas disponibles con capacidad de combate con la finalidad de socavar el potencial ofensivo de ChVK Wagner.
Cuando digo disponibles es porque es evidente que no pueden sacar unidades de otros frentes porque el mando ruso lo aprovecharía intensificando la presión sobre esos puntos que quedarían débiles. La única brigada que queda disponible es la 93 que está en Chernigov recuperándose.
Ahora en vez de usar sus nuevas unidades que estaban preparándose para campaña de primavera tendrán que usar esos efectivos recién formados para solucionar sus críticos problemas en frente oriental. Ucrania comienza a tener problemas de falta de personal (era cuestión de tiempo).
He escrito en numerosas ocasiones que la movilización parcial rusa era un factor determinante en este conflicto armado. Considero que las ofensivas ucranianas sobre Jarkov/Jerson pueden costarle al mando ucraniano la derrota: han supuesto demasiadas bajas humanas/materiales.
5. Entrevista de Casdeiro a Antonio Turiel
No es una estricta novedad, porque la entrevista es de julio, pero creo que tiene su interés. La ha publicado Manuel Casal en 15-15-15. Al menos Turiel no habla de comunismo, lo que le ahorrará las críticas virulentas que ha recibido por la reciente entrevista en León. 😀 https://www.15-15-15.org/
Antonio Turiel: «La agricultura ecológica es ahora mismo una necesidad imperiosa»
Manuel Casal Lodeiro Antonio Turiel, 2023-01-09
(Entrevista realizada en julio de 2022 para A Fouce, revista del Sindicato Labrego Galego – Comisións Labregas, donde apareció publicada en el nº 340, de setiembre-octubre. Posteriormente fue publicada en castellano, ligeramente actualizada y adaptada, en la revista del sindicato vasco EHNE, Ardatza, nº 606 de invierno de 2022. Reproducida con permiso.)
Antonio Turiel es uno de los más reconocidos expertos y divulgadores acerca de la Transición Energética en el Estado español. Su blog The Oil Crash se ha convertido en una de las principales referencias sobre el asunto, con millones de visitas cada año a sus artículos, y su anterior libro Petrocalipsis: crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar, publicado en 2020 es todo un best-seller. Acaba de publicar Sin energía: pequeña guía para el Gran Descenso, una puesta al día de la situación energética que estamos viviendo, y de su interrelación con otras crisis que nos afectan en el día a día. De ascendencia gallega y leonesa, reside en Catalunya, donde está en estrecho contacto con el mundo rural y pagès. Quisimos conocer su análisis sobre los efectos de la crisis energética sobre la agricultura y la ganadería, así como los caminos para la supervivencia del sector.
Manuel Casal Lodeiro: Encarecimiento desorbitado de combustibles, piensos, plásticos y toda clase de insumos de tipo industrial… Caos y desabastecimiento en la cadena de suministros… ¿Esta situación es coyuntural y debida a la invasión de Ucrania, o hay algo más de fondo?
ATM: Ya a finales del año pasado veíamos una fuerte subida en el precio del gas, de los combustibles, de la electricidad… Una subida asociada al decrecimiento constante de la producción de combustibles fósiles, la misma que llevo 20 años analizando y 12 divulgando a través de mi blog, artículos y conferencias. No ha sido nada inesperado, sino, por el contrario, algo que ha acabado sucediendo más o menos en las fechas en las que estaba previsto. La extracción de petróleo cae, también la de carbón, también la de uranio… y la de gas empieza a dar signos de no poder aumentar más. En medio de un contexto que ya era complicado y que se estaba agravando, la guerra en Ucrania nos ha dado un impulso hacia el futuro de un par de años. Es decir, la guerra por supuesto que ha empeorado las cosas, pero nos ha llevado a una situación a la que igualmente hubiéramos llegado en no demasiado tiempo.
MCL: Y no es algo que nos afecte sólo en Europa, en España o en Galicia. Tú llevas tiempo siguiendo las afectacións energéticas a muy diversos sectores (industriales, agrícolas, de trasporte…) por todo el mundo y sueles hacer resúmenes periódicos de la situación en tu blog. ¿Esto es una crisis energética o es más bien un colapso energético (porque las crisis se supone que son, por definición, algo pasajero) en toda regla, que se está desarrollando a nivel mundial y en el que, por diversas causas, unos países y unos sectores se ven afectados primero y caen antes que otros? ¿Puedes darnos cuenta de algunos de los efectos más graves que estén sucediendo en otros países, especialmente en lo que tenga que ver más directamente con el mundo rural y agrícola?
ATM: Lo que se está produciendo es más un colapso energético que una crisis, porque efectivamene no es algo pasajero, pero, peor aún, no hay ninguna forma de substituir las fuentes de energía y mantenerlo todo igual: hace falta un cambio realmente profundo de nuestra sociedad, comenzando por una reforma radical del mundo financiero y acabando por los modos de consumo.
En este momento, lo más crítico es la escasez de diésel y la de gas natural, que si quieres comentamos con más detalle después. Estos dos procesos de escasez no están llevando a, por un lado, un encarecimiento sistemático del transporte y los procesos extractivos (en el caso del diésel) y a un encarecimiento y escasez de fertilizantes nitrogenados (en el caso del gas natural). Ambos, diésel y fertilizantes, repercuten de una manera extremadamente negativa sobre la actividad agropecuaria, llevando en España a precios disparados que dificultan o no hacen rentables algunas explotaciones, pero en otros países el problema es mayor, porque no es solo encarecimiento, es directamente escasez: está faltando tanto diésel como fertilizantes. Esto nos lleva de cabeza a una crisis alimentaria mundial. Añádase a eso que este año, la tercera Niña seguida en los últimos años [la fase fría del fenómeno climático conocido como El Niño], se ha caracterizado por una sequía sistemática en las zonas agrícolas más productivas del planeta, y es por lo que estamos hablando de catástrofe humanitaria mundial.
En el caso de España, vamos a ver cómo el precio de los alimentos básicos se multiplica por 2 o por 3 este mismo año; en el mundo, vamos a ver revueltas y guerras generalizadas. La situación es extremadamente preocupante.
MCL: Tal vez uno de los efectos más graves y del que menos se habla es la carencia de fertilizantes sintéticos, que son elaborados industrialmente utilizando combustibles fósiles, concretamente gas natural, también llamado gas fósil. Esto, que comenzó bastantes meses antes de la invasión rusa de Ucrania, afecta de lleno a la línea de flotación del model agroindustrial, ¿no es así? Explícanos un poco el origen de este problema, cómo está afectando a la producción de fertilizantes y si estamos abocados, como advierten la FAO y el Banco Mundial, a una gravísima crisis alimentaria mundial en cuestión de meses, que va a afectar ¡a casi la mitad de la población del planeta!
ATM: A medidados del año pasado el gas natural comenzó a escasear en todo el mundo. Países como Paquistán comenzaron a tener problemas para recibir suministro, mientras que en Europa el precio llegó a multiplicarse por 6. Esto es consecuencia del consumo creciente del gas natural, a medida que vamos siendo incapaces de aumentar la extracción de petróleo, debido a que se usa más gas que nunca en las refinerías para intentar sacarle un poco más de combustibles a los petróleos de mala calidad que están llegando actualmente cada vez en mayor cantidad.
El gas natural se utiliza para muchos usos químicos, y en particular el proceso conocido como reforma del metano para producir hidrógeno barato que luego se combina con el nitrógeno del aire mediante el proceso de Haber-Bosch para generar amoníaco y a partir de él nitrato de amonio, que es el principal fertilizante nitrogenado que se usa en el mundo (la N de los abonos NPK). El precio creciente y la falta de disponibilidad de gas, consumido en creciente medida por la decadente industria del petróleo, llevó a finales del año pasado a la limitación de las exportaciones de fertilizantes de grandes productores como China, y al cierre de plantas en toda Europa, incluyendo las que tiene Fertiberia en Puertollano y Palos de la Frontera. Estos cierres duraron varios meses y cuando se reabrieron las plantas fue —nunca mejor dicho— a medio gas, con precios pactados con los clientes en un nivel mucho más elevado y, en general, con una producción mucho menor.
Este problema, combinado con la crisis del diésel, ha llevado a que el índice de precios de los alimentos de la FAO se disparase hasta valores nunca antes vistos —en términos nominales y también descontando la inflación— ya en octubre de 2021, que fue cuando la FAO dio la alerta de que íbamos a una crisis alimentaria global. La falta de acción de los países en los primeros compases de esta crisis, seguida por el actual pánico proteccionista (muchos países han prohibido la exportación de algunos alimentos: el trigo, en los casos de Rusia, Bielorusia, Kazajistán e India; el aceite de soja en Indonesia; el pollo en Malasia; el arroz en China), hizo que el Banco Mundial avise en marzo de 2022 que no íbamos hacia una crisis alimentaria global, sino hacia una «catástrofe humanitaria global» a finales del 2022. En su reciente reevaluación de la situación, en junio de 2022, el Banco Mundial estima que la situación catastrófica afectará al menos al 40% de la población mundial y que se extenderá hasta 2023 como mínimo, pudiendo durar hasta 2024.
MCL: Y la escasez de diésel es otro clavo en el ataúd del modelo de producción de alimentos basado en los combustibles fósiles. ¿Esa carencia se puede solucionar de algún modo o deberíamos ir pensando en producir alimentos con mucho menos uso de tractores y otra maquinaria movida por diésel? ¿Hay que aprender del Periodo Especial cubano e ir sacando de nuevo los bueyes y las yeguas a los campos, como ya ha comenzado a hacer alguna gente?
ATM: La crisis del diésel viene originada por la llegada al máximo de producción de petróleo crudo convencional, o Peak Crude Oil,… ¡en 2005! Esto quiere decir que ¡hace ya 17 años que la extracción de petróleo crudo convencional no sube más! Al principio permaneció prácticamente estancada, pero desde hace unos años está bajando y ahora la caída es cada vez más acelerada. Para compensar la falta de petróleo crudo convencional —el más versátil y barato de procesar— se introdujeron los petróleos no convencionales: biocombustibles, extrapesados de Venezuela y Canadá, petróleo de fracking en EE.UU. y Argentina… Todos ellos mucho más caros o directamente ruinosos, y con una capacidad de producción limitada. En 2014 las compañías petroleras comprendieron que no merecían la pena porque para ganar dinero [con este tipo de petróleos] se tendría que vender el petróleo a precios imposibles, por encima de los 180 $ (de los de entonces) por barril, así que de una manera discreta, para no alarmar y evitar que sus activos se depreciasen en bolsa, han ido desinvirtiendo del negocio petrolero: actualmente, el conjunto de las petroleras invierte un 60% menos que en 2014 en la búsqueda y puesta en explotación de nuevos yacimientos, lo que en muchos casos, teniendo en cuenta la inflación y que los yacimientos son más complejos y costosos actualmente, muchas compañías, como por ejemplo REPSOL, solo invierten en mantener los campos actuales en marcha pero no buscan ni un solo yacimiento más. De ese modo, en 2018 se llegó al máximo de producción de todos los líquidos del petróleo (terminología que engloba los convencionales y los no convencionales) y actualmente ya hemos caído un 5% respecto a los valores de entonces. El problema es que el diésel cae más deprisa, precisamente porque los no convencionales son más complicados de procesar, pese a que cada vez representan un porcentaje mayor del petróleo total producido, y también porque no se ha invertido lo suficiente en adaptar las refinerías para procesarlos. Esto tiene su lógica porque las petroleras saben que al negocio no le quedan más que unos pocos años y no quieren gastar en inversiones que saben que no van a recuperar. Así que la producción de diésel se estancó en 2015, lleva cayendo desde 2018, y ya ha caído al menos un 15%.
El problema del diésel no tiene ninguna solución, y la sociedad en su conjunto debe de comenzar a comprender que tendrá que usar menos diésel. Pero diésel quiere decir maquinaria pesada en general, y tractores y cosechadoras en particular. Eso no quiere decir que el campo se tenga que desmecanizar completamente, pero sí que se tendrá que reducir y optimizar significativamente su mencanización. El campo tiene capacidad de destinar una parte de su producción para la generación de biocombustibles que alimenten la maquinaria agrícola, pero ésta debe estar realmente optimizada para no consumir una cantidad excesiva de las cosechas. En algunos casos, un cierto retorno al uso de animales como complemento puede resultar conveniente por múltiples motivos, aunque yo no creo que sea la parte principal de la fuerza de trabajo del futuro, si las cosas se hacen correctamente.
MCL: Aunque el empleo del tiro/tracción animal en las fincas más pequeñas es una opción sostenible, polifuncional y muy eficiente energéticamente, imagino que para extensiones mayores sería aconsejable pasar por soluciones intermedias. Háblanos un poco más de la posibilidad de alimentar los tractores con aceite vegetal reciclado o producido en las propias explotaciones. A priori parece una alternativa de bajo coste y relativamente fácil de poner en práctica y de impulsar desde la administración.
ATM: Diversos estudios apuntan que se podría mantener una mecanización para las explotaciones mayores destinando el 25% de la cosecha para la producción de biocombustibles que alimentarían la maquinaria agrícola, porcentaje que se puede disminuir ligeramente si además usamos aceite reciclado después de su uso en hostelería y en los hogares, por ejemplo. Ese porcentaje ya es bastante elevado, y encima no resuelve el problema de la distribución de alimentos, que para ser viable debe ser lo más local posible. Porque, si no, tendríamos que destinar una aprte aún mayor de los cultivos a producir diésel para mantener una distribución a grandes distancias, y eso entre en conflicto con la seguridad y la soberanía alimentarias. Así que sí, es una opción posible, pero que tiene que ser bien estudiada caso por caso. Lamentablemente, ninguna administración está ahora mismo en un pensamiento compatible con hacer este tipo de cosas que son, sin embargo tan necesarias.
MCL: Efectivamente, yo pienso que hay que estar prevenidos contra una excesiva apuesta por la producción de agrocombustibles, sobre todo si se dirige a alimentar usos no prioritarios, o compite con el uso de la tierra para la alimentación humana. ¿Esto no es, en realidad, la misma falsa solución que la actual apuesta del Estado por instalar polígonos eólicos por doquier en nuestros montes y costas, o los proyectos de biomasa forestal para usos que deberían ser siempre secundarios a la producción de alimentos y a la preservación de los ecosistemas?
ATM: La producción de los llamados agrocombustibles o biocombustibles tiene que estar limitada a muy pocos usos que sean verdaderamente estratégicos —básicamente maquinaria agrícola y poco más— so pena de tener un impacto imposible de soportar sobre la producción de alimentos. La biomasa forestal tiene unos inconvenientes semejantes al uso de biocombustibles, incluyendo por cierto el cierre de ciclos de nutrientes como el fósforo y el potasio y, por el mismo motivo y la necesidad de no superar la tasa de repoblación natural, su uso deberá siempre ser limitado, de lo contrario podríamos volver a los procesos de deforestación que se vivieron en Europa al final de la Edad Media y principio de la Edad Moderna. Por último, la instalación en masa de polígonos de sistemas de Renovable Eléctrica Industrial (REI) es una solución completamente falsa, que solo se explica por el ansia de captar subvenciones públicas, porque la electricidad representa poco más del 20% de la energía final consumida y además es una forma de energía con un consumo que está cayendo en España de manera consistente desde 2008, y no precisamente por las mejoras en eficiencia sino por el empobrecimiento progresivo de la sociedad española fruto de la creciente disfuncionalidad del sistema económico. No hay manera técnica de aprovechar a gran escala la electricidad en los usos actualmente no eléctricos, por más que se venda la quimera de los coches eléctricos (imposibles de producir a la escala masiva del coche térmico, por diversas limitaciones, entre ellas las de minerales escasos) o del hidrógeno verde (vector energético completamente ineficiente y muy problemático, que tal y como reconoce el IPCC o la Estrategia Europea del Hidrógeno de la propia Comisión Europea, ni siquiera está en condiciones de cubrir nuestro consumo energético actual). Añádase a esto que es completamente necesario preservar los ecosistemas para luchar contre este Cambio Climático que, como estamos viendo estos días [de julio de 2022], es tan profundo y cada vez más peligroso. Tenemos que dejar de pensar en falsas soluciones y abrir el debate en la dirección correcta, que son los cambios de los patrones de consumo.
MCL: …Porque las mal llamadas renovables, pese a ser necesarias, no son realmente una solución para el verdadero problema de fondo, ¿no? ¿La historia de la industrialización nos ha acostumbrado demasiado a pensar que todo problema tiene que ter una solución y que, además, tiene que ser cuanto más tecnológica mejor?
ATM: La visión de que todo problema tiene solución y de que el progreso es inevitable es una anomalía histórica que comienza con la Ilustración [s. XVIII]. Siempre hay que buscar soluciones, pero debemos tener la humildad de aceptar que no siempre las hay y que, en todo caso, hay que ser prudentes. De hecho, el Principio de Precaución es un principio rector en la legislación europea. La realidad de las cosas muestra que cada tecnología comporta consecuencias imprevistas, y que esas consecuencias son a veces tan onerosas que a la mejora tecnológica le llega un momento en el que no vale la pena: es el Principio de los Retornos Decrecientes en la tecnología. Por desgracia, en muchos campos de la tecnología ya estamos en esa fase de retornos decrecientes, y es preciso entender que más tecnología es a veces contraproducente, y que lo lógico no es buscar aun más, sino el punto óptimo de tecnología.
MCL: Por volver al asunto de la producción de alimentos… todo lo que está pasando parece empujar hacia la necesidad de acelerar la transición del conjunto del sector hacia el modelo agroecológico, pero también al modelo de consumo de alimentos de temporada y de proximidad. Porque el gasoil no sólo hace falta para mover la maquinaria en las fincas, sino también para mover los camiones que recogen la leche, que traen los piensos, que llevan el producto a las cadena de supermercados o al consumidor final. Es decir, no sólo tenemos que producir en ecológico, sino también consumir en ecológico, por así decirlo, consumiendo lo que se produzca más cerca, en cada comarca, a partir de redes cortas de distribución, lo que se suele llamar productos de kilómetro cero. Esto parece que aún no se percibe claramente porque muchas productoras ecológicas de carne, fruta u hortalizas ecológicas siguen dependiendo demasiado de unos combustibles baratos y abundantes para llevar su producto hasta las personas que lo consumen.
ATM: La agricultura ecológica es ahora mismo una necesidad imperiosa: se tienen que recuperar prácticas de cultivo compatibles con un menor uso de energía, una menor inyección de energía en los campos. Como tú mismo explicabas en Nosotros, los detritívoros, y como han estudiado otros investigadores, consumimos una gran cantidad de energía en forma de combustibles fósiles en nuestra alimentación: entre 10 y 24 calorías de combustiles fósiles por caloría de alimento [producido por la agroindustria]. Y a esto habría aún que añadir los costes del transporte y de la distribución. Así que hay que volver a lo ecológico, lo de temporada y lo local: no queda otra.
MCL: Vayamos ahora con la respuesta (o la falta de ella) de los gobiernos ante este panorama. ¿Piensas que es un camino adecuado el de subsidiar o bonificar los precios de los combustibles o de la electricidad? Porque si esto sólo va a empeorar de ahora en adelante, parece lógico pensar que simplemente ayudarles a pagar una energía que va a ser cada vez más cara y más escasa no puede solucionar nada a largo plazo y que sólo va a vaciar al Estado de fondos y engordar las cuentas de las empresas energéticas. ¿No se deberían tomar medidas estructurales, de cambio radical de modelo, en lugar de meramente de compensación económica de costes que hace que la gente siga a consumir los mismos insumos, en la misma o mayor cantidad (porque se les abaratan artificialmente) e instalada en un modelo de producción alimentaria que ya a dejado de ser viable? Porque el problema no está en realidad en los precios, sino en el declive irreversible de los combustibles fósiles que sostienen el modelo.
ATM: Desde luego subsidiar el consumo de algo que cada vez será más escaso o difícil de mantener parece una mala estrategia. Está claro que son parches que se adoptan en la esperanza de que los problemas sean coyunturales, y que por tanto reflejan la falta de comprensión de que los problemas son estructurales, aparte de que esas medidas suponen una subvención encubierta de los gastos de unos pocos pagados con el dinero de todos. Las verdaderas soluciones pasan por el fomento de la producción y el consumo locales, la mayor eficiencia en el uso de los recursos energéticos y no energéticos, y el decrecimiento del consumo no esencial.
MCL: ¿Qué consejos prácticos les darías tú a pescadores, ganaderas, labradores gallegos o vascos que están sufriendo las consecuencias de este colapso energético? ¿Cómo podemos ayudar desde la ciencia, desde el activismo esosocial, desde el sindicalismo agrario, para que se comiencen a dar pasos urgentes en la trasformación rápida del sistema hacia otro más resiliente, sin esperar a que desde arriba las instituciones europeas, españolas o autonómicas reconozcan las verdaderas dimensiones del problema y tomen cartas en el asunto de verdad?
ATM: La situación de los pescadores es la más compleja. Se necesita un análisis realista de qué parte de la actividad podría mantenerse con un consumo de energía razonable, seguramente proporcionada con biocombustibles agrícolas. Hay que hacer un plan de descenso gradual, usando la actual abundancia fósil para priorizar actividades del sector primario, mientras nos vamos adaptando progresivamente a lo que viene. En el caso de la ganadería los modelos de explotación integrada son parte del futuro necesario, y en ese sentido la transición a la resiliencia sería más simple. Por último, en cuanto a la agricultura, es fundamental salirse de los grandes circuitos de distribución que fijan unos precios excesivamente bajos con los que apuntalar el sistema tecnoindustrial. La ciudadanía tendrá que comprender que va a tener que pagar más por sus alimentos, hay que hacer pedagogía en ese sentido, para poder cubrir los costes reales y permitir no solo una vida digna a la gente que trabaja en el sector primario, sino que esta actividad sea viable a largo plazo, es decir, que sea resiliente. Por desgracia, desde las administraciones solo cabe esperar una actitud parcheadora, que sigan considerando los problemas como coyunturales y sin abordar los cambios sistémicos requeridos, así que la mejor solución pasa por la autoorganización, el consumo local en forma de cooperativas de consumo, etc. En ese sentido, aconsejo seguir el trabajo de Marta Rivera, científica del CSIC, autora del IPCC y especialista en todas estas cuestiones.
MCL: Y no podemos terminar nuestra conversación contigo sin tocar el problema del caos climático. Llevamos años viendo cómo está poniendo en peligro numerosas cosechas por todo el mundo, incluso hay quien dice que acabada la estabilidad climática del Holoceno, que ha sido la que ha hecho posible que nuestra especie desarrollase la agricultura, también tiene sus días contados la propia agricultura. ¿Cómo crees que podemos hacer más resiliente ante un clima cada vez más caótico la producciónd e alimentos en lugares como Euskal Herria o Galiza?
ATM: Se tiene que hacer un estudio en profundidad de qué especies vegetales, tanto árboles, arbustos y adventicias, se adaptan mejor y pueden formar un ecosistema sano y resiliente. Esto no se hace de la noche para la mañana y requiere mucho ensayo y error. Existen diversidad de aportaciones, desde explotaciones integradas hasta los bosques alimenticios, pasando por las aproximaciones permaculturales. Se necesita mucho trabajo que debería empezar a hacerse ya.
6. Entrevista sobre la situación en Perú
No es muy actual, porque habla de unas pocas víctimas, cuando van más de cuarenta, especialmente tras la sangrienta noche de ayer. No os paso mucha información porque lo que veo son básicamente informaciones puntuales sobre movilizaciones -los quechúas y aymaras acaban de reunirse en Puno para ir hacia Lima https://twitter.com/-, muertos y heridos, etc. Me parece más interesante lo que pasó José Luis como análisis de la situación. Pero esta entrevista que acaban de publicar en Jacobin creo que tiene también algún elemento interesante. Espero que así os lo parezca.
Los manifestantes de Perú exigen un cambio
Entrevista con Anahí Durand. Entrevista realizada por Nicolas Allen
El 7 de diciembre, Pedro Castillo fue destituido del cargo más alto de Perú, poniendo fin a un mandato de dieciséis meses empañado por una administración torpe, el sectarismo y los ataques implacables de un Congreso hostil, dirigido por conservadores y escandalizado por la sola idea de que un sindicalista de origen indígena ocupara el Palacio de Gobierno.
Para la mayoría, la caída de Castillo no fue una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que su destitución el 7 de diciembre fue el tercer intento de la derecha peruana en poco más de un año. Tal vez lo único sorprendente fue la desesperación y falta de cálculo del propio Castillo, que pidió el cierre del Congreso para evitar la destitución, pero sin darse cuenta desencadenó el pretexto constitucional necesario para su propia destitución (oficialmente, para evitar lo que se interpretó como el «autogolpe» de Castillo).
Menos esperada, sin embargo, fue la oleada de indignación que recorrió Perú en los días y semanas siguientes a la destitución de Castillo. Por un lado, las protestas callejeras en todo el país eran comprensibles: la actual crisis de legitimidad en Perú, responsable, entre otras cosas, de llevar al poder a un desconocido maestro rural, no ha hecho más que agravarse bajo el mandato de Castillo. Las conspiraciones de la derecha y las luchas internas de la izquierda durante su mandato avivaron aún más el desencanto popular con la clase política peruana, que ya figuraba entre las más impopulares del hemisferio occidental. Que el sustituto de Castillo, el gobierno no electo y algunos añadirían ilegítimo de Dina Boluarte, pretendiera cumplir el resto de un mandato de cinco años, fue un puente demasiado largo.
Pero las protestas en Perú, ahora en su tercera semana, son también una expresión de las aspiraciones de los nadies, o «nadies», que depositaron sus esperanzas en la figura de Castillo. Independientemente de lo que Castillo haya logrado como jefe de Estado, por poco que haya conseguido hacer avanzar las luchas de sus oprimidos electores, encarnó la voluntad popular de una parte considerable del pueblo peruano. Para los manifestantes, el mensaje de la destitución de Castillo era claro: las demandas de los pobres, indígenas, campesinos y precarios no son legítimas.
Anahí Durand fue ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables durante el gobierno de Castillo, y testigo de primera mano de los frustrados intentos de la administración de construir una base de apoyo popular en el interior de Perú. Habló con Nicolas Allen, redactor jefe de Jacobin, sobre las reivindicaciones del movimiento de protesta y sobre cómo, irónicamente, el mayor legado de Castillo puede haber sido politizar las capas de la sociedad peruana que han salido a la calle, a menudo arriesgando sus vidas.
Nicolás Allen
Estamos en la tercera semana de protestas en Perú, desencadenadas por la destitución de Pedro Castillo. Muchos predijeron que la mayoría derechista del Congreso se saldría con la suya y destituiría a Castillo; otros previeron que su destitución provocaría una agitación social. Pero pocos parecían prever la magnitud y la intensidad de estas protestas, que exigen el cierre del Congreso y nuevas elecciones.
Anahí Durand
La mayoría de nosotros sabíamos que deshacerse de Castillo no iba a ser tan sencillo como lo fue con los últimos cuatro presidentes de Perú [que también fueron destituidos]. Sabíamos que desataría una ola de protestas de sus partidarios y de los ciudadanos de a pie. Pero la élite empresarial blanca de Lima y la derecha política nunca reconocieron su victoria y simplemente odiaban a Castillo; ni siquiera lo reconocían como su presidente y lo llamaban «burro». Básicamente, creo que esa parte de la sociedad se perdió en su propia cámara de eco y creyó sinceramente que no habría repercusiones por sus acciones.
Tomemos, por ejemplo, a Dina Boluarte, la presidenta en funciones. Estaba completamente convencida de que el pueblo peruano la recibiría con los brazos abiertos tras la destitución de Castillo. Prometió que cumpliría un mandato completo, hasta el 28 de julio de 2026, y luego se hizo una foto con los destituyentes de Castillo en el Congreso, sonriendo y mostrando el signo de la «V» de la victoria. Pocos días después estallaron las protestas en todo el país, con cuatro víctimas.
Por otro lado, creo que la magnitud de estas protestas populares nos cogió a todos desprevenidos, y no sólo a la clase dirigente peruana. Los peruanos estamos acostumbrados a pensar en nosotros mismos como una sociedad totalmente fragmentada en la que sólo se producen protestas sectoriales, y normalmente sólo por razones económicas «estrechas»: los cocaleros por allá, los mineros del norte por allá, las comunidades indígenas de la Amazonia por acá.
En cambio, lo que tenemos es una agitación que abarca todo el país. Es cierto que los epicentros de la protesta están fuera de Lima y especialmente concentrados en el sur andino – fue allí donde se produjeron las primeras diez muertes, en la región fuertemente andina de Apurímac. En las dos principales ciudades de esa región, Andahuaylas y Abancay, la gente está marchando en gran número, tomando aeropuertos, carreteras y otros territorios. Mientras tanto, el ejército dispara munición real contra los manifestantes. Tres de los manifestantes muertos en los primeros días de las protestas eran estudiantes de secundaria que habían abandonado las aulas. Otro epicentro en el sur es Arequipa, donde ha habido al menos cinco muertos. Ayacucho también ha visto diez o más muertes.
Nicolás Allen
En términos generales, ¿qué sectores de la sociedad están protestando?
Los sectores excluidos, marginados, informales, campesinos, indígenas, los mismos que apoyaron al presidente. Los campesinos cocaleros, los mineros informales, los ronderos y las comunidades indígenas están saliendo masivamente en lugares como Cajamarca, Ayacucho, Arequipa y Puno, a veces acompañados por estudiantes universitarios y otros grupos. La decisión de participar en las protestas suele tomarse colectivamente como comunidad.
Las manifestaciones son masivas y pueden llegar a ser violentas: los manifestantes han tomado aeropuertos, carreteras y zonas comerciales. Tras días así, el gobierno de Dina Boluarte declaró el estado de emergencia y restringió el derecho de reunión y la libertad de circulación. Sin embargo, su gobierno finalmente cedió y adelantó las elecciones al 24 de abril de 2024. Pero esas no son las demandas del pueblo: quieren el cierre inmediato del Congreso, elecciones generales y parlamentarias inmediatas y una nueva Constitución. Esas demandas están siendo completamente ignoradas.
Pedro Castillo se presentó como candidato con la promesa de una nueva constitución en 2021. Pero desde entonces el Congreso ha hecho todo lo posible para impedirlo, recurriendo a medios inconstitucionales para negar el derecho a un referéndum. Ahora el pueblo reclama ese derecho con más fuerza que nunca.
Por supuesto, la tercera exigencia del pueblo es que Castillo sea liberado. Castillo no sólo fue destituido, sino también detenido de manera totalmente irregular y acusado de «rebelión» [por pedir el cierre del Congreso] sin pasar por los debidos trámites legales. El objetivo de esta destitución es humillarlo a él y a sus partidarios, dar un escarmiento. También hay quienes piden su restitución, aunque hay menos consenso en torno a esa cuestión.
Los manifestantes piden mayoritariamente la dimisión de Boluarte, vicepresidente de Castillo y actual presidente en funciones. Quieren, como mínimo, un gobierno custodio que supervise la transición hasta que se celebren elecciones en 2024.
En algunas regiones, las protestas empiezan a remitir, sobre todo a causa de la implacable violencia militar. Los veintiocho manifestantes muertos, ninguno de los cuales iba armado ni cometió ningún tipo de «terrorismo», son vistos por este gobierno simplemente como daños colaterales. El diputado derechista Jorge Montoya admitió abiertamente que la destitución de Castillo requeriría este tipo de derramamiento de sangre.
Hablando de militares, es interesante observar el destacado papel de las fuerzas armadas peruanas en los últimos acontecimientos: primero, Castillo intentó en vano apelar a los militares cuando pidió la disolución del Congreso; ahora, el presidente en funciones ha decretado el estado de emergencia y ha enviado a la policía nacional y a las fuerzas armadas contra los manifestantes. Veinte años después de la dictadura civil apoyada por los militares de Alberto Fujimori, ¿vuelven las fuerzas armadas peruanas a ocupar un lugar central en la política?
Creo que nos hemos acomodado demasiado a la idea de que los militares ya no son un actor político central en Perú. De hecho, después del conflicto armado con Sendero Luminoso, que dejó alrededor de setenta mil muertos, varios militares fueron condenados por crímenes de lesa humanidad. Creo que eso nos llevó a creer ingenuamente que había suficientes garantías institucionales para mantener a raya a los poderes militares.
La evidencia de lo contrario está a la vista: como usted mencionó, el presidente Castillo, el presidente, claramente no tenía control sobre la élite militar, y cuando por desesperación les ordenó respaldar su llamado a disolver el Congreso, simplemente lo ignoraron. Además, todos los indicios apuntan a que, incluso antes de que diera esa orden, los altos mandos ya habían acordado entre ellos que no iban a recibir órdenes del ejecutivo en ningún asunto.
Y ahora tenemos a la nueva presidenta, Boluarte, sentada y charlando con los comandantes en jefe de las tres ramas del ejército. ¡Parece algo de la dictadura fujimorista de los años 90! No deberíamos tener miedo de llamar a esto lo que es: un régimen cívico-militar.
Obviamente, tanto los legisladores como el presidente son representantes electos. Pero la forma en que los poderes legislativo y ejecutivo peruanos se han enfrentado tan abiertamente durante esta última década parece indicar dos formas muy diferentes de democracia: una más comprometida con los intereses privados y el clientelismo político, respectivamente, y la otra más «plebiscitaria», o lo que usted y otros han llamado «democracia plebeya». ¿Sería justo caracterizar a los manifestantes callejeros como representantes de esta última?
En primer lugar, no creo que exista un Estado de derecho democrático en Perú. Basta con ver las pruebas: no se permitió gobernar a un presidente elegido popularmente, se le destituyó y luego el Congreso impuso un cambio de régimen favorable al parlamentarismo, cambiando incluso la Constitución para salirse con la suya. El equilibrio de poderes está completamente roto, y la democracia es la gran víctima.
Además, el mensaje básico es que no todos los votos cuentan lo mismo. Cuando ese grupo de votantes que yo llamo «plebeyos» sí vota por el cambio y acaba en el poder, el resultado ha sido que sus representantes electos están completamente desacreditados y saboteados. Así que, sí, los manifestantes callejeros exigen que su voto cuente.
El término plebeyo puede entenderse para distinguir a aquellas capas excluidas y populares del electorado del voto urbano, especialmente en Lima, que es el epicentro del poder político tradicional. Cuando estos «advenedizos» plebeyos llegan a la capital, se siente como el fin del mundo para la élite gobernante.
Ese fue el verdadero significado del gobierno de Castillo: toda la gama de sectores informales y excluidos -los ronderos, cocaleros, mineros, taxistas informales, etc.- se politizaron en el sentido particular de que, de pronto, no sólo estaban en la oposición, sino que se veían realmente involucrados en una lucha por el control del Estado. Obviamente, Castillo tenía la ventaja y la desventaja de pertenecer a esos sectores: ventaja en la medida en que podía representarlos realmente, pero desventaja en la medida en que ese antecedente es recibido con una desconfianza instintiva entre ciertas clases.
La enorme y creciente desconexión entre la derecha elitista de Lima y las regiones que apoyaron mayoritariamente a Castillo está alimentando tendencias separatistas, por ejemplo, en el sur andino. Los grupos e intelectuales de esas regiones empiezan a preguntarse por qué deberían permanecer en el mismo país que Lima, cuando, por un lado, todos los recursos materiales están allí, en el Sur, y sin embargo las provincias de allí están políticamente desatendidas. Es un poco como la situación inversa de Santa Cruz en Bolivia.
Lamentablemente, en lugar de escuchar realmente sus demandas, el gobierno sólo responde reprimiendo y criminalizando a los manifestantes y líderes sociales, acusándolos de corrupción o terrorismo. Terruqear es el término que utilizamos para este tipo de táctica política en Perú, en la que la protesta política es estigmatizada como actividad terrorista.
¿Puede decirnos algo más sobre la exigencia de los manifestantes de cerrar el Congreso? Después de todo, fue el intento de Castillo de hacer precisamente eso lo que condujo directamente a su destitución. El Congreso peruano es famoso por su impopularidad y corrupción, pero ¿cuáles son las propuestas reales que se presentan para pedir su cierre?
El Congreso es una de las instituciones más despreciadas en Perú, esencialmente porque está radicalmente desconectado de la realidad social ordinaria. Esa desconexión tiene que ver, por un lado, con la forma en que se elige el órgano unicameral: sólo hay ciento treinta legisladores para treinta y tres millones de peruanos, es decir, menos de la mitad de los representantes electos que se encontrarían en la mayoría de países latinoamericanos de tamaño similar. En otras palabras, el pueblo está muy poco representado políticamente, pero, al mismo tiempo, cada congresista mantiene su propio feudo con quince o más asistentes que trabajan a sus órdenes.
El pueblo está harto del Congreso porque se ha convertido en un lugar donde los políticos pueden actuar con total impunidad. Uno podría preguntarse, ¿por qué el pueblo elige tan mal a sus representantes electos? El verdadero problema es que, mientras el pueblo como nación está infrarrepresentado, Lima está sobrerrepresentada con treinta y cinco congresistas frente a regiones como Cusco, que sólo tiene cinco. El sistema de partidos peruano también necesita una revisión completa porque, en su formato actual, impide que nuevos actores entren en política.
Hoy, el Congreso responde directamente a intereses corporativos -universidades privadas, casinos, etc.- y, no por casualidad, fueron estas alianzas de derecha las que pusieron los mayores obstáculos al gobierno de Castillo. A los tres meses de su mandato ya habían intentado presentar cargos de destitución, y pudieron hacerlo modificando la Constitución a su conveniencia. Los mismos grupos que han luchado con uñas y dientes contra una asamblea constituyente, ¡también están manipulando la constitución desde la Comisión de Constitución del Congreso!
Antes, la constitución permitía al presidente disolver el Congreso si éste se negaba más de una vez a emitir un voto de confianza – eso es lo que Castillo intentó hacer de hecho. Pero el Congreso cambió esa ley para que sólo el propio Congreso pueda determinar cuándo se puede convocar un voto de confianza. Cuando hablaba antes de la falta de equilibrio de poderes, me refería precisamente a esto. Los peruanos de a pie están cada vez más hartos de esta «dictadura congresal» y han llegado a un punto de ruptura.
Si Boluarte, la actual presidenta, hubiera querido hacer lo correcto para el pueblo, habría renunciado el día de la destitución de Castillo y convocado nuevas elecciones lo antes posible. Naturalmente, no lo hizo, porque fue puesta en el cargo por el Congreso para cumplir sus órdenes. Pero el pueblo no aguantará unas elecciones que se celebrarán en abril de 2024, es decir, dentro de casi un año y medio. Eso es lo que está impulsando la demanda de cierre inmediato del Congreso.
¿Cree que las protestas pueden crear una corriente a favor de una nueva Constitución?
Por el momento, creo que tenemos que aceptar que un proceso constituyente que conduzca a una nueva Constitución no va a ocurrir de la noche a la mañana. La Constitución de Perú fue impuesta por Fujimori, pero también gozó de un alto grado de consenso entre las clases dominantes, hasta el punto de que Fujimori ya no está en el poder, pero su Constitución neoliberal sigue viva.
Sin embargo, creo que la demanda de una nueva constitución ha echado raíces entre las clases subalternas y puede eventualmente pasar al centro de la discusión política. Basta con mirar la Guerra del Agua en Bolivia: hubo un enorme levantamiento social en 2000, pero hasta 2006 no se celebró una asamblea constituyente. Se podría contar una historia similar sobre Ecuador.
Por ahora, hay un sentimiento creciente y generalizado de que el pacto social básico en Perú necesita ser repensado. En ese sentido, lo que el pueblo pide es simplemente un referéndum para decidir sobre una asamblea constituyente. Por supuesto, el Congreso no cederá ni un ápice en esa cuestión, sobre todo mientras haya lucrativos acuerdos que negociar entre el gobierno y las grandes empresas. Antes, los propios ciudadanos podían convocar un referéndum; ahora depende de los caprichos del Congreso, que, a pesar de todas las protestas, no parece muy prometedor.
¿Se ha abierto paso la extrema derecha en medio de la actual crisis institucional? Sé que el recién elegido alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, ha invitado a muchas comparaciones con Jair Bolsonaro.
Creo que lo que Perú está viendo es la polarización y la caída de cualquier cosa que se parezca al centro político. Antes había dos grandes bancadas de centro-derecha en el Congreso, el partido Acción Popular y el Partido Morado. Esos dos partidos ya no existen. En realidad, siguieron el liderazgo de la extrema derecha en torno a la causa del impeachment, hasta que, finalmente, se tragaron toda su agenda.
Sin embargo, la derecha está atravesando su propia crisis. Carece de liderazgo y está cada vez más fragmentada: López Aliaga, a quien has mencionado, ganó en los distritos más ricos de Lima, pero fueron las elecciones a la alcaldía con la participación electoral más baja de los últimos años, y a su partido le fue muy mal en otros distritos. Definitivamente, la derecha no está en un buen momento.
Creo que esa debilidad puede explicar en realidad el deseo de la derecha de tomar el control del ejecutivo y utilizarlo para criminalizar a los líderes populares, impidiéndoles ser candidatos. En otras palabras, es la debilidad general de la derecha -su incapacidad para ganar la presidencia en elecciones abiertas- lo que está llevando a las facciones de línea dura al frente.
La izquierda y las fuerzas progresistas no se encuentran en una situación mucho mejor. Por desgracia, la única figura de ese sector con reconocimiento y legitimidad nacional es Castillo, y está en la cárcel. Es importante recordar que incluso en su punto más bajo, cuando las campañas de desprestigio estaban en su peor momento, mantuvo un índice de aprobación del 30 por ciento. Eso puede no parecer mucho, pero muchos políticos en Perú no obtienen más de un 7 u 8 por ciento de aprobación.
Compárese con el más del 70% de peruanos que piensan que fue un error que Boluarte asumiera el cargo. Más aún, según un reciente informe del Instituto de Estudios Peruanos, Castillo cuenta ahora con un 45% de apoyo. Según esa encuesta, el 45 por ciento de la población no sólo apoya a Castillo, sino que está dispuesta a marchar en su defensa.
Aparte de las obvias campañas de ataque de la derecha, parece que el sectarismo de la izquierda peruana también perjudicó a Castillo.
Bueno, es importante recordar que la victoria electoral de Castillo nunca fue una victoria de la izquierda, me refiero a los partidos ideológicos o autoconscientemente de izquierda del Perú. Fue una victoria de las clases populares, informales y precarias. Lo que ocurrió es que tras su victoria hubo un intento de forjar un frente unido con la izquierda institucional existente.
Perú Libre, un partido autodenominado marxista-leninista, le dio la plataforma partidaria para presentarse, mientras que Nuevo Perú, un partido de izquierda más progresista, le proporcionó ministros técnicos para su gobierno. Pero, sinceramente, teniendo en cuenta las características particulares de Perú Libre y de su líder, esa relación estaba condenada al fracaso desde el principio. Realmente creo que el sectarismo de Perú Libre tuvo un efecto muy perjudicial en el gobierno de Castillo.
Mientras tanto, Nuevo Perú, que es una izquierda más tecnocrática y de clase media, ni siquiera tenía representación parlamentaria para darle a Castillo el apoyo político que necesitaba. Peor aún, para mantenerse «por encima de la contienda», finalmente cayó en una posición hipercrítica y se distanció de Castillo.
Con la destitución, ambos partidos de izquierda están completamente fuera del poder. Honestamente, creo que cualquier tipo de reconstrucción de un movimiento de izquierda genuinamente popular en Perú no vendrá de los partidos de izquierda existentes. En el caso peruano, los izquierdistas necesitamos sumergirnos en el mundo popular y reconectarnos con ese nivel de la política. De ahí saldrán los futuros líderes.
Hace poco escribiste un artículo en el que argumentabas que, independientemente de lo que Castillo hiciera o dejara de hacer a nivel político, utilizó su poder ejecutivo para politizar a las poblaciones excluidas y mayoritariamente rurales de Perú. Me pregunto si podrías decir algo más sobre cómo lo hizo y hasta qué punto esa movilización política rural es compatible con la izquierda más urbana.
El núcleo de los partidarios de Castillo, el 20 por ciento que le ganó un lugar en la segunda vuelta en 2021, es un voto rural compuesto por sectores excluidos e informales que viven en la pobreza o la pobreza extrema. Esa fue la población para la que intentó gobernar, y lo hizo de manera plebiscitaria, viajando directamente a esos locales donde vive la gente o bien llenando el Palacio de Gobierno en Lima de multitudes de seguidores. Algunos lo llaman populismo. Se llame como se llame, es una forma de gobernar, y es una forma de gobernar con la que los progresistas de la capital no se sienten necesariamente cómodos. Esa parte progresista y urbana de la izquierda tiene que averiguar qué quiere hacer con la figura de Castillo.
Castillo siempre iba a ser difícil de asimilar para ciertos círculos académicos y políticos. Los sectores más progresistas de Perú podían reconocer que daba cierta identificación y representatividad a los sectores populares; pero nunca llegaron a entender exactamente cómo inspiraba un apoyo tan intenso entre sus seguidores, por qué exigían su libertad y acampaban frente a la prisión donde está recluido.
La gente señalará que Castillo fracasó en nacionalizar recursos naturales clave, o que nunca impulsó seriamente la causa de la segunda reforma agraria. Yo les preguntaría: ¿Cómo iba a nacionalizar los recursos sin mayoría en el Congreso? ¿Cómo iba a lograr una segunda reforma agraria si no tenía un ministro de agricultura adecuado? En realidad, el problema era más complicado: Castillo había designado cualquier número de puestos ministeriales basándose en lazos comunitarios y familiares, lo que es completamente coherente con las prácticas del mundo popular del que procede. Pero, sobre todo, ¿por qué iba a confiar esos puestos a alguien -posiblemente más cualificado- con un doctorado que antes ni siquiera le apoyaba ni le mostraba ningún respeto?
El logro de Castillo fue sacar el poder de Lima creando un gabinete descentralizado. Esto es algo completamente nuevo en Perú, aunque [Rafael] Correa en Ecuador y Evo [Morales] en Bolivia hicieron algo similar en sus gobiernos. Castillo llevó a sus ministros a las provincias más marginadas y se sentó con las autoridades locales y los líderes comunitarios para discutir sus problemas. Intentó acercar el Estado a la gente y, de ese modo, politizarla, lo cual, en una sociedad tan increíblemente despolitizada, fragmentada y neoliberal como la peruana, no es poca cosa. En cierto sentido, las protestas actuales pueden considerarse un legado parcial de aquel esfuerzo.
Usted fue testigo directo de algunas de esas iniciativas cuando ocupó el cargo de ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables en el gobierno de Castillo. ¿Qué se llevó de su paso por el gobierno?
Irónicamente, sentí una gran impotencia. Era ingenuo pensar que se podía tomar el poder con una correlación de fuerzas tan débil y que podríamos gobernar con eficacia. De nuevo, para mí, la principal lección fue que todo está montado para que nada cambie: después de treinta años de neoliberalismo, hay una forma de administración gubernamental y una arquitectura jurídica completamente sedimentadas. De ahí la importancia de lograr cambios políticos sustantivos a través de una nueva Constitución.
La otra gran lección que aprendí es que, si quieres entender cómo te está yendo en el gobierno, tienes que estar atento a la movilización popular y a la acción de base, y no prestar demasiada atención a las encuestas de opinión. Demasiados de mis compañeros estaban excesivamente preocupados por la opinión pública, cuando la verdadera vara de medir cómo lo estábamos haciendo debería haber sido si teníamos o no una influencia creciente entre las organizaciones sociales y políticas.
En cierto sentido, esa fue también la gran debilidad del presidente. Era un sindicalista consumado en su enfoque de la política: trabajaba con la gente que conocía en los sindicatos -que de por sí son políticamente débiles- y nunca pudo ampliar realmente su radio de influencia más allá de esos círculos.
Eso fue algo que discutimos mucho: ¿cómo politizamos a las personas que aún no están politizadas pero que pueden desempeñar un papel importante en el gobierno? Castillo comenzó su mandato con una figura importante en su gabinete, Héctor Béjar, un veterano izquierdista que había servido en el gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado en los años setenta y que había trabajado precisamente para eso, dirigiendo campañas para conseguir que todo tipo de grupos diferentes participaran en el movimiento de reforma agraria. Pero la derecha se fijó inmediatamente en él y, desgraciadamente, fue uno de los primeros ministros del gabinete que Castillo dejó marchar.
Cuando Castillo asumió el cargo había un cauto optimismo de que Perú formaría parte de una segunda marea rosa que incluiría a Chile, Colombia y México. Sin embargo, su destitución ha sido recibida con reacciones encontradas por esos mismos países que conforman el movimiento progresista latinoamericano. Algunos gobiernos, como el de [Gabriel] Boric en Chile, se apresuraron a reconocer al nuevo gobierno como legítimo, mientras que otros -Argentina, Bolivia, Colombia y México, entre otros- se han solidarizado con Castillo. ¿Qué opina al respecto?
Andrés Manuel [Lopéz Obrador] siempre tuvo una buena relación con Castillo. México fue el primer destino de Castillo en el extranjero como presidente y desde entonces siempre ha tenido buena relación con el gobierno mexicano. De hecho, los gobiernos de México, Colombia, Argentina, Bolivia y Honduras publicaron una declaración conjunta expresando su preocupación por la destitución de Castillo. Todos esos gobiernos han emitido declaraciones marcando una distancia enfática con el gobierno de Boluarte.
Sin embargo, el más activo ha sido Andrés Manuel en México: dio asilo a la familia de Castillo y no escatimó palabras para calificar al régimen de Boluarte de autoritario y represivo. Tampoco se privó de señalar la clara implicación de Estados Unidos en los últimos acontecimientos, ni el hecho de que el embajador norteamericano en Perú sea un antiguo agente de la CIA.
Incluso podríamos considerar lo que está ocurriendo en Perú como el inicio de un nuevo alineamiento geopolítico. Chile se apresuró a reconocer al gobierno de Boluarte, y no está claro cuál será la línea de Lula [da Silva]. Esto fue sorprendente, ya que hasta hace poco Boluarte sólo había tenido comunicación directa con Estados Unidos y con los presidentes derechistas Guillermo Lasso, de Ecuador, y [Luis] Lacalle Pou, de Uruguay. Por desgracia, parece que Perú podría formar parte de un eje de derechas reconfigurado en América Latina.
7. Escuela de verano SMAIAS-ASN 2023
Sí, es escuela de verano porque en Zimbabwe ahora es verano. 😀 Es una iniciativa de la muy recomendable revista Agrarian South y del Sam Mojo African Institute for Agrarian Studies. El lema de la escuela de este año es «Los movimientos populares hoy: luchas de clases en las periferias rurales y urbanas» La lección inaugural la impartirá Utsa Patnaik, de la que curiosamente hemos hablado bastante aquí ultimamente. Buena parte de las ponencias, si no todas, ya están disponibles en la página de Agrarian South. Aunque tiene una versión en español, las ponencias me temo que solo están en inglés.
Por si os interesa este es el enlace a la convocatoria:
http://www.agrariansouth.org/ (podéis escoger el idioma arriba)
En esa misma página están todas las otras iniciativas de la Agrarian South Network: su Revista de Economía Política, su Boletín de Investigación, sus colecciones de libros, o los ganadores del Premio Samir Amin. Muchos de los materiales, incluidos algunos de los libros, están en abierto.